La
fecundidad del surrealismo
en la historia de la literatura del siglo XX
es incalculable. En parte, ello se debe a la
magnitud de los creadores que, de diversas
maneras, integraron el movimiento
surrealista: André Breton, Louis Aragon,
Antonin Artaud, René Char, Philippe
Soupault, Robert Desnos, Paul Eluard,
Benjamin Péret, Raymond Queneau, René
Daumal, Francis Picabia, Georges Schéhadé...,
por citar sólo algunos de los más
representativos del campo literario francés.
Pero, además, sucede que no hubo un solo
surrealismo sino varios, como ha observado
Juan Eduardo Cirlot (Introducción al
surrealismo, Madrid, Revista de
Occidente, 1953, p. 33).
Existió, por un lado, un surrealismo
ortodoxo, caracterizado por sus
formulaciones orgánicas y sistemáticas,
que, fundado en París, tuvo un desarrollo
histórico preciso entre 1924 –fecha de
aparición del Primer Manifiesto
Surrealista de Breton- y los albores de
la II Guerra Mundial (1939).
También hubo -y perdura actualmente- un surrealismo
heterodoxo, híbrido, capaz de fundirse
con otras poéticas y ampliar sus
posibilidades estéticas más allá de las
estrictas pautas de la ortodoxia.
Finalmente, la enorme potencia expresiva del
surrealismo supo generar algunos
procedimientos –entre otros, un tipo específico
de imagen onírica e irracional- que, a
manera de hebras, se entretejen desde los
comienzos mismos del movimiento en los
textos de las escuelas y poéticas más
diversas, incluso en aquellas que parecen
ubicarse en las antípodas del surrealismo
ortodoxo. Es decir, en este tercer caso el
surrealismo ya no como una poética integral
sino como procedimiento recortado y
recontextualizado en un universo no
surrealista.
Valga un ejemplo inicial, que luego
desarrollaremos: el lector encontrará
surrealismo ortodoxo en el poemario L’Union
libre (1931) de Breton, libro canónico
del movimiento; surrealismo heterodoxo, en La
Vie immédiate (1932) de Paul Eluard,
como en la casi totalidad de la obra de este
gran poeta; hebras de surrealismo, imágenes
entrelazadas, en los poemas de Paroles
(1945) de Jacques Prévert.
Automatismo
psíquico
La
cabeza principal del surrealismo ortodoxo
fue el mencionado André Breton (1896-1967).
En su Primer Manifiesto (1924) definió
el surrealismo de la siguiente manera:
"Automatismo
psíquico puro, por cuyo medio se intenta
expresar, verbalmente, por escrito o de
cualquier otro modo, el funcionamiento real
del pensamiento. Es un dictado del pensamiento,
sin la intervención reguladora de la razón,
ajeno a toda preocupación estética o moral" (Breton, Manifiestos
del surrealismo, Madrid, Guadarrama,
1974, p. 44).
| Arriba,
imagen de René Magritte; abajo,
izquierda, emblemática
obra del
surrealismo pictórico por Max
Ernst. |
Y a continuación Breton agregaba:
"Enciclopedia, filosofía: el
surrealismo se basa en la creencia en la
realidad superior de ciertas formas
de asociación desdeñadas hasta la aparición
del mismo, y en el libre ejercicio del pensamiento. Tiende a
destruir definitivamente todos los restantes
mecanismos psíquicos, y a sustituirlos
en la resolución de los principales
problemas de la vida" (idem, p. 44-45).

De esta definición y de otros pasajes del Primer
Manifiesto pueden deducirse algunos de
los rasgos más importantes del surrealismo
ortodoxo en sus comienzos:
-
Funda
su principio constructivo en la asociación
libre, en la escritura automática, en
una producción literaria o artística
en la que no intervienen los mecanismos
de control de la razón o la conciencia.
El objetivo es acceder, a través de la
anulación del racionalismo, a zonas
prelógicas y preconcientes del hombre.
