EL
ECO DE LA LETRA
Una
genealogía patagónica
Por
Ángel Uranga
"¿Cuál
es el poder de la ficción?. Hay una red de ficciones
que
constituyen el fundamento mismo de la sociedad"
Ricardo
Piglia: "Crítica y Ficción"
"Cuéntanos
cómo es el Sur; qué hace allí la gente; por qué viven allí;
por
qué siguen viviendo."
William
Faulkner: "Absalón Absalón"
PRIMERA
PARTE
I
ENTRADA
Parto
de la siguiente premisa que dice:
La
Patagonia es una invención literaria, una creación de la LETRA.
En
algún momento, que la historia señala puntual, alguien, un
portugués para más certeza capitán de una expedición
española, nombra a los habitantes naturales de esta punta
continental de PATAGONES, mientras un veneciano toma nota y apunta
en su Diario el suceso. A partir de entonces una leyenda comenzó
a rodar por todo el mundo con esa expedición que fuera la primera
en circunnavegar el planeta.
¿Cómo
fue gestándose el imaginario patagónico?,¿qué buscaba la
civilización invasora además de oro, a partir de qué ideas, de
qué quimeras se lanza sobre el país austral?. Preguntas que nos
hacemos por el origen y por querer saber cómo llegamos a ser lo
que somos y estar donde estamos. Preguntas que crecen desde las
dudas, que nos sitúan en un ámbito histórico signado por la
incertidumbre global. Son preguntas pertinentes como las que hace
un personaje de Faulkner citado en el epígrafe, son las que todo
el mundo realiza en todo el mundo cuando alguien va a vivir o vive
en una región dura sobre la cual se fabricaron innumeras
historias, lugar imaginado de maravillas o de castigo, de soledad
y padecimientos, como Ultima Thule de la esperanza o campo de la
desesperación.
Patagonia,
insisto, es una invención de la letra, el interminable relato de
una ilusión de cinco siglo. Como en la fenomenología hegeliana
-donde la conciencia universal se manifiesta en distintas y
contradictorias figuras categoriales- sospecho, dentro de esta
imagen del pensamiento, que la conciencia o imaginario patagónico
tendría sus figuras que la traducen, que la explican o
interpretan; tales formas serían:
lo
imaginario a
partir de la letra de la escritura, como oculta y tal vez
inaceptable genealogía;
el
espacio
en su doble acepción de ámbito territorial y cuerpo individual
(el aquí y ahora del acontecimiento) sobre los que actúa
una voluntad que expresaría la tensión antagónica a
todo condicionamiento físico y cultural;
el
viaje
y sus reverberaciones anímicas, sociales, políticas,
culturales;
la
experiencia del viaje convertida en letra y;
Repetición
del
viaje, de la experiencia y Diferencia de la letra
repitiendo lo Mismo sin hacer lo mismo, aquello que gesta el eco
de la letra.
II
DEL IMAGINARIO
Este
breve ensayo trata del imaginario, ahora bien, no sería ocioso
preguntarnos a qué denominamos imaginario.
Según
Castoriadis –a quien en esto seguimos-: "Lo imaginario es,
primordialmente, creación de significaciones y creación de
imágenes o figuras que son su soporte".(1) Es decir,
imágenes y figuras que adquieren o se les da un sentido
determinado de acuerdo con cierta representación del mundo y la
sociedad y afín a específicos intereses concretos que mueven a
los seres humanos.
El
imaginario es una imagen, una realidad transparente y sin lugar,
un magma de significaciones fluyentes, una fuerza incorpórea que
determina, que impulsa o paraliza, hace pensar y entrar en
conflictos, amar o escribir, comer o vestirnos de determinada
forma, en suma, provoca hacer cosas de cierta o determinada
manera.
El
imaginario social resulta del anónimo obrar colectivo, una
producción de subjetividades que posibilita enmarcar lo real
caótico de la existencia.
El
imaginario social es un discurso de poder condicionante de valores
sociales; resulta de ello un instituyente cultural organizador de
gustos, percepciones, conductas e ideas.
Lo
imaginario da forma a valores que rigen lo social, fragua la
identidad colectiva y establece horizontes de sentido.
Dicho
de otro modo, el imaginario social es una inmaterialidad, un
"cuerpo sin órganos" que produce efectos de realidad y,
por ende, crea y recrea realidad(es).
Al
juego de proyecciones de representaciones, de impresiones y de
imágenes con que construimos el mundo lo denominamos realidad, y
a lo real le conferimos nombre de apariencias que, con el tiempo,
con el uso que hacemos del lenguaje, aquellas adquieren estatus de
real predominando así en la construcción de la realidad socio
histórica. Sin embargo, esto que parece un autoengaño o
inconciencia es, en realidad, la exacta dimensión de la
naturaleza cultural que consiste en: imaginar, crear, construir
otra realidad a partir de lo dado, y tal construcción, si bien es
social también está conformada por la creación subjetiva de
productores individuales de subjetividades.
Si
bien el imaginario que consume la sociedad en un determinada
época es construcción del colectivo social, el mismo está
con-formado por la creación de los productores
individuales de subjetividades.
Los
productores individuales de subjetividades dan el relieve, el tono
o matiz, incluso el sentido al imaginario social, son voces
oraculares de epifanías, creadores de verdades para compartir el
goce, ampliar el sabor de la vida o jugar con los posibles.
III
GENEALOGÍA PATAGÓNICA
El
presente ensayo resulta una búsqueda, la pesquisa de una
genealogía (2) del país del Sur, el rastreo de una génesis, su
deriva y seguimiento por insospechados derroteros, el albur
también de encontrar una nueva Ciudad de los Césares, es decir,
un viaje hacia la ilusión sabiendo que es ilusión, fábula y
sueño y como tal, resulta siendo otra aventura más que insiste
en relatar la otra; la gran aventura que significó provocar la
gestación de Patagonia.
La
razón oculta de la región está en su nombre, su nombre que
está en el origen. (Mejor dicho en el comienzo, ya que el origen
implica lo Mismo desde lo dado, aquello igual a sí, intemporal,
meta histórico e indiferenciado).
El
nombre que es inicio, y en el nombre como inicio está toda su
historia.
El
nombre, materia incorpórea que determina formas de pensar y de
vivir, un núcleo significante, el susurro tenaz, lo más parecido
a un eco constante, impalpable, que se resiste a entrar en el
olvido, oculto en los pliegues de un territorio de
inconmensurables silencios secretos.
(El
significante es el material con que elaboramos la realidad, la
serie o las series de proposiciones en futuro imperfecto de cómo
sería o podría ser la realidad, enunciados que guían la acción
y la institucionalización de proyectos ordenadores de los
acontecimientos).
El
nombrar y la letra, aquella que testimonia, que oculta tanto como
des-vela, (aletheia) en el sentido griego de verdad.
El
espejo de la letra en sus juegos de miradas, permite captar el
momento de nuestra aparición sin coartadas ni leyendas rosa, el
espejo derrite las máscaras y los maquillajes, socava el
monumento de las solemnidades, ilumina los oscuros y vergonzantes
orígenes. Metáfora de la realidad, describe la dimensión real
de lo que fue, señala el lugar de la verdad, la verdad que está
en la palabra (Lacán).
Del
espejo escapan sigilosos los textos no explícitos que el fantasma
especular revela; de esa luna surgen enmascarados por el lenguaje,
los deseos y los miedos, los intereses más o menos materiales y
el historial personal de los sujetos.
La
letra, tanto como escritura individual o sistema simbólico
institucional, nace de conductas y experiencias; la letra proyecta
y construye el prestigio, diagrama un sistema de representación
creando nuevos imaginarios. Esto sería la otra aventura, la de la
letra, la escritura efectuada por los pioneros.
Lo
afirmado al comienzo: la Patagonia es una creación de la
escritura, podría parecer una "boutade", una
ocurrencia de escritor, sin embargo, generaciones de viandantes
blanquearon con sus huesos las latitudes del Mundus Novus en busca
de Eldorado, ese delirio, esa candente ilusión fraguada desde el
deseo.
Lo
que hoy parece crónica de un sueño fue causa eficiente y
movilizadora de hiperbólicas aventuras hispánicas. No olvidemos
que toda América se proyecta en la mentalidad del conquistador
como un inmensurable espejismo, una suerte de cuento arábigo
emergiendo de las reverberaciones del desierto, una visión
edénica entrevista en los claros de la selva, sospechada en las
islas de un delta o en el imprevisto valle oculto entre montañas.
