SONIDOS
DEL ÁRTICO
"Los esquimales
definen el espacio por el sonido. Donde nosotros solemos
decir: ¨Deja que vea lo que podemos escuchar¨, ellos dirían:
¨Déjame escuchar lo que nosotros podemos ver¨".
Edmund Carpenter
Mi música ha sido siempre profundamente
influenciado por el mundo natural y un fuerte sentido de
lugar. En mi reciente trabajo, comencé a explorar un territorio
que yo llamo "geografía sonora", una región que
se encuentra en alguna parte entre la naturaleza y la cultura,
entre la imaginación y el mundo que nos rodea. Espero ir
más allá de una descripción sonora del paisaje hacia una
música que sea el paisaje, una música que recree la atmósfera
y el sentido del lugar.
Desde hace varios años, estuve encargado de producir un trabajo para la
New American Radio. En el Ártico, grabé sonidos naturales que
parecían música. Con aquellas grabaciones compuse y produje una pieza de una hora
para la radio, en la cual también incorporé lenguaje y ritmos de
tambor
del pueblo esquimal Inupiat, en la costa ártica de Alaska.
Desde aquel comienzo, Earth and the great Wearher (Tierra y el gran
clima) ha crecido hasta su forma presente mediante sonidos que descubrí
en la vastedad del Ártico y su bosque boreal y la geografía física, cultural y espiritual
del pueblo Gwuchin Athabascan.
La grabación supuso una gran exigencia para los músicos, incluida técnicas
especiales de notación. Una de las piezas del álbum consiste
en tres largas piezas para cuatro tambores. Estos cuartetos se
construyen mediante ritmos asimétricos derivados de tradicionales
danzas de los Inupiat y los Gwich, que he admirado por años.
El principal texto recitado son ocho letanías árticas, compuestas con el
nombre de lugares, plantas, climas y estaciones del Ártico. Los nombres
de los Gwichiin y los Inupiat son pronunciados con una profunda sabiduría
y una íntima experiencia que evoca la auténtica poesía del lugar.
Los pueblos indígenas poseen una vasta comprensión de los
extraordinarios poderes de los paisajes. Para todos aquellos que hemos
perdido u olvidado una íntima conexión con semejantes lugares, el Ártico es una vasta y perdurable
geografía de la esperanza. (*)