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EL
DESCUBRIMIENTO DE LOS MARES
De
la naturaleza mítica a la naturaleza
visible
Por
Vitorino M. Gondinho
Los hombres de la Edad media
reaccionaban en función de la geografía
mítica y, sólo esporádicamente, en
función
de la realidad. Las transformaciones del
siglo XIII y de los siglos que lo
anteceden y siguen abren la primera brecha
por la que ha de transitar la
funcionalidad de lo real. No existía hasta
entonces un sistema de representación del
globo terrestre: los llamados planisferios
que en realidad se hallaban separados por
mares o ríos, o bien, siguiendo la lógica
del mito, atribuían a estos cursos nacidos
de la fantasía, al margen de toda ley
científica o de una mínima correspondencia
de formas, dimensiones o ubicación
relativa. Todo aquello no pasaba de las
meras configuraciones simbólicas.
Entre los años 1270 y 1320 renace la
geometría euclidiana, y con ello la ciencia adquiere capacidad para
construir el espacio. Por la misma época
llegan la aritmética y el álgebra
indomusulmanas; recobran actualidad la
astronomía de Ptolomeo -transmitida por
seguidores del Islam-, la óptica de
Apolinio y Ptolomeo, la medicina de Hipócrates, Galeno y Avicena.
Entretanto, llega desde China el
"indicador del Sur", que en
el Mediterráneo va a convertirse en auténtica
brújula; misioneros y
mercaderes descubren el Asia inmensa, y
se recibe también cumplida noticia del
tráfico de las caravanas de camellos que
surcan el Sahara. Estos nuevos
conocimientos permiten trazar el primer
conjunto de mapas con indicaciones de
rumbos y distancias. Correctamente
representado -aunque con longitud
excesiva- el Mar interior pasa a ser
eje de la representación científica de
la ecumene (el universo mundo) que,
gracias a las informaciones de los
viajeros de las caravanas euroasiáticas, se
extiende ahora hasta Catay.
¿Qué visión existía del mundo por los
años 1375-1381? Si observamos el Atlas
catalán de los Cresques (los dos
hermanos cartógrafos mallorquines)
podremos divisar, en el esplendor de sus
iluminaciones, las cáfilas de camellos
en África y en Oriente, los reyes del
oro, las ciudades opulentas de Asia, las
naves del Índico, las galeras desplazándose cerca de las Canarias y de
Madera. Las Islas Británicas aparecen,
en cambio, toscamente dibujadas, y a
medida que nos alejamos del eje de lo
científicamente conocido y mensurado las
indicaciones se confunden, como sucede
con el Asia sudoriental. En ese atlas saltan a la vista los restos
míticos,
propios de toda la cartografía de los
siglo XIV y XV.
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Arriba,
derecha, el navegante portugués
Vasco Da Gama, el primero en unir
Europa con la India, en 1497.
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A
partir del siglo XI, o a más tardar
desde mediados del siglo XII, tiene
lugar, desde el Guadalquivir y hasta las
costas del Canal de la Mancha e Irlanda,
el asentamiento de poblaciones humanas a
orillas del mar. (...) Suele sostenerse
que esta actividad marítima fue
resultado de la iniciación de la
construcción naval mediterránea de galeras
genovesas, fomentada por los
nombramientos de almirantes de ese
origen. Las escuadras de galeras servían
sólo para la guerra marítima. La
concepción y la construcción de los
barcos atlánticos son propias de las
orillas de este océano. En Vizcaya surge
la coca, que servirá de modelo de carga
italianos y catalanes. La invención del
timón con goznes, que reemplazará, como
medio de gobernar la nave, a los dos
remos de popa, proviene seguramente de
los puertos del Cantábrico. El Mediterráneo aporta la vela latina de
forma triangular y Escandinavia y el Mar
del Norte contribuyen a perfeccionar el
casco brindan otros elementos.
(...)
A mediados del siglo XV nace entre los
portugueses el interés por las especias
de África, sin contar el marfil, que ya
les interesan de antes. En el decenio
de 1480, con el rey Juan II, los
portugueses comienzan a interesarse por
las especias y las drogas de Asia,
proponiéndose entonces unir su complejo
del nordeste africano y de las islas con
la ruta del Cabo, que finalmente será
contemporánea de la ruta de Colón y de la
ruta de los hermanos Corte-Real (los
navegantes portugueses que descubrieron
Labrador, Terranova y Groelandia).
