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APUNTES
SOBRE LA MAGIA GUARANÍ EN PARAGUAY. Por Jorge
Roberto Ogdon (*)
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PRESENTACIÓN

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Los guaraníes
constituyen un pueblo de marcada trascendencia
en la historia de la América indígena.
Combatieron con coraje al español. Luego, bajo
la evangelización, animaron las misiones
jesuíticas en el Paraguay y el norte argentino.
En su mitología destaca una honda afirmación
del origen divino del lenguaje. En el item sobre
la poesía de los pueblos, en este número de
Kenos, hemos incluido un poema guaraní. Aquí,
Roberto Ogdon, un reconocido egiptólogo, se
proyecta hacia otro terreno donde impera la
continua intuición de lo sagrado. En este
articulo que nos ha enviado para compartir con
ustedes, Ogdon cristaliza una intensa
indagación, con profuso apoyo documental, sobre
la magia entre los guaraníes. Otra escalera,
entonces, hacia el mirador desde el que
columbramos la diversidad cultural de las
prácticas y las creencias.
En Temakel, respecto a los guaraníes pueden
visitar:
El mito guaraní sobre el origen del lenguaje
humano
E.
I
[*]
Director y fundador del Centro de Estudios del
Antiguo Egipto, Buenos Aires, Argentina (1995 al
presente). Director Científico de Revista de
Egiptología-Isis, Málaga, España (2002 al
presente). Ex Director y fundador del Centro de
Investigaciones Egiptológicas de Buenos Aires
(1978-88). Ex Secretario General del Instituto
de Egiptología de la Argentina, Buenos Aires
(1974-78). Ha participado en congresos de su
especialidad en El Cairo, Grenoble, Ljubljiana,
Montevideo y París. Ha excavado en Isla de
Pascua (Chile) y Yaciretá (Paraguay) como arqueólogo
invitado. Es contribuyente regular en
prestigiosas revistas y publicaciones nacionales
y extranjeras sobre Egiptología y Antropología,
así como en sitios de egiptología y literatura
en la red de Internet
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APUNTES
SOBRE LA MAGIA GUARANÍ EN EL PARAGUAY
Por Roberto Ogdon
A
fin de entrar en la materia de esta nota, se
debe proceder desde un concepto de cultura
que incluya la creación de productos
"materiales" y
"espirituales", por parte de una
comunidad, para la cual aquellos contengan
un cierto significado, valor e imagen, que
estén conformados a un sistema de
pensamiento (o cosmovisión) conocido y
reconocido por todos sus miembros. Esta
unidad ideológica se alcanza a través de
los estrechos lazos generados por un lenguaje básico común, una concepción del
mundo compartida y una organización
"política" que ejercita el
"liderazgo" del grupo humano.
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Arriba,
en presentación, preparación
de la bebida embriagadora
llamada ka’u’y,
una suerte de chicha
obtenida de la batata dulce,
que sólo podían beber los
adultos y moderadamente. Era
uno de los brebajes
ingeridos en cantidad por
los paje para sus contactos
con el mundo sobrenatural.
Según un dibujo de Lévy. |
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Al
momento de aproximarse a la cultura guaraní
– que cubre una vasta región de
Sudamérica, incluyendo Argentina, Bolivia,
Brasil, Guyana Francesa, Perú y Paraguay; y
que contaba con no menos de 71 tribus
relacionadas a la gran familia nativa
llamada Tupí-Guaraní (o Guaraní-Tupí) -,
nos encontramos, en tiempos precoloniales,
coloniales y post-coloniales, con que la
misma se encontraba en la fase productiva
propia de una economía agrícola
"primitiva" y que sustentaba una
muy consistente ideología religiosa,
compartida prácticamente in toto por
las diferentes tribus, incluso a pesar de
las variantes locales en detalles de
"mitología" y prácticas
rituales.
En
este estado de las cuestiones, la Magia era
el marco de referencia de todos los eventos
que acontecían en la vida de los miembros
de la tribu. No existía una frontera
definida entre los mundos
"terrenal" y
"espiritual", los cuales, de
hecho, para ellos parecen haber constituido
una sola Realidad.
