Inicio  Volver textos sobre Patagonia  Mapa del sitio

 

   
   

EL ECO DE LA LETRA

Una genealogía patagónica

Por Ángel Uranga

Imagen de Los Altares, en la Patagonia Argentina, la geografía sobre cuyo sentido profundo se interroga el ensayo de Ángel Uranga que presentamos a continuación. (Foto Darío Granato).

 

   El texto que presentamos a continuación es, sin ninguna duda, una excelente aporte a un espacio aún no debidamente pensado: la significación profunda del sentido de lo patagónico. Ángel Uranga, talentoso escritor chubutense (del que hemos editado ya, en esta sección y en la Biblioteca Virtual de Temakel, algunos de sus valiosos escritos), manifiesta aquí, en su "El eco de la letra", su brillantez como ensayista. Su ensayo se despliega en dos movimientos: uno creativo; otro inquisitivo y conjetural. Lo creativo emerge a través de una modalidad poco atendida en la actualidad por el trabajo intelectual y la escritura literaria: la asociación de diversas fuentes, de diversos perfiles, para comprender una temática. Mediante inspiradas relaciones, Uranga vincula a grandes pensadores europeos, con libros de viajeros u obras sobre historia o leyendas indígenas patagónicas. En segundo término, el movimiento inquisitivo-conjetural se asocia con la tesis fundamental de la elaborada y meditada propuesta de Uranga: "La Patagonia es una invención literaria, una creación de la LETRA".

La primera parte de este notable ensayo, que merece la atención de todo lector interesado en la relación entre cultura y geografía patagónicas (o en el vínculo entre pensamiento y tierra en general) fue escrito por Ángel Uranga, en Comodoro Rivadavia, en la provincia patagónica de Chubut, en abril 2001; la segunda parte, en julio del 2002.

Esteban Ierardo

Para comunicación con el autor: jauranga2002@yahoo.com.ar

 

EL ECO DE LA LETRA

Una genealogía patagónica

Por Ángel Uranga

"¿Cuál es el poder de la ficción?. Hay una red de ficciones

que constituyen el fundamento mismo de la sociedad"

Ricardo Piglia: "Crítica y Ficción"

"Cuéntanos cómo es el Sur; qué hace allí la gente; por qué viven allí;

por qué siguen viviendo."

William Faulkner: "Absalón Absalón"

PRIMERA PARTE

I ENTRADA

Parto de la siguiente premisa que dice:

La Patagonia es una invención literaria, una creación de la LETRA.

En algún momento, que la historia señala puntual, alguien, un portugués para más certeza capitán de una expedición española, nombra a los habitantes naturales de esta punta continental de PATAGONES, mientras un veneciano toma nota y apunta en su Diario el suceso. A partir de entonces una leyenda comenzó a rodar por todo el mundo con esa expedición que fuera la primera en circunnavegar el planeta.

 

¿Cómo fue gestándose el imaginario patagónico?,¿qué buscaba la civilización invasora además de oro, a partir de qué ideas, de qué quimeras se lanza sobre el país austral?. Preguntas que nos hacemos por el origen y por querer saber cómo llegamos a ser lo que somos y estar donde estamos. Preguntas que crecen desde las dudas, que nos sitúan en un ámbito histórico signado por la incertidumbre global. Son preguntas pertinentes como las que hace un personaje de Faulkner citado en el epígrafe, son las que todo el mundo realiza en todo el mundo cuando alguien va a vivir o vive en una región dura sobre la cual se fabricaron innumeras historias, lugar imaginado de maravillas o de castigo, de soledad y padecimientos, como Ultima Thule de la esperanza o campo de la desesperación.

Patagonia, insisto, es una invención de la letra, el interminable relato de una ilusión de cinco siglo. Como en la fenomenología hegeliana -donde la conciencia universal se manifiesta en distintas y contradictorias figuras categoriales- sospecho, dentro de esta imagen del pensamiento, que la conciencia o imaginario patagónico tendría sus figuras que la traducen, que la explican o interpretan; tales formas serían:

lo imaginario a partir de la letra de la escritura, como oculta y tal vez inaceptable genealogía;

el espacio en su doble acepción de ámbito territorial y cuerpo individual (el aquí y ahora del acontecimiento) sobre los que actúa una voluntad que expresaría la tensión antagónica a todo condicionamiento físico y cultural;

el viaje y sus reverberaciones anímicas, sociales, políticas, culturales;

la experiencia del viaje convertida en letra y;

Repetición del viaje, de la experiencia y Diferencia de la letra repitiendo lo Mismo sin hacer lo mismo, aquello que gesta el eco de la letra.

 

II DEL IMAGINARIO

Este breve ensayo trata del imaginario, ahora bien, no sería ocioso preguntarnos a qué denominamos imaginario.

Según Castoriadis –a quien en esto seguimos-: "Lo imaginario es, primordialmente, creación de significaciones y creación de imágenes o figuras que son su soporte".(1) Es decir, imágenes y figuras que adquieren o se les da un sentido determinado de acuerdo con cierta representación del mundo y la sociedad y afín a específicos intereses concretos que mueven a los seres humanos.

El imaginario es una imagen, una realidad transparente y sin lugar, un magma de significaciones fluyentes, una fuerza incorpórea que determina, que impulsa o paraliza, hace pensar y entrar en conflictos, amar o escribir, comer o vestirnos de determinada forma, en suma, provoca hacer cosas de cierta o determinada manera.

El imaginario social resulta del anónimo obrar colectivo, una producción de subjetividades que posibilita enmarcar lo real caótico de la existencia.

El imaginario social es un discurso de poder condicionante de valores sociales; resulta de ello un instituyente cultural organizador de gustos, percepciones, conductas e ideas.

Lo imaginario da forma a valores que rigen lo social, fragua la identidad colectiva y establece horizontes de sentido.

Dicho de otro modo, el imaginario social es una inmaterialidad, un "cuerpo sin órganos" que produce efectos de realidad y, por ende, crea y recrea realidad(es).

Al juego de proyecciones de representaciones, de impresiones y de imágenes con que construimos el mundo lo denominamos realidad, y a lo real le conferimos nombre de apariencias que, con el tiempo, con el uso que hacemos del lenguaje, aquellas adquieren estatus de real predominando así en la construcción de la realidad socio histórica. Sin embargo, esto que parece un autoengaño o inconciencia es, en realidad, la exacta dimensión de la naturaleza cultural que consiste en: imaginar, crear, construir otra realidad a partir de lo dado, y tal construcción, si bien es social también está conformada por la creación subjetiva de productores individuales de subjetividades.

Si bien el imaginario que consume la sociedad en un determinada época es construcción del colectivo social, el mismo está con-formado por la creación de los productores individuales de subjetividades.

Los productores individuales de subjetividades dan el relieve, el tono o matiz, incluso el sentido al imaginario social, son voces oraculares de epifanías, creadores de verdades para compartir el goce, ampliar el sabor de la vida o jugar con los posibles.

 

III GENEALOGÍA PATAGÓNICA

El presente ensayo resulta una búsqueda, la pesquisa de una genealogía (2) del país del Sur, el rastreo de una génesis, su deriva y seguimiento por insospechados derroteros, el albur también de encontrar una nueva Ciudad de los Césares, es decir, un viaje hacia la ilusión sabiendo que es ilusión, fábula y sueño y como tal, resulta siendo otra aventura más que insiste en relatar la otra; la gran aventura que significó provocar la gestación de Patagonia.

La razón oculta de la región está en su nombre, su nombre que está en el origen. (Mejor dicho en el comienzo, ya que el origen implica lo Mismo desde lo dado, aquello igual a sí, intemporal, meta histórico e indiferenciado).

El nombre que es inicio, y en el nombre como inicio está toda su historia.

El nombre, materia incorpórea que determina formas de pensar y de vivir, un núcleo significante, el susurro tenaz, lo más parecido a un eco constante, impalpable, que se resiste a entrar en el olvido, oculto en los pliegues de un territorio de inconmensurables silencios secretos.

(El significante es el material con que elaboramos la realidad, la serie o las series de proposiciones en futuro imperfecto de cómo sería o podría ser la realidad, enunciados que guían la acción y la institucionalización de proyectos ordenadores de los acontecimientos).

El nombrar y la letra, aquella que testimonia, que oculta tanto como des-vela, (aletheia) en el sentido griego de verdad.

El espejo de la letra en sus juegos de miradas, permite captar el momento de nuestra aparición sin coartadas ni leyendas rosa, el espejo derrite las máscaras y los maquillajes, socava el monumento de las solemnidades, ilumina los oscuros y vergonzantes orígenes. Metáfora de la realidad, describe la dimensión real de lo que fue, señala el lugar de la verdad, la verdad que está en la palabra (Lacán).

