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ALEXANDER
VON HUMBOLDT Y EL MONTE CHIMBORAZO

Humboldt
y la nostalgia de América
Mi
delirio sobre el Chimborazo, de Simón Bolívar
Alexander
Von Humboldt (1769-1859) fue
el gran viajero, geógrafo y naturalista alemán. Estudió
la flora, la fauna, geología y arqueología de muchos países
sudamericanos. Descubrió la llamada corriente de Humboldt.
Entre sus obras se destacan: Viajes equinocciales al
Nuevo Continente, Consideraciones sobre la naturaleza, Cosmos
o descripción física del mundo. Abajo, a la izquierda,
se muestra su imagen en la famosa pintura de F.G.Weiitsch.
Junto al naturalista francés Aimé Bonpland,
en 1804, dejó la Nueva Granada para iniciar sus exploraciones
de la América equinoccial. Intentó el ascenso del Monte
Chimborazo, "el techo de Ecuador", de 6.130 mts
(ver arriba imagen). Pero sólo llegó a los 5.900 mts.
Humboldt fue el primero en estudiar exhaustivamente la geografía
de la América ecuatorial. La integró así definitivamente
a la geografía universal. Sus mapas y viajes ejercieron
notables influencias sobre Simón Bolívar. Alexander Von
Humboldt concilió el interés ilustrado, científico, por
el conocimiento con una aptitud de respeto apasionado por
el mundo natural. A.V. Humboldt es otro ejemplo de la actitud
exploratoria que recorre y amplia nuestra percepción del
rico espacio circundante, de la Naturaleza, y que deseamos
alentar desde esta sección de Viajeros y exploradores
de Temakel. Es así que ahora le presentaremos primero
un texto sobre la influyente importancia de la obra exploratoria
de A.V. Humboldt en América y, luego, un texto muy peculiar
"Mi delirio sobre el Chimborazo", de Simón Bolívar.
Siguiendo las huellas del geógrafo alemán, Bolívar arriba
hasta los pies de la majestuosa montaña, y allí libera sus
pensamiento de tintes románticos y casi místicos.
E.I
1.
HUMBOLDT Y
LA NOSTALGIA DE AMÉRICA
Por Angela
Pérez Mejía
Cuando
en 1804
Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland salieron del territorio
de la Nueva Granada para continuar con su recorrido por
la América equinoccial habían dejado en manos del virrey
Pedro Mendinueta y Muzquiz la primera carta del río Magdalena
(nunca antes dibujado en su totalidad), mapas que corregían
la ruta del Orinoco y planos de Cartagena a Santa Fé. Eran
ocho pliegos de cartografía que, dadas las circunstancias
políticas, representaban un objeto de porte imperial. No
obstante, el regalo era sólo una formalidad hacia quien
les había permitido viajar sin restricciones por los territorios
de Venezuela y Colombia. El verdadero legado que dejaba
Humboldt quedaba en manos de sus amigos independentistas:
un vasto conocimiento geográfico que ayudaría a alimentar
la causa patriótica. La producción geográfica de la expedición
de Humboldt y Bonpland tuvo repercusiones concretas en la
formación de las nuevas repúblicas. En su conocido documento
de la Carta de Jamaica, fechada en Kingston el 6 de septiembre
de 1815, Bolívar hace un balance de la situación de toda
la América del Sur ofreciendo datos de los censos y situación
de diferentes poblaciones y citando a Humboldt como fuente.
La cartografía hecha durante su viaje es la primera visión
total del territorio por el que se desplazarían los ejércitos
independistas y realistas en su lucha por el dominio político.
Los mapas le ayudan a Bolívar a realizar el recorrido de
reconquista de la Nueva Granada. Es justamente el río Orinoco
el primer territorio que Bolívar declara libre para el comercio,
desde las páginas de El Correo del Orinoco, periódico
que fundó con Francisco Antonio Zea.
Por otro lado, el proyecto de Humboldt era de ambiciones
planetarias: la representación geográfica del cosmos, para
lo que le era indispensable hacer un viaje a las regiones
ecuatoriales del globo. Ese viaje sin precedentes quedó
recogido en Voyage aux régions équinoxiales du Nouveau
Continent, fait en 1799, 1800, 1801, 1802, 1803 et 1804
par Alexandre de Humboldt et Aimé Bonpland, rédigé par A.
de Humboldt avec un Atlas Géographique et Physique.
Esta representación geográfica de América Equinoccial, reconocida
y aceptada en Europa y América, logró insertar al Nuevo
Continente en la "gramática" geográfica universal.