La
comunicación entre los hombres y lo sagrado
se daba, principalmente, en sueños, pero el
encuentro con "lo Divino" era un
asunto de todos los días en un universo
habitado por toda suerte de
"espíritus" y "seres
sobrenaturales", algunos de los cuales
eran considerados como los mismísimos
descendientes del Creador del Mundo o de los
Grandes Dioses. Existían – como todavía
lo hacen en el milieu rural –
entidades espirituales en cada animal,
árbol, piedra o curso acuático del mundo
físico, así que tales ocurrencias eran
bastante frecuentes y relatos orales sobre
este tipo de manifestaciones eran - y aún
lo son - contados en el campo o en los
barrios suburbanos.
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Abajo,
izquierda, danza extática
realizada por antiguos indios
Tupí-guaraní. Algunos
sacuden maracas y fuman de
pipas de barro; otros bailan
en círculo a su alrededor.
Según un dibujo de Léry. |
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Aquí
no trataremos en detalle acerca de la
"mitología" de los
Tupí-Guaraní, sino que enfocaremos nuestra
atención en el brazo ejecutivo de la Magia,
i.e., la persona que es reconocida
comúnmente con el nombre de
"chamán" en las ciencias
antropológicas; o, como se le llama en
guaraní, el paje – pronúnciese payé
-, término que literalmente significa
"El que sabe (magia)" u
"hombre de conocimiento".
Sin
embargo, debemos notar que los
Tupí-Guaraní llamaron al chamán de
maneras diferentes, de acuerdo a los
diversos grupos tribales; p.ej., los Avá le
denominaban ñanderú, "nuestro
padre". Egon Shaden dijo que los Avá
también le daban el nombre de paí
("padre"), agregando que esta
designación procedía del término
compuesto mba-ira, "El
Segregado" o "El Solitario",
o, como fue definido por M.A. Bartolomé,
"el hombre que vive en el umbral entre
el ‘Mundo Superior’ y el ‘Inferior’".
La
importancia atribuída al paje entre
los Tupí-Guaraní era superlativa, pues
estaba a cargo de las relaciones con el
mundo sobrenatural. Aparte de otras
actividades propias de su profesión, el paje
era, principalmente, un medicine-man
en el sentido clásico de la palabra. Esto
responde a una condición primordial del paje:
esta condición no era obtenida por
cualquiera que quisiera serlo, sino que
sólo podía tenerla quien ya hubiera nacido
poseyendo ciertas habilidades, i.e., el paje
devenía tal por inspiración y
desde el vientre materno, y no debido a
un entrenamiento especial o por pertenecer a
un determinado estrato o círculo social.
Este
es un aspecto interesante del chamán
guaraní: su capacidad mágica viene junto
con él desde el momento en que es parido,
como una señal de que sus poderes
pertenecen y proceden del mundo
sobrenatural. También es una forma de
asegurar que él mismo es una criatura
sobrenatural, una condición existencial que
le capacita para intervenir en los asuntos
humanos que tienen que ver con las esferas
ultramundanas.
Sin
embargo, el consejo y la guía de otro paje
anciano era parte del camino para llegar a
ser un arandú, "hombre
sabio", en todo el sentido del
término. En las etapas tempranas de su vida
como chamán, el discípulo era llamado paje
mirí, y estaba destinado a pasar por un
número de restricciones, dietas periódicas
y purificaciones, entre otros rites de
passage. En ciertas tribus (i.a., los
Pajaguá), si el novicio fallaba en estas
pruebas se le mataba de inmediato – y, lo
mismo si, p.ej., no tenía éxito en curar a
un paciente -, sin duda porque se
consideraba que era un fiasco o a que sus
"poderes naturales" eran vistos
como malignos o dañinos.
El
paje hacía recurso de varios medios
de comunicación con lo divino. Como se dijo
antes, el mundo onírico era de gran
importancia en este sentido, pero los
sueños no eran el único o exclusivo modo
de ponerse en contacto con los poderes
espirituales. El chamán guarní también
realizaba una serie de rituales y ceremonias
destinadas a tal fin, entre las que podemos
señalar el canto (purahéi o
guahú), la danza (jeroky) y el
rezo (ñembo’e). Todas estas
prácticas apuntaban a guiar al chamán a un
estado de trance o éxtasis, lo que le
garantizaba la entrada al "Otro
Mundo", ya fuera para curar a un
paciente o para contrarrestar un
"daño" (paje vaí)
producido por otro paje o un
"mal espíritu".