Del espejo escapan sigilosos los textos no explícitos que el fantasma especular revela; de esa luna surgen enmascarados por el lenguaje, los deseos y los miedos, los intereses más o menos materiales y el historial personal de los sujetos.

La letra, tanto como escritura individual o sistema simbólico institucional, nace de conductas y experiencias; la letra proyecta y construye el prestigio, diagrama un sistema de representación creando nuevos imaginarios. Esto sería la otra aventura, la de la letra, la escritura efectuada por los pioneros.

Lo afirmado al comienzo: la Patagonia es una creación de la escritura, podría parecer una "boutade", una ocurrencia de escritor, sin embargo, generaciones de viandantes blanquearon con sus huesos las latitudes del Mundus Novus en busca de Eldorado, ese delirio, esa candente ilusión fraguada desde el deseo.

Lo que hoy parece crónica de un sueño fue causa eficiente y movilizadora de hiperbólicas aventuras hispánicas. No olvidemos que toda América se proyecta en la mentalidad del conquistador como un inmensurable espejismo, una suerte de cuento arábigo emergiendo de las reverberaciones del desierto, una visión edénica entrevista en los claros de la selva, sospechada en las islas de un delta o en el imprevisto valle oculto entre montañas.

Será "la perpetua ausencia de una ciudad imaginaria" (Irma Cuña) la que obsesiona al conquistador; Trapalanda o Linlin, Ciudad de los Césares o Elelén, ocuparán por siglo los sueños diurnos (3)

Obnubilado por sus quimeras, el conquistador no vivirá su inmanente realidad, todo él será desbordante trascendencia; deformando lo que percibe, imagina una geografía, un mundo y sobre ese mapa irreal se lanza a desfacer sus propios entuertos con los sesos calcinados por Amadices, Esplandianes y Palmerines, dragones, santos y cruzados. Aquellos místicos de ambición fueron elaborando la cartografía mitológica de sus deseos. (4)

CAPITULO PRIMERO

LA LETRA

LA GÉNESIS OCULTA

En busca del paso interoceánico, la expedición de Hernando de Magallanes recala en la bahía de San Julián para pasar el invierno y efectuar trabajos de reparación en las naves. Es abril de 1520. Meses después, hacia junio y según el cronista de la flota, Antonio Pigafetta, un hombre de gran estatura y de figura imponente se presenta ejecutando extrañas danzas:

Transcurrieron dos meses antes de que avistásemos a ninguno de los habitantes del país. Un día en que menos lo esperábamos se nos presentó un hombre de estatura gigantesca.

Así describirá el veneciano Pigafetta al primer hombre austral que vieran ojos europeos; y continúa:

Estaba en la playa casi desnudo cantando y danzando al mismo tiempo y echándose arena sobre la cabeza. El comandante envió a tierra a uno de los marineros con orden de que hiciese las mismas demostraciones en señal de amistad y de paz: lo que fue tan bien comprendido que el gigante se dejó tranquilamente conducir a una pequeña isla a que había abordado el comandante. Al vernos, manifestó mucha admiración, y levantando un dedo hacia lo alto, quería sin duda significarnos que pensaba que habíamos descendido del cielo.

Este hombre era tan alto que con la cabeza apenas le llegábamos a la cintura. Era bien formado, con el rostro ancho y teñido de rojo, con los ojos circulados de amarillo, y con dos manchas en forma de corazón en las mejillas. Sus cabellos eran escasos, parecían blanqueados con algún polvo. Su vestido, o mejor , su capa, era de pieles cosidas entre sí, de un animal que abunda en el país, según tuvimos ocasión de verlo después. Este animal tiene la cabeza y las orejas de mula, el cuerpo de camello, las piernas de ciervo y la cola de caballo, cuyo relincho imita. Tenía también una especie de calzado hecho de la misma piel. Llevaba en la mano izquierda un arco corto y macizo, cuya cuerda, un poco más gruesa que la de un laúd, había sido fabricada de una tripa del mismo animal; y en la otra mano, flechas de caña, cortas, en uno de cuyos extremos tenían plumas,

como las que nosotros usamos, y en el otro, en lugar de hierro, la punta de una piedra de chispa, matizada de blanco y negro. De la misma especie de pedernal fabrican utensilios cortantes para trabajar la madera.

Más adelante el cronista agrega: El Capitán general –por Magallanes- dio a este pueblo el nombre de PATAGONES.(5)

El aborigen de la costa atlántica austral fue designado a partir de Magallanes con el nombre de "patagón", cuya etimología se creyó referida al tamaño descomunal de sus pies. Sin embargo, ni en castellano ni en portugués, menos aún en italiano el aumentativo de patagón,"patudo", es el adecuado.

Luego, los historiadores de Indias –López de Gomara y Fernández de Oviedo-, echarán a rodar la leyenda y forjarán un mito: salvajes, gigantes, caníbales, íncubos endriagos tal vez, en el intento de explicar aquello que nunca vieron.

Los "patagones" serán gigantes, es decir, seres deformes de grandes pies, una suerte de monstruos, pese a que los verdaderos nativos de esta región mostraron una conducta pacífica y hospitalaria con los extranjeros, sin haber tenido sin embargo, reciprocidad en el trato.

Si bien el mismo Pigafetta imprime en su mapa las palabras "Regione Patagonia".

en múltiples cartas del siglo XVI nuestra región será denominada indistintamente como "Tierra de los Gigantes", "Tierra de los Patagones", o "Costa de los Patagones". "Recién será –puntualiza Ma. Rosa Lidia- en el siglo XVIII que se agrega el sufijo de lugar-ia por el que queda creado el topónimo PATAGONIA" (6)

 

LA ETIMOLOGÍA

Sin embargo, el origen del topónimo que la etimología popular consagró no surge respecto a la talla de los primitivos habitantes del austro, tiene en cambio una génesis tan oculta como invisible, tan inverosímil como desfavorable.

Las palabras patagón / patagones proviene de la letra, de la letra de la literatura.

Debemos a la investigadora María Rosa Lidia de Malkiel la restitución de la verdadera etimología oscurecida por el prejuicio y el lugar común, señalándola en los libros de caballería tan consumidos por descubridores y conquistadores hispánicos del siglo XVI; tal la novela "Primaleón", perteneciente al ciclo de los "Palmerines" con ediciones de 1512 a 1588.

La interpretación por ser tan insólita como valiente fue objetada en un intento de refutación por parte de Leoncio Deodat forzando el término "patagonia" como equivalente a "Tierra de indios pobres, de escaso valer". Igualmente se pretendió un origen quechua de la palabra, dando por supuesto que Magallanes dominara ese idioma americano.

En suma: respecto a la etimología de patagonia-patagón-patagones, resulta el topónimo dado a los habitantes de la región austral atlántica por el marino portugués al servicio de España, Hernando de Magallanes.

El étimo "patagón" proviene del monstruoso personaje homónimo del "Primaleón o Segundo Libro de Palmerín de Olivia", o también; "Libro Segundo del emperador Palmerín", edición de 1512 en Salamanca. (7)

Obra perteneciente a las muy leídas novelas de caballería andante las que, casi un siglo después, supo liquidar con fino sarcasmo el genio de Cervantes. Tales lecturas eran, según Lidia "muy familiares" a los hombres del siglo XVI, afirmación corroborada por el hispanista Leonard Irving en "Los libros del Conquistador" (8) donde efectúa una detallada estadística de la literatura leída por la generación de descubridores y conquistadores, al igual que los libros que viajaban a las Indias.

Los libros de caballería fueron ampliamente leídos por todos los públicos; del ventero al rey, marinos aventureros, reformadores religiosos o hambrientos buscadores de oro y poder.

Según Menéndez y Pelayo, "Palmerín de Olivia carece de originalidad, y no es más que un calco de Amadís...", sin embargo, "a pesar de su nulidad, gustó tanto que tuvo inmediatamente un libro segundo" en 1516 (9)

 

NOMBRAR ES DOMINAR

Patagonia, y todo lo que el nombre connotó, tuvo un categórico origen ficcional, producto de la impresión, del asombro y del recelo hacia el Otro desconocido y diferente y cuya denominación resultará peyorativa, propia del etnocentrismo del europeo en su imposibilidad de pensar al Otro, al que visualiza como amenaza y subestima en la relación, dado que Patagón es desemejado, es salvaje, bárbaro, come carne cruda, que viste con pieles de animales, que se aparea con éstos, que habla un lenguaje incomprensible.

