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LA
POESÍA DE LOS PUEBLOS
Congo.
África
Oh
gran Nzambi, lo que tú haces es bueno,
pero
tú nos has dado una gran tristeza con la
muerte.
Tú
debías haber hecho que no muriéramos.
Oh
Nzambi, tenemos una gran tristeza.
Pueblo
Cunas. Panamá
Canto mágico para curar la locura
(Fragmento)
El curandero en un extremo del piso de
plata, en un asiento de oro, en un asiento
pequeño, está sentado mirando el lugar.
El viento del norte
se hace más fuerte; el curandero está
mirando el lugar.
El viento del norte y el viento del sur
están peleando; el curandero está mirando el
lugar; él es el curandero.
Las olas del mar
se están levantando con espuma; el
curandero está mirando el lugar; él es
el curandero.
Los
olas del mar casi lo alcanzan; el
curandero está mirando el lugar; él es
el curandero.
Las
olas del mar casi se han calmado; el
curandero está mirando el lugar; él es
el curandero.
Las
olas del mar casi se han alisado; el
curandero está mirando el lugar; él es
el curandero.
La
saliva de las olas del mar está
salpicando; el curandero está mirando el
lugar.
La
saliva de las olas del mar está formando
hilos; el curandero está mirando el
lugar.
Las
olas del mar están resplandeciendo con
blancura, como la de la garza, las olas
del mar están blanqueando; el curandero
está mirando el lugar.
Los
cocoteros del mar se están doblando por
el viento; el curandero está mirando el
lugar.
Las
manzanas de los cocos del mar están
brillando en el viento; el curandero está
mirando el lugar.
Las
manzanas de los cocos del mar están
luciendo en el viento; el curandero está
mirando el lugar.
Las
puntas de los cocos están resonando por
el viento; el curandero está mirando el
lugar.
Las
hojas secas de los cocoteros se están
moviendo por el viento; el curandero está
mirando el lugar.
El
sol le está oscureciendo la tierra, el
curandero va a acostarse en la hamaca, las
sogas de las hamacan están rechinando...
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Abajo,
izquierda, imagen de una muchacha
esquimal. |
Dos
poesías esquimales
1.
El monte Koonak
El
gran monte Koonak allá en el sur,
yo
lo veo.
El
gran monte Koonak allá en el sur,
lo
contemplo.
El
luminoso resplandor allá en el sur,
estoy
mirando.
Tras
el Koonak se extiende
la
misma luz que cubre el Koonak del lado del
mar.
Mira
cómo en el sur las nubes
crecen
y cambian;
unas
a otras se hacen bellas;
mientras
la cumbre está cubierta del lado del mar
por
cambiantes nubes,
está
cubierta del lado del mar
unas
a otras se hacen bellas.
El
otoño viene sonado
con
el recio viento del norte.
Rudamente
todo lo abate con su enormidad.
El
mar amenaza con volcar mi kayak.
Y
ay, yo tiemblo, tiemblo, porque el viento
y el mar
me
pueden enviar a lo profundo,
al
lado del fondo del mar lleno de conchas.
Rara
vez veo calma,
las
olas juegan conmigo,
y
yo tiemblo, tiemblo, pensando en la hora
en
que las gaviotas hambrientas picotearán
mi cuerpo.
Fiord
en primavera
Yo
iba en mi canoa
iba
en el mar remando
suavemente
en el fiord Ammassivik.
Había
hielo en el agua
y
en el agua un petrel,
movían
la cabeza a un lado y al otro
no
me vio remando.
De
pronto sólo se vio la cola
después
nada.
Se
hundió pero no por mí:
una
gran cabeza sobre el agua
la
gran foca peluda
cabeza
enorme con enormes ojos, y bigotes,
toda
reluciente, chorreando agua,
y
la foca se me acercó despacio.
¿Por
qué no la arponeé?
¿Me
dio lástima?
¿Sería
por el día, el día de primavera, y la
foca
jugando
en el sol
como
yo?
Galas.
África.