Como
puede verse, el chamán guaraní comparte
mucho en común con sus colegas en otras
partes del mundo y de todos los tiempos.
Obviamente, era un herborista capaz, como
usualmente lo suelen ser los chamanes en
todos lados. El herbarium de la
región paraguaya, por ejemplo, es
pletórico en plantas útiles y eficaces que
se emplean todavía en la actualidad en las
áreas rurales, en tanto otras –
igualmente conocidas por los chamanes
nativos – hoy día están dando lugar a un
creciente negocio alrededor del mundo, desde
Japón hasta los EE.UU. de Norteamérica,
pues se usa en la elaboración de pasta de
dientes y las industrias medicinal,
dietética y diabética. Nos referimos a la ka’a
he’ê o "yerba dulce" [Stevia
Rebaudiana bertoni, Eupatorieas], que es
entre 300 y 400 veces más dulce que el
azúcar y una sustancia natural que balancea
el nivel de glucosa en la sangre.
El
sistema político de los Tupí-guaraní era
de naturaleza "teocrática" y el paje
se encontraba en la cima de la escala
social: conducía los tratos con el mundo
sobrenatural y, por lo tanto, era el centro
en torno al cual giraba la vida de los
miembros de la comunidad. Sus tareas eran
numerosas y fundamentales: era un relator de
mitos, por los que mantenía viva la memoria
cultural del grupo, y, por eso, era el
sostén de la tradición y la ideología por
la que la tribu mantenía su coherencia y
unidad; era el médico que curaba a los
heridos y enfermos, así como el profeta que
anunciaba los eventos futuros y conocía el
pasado que explicaba el presente. Pero su
comportamiento estaba dictado por ciertas
normas éticas establecidas in illo
tempore por los míticos Grandes Dioses;
de esta manera, su naturaleza todopoderosa
estaba regulada por fuerzas superiores: las
mismas que le daban nacimiento. Esta es la
razón por la cual la tupã henói, o
"invocación individual" a los
dioses, era un atributo exclusiva del
chamán, el mburuvichá o "jefe
tribal, cacique", y los ancianos, los
"que saben". El rezo personal de
los chamanes usualmente era dirigido a las
"deidades menores" del
"panteón" guaraní o, en ciertos
casos, a Tupã.
Tupã
(o Tupavé, Tenondeté), era el dios
supremo universal de los Tupí-guaraní,
cuya manifestación física era el sol (kuarahý),
en donde vivía luego de haber creado la luz
y el mundo. Pero, a su vez, él era
"hijo" de una todavía más
poderosa y muy misteriosa entidad, a la que
llamaban Ñanderutenondé o Ñanderuvusú,
una entidad puramente espiritual, informe,
infinita e invisible, a partir de la cual
todos los seres y las cosas existentes
debían su existencia. Sin embargo, este ser
pre-existente y pre-cósmico casi nunca era
invocado en la tupã henói: era como
un "dios ocioso"; o se le
consideraba como demasiado distante de los
humanos y sus asuntos como para acudir en
ayuda suya cuando fuera llamado.
|
Abajo,
centro, en imagen para
ampliar, chamán de la tribu
nivaklé con su parafernalia
mágica. |
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Uno
de los mayores poderes del chamán guaraní
procedía de sus negociaciones con los tupichúa
o "espíritus de la naturaleza",
quienes, al igual que los "espíritus
de los muertos", estaban en contacto
permanente con él. Éstos eran verdaderos
"familiares" – en el sentido de
las mascotas de las brujas de la Europa
Clásica y Medieval -, que representaban el
papel de poderosos asistentes que llevaban a
cabo las misiones que les asignaba el
chamán. Estos espíritus también eran
invocados por medio de rezos, ya fuera para
bien o para mal: para hacer lo primero, se
entonaba un ñe’engara; para lo
segundo, un purahéi vaí o ñembo’e
vaí; para rechazar un daño, un mba’e
pochý.