Si nominar es ejecutar un acto de posesión, de dominio, nombrar entonces es dominar.

Dominación viene siempre acompañada de subestimación y desprecio. Es así, con violencia, como entra la Patagonia, gente y geografía a la historia mundial de occidente.

Pero habrá más, la realidad copiará a la ficción. La historia novelesca, me refiero al "Primaleón" dice:

Y este Patagón dizen que lo engendró vn animal que ay en aquellas montañas, que es el más dessemejado que ay en el mundo, salvuo que tiene mucho entendimiento y es muy amigo de las mugeres. E dizen que ouo que auer con vna de aquellas patagonas, que ansí las llamamos nosotros por saluajes, e que aquel animal engendró en ella aquel fijo; y esto tiénenlo por muy cierto, según salió desemejado, que tiene la cara como de can, e las orejas tan grandes que le llegan fasta los hombros, y los dientes muy agudos e grandes, que le salen fuera de la boca retuertos, e los pies de manera de cieruo. (...)

E como él (Primaleón) ouo muerto los leones, fue sobre el Gran Patagón, e cuando lo vido ansí, tan dessemejado e cosa tan estraña de mirar, tomóle en voluntad de lo lleuar preso, e si él lo pudiesse lleuar en sus naos, que le sería grande honra, porque su señora Grindona lo viesse. (...)

-Ora vos dexad de esso –dixo Primaleón-, e ruégovos que vamos de aquí e lleuemos a Patagón biuo, preso, porque todos lo vean. (...) E como llegaron a la mar entraron en vna varca e subieron en la nao adonde estaua Patagón preso, en cadenas, en vna cámara. (...) E tenía la cara tan espantosa que ponía pauor a quien lo miraua, e no pareccia sino el mesmo diablo, que parecía que por los ojos echaua fuego, e tan disforme estaua que no ay hombre que vos lo pudiesse contar e gimiendo muy fieramente de verse ansí preso. (10)

Y siguiendo a la novela como a un libreto, los expedicionarios harán lo suyo con los naturales australes. Excitados por la lectura, y tomando ésta de referencia en sus conductas, secuestrarán con engaños a los Aoni-kenk, los engrillarán y, al fin, dada la rara cordialidad de los intrusos los dejarán morir.

"Magallanes mostró empeño en quedarse con los dos más jóvenes de aquellos salvajes. Para conseguirlo empleó la astucia más bien que la fuerza; el recurrir a ella habría costado la vida a más de uno de nosotros. Regaló a todos cuchillos, espejos, cascabeles, cuentecillas de vidrio; tantas cosas, que tenían las manos llenas. Enseñóles después unos anillos de hierro (que no eran otra cosa que grillos), y, viendo cuánto les gustaban, se los ofreció también; pero tenían las manos tan ocupadas, que o podían tomarlos, observado lo cual por el Capitán general, les hizo entender que se los dejaran poner en los pies, y con ellos se marcharían, a lo que accedieron por señas. Entonces nuestra gente les puso los anillos, y pasaron la clavija de cierre, que remacharon con presteza. Mostráronse recelosos durante la operación, manifestándolo así; pero el Capitán general los tranquilizó. Apercibidos, no obstante, del engaño, se pusieron furiosos: bufaban, daban tremendos alaridos e invocaban a Setebos, o sea al demonio , en su ayuda.

(11)

Por supuesto que el "dios" del salvaje no puede ser mas que un "demonio". De esta forma se escribirá la primera página civilizadora que otros repetirán obsesionados.

 

MIRAR LA COSA

¿Por qué Magallanes –según Pigafetta- al ver por vez primera al nativo de estas costas exclama "¡Patagón!" y no, por ejemplo, "Palmerín", o "Amadís", u otro héroe de las novelas de caballería en lugar de mencionar a un ser grotesco a un anti héroe?

Queda claro que desde el comienzo existirá una mirada discriminadora que subestima y cosifica al otro diferente, una óptica y un verbo que ajeniza la Diferencia.

Este mirar de afuera consistirá, en sí mismo, un acto de protección de la identidad del invasor frente a la diferencia, y, consecuentemente, de violento dominio sobre esa diferencia que previamente fuera naturalizada, es decir, puesta en el mismo orden de las categorías naturales primarias.

El hombre americano, para la mirada invasora, estará más cerca de ser una variedad de la zoología que de la especie humana. Para la episteme europea, el ser americano resultará naturaleza antes que cultura.

El Otro, en tanto absoluta alteridad, es esa Cosa de la cual todo se ignora y a la que hay que someter a la mirada racional, es decir, divisoria, parcial, analítica.

Es obvio que la imagen que los europeos –a partir del siglo XVI- tienen de sí mismos será de evidente superioridad frente a los nuevos pueblos y culturas descubiertas y sobre los que se lanzan con la furia que el hambre de botín inspira.

Esta violencia habíase puesto en marcha en el Caribe (palabra cuyo étimo caníbal, es a ojos vistas un término despectivo) en las islas de Cuba y Santo Domingo y que pronto se extendería a México y al Perú cuyos habitantes sufrirán siglos de esclavitud tras el despojo y la destrucción de sus culturas.

 

EL OTRO COMO PRÓJIMO

Sin embargo habrá también otra visión y un trato comprensivo e incluso de admiración hacia el nativo. Está claro que los primeros que comprendieron y aceptaron al descubierto hombre de América como parte de las razas humanas en tanto el "semejante" y el "prójimo" de las Escrituras, fueron misioneros comprometidos con la causa del indígena, me refiero a un Metolina, a un Vasco de Quiroga, a Las Casas, o Sahagún, entre otros; pero en ellos, en tanto cristianos, primó la piedad y la compasión, que son formas subliminales de la subestimación antes que de la igualdad fraternal y libre.

Antonio de Viedma, tal vez influenciado por la concepción roussoniana del "buen salvaje" apunta en su Diario:

Generalmente tienen estos indios índole muy dulce e inocente... Y refiriéndose a la mujeres tehuelches: Para andar a caballo y para montar guardan suma honestidad, no permitiendo que se les vea parte alguna de su cuerpo.(...) Las mujeres no son tan altas pero lo bastante con proporción a su sexo.

Todos son de buenos semblantes, y entre la mugeres las hay muy bien parecidas y blancas, aunque curtidas por el viento y del sol como ellos. No se encuentra hombre ni mujer flaco, antes todos son gruesos con proporción a su estatura: lo que, y usar ropas del cuello a los pies, habrá contribuido a que algunos viageros los tengan por gigantes. (12)

Dado que se menciona a los "gigantes", leamos lo que escribió otro testigo el misionero Teófilo Schmid :

Muchos creen aún que los Patagones son verdaderamente gigantes de seis a ocho pies de altura y a menudo se me ha preguntado si eso es verdad. Pues bien; se ha exagerado a este respecto, aunque puede considerárselos altos, teniendo en cuenta que la estatura media de los hombres oscila alrededor de 5pies 9 1/2 pulgadas, en medidas inglesas. Caile, el cacique, mide unos 6 pies 2 pulgadas; Watchy era algo más alto todavía. Las mujeres son, por lo general, bajas; la mayoría no excede de 5 pies y una o dos pulgadas, aunque algunas son verdaderamente altas, llegando a 5 pies y 8 pulgadas (13)

A mitad del siglo XIX, Charles G. Musters escribirá:

No merecen (los tehuelches) seguramente los epítetos de salvajes feroces, salteadores del desierto, etc. Son hijos de la naturaleza, bondadosos, de buen carácter, impulsivos, que cobran grandes simpatías o antipatías, que llegan a ser amigos seguros o no menos seguros enemigos

Poca inmoralidad observé en los indios cuando estaban en sus desiertos nativos; pero en las colonias, una vez que la embriagues los degrada (14) . De esta manera testimoniaba el viajero la corrupción que gestaba en sus cuerpos la civilización blanca.

Hacia la misma época el misionero anglicano Stirling escribía:

...mi impresión está lejos de ser pesimista, pues veo que se trata de una gente con muchos rasgos de carácter por demás favorables, es una raza magnífica, bárbara y supersticiosa por cierto, pero sin hábitos crueles. (15)

También el pastor galés Abraham Matthews tendrá palabras de agradecimiento a los nativos:

Pero cuando llegó el cacique indio Francisco...con sus perros y caballos veloces, y su habilidad para la caza, recibimos mucha carne a cambio de pan y otras cosas.