Tres innovaciones van a abrir las rutas
de los océanos. La primera se relaciona
con el abandono de la galera que no sirve
para la navegación de los descubridores,
como tampoco sirven la pesada carraca o
las naves mixtas que combinan remo y vela.
Por los años 1440 a 1450 los portugueses
lanza la carabela, que es una adaptación
de naves anteriores, musulmanas, nórdicas,
atlánticas. De forma más alargada y más angosta, con
timón axial de gozne, dotada
de velas triangulares que permiten
navegar de bolina (no sólo con viento a
favor), la carabela es más veloz, robusta
y manejable.
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Arriba,
izquierda, maqueta de un barco de
los fenicios, el pueblo de la antigüedad
pionero en el conocimiento del
mar. |
El invento de la carabela permitió abrir
los océanos gracias a una nueva forma de
navegar. No puede hablarse todavía de
experimentación científica, pues la
formación del espíritu científico tomara
tiempo. Comienza, sin embargo, la
exploración sistemática; lo observado se
corteja con los mitos; se registran
vientos y corrientes, profundidades y
puntos de referencia; se busca medios para
determinar la posición y el rumbo de las
nave fuera de la bahía, a veces a cientos
de millas de la costa. Observado el régimen de las horas nocturnas y la altura
de la estrella polar, se van trazando, con
ayuda de otros instrumentos y
observaciones, las rutas de alta mar,
especialmente de regreso, lo que permite
encontrar las islas perdidas en el océano.
Esta práctica náutica sistemática
conducirá, en el decenio de 1480, a la
navegación astronómica, que se nutre de
las fuentes científicas judeo-musulmanas y
que va acompañadas por la recuperación de
las obras de Ptolomeo y de otros frutos
de las ciencias antiguas que la imprenta
divulgara a fines del siglo XV y comienzo
del XVI.
En tercer lugar, los adelantos de la
artillería permiten instalara a bordo.
Carabelas y naves poderosamente artilladas
asientan su dominación en los océanos,
constituyendo una fuerza que abre paso a
los contactos con otras civilizaciones.
Los descubrimientos son resultado de la
situación coyuntural a que condujera la
larga depresión y a la inversión de esa
tendencia vinculada con la serie de
inventos de mediados del siglo XV. En
diversos periodos, a fines de ese siglo,
durante el siglo XVI y a comienzos del
XVII, tienen lugar otras series de
inventos. La revelación de lo que
estuviera oculto y la unión de lo que
hallase disperso demandaran nuevas
herramientas intelectuales y una práctica
nueva englobada en la palabra
"experiencia", la cual, si bien
se usaba ya frecuentemente, va a adquirir
ahora nuevo significado.
(...)
Otra gran revolución en el modo de
pensar-después
de la del siglo XIII- es el trazado del
mapa universal del orbe gracias a los
nuevos ejes científicos sobre las
latitudes, que permite tejer una
telaraña de rutas mundiales e inscribir
la presencia del hombre en todo el globo.
Surge así todo un sistema de datos
obtenidos organizadamente, en que la
observación o la mirada del caravanero se
unen a las del piloto, teniendo por telón
de fondo y expansión y la acción del
mercader.
El lugar de seguir reaccionando en función de
símbolos y mitos, por primera vez los
hombrees son capaces de actuar físicamente
sobre lo que ellos mismos han construido-
el espacio, los espacios- y de
proyectar eficazmente su mente para guiar
su acción. A lo largo de milenios la
tierra había sido sólo una franja cuyo
extremos no alcanzaban a tocarse; desconocíanse las
Américas, tampoco se conocía el Pacífico, la
circulación solo existía entre Europa, Eurasia y
África al
norte del Ecuador, entre África oriental y
el Lejano Oriente. En este mosaico, la
mayoría de las culturas y de las
civilizaciones no se conocían ni
comunicaban entre los medios intelectuales
y técnicos disponibles no permitían
concebir el globo terráqueo como un todo
con su diversidad, sus divisiones y sus
unidades; no existan medios que
permitieran desplazarse con la certeza
del poder retornar al puerto de partida;
formaban esa globo jirones de realidad que
apenas alcanzaban a interponerse entre
las geografías míticas y los seres
fabulosos. Dispónese ahora, en cambio, un
sistema de representación verificable y
eficaz para los desplazamientos y las
comunicaciones. Las innumeras barreras que
enclaustraban a los pueblos han ido
cayendo y esfuman los Paraísos Terrenales,
los Eldorados, las islas fabulosas de la
eterna juventud, los reinos hechos de oro
y piedras preciosas, las cristiandades
perdidas, los tórridos desiertos intransitables, los mares en
ebullición,
los gigantes a los que nadie se atreve a
hacer frente, los pigmeos de las selvas
impenetrables.
