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EL RELATO DEL
NAUFRAGO EGIPCIO O LA ISLA DE LA SERPIENTE
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Navío
del antiguo Egipto. Detalle del hipogeo que Nefer,
dignatario de la dinastía V (h.2500-2400a.C.),
se hizo construir en Sakkara.
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En este
relato del antiguo
Egipto, llamado también La isla de la Serpiente,
un egipcio narra sus extraordinarias peripecias: después
de zarpar de un puerto del Mar Rojo hacia la región del
Sinaí, su nave naufragó. Fue a dar así a una isla maravillosa,
cuya dueña y señora, una serpiente, lo recibió con grandes
muestras de amistad y lo devolvió a su país colmado de regalos.
A su regreso a Egipto, el rey lo acogió cordialmente, elevándolo
a la categoría de Compañero.
La isla donde una ola de la Muy Verde arrojó al náugrafo se
llama "la isla del ka". El ka es en
principio una potencia invisible que nace con el hombre, lo
acompaña toda su vida y lo abandona cuando muere, pero sigue
representando la personalidad del ser con el que exisitió en la
tierra, noción que corresponde aproximadamente el concepto
occidental de alma. El ka, es también la fuerza vital, el
principio de vida, e incluso todo lo que puede mantener vivo a
un individuo; los alimentos, el favor del rey, etc.
la isla del ka sería pues aquella donde se encuentran en
abundancia "todas las cosas buenas" que garantizaban
la existencia. También puede interpretarse según el
significado inicial del ka: la isla del espíritu, la isla del
fantasma, es decir "la isla encantada".
Estaba situada en el "país del Punt", nombre que al
parecer designaba primero la costa occidental del mar Rojo, pero
que abarcó después las ribera opuestas, es decir Arabia y en
particular el Yemen (donde se hallaba el reino de la legendaria
reina de Saba).
Desde el Imperio Antiguo los egipcios enviaban al país del Punt
expediciones en busca de esencia aromáticas y olíbano
(incienso). En la travesía era díficil evitar los accidentes,
pues la escarpada costa estaba erizada de arrecifes e islotes.
Los viajes eran, por ende, agotadores y azarosos, y los que
regresaban nunca dejaban de adornar sus aventuras con episodios
fantásticos que maravillaban e intrigaban a sus auditores.
Así nació probablemente el Relato del náufrago.
EL
RELATO DEL NAUFRAGO EGIPCIO O LA ISLA DE LA SERPIENTE
Voy
a contarte algo que me ocurrió cuando
iba a las minas del Soberano y había bajado a la Muy Verde
a bordo de un navío de ciento veinte codos de largo y cuarenta
de ancho. Ciento veinte marinos formaban su tripulación,
lo más selecto de Egipto: que vigilasen el cielo o la tierra,
su corazón era más intrépido que el de los leones. Podían
anunciar, antes de que estallara, una tormenta o una tempestad.
LA TEMPESTAD Y EL NAUFRAGIO
Una tormenta se desencadenó cuando estábamos en la Muy Verde
y antes de que
llegásemos a tierra. Seguimos navegando, pero arreció la tormenta, provocando una
ola de ocho codos. Luego, zozobró el navío y no sobrevivió ninguno de sus tripulantes. En cuanto a mí, fui arrojado en una isla por una ola de la Muy Verde. Pasé tres días solo, con mi
corazón como única compañía; inerte pero protegido por un árbol, abracé la oscuridad. Luego estiré las piernas en busca de algo que llevarme a la boca. Encontré higos y uvas, hortalizas magníficas de todo tipo, frutos de sicomoro
y pepinos como si fueran cultivados. Había también peces y aves. En realidad, se encontraba
de todo. Entonces, después de saciar mi
hambre, arrojé al suelo (parte de esos víveres), pues eran demasiado abundantes para llevármelos. Luego, con un maderos encendí fuego y celebré un holocausto a
los dioses
APARICIÓN DE LA SERPIENTE
Entonces oí un ruido de trueno: pensé que era una ola de la Muy
Verde. Los
árboles crujieron y tembló la tierra. Cuando me descubrí el rostro vi que
venía una serpiente: medía treinta codos y su barba era superior a dos codos; sus miembros estaban recamados de oro, sus cejas
eran de verdadero lapislázuli; avanzaba con prudencia .
Abrió la boca hacia donde yo estaba, de bruces ante ella, diciéndome:
-¿Quién te ha traído hasta (aquí), quién te ha traído, pequeño? ¿Quién te ha traído? Si tardas en decírmelo, pronto te darás cuenta, pues te
reduciré a cenizas, de que te has convenido en algo
invisible.
Y respondí:
-Me hablas y no entiendo lo que me dices. Estoy frente a tí y he perdido
el sentimiento.
