Introducción
Dios
es el artífice del
universo. De estas palabras, se desprende que el
arte no nace con el hombre, sino que él mismo
forma parte de una gran obra suprema,
trascendente, solo en su espíritu radica el poder
de descubrirla, sentirla y apreciarla a gran
escala; aplicándola a su medida, reproduciendo
una porción del cosmos en las cosas hechas con
sus manos. Este quizás sea el mayor mensaje que
nos deja la arquitectura religiosa, que no hallo
mejor vehículo de expresión que en el simbolismo
implícito en sus construcciones.
El hombre, en su experiencia
religiosa, atribuyó el trazado del mundo, su
"gran casa", a un pensador y diseñador
supremo. Aquel quien colocó todo en su sitio
antes de que él viniera a habitarla, dotándola
de todo lo necesario para su subsistencia física,
y para que él, en su dimensión espiritual,
hallara placer en la contemplación de la
naturaleza y en sus múltiples formas.
Esta
concepción supracitada es muy antigua. La idea de
un Dios artesano es común en casi todas las
mitologías. La Biblia, en sus palabras de
apertura nos dice: "En el principio creo Dios
los cielos y la tierra". Los hebreos, no
tenían una palabra para universo tal cual aparece
en la lengua griega (Gr."cosmos"),
por ende se utiliza la fraseología "cielo y
tierra". El término "crear" (Heb. bara),
se emplea para mostrar como la acción divina
"edifica" algo maravilloso. En una
traducción griega del Antiguo Testamento esta
palabra se vierte como el "fundador y el
edificador" (Gr. Texnitos, artista,
alfarero, arquitecto).
En
otras palabras, Yahvé fue el arquitecto
primordial. Una de sus primeras construcciones fue
levantar un templo singular, un santuario numinoso
y exuberante: el Jardín de Edén, para que sirva
de hogar a la primera pareja humana. La tradición
judía, nos habla que era un sitio muy especial,
donde el ambiente mágico-religioso se
complementaba espontáneamente con el arte
implícito en una naturaleza.
Ahora
bien, aquellos hombres de tiempos tempranos,
descubridores de todas las ciencias y las artes,
imitaron los pasos de su Hacedor y construyeron su
propio microcosmos en miniatura. Moldear vasijas,
ladrillos, construir su propia casa - cuanto más
de casa del dios - era un acto imitatio dei,
y por lo tanto, una asignación sagrada. Allí
donde converge la variedad de hierofanías surge
lo urbano.
A
la obra de aquellos seres anónimos, cuyas manos
piadosas pretendieron proyectar la belleza de lo
divino en sus mausoleos, templos y palacios, es a
lo que nosotros llamamos: arquitectura mística.
Principios
metafísicos de construcción
Arquitecto
no sólo es aquel que diseña y construye un
edificio, sino aquel que busca en él la
estética, siendo parte integrante e indispensable
de las bellas artes. Entre sus múltiples
expresiones, existen tanto las construcciones
civiles como las religiosas. Estas últimas, no sólo deben reunir la artística armonía de las
formas, sino que también deben albergar un
profundo significado simbólico y emocional, para
que el emplazamiento material refleje la gloria
extática del universo sobrenatural; perfectamente
integrado y asimilado al plano humano.
El
cielo y el templo
Por
un lado, el antiguo veía en su medio ambiente una
copia del cielo, como bien le explicaba Hermes a
Asclepio, algo así como una geografía paralela,
mística.
Para
los hombres del período paleolítico, los dioses
fueron quienes edificaron sus templos. Penetrar en
una caverna, en el vientre mismo de su tierra
madre,
constituía un lugar que revelaba por sí
mismo su propia hierofanía. Por las
características de su estructura estaba integrado
naturalmente al plano cósmico, siendo un sitio
adecuado para ser utilizado como santuario y como
centro de iniciación mágica ("opus
operatum"); base desde el cual, mediante
pinturas y figurillas moldeadas, controlar los
avatares de la caza y recolección.
