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LA
EXPEDICION ANTÁRTICA DE SHACKLETON
Con las fotografías de James Francis Hurley

El fotógrafo australiano James Francis Hurley participó
de la célebre expedición de Shackelton. El destino
le deparó el placer de capturar a través del lente de su
cámara una serie de imágenes históricas que reflejan la
legendaria expedición antártica de 1915. La expedición
llegó a las gélidas regiones antárticas en el Endurence,
barco que sería destruido por el hielo. A continuación,
en esta sección de Viajeros y exploradores de Temakel,
presentaremos parte de las famosos fotos de Hurley,
y un texto sobre la expedición Shackleton que procede
de http://www.fotomundo.com/
, página con vasto y muy valioso material fotográfico de
índole artísta e histórica. Al final encontrarán una breve
biografía de Sir Ernest Henry Shackleton, protagonista
junto con los miembros de su expedición, de una de las épicas
exploraciones del inmenso continente blanco. Y también precisiones
sobre el trabajo fotográfico de Hurley.
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Arriba, portada: 27 de agosto
de 1915. El Endurance respira, inmóvil, solemne,
dentro de la noche. Hurley utilizó cerca de 20 flashes de
magnesio en una sola toma.
Imágenes:
1: Sir
Ernest Henry Shackleton;
2: exploración solitaria;
3: el
Endurance avanza a motor cortando con la roda el
pack de hielo; 4:
el Endurance es aprisionado y destruido por el
desplazamiento del pack; 5:
la ballenera "James Caird" parte de Isla Elefante
en pos de Georgia del Sur; 6:
a fines del invierno de 1915, el Endurance permanece
atrapado en una situación comprometida; 7:
Leonard Hussey y Samson: el miembro más pequeño de la expedición
con uno de los perros más grandes; 8:
después de 497 días sobre el hielo, los expedicionarios
desembarcan en tierra firme en Isla Elefante.
LA EXPEDICION ANTÁRTICA DE SHACKLETON
Shackleton
no duerme aquella noche. Se pasea alrededor del Endurance
como un perro en celo, furibundo. Hace diez meses, desde
el 19 de enero de 1915, que su barco está inmovilizado en
el Mar de Weddell, aferrado por grandes témpanos que le
rodean y aprietan. Se escucha crujir los maderos del casco.
Por momentos, es como si una mano, gigantesca, cargada de
un odio inimaginable, lo estuviese golpeando por sus lados.
Siente como si fuesen sus propios huesos los que están por
estallar. Sabe que a partir de ese momento comienza la verdadera
odisea.
A
las 5 de la tarde de aquel miércoles 27 de octubre, Shackleton ordena
abandonar el barco que hasta entonces les había cobijado y decide
instalar un campamento que bautizaría Ocean Camp. Los 28 hombres de la
expedición están ahora en la mayor soledad, distantes una eternidad de
la más remota posibilidad de ser rescatados. Ni el mismísimo diablo se
atrevería a cruzar semejante inmensidad de hielo para ir al encuentro
de aquellos osados.
Hasta
entonces, aunque habían sido infructuosos todos los intentos de
avanzar, la vida continuaba a bordo con cierta tranquilidad. Aún no era
aun desesperante ver como disminuía la reserva de carbón y de
alimentos. El fotógrafo de la expedición, James Francis Hurley,
realizaba con frecuencia proyecciones de diapositivas con una
"linterna mágica", sobre sus anteriores viajes (había
participado de la expedición antártica de Sir Douglas Mawson en 1911 y
recorrido parte de Tasmania). Las observaciones científicas continuaron
y había tiempo para agradables veladas y juegos de cartas.
Creían
que en el verano saldrían de aquella incómoda situación. Pero al irse
rompiendo el hielo y producirse el desplazamiento de grandes témpanos
que llegaban a montarse unos sobre otros, el Endurance empezó a ser
apretado por esas grandes tenazas de agua de mar congelado y, cuando ya
le sostenían con firmeza, en cinco segundos el empuje del hielo lo hizo
escorar 20 grados a babor. Tras una pequeña pausa, llegó a los 30
grados. En el interior todas las cosas volaron por los aires y lo que
era un sólido barco con maderos de roble de hasta 75 centímetros de
espesor, se iría convirtiendo a partir gradual e inexorablemente en
astillas, para ser devoradas por el mar.