Será
"la perpetua ausencia de una ciudad imaginaria" (Irma
Cuña) la que obsesiona al conquistador; Trapalanda o Linlin,
Ciudad de los Césares o Elelén, ocuparán por siglo los sueños
diurnos (3)
Obnubilado
por sus quimeras, el conquistador no vivirá su inmanente
realidad, todo él será desbordante trascendencia; deformando lo
que percibe, imagina una geografía, un mundo y sobre ese mapa
irreal se lanza a desfacer sus propios entuertos con los sesos
calcinados por Amadices, Esplandianes y Palmerines, dragones,
santos y cruzados. Aquellos místicos de ambición fueron
elaborando la cartografía mitológica de sus deseos. (4)
CAPITULO
PRIMERO
LA
LETRA
LA
GÉNESIS OCULTA
En
busca del paso interoceánico, la expedición de Hernando de
Magallanes recala en la bahía de San Julián para pasar el
invierno y efectuar trabajos de reparación en las naves. Es abril
de 1520. Meses después, hacia junio y según el cronista de la
flota, Antonio Pigafetta, un hombre de gran estatura y de figura
imponente se presenta ejecutando extrañas danzas:
Transcurrieron
dos meses antes de que avistásemos a ninguno de los habitantes
del país. Un día en que menos lo esperábamos se nos presentó
un hombre de estatura
gigantesca.
Así
describirá el veneciano Pigafetta al primer hombre austral que
vieran ojos europeos; y continúa:
Estaba
en la playa casi desnudo cantando y danzando al mismo tiempo y
echándose
arena sobre la cabeza. El comandante envió a tierra a uno de los
marineros con orden de que hiciese las mismas demostraciones en
señal de amistad y de paz: lo que fue tan bien comprendido que el
gigante se dejó tranquilamente conducir a una pequeña isla a que
había abordado el comandante. Al vernos, manifestó mucha
admiración, y levantando un dedo hacia lo alto, quería sin duda
significarnos que pensaba que habíamos descendido del cielo.
Este
hombre era tan alto que con la cabeza apenas le llegábamos a la
cintura. Era bien formado, con el rostro ancho y teñido de rojo,
con los ojos circulados de amarillo, y con dos manchas en forma de
corazón en las mejillas. Sus cabellos eran escasos, parecían
blanqueados con algún polvo. Su vestido, o mejor , su capa, era
de pieles cosidas entre sí, de un animal que abunda en el país,
según tuvimos ocasión de verlo después. Este animal tiene la
cabeza y las orejas de mula, el cuerpo de camello, las piernas de
ciervo y la cola de caballo, cuyo relincho imita. Tenía también
una especie de calzado hecho de la misma piel. Llevaba en la mano
izquierda un arco corto y macizo, cuya cuerda, un poco más gruesa
que la de un laúd, había sido fabricada de una tripa del mismo
animal; y en la otra mano, flechas de caña, cortas, en uno de
cuyos extremos tenían plumas,
como
las que nosotros usamos, y en el otro, en lugar de hierro, la
punta de una piedra de chispa, matizada de blanco y negro. De la
misma especie de pedernal fabrican utensilios cortantes para
trabajar la madera.
Más
adelante el cronista agrega: El Capitán general –por
Magallanes- dio a este pueblo el nombre de PATAGONES.(5)
El
aborigen de la costa atlántica austral fue designado a partir de
Magallanes con el nombre de "patagón", cuya etimología
se creyó referida al tamaño descomunal de sus pies. Sin embargo,
ni en castellano ni en portugués, menos aún en italiano el
aumentativo de patagón,"patudo", es el adecuado.
Luego,
los historiadores de Indias –López de Gomara y Fernández de
Oviedo-, echarán a rodar la leyenda y forjarán un mito:
salvajes, gigantes, caníbales, íncubos endriagos tal vez, en el
intento de explicar aquello que nunca vieron.
Los
"patagones" serán gigantes, es decir, seres deformes de
grandes pies, una suerte de monstruos, pese a que los verdaderos
nativos de esta región mostraron una conducta pacífica y
hospitalaria con los extranjeros, sin haber tenido sin embargo,
reciprocidad en el trato.
Si
bien el mismo Pigafetta imprime en su mapa las palabras "Regione
Patagonia".
en
múltiples cartas del siglo XVI nuestra región será denominada
indistintamente como "Tierra de los Gigantes",
"Tierra de los Patagones", o "Costa de los
Patagones". "Recién será –puntualiza Ma. Rosa Lidia-
en el siglo XVIII que se agrega el sufijo de lugar-ia por
el que queda creado el topónimo PATAGONIA" (6)
LA
ETIMOLOGÍA
Sin
embargo, el origen del topónimo que la etimología popular
consagró no surge respecto a la talla de los primitivos
habitantes del austro, tiene en cambio una génesis tan oculta
como invisible, tan inverosímil como desfavorable.
Las
palabras patagón / patagones proviene de la letra, de
la letra de la literatura.
Debemos
a la investigadora María Rosa Lidia de Malkiel la restitución de
la verdadera etimología oscurecida por el prejuicio y el lugar
común, señalándola en los libros de caballería tan consumidos
por descubridores y conquistadores hispánicos del siglo XVI; tal
la novela "Primaleón", perteneciente al ciclo de
los "Palmerines" con ediciones de 1512 a 1588.
La
interpretación por ser tan insólita como valiente fue objetada
en un intento de refutación por parte de Leoncio Deodat forzando
el término "patagonia" como equivalente a "Tierra
de indios pobres, de escaso valer". Igualmente se pretendió
un origen quechua de la palabra, dando por supuesto que Magallanes
dominara ese idioma americano.
En
suma: respecto a la etimología de patagonia-patagón-patagones,
resulta el topónimo dado a los habitantes de la región austral
atlántica por el marino portugués al servicio de España,
Hernando de Magallanes.
El
étimo "patagón" proviene del monstruoso
personaje homónimo del "Primaleón o Segundo Libro de
Palmerín de Olivia", o también; "Libro Segundo del
emperador Palmerín", edición de 1512 en Salamanca. (7)
Obra
perteneciente a las muy leídas novelas de caballería andante las
que, casi un siglo después, supo liquidar con fino sarcasmo el
genio de Cervantes. Tales lecturas eran, según Lidia "muy
familiares" a los hombres del siglo XVI, afirmación
corroborada por el hispanista Leonard Irving en "Los libros
del Conquistador" (8) donde efectúa una detallada
estadística de la literatura leída por la generación de
descubridores y conquistadores, al igual que los libros que
viajaban a las Indias.
Los
libros de caballería fueron ampliamente leídos por todos los
públicos; del ventero al rey, marinos aventureros, reformadores
religiosos o hambrientos buscadores de oro y poder.
Según
Menéndez y Pelayo, "Palmerín de Olivia carece de
originalidad, y no es más que un calco de Amadís...", sin
embargo, "a pesar de su nulidad, gustó tanto que tuvo
inmediatamente un libro segundo" en 1516 (9)
NOMBRAR
ES DOMINAR
Patagonia,
y todo lo que el nombre connotó, tuvo un categórico origen
ficcional, producto de la impresión, del asombro y del recelo
hacia el Otro desconocido y diferente y cuya denominación
resultará peyorativa, propia del etnocentrismo del europeo en su
imposibilidad de pensar al Otro, al que visualiza como amenaza y
subestima en la relación, dado que Patagón es desemejado,
es salvaje, bárbaro, come carne cruda, que viste con pieles de
animales, que se aparea con éstos, que habla un lenguaje
incomprensible.
Si
nominar es ejecutar un acto de posesión, de dominio, nombrar
entonces es dominar.
Dominación
viene siempre acompañada de subestimación y desprecio. Es así,
con violencia, como entra la Patagonia, gente y geografía a la
historia mundial de occidente.
Pero
habrá más, la realidad copiará a la ficción. La historia
novelesca, me refiero al "Primaleón" dice:
Y
este Patagón dizen que lo engendró vn animal que ay en aquellas
montañas, que
es
el más dessemejado que ay en el mundo, salvuo que tiene mucho
entendimiento y es muy amigo de las mugeres. E dizen que ouo que
auer con vna de aquellas patagonas, que ansí las llamamos
nosotros por saluajes, e que aquel animal engendró en ella aquel
fijo; y esto tiénenlo por muy cierto, según salió desemejado,
que tiene la cara como de can, e las orejas tan grandes que le
llegan fasta los hombros, y los dientes muy agudos e grandes, que
le salen fuera de la boca retuertos, e los pies de manera de
cieruo. (...)
E
como él (Primaleón) ouo muerto los leones, fue sobre el Gran
Patagón, e cuando lo vido ansí, tan dessemejado e cosa tan
estraña de mirar, tomóle en voluntad de lo lleuar preso, e si
él lo pudiesse lleuar en sus naos, que le sería grande honra,
porque su señora Grindona lo viesse. (...)
-Ora
vos dexad de esso –dixo Primaleón-, e ruégovos que vamos de
aquí e lleuemos a Patagón biuo, preso, porque todos lo vean.