Adiestró, además, a los jóvenes en el manejo de los díscolos caballos y vacas, proporcionándoles el lazo y las bolas. Recibimos también instrucciones útiles en la práctica de cazar animales silvestres, y en consecuencia varios de nuestros jóvenes llegaron pronto a ser hábiles cazadores.(16)

 

CAPITULO SEGUNDO

EL CUERPO

El imaginario patagónico, esa intangible como contundente realidad, se ha ido construyéndose en torno a mapas superpuestos y elaborados en el tiempo por un sinnúmero de transeúntes, quienes explicitaron en la escritura un espacio para la imaginación y la leyenda. Estos escritos serán semillas que abonarán tanto el porvenir como la utopía.

Los inquietos pioneros que con tenacidad y asombro leyeron este espacio, y que en el idioma de sus cuerpos compusieron esos mapas, generaron una toponimia e invencionaron una historia, un simulacro de origen.

(Un simulacro, porque el Origen pertenece al tiempo intemporal de lo sagrado, el de los dioses y de la naturaleza; el Origen sin origen, que es la Vida y sus infinitas criaturas y con ellas el hombre: Tchon, Tehuelche, Mapuche, en suma, los Antiguos, gente originaria del austro, Pueblos del Sur).

 

EL DESIERTO EN EL ESQUEMA CORPORAL ARGENTINO

Dos miradas o formas de ver lo Mismo hubo en la conformación del imaginario austral. Una dualidad de imágenes cargadas de intencionalidad para representar y describir una "terra incógnita", entendida o captada como "desierto", "fin del mundo" y también y desde la otra óptica, como el paradójico lugar de la "utopía", de la "última esperanza", "región-del-futuro", en tanto lugar del porvenir donde el progreso y la modernidad tomarían cuerpo.

El desierto como lugar a civilizar, tras la liquidación de la población nativa siguiendo cánones de la pragmática nación usamericana. El desierto es el territorio donde es imposible la vida, lugar del pasado a conquistar para construir el porvenir sobre la ruina y degradación de los cuerpos. Todo acontecimiento fundador es un evento que tiene lugar en el cuerpo; el de las personas y, por extensión, el de los pueblos.

Primero fueron nautas descubridores, luego piratas y corsarios, tras ellos, colonizadores y evangelizadores; espada y cruz, la cruz como espada, poniendo de relieve el sino de la historia que es violencia y es dominio.

Hasta bien entrado el siglo XIX este país sur figuraba en las cartas como "Terra incógnita", "Tierra de indios", parte "Inexplorada" o bien, "País no conocido". Es el desierto que hace decir a Sarmiento que el mal de la Argentina es su extensión.

Finalmente se asentará el estado capitalista, pragmático y utilitario, y el desierto será el que percibe Leandro Alem:

...esa especie de fantasma, lo que se temía, el desierto inaccesible, el desierto impenetrable para nosotros y que era recorrido por esa gavilla de bandoleros que se llevaban nuestra hacienda, que saqueaban las poblaciones, que hacían cautivos y que volvían a internarse en ese mismo desierto en donde se creía que no podíamos penetrar". Y entraron.

Tierra de fronteras o directamente "la frontera", límite de la civilización con la barbarie. Continente en disputa, tierra de nadie, mundo hostil y baldío, el cual, por ocuparlo el "salvaje", pertenece más al mundo natural que a la cultura, y por ello,

territorio desocupado. Después, la civilización del rémington, la viruela y el alcohol expropiará la tierra al nativo para convertirla en terrenos de especulación bursátil. El ministro Julio A. Roca fue claro al respecto cuando en su mensaje al Congreso expresa entre otras humanitarias ideas:

...someter cuanto antes, por la razón o por la fuerza, a un puñado de salvajes que destruyen nuestra principal riqueza y nos impiden ocupar definitivamente, en nombre de la ley del progreso y de nuestra propia seguridad, los territorios más ricos y fértiles de la República (...) extirpar el mal de raíz y destruir esos nidos de bandoleros que incuba y mantiene el desierto. (17)

El Informe Oficial de la Campaña al Desierto dejará expreso:

"...los indios eran unos ensoberbecidos dueños de la campaña, impunes en su destrucción y robo; dictando condiciones, atreviéndose a ofrecer batallas campales; ricos en caballos, campos y audacia, burlando la vigilancia y riéndose de la persecución... (El avance de Roca) los dejó temblando, fugitivos, errantes por estériles campañas, desalojados de sus mejores invernadas, escarmentados en sus desesperadas tentativas de invasión, sin monta ni víveres... (En la época de Alsina) se hablaba de que todo se podría cambiar entre 10 o 20 años, pero un solo hombre afirmaba que bastaba un año a lo sumo (para terminar con esta situación). Lo probó, realizándolo.(...)

Se trataba de conquistar un área de 15,000 leguas cuadradas, ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14,000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña. Se trataba de conquistarlas en el sentido mas lato de la expresión.

Era necesario conquistar real y eficazmente esas leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, (e) incuestionable...destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura...

Se ganó así un territorio que es otra Argentina en extensión. (...) En un año se hizo lo que no se pudo realizar en 300 años" (18)

Pasada la tormenta del genocidio, un testigo irreprochable podrá decir:

Mi pesimismo estaba en la verdad: treinta y cuatro años han transcurrido desde que el cacique Nancucheo desapareció defendiendo el suelo en que nació, desde que con medios violentos, innecesarios, quedó destruida una raza viril y utilizable y desde esa fecha, aún cuando ya hay en la región florecientes pueblos y la cruza en parte el riel, estorban su progreso concesiones de tierras otorgadas a granel a potentados de la Bolsa, una vez que la frontera avanzó lo que hace que decenas de leguas estén en poder de un solo afortunado, el que espera que las valorice el vecino."¿Para qué sirven aquellas tierras?", era la frase consagrada que escuché a no pocos de los que tenían en sus manos la fortuna y aún la suerte de la patria...(19)

El explorador y luego gobernador del Territorio de Santa Cruz, Ramón Lista a su vez escribirá:

"¡Pobres tehuelches! Cuán felices no seríais de nuevo, si al despertar una mañana, alguien os dijese que los hombres blancos se habían marchado para no volver jamás. ¡Ah! sí, lo que os falta, lo que echáis de menos, lo qu entristece vuestro espíritu es la libertad perdida, la libertad antigua en medio de los campos desiertos, sin el fantasma de la civilización invasora." (20)

Pero hubo otros "desiertos".

El desierto bíblico de los galeses, éxodo del pueblo elegido y generosidad de la tierra prometida; visión inquebrantable y tenaz de los peregrinos fundadores del oasis chubutense.

Estará también el desierto de los que expulsa el sistema de mercado, el desierto de los desclasados, los excluidos, fugitivos sociales, desertores, proscriptos, apátridas del mercantilismo como Cruz y Fierro:

Yo sé que allá los caciques / Amparan a los cristianos, /Y que los tratan de "hermanos"/ Cuando se van por su gusto /A qué andar pasando sustos... /Alcemos el poncho y vamos.

El desierto, el soñado espacio de vida feliz incontaminado de civilización. Sueño dorado de los orígenes adánicos, de la existencia primigenia fundadora de linajes más libres y puros. Horizontes de huidas liberadoras, tierra prometida donde hombre y naturaleza se reconcilian.

Al fin, el desierto como región de la Utopía ("La invisible ciudad que se pisa"), lugar del no lugar, dado que toda utopía es una construcción compensadora del fracaso de la realidad institucionalizada, la metáfora de un conflicto cuya resolución proyectamos hacia delante en un borroso lugar, por eso es una ilusión, espejismo de nuestros deseos, proyección fantásmica de nuestras carencias.

 

DIFERENCIA EN LA REPETICIÓN:

La repetición es la razón de ser de la literatura.

"Escribir para no morir, como decía Blanchot" –repite Foucault, agregando más adelante:"Los dioses envían las desdichas a los mortales para que las cuenten; pero los mortales las cuentan para que las desdichas nunca lleguen a su fin, y que su cumplimiento se sustraiga en la lejanía de las palabras, allí donde éstas que no quieren callarse, cesarán al fin" (21)

La naturaleza de la literatura consiste en repetirse a sí misma. Una cadena ininterrumpida para huir de la muerte, o del olvido, que consiste en la forma que adquiere la muerte en la escritura; lo expone y bien expresa la bella y joven Scherezada en sus interminables historias entrelazadas noche a noche para postergar su final.

La literatura es ese lenguaje que se produce y reproduce a sí mismo hasta gestar su propia, exclusiva, singular realidad virtual.

La literatura crea su propio espacio de representación, se autorreferencia como doble de sí; figura ante el espejo, manifiesta su realidad-lenguaje como su única realidad y verdad.

El lenguaje y la obra, los personajes y sus avatares se transfieren, se ocultan, se mimetizan, y en ese lenguaje interminable vive la literatura.