El
proyecto de Shackleton de salir de aquel infierno helado tras la
pérdida del Endurance, solo podía haber sido imaginado por alguien
como él que, además de conocer como pocos la Antártida, tenía una
confianza inquebrantable en sí mismo: al fracasar en un primer intento
por avanzar caminando hacia el Norte, propuso abordar un témpano lo
suficientemente sólido que, al derivar llevado por la corriente y el
viento, los dejara a tiro de piedra de isla Paulet, distante 346 millas.
Ahí les sería posible alcanzar el refugio con alimentos y combustible
dejado en 1904 por la corbeta Uruguay (1). Desde Paulet, planeaba
continuar hasta la Tierra de Graham con la esperanza de encontrar una
flota de cazadores de ballenas que pudiesen sacarlos de ese atolladero.
Sir
Ernst Shackleton pertenecía a ese puñado de hombres que con el
nacimiento del siglo pretendían explorar en profundidad el continente
blanco. En 1901 había participado de la expedición de Robert Falcon
Scott a bordo del "Discovery" y, en 1909, protagonizó un
fracasado intento de ser el primero en alcanzar el Polo Sur: a 97 millas
de la meta tuvo que emprender el regreso, enfermo y casi sin alimentos.
El Polo sería conquistado por el noruego Roald Amundsen a fines de
1911. Casi un mes después, Scott llegó también el Polo. Exhausto y
sin comida, en el camino de regreso murió congelado junto a sus tres
compañeros.
Con
la Imperial Trans-Antarctic Expedition de 1914-17, Shackleton pretendía
cruzar el continente por un territorio desconocido, desde el Mar de
Weddell al de Ross. El proyecto consistía en que el grupo de
expedidionarios fuera dejado por el Endurance en algún punto de la
costa, sobre el Mar de Weddell, mientras que otro barco, el Aurora, les
aguadaría sobre el Mar de Ross, tras ir dejando provisiones en buena
parte de la ruta que Shackleton y seis hombres vendrían recorriendo con
trineos tirados por perros a lo largo de 2.800 kilómetros. Ese rendez-vous
jamás se produciría.
El Endurance, de 43 metros de eslora y 350 toneladas, estaba aparejado de
bergantín–goleta (2) de tres palos, con motor auxiliar a vapor de
triple expansión que le permitía filar 9 a 10 nudos. El casco era de
roble y otras maderas duras. Fue construido en Noruega, habiendo sido
diseñado para navegar en zonas de hielos por la fortaleza de su
estructura pero sus formas no estaban optimizadas para zafar en caso de
ser atrapado por el hielo.
La
marcha hacia el norte iba a ser penosa, agotadora y lenta. Los hombres
del contingente de exploradores, para sobrevivir, tuvieron que
seleccionar cuidadosamente lo que iban a cargar. Shackleton ordenó
entonces preparar los tres botes de salvamento del Endurance y recoger
únicamente alimentos, abrigos, aceite, combustible. "Cada hombre
podía llevar, además de la ropa que tuviese puesta, dos pares de
mitones, seis pares de medias, dos de botas, una bolsa para dormir, una
libra de tabaco y dos libras de efectos personales". Objetos
suntuosos y hasta las fotos familiares, debían ser abandonados.
Dirigiéndose al meteorólogo Leonard Hussey, le dijo que podía traer
su banjo, aunque era bastante pesado, puesto que la música era
"vital tónico mental". A Thomas Crean, segundo oficial del
Endurance, le hizo matar los tres cachorros y a "Mrs. Chippy",
la gata que había abordado el barco en su escala en Buenos Aires y que
se había convertido en la mascota, pero no se atrevió a sacrificar a
Sirius, el perro de Macklin, que todavía no había aprendido a tirar
del trineo.
Y
para que no quedasen dudas del significado de aquella orden, Shackleton
tomó del bolsillo de su parca un puñado de libras esterlinas y su
cigarrera de oro y las tiró sobre la nieve. Por último, tomó la
Biblia que le había obsequiado la Reina Madre Alexandra y la depositó
en el suelo luego de arrancarle las páginas con la dedicatoria, el
Salmo 23 y del Libro de Job la página con el verso: "¿De la
matriz de quién nació el cielo?/ Las aguas se endurecen a manera de
piedra,/ ¿Y la blanca escarcha del Cielo, quién la ha engendrado?/ Y
la faz del piélago está congelada".
James
Francis Hurley había realizado a lo largo del año unas 500 placas de
vidrio que reveló en el laboratorio instalado al lado de la caldera del
Endurance, de tal manera de lograr una temperatura aceptable para los
químicos. Para protegerlas, las había guardado en latas que luego
selló herméticamente con estaño y que quedaron en un estante cuando
el barco fue abandonado.