(...) E como llegaron a la mar entraron en vna varca e subieron en
la nao adonde estaua Patagón preso, en cadenas, en vna
cámara. (...) E tenía la cara tan espantosa que ponía pauor
a quien lo miraua, e no pareccia sino el mesmo
diablo, que parecía que por los ojos echaua fuego, e tan disforme
estaua que no ay hombre que vos lo pudiesse contar e gimiendo muy
fieramente de verse ansí preso. (10)
Y
siguiendo a la novela como a un libreto, los expedicionarios
harán lo suyo con los naturales australes. Excitados por la
lectura, y tomando ésta de referencia en sus conductas,
secuestrarán con engaños a los Aoni-kenk, los engrillarán y, al
fin, dada la rara cordialidad de los intrusos los dejarán morir.
"Magallanes
mostró empeño en quedarse con los dos más jóvenes de aquellos
salvajes. Para conseguirlo empleó la astucia más bien que la
fuerza; el recurrir a ella habría costado la vida a más de uno
de nosotros. Regaló a todos cuchillos, espejos, cascabeles,
cuentecillas de vidrio; tantas cosas, que tenían las manos
llenas. Enseñóles después unos anillos de hierro (que no eran
otra cosa que grillos), y, viendo cuánto les gustaban, se los
ofreció también; pero tenían las manos tan ocupadas, que o
podían tomarlos, observado lo cual por el Capitán general, les
hizo entender que se los dejaran poner en los pies, y con ellos se
marcharían, a lo que accedieron por señas. Entonces nuestra
gente les puso los anillos, y pasaron la clavija de cierre, que
remacharon con presteza. Mostráronse recelosos durante la
operación, manifestándolo así; pero el Capitán general los
tranquilizó. Apercibidos, no obstante, del engaño, se pusieron
furiosos: bufaban, daban tremendos alaridos e invocaban a Setebos,
o sea al demonio , en su ayuda.
(11)
Por
supuesto que el "dios" del salvaje no puede ser mas que
un "demonio". De esta forma se escribirá la primera
página civilizadora que otros repetirán obsesionados.
MIRAR
LA COSA
¿Por
qué Magallanes –según Pigafetta- al ver por vez primera al
nativo de estas costas exclama "¡Patagón!" y no, por
ejemplo, "Palmerín", o "Amadís", u otro
héroe de las novelas de caballería en lugar de mencionar a un
ser grotesco a un anti héroe?
Queda
claro que desde el comienzo existirá una mirada discriminadora
que subestima y cosifica al otro diferente, una óptica y un verbo
que ajeniza la Diferencia.
Este
mirar de afuera consistirá, en sí mismo, un acto de protección
de la identidad del invasor frente a la diferencia, y,
consecuentemente, de violento dominio sobre esa diferencia que
previamente fuera naturalizada, es decir, puesta en el mismo orden
de las categorías naturales primarias.
El
hombre americano, para la mirada invasora, estará más cerca de
ser una variedad de la zoología que de la especie humana. Para la
episteme europea, el ser americano resultará naturaleza antes que
cultura.
El
Otro, en tanto absoluta alteridad, es esa Cosa de la cual todo se
ignora y a la que hay que someter a la mirada racional, es decir,
divisoria, parcial, analítica.
Es
obvio que la imagen que los europeos –a partir del siglo XVI-
tienen de sí mismos será de evidente superioridad frente a los
nuevos pueblos y culturas descubiertas y sobre los que se lanzan
con la furia que el hambre de botín inspira.
Esta
violencia habíase puesto en marcha en el Caribe (palabra cuyo
étimo caníbal, es a ojos vistas un término despectivo)
en las islas de Cuba y Santo Domingo y que pronto se extendería a
México y al Perú cuyos habitantes sufrirán siglos de esclavitud
tras el despojo y la destrucción de sus culturas.
EL
OTRO COMO PRÓJIMO
Sin
embargo habrá también otra visión y un trato comprensivo e
incluso de admiración hacia el nativo. Está claro que los
primeros que comprendieron y aceptaron al descubierto hombre de
América como parte de las razas humanas en tanto el
"semejante" y el "prójimo" de las Escrituras,
fueron misioneros comprometidos con la causa del indígena, me
refiero a un Metolina, a un Vasco de Quiroga, a Las Casas, o
Sahagún, entre otros; pero en ellos, en tanto cristianos, primó
la piedad y la compasión, que son formas subliminales de la
subestimación antes que de la igualdad fraternal y libre.
Antonio
de Viedma, tal vez influenciado por la concepción roussoniana del
"buen salvaje" apunta en su Diario:
Generalmente
tienen estos indios índole muy dulce e
inocente... Y refiriéndose a la mujeres tehuelches:
Para andar a caballo y para montar guardan suma honestidad, no
permitiendo que se les vea parte alguna de su cuerpo.(...) Las
mujeres no son tan altas pero lo bastante con proporción a su
sexo.
Todos
son de buenos semblantes, y entre la mugeres las hay muy bien
parecidas y blancas, aunque curtidas por el viento y del sol como
ellos. No se encuentra hombre ni mujer flaco, antes todos son
gruesos con proporción a su estatura: lo que, y usar ropas del
cuello a los pies, habrá contribuido a que algunos viageros los
tengan por gigantes. (12)
Dado
que se menciona a los "gigantes", leamos lo que
escribió otro testigo el misionero Teófilo Schmid :
Muchos
creen aún que los Patagones son verdaderamente gigantes de seis a
ocho
pies de altura y a menudo se me ha preguntado si eso es verdad.
Pues bien; se ha exagerado a este respecto, aunque puede
considerárselos altos, teniendo en cuenta que la estatura media
de los hombres oscila alrededor de 5pies 9 1/2 pulgadas, en
medidas inglesas. Caile, el cacique, mide unos 6 pies 2 pulgadas;
Watchy era algo más alto todavía. Las mujeres son, por lo
general, bajas; la mayoría no excede de 5 pies y una o dos pulgadas,
aunque algunas son verdaderamente altas, llegando a 5 pies y 8
pulgadas (13)
A
mitad del siglo XIX, Charles G. Musters escribirá:
No
merecen (los tehuelches) seguramente los epítetos de salvajes
feroces, salteadores del desierto, etc. Son hijos de la
naturaleza, bondadosos, de buen carácter, impulsivos, que cobran
grandes simpatías o antipatías, que llegan a ser amigos seguros
o no menos seguros enemigos
Poca
inmoralidad observé en los indios cuando estaban en sus desiertos
nativos; pero
en las colonias, una vez que la embriagues los degrada (14)
. De esta manera testimoniaba el viajero la corrupción que
gestaba en sus cuerpos la civilización blanca.
Hacia
la misma época el misionero anglicano Stirling escribía:
...mi
impresión está lejos de ser pesimista, pues veo que se trata de
una gente
con muchos rasgos de carácter por demás favorables, es una
raza magnífica, bárbara y supersticiosa por cierto, pero
sin hábitos crueles. (15)
También
el pastor galés Abraham Matthews tendrá palabras de
agradecimiento a los nativos:
Pero
cuando llegó el cacique indio Francisco...con sus perros y
caballos veloces, y su
habilidad para la caza, recibimos mucha carne a cambio de pan y
otras cosas.
Adiestró,
además, a los jóvenes en el manejo de los díscolos caballos y
vacas, proporcionándoles el lazo y las bolas. Recibimos también
instrucciones útiles en la práctica de cazar animales
silvestres, y en consecuencia varios de nuestros jóvenes llegaron
pronto a ser hábiles cazadores.(16)
CAPITULO
SEGUNDO
EL
CUERPO
El
imaginario patagónico, esa intangible como contundente realidad,
se ha ido construyéndose en torno a mapas superpuestos y
elaborados en el tiempo por un sinnúmero de transeúntes, quienes
explicitaron en la escritura un espacio para la imaginación y la
leyenda. Estos escritos serán semillas que abonarán tanto el
porvenir como la utopía.
Los
inquietos pioneros que con tenacidad y asombro leyeron este
espacio, y que en el idioma de sus cuerpos compusieron esos mapas,
generaron una toponimia e invencionaron una historia, un simulacro
de origen.
(Un
simulacro, porque el Origen pertenece al tiempo intemporal de lo
sagrado, el de los dioses y de la naturaleza; el Origen sin
origen, que es la Vida y sus infinitas criaturas y con ellas el
hombre: Tchon, Tehuelche, Mapuche, en suma, los Antiguos, gente
originaria del austro, Pueblos del Sur).