Entonces me cogió en su boca, me llevó a su guarida, donde me liberó sin
rozarme, sano y salvo, y sin quitarme nada. Abrió la boca hacia donde yo
estaba, de bruces ante ella, y me dijo:
-¿Quién te ha traído hasta aquí, quién te ha traído, pequeño? ¿Quién te ha traído a esta isla de la Muy Verde cuyas riberas
baña el mar?
[El egipcio relata el naufragio]
LAS PROMESAS Y EL RELATO DE LA SERPIENTE
Entonces me dijo:
-No temas, no temas, pequeño: no pongas esa expresión atormentada ahora que has llegado junto a mí.
Sin duda Dios ha permitido que continúes viviendo, pues te ha traído a esta isla del
ka donde nada falta y donde abundan todo tipo de cosas buenas. Pasarás aquí mí mes tras otro hasta cumplir cuatro meses en la isla. Después un barco llegará
del país, tripulado por marinos que conoces; con ellos regresarás y
morirás en tu ciudad. ¡Fe1iz aquél que puede contar lo que ha vivido una vez superados los
trances dolorosos!
"Te contaré algo parecido que sucedió en esta isla, donde yo estaba con mis
congéneres, entre los que había pequeñuelos: éramos en total setenta y cinco serpientes, mis hijos y mis demás congéneres. Y
no mencionaré una hija de corta edad que me había procurado gracias a mis ruegos. Cayó una estrella incandescente y todos se
abrasaron. Cuando esto sucedió yo no estaba con ellos; se quemaron sin que
estuviese a su lado. Estuve a punto de morir cuando los encontré convertidos en un triste montón de cadáveres.
"Si eres fuerte, domina tu corazón:
estecharás en tus brazos a tus hijos y a tu mujer, verás tu casa, y eso vale más que todo. Regresarás al país donde vivías con tus hermanos."
DIALOGO
Entonces,
tendido boca abajo, tocaba yo el suelo (con la frente) ante
ella, diciéndole:
-Relataré al Soberano tu poderío y le informaré de tu
grandeza. Y haré perfumes, así como incienso de los templos
con el que se agasaja a los dioses. Narraré lo sucedido en esta
isla, recordando lo que habré visto gracias a tu poder. Te
darán las gracias en la ciudad, ante los notables de todo el
país. Por tí sacrificaré toros en holocausto y retorceré el
cuello de las aves. Haré que traigan navíos cargados de todos
los productos preciosos de Egipto, como hay que hacer con una
diosa que ama a los hombres, en un país lejano que los hombres
en un país lejano que desconocen."
Entonces rió de mí, o más bien de lo que yo había dicho y
que consideraba una insensatez, diciéndome:
-No posees mucho olíbano, pero, en cambio, naciste dueño de
resina de trementina de Quío. Pero a mí, que soy la princesa
del país del Punt, el olíbano me pertenece; en cuanto a ese
perfume que pensabas traer, es el principal producto de esta isla. Además, cuando la abandones, nunca volverás a verla por
que se convertirá en agua.
EL REGRESO AL PAÍS
Ahora bien, el navío llegó
como ella había predicho: fui y me encaramé a un árbol alto
y reconocí a las gentes que venían a bordo. Corrí a anunciar
esta noticia a la Serpiente, pero advertí que ya lo sabía.
Me dijo:
-Regresa con buena salud, con buena salud, pequeño, a ti. hogar,
-¡que veas a tus hijos! Hazme buena fama en tu ciudad: es lo único que te
pido.
Entonces me prosterné con los brazos extendidos ante ella y me dio un cargamento de olíbano,
perfumes, colirio negro, colas de jirafas, un montón de resina de trementina de Quío, colmillos
de marfil, perros de caza, cercopitecos, mandriles, y todo tipo de productos preciosos de
calidad.
Cargué todo en el navío.
Después, cuando me prosterné para darle las gracias me dijo:
-Llegarás a tu país dentro de dos meses, abrazarás a tus hijos, volverás joven al país y
allí te enterrarán.
Acto seguido, bajé a la playa ceca del barco y llamé a voces a sus tripulantes. Dí las gracias, en la ribera, a la dueña de esa isla y también
a los que estaban a bordo.
Navegamos hacia el norte, hacia la corte del Soberano y llegamos al país en dos meses, exactamente
como ella había dicho. Me presenté ante e Soberano y le entregué los regalos que
había traído de la isla. Me dio las gracias en presencia de los notables de todo el país. Luego me otorgó el rango de Compañero y me obsequió siervos que
le pertenecían. (*)
(*)
Fuente: "El relato del náufrago", en
Revista El Correo de la Unesco, agosto-septiembre
1991, pp.40-42.
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