El
mismo proceso psicológico aparece en los
períodos históricos. En Mesopotamia, se creía
que el río Tigris se encontraba en la misma
posición de la estrella Amunit y el Eufrates en
el eje de la estrella Golondrina. El Nilo
terrestre, correspondía a la Vía Láctea; como
el roble, que según los antiguos europeos,
representaba a Ydgrasil, el gran árbol universal.
En
la órbita de estos "centros", los
hombres erigen su constelación de adoratorios.
Nínive fue trazada según el mismo plano estelar
mesopotámico. En la Meca, la Kaaba, cuyo ojo
meteórico es asimilado como un obsequio del cielo
"metálico", se encuentra
simbólicamente debajo de la estrella Polar; tal
cual el trazado de la Jerusalén terrestre
corresponde al diseño de la Jerusalén celeste.
| Arriba,
en presentación , reconstrucción
del Templo de Salomón; arriba,
derecha: grabado de
un libro publicado en 1506 por
Vallalpande, donde muestra la
arquitectura del templo de Salomón. |
El
hombre y el templo
Por
otro lado, el hombre y la compleja
"casa" que constituye su propio cuerpo,
también poseen el mismo principio de
construcción divina. Su físico en movimiento (anima),
era una obra hecha por un artista supremo,
enteramente sabio, y como tal, una creación
maravillosa. Por ello, cuando Adán descubre a la
mujer, pronuncia la primer poesía del registro
bíblico (Génesis 2: 23).
Según
un mito egipcio muy antiguo, los humanos son
formados por Khnum, el talentoso alfarero
primordial. Entre los sumeros, tal cual lo expone
el poema de Gilgamesh, el hombre es moldeado por
los dioses a partir del barro y la saliva. El
mismo principio de síntesis simbólica subyace en
el relato bíblico ya citado, cuando Dios, cual
hábil artesano (Heb. selem: imagen
plástica, estatua, copia o modelo), construye a
un hombre a partir del barro moldeado soplando
aliento vital en sus narices. Por lo tanto, los
templos y santuarios, son diseñados bajo estas
dos correspondencias: macrocosmos- microcosmos.
Los
ejes orientativos de los templos, poseen una
asombrosa relación con la representación del
cuerpo humano. Cuando un hombre extiende los
brazos, es figurado bajo el signo de la cruz (crux
latina), o en ocasiones, como un gran árbol cuyas
ramas se propagan hacia la totalidad del universo.
Los ejes perpendiculares, dibujando el signo
cruciforme, pasan por un centro simbólico que une
la totalidad polar siendo la imagen misma del
"motor inmóvil".
En
Egipto, el faraón (En hieroglífico egipcio
"gran casa"), era símbolo de la columna
vertical. Este emblema servía para ilustrar el
trazado natural del Nilo (cardo-norte-sur). Por
otra parte, la elíptica solar era la que dibujaba
la línea que cruzaba horizontalmente uniendo las
dos orillas (decanadus-este-oeste). En los Textos
de las Pirámides (Dinastías V y VI), son
frecuentes los encantamientos para unir las dos
playas del río sagrado.
La
teología hindú, expresa que la cabeza humana (la
parte superior globular de la cruz egipcia ankh)
rige a todo el resto del cuerpo. En la
arquitectura sutil, la espina dorsal y los canales
nerviosos corresponden a los canales metafísicos (sushumna),
donde circula toda la energía desde el nivel de
conciencia hasta las terminales (chakras).
En otras palabras, el hombre, en el plano de
conciencia individual es asimilado con la cruz,
pero en el plano universal es visto como la sombra
del gran árbol cósmico.
No
es casualidad que muchos de los recintos sagrados,
guarden un pilar céntrico desde donde dependen
los sostenes de todo el predio. Si bien, en
algunas culturas, estos ejes energéticos estaban
erigidos afuera, como los obeliscos egipcios, en
las culturas egeas y protopalestinas el templete
dependía de una o dos columnas de base.