EL
DESIERTO EN EL ESQUEMA CORPORAL ARGENTINO
Dos
miradas o formas de ver lo Mismo hubo en la conformación del
imaginario austral. Una dualidad de imágenes cargadas de
intencionalidad para representar y describir una "terra
incógnita", entendida o captada como "desierto",
"fin del mundo" y también y desde la otra óptica, como
el paradójico lugar de la "utopía", de la
"última esperanza", "región-del-futuro", en
tanto lugar del porvenir donde el progreso y la modernidad
tomarían cuerpo.
El
desierto como lugar a civilizar, tras la liquidación de la
población nativa siguiendo cánones de la pragmática nación
usamericana. El desierto es el territorio donde es imposible la
vida, lugar del pasado a conquistar para construir el porvenir
sobre la ruina y degradación de los cuerpos. Todo acontecimiento
fundador es un evento que tiene lugar en el cuerpo; el de las
personas y, por extensión, el de los pueblos.
Primero
fueron nautas descubridores, luego piratas y corsarios, tras
ellos, colonizadores y evangelizadores; espada y cruz, la cruz
como espada, poniendo de relieve el sino de la historia que es
violencia y es dominio.
Hasta
bien entrado el siglo XIX este país sur figuraba en las cartas
como "Terra incógnita", "Tierra de indios",
parte "Inexplorada" o bien, "País no
conocido". Es el desierto que hace decir a Sarmiento que el
mal de la Argentina es su extensión.
Finalmente
se asentará el estado capitalista, pragmático y utilitario, y el
desierto será el que percibe Leandro Alem:
...esa
especie de fantasma, lo que se temía, el desierto inaccesible, el
desierto impenetrable para nosotros y que era recorrido por esa
gavilla de bandoleros que se llevaban nuestra hacienda, que
saqueaban las poblaciones, que hacían cautivos y que volvían a
internarse en ese mismo desierto en donde se creía que no
podíamos penetrar". Y entraron.
Tierra
de fronteras o directamente "la frontera", límite de la
civilización con la barbarie. Continente en disputa, tierra de
nadie, mundo hostil y baldío, el cual, por ocuparlo el
"salvaje", pertenece más al mundo natural que a la
cultura, y por ello,
territorio
desocupado. Después, la civilización del rémington, la viruela
y el alcohol expropiará la tierra al nativo para convertirla en
terrenos de especulación bursátil. El ministro Julio A. Roca fue
claro al respecto cuando en su mensaje al Congreso expresa entre
otras humanitarias ideas:
...someter
cuanto antes, por la razón o por la fuerza, a un puñado de
salvajes que destruyen nuestra principal riqueza y nos impiden
ocupar definitivamente, en nombre de la ley del progreso y de
nuestra propia seguridad, los territorios más ricos y fértiles
de la República (...) extirpar el mal de raíz y destruir esos
nidos de bandoleros que
incuba y mantiene el desierto. (17)
El
Informe Oficial de la Campaña al Desierto dejará expreso:
"...los
indios eran unos ensoberbecidos dueños de la campaña, impunes en
su destrucción y robo; dictando condiciones, atreviéndose a
ofrecer batallas campales; ricos en caballos, campos y audacia,
burlando la vigilancia y riéndose de la persecución... (El
avance de Roca) los dejó temblando, fugitivos, errantes por
estériles campañas, desalojados de sus mejores invernadas,
escarmentados en sus desesperadas tentativas de invasión, sin
monta ni víveres... (En la época de Alsina) se hablaba de que
todo se podría cambiar entre 10 o 20 años, pero un solo hombre
afirmaba que bastaba un año a lo sumo (para terminar con esta
situación). Lo probó, realizándolo.(...)
Se
trataba de conquistar un área de 15,000 leguas cuadradas,
ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14,000
el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña.
Se trataba de conquistarlas en el sentido mas lato de la
expresión.
Era
necesario conquistar real y eficazmente esas leguas, limpiarlas de
indios de un modo tan absoluto, (e) incuestionable...destinado a
vivificar las empresas de ganadería y agricultura...
Se
ganó así un territorio que es otra Argentina en extensión.
(...) En un año se hizo lo que no se pudo realizar en 300
años" (18)
Pasada
la tormenta del genocidio, un testigo irreprochable podrá decir:
Mi
pesimismo estaba en la verdad: treinta y cuatro años han
transcurrido desde que el
cacique
Nancucheo desapareció defendiendo el suelo en que nació, desde
que con medios violentos, innecesarios, quedó destruida una raza
viril y utilizable y desde esa fecha, aún cuando ya hay en la
región florecientes pueblos y la cruza en parte el riel, estorban
su progreso concesiones de tierras otorgadas a granel a potentados
de la Bolsa, una vez que la frontera avanzó lo que hace que
decenas de leguas estén en poder de un solo afortunado, el que
espera que las valorice el vecino."¿Para qué sirven
aquellas tierras?", era la frase consagrada que escuché a no
pocos de los que tenían en sus manos la fortuna y aún la suerte
de la patria...(19)
El
explorador y luego gobernador del Territorio de Santa Cruz, Ramón
Lista a su vez escribirá:
"¡Pobres
tehuelches! Cuán felices no seríais de nuevo, si al despertar
una mañana, alguien os dijese que los hombres blancos se habían
marchado para no volver jamás. ¡Ah! sí, lo que os falta, lo que
echáis de menos, lo qu entristece vuestro espíritu es la
libertad perdida, la libertad antigua en medio de los campos
desiertos, sin el fantasma de la civilización invasora."
(20)
Pero
hubo otros "desiertos".
El
desierto bíblico de los galeses, éxodo del pueblo elegido y
generosidad de la tierra prometida; visión inquebrantable y tenaz
de los peregrinos fundadores del oasis chubutense.
Estará
también el desierto de los que expulsa el sistema de mercado, el
desierto de los desclasados, los excluidos, fugitivos sociales,
desertores, proscriptos, apátridas del mercantilismo como Cruz y
Fierro:
Yo
sé que allá los caciques / Amparan a los cristianos, /Y que los
tratan de
"hermanos"/ Cuando se van por su gusto /A
qué andar pasando sustos... /Alcemos el poncho y vamos.
El
desierto, el soñado espacio de vida feliz incontaminado de
civilización. Sueño dorado de los orígenes adánicos, de
la existencia primigenia fundadora de linajes más libres y puros.
Horizontes de huidas liberadoras, tierra prometida donde hombre y
naturaleza se reconcilian.
Al
fin, el desierto como región de la Utopía ("La invisible
ciudad que se pisa"), lugar del no lugar, dado que toda
utopía es una construcción compensadora del fracaso de la
realidad institucionalizada, la metáfora de un conflicto cuya
resolución proyectamos hacia delante en un borroso lugar, por eso
es una ilusión, espejismo de nuestros deseos, proyección
fantásmica de nuestras carencias.
DIFERENCIA
EN LA REPETICIÓN:
La
repetición es la razón de ser de la literatura.
"Escribir
para no morir, como decía Blanchot" –repite
Foucault, agregando más adelante:"Los
dioses envían las desdichas a los mortales para que las cuenten;
pero los mortales las cuentan para que las desdichas nunca lleguen
a su fin, y que su cumplimiento se sustraiga en la lejanía de las
palabras, allí donde éstas que no quieren callarse, cesarán al
fin" (21)
La
naturaleza de la literatura consiste en repetirse a sí misma. Una
cadena ininterrumpida para huir de la muerte, o del olvido, que
consiste en la forma que adquiere la muerte en la escritura; lo
expone y bien expresa la bella y joven Scherezada en sus
interminables historias entrelazadas noche a noche para postergar
su final.
La
literatura es ese lenguaje que se produce y reproduce a sí mismo
hasta gestar su propia, exclusiva, singular realidad virtual.
La
literatura crea su propio espacio de representación, se
autorreferencia como doble de sí; figura ante el espejo,
manifiesta su realidad-lenguaje como su única realidad y verdad.
El
lenguaje y la obra, los personajes y sus avatares se transfieren,
se ocultan, se mimetizan, y en ese lenguaje interminable vive la
literatura.
"El
enojo de Aquiles y los rigores de la vuelta de Ulises no son temas
universales; en esa limitación, la posteridad fundó una
esperanza. Imponer a otras fábulas, invocación por invocación,
batalla por batalla, máquina sobrenatural por máquina
sobrenatural, el curso y la configuración de la Ilíada,
fue el máximo propósito de los poetas, durante veinte
siglos". Escribe Jorge Luis Borges en "Flaubert y su
destino ejemplar". Y en nota a pie de página agrega:
"Sigamos
las variaciones de un rasgo homérico, a lo largo del tiempo.
Helena de Troya, en la Ilíada, teje un tapiz, y lo que
teje son batallas y desventuras de la guerra de Troya. En la Eneida,
el héroe, prófugo de la guerra de Troya, arriba a Cartago y ve
figuradas en un templo escenas de esa guerra y, entre tantas
imágenes de guerreros, también la suya"(22).
