
Carlos
D. Fretgman es un músico argentino, actualmente radicado
en España, que fue pionero en la difusión de la música relacionada
con los efectos transformadores de la conciencia y la revaloración
de los sonidos naturales. Una de sus obras emblemáticas
en este sentido fue Las memorias del agua, una exploración
a través de los sonidos del mar. También fundamental
es su trabajo Estados de conciencia, basado en las
lecciones de Don Juan a Carlos Castaneda. Además de
su creación musical, Fregtman es autor del Tao
de la Música, obra donde se revindica la escucha del
sonido, el ritmo y la música como formas de percepción de
la realidad en tanto movimiento vibratorio y creador. En
este momento de Temakel sobre el poder del sonido,
les presentamos tres momentos del Tao de la música;
tres estímulos para reflexionar y percibir el nervio trascendente
que palpita dentro de lo que Fregtman denomina "sonosfera".
Arriba, portada de Estados de concienca, obra de Carlos
Fregtman.
EL
SONIDO, EL RITMO Y LA CONCIENCIA
Por Carlos D. Fregtman
La exteriorización
más espontánea del hombre se manifiesta bajo el aspecto
rítmico. El sentido humano del ritmo es una disposición
intuitiva, a través de la cual agrupamos ciertas impresiones
sensoriales recurrentes, vividas y precisas. Este proceso
se fundamenta en la capacidad subjetiva de reagrupar latidos
en estructuras con absoluta y perfecta precisión células
rítmicas. Dependemos del ritmo para pensar, sentir, movernos
o actuar en forma eficaz y fluida, así como para
percibir adecuadamente los estímulos exteriores y reaccionar
ante ellos.
La música y el ritmo no son más que espejos
de la estructuras cósmicas, por eso constituyen una importante
vía para reconectarnos con los orígenes más distantes
y remotos. Antes de que nosotros toquemos ritmos, los
ritmos nos tocaron a nosotros con los orígenes más distantes
y remotos. Antes de que nosotros toquemos ritmos, los
ritmos nos tocaron a nosotros. La estructura basal
de la música es similar a cualquier estructura basal de
elementos científicos.
Todo el Universo es vibración, que
según su orden de frecuencia
-cantidad de vibraciones por segundo- se presenta en luz,
color, sonido y forma, respetando el orden de aparición.
En un altísimo grado de aceleración vibracional se halla
oscuridad que se convierte en luz; en una frecuencia menor,
las sombras luminosas generan color, los colores se transforman
en sonidos; y los sonidos crean formas más o menos duraderas.
Estos diferentes estadios de densidad reproducen la manifestación
de este planeta y los orígenes de la materia.
El sonido percibido por el ser
humano es de una gama de frecuencias
localizadas entre 16 y 20.000 Hz (frecuencias sónicas),
banda relativamente pequeña -dentro del espectro de ritmos
universales- que a partir de nuestro aparato perceptual
decodificamos como "sonido". Hay otros animales que recepcionan
bandas mayores (el silbato para perros es inaudible para
nosotros). Por debajo de 16 Hz hay frecuencias subsónicas
inaudibles, que son tan lentas que no se miden en ciclos
por segundo, sino en segundos por ciclo; las frecuencias
ultrasónicas, también inaudibles para nuestro oído, nos
afectan de formas aún no conocidas. Las frecuencias extremadamente
altas fluctúan de centenares a millones de ciclos por
segundo y pueden percibirse en forma de calor en la piel,
por lo que se denominan térmicas. En una nota grave de
un órgano de catedral (de aproximadamente de 16 a 30 Hz)
los pulsos se sienten claramente en nuestro cuerpo, sobre
todo en el plexo solar - zona de resonancia de las bajas
frecuencias-, percibiéndose como "motor" o instrumento
de percusión, granuloso y alternante.
Nuestro comportamiento es una ondulación
constante porque estamos formados por corpúsculos ondulares.
La materia no es "sólida", sin movimiento y vibración;
todo vibra rítmicamente. Si miramos nuestra sólida piel
en un microscopio electrónico, descubrimos que existe
un mundo de apariencia acuática que se mueve rítmicamente
en una inacabable danza de la vida. Cuanto más nos aproximamos
dentro de las moléculas, descubrimos nuevas partículas
danzantes y más pequeñas: protones, positrones, electrones,
neutrones, quarks. Todo se disuelve en formas y vacíos,
en pautas y estructuras.
Una de las funciones del ritmo en nuestro
organismo es la integración de sus distintas partes y
la armonización con los pulsos exteriores. Ejecutamos
una continua música en nuestra vida y por una tendencia
innata, tendemos a la consonancia en contra de un desorden
disonante. Nuestra orquesta cerebral, cuando actúa afinada,
nos proporciona la conexión de nuestros pensamientos y
actos con la ley gravitatoria terrestre y con el equilibrio
como estructura unitaria expansiva de la Conciencia, a
través del sistema vestibular.