"El enojo de Aquiles y los rigores de la vuelta de Ulises no son temas universales; en esa limitación, la posteridad fundó una esperanza. Imponer a otras fábulas, invocación por invocación, batalla por batalla, máquina sobrenatural por máquina sobrenatural, el curso y la configuración de la Ilíada, fue el máximo propósito de los poetas, durante veinte siglos". Escribe Jorge Luis Borges en "Flaubert y su destino ejemplar". Y en nota a pie de página agrega:

"Sigamos las variaciones de un rasgo homérico, a lo largo del tiempo. Helena de Troya, en la Ilíada, teje un tapiz, y lo que teje son batallas y desventuras de la guerra de Troya. En la Eneida, el héroe, prófugo de la guerra de Troya, arriba a Cartago y ve figuradas en un templo escenas de esa guerra y, entre tantas imágenes de guerreros, también la suya"(22).

Y ya que estamos en los clásicos, ya Homero se cita a sí en la Odisea, donde efectúa un pliegue en su relato, y autopresenta en el Canto VII donde el astuto Ulises escucha de un aedo su propia aventura, y cubre con un manto su rostro para que los presentes no vean que llora.

También el ingenioso caballero Cervantes presenta al arrebatado Alonso Quijano comentado cómo otros, Alonso de Avellaneda, no ya cita, sino arrebata, copia, imita y plagia sus andanzas, a tal punto que en el Prólogo al Lector de la Segunda Parte, debe decir:

¡Válame Dios, y con cuánta gana debes de estar esperando ahora, lector ilustre, o quier plebeyo, este prólogo, creyendo hallar en él venganzas, riñas y vituperios del autor del segundo Don Quijote, digo, de aquel que dicen que se engendró en Tordesillas, y nació en Tarragona!"(23)

Volviendo a los nuestros: estos diálogos en el tiempo, estos engarces, éstas continuidades, conexiones y contaminaciones no son ninguna novedad en nuestra literatura.

En Estanislao del Campo encontramos trenzando una continuidad de filiación política y estética con su predecesor y lejano maestro: Hilario Ascasubi, por tal razón llamará a su personaje "Anastasio el Pollo", pues considera a "Aniceto el Gallo" de Ascasubi su modelo poético.

A su vez, Ricardo Güiraldes llamará a su famosa creación "Don Segundo Sombra", dado que el paradigma de la literatura gauchesca será "El Gaucho Martín Fierro"; el primero, si no en el tiempo, en la valoración y en la formación del Canon literario nacional; mientras que don Segundo sólo una sombra de Fierro será.

 

LA EXPERIENCIA DEL CUERPO Y DE LA LETRA.

La existencia como incesante oleaje de repetición(es) y diferencia(s). La repetición engendra la diferencia, la repetición que está en la vida como una ley natural, y permanente mecanismo sobre el que funciona lo vital. Repetir para aprender a sobrevivir, repetir para adaptarse, para dominar. El músico repitiendo los tonos y los ritmos genera la melodía y provoca la danza; el poeta repitiendo las viejas palabras, crea otro lenguaje, es decir, gesta la diferencia en lo mismo. La repetición produce la infinita multiplicidad de la diferencia.

Una escritura, una literatura del sur, una deriva de voces, un eco, un murmullo que insiste en el acontecimiento primero e imborrable. ¿Repetición de lo Mismo? Mas bien repetición en la diferencia, porque la repetición diferente de lo Mismo ya no es lo mismo, resulta otra cosa, un acontecer de pura experiencia, una voluntad por diferenciarse de lo céntrico, del modelo; singularidad de ser-y-estar-siendo-aquí-y-ahora.

Aquello que se repite es el lugar, la aventura del viaje, la emoción del camino y el goce de la escritura como cauce comunicativo, testimonial, catárquico y, por supuesto; el placer de leer el camino andado.

La escritura patagónica se compone de un juego de paráfrasis, de comentarios e interpretaciones intertextuales que se retroalimentan ad infinitum en una duplicación temática que son señales, huellas, caminos para poder guiarnos y transitar con cierta comodidad por laberintos silenciosos, en edades sin nombre bajo el misterio de lo oculto.

Pero, ¿quién o quiénes repiten esos ecos? ¿quiénes continúan con el derrame incontenible de experiencias y testimonios?

¿Quiénes? Los que marcaron caminos en la esperanza, los que siguiendo picadas, veredas, viejas sendas tehuelches, fatigaron entradas con sus cuerpos; viajeros sobre sus pies y viajeros ecuestres, remontando ríos (como el salmón) hacia sus nacientes, recreando para otros, para los que vendrán, esos mundos soberbios, inhóspitos o placenteros. Fueron unos pocos, anónimos o nombrados quienes hicieron claros en la topografía, abrieron huecos en el tiempo por donde se filtrarán otros saberes para descubrir pasados vírgenes.

Descubrieron para todos un mundo elocuente de silencios, de horizontes severos en los límites de cielos luminosos; hallaron y hollaron paisajes insólitos, como agazapados, en espera de la presencia forastera (no aquella del nativo que fuera emanación de la Tierra) para mostrarse como vasta interrogación, como enigma a revelar. Ellos, los pioneros, elaboraron la epopeya del asombro y del trabajo, de la ambición y el lucro, dejando señales claras de su paso en el espacio y en el tiempo vivido, para volver a ser recorridas insistentemente por generaciones que repiten y, en un incontenible murmullo, diagraman nuevas formas y posibilidades de vida. Es a ellos que debemos la idea de patagonia; por lo menos hasta que sean los propios patagónicos –sus habitantes- quienes se conviertan en voceros del vivir aquí.

Siempre habrá alguien que inicie lo que será repetido:

En el fondo de esta ensenada que forman las sierras, hay dos piedras como dos torres, la una más alta que la otra, cuyas puntas muy agudas exceden a todas las sierras vecinas en altura, sin nieve en ellas, y les llaman los indios Chaltel. Por el N son estas sierras muy tendidas en forma de meseta como de E á O, con varias cañadas á trechos que por cada una de ellas baja un arroyo caudaloso, y manifiestan serlo mucho mas. Por el S y O de la laguna, forman su costa las mismas sierras sin meseta ni salida alguna, llenas de un tegido de picachos cubierto todo de nieve, y dicen los indios que aquella parte es intransitable, y que jamás han visto pasar ni para allá ni para acá alma viviente, ni creer que se halle aquí fiera alguna, y es formada de la nieve, y por un costado de esta rambla bajaba mucho agua que entraba en la laguna, del mismo modo que cuanta de toda la sierra produce la nieve derritiéndose: con lo que sin duda tiene mucho fondo la laguna, y lo informa así su color semejante al del mar, sin embargo de que los arroyos todos le entran de un color blanquecino gredoso.

Diario de Antonio de Viedma. Día 21 noviembre de 1782 (24)

 

Repetición y diferencia:

...En el fondo sólo distinguimos una pequeña cadena de cerros; el horizonte, sobre ellos, está toldado de nubes plomizas y oculta las Cordilleras pero, en un momento que se hace un claro entre los vapores agolpados, vemos el negro cono del volcán y una ligera columna de humo que se eleva de su cráter.

Los tehuelches me han mencionado varias veces, y con terror supersticioso, esta "montaña humeante". Es el Chalten que vomita humo y cenizas y que hace temblar la tierra; sirve de morada a infinidad de poderosos espíritus, que agitan las entrañas del cerro y que son los mismos que hacen tronar el témpano que se desmorona en el lago.(...) grandioso espectáculo debe presenciar el salvaje, al pie del Chalten, cuando en la noche del fuego brota del centro del agua congelada en las altas montañas e ilumina como gigantes faros con sus rojizos resplandores las

blancas nieves de los Andes y las azules aguas del lago, mientras la densa columna de negro humo oculta las brillantes estrellas del sur.

Este volcán es la montaña más elevada de las que se ven en estas inmediaciones y creo que su cono activo es uno de los más atrevidos del globo; su cráter, situado a una altura que calculo a la vista de 7.000 pies, no guarda la nieve, y su color negro, igual al del pico más agudo, situado en su costado oeste, se destaca sombrío de la nieve de la base. Viedma cita en su diario esta montaña, al decir que hay dos piedras como torres que los indios llaman Chaltel, pero no dice que sea un volcán. (...)