-
Su
actitud de ruptura radicalizada rechaza
el pasado artístico y se enfrenta
contra la "institución del
arte", es decir, contra los
mecanismos de producción, circulación
y recepción de los objetos artísticos
tal como funcionan tradicionalmente en
la sociedad occidental. Esto vincula el
surrealismo con los movimientos de vanguardia,
que buscan quebrar las instancias del
"genio-creador" y el
"espectador/lector pasivo" y fusionar
el arte con la vida. Si escribir es
ejercitar libremente el automatismo psíquico,
la literatura es una opción accesible
para todo el mundo. Uno de los volantes
distribuidos en 1925 para promocionar la
dirección y el horario de
funcionamiento de la Oficina de
Investigaciones Surrealistas afirmaba:
"El surrealismo está al alcance de
todos los inconscientes". En
consecuencia, todos somos escritores,
todos somos artistas, constatación que
equivale a terminar con el concepto de
arte tradicional. El objetivo es poner
fin a las "bellas artes",
hacer literatura de la no-literatura. De
esta manera, el surrealismo ortodoxo
–junto al futurismo y el dadaísmo,
manifestaciones de la vanguardia histórica
que lo antecedieron- no busca cambiar un
determinado período en la trayectoria
del arte sino "acabar" con
ella, quebrarla: nunca antes del siglo
XX y de la aparición de los movimientos
de vanguardia el arte había luchado contra
la totalidad de las institución artística
(Peter Bürger, Teoría de la
vanguardia, Barcelona, Península,
1997). Por ello las vanguardias aportan
una gran novedad a la historia de la
literatura y el arte occidental.
-
El
surrealismo persigue no sólo una
transformación del arte sino del hombre
como totalidad, es decir, la fundación
de un nuevo humanismo. Considera que la
sociedad es injusta y que el hombre
occidental ha perdido capacidades que en
otros tiempos lo conectaban con la
magia, el sueño, lo maravilloso, la
alteridad, los mundos de la
supra-realidad. Justamente en la portada
de la publicación orgánica del
movimiento, Revolución Surrealista,
se lee esta frase de Louis Aragon:
" Se trata de llegar a una nueva
declaración de los derechos del
hombre". El espíritu de
inconformismo y la búsqueda de cambios
sociales y culturales llevarán al
surrealismo ortodoxo a acercarse
progresivamente a la vanguardia política,
y especialmente a identificarse con los
principios del comunismo de la URSS.
Por otra parte, es importante detenerse en
el nombre del movimiento: el término
"surrealista" fue utilizado por
primera vez por Guillaume Apollinaire
(1880-1918) en la pieza teatral Las tetas
de Tiresias (estrenada en 1917) y
significa en francés –como señala Jaime
Rest- lo que está por encima del
realismo. "Ello supone una intención
clara y casi programática: desechar la
concepción de realidad que tuvo vigencia en
el período moderno y, en particular,
abandonar definitivamente los procedimientos
de representación artística que en el
siglo XIX eran propios del realismo y también
del naturalismo" (Rest, Conceptos de
literatura moderna, Buenos Aires, CEAL,
1979, p. 150).
Estrategias
de creación
Una
de las formas de hacer accesible el
surrealismo a todos los hombres fue la
formulación de juegos surrealistas o
recetas de trabajo para alcanzar el
automatismo psíquico. En "Secretos del
arte mágico del surrealismo", Breton
propone el siguiente mecanismo de composición:
"Ordenen
que les traigan con qué escribir, después
de situarse en un lugar que sea lo más propicio posible a la
concentración de su espíritu, al repliegue
de su espíritu sobre sí mismo. Entren
en el estado más pasivo, o receptivo, de
que sean capaces. Prescindan de su genio, de
su talento, y del genio y el
talento de los demás. Digan hasta empaparse
que la literatura es uno
de los más tristes caminos que llevan a
todas partes. Escriban de prisa, sin tema preconcebido, escriban lo
suficientemente de prisa para no poder
refrenarse, y para no tener la
tentación de leer lo escrito. La primera
frase se les ocurrirá por sí misma, ya que
en cada segundo que
pasa hay una frase, extraña a nuestro
pensamiento conciente, que desea exteriorizarse"
(Primer Manifiesto).
Uno de los poemas que mejor expresan las
posibilidades líricas del automatismo es el
citado "La unión libre", de
Breton, que en traducción del argentino
Aldo Pellegrini dice en sus primeros versos:
Mi
mujer con cabellera de llamaradas de leño
con
pensamiento de centellas de calor
con
talle de reloj de arena
mi
mujer con talle de nutria entre los dientes
de un tigre
mi
mujer con boca de escarapela y de ramillete
de estrellas de última magnitud
con
dientes de huella de ratón blanco sobre la
tierra blanca
con
lengua de ámbar y vidrio frotados
mi
mujer con lengua de hostia apuñalada
con
lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
con
lengua de piedra increíble (...)