El ritmo es el equilibrio que
permite expresar lo inexpresable y sostiene nuestras emociones;
es la base de todo movimiento humano en el espacio, incluyendo
la música. Desde el pulso de nuestros silencios y sonidos,
al equilibrio de la sangre entre alcalinidad y acidez,
o la relación complementaria orto y parasimpática del
sistema nervioso, estar en equilibrio es respetar la dinámica
rítmica universal y el mensaje del cuerpo conciente.
En las palpitaciones de nuestro
corazón, en el acto respiratorio o en la marcha regular,
todos poseemos la capacidad expresiva de impulsos perfectos
en un equilibrio eterno. Nuestra misión consiste en unirnos
a ese pulso y acompasamos plenamente con el tiempo presente.
"El profano mira
El sabio ve
El liberado percibe el ritmo de los
ritmos". (1)
Vivimos en un sonosfera
En
mayor o menor grado existe un "murmullo general"
constante a nuestro alrededor, un mundo sonoro que nos envuelve,
rodea y acompaña, que percibimos en forma automática y pretendemos
desterrar de nuestros oídos. Por supuesto, no lo logramos
y nos sometemos a una lucha permanente con el mundo exterior.
De todas las experiencias que nos afectan, el olor y el ruido son las
dos mas difíciles de resistir y evitar. Podemos cerrar los ojos,
negarnos a comer algo o a tocar una cosa, pero los ruidos o cerrar la
nariz a los olores nos costara mucho trabajo.
El oído es un órgano receptor asociado con la orientación general del
cuerpo, el sentido del equilibrio, la orientación temporo-espacial, el
control de los movimientos y la acción corporal. Constituye una vía
preponderante en el ajuste del organismo a su medio.
Pese a que no nos detenemos a escuchar, nuestra sonósfera nos implica y
afecta poderosamente. Nos conmueve por entero, física y mentalmente. Fuertes conexiones neuronales
ligan al oído y los centros superiores del cerebro humano. Desde el punto de vista cibernético, las energías provenientes del
mundo circundante -constituidas por vibraciones, reacciones químicas y/o fenómenos físicos impresionan nuestros circuitos
extereoceptores y a través de los transductores (convertidores de energía) los
transfoman a la forma "eléctrica". Los estímulos que actúan sobre el oído se denominan fonones
-del griego ¨fonos¨ sonido-, pero como veremos más adelante, las vibraciones sonoras nos afectan por entero; todo nuestro ser es un
instrumento de resonancia.
Escuchar el entorno es escucharse por dentro. Constituye un conocimiento vital y revelador: transforma la audición consciente en consciente. Si algún día pretendiéramos
modificar los continuos y variados "ruidos" que nos circundan, previamente deberíamos conocer el ecosistema sonoro.
Escuchar el entorno es una sencilla forma de
meditación o toma de contacto con la realidad. Meditamos cuando permanecemos
en un estado de pensamiento puro, diferenciado de las experiencias condicionadas anteriores. Muchas veces
confundimos al mundo real, con lo que pensamos o hablamos del mundo a través de sus símbolos. Percibimos auditivamente y
con nuestro sistema simbólico decimos: -
Ahá, "escucho" a un niño jugando con una pelota...
Y en realidad, lo que registramos es una variada sucesión rítmica, de tempos y cadencias multiformes.
PAM pam pammm BUM bun bunbun pam pa tán túm dum PAM PAM tuctuctuc ss.
Pensemos cuántas veces nos silenciamos interiormente
e interrumpimos el "parloteo" incesante que resuena en nuestras cabezas.
Nos encontramos tan llenos de palabras, que los
sonidos puros y reales no tienen espacio en nuestro ser. Es por eso que
tantos maestros y filósofos nos hablan de cierto estado de
vacío-vacuidad-, como sinónimo de sabiduría y apertura.
Con un vaso colmado, no pretendamos tomar agua de la fuente del
conocimiento.
Vacuidad. Quietud. Abierta actitud de escucha. (2)
El sonido es conciencia
Energía en vibración
Cuando un cuerpo en vibración emite sonido hay energía
movimiento. Emite energía.
Sonido es una forma de energía en vibración o pulsación.
Isaac Newton designó el fenómeno característico del sonido
como pulsus o pulso. El término pulsus derivó en el de pulsación.
"Los sonidos no son otra cosa que pulsaciones del aire".
Onda, pulsación, vibración, materia sonora, y últimamente
conciencia sonora, son diferentes nombres utilizados para designar
fenómenos similares.