En
el sitio arqueológico de Arad, antiguo
asentamiento cananeo, se halló un templo de
estructura cuadrangular con dos recintos: uno más
oculto, que hacía de santuario, y el otro
exterior cuya techumbre dependía de una columna;
según los arqueólogos era la base de su
construcción. Los templos filisteos (pueblo de
origen marino, mencionado en la inscripción de
Ramses III, 1190 a. C., como uno de los
pueblos del mar), que han llegado hasta nosotros,
se encuentran en estados muy deteriorados, pero no
olvidamos el registro de la epopeya del Sansón
bíblico, quien derribó el templo del Dios pez
Dagón, derrumbando "las columnas sobre las
cuales está firmemente establecida esta
casa"(Jueces 16: 25-30).
Los
fenicios y los hititas, se encuentran entre los
primeros en construir columnas artificiales a
falta de rocas ciclópeas, demostrando la
importancia de la erección del eje vertical.
Plinio, cita que en Africa y en España, las
fortalezas cartaginesas, es decir, fenicias, se
las conocía por sus característicos soportes
centrales, algo así como los megarones
prehelénicos.
En
la antigüedad, tanto las edificaciones civiles
como las religiosas se hallaban sostenidas
comúnmente por las vigas en forma de cruz; de
hecho, era corriente que a los habitantes de los
pueblos conquistados se los ejecutaran
clavándolos o colgándolos en las cruces o vigas
patronas de las casas.
Estas
notas preliminares, nos ayudaran a comprender
mejor el vasto mundo de las representaciones
sagradas humanas y sus construcciones sutiles, de
las cueles nos detendremos en una interesante
comparación: el templo hebreo-cristiano y su
simbología.
Síntesis y correspondencias entre el templo
hebreo y el cristiano
1-
El tabernáculo mosaico
"Porque
cualquiera que quisiera examinar todo y cada uno
de los detalles referidos (Del tabernáculo
mosaico) sin mezquindad y con altura de miras,
descubrirá que fueron hechos para imitar y
reproducir el universo"
(Flavio
Josefo: "Antigüedades Judías", Libro
III, sec. 179)
1-2
Tipos y arquetipos
Los
hebreos, durante su turbulenta historia, pasaron
por la experiencia del nomadismo y el
sedentarismo. Así su culto y adoración a su
único Dios Yahvé, tuvo que realizarse tanto
desde la procesión en el desierto como desde el
establecimiento en una tierra fija. En
consecuencia, su principal sitio sagrado pasó por
los devenires de estas dos circunstancias.
Según
el libro de Exodo, cuando relata que Dios le
entrega a Moisés las tablas de la ley, también
le da instrucciones precisas para la construcción
de un "templo móvil" donde debía
reposar el Arca de la Alianza, y desde allí,
pudieran efectuar los sacrificios prescritos (Exodo
25: 8, 9, 40).
La
mayoría de los biblístas, dudan que en el
tránsito por el desierto, un grupo de nómades
pudieran haber llevado semejante estructura tal
cual la describe el Pentateuco (aunque sí se
piensa que tuvieron que tener alguna carpa como
santuario, sin necesidad de ser esta tan costosa
ni tan elaborada). Sin embargo, la carga
artística y simbólica que heredó él magnifico
Templo de Salomón, del que luego hablaremos, se
debe sin ninguna duda a la descripción del
Tabernáculo móvil que hace la Biblia del tiempo
de la prehistoria de Israel. Estos detalles
reseñados en el libro de Exodo, son una verdadera
joya de la arquitectura mítica que merecen ser
mencionados, siendo imposible comprender la
verdadera dimensión del significado esotérico
del templo salomónico o cristiano, sin tener en
consideración estos pormenores que en ocasiones
encierran su propia riqueza hermética.
| Arriba,
derecha, imagen del Tabernáculo. |
Según
Hebreos 8: 2, 4, 5; 9: 11, 23, 24, el Tabernáculo
- y como consecuencia las posteriores
construcciones arquitectónicas salomónica y
herodiana, hasta la iglesia medieval - era copia
de la morada de Yahvé en el cielo (templum
imitatio dei); al igual que en el relato
mítico lo fue el Jardín de Edén. Según la
visión de Ezequiel, del Templo místico brotaba
un río de aguas cristalinas. La corriente que
emanaba desde el sanctasanctórum regaba las
raíces de los árboles e insuflaba aliento vital
al extinto Mar Muerto (Génesis 2: 10; Salmo 1;
Ezequiel 40 al 48).