Dos
marineros, que fueron enviados a buscar alimentos al Endurance, se
toparon con aquellas las latas con los negativos. El agua ya había
cubierto la caseta del timón hasta un metro de altura, pero igual
deciden sumergirse en el agua helada hasta la cintura. Querían darle a
Hurley una sorpresa con aquel preciado obsequio. Y por supuesto que lo
lograron.
"Estuve
todo el día con Sir Ernest haciendo una fina selección de mis
negativos de la colección anual", escribió luego en su diario.
Volvió a soldar las latas con 120 negativos en el interior, y abandonó
los otros 440, sus lentes y las cámaras, excepto la Vest Pocket Kodak y
tres rollos de película que le quedaban.
"Esta
desafortunada reducción es esencial, ya que un recorte drástico en
peso debe ser dispuesto debido al poco espacio que hay en los
botes". Los negativos seleccionados incluían 20 placas color así
como 100 placas de vidrio, además de un álbum de copias. Las fotos de
Hurley eran fundamentales, puesto que Shackleton por adelantado había
vendido los derechos de un libro sobre aquella travesía.
Hurley
era ciertamente un personaje conflictivo. Excelente fotógrafo y muy
habilidoso (llegó a construir una cocina portátil y una bomba de
achique con restos de chapas y siempre estaba dispuesto para las tareas
más arduas y difíciles), tenía también dotes de líder.
"Respondía mejor a las alabanzas y a menudo necesitaba que se le
elogiase y se le hiciera sentir importante. Shackleton intuyó esa
necesidad y temió que si no la alimentaba, Hurley podría sentirse
menoscabado y posiblemente fomentaría el descontento entre los
demás", así que lo incorporó al reducido grupo de sus asesores
porque "no quería contrariarlo". Demostraba ser un gran
conductor de hombres y profundo conocedor del alma humana.
La
marcha hacia el norte
La
tripulación del Endurance fue ganando camino hacia el Norte,
llevados a la deriva por los grandes packs de hielo o por
extenuantes caminatas, arrastrando sobre trineos a los botes
—James Caird, Dudley Docker y Stancomb Wills (4)— a medida
que el hielo se resquebrajaba porque, a partir de diciembre
de 1915, el aumento de la temperatura fue haciendo que el
hielo se debilitara y tuvieran que buscar desesperadamente
pack más gruesos y sólidos. Los hombres avanzaban casi pegados
a los tres botes. En la Nochebuena cruzaron el círculo polar
antártico, siempre derivando en dirección al Norte. Un año
antes habían hecho ese mismo camino en sentido inverso,
pero a bordo del Endurance. Todo era penoso, hasta el dolor
de tener que sacrificar de un tiro, el 30 de marzo, al último
de los 68 perros canadienses que les habían acompañado.
Sería reserva de carne fresca para dos semanas.
El
12 de abril, Shackleton avistó la escarpada costa de la Isla Elefante.
El témpano había derivado unas 30 millas náuticas al Este,
alejándoles de la costa, de tal manera que ya les sería imposible
alcanzar isla Paulet. De continuar en el témpano, les aguardaba una
muerte segura porque por delante no había otra cosa que la inmensidad
del Atlántico. La decisión estaba tomada: largarían los tres botes
para alcanzar aquella isla.
Estaban
en tierra firme por primera vez en 16 meses, pero el terreno no les
ofrecía otra cosa que soledad. Shackleton, una vez más, se erigió en
alguien capaz de seguir enfrentando las mayores adversidades y como, un
moderno Ulises, decidido a salvar las vidas de todos aquellos que
habían confiado en él y que ahora se encontraban inmersos en una
despiadada realidad.
Se
comprende mejor por qué de él se escribió: "Para conductor
científico, denme ustedes a Scott; para viajar veloz y eficientemente,
Amundsen; pero cuando uno se encuentra en una situación desesperada,
cuando parece que no hay salvación, conviene arrodillarse y pedir a
Dios que le envíe a Shackleton".