Debemos
recordar que, para los Tupí-guaraní, el
rezo era purahéi porque en su
realización había un recitado de palabras,
pero también había canto y danza,
acompañados por músic, especialmente por
sonidos producidos con instrumentos
rítmicos; todos estos elementos eran parte
de un acto único, una acción "holística",
tanto en los rituales mágicos como en las
festividades religiosas, i.e., al momento de
la comunicación con lo divino. En el caso
de los purahéi jeroký o festivales
públicos y colectivos, los mismos eran
realizados al aire libre, en el espacio
central dejado entre el conjunto de
viviendas de los habitantes de la villa, o
en los llamados oga guasú,
"casa grande", destinados a las
ceremonias religiosas.
La
más importante función del paje era
su ejercicio del arte de la sanación; esta
habilidad incrementaba su prestigio e
influencia sobre los miembros de la tribu y
era su éxito en esta área específica lo
que le confería el título de paí
guasú o "gran padre".
La
ideología Tupí-guaraní sobre la salud y
la enfermedad es un asunto interesante. No
hay ninguna definición explícita de
ninguno de los dos conceptos. Pero se
reconoce que el ser humano puede vivir en un
estado de bienestar, en la que está privado
del sufrimiento, y que recibe el nombre de aguyje.
Esta noción refleja la idea del hombre como
un ser maduro y perfecto, que B. Meliá
definió como "las grandes virtudes del
guaraní, por lo menos en sus expresiones
modernas, son el ‘bienestar’ (lit., ‘buen
ser’): teko porã; la ‘justicia’:
teko joja [quizás mejor entendido
como ‘armonía’ o ‘equilibrio’, al
referir a un estado de existencia. N. del
A.]; las ‘buenas palabras’: ñe’e
porã; las ‘palabras correctas’: ñe’e
joja; el ‘amor recíproco’; johayhú;
LA ‘diligencia y disponibilidad’: kyre’y;
la ‘paz’: py’a guapy; la ‘serenidad’;
teko ñenboró’y; y un ser interior
limpio y desprovisto de maldad; py’a
potí. Estas formas y modos de ser no
están propiamente referidos al
comportamiento individual o íntimo, sino en
la relación con los demás (...)".
Por
lo tanto, parece ser que la salud es el
resultado directo de la madurez, en el
sentido de haber alcanzado un modo de vida
armónico y equilibrado que se refleja en el
comportamiento social y la relación con sus
pares y la Naturaleza.
Los
Tupí-guaraní relacionaban la enfermedad
con tres causas principales; a saber:
-
Aquellas
causadas por personas vivas malvadas,
especialmente, otros chamanes, a los que
se les llamaba paje vaí,
"hombre sabio malo", así como
también poroavykya, "mal
chamán", o mba’aekuaa,
"hacedores de mal,
malhechores", entre otros términos
usados según el grupo tribal.
Usualmente, eran extranjeros a, o
individuos retorcidos de, la (misma)
comunidad, que eran capaces de
introducir un "cuerpo
extraño" en el de su víctima y
que era el que generaba la enfermedad.
Esto no sólo afectaba a la víctima del
malhechor, sino que amenzaba el
equilibrio y armonía social, pues en
los casos de epidemia se producían
riñas y peleas – a veces, mortales
– entre los miembros de la tribu, con
acusaciones recíprocas de brujería y
cosas por el estilo.
-
Aquellas
procedentes de la lucha interna entre el
"alma animal" o "alma
negativa" y el "alma
divina" o "alma positiva"
del propio individuo. El primero
exacerbaba los bajos instintos del
hombre, en tanto el segundo lo guiaba al
cumplimiento de las reglas sociales,
que, a su vez, se adscribían a normas
éticas "divinas y
superiores".
-
Aquellas
producidas por los
"espíritus" y otros seres
sobrenaturales de la Naturaleza, i.e.,
los habitantes mismos del Otro Mundo.
Estos pueden ser espíritus de muertos o
de animales o similares. Como en el caso
(1), son capaces de invadir el cuerpo de
una víctima o de introducir
"cuerpos extraños" para
provocar un daño. En general,
"atacan de manera invisible,
tomando la oportunidad de una
circunstancial debilidad de sus almas (scil.,
las de las personas), que se produce por
una actitud piadosa débil", como
afirma B. Meliá.