La
orientación de la tienda, a la misma paridad que
el jardín sagrado, estaba mirando al este, a la
salida del sol. Esto es significativo, ya que el
devoto de Yahvé no consideraba a la divinidad
solar, por lo tanto, cuando adoraba a su dios
irrepresentado ingresando en el predio, caminaba
dándole la espalda al astro rey (entre las
posturas hebreas dar la espalda significaba
rechazo -Números 8: 2 y 14; Ezequiel 8: 16-).
Además, para la mentalidad israelita, el este era
un símbolo ambivalente, por un lado de destierro
(La tierra del fugitivo donde fue desterrado Caín
(Génesis 4: 16), y el recuerdo del exilio en
Babilonia (para un observador situado en
Palestina, Babilonia esta en el punto este);
pero por el otro, era emblema tardío de
liberación, ya que de los reyes "procedentes
del sol" vendría Ciro el Persa, su salvador;
arquetipo del mesianismo cristiano (Isaías 41.
25; Apocalipsis 16: 12).
Según
la descripción bíblica, la Tienda Santa era
colocada sobre un espacio abierto, en el patio. El
terreno era una representación de toda la región
de Edén (Sabiduría IX: 8). El patio, ocupaba una
dimensión en forma de rectángulo, estando
cercado por bellas columnas de cedro cuyas bases y
capiteles eran de cobre. Estas, sostenían una
pantalla de tela de lino blanco, símbolo de la
pureza, que envolvía la totalidad de la
superficie y servía de línea divisoria entre lo
sagrado y lo profano.
La
longitud y anchura del terreno, traducido a la
medida actual del codo antiguo (44,5cm), era de
24m X 48m. Si lo partimos el plano justo en su
mitad, obtendremos dos plazas cuadradas perfectas
de 24m x 24m; y en consecuencia tendremos dos
centros, que harán de piedras fundamentales o
altares. Ahora bien, si trazamos una línea de un
centro al otro, es decir, un eje horizontal axial
equidistante entre ambos puntos, tendremos una
representación simbólica de las colinas
primigenias o montes gemelos. Este motivo es
frecuente en la mitología sumeria, ya que el Noé
bíblico, Utnapistin, residía entre dos montes y
allí había logrado alcanzar la tan ansiada
inmortalidad (Gilgamesh, Tablilla XI, columna I,
línea 140).
Sobre
la superficie oeste, se levantaba la totalidad de
la espléndida Tienda, también rectangular, de12
m de largo x 4m de ancho y 4m de alto. Esta estaba
dividida en dos habitaciones: el Lugar Santo o
primer compartimento (Hekal) (8m x 4m), y
el Lugar Santísimo o segundo compartimento y el
más oculto (debir o qadesh)(4m x 4m
x4m). El punto céntrico del Santísimo, que
formaba una cuadratura perfecta, servía de altar
(shethiyah). En ese lugar se colocaba el
Arca de la Alianza, símbolo del trono divino y
del árbol de la vida edénico.
En
el interior del primer cuarto, El Santo, se
hallaba el único candelabro o menorah de
siete brazos, construido en oro fino
cuidadosamente labrado a mano, que servía para la
iluminación ceremonial. Las siete llamas
simbolizaban los días creativos y los ojos de
Yahvé, quien todo lo examinaba. Esto
evidentemente guardaba una estrecha relación con
las ruedas del carro (merkabá) de la
visión de Ezequiel, cuyos ejes estaban llenos de
ojos. Además, el resto del mobiliario se
restringía a una mesa con doce panes para el
consumo ceremonial de los sacerdotes y un altar de
incienso como sacrificio oratorio y de
reconciliación para aplacar la ira de Yahvé.
Los
dos cuartos, estaban separados por una gruesa
cortina interior de hilo color azul lapislázuli,
imagen del cielo estrellado, bordado en oro con
dos figuras querúbicas, que hacían las veces de
los guardianes que estaban a la entrada del
jardín para custodiar el camino al árbol de la
vida (Génesis 3: 24).