El fragmento permite observar
algunas de las modalidades del poema
surrealista canónico: una fórmula base
("Mi mujer con...") es el engarce
de innumerables imágenes que resultan de la
libre asociación, mecanismo que aparece
explicitado por Breton en uno de los
sentidos posibles del título del poema;
además, desaparición de la rima, de las
mayúsculas, de la puntuación y de las
regularidades métricas. La estructura es
acumulativa, genera el efecto de "no
acabar nunca" y el todo del poema
parece surgir de la incesante suma de
fragmentos.
El mecanismo del automatismo busca producir,
en algunos casos, un marcado efecto de
arbitrariedad, que llega a su máxima
expresión en el poema armado con
palabras recortadas de diarios y
combinadas libremente (Breton incluye un
ejemplo en su Primer Manifiesto), así
como en el relato-invención de sueños
(narrar historias a partir de los materiales
de la experiencia onírica). La importancia
otorgada por los surrealistas al mundo de
los sueños es enorme. Baste recordar el
siguiente fragmento del Primer Manifiesto
en el que Breton evoca al poeta Saint-Pol-Roux
(1861-1940) como antecedente del
surrealismo: "Se cuenta que todos los días,
en el momento de disponerse a dormir, Saint-Pol-Roux
hacía colocar en la puerta de su mansión
de Camaret un cartel en el que se leía: EL
POETA TRABAJA".
Uno de los valores destacados por el
surrealismo es la diversión, el carácter
lúdico de la creación, que permite al
artista liberarse de las presiones de la
vida adulta y reencontrarse con "la
mejor parte de su infancia" (Breton, Primer
Manifiesto).
En su libro La revuelta surrealista
(Buenos Aires, Libros del Quirquincho,
1990), Yaki Setton –uno de los
investigadores argentinos que más saben
sobre el movimiento- destaca otros tres
juegos surrealistas complementarios con las
búsquedas de la escritura automática: el cadáver
exquisito, el diálogo surrealista
y el muro descascarado, cuyas recetas
favorecen la articulación de una creación
grupal. Así explica Setton el juego del cadáver
exquisito:
"Los participantes se sientan alrededor
de una mesa (seis o siete). El primero toma
un papel y escribe una
frase, luego lo pliega, dejando ver la última
palabra. El segundo participante escribe
otra frase a partir de la palabra que el
jugador anterior había dejado descubierta,
y así sucesivamente
hasta terminar la ronda. Si se desea se
puede repetir la operación cuantas veces
se quiera. Terminadas las vueltas, se
desdobla el papel y se lee lo escrito. La
primera vez que los
surrealistas jugaron este juego obtuvieron
la siguiente frase: ‘El cadáver – exquisito – beberá – el
vino nuevo’. De ahí el origen del nombre
del juego" (La
revuelta
surrealista,
p. 49).
El cadáver exquisito permite también una
variación plástica, en la que las palabras
son reemplazadas por trazos de dibujo.
El mecanismo del diálogo surrealista es
semejante: un jugador debe escribir en un
papel, sin mostrarla, una pregunta; el
segundo participante, su interlocutor, debe
apuntar en otro papel una respuesta
ignorando el contenido de la pregunta
formulada. Ambos deben finalmente
enfrentarse y leer en voz alta,
consecutivamente, la pregunta y la
respuesta, como si se tratara de una
conversación "real". El resultado
es tan disparatado como sorpresivo.
El juego de la mancha de humedad o el muro
descascarado está más vinculado a la
expresión plástica: se trata de observar
detenidamente una pared deteriorada para
encontrar en ella la sugerencia de un mundo
representado, luego el juego consiste en
llevar ese mundo al papel –o a las
palabras-.
En una forma complementaria con las "recetas"del
surrealismo, en la década del treinta, Dalí
formulará su método de análisis
paranoico-crítico. Su objetivo será
"sistematizar la confusión y
contribuir al descrédito total del mundo de
la realidad". Este método de
conocimiento irracional "basado en la
objetivación crítica y sistemática de las
asociaciones e interpretaciones
delirantes", será caracterizado por
Breton como "una nueva afirmación, con
pruebas formales, de la omnipotencia del
deseo, que fue desde un principio el único
acto de fe del surrealismo". La
paranoia crítica de Dalí puede aplicarse
–según su genial creador- a la escritura,
la plástica, el cine, e incluso a todo tipo
de interpretación de la realidad.
El surrealismo ortodoxo triunfó en el mismo
momento en que nacía su
"derrota". Sucede que su lucha
contra la institución del arte resultó
imposible: a medida que avanzaba la historia
del movimiento, sus propios creadores iban
construyendo una memoria, un
"museo" del mismo, y así iban
-sin quererlo- institucionalizándose.