La influencia que tuvo el
geógrafo en la formación de la imagen de América para sí misma y
para el mundo es indiscutible. No obstante, al leer la correspondencia
personal de Humboldt surge la pregunta en el sentido inverso: ¿Qué
influencia tuvo América en el celebrado geógrafo alemán? Sus cartas
nos llevan a descubrir cómo la experiencia americana le permitió un
redescubrimiento de sus deseos y de su ideología. En una carta que
escribe a su amigo A. Freiesleben, durante su viaje de regreso a Europa,
le dice: "He regresado felizmente a Europa después de una ausencia
de cinco años [...] mi expedición de 9.000 millas en los dos
hemisferios ha sido de una felicidad incomparable [...] Regreso con
treinta y cinco cajones, cargados de tesoros botánicos, astronómicos y
geológicos. Me harán falta muchos años para publicar mi gran obra
[...] Tengo miedo del primer invierno, todo es tan nuevo para mí,
trataré de reencontrarme". El reencuentro consigo mismo al parecer
jamás fue posible. El viaje a América lo había transformado y su
epidermis se había contagiado de trópico. El contacto con la realidad
americana generó una división en el viajero, y aunque logró
reconstruirla textualmente en la escritura de su viaje, quedó
desterrado al limbo de la nostalgia por el resto de sus días.
Humboldt
soñaba con reunirse para siempre con sus amigos americanos. Se sabe que
pasó gran parte de su vida intentando regresar a vivir a México para
dirigir una escuela de naturalistas. En carta del 22 de agosto de 1822 a
Boussingault, continuador de su obra en la Nueva Granada, le escribe:
"Sólo la muerte podría cambiar mis proyectos. Tengo cincuenta y
dos años y el espíritu muy joven todavía. Sigo empeñado en mi
resolución de dejar Europa y vivir bajo los trópicos de la América
española, un sitio donde he dejado tantos recuerdos y cuyas
instituciones están en armonía con mis deseos". A Bonpland le
escribe desde Verona en 1822: "Tengo un gran proyecto de un
establecimiento central de ciencias en México para toda la América
libre [...] Es una manera de no morir sin gloria, de reunir a mi
alrededor muchas personas instruidas y de gozar de esta independencia de
opiniones y de sentimientos que es tan necesaria a mi felicidad [...]
tú te reirás de la pasión que pongo a este proyecto americano, pero
cuando no se tiene familia, ni hijos, hay que pensar en embellecer la
vejez". La ironía está en que fue Bonpland el que logró morir en
América cuidando un jardín de rosas en Paraguay. Humboldt jamás
regresó, ya que su rey lo retuvo en Prusia donde vivió como chambelán
hasta su muerte. Acosado de nostalgias se quedó siempre quejándose de
su situación y rodeado de la disecada naturaleza americana, tal como lo
muestra la famosa ilustración de su estudio en Alemania. La síntesis
de las dos fuentes de deseo del viajero Humboldt: el conocimiento
estructurado bajo los preceptos de la ilustración europea, y esa
América libre en armonía con sus deseos, sólo fue posible en su
monumental cartografía, en la que articuló los hemisferios que lo
dividían y en la que éstos entraron a formar parte de la
"gramática" universal del cosmos.
En la formación de ese
texto geográfico intervinieron el enorme legado que trajo en su
equipaje de viajero ilustrado, y el contacto con un gran grupo de
americanos que supieron ser sus interlocutores ideales. Si el viajero
"redescubrió" a América desde el punto de vista geográfico,
no cabe duda que América le posibilitó un redescubrimiento de sus
propias ideas y deseos. Nos recuerda Benedict Anderson en su Imagined
Communities que el espíritu rebelde de las nacientes repúblicas
americanas tuvo una amplia recepción en la mentalidad de los liberales
europeos de principios del XIX, que asistían a la reestructuración
monárquica tendiente a socavar los movimientos generados por la
Revolución Francesa. El geógrafo encontró al otro lado del Atlántico
las ideas realmente "afines" a su espíritu. Algunos de los
interlocutores que encontró los vino a buscar directamente, como a
José Celestino Mutis, a quien le dedicó el primer texto publicado
después de su retorno: Tratado de la geografía de las plantas. A nivel
de líderes políticos, Humboldt mantuvo relaciones con los gobernantes
de las nuevas repúblicas hasta su muerte. Tuvo correspondencia con
Lucas Alamán, varias veces ministro de la República Mexicana. En 1824,
en carta al general mexicano Guadalupe Victoria, le pide clemencia para
un francés expulsado de México. No obstante, la relación más
elocuente seguirá siendo la que tuvo con Bolívar y que comenzó en
Europa cuando éste tenía 21 años y apenas se preparaba para su
destino de libertador. El 28 de noviembre de 1825 le escribe:
"Excelentísimo señor Libertador Simón Bolívar: ¿Cómo no
adornar con vuestro nombre algunas páginas de mi libro? En el volumen
del Viajes que acaba de salir, tomo III, pag 541, he hablado de la
emancipación de los negros. Es la República de Colombia la que ha dado
ejemplo, y esta medida humanitaria y prudente a un tiempo se debe el
desinterés del general Bolívar".