Toda
la Tienda se sostenía con columnas de madera de
cedro, pero con capiteles en forma de palmeras,
esculpidos en plata a golpe de martillo; esto le
daba al recinto una apariencia de jardín sagrado.
Las bases de las columnas, estaban bañadas de
cobre moldeado a mano, conocido como cobre de
cañón (aleación de cobre antiguo del color de
los cañones actuales).
El
armazón, estaba recubierto por cuatro capas de
telas de finísimo hilo y de pieles de foca
teñidas de distintos colores significativos. La
primera cobertura era de lino blanco, la segunda
era púrpura, señal de realeza divina; la
siguiente era de color carmesí, en
representación del emblema de sangre expiatoria;
y la cuarta y última era de color azul cielo en
símbolo del océano primitivo que cubría el
jardín en tiempos antediluvianos.
En
la segunda superficie cuadrada, el terreno este
estaba al aire libre, tenía solo dos elementos de
cobre: El altar y la palangana. El altar, donde se
inmolaban las víctimas, estaba erigido en el
centro opuesto y por lo tanto, equidistante a la
ubicación del Arca siendo la otra piedra de
ángulo. Esta ara, tenía brillantes puntas en
forma de cuernos en sus extremos, simbolizando las
dimensiones lunares y totales del espacio. La
palangana, estaba delante de la entrada de la
tienda, símbolo de limpieza ceremonial. El
adorador de Yahvé debía ser santo, pero esta
santidad no era en sentido físico sino en sentido
ontológico.
El
material metálico con el que estaban esculpidos
el mobiliario del patio, era figura de las cosas
profanas, representaba la condición moribunda y
pecadora de los hombres fuera del Jardín; allí
evocaba el arquetípico altar de Abel, quien
intentó con un sacrificio primordial ingresar al
interior del Jardín y tomar el fruto del árbol
de la vida.
Los
diferentes metales y colores que se usaron, eran
sin duda símbolos alquímicos de diferentes
estados de evolución de la condición del hombre.
El ingreso del Sumo Sacerdote durante el día de
la expiación, el 10 de Tisri (mes lunar que
corresponde a Octubre/Noviembre), desde el altar
de cobre hasta el propiciatorio del Arca, hecha de
oro puro, pasando por el primer compartimento con
elementos de plata, sin duda simbolizaban una
mutación. Efectuaban la transformación necesaria
para presentarse aprobados delante de la
santísima presencia de Yahvé y obtener el
perdón o la vida perdida en el paraíso original.
1-3
La alquimia hebrea
Poco
sabemos sobre esto, solo las escuetas referencia
bíblicas sobre el asunto. Moisés se emparentó
con los madianitas, una tribu de metalarios y
adoradores de alguna divinidad del fuego( Yami,
según las inscripciones contemporáneas, quizá
hay sido una serpiente de cobre con cabeza de
oro), por lo tanto, debieron tener conocimientos
sobre alquimia.
Seguramente,
el metal era símbolo de diversos grados de
conciencia y transformación. Desde los metales
más innobles hasta los más nobles. Pero sin
duda, el Sumo Sacerdote en su ascenso místico
desde el cobre (altar, o cuerpo de la serpiente)
al oro (Arca de la alianza, o cabeza del reptil),
experimentaba la transformación necesaria como
para presentarse aprobado delante de Dios.
Entre
los mesopotámicos, el hierro se extraía de los
meteoritos y eran entendido como el cielo de Anu,
regalo de los dioses. El cobre en la Biblia
simboliza lo profano o las cosas terrestres.
Jeremías 15. 2 lo asocia con el hierro del norte
o el acero. El norte para la mentalidad hebrea era
semejante de lo alejado de Dios. En Levítico 26:
19 se lo asocia con las cosas de la tierra. Esta
idea la comparte el movimiento profético en
Isaias 48. 4 y Jeremías 1: 8. El cobre en la
antigüedad era un metal impuro, había que
alearlo con bronce para darle consistencia ya que
era muy blando. Por su densidad, se lo relacionaba
con el barro; material del que estaba construido
el hombre. También era profano por el uso que se
le daba, ya que se construían con él armaduras y
figurillas idolátricas. Existe evidencia que
entre los egipcios también era un metal innoble,
con el se construían estatuillas chauabti (figurillas
mágicas) de Seth, el contracreador y enemigo de
Osiris. Los ataúdes antropomorfos, en el caso de
los egipcios eran de diversos materiales, desde
madera hasta llegar a los diversos metales
preciosos. En el mito de iniciación de la cultura
bíblica, es un descendiente cainita, quien lo
descubre como utilitario(Génesis 4: 22).