Progresivamente, la institución artística
fue integrando el surrealismo a su seno como
un capítulo más de la historia del arte.
Un capítulo muy importante. Muestra de ello
es la temprana aparición de la Historia
del surrealismo de Maurice Nadeau, cuya
"Advertencia" data de fines de
1944. En dicho libro, Nadeau propone una
evolución interna del surrealismo en cuatro
etapas principales: un período de elaboración,
anterior a la constitución del movimiento
surrealista (1914-1923); un período
"heroico", de fundación (1924);
un período "razonador"
(1925-1930), que incluye el viraje político
hacia el marxismo; un período de
"autonomía" (1930-1939), que
registra algunos avatares de la
internacionalización del movimiento, como
la presencia de Breton en los Estados
Unidos.
La
imagen surrealista
En
su excelente estudio sobre el surrealismo,
el poeta argentino Raúl Gustavo Aguirre (Las
poéticas del siglo XX, Buenos Aires,
ECA, 1983; segunda ed.,
Stevenson Librería-Editorial,
1997) observa que para muchos poetas
surrealistas la escritura automática no era
un fin en sí mismo sino un medio para el
acceso a una literatura diferente. Aguirre
cita
una esclarecedora afirmación de Paul Eluard,
en la que puede observarse uno de los
mecanismos centrales del surrealismo
heterodoxo: valerse de los
descubrimientos surrealistas de la primera
hora como medio para la elaboración de
universos dotados de singularidad poética
literaria. El surrealismo al servicio de la
ampliación de los territorios de percepción
del poeta, es decir, el surrealismo de
origen anti-literario puesto al servicio de
la literatura.
"Se ha podido pensar –señaló Eluard-
que la escritura automática hacía inútiles
los poemas. No:
aumenta, desarrolla únicamente el campo de
examen de la conciencia poética, enriqueciéndola.
Si la conciencia es perfecta, los elementos
que la escritura automática extrae del
mundo interior se equilibran con los del
mundo exterior. Reducidos entonces a una igualdad, se entremezclan, se
confunden, para formar la unidad poética"
(citado por Aguirre, Las
poéticas del siglo XX, p. 88).
La unidad poética no está, en suma, en los
materiales "en bruto" del
automatismo psíquico sino en la elaboración
literaria, refinada y compleja, de dichos
materiales en un producto no automático ni
repentista. En términos más estrictos, la
literatura opera sobre los materiales de la
experiencia automática como un sistema de
modelización secundario. Es esta estrategia
del surrealismo heterodoxo la que ha legado
los aportes literarios más valiosos a la
historia del movimiento, ya que la mayoría
de los exponentes del puro automatismo –válido
como experiencia histórica revolucionaria-
suelen agotarse en una suerte de verborragia
sin sustancia. Libros monumentales como El
ombligo de los limbos de Antonin Artaud,
Morir por no morir de Paul Eluard, Poesía
negra poesía blanca de René Daumal y Cuerpos
y bienes de Robert Desnos responden a la
modalidad del surrealismo heterodoxo. Valga
como ejemplo el inicio de "Tanto soñé
contigo" de Desnos, en traducción de
Raúl Gustavo Aguirre (respetamos fielmente
la puntuación del original):
Tanto
soñé contigo
que
pierdes tu realidad
¿Es
tiempo todavía de esperar ese cuerpo
viviente y de besar en esta boca el
nacimiento de la
voz
querida?
Tanto
soñé contigo que mis brazos acostumbrados
a cruzarse sobre mi pecho cuando abrazan
tu
sombra ya no se amoldarán tal vez al
contacto de tu cuerpo.
Y,
ante la aparición real de aquello que me
obsesiona y me gobierna desde hace días y años
me
volvería yo una sombra sin duda,
Oh
balances sentimentales (...)
| Arriba,
izquierda, obra de Roberto
Matta, gran pintor
surrealista chileno; abajo,
centro, en imagen para
ampliar, las visión
surrealista de la Ultima
Cena por Salvador Dalí.
|
|
En su libro El surrealismo y cuatro
poetas de la generación del 27 (Madrid,
José Porrúa Turanzas Editor, 1974), el
investigador español Carlos Marcial de Onís
estudia el impacto del movimiento
surrealista en la obra de Federico García
Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre y
Rafael Alberti. Para ello propone una
acertada sistematización de los rasgos de
la imagen surrealista, que
sintetizamos a continuación (Onís, pp. 40
y sig.):
-
Por
su modo de producción o su origen, la
imagen surrealista es espontánea en
tanto proviene de la experiencia del
automatismo, pero es resultado en una
segunda instancia de la elaboración
conciente del material así originado.