Oración
Dios
de la tierra, mi Señor, tú estás por
encima de mí, yo
estoy debajo de ti.
Si
la desgracia cae sobre mí, si los
árboles me ocultan el sol, aparta de mí
la desdicha, Señor, sé mi sombra
protectora.
Suplicándote
paso el día, suplicándote paso la noche.
Cuando la luna se levanta lejos, no me
abandones. Cuando yo me levanto no te
abandono. Aparta de mí el peligro.
Dios,
mi Señor, Sol de treinta rayos, si el
enemigo se me acerca, no dejes que mate a
tu gusano de la tierra, apártalo.
Igual
que nosotros vemos a un gusano: si se nos
antoja lo aplastamos, si se nos antoja lo
dejamos con vida: igual como nosotros
aplastamos un gusano del suelo, así, si
se te antoja, viéndonos en tierra,
aplástanos.
Yo,
cuando veo a uno o dos hombres, viéndolos
con los ojos los conozco; tú, aunque no
ves con ojos, ves en ti mismo.
Un
hombre malvado ha arrojado a todo los
hombres de su casa, ha dispersado a los
hijos y a la madre como gallinas. El
enemigo malvado ha arrancado a los niños
de la mano de la madre y los ha matado.
Todo esto tú lo has permitido. ¿Por qué
has hechos esto? Tú lo sabes.
Tú
has hecho crecer los cereales. Los has
puestos delante de nuestros ojos: el
hambriento se consolaba viéndolos.
Cuando
el trigo estaba en flor has enviado las
langostas y los insectos, los saltamontes,
los pichones. Todo esto ha venido de tu
mano. Tú eres quien lo ha hecho. ¿Por
qué los has hecho? Tú lo sabes.
Mi
Señor, perdona a los hombres que te
ruegan. Como el propietario del grano ata
a quien roba su grano, así átanos, mi
Señor. Si has atado a aquel que tú amas,
desata a aquel que tú amas. Así me amas,
desátame a mí que te suplico de
corazón.
Si
no clamo a ti de corazón, no me escuchas.
Si grito de corazón, tú lo sabes, tú me
escuchas.
Oración
¡Óyenos,
antiquísimo Dios, tú que tienes orejas!
¡Míranos,
antiquísimo Dios, tú que tiene ojos!
¡Cobíjanos,
antiquísimo Dios, tú que tienes manos!
Si
amas los bellos caballos, tómalos.
Óyenos,
Dios.
Pueblo
guaraní
Oración
matutina al Creador
¡Oh,
verdadero Padre Ñamandú, el Primero!
En
tu tierra el Ñamandú de corazón grande
(el sol)
se
está levantando con el reflejo de su
divina sabiduría.
Y
porque tú dispusiste que aquellos a los
que proveíste
de
arcos
nos
irguiésemos,
es
que volvemos a erguirnos.
Y
por eso, palabras indestructibles,
que
jamás, en ningún tiempo, se
debilitarán,
nosotros,
unos pocos huérfanos del paraíso,
volvemos
a pronunciar al levantarnos.
Por
eso séanos permitido
levantarnos
repetidas veces,
¡Oh,
verdadero Padre Ñamandú, el Primero!
Sioux.
América del norte
La
canción del oso
Mi zarpa
es sagrada,
todas
las cosas son sagradas.
***
Padre,
píntame la tierra en mi cuerpo.
Padre,
píntame la tierra en mi cuerpo.
Padre,
píntame la tierra en mi cuerpo.
Una
nación yo voy a transformar.
Una
nación de hombres yo haré sagrada.
Padre,
píntame la tierra en mi cuerpo.
|
Arriba,
izquierda, mujer guaraní. Abajo,
izquierda, en imagen para ampliar,
Alce Negro ya anciano.
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Miskitos.
Nicaragua.
Carta
a la amada
Yo
soy más alto que el cocotero
porque
mis ojos alcanzan sus palmas
y
aun las aves que el cocotero quisiera
atrapar.
Yo
soy más largo que el río Waki
porque
oigo el lejano rumor del mar
o
cerrando los ojos reconstruyo su playa
brillante.