El
oro, es un metal que se encuentra en escasas
proporciones, siendo uno de los más buscados de
la tierra. En todas las culturas, fue símbolo
solar y de las cosas sagradas. En Génesis 2: 11-
14, el río que procedía de Edén, pasaba por una
tierra donde había oro del más fino. La
Jerusalén celestial era de oro, como el
propiciatorio o tapa del Arca de la Alianza.
La
plata, en cambio, es más valiosa que el cobre,
pero menos que el oro. Es un símbolo de un paso
de transición intermedio. Para acceder al oro
desde el cobre hay que pagar un precio, ya que de
plata estaban aleadas la mayoría de las monedas
antiguas. Por su temple es un signo lunar. La
luna, el astro que muta por excelencia, es el
eterno retorno.
2-
El templo del Monte
"Como
el ombligo está puesto en el centro del cuerpo
humano, así es la tierra
de
Israel el ombligo del mundo, y Jerusalén en el
centro de toda la tierra de Israel,
y
el santuario en el centro de Jerusalén,
y
el lugar sagrado en el centro del santuario y el
Arca en el centro del lugar sagrado,
y
la piedra angular delante del lugar sagrado,
porque de ella fue fundado el mundo"
(Misdrá
Tanchuma Qedoshim)
2-1.
Lo que nos revela la arqueología
A
diferencia de otras construcciones
arquitectónicas del mundo antiguo, como las
Pirámides de Gizeh, o el Partenón, nada ha
quedado del Templo de Yahvé en la actual
Jerusalén. El muro de los lamentos, que según la
tradición perteneció a un ala del templo de
Herodes, no es más que un viejo muro de
contención de tiempo romano.
Warren,
entre 1867 y 1870, excavó el ala norte del monte
Moria hallando unas piedras que sirvieron de
esquineros y que fueron datadas del tiempo de
Salomón. Lo notable del descubrimiento, es que la
roca tenía unas inscripciones en protocananeo. Ya
que Herodes, no utilizó mano de obra fenicia,
sino romana y local, este sería el único
descubrimiento que habría llevado hasta el
momento alguna evidencia tangible del desaparecido
Templo de Yahvé; levantado por el Rey Salomón en
el siglo IX a. C.
2-2
El templo de piedra
La
tienda mosaica sirvió para un propósito. Para
los israelitas, una vez instalados en Palestina,
era necesario que Jerusalén, la nueva capital de
toda la liga tribal, fuera también reconocida
como el centro religioso más importante de todo
el país.
El
Templo de Yahvé debía durar para siempre, que
mejor que la piedra, como símbolo terrestre de lo
eterno e imperecedero, para emplearlo como
material base de la magnifica construcción.
La
elección del lugar donde sería levantado, debía
ser un sitio sagrado nacionalmente reconocido. El
monte Moría ofrecía el espacio perfecto. Sobre
él, según la tradición, Abraham intento
sacrificar a su hijo Isaac sobre la piedra, cuando
un ángel lo detuvo, y Dios mismo le jura que por
sé fe bendeciría a todos los pueblos de la
tierra (Génesis 22). Desde el lugar más santo y
desde sus holocaustos expiatorios serían
beneficiados ritualmente todos los hombres, cuyo
hacedor y diseñador fue Dios.
2-3
Detalles de la construcción
Salomón,
para llevar a cabo su faraónica realización,
contrató al Rey de Tiro: Hiram. Este era un
místico, un alquimista mitificado por los
caballeros templarios medievales, quien siendo un
verdadero artista siguió el planeamiento fenicio
para la obra. Hiram respetó las correspondencias
simbólicas de las tradiciones israelitas acerca
del tabernáculo, aunque con medidas mucho más
grandes.