Francisco Moreno: marzo, 2 de 1877 (25)

Diferencia en la repetición:

Frecuentemente iba hasta un punto que dominaba el Río de las Vueltas, y desde allí tenía la más maravillosa de las visiones. El amanecer sobre el cerro Fitz-Roy constituye un cuadro como para cautivar al exigente artista. Los picos de la montaña se perfilan nítidos en la luz del alba, en contraste con la profunda sombra del bosque a su pie; luego, de repente, los primeros rayos del sol levante parecían jugar sobre la cimas, como luces de San Telmo en los masteleros de un barco. Después era imponente verlos extenderse hacia abajo, hasta revelar en púrpura la totalidad del cono del Fitz-Roy, como si le hubiera tocado la vara dorada del mago; el valle entero se inundaba de luz, y centenares de metros más abajo serpenteaba el Río de las Vueltas, deshaciéndose en cantidad de arroyuelos, como hilos de plata en gigantesco estuche verde. Mi pluma no alcanza a describir su hermosura, por más que haya hecho hace años una pobre tentativa, intitulada Ven a nuestras bellas montañas. A veces me quedaba horas hipnotizado en mi contemplación, mientras los siervos pastaban apaciblemente en mi derredor, y no podía menos de inclinarme reverente meditando sobre la frase: "Gracias, mi Dios; sé que estás aquí, junto a mí"

Andreas Madsen (26)

 

CAPITULO TERCERO

EL VIAJE

Patagonia comienza con un viaje. Todo viaje es una historia que a su vez contiene otras. Viajar es recorrer territorio; se viaja sobre el mismo suelo que otros en otros tiempos lo hicieron.

Lo inmediato y primero en todo andar es el cansancio y es el asombro, el latido al límite de ritmos sensoriales, el encuentro insólito con horizontes ignotos, una experiencia nómade de un cuerpo viandante sobre el cuerpo territorio.

Viaja quien transita un lugar, un espacio. Viajero es todo aquel que no es del lugar que atraviesa.

El tehuelche no era viajero sino nómada, el recorría las necesidades de su propia escasez; tenía sus aikes, los paraderos donde se estacionaba; y ese estar siendo en distintos lugares y de acuerdo a las estaciones será su hogar.

El nómada fue Hijo dilecto de la Tierra Madre, Fue tierra que anda, y en tal sentido el verdadero y único Señor del Aike. Tehuelche, "gente bravía" en la apreciación de los bravos araucanos.

En cambio, para el viajero moderno el territorio que transita le resulta extraño y ajeno, es un extranjero, un extraño cuya única preocupación es cruzar vertiginoso y urbano las largas extensiones patagónicas.

Viaje y escritura. Andar y escribir lo andado. El camino como vivencia y absorción de un mundo desconocido, la participación del cuerpo en las distancias, en la dinámica y en la estática de las cosas. La experiencia errabunda elabora un corpus literario escribiente y lector a la vez.

El lenguaje es una materia que naufraga en la inmanente empiria, la letra consiste en la imposibilidad de describir la intensidad de la experiencia, a su vez, el cuerpo en su lenguaje carnal habla de lo inefable haciendo balbucear la escritura.

La letra de los viajes comienza a inscribirse primariamente en la fisiología del andante. Con y a partir del cuerpo, compondrá sus páginas memoriosas.

En los viajeros escritores, el verbo se corporaliza para resucitar en el lector como verbo encarnado, es decir, en placer del texto, en emoción del relato.

El relato expedicionario habla de un recorrido por el cuerpo del territorio. En el propio cuerpo del viajero, el imaginario se vuelve real, y en el lector, el viaje real transcripto vuélvese todo imaginación, provocando la fusión del deseo con la letra y de la letra con el placer.

El viaje como topos de la literatura y desdoblamiento de la experiencia en cuerpo y letra. Para George Gadamer, lo esencial de la experiencia es que no puede agotarse en lo que se dice de ésta ni con lo que puede captarse de su significado.

La experiencia del viaje es inenarrable, viseral, pertenece al campo de lo emotivo.

La experiencia, y el relato de esa experiencia, son dos realidades distintas que buscan la mezcla sin lograrlo. Son prácticas irreductibles unas de otras.

Partir, iniciar el camino es comenzar la escritura que crece con el propio viaje y que, al regreso, se convierte en literatura memoriosa, testimonio de un peregrinar por el ignoto territorio telúrico y el subjetivo del viajero. Todo viaje es una gestación de obra, y la experiencia resulta la cantera de donde la escritura extrae sus materiales.

El viaje como género narrativo ha sido creador de mitos. Los viajeros -también los nómades- nombran por vez primera aquello que siempre estuvo y que la palabra desoculta, saca de su silencio, del ensimismamiento milenario, y esa toponimia que nace del asombro, marca referencias y establece límites. La mirada primera siempre es des-cubridora, sea del extranjero o sea del niño, el que descubre por vez primera su mundo.

Quien viaja, puesto a narrar atestigua lo extraordinario y sorprendente; espía el lado fantástico de lo habitual. Para el pionero el camino consiste en dejar que el azar y lo imprevisto se imponga con su presencia de danza embriagante, afronta el suspenso de la incertidumbre como un juego, abierto al peligro, oscila en depresiones y euforias, ganándolas, se deja ganar por las distancias.

El viaje será el evento que lo cambia todo; cambiará a quien lo lleve a cabo y a los que reciben noticias del errante. Habrá un antes y un después del viaje pionero.

 

LOS VIAJES

El viaje como experiencia se ramifica en múltiples sentidos, habría así un viaje de aprendizaje y un viaje identitario, un viaje colonial de apropiación y conquista, el viaje del ocio y el metafísico. Una deriva de caminos y discímiles modos del caminar.

Viaje de aprendizaje, camino hacia la fuente de un conocimiento inmediato, in situ de la cosa buscada; es el viaje paradigmático de Félix de Azara, de Alejandro Humboldt, de D´Orbigny, Darwin, o Hans Steffen entre otras avanzadas, que generan el descubrimiento de una realidad y convocan a su emulación.

El viaje identitario como búsqueda de lo que es y de lo que no se es, en el cual la emergencia del Otro puede surgir como amenaza o como obstáculo impenetrable.

El viaje identitario conduce al devenir otro del viajero, aunque también de los nativos que hospedan o acompañan al trashumante; Musters guiado por la gente de Casimiro Biguá.

Hay encuentros y desencuentros, como el ya legendario entre Moreno y Sayhueque, conflictos y armonías, devenires que fusionan identidades y crean nuevas.

El viaje colonial es, de hecho, negación del Otro diferente. Fue el que impulsaron conquistadores, colonizadores, militares y catequistas.

En Patagonia, una variante colonial fue la mezcla de narcisismo y vagabundeo estético de la aristócrata Florence Dixi o del charlatán Chadwic.

El Viaje metafísico no puede ser proyectado ni preparado como se prepara la mochila porque en cualquier recodo del camino el viajero se enfrenta de improviso con su nada. El viaje metafísico es el sendero donde tiene lugar el evento de la nada: la nada de sentido y de cualquier fundamento y que el vacío de la meseta, la abrumadora presencia de la soledad revela al hombre el silencio de sentido que lo rodea y atraviesa. Será toparse con ese espacio de silencios blancos de significados donde abundan todos los significados, esos aike´s sin tiempo; será encontrarse sin más con el infinito, la eternidad a boca de jarro y la percepción de la propia infinitud.

La nada geográfica convoca la nada filosófica y, si se sale indemne de ese vacío podrá retornarse más pleno, más fuerte, más convencido de la inmanencia y relatividad de las cosas.

Más allá de los objetivos de toda empresa, lo que llena de sentido su aventura es la misma errancia, caminar el camino.

El espacio recorrido resulta la matriz generadora de vivencias y percepciones, cuerpo terrenal vivido, gozado, sufrido y deseado por la carnalidad del significante. Mundos entrañables donde el emparejamiento y fusión de lo externo con la internalidad se exteriorizaran en la escritura.

 

...Y LOS VIAJEROS.

Viajeros de todo tipo y condición. Viajeros en todas direcciones cubriendo de nombres las bancos espacios de la terra nulis del mapa patagón. Viajeros que repiten con sus pasos las inéditas sendas recorridas por el Tehuel. Viajeros que dejan su experiencia trashumante en la letra, la que proyectan sombras que confieren relieve a la escritura: son las sombras de aquellos viajeros involuntarios, de quienes, si algo se sabe de su paso, será por boca o letra de otros. De alguno de esos andariegos de pampas y cordilleras tenemos noticias, pero; ¿y qué de aquellos de los que nunca sabremos?. Sombras adivinadas, sueño pesadillezco, personajes dramáticos sin nombre y sin autor. Borrosas epopeyas del anonimato, historias desconocidas que intuímos, sospechamos y necesitamos para construir nuestra propia y austral memoria. Desconocidas historias, tan ciertas y tan reales que han quedado ancladas en el paisaje como una hebra de lana en una mata espinosa.