Y
ya que estamos en los clásicos, ya Homero se cita a sí en la Odisea,
donde efectúa un pliegue en su relato, y autopresenta en el Canto
VII donde el astuto Ulises escucha de un aedo su propia aventura,
y cubre con un manto su rostro para que los presentes no vean que
llora.
También
el ingenioso caballero Cervantes presenta al arrebatado Alonso
Quijano comentado cómo otros, Alonso de Avellaneda, no ya cita,
sino arrebata, copia, imita y plagia sus andanzas, a tal punto que
en el Prólogo al Lector de la Segunda Parte, debe decir:
¡Válame
Dios, y con cuánta gana debes de estar esperando ahora, lector
ilustre, o quier plebeyo, este prólogo, creyendo hallar en él
venganzas, riñas y vituperios del autor del segundo Don
Quijote,
digo, de aquel que dicen que se engendró en Tordesillas, y nació
en Tarragona!"(23)
Volviendo
a los nuestros: estos diálogos en el tiempo, estos engarces,
éstas continuidades, conexiones y contaminaciones no son ninguna
novedad en nuestra literatura.
En
Estanislao del Campo encontramos trenzando una continuidad de
filiación política y estética con su predecesor y lejano
maestro: Hilario Ascasubi, por tal razón llamará a su personaje "Anastasio
el Pollo", pues considera a "Aniceto el Gallo"
de Ascasubi su modelo poético.
A
su vez, Ricardo Güiraldes llamará a su famosa creación "Don
Segundo Sombra", dado que el paradigma de la literatura
gauchesca será "El Gaucho Martín Fierro";
el primero, si no en el tiempo, en la valoración y en la
formación del Canon literario nacional; mientras que don Segundo
sólo una sombra de Fierro será.
LA
EXPERIENCIA DEL CUERPO Y DE LA LETRA.
La
existencia como incesante oleaje de repetición(es) y diferencia(s).
La repetición engendra la diferencia, la repetición que está en
la vida como una ley natural, y permanente mecanismo sobre el que
funciona lo vital. Repetir para aprender a sobrevivir, repetir
para adaptarse, para dominar. El músico repitiendo los tonos y
los ritmos genera la melodía y provoca la danza; el poeta
repitiendo las viejas palabras, crea otro lenguaje, es decir,
gesta la diferencia en lo mismo. La repetición produce la
infinita multiplicidad de la diferencia.
Una
escritura, una literatura del sur, una deriva de voces, un eco, un
murmullo que insiste en el acontecimiento primero e imborrable.
¿Repetición de lo Mismo? Mas bien repetición en la
diferencia, porque la repetición diferente de lo Mismo ya no es
lo mismo, resulta otra cosa, un acontecer de pura experiencia, una
voluntad por diferenciarse de lo céntrico, del modelo;
singularidad de ser-y-estar-siendo-aquí-y-ahora.
Aquello
que se repite es el lugar, la aventura del viaje, la
emoción del camino y el goce de la escritura como cauce
comunicativo, testimonial, catárquico y, por supuesto; el placer
de leer el camino andado.
La
escritura patagónica se compone de un juego de paráfrasis, de
comentarios e interpretaciones intertextuales que se
retroalimentan ad infinitum en una duplicación temática que son
señales, huellas, caminos para poder guiarnos y transitar con
cierta comodidad por laberintos silenciosos, en edades sin nombre
bajo el misterio de lo oculto.
Pero,
¿quién o quiénes repiten esos ecos? ¿quiénes continúan con
el derrame incontenible de experiencias y testimonios?
¿Quiénes?
Los que marcaron caminos en la esperanza, los que siguiendo
picadas, veredas, viejas sendas tehuelches, fatigaron entradas con
sus cuerpos; viajeros sobre sus pies y viajeros ecuestres,
remontando ríos (como el salmón) hacia sus nacientes, recreando
para otros, para los que vendrán, esos mundos soberbios,
inhóspitos o placenteros. Fueron unos pocos, anónimos o
nombrados quienes hicieron claros en la topografía, abrieron
huecos en el tiempo por donde se filtrarán otros saberes para
descubrir pasados vírgenes.
Descubrieron
para todos un mundo elocuente de silencios, de horizontes severos
en los límites de cielos luminosos; hallaron y hollaron paisajes
insólitos, como agazapados, en espera de la presencia forastera
(no aquella del nativo que fuera emanación de la Tierra) para
mostrarse como vasta interrogación, como enigma a revelar. Ellos,
los pioneros, elaboraron la epopeya del asombro y del trabajo, de
la ambición y el lucro, dejando señales claras de su paso en el
espacio y en el tiempo vivido, para volver a ser recorridas
insistentemente por generaciones que repiten y, en un incontenible
murmullo, diagraman nuevas formas y posibilidades de vida. Es a
ellos que debemos la idea de patagonia; por lo menos
hasta que sean los propios patagónicos –sus habitantes- quienes
se conviertan en voceros del vivir aquí.
Siempre
habrá alguien que inicie lo que será repetido:
En
el fondo de esta ensenada que forman las sierras, hay dos piedras
como dos torres, la una más alta que la otra, cuyas puntas muy
agudas exceden a todas las sierras vecinas en altura, sin nieve en
ellas, y les llaman los indios Chaltel.
Por el N son estas sierras muy tendidas en forma de meseta como de
E á O, con varias cañadas á trechos que por cada una de ellas
baja un arroyo caudaloso, y manifiestan serlo mucho mas. Por el S
y O de la laguna, forman su costa las mismas sierras sin meseta ni
salida alguna, llenas de un tegido de picachos cubierto todo de
nieve, y dicen los indios que aquella parte es intransitable, y
que jamás han visto pasar ni para allá ni para acá alma
viviente, ni creer que se halle aquí fiera alguna, y es formada
de la nieve, y por un costado de esta rambla bajaba mucho agua que
entraba en la laguna, del mismo modo que cuanta de toda la sierra
produce la nieve derritiéndose: con lo que sin duda tiene mucho
fondo la laguna, y lo informa así su color semejante al del mar,
sin embargo de que los arroyos todos le entran de un color
blanquecino gredoso.
Diario
de Antonio de Viedma. Día 21 noviembre de 1782 (24)
Repetición
y diferencia:
...En
el fondo sólo distinguimos una pequeña cadena de cerros; el
horizonte, sobre ellos, está toldado de nubes plomizas y oculta
las Cordilleras pero, en un momento que se hace un claro entre los
vapores agolpados, vemos el negro cono del volcán y una ligera
columna de humo que se eleva de su cráter.
Los
tehuelches me han mencionado varias veces, y con terror
supersticioso, esta "montaña humeante". Es el Chalten
que vomita humo y cenizas y que hace temblar la tierra; sirve de
morada a infinidad de poderosos espíritus, que agitan las
entrañas del cerro y que son los mismos que hacen tronar el
témpano que se desmorona en el lago.(...) grandioso espectáculo
debe presenciar el salvaje, al pie del Chalten, cuando en la noche
del fuego brota del centro del agua congelada en las altas
montañas e ilumina como gigantes faros con sus rojizos
resplandores las
blancas
nieves de los Andes y las azules aguas del lago, mientras la densa
columna de negro humo oculta las brillantes estrellas del sur.
Este
volcán es la montaña más elevada de las que se ven en estas
inmediaciones y creo que su cono activo es uno de los más
atrevidos del globo; su cráter, situado a
una altura que calculo a la vista de 7.000 pies, no guarda la
nieve, y su color negro, igual al del pico más agudo, situado en
su costado oeste, se destaca sombrío de la nieve de la base.
Viedma cita en su diario esta montaña, al decir que hay dos
piedras como torres que los indios llaman Chaltel, pero no
dice que sea un volcán. (...)
Francisco
Moreno: marzo, 2 de 1877 (25)
Diferencia
en la repetición:
Frecuentemente
iba hasta un punto que dominaba el Río de las Vueltas, y desde
allí tenía la más maravillosa de las visiones. El amanecer
sobre el cerro Fitz-Roy constituye un cuadro como para cautivar al
exigente artista. Los picos de la montaña se perfilan nítidos en
la luz del alba, en contraste con la profunda sombra del bosque a
su pie; luego, de repente, los primeros rayos del sol levante
parecían jugar sobre la cimas, como luces de San Telmo en los
masteleros de un barco. Después era imponente verlos extenderse
hacia abajo, hasta revelar en púrpura la totalidad del cono del
Fitz-Roy, como si le hubiera tocado la vara dorada del mago; el
valle entero se inundaba de luz, y centenares de metros más abajo
serpenteaba el Río de las Vueltas, deshaciéndose en cantidad de
arroyuelos, como hilos de plata en gigantesco estuche verde. Mi
pluma no alcanza a describir su hermosura, por más que haya hecho
hace años una pobre tentativa, intitulada Ven a nuestras
bellas montañas.