Yo
tengo más pecho que la leona de
Alamikamba
porque
mi dolor escrito llega más allá de su
rugido
hasta
las manos de mi muchacha en Bilwaskarma.
*
* *
Muchacha,
estoy triste por ti.
Recuerdo
el olor de tu piel.
Quisiera
recostar mi cabeza en tu regazo,
pero
estoy solo, recostado bajo un árbol,
oyendo
únicamente el ruido del mar.
El
oleaje revienta mar afuera:
pero
no oigo tu voz.
Negritos.
Malaya.
El
jengibre
Su
tallo se dobla al brotar las hojas,
se
dobla hasta las raíces y se mece,
se
dobla y se mece de muchos modos,
sus
hojas se frotan y se hacen suaves,
en
la escarpada Inas se agita,
en
la escarpada Inas que es nuestra casa.
Se
agita con la brisa leve,
se
agita en la niebla, se agita en la bruma,
se
agitan sus retoños,
se
agitan en la bruma de las montañas,
se
agitan en la brisa leve,
se
mecen y mecen en las montañas,
montañas
de Beching, montañas de Inas,
montañas
de Malau, montañas de Kuwi,
montañas
de Mantan, montañas de Lumu,
en
todas las montañas que son nuestra casa.
Pigmeos.
África.
La
noche está oscura en el cielo negro,
hemos
dejado la aldea de nuestros padres,
el
Creador está airado con nosotros.
***
¡Estrellas
resplandecientes de la noche blanca,
luna
que brilla allá arriba,
atravesando
el bosque con tus pálidos rayos,
estrellas,
amigas de los espíritus blancos,
luna,
su protectora!
***
Dios
nos ha abandonado.
El
creador del sol no nos da vida.
Oh
pálida luna,
el
creador del sol no nos da vida.
***
Espíritus
del bosque, espectros de la noche,
que
durante el claro día,
como
el murciélago que chupa la sangre de los
hombres,
están
colgados de las paredes resbaladizas de
las grandes cavernas,
detrás
del musgo verde, detrás de las grandes
piedras blancas.
Dinos:
quién los ha visto, a los espectros de la
noche,
dinos:
quién los ha visto.
El
elefante
En el
bosque lloroso, bajo el viento de la
tarde,
la
noche, toda negra, se ha acostado
contenta.
En el
cielo las estrellas han huido temblando,
luciérnagas
que brillan vagamente y se apagan;
arriba
la luna está oscura, su luz blanca apagada.
Los espíritus
andan dando vueltas.
¡Cazador
de elefantes, toma tu arco!
¡Cazador
de elefantes, toma tu arco!
El
árbol duerme en el bosque medroso, las
hojas están muertas,
los
monos han cerrado los ojos, colgados de
las ramas
allá
arriba.
Los
antílopes se deslizan con pasos
silenciosos,
comen la
hierba fresca, aguzan atentamente los
oídos,
levantan
la cabeza y escuchan asustados.
La
cigarra se calla, detiene su canto
rechinante.
¡Cazador
de elegantes, toma tu arco!
¡Cazador
de elefantes, toma tu arco!
En el
bosque azotado por la gran lluvia,
papá
elefante camina pesadamente, baou,
baou,
sin
cuidado y sin miedo, seguro de su fuerza,
papá
elefante a quien nadie puede vencer;
entre
los árboles quebrados se para, y sigue
otra vez.
Come,
ruge, bota los palos y busca a su hembra.
Papá
elefante, se te oyó desde lejos.
¡Cazador
de elefantes, toma tu arco!
¡Cazador
de elefantes, toma tu arco!
En el
bosque donde nadie pasa sino tú,
cazador,
ten valor, salta y camina,
allí
tienes carne, el gran trozo de carne,
la carne
que camina como una loma,
la carne
que alegra el corazón,
la carne
que se va a asar en el fuego,
la carne
en la que se entierran los dientes,
la rica
carne roja y la sangre que se bebe
humeante.
¡Cazador
de elefantes, toma tu arco!