El
20 de abril les informó que en el James Caird, la ballenera (5) de poco
más de 6 metros de eslora, zarparía en demanda de Georgia del Sur,
distante 800 millas náuticas, para pedir ayuda en la estación
ballenera de Grytviken. Digamos que eran algo así como 1.480
kilómetros en uno de los mares más desgraciados del planeta por la
fuerza de los vientos que rigen. Cuatro días después, acompañado por
el teniente de navío Frank Worsley, Thomas Crean (quien en la
expedición de Scott había sido condecorado con la Medalla al Valor),
el carpintero Henry McNish y los marineros John Vincent y Timothy
McCarthy, se hizo a la mar. El equipo del James Caird consistía en una
brújula, sextante, barómetro aneroide, algunos mapas y dos
binoculares, además de las provisiones.
Dos
semanas después, el 8 de mayo y tras haber soportado dos violentos
temporales y olas que "en mis 27 años de marino, jamás había
visto" (Shackleton), avistaron la costa acantilada de Georgia del
Sur. Pero el destino seguía empecinándose contra esos marinos. Un
violento temporal se los tragó y la isla cesó de dibujarse sobre el
horizonte. Recién dos días después pudieron desembarcar, a 30
kilómetros de la estación ballenera de Grytviken. Emprendieron una
nueva y pesada marcha para superar las cumbres escarpadas y heladas de
la isla. Basta mencionar que no fue sino hasta 1957 que la isla fue
atravesada por segunda vez por una expedición de alpinistas
especialmente equipados, no como los náufragos del Endurance, vestidos
casi con harapos, famélicos, contando tan solo con una cuerda y una
hachuela.
El
rescate de los hombres en Isla Elefante no fue menos penoso. Con el
ballenero (6) "Southern Sky", Shackleton y Worsley llegaron
hasta 60 millas de la isla, pero el hielo los rechazó. Un nuevo intento
se realizó con el trawler "Instituto de Pesca Nº 1" del
Uruguay pero el hielo volvió a negarles el paso. Shackleton se
trasladó a Punta Arenas, donde residentes ingleses y chilenos donaron
1.500 libras esterlinas para alquilar la goleta (7) "Emma". En
proximidad de la isla Elefante, el motor auxiliar quedó fuera de
servicio y como era muy riesgoso seguir solo a vela decidieron abandonar
la búsqueda. Por fin, Shackleton obtuvo la asistencia del remolcador de
mar de bandera chilena "Yelcho", que, al mando del capitán
Luis Pardo, que lo llevó a él y a Worsley hasta la Isla Elefante.
Arribaron el 30 de agosto de 1916, 105 días después de haber zarpado
con el James Caird. Uno de los hombres, al ver la silueta del viejo
vapor, izó su chaquetilla a modo de señal sobre un mástil, pero la
roldana se le atascó y quedó a media asta. Shackleton la vio y se le
hizo un nudo en la garganta pensando que alguno de sus hombres habría
muerto. Pero no, aquellos héroes de la Antártida estaban ahí
esperándolo, cansados, con hambre, sucios, pero inmensamente felices.
Notas:
Todos
los textos entre comillas han sido tomados del libro "Endurance,
Shackleton's incridible voyage", de Alfred Lansing.
(1)
La corbeta ARA Uruguay, tras rescatar a la expedición sueca del Dr.
Otto Nordenskjöld luego de que su barco, el Antartic, quedara atrapado
entre los hielos, dejó provisiones en el lugar. Por ironía del
destino, Shackleton había sido el agente comisionado por el gobierno
argentino para adquirir aquellos suministros en Inglaterra.
(2)
El Bergantín-goleta es un tipo de aparejo de tres o mas palos, con
velas cuadras en el palo trinquete y velas axiales en los demás.
(3)
Los "lifeboats" fueron bautizados con el nombre de los mecenas
que había colaborado con a expedición.
(4)
Se denomina "ballenera" a un tipo de embarcación menor cuyo
casco está construido en "tingladillo" (con las maderas del
forro superpuestas), de lineas afinadas a proa y popa, a remos y dos
palos que largan verlas cangrejas además de uno o dos foques a proa.
(5)
Se denomina "ballenero" o "catcher" a un tipo de
buque especializado en la caza de ballenas.
(6)
Goleta es un tipo de barco a vela de dos o mas palos que larga en todos
ellos velas cangrejas o axiales. De gran capacidad de maniobra y muy
marinero.
Sir Ernest Henry Shackleton(1874-1922)
Sir Ernest
Henry Shackleton nació en Kilkea House, Condado de Kildare,
en febrero de 1874. Su padre, Henry, había sido granjero
y tras fracasar en una cosecha decidió estudiar medicina
en Dublin. En 1884, siendo ya médico, se trasladó a Londres.