A veces me quedaba horas hipnotizado en mi contemplación,
mientras los siervos pastaban apaciblemente en mi derredor, y no
podía menos de inclinarme reverente meditando sobre la frase:
"Gracias, mi Dios; sé que estás aquí, junto a mí"
Andreas
Madsen (26)
CAPITULO
TERCERO
EL
VIAJE
Patagonia
comienza con un viaje. Todo viaje es una historia que a su vez
contiene otras. Viajar es recorrer territorio; se viaja sobre el
mismo suelo que otros en otros tiempos lo hicieron.
Lo
inmediato y primero en todo andar es el cansancio y es el asombro,
el latido al límite de ritmos sensoriales, el encuentro insólito
con horizontes ignotos, una experiencia nómade de un cuerpo
viandante sobre el cuerpo territorio.
Viaja
quien transita un lugar, un espacio. Viajero es todo aquel que no
es del lugar que atraviesa.
El
tehuelche no era viajero sino nómada, el recorría las
necesidades de su propia escasez; tenía sus aikes, los paraderos
donde se estacionaba; y ese estar siendo en distintos lugares y de
acuerdo a las estaciones será su hogar.
El
nómada fue Hijo dilecto de la Tierra Madre, Fue tierra que anda,
y en tal sentido el verdadero y único Señor del Aike. Tehuelche,
"gente bravía" en la apreciación de los bravos
araucanos.
En
cambio, para el viajero moderno el territorio que transita le
resulta extraño y ajeno, es un extranjero, un extraño cuya
única preocupación es cruzar vertiginoso y urbano las largas
extensiones patagónicas.
Viaje
y escritura. Andar y escribir lo andado. El camino como vivencia y
absorción de un mundo desconocido, la participación del cuerpo
en las distancias, en la dinámica y en la estática de las cosas.
La experiencia errabunda elabora un corpus literario escribiente y
lector a la vez.
El
lenguaje es una materia que naufraga en la inmanente empiria, la
letra consiste en la imposibilidad de describir la intensidad de
la experiencia, a su vez, el cuerpo en su lenguaje carnal habla de
lo inefable haciendo balbucear la escritura.
La
letra de los viajes comienza a inscribirse primariamente en la
fisiología del andante. Con y a partir del cuerpo, compondrá sus
páginas memoriosas.
En
los viajeros escritores, el verbo se corporaliza para resucitar en
el lector como verbo encarnado, es decir, en placer del texto, en
emoción del relato.
El
relato expedicionario habla de un recorrido por el cuerpo del
territorio. En el propio cuerpo del viajero, el imaginario se
vuelve real, y en el lector, el viaje real transcripto vuélvese
todo imaginación, provocando la fusión del deseo con la letra y
de la letra con el placer.
El
viaje como topos de la literatura y desdoblamiento de la
experiencia en cuerpo y letra. Para George Gadamer, lo esencial de
la experiencia es que no puede agotarse en lo que se dice de ésta
ni con lo que puede captarse de su significado.
La
experiencia del viaje es inenarrable, viseral, pertenece al campo
de lo emotivo.
La
experiencia, y el relato de esa experiencia, son dos realidades
distintas que buscan la mezcla sin lograrlo. Son prácticas
irreductibles unas de otras.
Partir,
iniciar el camino es comenzar la escritura que crece con el propio
viaje y que, al regreso, se convierte en literatura memoriosa,
testimonio de un peregrinar por el ignoto territorio telúrico y
el subjetivo del viajero. Todo viaje es una gestación de obra, y
la experiencia resulta la cantera de donde la escritura extrae sus
materiales.
El
viaje como género narrativo ha sido creador de mitos. Los
viajeros -también los nómades- nombran por vez primera aquello
que siempre estuvo y que la palabra desoculta, saca de su
silencio, del ensimismamiento milenario, y esa toponimia que nace
del asombro, marca referencias y establece límites. La mirada
primera siempre es des-cubridora, sea del extranjero o sea del
niño, el que descubre por vez primera su mundo.
Quien
viaja, puesto a narrar atestigua lo extraordinario y sorprendente;
espía el lado fantástico de lo habitual. Para el pionero el
camino consiste en dejar que el azar y lo imprevisto se imponga
con su presencia de danza embriagante, afronta el suspenso de la
incertidumbre como un juego, abierto al peligro, oscila en
depresiones y euforias, ganándolas, se deja ganar por las
distancias.
El
viaje será el evento que lo cambia todo; cambiará a quien lo
lleve a cabo y a los que reciben noticias del errante. Habrá un
antes y un después del viaje pionero.
LOS
VIAJES
El
viaje como experiencia se ramifica en múltiples sentidos, habría
así un viaje de aprendizaje y un viaje identitario,
un viaje colonial de apropiación y conquista, el viaje del
ocio y el metafísico. Una deriva de caminos y
discímiles modos del caminar.
Viaje
de aprendizaje, camino hacia la fuente de un conocimiento
inmediato, in situ de la cosa buscada; es el viaje paradigmático
de Félix de Azara, de Alejandro Humboldt, de D´Orbigny, Darwin,
o Hans Steffen entre otras avanzadas, que generan el
descubrimiento de una realidad y convocan a su emulación.
El
viaje identitario como búsqueda de lo que es y de lo que no se
es, en el cual la emergencia del Otro puede surgir como amenaza o
como obstáculo impenetrable.
El
viaje identitario conduce al devenir otro del viajero, aunque
también de los nativos que hospedan o acompañan al trashumante;
Musters guiado por la gente de Casimiro Biguá.
Hay
encuentros y desencuentros, como el ya legendario entre Moreno y
Sayhueque, conflictos y armonías, devenires que fusionan
identidades y crean nuevas.
El
viaje colonial es, de hecho, negación del Otro diferente. Fue el
que impulsaron conquistadores, colonizadores, militares y
catequistas.
En
Patagonia, una variante colonial fue la mezcla de narcisismo y
vagabundeo estético de la aristócrata Florence Dixi o del
charlatán Chadwic.
El
Viaje metafísico no puede ser proyectado ni preparado como se
prepara la mochila porque en cualquier recodo del camino el
viajero se enfrenta de improviso con su nada. El viaje metafísico
es el sendero donde tiene lugar el evento de la nada: la nada de
sentido y de cualquier fundamento y que el vacío de la meseta, la
abrumadora presencia de la soledad revela al hombre el silencio de
sentido que lo rodea y atraviesa. Será toparse con ese espacio de
silencios blancos de significados donde abundan todos los
significados, esos aike´s sin tiempo; será encontrarse sin más
con el infinito, la eternidad a boca de jarro y la percepción de
la propia infinitud.
La
nada geográfica convoca la nada filosófica y, si se sale indemne
de ese vacío podrá retornarse más pleno, más fuerte, más
convencido de la inmanencia y relatividad de las cosas.
Más
allá de los objetivos de toda empresa, lo que llena de sentido su
aventura es la misma errancia, caminar el camino.
El
espacio recorrido resulta la matriz generadora de vivencias y
percepciones, cuerpo terrenal vivido, gozado, sufrido y deseado
por la carnalidad del significante. Mundos entrañables donde el
emparejamiento y fusión de lo externo con la internalidad se
exteriorizaran en la escritura.
...Y
LOS VIAJEROS.
Viajeros
de todo tipo y condición. Viajeros en todas direcciones cubriendo
de nombres las bancos espacios de la terra nulis del mapa
patagón. Viajeros que repiten con sus pasos las inéditas sendas
recorridas por el Tehuel. Viajeros que dejan su experiencia
trashumante en la letra, la que proyectan sombras que confieren
relieve a la escritura: son las sombras de aquellos viajeros
involuntarios, de quienes, si algo se sabe de su paso, será por
boca o letra de otros. De alguno de esos andariegos de pampas y
cordilleras tenemos noticias, pero; ¿y qué de aquellos de los
que nunca sabremos?. Sombras adivinadas, sueño pesadillezco,
personajes dramáticos sin nombre y sin autor. Borrosas epopeyas
del anonimato, historias desconocidas que intuímos, sospechamos y
necesitamos para construir nuestra propia y austral memoria.
Desconocidas historias, tan ciertas y tan reales que han quedado
ancladas en el paisaje como una hebra de lana en una mata
espinosa.
Hay
una larga como penosa lista peregrina; resulta de los primeros
patagoniantes, sombras nómades cruzando el tiempo, buscando
desgarrar el olvido como punto de destino.