¡Cazador
de elefantes, toma tu arco!
|
Arriba,
izquierda, niño pigmeo;
abajo, izquierda, un indio
yámana. |
Yamanes.
Tierra del Fuego
Lamento
Mi
padre, ¿por qué me ha castigado
ÉL,
allá en
lo alto?
* *
*
Lamento
Mi padre
de arriba está irritado conmigo ¡ay!
Sí, el
Matador de la montaña está irritado
¡ay!
Canto
de júbilo
(Sin
sentido o significado conceptual)
Ja ma la
Ja ma la
Ja ma
la.
O la la
la la
la la la
la la.
Yaquis.
México.
Venadito de flores, ya vienes a jugar
en esta
agua de flores.
Allá
lejos, en la Tierra Florida, en el patio
florido,
estás
jugando en un agua de flores.
Venadito
tierno de flores, ya vienes a jugar
en el
agua de flores.
Venadito
de flores,
bajo la
flor de la cholla te pares
a frotar
tus cuernos,
encorvado
y volteando tus cuernos para frotarlos.
Y allá
lejos, en la Tierra Florida, debajo del
Amanecer,
bajo
otra flor de cholla te paras
a frotar
tus cuernos;
venadito
de flores, bajo la flor de la cholla te
paras
encorvando
y volteando tus cuernos para frotarlos.
¿Adónde
es que silbas tú, palo seco?
Allí
estás silbando tú, palo seco.
Allá
lejos, en la Tierra Florida, en medio del
monte,
allá
lejos, en aquel lugar, estás silbando,
palo
viejo seco.
Allá
estás silbando, palo viejo seco.
Cuando
viene la fresca noche,
te
levantas de la rama de mesquite,
pájaro
negro.
Y allá
lejos, en la Tierra Florida, debajo del
Amanecer,
allá
lejos, en aquel lugar,
te
levantas de una rama de mesquite,
pájaro
negro.
Parecen
venir hacia acá, las palomitas del monte,
las tres
cabecitas gris meneándose rápidas,
caminando
hacia el agua de flores,
luego
las tres cabecitas grises se alejan juntas
caminando
lentamente.
Y allá
lejos, en la Tierra Florida, debajo del
Amanecer,
van tres
cabecitas grises meneándose,
hacia el
agua de flores,
y luego
juntas, alejándose lentamente.
En
verano viene las lluvias y nace la hierba.
Es la
época en que el ciervo tiene cuernos
nuevos.
Corres
delante de la tempestad de polvo,
venado
encantado, haciendo mucho ruido.
El
venado
mira a
una flor.
Navajos.
América del Norte
La
ardilla con su camisa está allá de pie.
La
ardilla con su casa está allá de pie.
Esbelta,
está allá de pie; rayada, está allá de
pie.
***
¡La
voz que embellece la tierra!
La
voz de arriba,
la
voz del trueno,
entre
las nubes negras,
está
sonando y sonando,
la
voz que embellece la tierra.
¡La
voz que embellece la tierra!
La
voz de abajo,
la
voz de saltamontes
entre
las flores y la hierbas,
está
sonando y sonando
la
voz que embellece la tierra.
***
Oración
Dichosos
pueda caminar.
Dichoso
con abundantes nubes negras pueda caminar.
Dichoso
con abundantes lluvias pueda caminar.
Dichoso
con abundantes plantas pueda caminar.
Dichosos
por un sendero de polen pueda caminar.
Dichoso
pueda caminar.
Igual
como fue en días lejanos ahora pueda
caminar.
Todo
sea bello delante de mí.
Todo
sea bello detrás de mí.
Todo
sea bello debajo de mí.
Todo
sea bello arriba de mí.
Todo
sea bello alrededor de mí.
En
belleza esto termina.
En
belleza esto termina. (*)
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(*)
Fuente: Todos
los poemas proceden de la Antología de poesía
primitiva, recopilada por el poeta nicaragüense
Ernesto Cardenal, y publicado por
Editorial Alianza, Madrid, 1979.
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