Si una cuerda (de guitarra o violín) se aparta de su posición y después se suelta, entra en vibración. Se ha
producido un sonido. Los sonidos producidos por la voz son debidos a la
vibraciones de las cuerdas vocales. Si se golpea un vidrio o una campana de cristal también se producen y perciben,
vibraciones y sonidos.
En la actualidad tomamos a la energía como un principio,
sin poseer definiciones de su esencia primordial. Se "habla" de la energía, sin conocer
su verdadera significación. La energía es uno de los principios fundamentales del Universo.
Hay energía en todos los procesos vitales, en
nuestros movimientos, sentimientos, acciones y pensamientos. La electricidad,
el viento que sopla, el río que corre, las lluvias torrenciales, todo es energía;
pero sus formas de manifestarse son variadas y distintivas.
Las estructuras internas de toda clase de objetos y sustancias no son otra cosa
que combinaciones de diferentes clases de movimientos o energías.
Cuando nuestra totalidad se halla básicamente "armonizada", las energías de una
expresión artística musical provocan respuestas o resonancias en nuestra singular
conformación.
Tanto el organismo humano, como la música, son configuraciones energéticas con
cierto grado de estructuración, que pueden inter-relacionarse mutuamente. El caudal
energético contenido en una obra musical, actúa como un acorde dinámico, producto del ser
humano que lo elaboró en consonancia con sus propios valores. La música encierra los
misterios nunca revelados de la estructura energética cósmica, a través del reflejo de la
dinámica biopsicoenergética del compositor-creador.
En el proceso de audición de una buena
interpretación -que respete las pautas singulares de creación de la obra-
además del fenómeno estético o sensorial acústico, se desata un contrapunto energético de alta
movilización, en un fenómeno de expansión de la conciencia.
Desde un punto de vista estructural, el organismo es un conjunto de partes o
elementos resonantes. Cada Órgano posee -en relación a su morfología
e histología- una condición de vibración o de máxima resonancia en determinada
frecuencia (altura) convirtiéndonos en posibles acordes o complejos
sonoros.
En las ceremonias de los pueblos muy primitivos, se utilizaban las series pentatónicas
-de cinco sonidos-, y los órdenes monofonal, bifonal, trifonal y tetrafonal para armonizar
resonantemente al músico y al oyente.
En Grecia, la escala dórica -que comienza con mi, plexo
cardíaco -era utilizada para educar la parte emocional del ser humano. La serie frigia
-que comienza en re, glándula hipófisis- era utilizada para educar y desarrollar la parte mental,
fundamentalmente el poder del pensamiento. La escala lidia-que comienza en do, glándula pineal, nivel coronario- era utilizada
para desarrollar la intuición superior.
De forma similar se utilizaba la música en China, en donde
Confucio consideraba a la música una parte integral de su sistema, un medio para proveer la necesaria disciplina y corrección
moral, basando las líneas melódicas en fórmulas matemáticas, y
no en meras improvisaciones.
En nuestras ciencias exactas, energía es toda causa capaz
de transformarse en trabajo, pero en la concepción cosmogónica china,
la Energía Cósmica Primaria es origen de todo lo existente, y se
presenta bajo dos aspectos antitéticos -el Yin y el Yang- que actúan recíprocamente.
Para el pueblo chino, la música que se desarrolla y perdura
con éxito se halla en acuerdo perfecto con las leyes de la naturaleza, con el Tao, con la oposición
complementaria, no dualista, y en equilibrio Yin y Yang.
La energía ( Chi o Ki) intrínseca es el soplo, el aire, la vida, la fuerza, el soplo
vital. En el So Quenn Nei ching se hace mención a la energía del cielo (lang), de la tierra (Inn), la
energía nutricia pura (Iong) y la energía impura (Oé).
La energía iong circula por los meridianos, vectores o
conductos reales de la Energía, y la energía oé circula por la carne.
Los chinos admiten tres fuentes básicas de energía que gobiernan al hombre. La energía
ancestral contenida en las gametas que dieron lugar al huevo fecundado. La alimentación, energía
concentrada en los alimentos que proviene del sol. La respiración, que semejante al prana
de los hindúes, posee en el aire un contenido energético.
Para la filosofía del Vedanta, así como para la del Samkhya, el prana representa la energía vital: la única realidad
existente es la Energía Unica, esa realidad concreta sobre la que se
asienta el sistema cósmico y humano: la Conciencia Pura. Esta Conciencia Pura circula por canales
-nadis- que en su recorrido presentan núcleos o concentraciones
llamados chakras. (3)
Fuentes de
las citas:
(1) Carlos G. Fregtman, El tao
de la música, Buenos Aires, editorial Estaciones, 1194,
p.28-30.
(2) Ibid., pp.51-53
(3) Ibid., 141-144.