La
Historia recuerda algunos nombres. Dígase y téngase por ejemplo:
El
capitán Juan Rodríguez Serrano, que naufragara con su
tripulación en la nave "Santiago" de la flota
descubridora de Magallanes. Primeros nautas terrestres no
patagónicos que recorren la costa atlántica de Puerto Santa Cruz
a Puerto San Julián.
El
misionero Nicolás Mascardi, que a fines del siglo XVI sale de
Chile, llega al Nahuel Huapi. Las crónicas cuentan que accede a
los lagos Munster y Colhué Huapi, a Puerto Deseado y: ¿llega al
Estrecho de Magallanes?
Hilario
Tapary, indio guaraní quien, de San Julián, emprende viaje hasta
Santa María de los Buenos Ayres en 1753.
En
1883; de la tribu del cacique Orkeke, la hermana mayor de éste,
Walampa, es dejada abandonada por las fuerzas del ejército
argentino al deportar a toda la tribu tehuelche que será
embarcada en el vapor "Villarino". La anciana Walampa
con 80 años camino 400 kilómetros de Puerto Deseado a Puerto
Santa Cruz.
1937.
Guillermo Isidoro Larregui, "el vasco de la carretilla"
viaja, de Paso Ibáñez, hoy Comandante Luis Piedra Buena, a la
Capital Federal.
Una
infinita miríada de pasos recorre en cualquier dirección de la
rosa de los vientos la tierra sureña. De los nombrados tenemos
noticias, tenemos la letra. ¿Y de los otros?. ¿Quiénes?.
AL
PIE DE LA LETRA
Dijimos
que en el inicio de la Patagonia asomaba el topónimo basado en la
letra de la literatura. Pero aquí no termina la historia de
nuestra invención ficcional.
En
el siglo XVIII habrá una lectura inquieta de una escritura
práctica: los lectores serán burócratas iluministas de Carlos
III, la letra pertenecerá a la obra del jesuita Tomás Falkner,
"Descripción de la Patagonia y de sus partes contiguas de
la América del Sur", fechada en 1774 y cuyas
sugerencias a los poderes de ocupar estas heredades alarma a tal
punto a la corte del rey español que éste decide establecer
poblaciones y a su orden se erige en enero de 1778 el Fuerte
San José en Península Valdés, a cargo de Juan de la Piedra.
Un año después, el fuerte El Carmen bajo la
responsabilidad de Francisco de Viedma; y en diciembre de 1780, Floridablanca,
en San Julián, por el hermano de aquel, don Antonio de Viedma.
El
texto de Falkner que pondrá en alerta roja a las autoridades
españolas decía:
Si
alguna nación intentara poblar este país podría ocasionar un
perpetuo sobresalto a los españoles por razón de que aquí se
podrían enviar navíos al Sur y destruir en el todos sus puertos
antes que tal cosa se supiese en España, ni aún en Buenos
Aires...
La
alarma está claramente expresada en la Real Orden del 24 de marzo
de 1778:
Con
el fin de que los ingleses o sus colonos insurgentes no piensen
establecerse en la
Bahía
de San Julián o sobre la misma costa para la pesca de Ballenas en
aquellos mares a que se han dedicado con mucho empeño, ha
resuelto S.M. que se den órdenes reservadas y bien precisas al
Virrey de Buenos Aires y también al Intendente de la Rl. Hazienda,
previniéndoles que de común acuerdo y con toda la posible
prontitud disponga hacer un formal Establecimiento y Población de
dha. Bahía de San Julián(...) (27)
Dos
meses después, en las "Instrucciones" del Conde de
Floridablanca, aparecen nuevos fantasmas que recorren América,
son los de la emancipación de las trece colonias norteamericanas
producida en agosto de 1776:
Desesperanzados
los Yngleses de recobrar las vastas posesiones que ven subtraídas
de
su
dominio en América Septentrional, con tanto menoscabo de su
marina y comercio, y consiguientemente de su extensivo poder, les
es ya indispensable pensar en hacer alguna adquisición en
América Meridional, la que le sirva al mismo tiempo de empleo y
fomento a sus pesquerías, navegación mercantil y fuerzas navales
y prometa a la Potencia Británica para lo necesario alguna
indemnización de la gran pérdida que ha padecido.(...) Se sabe
que han levantado planos y hecho varios reconocimientos, lo que
debe excitar nuestra vigilancia y nuestras precauciones (...)
Dos
son los parages principales a donde desde luego debemos dirigir
nuestro conato para ocuparnos inmediatamente y formar con ellos
alguna población: Bahía Sin fondo y Bahía San Julián...y
enviar socorros a fin de que no se malogren por la falta de
auxilios, ni se repita el lamentable suceso de Puerto de la Hambre
poblado por Pedro Sarmiento de Gamboa. (28)
Con
esto dejamos plenamente aclarado –lo aclaran los documentos
reales- que fue la letra y la lectura de la letra disparadores de
hechos prácticos que llevaron a movilizar cuantiosos medios
materiales y personales que diera lugar a la creación de las
primeras poblaciones blancas en Patagonia.
OTRAS
LECTURAS
Juan
Manuel de Rosas leerá el Informe de 1781 del piloto Basilio
Villarino sobre la navegabilidad del Río Negro, y con seguridad
la obra del sabio Félix de Azara, "Viajes por la América
Meridional"(1808). Sobre ésta y otras informaciones como
Informes y Memoriales, extenderá la frontera de la Confederación
Argentina hasta Choele Choel. Estamos en 1833 y el naturalista
Charles Darwin visita al caudillo bonaerense en el campamento de
éste. El hecho no es para nada intrascendente, sea para la
ciencia, sea para futuros viajeros científicos.
Francisco
Moreno, sigue en la letra y en los pasos a don Antonio de Viedma,
al capitán Fitz Roy, a Darwin, al misionero Teófilo Schmid, a
Guillermo Cox o al piloto Basilio Villarino pero ajustando lo
visto y escrito por estos predecesores y corrigiéndolos de ser
necesario; de esta manera, el lago que Viedma en 1782 define como
laguna y que descubre para los ojos europeos, es redescubierto por
los ojos argentinos del teniente Valentín Freiberg en 1871, y
definitivamente agregado al inconcluso mapa patagónico como
"lago Argentino" en la denominación del naturalista
Francisco Moreno, y llamando "Lago Viedma" a la otra
cuenta lacustre hallada más al norte, y en homenaje a aquel,
subsanando además el error del español que creyó que el
mencionado lago era fuente del río Santa Cruz.
Repetición
de lecturas que conforman una cadena de diferencias: Agustín del
Castillo lee y corrige a Moyano y a Lista y éste a su vez a
Moyano y a Moreno.
Luis
Jorge Fontana, primer gobernador del Territorio del Chubut sigue a
los galeses, continúa a Moreno y a Musters en una atenta
persecución de páginas y horizontes.(30)
A
su vez, Francisco Pietrobelli se detiene en Fitz Roy:
Pensé
que el único remedio era una salida más directa al mar, salida
que estimaba
podría
hallar en Rada Tilly, geográficamente más cercana y en
condiciones favorables para el fondeo de pequeños vapores, dato
que había conocido leyendo el libro "Derrotero", del
famoso capitán Fitz Roy. (30)
(Sabido
es que el famoso capitán del Beagle era admirador y estudioso del
excepcional piloto Pedro Sarmiento de Gamboa).
Una
interminable cadena de interpretaciones y persecuciones, lecturas
apasionadas de textos previamente redactados por los pies y el
asombro.
Letras
pata-agónicas, ahora sí de etimología pedestre. Letras
provenientes del cansancio y del frío, del hambre, los pozos de
soledad, de las penurias del camino. Escritos como botellas al
mar. Flechas lanzadas al tiempo, a probables y anónimos lectores.
Las huellas de esos escritos y esas lecturas es lo que hoy
denominamos PATAGONIA.
CAPITULO
CUARTO
ESCRIBIR
Y SEDUCIR
LA
NOVELA DE UN PAíS
Hacia
la segunda mitad del siglo positivista, la escritura con temática
patagona adquiere otro tono, no muy distinto a la precedente si
bien más pragmática y perentoria, como quitándose el lastre
colonial, como si quisiera ponerse al ritmo del tiempo histórico
que la modernidad acelera sin esperar. Pareciera que la velada
advertencia de Falkner –de ocupar el sur baldío- volviérase a
tener en consideración dada su actualidad en el proyecto
nacional.
Los
integrantes de la llamada "generación del ochenta" se
expresarán en un lenguaje optimista con perspectivas de futuro,
empeñados por ensanchar los horizontes territoriales, y darle un
formato definitivo al estado nacional. (31)
Lo
efectuado por tal generación fue un acto de tensión vital tan
grande que desbordó toda praxis y toda imaginación geopolítica
de los argentinos educados para un país miniatura, portuario, de
pampa húmeda.