Josefo,
es quien nos aporta valiosos datos sobre este
edificio. Nos dice que Hiram hizo un acuerdo por
escrito o una alianza con Salomón acerca de este
emprendimiento. Según Josefo: "Las copias de
estas epístolas todavía perduran, y están
reservadas no solo en nuestras listas, sino
también entre los tiranos". (Antigüedades
judías Libro VIII cap2)
La
obra de Hiram, requirió de una capacidad de
ingeniería poco conocida en la época. Salomón
exigía que todo el rectángulo, que incluía el
Santo y el Santísimo, fuese construido de una
sola pieza y sin columnas interiores para sostener
las vigas. Para lo cual, se requirió trasladar
desde el Líbano, por las costas del
Mediterráneo, una gran cantidad de largas maderas
con el propósito cubrir de una el techo interior.
El
Santo, tendría 18m x 9m de ancho y posiblemente
14m de alto, además de cámaras en su techo de
unos 4m. Sus paredes, eran de piedra blanca
cortada directamente de la cantera y engarzadas
perfectamente una sobre otras. Su interior fue
revestido con finas planchas de cedro al igual que
sus pisos y techos. Las paredes estaban engarzadas
con tallas de querubines y guirnaldas de jacintos
en oro, palta y cobre.
El
santísimo, tenía forma cúbica de 9m X 9m, como
símbolo metafísico de inmutabilidad divina. Sus
paredes como residencia permanente de Arca,
estaban totalmente laminadas en el más fino oro
proveniente del país de Ofir.
Ambas
habitaciones estaban separadas por la típica
cortina de hilo azul, además de dos inmensas
puertas de cedro exquisitamente labradas de forma
artesanal. Siguiendo el mismo estilo, otro par de
puertas estaban flanqueando la entrada del
edificio, ladeadas por dos columnas en cobre de 9
m. de alto: Jakim (derecha, que significa
"Que Jehová establezca") y Boaz
(izquierda, que significa "con
fuerza"). Esta inscripción leída de derecha
a izquierda decía mas o menos así: "Que
Jehová establezca con fuerza"
El
valor de estas columnas era muy elevado, ya que
jamás, trabajadores del metal, habrían intentado
templar objetos de bronce de esas dimensiones. Por
Jeremías 52: 21, sabemos que eran huecas y de 4
dedos de espesor, aunque hay diferencias con los
datos recogidos por Josefo, no olvidemos que
Jeremías era un contemporáneo, mientras que el
historiador judío se basó en la tradición oral
recogida por los últimos diez siglos.
Estas
columnas, estaban cumpliendo el papel de
guardianes en la entrada y marcaban el límite
entre lo divino y lo humano. Sobre ellas se
elevaba "el pórtico". Era como una alta
torre que se levantaba al frente de la
construcción de 54 m de altura, similar a los
simbolismos de altura que coronaban otros templos
antiguos, en imitación de la montaña primordial.
2-4
El tesoro sagrado
En
el patio, estaba el magnífico altar de cobre.
Este, era un enorme levantamiento frente al
pórtico, que cubría una superficie dieciséis
veces mayor que el anterior y medía unos 9 m de
lado y unos 4,5m de alto (II Crónicas 4: 1).
Debido a que la ley prohibía el uso de escaleras
en un altar (Los altares a Yahvé debían ser de
piedra bruta sin que ningún elemento humano las
modifique), este no debió tener grandes
diferencias estructurales con el altar del
Tabernáculo, pero debido a su altura, es posible
que tuviera una rampa del lado sur para poder
acceder al mismo. Según Josefo, un método
similar se uso en el templo de Herodes (Guerra
judía Libro V, Cap. V, sec. 6).
Del
mismo lado de la rampa estaría "El gran
mar" o palangana. Este enorme receptáculo de
cobre, tenía unos 5m de ancho y estaba sostenido
por doce toros labrados del mismo metal. El gran
mar, simbolizaba el océano primitivo y
subterráneo del que surgió la primer montaña de
Edén, en el centro del mundo. Los doce toros en
grupos de tres, miraban a cada punto cardinal o
hacia los cuatro extremos de la tierra. El número
doce, representaba a las doce tribus de Israel
unidas en el culto yavista.