Hay una larga como penosa lista peregrina; resulta de los primeros patagoniantes, sombras nómades cruzando el tiempo, buscando desgarrar el olvido como punto de destino.

La Historia recuerda algunos nombres. Dígase y téngase por ejemplo:

El capitán Juan Rodríguez Serrano, que naufragara con su tripulación en la nave "Santiago" de la flota descubridora de Magallanes. Primeros nautas terrestres no patagónicos que recorren la costa atlántica de Puerto Santa Cruz a Puerto San Julián.

El misionero Nicolás Mascardi, que a fines del siglo XVI sale de Chile, llega al Nahuel Huapi. Las crónicas cuentan que accede a los lagos Munster y Colhué Huapi, a Puerto Deseado y: ¿llega al Estrecho de Magallanes?

Hilario Tapary, indio guaraní quien, de San Julián, emprende viaje hasta Santa María de los Buenos Ayres en 1753.

En 1883; de la tribu del cacique Orkeke, la hermana mayor de éste, Walampa, es dejada abandonada por las fuerzas del ejército argentino al deportar a toda la tribu tehuelche que será embarcada en el vapor "Villarino". La anciana Walampa con 80 años camino 400 kilómetros de Puerto Deseado a Puerto Santa Cruz.

1937. Guillermo Isidoro Larregui, "el vasco de la carretilla" viaja, de Paso Ibáñez, hoy Comandante Luis Piedra Buena, a la Capital Federal.

Una infinita miríada de pasos recorre en cualquier dirección de la rosa de los vientos la tierra sureña. De los nombrados tenemos noticias, tenemos la letra. ¿Y de los otros?. ¿Quiénes?.

 

AL PIE DE LA LETRA

Dijimos que en el inicio de la Patagonia asomaba el topónimo basado en la letra de la literatura. Pero aquí no termina la historia de nuestra invención ficcional.

En el siglo XVIII habrá una lectura inquieta de una escritura práctica: los lectores serán burócratas iluministas de Carlos III, la letra pertenecerá a la obra del jesuita Tomás Falkner, "Descripción de la Patagonia y de sus partes contiguas de la América del Sur", fechada en 1774 y cuyas sugerencias a los poderes de ocupar estas heredades alarma a tal punto a la corte del rey español que éste decide establecer poblaciones y a su orden se erige en enero de 1778 el Fuerte San José en Península Valdés, a cargo de Juan de la Piedra. Un año después, el fuerte El Carmen bajo la responsabilidad de Francisco de Viedma; y en diciembre de 1780, Floridablanca, en San Julián, por el hermano de aquel, don Antonio de Viedma.

 

El texto de Falkner que pondrá en alerta roja a las autoridades españolas decía:

Si alguna nación intentara poblar este país podría ocasionar un perpetuo sobresalto a los españoles por razón de que aquí se podrían enviar navíos al Sur y destruir en el todos sus puertos antes que tal cosa se supiese en España, ni aún en Buenos Aires...

La alarma está claramente expresada en la Real Orden del 24 de marzo de 1778:

Con el fin de que los ingleses o sus colonos insurgentes no piensen establecerse en la Bahía de San Julián o sobre la misma costa para la pesca de Ballenas en aquellos mares a que se han dedicado con mucho empeño, ha resuelto S.M. que se den órdenes reservadas y bien precisas al Virrey de Buenos Aires y también al Intendente de la Rl. Hazienda, previniéndoles que de común acuerdo y con toda la posible prontitud disponga hacer un formal Establecimiento y Población de dha. Bahía de San Julián(...) (27)

Dos meses después, en las "Instrucciones" del Conde de Floridablanca, aparecen nuevos fantasmas que recorren América, son los de la emancipación de las trece colonias norteamericanas producida en agosto de 1776:

Desesperanzados los Yngleses de recobrar las vastas posesiones que ven subtraídas de su dominio en América Septentrional, con tanto menoscabo de su marina y comercio, y consiguientemente de su extensivo poder, les es ya indispensable pensar en hacer alguna adquisición en América Meridional, la que le sirva al mismo tiempo de empleo y fomento a sus pesquerías, navegación mercantil y fuerzas navales y prometa a la Potencia Británica para lo necesario alguna indemnización de la gran pérdida que ha padecido.(...) Se sabe que han levantado planos y hecho varios reconocimientos, lo que debe excitar nuestra vigilancia y nuestras precauciones (...)

Dos son los parages principales a donde desde luego debemos dirigir nuestro conato para ocuparnos inmediatamente y formar con ellos alguna población: Bahía Sin fondo y Bahía San Julián...y enviar socorros a fin de que no se malogren por la falta de auxilios, ni se repita el lamentable suceso de Puerto de la Hambre poblado por Pedro Sarmiento de Gamboa. (28)

Con esto dejamos plenamente aclarado –lo aclaran los documentos reales- que fue la letra y la lectura de la letra disparadores de hechos prácticos que llevaron a movilizar cuantiosos medios materiales y personales que diera lugar a la creación de las primeras poblaciones blancas en Patagonia.

 

OTRAS LECTURAS

Juan Manuel de Rosas leerá el Informe de 1781 del piloto Basilio Villarino sobre la navegabilidad del Río Negro, y con seguridad la obra del sabio Félix de Azara, "Viajes por la América Meridional"(1808). Sobre ésta y otras informaciones como Informes y Memoriales, extenderá la frontera de la Confederación Argentina hasta Choele Choel. Estamos en 1833 y el naturalista Charles Darwin visita al caudillo bonaerense en el campamento de éste. El hecho no es para nada intrascendente, sea para la ciencia, sea para futuros viajeros científicos.

Francisco Moreno, sigue en la letra y en los pasos a don Antonio de Viedma, al capitán Fitz Roy, a Darwin, al misionero Teófilo Schmid, a Guillermo Cox o al piloto Basilio Villarino pero ajustando lo visto y escrito por estos predecesores y corrigiéndolos de ser necesario; de esta manera, el lago que Viedma en 1782 define como laguna y que descubre para los ojos europeos, es redescubierto por los ojos argentinos del teniente Valentín Freiberg en 1871, y definitivamente agregado al inconcluso mapa patagónico como "lago Argentino" en la denominación del naturalista Francisco Moreno, y llamando "Lago Viedma" a la otra cuenta lacustre hallada más al norte, y en homenaje a aquel, subsanando además el error del español que creyó que el mencionado lago era fuente del río Santa Cruz.

Repetición de lecturas que conforman una cadena de diferencias: Agustín del Castillo lee y corrige a Moyano y a Lista y éste a su vez a Moyano y a Moreno.

Luis Jorge Fontana, primer gobernador del Territorio del Chubut sigue a los galeses, continúa a Moreno y a Musters en una atenta persecución de páginas y horizontes.(30)

A su vez, Francisco Pietrobelli se detiene en Fitz Roy:

Pensé que el único remedio era una salida más directa al mar, salida que estimaba podría hallar en Rada Tilly, geográficamente más cercana y en condiciones favorables para el fondeo de pequeños vapores, dato que había conocido leyendo el libro "Derrotero", del famoso capitán Fitz Roy. (30)

(Sabido es que el famoso capitán del Beagle era admirador y estudioso del excepcional piloto Pedro Sarmiento de Gamboa).

Una interminable cadena de interpretaciones y persecuciones, lecturas apasionadas de textos previamente redactados por los pies y el asombro.

Letras pata-agónicas, ahora sí de etimología pedestre. Letras provenientes del cansancio y del frío, del hambre, los pozos de soledad, de las penurias del camino. Escritos como botellas al mar. Flechas lanzadas al tiempo, a probables y anónimos lectores. Las huellas de esos escritos y esas lecturas es lo que hoy denominamos PATAGONIA.

 

CAPITULO CUARTO

ESCRIBIR Y SEDUCIR

LA NOVELA DE UN PAíS

Hacia la segunda mitad del siglo positivista, la escritura con temática patagona adquiere otro tono, no muy distinto a la precedente si bien más pragmática y perentoria, como quitándose el lastre colonial, como si quisiera ponerse al ritmo del tiempo histórico que la modernidad acelera sin esperar. Pareciera que la velada advertencia de Falkner –de ocupar el sur baldío- volviérase a tener en consideración dada su actualidad en el proyecto nacional.