Su madre estaba inválida. El Dr. Shackleton intentó que
su hijo estudiara medicina, pero el joven, a los 16 años
de edad, fue a Liverpool y se embarcó en la fragata "Hoghton
Tower" de la North Western Shipping Company, viajando
a Iquique por la ruta del Cabo de Hornos. Estuvo navegando
durante cinco años en las rutas de Oriente y América. En
1896 ya era primer oficial y dos años después, a los 24
años de edad, obtuvo el título de "Master" (capitán).
En
septiembre de 1900 se ofreció como voluntario para la National
Antarctic Expedition, comandanda por Robert Falcon Scott que habría de
realizarse un año después en el Discovery. Eran hombres con estilos
diferentes. La superior capacidad como expedicionario y marino sobre la
de Scott habría de convertirlos en acendrados adversarios.
En
1909 la expedición con el "Nimrod" le llevó a tener el Polo
Sur al alcance de la mano pero, a 97 millas de su meta, tuvo que
abandonar el proyecto.
Tras
un nuevo fracaso con el Endurance en la Imperial Trans-Antarctic
Expedition de 1914-17, que habría de convertirse dramáticamente en la
mayor epopeya de la conquista de la Antártida, Shackleton escribió el
libro "South" que, a pesar de venderse muy bien, no le dejó
ninguna ganancia.
Comenzó
a beber y a fumar en exceso, cayendo en una gran depresión. Estimulado
por su esposa Emily, que siempre le había apoyado en todos sus
emprendimientos, en 1920 dio inicio a un nuevo proyecto de exploración
en la Antártida. Sus sentimientos habían estado dirigidos siempre
hacia el sur; mares y territorios por los cuales sentía una profunda
pasión. Si bien Scott había tratado siempre de empequeñecer la figura
de Shackleton, todos sabían que era un gran marino, así que no tardó
en encontrar quienes financiaran el nuevo viaje. El diciembre de 1921
zarpó de Inglaterra en la que sería su cuarta expedición Antártica
con la idea de circunnavegar el continente austral con el "Quest"
(Búsqueda), un foquero de 125 toneladas de desplazamiento construido en
Noruega. Al llegar a la primera escala en Río de Janeiro, Shackleton
tuvo un ataque masivo al corazón pero no quiso ser internado y
continuó bebiendo, creyendo que de esa manera podría paliar el dolor.
El
"Quest" arribó finalmente a Grytviken, en Georgia del Sur,
donde Shackleton se encontró con muchos de los noruegos que le habían
ayudado años antes en el rescate de sus hombres del Endurance. Pero el
5 de enero de 1922, padece otro ataque al corazón y esta vez, el gran
héroe de la Antártida, no logra derrotar a la pérfida muerte.
Su
cuerpo es enviado a Inglaterra y al arribar a Montevideo, Worsley, quien
le acompañaba, recibe un telegrama de Emily, que le dice que Shackleton
hubiera deseado ser enterrado en aquella tierras australes. El barco
larga amarras y navega sus propia estela hasta Grytviken, donde una
tumba guardaría para siempre sus restos. ¿Guardaría? Lo que pocos
saben es que el cuerpo de Shackleton habría sido en realidad tirado al
agua, porque se había descompuesto, y que aquella tumba solo tiene una
lápida con su nombre.
Las
cámaras de Hurley
El
equipo fotográfico de Hurley era bastante variado, comprendiendo
cámaras Graflex, una cámara de placas con varios objetivos
Cooke de Taylor & Hobson y un objetivo Ross f:5,4, además
de cámaras Kodak: Vest Pocket, de negativos 4,5 x 6 cm en
rollo 127, dos Folding Pocket modelos 3 y 3A, para rollos
118 y 123 respectivamente. También contaba con una filmadora
de 35 mm, con la que llegó a obtener una impresionante secuencia
del hundimiento del Endurance.
La
mayoría de las fotografías que se conservan fueron tomadas con la
cámara de placas. Cuando se vió en la necesidad de abandonar los 400
negativos, también se deshizo de todo el equipo, menos de la Vest
Pocket Kodak con tres rollos, que continuó utilizando hasta que fue
rescatado de Isla Elefante. Tenía entonces 28 años.
Hurley fue fotógrafo del Ejército australiano, con el grado
de capitán, en los dos últimos años de la I Guerra Mundial.
Participó en expediciones a Papúa y Nueva Guinea. Se dedicó
durante años a promocionar, por medio de libros, a Nueva
Zelanda y Australia. Había nacido en 1886 y falleció en
1962, a los 76 años de edad.
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