En
el Santísimo, el mobiliario era de plata y oro.
Apenas uno entraba, se encontraba con diez
candelabros de oro puro de siete brazos dispuestos
en dos grupos de cinco. Este orden, aludía a las
diez veces que la palabra de Dios fue creadora en
el capítulo I de Génesis, o en una visión
cabalística, a los diversos sefirot o
manifestaciones por los que la palabra se hizo
ostensible; además de la mesa con los panes
ceremoniales y el altar de incienso que existían
en la tienda mosaica.
Traspasando
la cortina, entramos en el Santísimo, el lugar de
reposo el Arca de la Alianza. Esta fue colocada
justo en el centro del recinto. Pero a diferencia
del Tabernáculo, que tenía labrado en oro dos
querubines en la cortina azul, en el Templo del
monte, se colocaron dos inmensas representaciones
estatuarias de imágenes querúbicas bañadas en
oro, con las alas extendidas proyectando una tenue
sombra sobre al arca.
|
|
|
|
|
|
|
| Arriba,
centro, en imagen para
ampliar, detalle de
maqueta que reproduce el
Templo de Herodes. |
|
El
esplendoroso edificio, fue saqueado en varias
ocasiones por egipcios y caldeos, pero el
verdadero tesoro, el que no pudieron profanar los
conquistadores, es sin duda el mérito de su
significación representativa; aquel que le sigue
otorgando valor religioso y esotérico. Si en el
Tabernáculo mosaico, el altar de cobre era tipo
del altar de Abel, y el Arca encontraba su
correlato en el árbol de la vida edénico, en el
templo de piedra, bajo las mismas
correspondencias, todo el emplazamiento nos revela
un mensaje más profundo.
Su
plano no es en forma de serpiente o línea
horizontal, sintetizando el cuerpo humano, sino en
forma de "árbol de vida". En la
simbología, el altar de cobre, correspondería a Maljut,
el reino terrestre del hombre en condición
pecaminosa y su cabecera a Keter, el otro
extremo del árbol críptico, al lugar donde
estaba el Arca de la Alianza y su luz mística: la
Shekinah. Los diez candelabros, significan cada
una de las sefirot evolutivas por las que
se transforma el iniciado en su transito por el
predio sacro. Y cual ramificado árbol de vida
también posee diez piezas fundamentales o frutos,
a saber: 1)La Shekinah, 2) el propiciatorio del
arca, 3)el cuerpo del arca, 4)los ángeles
guardianes, 5)los candelabros, 6) la mesa de los
doce panes, 7) el altar de incienso, 8) el
pórtico, 9) el mar y 10) el altar de cobre.
En
el ritual del Templo salomónico, la sangre
expiatoria de la ofrenda inmolada era asperjada en
el propiciatorio del arca para cubrir los pecados
del pueblo. Tan solo una sombra del advenimiento
de una víctima mayor, según la
interpretación cristiana posterior a la
destrucción del templo en el año 70 d.c.: la
sangre de Cristo.
No
obstante esto, toda arquitectura sagrada, envuelve
una gran carga sensible y emocional integrada en
la belleza de sus formas. Entre sus paredes
materiales, el hombre puede transformarse de un
modo de ser a otro, tal como él convierte el
espacio cósmico interior en un centro. Ese lugar
y la dinámica que allí acontecen, mágicamente
trasladan al homo religiosus al tiempo
mítico, al instante donde los dioses fueron los
constructores del aquel mundo naturalmente bello,
ideal, que él, en su sistema teológico integrado
intenta reproducir en sus obras de arte.
Si
bien, en la arquitectura mística, en las casas de
los dioses, la mano profana de un hábil artífice
debe blandir sus instrumentos para llevarla a
término, es la musa divina la que deja su sello
indeleble entre sus piedras labradas, y hace
posible que se reproduzca una mansión celeste,
para que en su interior, el misterio de Dios se
devele a través de los tiempos y se concrete en
las obras humanas.