....La imagen del científico en su estudio recordando con
nostalgia la experiencia americana y cartografiándola en el mapa del
cosmos es un símbolo de cómo resolvió el reencuentro consigo mismo.
América fue el territorio de la posibilidad para el alemán coartado
por la nobleza prusiana a la que pertenecía, y los jóvenes americanos
le ofrecieron las alianzas científicas, intelectuales y humanas
necesarias para completar el mapa posible de su deseo. (*)
(*)
Fuente: Humboldt
y la nostalgia de América. Por: Angela Pérez Mejía. Tomado
de: Revista Credencial Historia (Bogotá - Colombia), Febrero
2001., No.134
2.
"MI
DELIRIO SOBRE EL CHIMBORAZO", de
Simón Bolivar
El
monte Chimborazo está
situado en la provincia del mismo nombre, en Ecuador, y
a sus pies duerme la ciudad de Riobamba, capital de dicha
provincia. Chimborazo es el nombre del dios de la antigua
nación Puruhá, que más tarde fuera adorado por los Incas.
Su nombre tiene varios significados en los dialectos vernáculos.
Viene del jíbaro chimbu, asiento, dueño de
casa; del aymará rassu, montaña; del colorado
shimbu, mujer y rassu, nieve. También se cree
que chimbo es de origen chimú y significa sombra protectora.
En idioma quichua, chimbo o chimbu significa
la del otro bando; y rassu quiere decir nieve. Es
decir "Nieve del Otro Bando", lo cual concuerda
con la mitología indígena que considera al Chimborazo como
esposo de la Tungurahua, montaña situada frente al mitológico
cónyugue. Los indígenas de la provincia del Chimborazo creen
que las dos montañas se unen cuando el cielo resplandece
por los relámpagos en las noches de tormenta. Alexander
Von Humboldt intentó llegar a la cima del Chimborazo, pero
sólo alcanzó los 5900 m. sobre el nivel del mar. En la visión
de la montaña ecuatoriana se inspiró Simón
Bolívar al momento de darle vida a este singular texto:
"Mi delirio sobre el Chimborazo", que le presentamos
a continuación.
MI
DELIRIO SOBRE EL CHIMBORAZO
Por
Simón Bolivar
Yo
venía envuelto en el manto
de Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco
al Dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes
amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo. Busqué
las huellas de La Condamine y de Humboldt; seguílas audaz,
nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba
mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona
diamantina que pusieron las manos de la Eternidad sobre
las sienes excelsas del dominador de los Andes. Yo me dije:
este manto de Iris que me ha servido de estandarte, ha recorrido
en mis manos sobre regiones infernales, ha surcado los ríos
y los mares, ha subido sobre los hombros gigantescos de
los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia,
y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad.
Belona ha sido humillada por el resplandor de Iris, ¿y no
podré yo trepar sobre los cabellos canosos del gigante de
la tierra?
¡Sí podré!
Y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido
para mí, que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt,
empañando los cristales eternos que circuyen el Chimborazo. Llego como
impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi
cabeza la copa del firmamento: tenía a mis pies los umbrales del
abismo.
Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un
fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía.
De repente se me presenta el Tiempo bajo el semblante venerable de un
viejo cargado con los despojos de las edades: ceñudo, inclinado, calvo,
rizada la tez, una hoz en la mano…
"Yo soy el padre de los siglos, soy el arcano de la fama y del
secreto, mi madre fue la Eternidad; los límites de mi imperio los
señala el Infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso
que la Muerte; miro lo pasado, miro lo futuro, y por mis manos pasa lo
presente. ¿Por qué te envaneces, niño o viejo, hombre o héroe?
¿Crees que es algo tu Universo? ¿Que levantaros sobre un átomo de la
creación, es elevaros? ¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos
pueden servir de medida a mis arcanos? ¿Imagináis que habéis visto la
Santa Verdad? ¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún
precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del
Infinito que es mi hermano".
Sobrecogido de un terror sagrado, «¿cómo, ¡oh Tiempo!
-respondí-
no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He
pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la
cabeza de todos. Yo domino la tierra con mis plantas; llego al Eterno
con mis manos; siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos;
estoy mirando junto a mí rutilantes astros, los soles infinitos; mido
sin asombro el espacio que encierra la materia, y en tu rostro leo la
Historia de lo pasado y los pensamientos del Destino».
"Observa -me dijo-, aprende, conserva en tu mente lo que has
visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo
físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha
revelado: di la verdad a los hombres".
El fantasma desapareció.
Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo, tendido
sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. En fin, la
tremenda voz de Colombia me grita; resucito, me incorporo, abro con mis
propias manos los pesados párpados: vuelvo a ser hombre, y escribo mi
delirio.
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