Como
habrá sido notado por el lector, las
enfermedades eran – y como lo siguen
considerando hoy día en las zonas rurales
– vistas como una pérdida de la armonía
y la caída en un eswtado de perturbación,
conflicto o lucha, ya fuera en lo personal o
lo público. El desequilibrio se produce por
medio de la introducción de "cuerpos
extraños" en el cuerpo o en el propio
Uno-mismo de la víctima, que usualmente se
consideran de consistencia material. Existen
muchos testimonios, desde tiempos
precolombinos hasta la actualidad, acerca de
expulsión de piedras, granos,
"bichos", e incluso llamas de
fuego de los cuerpos de los pacientes, luego
de un exorcismo, y no sólo en aquellos
casos realizados por un representante de la
Iglesia Católica Apostólica Romana, sino
principalmente en los que son transmitidos
por fuentes nativas y rurales y por relatos
orales tradicionales.
Las
capacidades de sanación del paje
provienen del trasfondo mitológico de los
Tupí-guaraní. La mayoría de las
actividades del chamán están destinadas a
expulsar a la entidad posesiva que controla
al paciente, y, al mismo tiempo, a
neutralizarla, a fin de prevenir que siga
produciendo mayores daños. Y lo que
determina el triunfo o la derrota del
chamán, es la lucha entre los buenos y
malos "espíritus" que actúan
como los verdaderos protagonistas del
enfrentamiento a vida o muerte.
Los
mitos proveen el conocimiento necesario
sobre la esencia de la enfermedad, i.e., de
las fuerzas demoníacas activas que están
detrás de los efectos físicos o
psicológicos manifestados por el enfermo, y
que es de donde procede el poder y la
asistencia apropiada que se necesita para
ayudar al paje en su combate contra
aquellas.
Cualquier
acción realizada para sanar a la víctima
require la terapia adecuada: el paje entona
su peculiar y privativo canto acompañado al
ritmo de la mbaraka, una suerte de
maraca, mientras invoca a sus
"espíritus familiares"
particulares, que le asistirán en su lucha
contra el mal; es solamente después que
entra en sueños para hablar con los
habitantes de la "realidad
aparte", como gustó en llamarle Carlos
Castaneda.
Pero,
como dijimos antes, no todo es simplemente
soñar. Una vez que despierta de esa
duermevela, retorna a su paciente y comienza
a poner en práctica una serie de
operaciones destinadas a extraer y expulsar
al invasor. Estas operaciones, básicamente,
son las siguientes:
-
Cura
por succión :
el chamán chupa la región del cuerpo
en donde se supone que las entidades
intrusas se encuentran ubicadas. Sus
poderes le protegen de ser contaminado
por ellas.
-
Cura
por soplo :
el paje sopla sobre la víctima
y, de esta manera, introduce en su
cuerpo una fuerza mágica que pone fin a
la causa de la enfermedad. Puede soplar
sobre las partes afectadas del cuerpo o
sobre la cabeza, que es el lugar por el
cual los intrusos entran para tomar
posesión del cuerpo vivo.
-
Cura
por rezo :
solamente se recurre a ella en casos
severos y cada chamán tiene sus propias
e intransferibles oraciones con las que
invoca la presencia de
"familiares" muy poderosos y
temibles.
-
Cura
por hierbas :
el paje conoce y usa un amplio
espectro de especies vegetales, así
como otras sustancias del mundo natural,
a fin de preparar la medicación
correcta y eficaz con que restaurar la
salud del paciente y derrotar a la
enfermedad. (*)

|
Un
chamán de la tribu nivaklé
succiona la región enferma del
cuerpo del paciente, a fin de
expulsar a la entidad intrusa
del mismo. Fotografía del Sr.
Charde-Sardi, según el Gral.
(r.) R.C. Bejarano, 1960. |
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(*)
Fuente: Trabajo
enviado por Jorge
Roberto Ogdon para su edición aquí.
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Traducido al español por J.B. García
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©
Revista KENOS. Número 2. 2003
Dirección
Esteban Ierardo
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