Los integrantes de la llamada "generación del ochenta" se expresarán en un lenguaje optimista con perspectivas de futuro, empeñados por ensanchar los horizontes territoriales, y darle un formato definitivo al estado nacional. (31)

Lo efectuado por tal generación fue un acto de tensión vital tan grande que desbordó toda praxis y toda imaginación geopolítica de los argentinos educados para un país miniatura, portuario, de pampa húmeda.

Moreno, Moyano, Fontana, Lista, Olascoaga, Castillo, Ameghino, Onelli entre otros, cubrirán con actos posesorios las vacías paginas de las cartas geográficas, aventarán el impenetrable silencio de los vastísimos espacios con relatos de sus propias o ajenas andanzas donde abundan empeños, incertidumbres, éxtasis, peligros, audacia y coraje de precursores.

Textos que brotando de suelos recorridos, circularán de la imagen a la mano que escribe para descifrar en la escritura aquello marcado por el camino; insólitas y hondas vivencias, sensaciones fuertes, inolvidables, intensidades hipnóticas de cielos implacables donde un paisaje estalla.

Escritura corporal de pioneros donde se trasluce la admiración y la singularidad vivida, en sus tiempos gramaticales, en la tensión que el relato crea y donde no faltarán protagonistas principales y secundarios; escritos borroneados sobre un escenario severo e inconmovible. Será la novela del poder en expansión, escrita y protagonizada por generaciones de héroes y antihéroes, fideles y traidores, criollos, gringos, onas, tehuelches y mapuches, un escrito polifónico de autor sin nombre.

Pero el relato escrito sólo puede ser individual, la literatura es un trabajo y un placer solitario. Novela autobiográfica aunque trate la etnología, la geografía o la historia, escritura donde lo público y lo privado se confunden se complementan o arriban a la contradicción.

Visualizada desde lo literario, la Historia patagónica adquiere otro sentido y otro interés. En última instancia, toda historia no es sino una selección de acontecimientos y de nombres que personifican esos acontecimientos. La Historia la hicieron personajes pirandelianos en busca de autor, pero al escribirla quien anduvo, imprimirá en ella su historial personal; seres individuales narrando en la letra de sus cuerpos el texto dictado por el poder estatal.

 

EL PLACER DEL TEXTO

El proceso cronológico y circular de la formación del imaginario patagónico sería el siguiente: experiencia-escritura-lectura. A este primer momento le sigue un movimiento reverso de: lectura-experiencia-escritura.

El viaje (circular) se cierra con la experiencia de la lectura que los lectores tenemos de quienes hicieron efectivo el viaje invitándonos a repetir la experiencia.

Hay lectura germinales, creadoras, lectores mejor dotados que los escritores leídos. Lectores quijotescos que toman por ciertas las primigenias narraciones del país austral.

Lecturas grávidas e inquietas: Musters declara haber leído "con delicia" la obra de Darwin y de igual forma la narración del capitán Fitz Roy; textos de compatriotas que según confesión lo impulsaron a llevar a cabo sus ansias de recorrer este Sur.

Sabemos que lectura y vida son cara y ceca de la existencia. En estos raros lectores, lo leído requiere, busca, necesita ser vivido. Esas emociones que el placer de la lectura provoca, exigen ser repetidas, ser otra vez sensiblemente incorporadas, volverse nuevamente cuerpo, latido, imágenes, una suerte de "amor fati" nietzcheano; son lecturas desencadenantes del Deseo.

Los exploradores del siglo XIX no leerán a Falkner, a Darwin, a Villarino por el simple placer erudito, serán en cambio lectores excesivos, abstraídos y atraídos por la acción. Sus lecturas confirman un estado de espíritu aventurero de curiosidad científica en un trasfondo romántico. Con tales lecturas construirán mapas, cartas orientadoras, derroteros para no naufragar –como tantos ignaros-en el desierto.

Ya en el viaje estos peregrinos lectores harán a su vez una impensada doble lectura en la que les va su suerte: leerán la referencia bibliográfica e interpretarán –la otra lectura- en el terreno. Producirán así correcciones o confirmaciones, variaciones sobre el terreno-cuerpo del país. (Moreno siguiendo la ruta marcada por Viedma y Fitz Roy al remontar el río Santa Cruz).

Sin embargo, de poco valdrían tales guías sin el apoyo irremplazable de los habitantes autóctonos, de los tehuelches amigos. Sin ellos, Musters no hubiera podido efectuar su increíble itinerario longitudinal; tampoco Moreno hubiera accedido a los ocultos y maravillosos lugares, ni los peregrinos del"Mimosa" echar raíces en el Chubut.

Lecturas cartográficas, lecturas salvavidas. Cartografías de la aventura individual y discursos del poder estatal.

 

LA SEDUCCIÓN DE LA LETRA

Escrito bajo el silencio mineral que enmarca y aísla el murmullo de las cosas y de los seres que acompañaron ese momento, quienes como mudos testigos quedarán grabados en los signos que intentan captar esos instantes. Escrito en la libreta de apuntes y ahora leído y escuchado por aquellos inocentes por vivir en adánica ignorancia de la letra, ignorantes del fenómeno cultural letrado, de ese universo denominado libro, escritura, lectura, magia hinóptica que trae el huinka.

Francisco Moreno lee a los tehuelches que acompañaron a Musters párrafos de "At home with the Patagonians" (posiblemente lo habrá hecho en inglés, idioma que entendían) donde ellos, analfabetos oyentes de un lector que les lee aquello que efectivamente hicieron en el pasado.

Del libro surge esa nueva recreación de la vida vivida, esa correspondencia llamada verdad. En ese descifrar de caracteres se hace presente y actualiza el pasado convivido y que ahora, el "Tapayo"(así nombrarán familiarmente los indios al Perito) vuelve a hacer presente y actual.

Los oyentes, libres aún, han sido ya capturados por la literatura, ahora son signos, letras, fantasmas que emergen al abrirse la caja que dicen "libro". También ellos están cazados, enredados en esos juegos de magia . Convertidos en historia escrita, se los ha capturado y disecado, han dejado de ser la letra del mundo para pertenecer al mundo de la letra, han sido transferidos a una cultura que calcula, clasifica, fija y separa, Ellos, que son parte inescindible del mundo.

Siendo todavía, ya son leyenda, pasado, sólo posible de ser convocado por la magia de lo escrito. Sus vidas han quedado suspendidas en esa páginas. Aún no los capturó la fotografía (no tardará mucho), pero ya están congelados, cristalizados en la narración.

Ellos tal vez intuyan que en esos signos que hipnotiza estará, paradojas de la historia, su olvido sangriento, la resurrección y el retorno.

Los blancos les harán conocer el espejo donde se verán reflejados, pero "el moreno" les acerca otro espejo hecho de palabras que refleja aquello que no está, lo real invisible, una nueva memoria, un eco absurdo surgiendo de la nada, una suerte de recuerdo prefabricado y convocado a voluntad.

Para los guenena kuna que atentos escuchan el relato de Musters por boca del Perito, la realidad se ha vuelto ficción, sólo que, ahora, para nosotros, la ficción son ellos y la realidad es Moreno leyendo; pero también somos nosotros leyendo a Moreno que lee a Musters a los guenena kuna.

Nada más plácido, relativamente, que la sonrisa de la buena india cuando le muestro las ilustraciones del libro de Musters y le refiero lo que dice de sus amigos los tehuelches. La muerte del valiente Castro, en las alturas del río Chico, las penalidades del invierno, la caza de toros salvajes y tantos otros cuadros de la vida nómada en esas regiones trazados por la pluma del explorador inglés aunque abreviados por mi, son fielmente reducidas por María a sus compañeros que no comprenden el español. Ella ha conocido a Musters y lo recuerda perfectamente; me dice: "Musters mucho frío tenía; muy bueno pobre Musters".

Las penalidades que este valiente marino sufrió, y que aumentan el valor de su excelente relato del viaje, fueron más tarde materia de largas conversaciones. (32)

 

EN LA DERIVA DE LA LECTURA

El novel lector, y me refiero a aquel que primerizo se acerca a un libro de viajes ignorante del país que el autor recorre, de la dirección de sus ríos, de los parajes con sus relieves, los quiebres, cimas, y cuevas, escarpas y sendas, amplitudes pampas y valles estrechos, país con su bicherío, su clima, y la toponimia que nombra las cosas de ese mundo ignorado. Ese lector se internará en una narración de ficción aunque lo que lea se designe de científico. Sabrá tal vez, como el autor,

a dónde va, pero, igual a aquel, será absorbido por la incertidumbre y el desconcierto ya que para este lector, los nombres, su grafía y su fonética resultan no ya familiares sino literalmente incomprensibles.

Confirmando lo que decimos, podríamos citar al respecto algunos nombres de la topografía que anota Muste