Moreno,
Moyano, Fontana, Lista, Olascoaga, Castillo, Ameghino, Onelli
entre otros, cubrirán con actos posesorios las vacías paginas de
las cartas geográficas, aventarán el impenetrable silencio de
los vastísimos espacios con relatos de sus propias o ajenas
andanzas donde abundan empeños, incertidumbres, éxtasis,
peligros, audacia y coraje de precursores.
Textos
que brotando de suelos recorridos, circularán de la imagen a la
mano que escribe para descifrar en la escritura aquello marcado
por el camino; insólitas y hondas vivencias, sensaciones fuertes,
inolvidables, intensidades hipnóticas de cielos implacables donde
un paisaje estalla.
Escritura
corporal de pioneros donde se trasluce la admiración y la
singularidad vivida, en sus tiempos gramaticales, en la tensión
que el relato crea y donde no faltarán protagonistas principales
y secundarios; escritos borroneados sobre un escenario severo e
inconmovible. Será la novela del poder en expansión, escrita y
protagonizada por generaciones de héroes y antihéroes, fideles y
traidores, criollos, gringos, onas, tehuelches y mapuches, un
escrito polifónico de autor sin nombre.
Pero
el relato escrito sólo puede ser individual, la literatura es un
trabajo y un placer solitario. Novela autobiográfica aunque trate
la etnología, la geografía o la historia, escritura donde lo
público y lo privado se confunden se complementan o arriban a la
contradicción.
Visualizada
desde lo literario, la Historia patagónica adquiere otro sentido
y otro interés. En última instancia, toda historia no es sino
una selección de acontecimientos y de nombres que personifican
esos acontecimientos. La Historia la hicieron personajes
pirandelianos en busca de autor, pero al escribirla quien anduvo,
imprimirá en ella su historial personal; seres individuales
narrando en la letra de sus cuerpos el texto dictado por el poder
estatal.
EL
PLACER DEL TEXTO
El
proceso cronológico y circular de la formación del imaginario
patagónico sería el siguiente: experiencia-escritura-lectura. A
este primer momento le sigue un movimiento reverso de:
lectura-experiencia-escritura.
El
viaje (circular) se cierra con la experiencia de la lectura que
los lectores tenemos de quienes hicieron efectivo el viaje
invitándonos a repetir la experiencia.
Hay
lectura germinales, creadoras, lectores mejor dotados que los
escritores leídos. Lectores quijotescos que toman por ciertas las
primigenias narraciones del país austral.
Lecturas
grávidas e inquietas: Musters declara haber leído "con
delicia" la obra de Darwin y de igual forma la narración del
capitán Fitz Roy; textos de compatriotas que según confesión lo
impulsaron a llevar a cabo sus ansias de recorrer este Sur.
Sabemos
que lectura y vida son cara y ceca de la existencia. En estos
raros lectores, lo leído requiere, busca, necesita ser vivido.
Esas emociones que el placer de la lectura provoca, exigen ser
repetidas, ser otra vez sensiblemente incorporadas, volverse
nuevamente cuerpo, latido, imágenes, una suerte de "amor
fati" nietzcheano; son lecturas desencadenantes del
Deseo.
Los
exploradores del siglo XIX no leerán a Falkner, a Darwin, a
Villarino por el simple placer erudito, serán en cambio lectores
excesivos, abstraídos y atraídos por la acción. Sus lecturas
confirman un estado de espíritu aventurero de curiosidad
científica en un trasfondo romántico. Con tales lecturas
construirán mapas, cartas orientadoras, derroteros para no
naufragar –como tantos ignaros-en el desierto.
Ya
en el viaje estos peregrinos lectores harán a su vez una
impensada doble lectura en la que les va su suerte: leerán la
referencia bibliográfica e interpretarán –la otra lectura- en
el terreno. Producirán así correcciones o confirmaciones,
variaciones sobre el terreno-cuerpo del país. (Moreno siguiendo
la ruta marcada por Viedma y Fitz Roy al remontar el río Santa
Cruz).
Sin
embargo, de poco valdrían tales guías sin el apoyo irremplazable
de los habitantes autóctonos, de los tehuelches amigos. Sin
ellos, Musters no hubiera podido efectuar su increíble itinerario
longitudinal; tampoco Moreno hubiera accedido a los ocultos y
maravillosos lugares, ni los peregrinos del"Mimosa"
echar raíces en el Chubut.
Lecturas
cartográficas, lecturas salvavidas. Cartografías de la aventura
individual y discursos del poder estatal.
LA
SEDUCCIÓN DE LA LETRA
Escrito
bajo el silencio mineral que enmarca y aísla el murmullo de las
cosas y de los seres que acompañaron ese momento, quienes como
mudos testigos quedarán grabados en los signos que intentan
captar esos instantes. Escrito en la libreta de apuntes y ahora
leído y escuchado por aquellos inocentes por vivir en adánica
ignorancia de la letra, ignorantes del fenómeno cultural letrado,
de ese universo denominado libro, escritura, lectura, magia
hinóptica que trae el huinka.
Francisco
Moreno lee a los tehuelches que acompañaron a Musters párrafos
de "At home with the Patagonians"
(posiblemente lo habrá hecho en inglés, idioma que entendían)
donde ellos, analfabetos oyentes de un lector que les lee aquello
que efectivamente hicieron en el pasado.
Del
libro surge esa nueva recreación de la vida vivida, esa
correspondencia llamada verdad. En ese descifrar de caracteres se
hace presente y actualiza el pasado convivido y que ahora, el
"Tapayo"(así nombrarán familiarmente los indios al
Perito) vuelve a hacer presente y actual.
Los
oyentes, libres aún, han sido ya capturados por la literatura,
ahora son signos, letras, fantasmas que emergen al abrirse la caja
que dicen "libro". También ellos están cazados,
enredados en esos juegos de magia . Convertidos en historia
escrita, se los ha capturado y disecado, han dejado de ser la
letra del mundo para pertenecer al mundo de la letra, han sido
transferidos a una cultura que calcula, clasifica, fija y separa,
Ellos, que son parte inescindible del mundo.
Siendo
todavía, ya son leyenda, pasado, sólo posible de ser convocado
por la magia de lo escrito. Sus vidas han quedado suspendidas en
esa páginas. Aún no los capturó la fotografía (no tardará
mucho), pero ya están congelados, cristalizados en la narración.
Ellos
tal vez intuyan que en esos signos que hipnotiza estará,
paradojas de la historia, su olvido sangriento, la resurrección y
el retorno.
Los
blancos les harán conocer el espejo donde se verán reflejados,
pero "el moreno" les acerca otro espejo hecho de
palabras que refleja aquello que no está, lo real invisible, una
nueva memoria, un eco absurdo surgiendo de la nada, una suerte de
recuerdo prefabricado y convocado a voluntad.
Para
los guenena kuna que atentos escuchan el relato de Musters por
boca del Perito, la realidad se ha vuelto ficción, sólo que,
ahora, para nosotros, la ficción son ellos y la realidad es
Moreno leyendo; pero también somos nosotros leyendo a Moreno que
lee a Musters a los guenena kuna.
Nada
más plácido, relativamente, que la sonrisa de la buena india
cuando le muestro las ilustraciones del libro de Musters y le
refiero lo que dice de sus amigos los tehuelches. La muerte del
valiente Castro, en las alturas del río Chico, las penalidades
del invierno, la caza de toros salvajes y tantos otros cuadros de
la vida nómada en esas regiones trazados por la pluma del
explorador inglés aunque abreviados por mi, son fielmente
reducidas por María a sus compañeros que no comprenden el
español. Ella ha conocido a Musters y lo recuerda perfectamente;
me dice: "Musters mucho frío tenía; muy bueno pobre Musters".
Las
penalidades que este valiente marino sufrió, y que aumentan el
valor de su excelente relato del viaje, fueron más tarde materia
de largas conversaciones. (32)
EN
LA DERIVA DE LA LECTURA
El
novel lector, y me refiero a aquel que primerizo se acerca a un
libro de viajes ignorante del país que el autor recorre, de la
dirección de sus ríos, de los parajes con sus relieves, los
quiebres, cimas, y cuevas, escarpas y sendas, amplitudes pampas y
valles estrechos, país con su bicherío, su clima, y la toponimia
que nombra las cosas de ese mundo ignorado. Ese lector se
internará en una narración de ficción aunque lo que lea se
designe de científico. Sabrá tal vez, como el autor,
a
dónde va, pero, igual a aquel, será absorbido por la
incertidumbre y el desconcierto ya que para este lector, los
nombres, su grafía y su fonética resultan no ya familiares sino
literalmente incomprensibles.
Confirmando
lo que decimos, podríamos citar al respecto algunos nombres de la
topografía que anota Muste