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Este
tercer número de KENOS
lo consagramos a promover la sensibilidad y reflexión
en torno a la naturaleza.
Existe un vínculo absolutamente indestructible en la
historia: la relación entre el hombre y el mundo
natural. Naturaleza omnipresente, envolvente,
ineludible. Amplitud enigmática ante la que el humano
debe responder proyectando una interpretación. Entonces
comienza la danza de las interpretaciones diversas: la
naturaleza como máquina ciega y azarosa; o como alma
universal y divina; o como hervidero centelleante de
dioses; o como fría usina de materias primas.
La naturaleza que deseamos recuperar en este Número 3
de Kenos es la del goce estético, la que pare
símbolos míticos, la que rezuma vida, poesía y
misterio. Y también furia destructora. Naturaleza de
los místicos y poetas; y de las culturas míticas
antiguas y la culturas populares de raigambre telúrica.
Sea la naturaleza fuerza sagrada o mero proceso físico,
siempre es exhaustiva biodiversidad. Los esfuerzos de
investigación biológica y clasificatoria hasta el
presente han conseguido describir 45.000 crustáceos,
100.000 moluscos, 150.000 vertebrados, 125.000
nemátodos, un millón de insectos. 1.300.000 especies.
Pero aún quedan por describir alrededor de 12 millones
de animales. Y esto sin incluir a los hongos, plantas y
bacterias. 15 países concentran el 70% de la
biodiversidad mundial. Brasil, Indonesia, Malasia,
México, Colombia, Venezuela, Costa Rica están entre
los más "mega diversos". Las selvas
tropicales concentran más del 50% de la biodiversidad.
De ellas sólo un 5% están protegidas mediante parques
y reservas nacionales. Anualmente, experimentan una
violenta deforestación el 1,2 de las selvas tropicales.
Naturaleza física que se desangra ante la habitual
indiferencia de los grandes centros urbanos. Agonía
lenta. Inexorable devastación de los ojos de rubí de
Ella. Que no es percibida en su enloquecedora y
fantástica biodiversidad. Naturaleza que el sujeto
urbano quizá únicamente contempla con fruición en los
momentos de descanso.
Como manifiesta Max Horkheimer, la naturaleza es muda e
inexpresiva para la sensibilidad contemporánea. No
dice. No revela. No estremece. No hechiza. No atrapa a
los humanos con redes doradas para transportarlos hasta
reinos encantados. A la trasformación visceral de esta
actitud deseamos contribuir. La valorización
artística, religiosa y filosófica queremos estimular
en este humilde espacio. Y lo haremos por medio de tres
niveles de abordaje. Primer nivel: lo simbólico y
mítico ( mediante el simbolismo de las aguas según
Mircea Eliade; el simbolismo del fuego; el volcán
sagrado entre los olmecas; los dioses y la naturaleza en
las religiones semitas; Dionisio, Nietzsche y la
naturaleza). Segundo nivel: histórico y filosófico (a
través de la cultura popular en la Edad media y el
Renacimiento y su forma de integrar el cuerpo dentro de
la amplitud natural; un texto de Max Horkheimer, uno de
los grandes pensadores de la Escuela de Frankfurt; el
mar y la historia de los descubrimientos marítimos).
Tercer nivel: naturaleza y literatura (mediante un
elevado momento de la literatura argentina y americana
que resplandece en la prosa de Guillermo Enrique Hudson;
la percepción de Henry David Thoreau de la grandeza del
bosque y de la vida natural surgida durante dos años de
existencia solitaria entre lagos y árboles en Walden;
la furia del mar y la naturaleza del rugido poderoso en Tifón
de Joseph Conrad; y el don repetido de la lluvia en un
sabio relato de Herman Hesee: El hacedor de la lluvia).
En la recuperación de la naturaleza brilla la fuente.
Allí, se agitan todos los caminos, incluso los de las
culturas. Allí, vibran las puertas entreabiertas hacia
quizá el gran sentido.
Esteban
Ierardo |