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Arriba,
en imagen para ampliar, el mar
envuelto por la bruma frente a
las islas Feroe. |
Aunque predominaba ya la concepción de la
tierra, en ciertos círculos librescos
tradicionales seguía vinculada con
leyendas y mitos. La Sphaera Mundi de
John Holywood (Sacro Bosco), el matemático y
astrónomo inglés del siglo XIII, sigue
usándose como base para una buena parte de
la enseñanza y, también, de la practica.
Así lo atestiguan sus 30 ediciones
publicadas entre 1472 y 1500, y más de 40
que ven la luz entre esta fecha y el año
1647. Aparecen asimismo numerosas
ediciones de Mandeville, e Imago Mundi,
sigue ejerciendo influencia; y no son
menos las ediciones del Auto das Sete
Partidas (incluyendo la carta fabulosa del
preste Juan en que describe su reino a los
reyes de Occidente) y la avidez con que se
le lee.
Frente a todo ello la reacción sigue
proviniendo de la náutica, quedando toda
la geografía fantástica en manos de círculos librescos, ajenos a las practicas
comerciales y marítimas. La idea
consagrada de la esfericidad del planeta
se acompaña con análisis y pruebas
concretas: la sombra de los eclipses, la
desaparición de los barcos en el
horizonte, la circunnavegación de la
tierra iniciada por Magallanes y
completada por Elcano. Los debates
sobre
la medida del grado de latitud y de
longitud prepararán la medición que las
Academias, especialmente, la francesa,
realizarán en el siglo XVIII. Esta medición
dará pleno carácter científico a
la representación cartográfica, gracias a
la instalación a bordo, para el cálculo de
la longitud, de un reloj con suspensión a
la Cardan. La experiencia y el raciocinio
físico demuestran la existencia real de
las antípodas y demuelen la idea del carácter inhabitable de las zonas
tórrida
y polar. La nueva manera de pensar, que
tiene por bases la experiencia y el
raciocinio probatorio, esta presente con
nitidez en el Tratado da esfera de Juan de
Castro (1536, probablemente), iniciador de
los viajes de exploración científica.
De este modo la navegación y el
desplazamiento de las caravanas, la búsqueda de
mercaderías, permitirán -sobre
la base de la representación cartográfica
fundada en un sistema científico -conocer
Estados, pueblos, productos, paisajes y
poblaciones con costumbres distintas, con
asiento en los continentes europeo,
africano, asiático, americano. La
literatura disponible entre los años 1560
y 1570 abarca ya gran parte de la tierra:
de China y Japón a Brasil y a Guinea, de
Canadá al cabo de Buena Esperanza. Mapas
marítimos, bitácoras, catálogos de pesos y
medidas, geografías, crónicas sobre los
ámbitos más variados proporcionan, en
esencia, conocimientos bastantes precisos
sobre todo el planeta, sobre mares y
tierras, sobre gentes y paisajes.
Los Lusiadas (1572) de Camoens consagran
todas estas adquisiciones: lo maravilloso
nada tiene ya que ver con prodigios y fábulas, constituyendo una forma
poética
de comunicar y de lanzar un puente hacia
la utopía, hacia la isla de los Amores. Y
como ya antes de 1516 cantara Diego Velho:
"Las nuevas cosas presentes/nos son
hoy tan evidentes/que nunca antes otras
gentes/vieron jamás mundo tal".
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Fuente: Vitorino
M. Gondinho, "Los descubrimientos
marítimos", editado en El Correo de la
Unesco, diciembre 1983, pp. 20-29.

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Arriba,
derecha, uno de los primeros mapas
posteriores al arribo de Vasco da Gama a
la India donde los contornos del
continente asiático y el Océano Índico
están claramente integrados. |
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