"En realidad el automatismo se
reduce, casi siempre, a una libertad
expresiva nunca antes igualada" (Onís,
p. 42).
-
Por
sus características técnicas, la
imagen surrealista se aparta de la
doctrina clásica aristotélica, que
exigía que la metáfora no se llevase
demasiado lejos para que pudieran
advertirse en forma directa y nítida
las relaciones entre los dos planos de
la metáfora, el real y el evocado. Por
el contrario, Breton invita a
"comparar dos objetos lo más
alejados el uno del otro o, con otro método,
confrontarlos de una manera brusca y
sorprendente". Para Breton "la
más fuerte imagen surrealista es
aquella que muestre un grado de
arbitrariedad más elevado". En ese
ejercicio de conexión de lo distante,
se ponen en práctica componentes
subjetivistas e irracionales.
-
Por
sus materiales de elaboración, la
imagen surrealista apela al mundo
subconsciente y en gran medida al mundo
de los sueños. Tiene con frecuencia una
profunda relación con el funcionamiento
de la imagen onírica, y especialmente
con su capacidad desinhibitoria. Se
destacan los rasgos señalados por Freud
para el análisis de las imágenes de
los sueños: la condensación y el
desplazamiento. En La interpretación
de los sueños Freud afirma:
"Lo primero que se manifiesta
claramente al investigador cuando
compara las imágenes del sueño con los
contenidos soñados es que se ha
realizado un enorme proceso de
condensación. El sueño es magro,
mezquino y lacónico en comparación con
la extensión y la abundancia de los
contenidos soñados (...) El sueño
ubica su centro en cualquier parte; su
imagen se compone con elementos que no
constituyen el punto central de los
contenidos soñados". De la misma
manera que el sueño, la imagen
surrealista trabaja con la abolición de
las leyes lógicas y de las categorías
de espacio y tiempo.
-
La
imagen surrealista posee una finalidad
inmediata, la sorpresa, pero también
otra mediata, que consiste en la creación
de una realidad superior o
suprarrealidad.
Por otra parte, la imagen surrealista se
vincula con la reelaboración del concepto
de azar objetivo, que resulta de la
percepción y selección de elementos semánticos
concordantes en sucesos independientes entre
sí en la experiencia de la realidad.
"Los surrealistas constatan la
coincidencia –escribe Peter Bürger-, que
remite a un sentido no captable" (Teoría
de la vanguardia, p. 125). La
manifestación del azar objetivo puede verse
tematizada, por ejemplo, en el comienzo de Nadja,
la novela surrealista de Breton. Frente a la
verificación del azar objetivo en la
realidad, los surrealistas trasladan el azar
a la obra de arte, y lo hacen de dos
maneras:
-
como
producción inmediata del azar: el poeta
libra su conciencia a las asociaciones
sin control, para que las conexiones
entre los objetos y las imágenes del
poema surjan involuntariamente. A esta
modalidad correspondería el surrealismo
ortodoxo.
-
como
producción mediada del azar: simula el
azar, lo provoca matemáticamente. Ya no
rige una espontaneidad ciega en el
manejo del material, sino por el
contrario un cálculo estético muy
preciso. A esta segunda forma responde
el surrealismo heterodoxo.
Tal como señalamos al comienzo, el
surrealismo puede también observarse como procedimiento
aislado en el seno de una poética que
responde a otro régimen de afecciones y
experiencia. Una imagen surrealista
entretejida en un contexto no surrealista.
Valga como ejemplo un fragmento de "El
espejo roto", de Prévert, en traducción
de Raúl Gustavo Aguirre:
El
hombrecito que cantaba sin cesar
el
hombrecito que bailaba en mi cabeza
el
hombrecito de la juventud
rompió
el cordón de su zapato
y
todas las barracas de la fiesta
se
derrumbaron de pronto
y
en el silencio de esta fiesta
en
el silencio de esta cabeza
yo
percibí tu voz feliz
tu
voz desgarrada y frágil
infantil
y desolada
que
desde lejos me llamaba
y
la mano llevé a mi corazón
en
el que se agitaban
ensangrentados
los
siete pedazos de cristal de tu risa
estrellada.
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| Para
continuar el estudio sobre
el surrealismo recomendamos
la Historia del
Surrealismo, de Maurice
Nadau, publicada en su
versión castellana por Ed.
Caronte. |
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