27
Durante
los últimos quince días de octubre he esperado un relámpago
(como Teresita espera en la oscuridad un espasmo), del mismo
modo que se espera a un familiar que viene por la herencia.
Ayer
tuve uno que quiso más de mí. Un relámpago blanco con un filamento
similar a una extensión líquida de oro. Giorgone habría sabido qué
hacer con él, yo quedé indefenso, dudando de la posibilidad del
arte.
29
Sólo lo
que vemos anuncia el esplendor. La luz es más poderosa que la
fatiga y el terror. Esperad con júbilo la rágafa y el destello del
cielo. Son ellos el pulso que animará vuestra alma. ¡Confiad en el
relámpago!
73
El
feroz rigor de una estampida salvaje vuelve hacia ti el velamen
de tu propio cuerpo.
El
paisaje inflama tanto el aire que la vista ya no resiste y
el horizonte enceguece de fuego.
77
El
fuego conversa con las aguas más pobres. Una llama es un desvío.
85
Las
figuras son arrastradas sin piedad. No hay formas que soporten tal
acometida.
¿Hacia
dónde? ¿Hacia dónde?
86
Nadie
viene por ti y procuro acompañarte. Mi vista persigue tu ira desde
la tela.
¡Arranca
también su color! ¡Vence a mi paletas!
91
Vuelva
mi alma y tu salvaje danza no repara en ello.
¿No
tienes ojos, acaso? Tifón: ¡tu puerto no pertenece a nadie!
97
¿Por qué
teméis, transeúntes?
¿Por qué
escapáis del horizonte enceguecido?
100
Mis ojos
no ven claramente. La bruma se pose en este puerto y no zarpa.
Llevo horas de tinieblas y soledad. La distancia no me ofrece nada.
La luz no me pertenece.
101
Acaso el
ojo sea lo que enciende el universo.
¿Hacia
dónde? ¿Hacia dónde?
105
El
encanto del cielo y la luz de las estrellas apartan el mundo
desolado.
La
noche tiene los colores del mar. Navego en silencio.
CXLL
La
luna permanente y el agua discontinua. Así hay que comenzar
cualquier biografía. Ayer viajé en una pequeña embarcación.
La
salida fue con tormenta. Entrados en el mar, fuimos visitados
por un prisma de colores de una cúpula octogonal. Tomé unos
apuntes en estado de bruma.
Las
hojas del cuaderno se mojaban y la tinta se diluía por efecto
de la humedad, como si alguna fuerza propia se encargara de
hacer desaparecer los bocetos y las palabras: comulgar.
CXVI
Deterioro
del cuerpo: perdida progresivas de la vista, dolor en uno de
los pies, dificultad para mantener el tronco erguido,
inadecuado comportamiento donde haya más de tres personas,
baja tolerancia a los condimentos, irritación de la cadena
sanguínea, palpitaciones, erupciones exquisitas en la frente,
en los talones y en los dedos de los pies, problemas
digestivos, insomnio. A cada uno de restos desencantos le he
atribuido un color.
CXVIII
Una
mujer rubia refleja con estridencia el amarillo, que es el
color de la distancia y de la jaqueca. La migraña se asemeja
demasiado al cabello de la dama que acaba de sentarse a la
mesa contigua que ocupo en el café Florian, que ocupo desde
hace mucho. Me alejo sin quererlo.
CXX
El
dolor en uno de mis pies (el izquierdo), por ejemplo, tiene
atribuciones del verde, pero en un registro bajo, muy bajo,
como el grosero verdín, ya pasado, que se encarama en las
grietas. Trabajo sobre ese color intensamente durante semanas
buscando exorcivamente variarlo en su composición, no hacia
el ocre (que bien está como trastorno digestivo) sino hacia
la primera gracia que muestra el rosa opaco.
CXXII
Leí una vez en Finomeno que había una correspondencia entre
la enfermedad y color. He seguido estas tendencias modernas,
no tanto por arrimar mi intuición al arte de la medicina,
sino como una continuación de mi oficio. Nos curamos con los
que enfermamos.
129
Los
colores están detrás de otros colores. Tras ellos, los
colores verdaderos toman distancias. Todo brilla detrás de
otra imagen que no alcanzamos a ver jamás.
131
El
desenlace del cielo, cada una de las estrellas en el día de
su boda, las cintas cayendo, ¡la cabeza de un cerdo sobre la
platería! ¡Con sus huesos cocidos de más, olorosos, oh, el
gran hocico de la noche!
Nuestro
es el mundo, hay otro vida detrás de los colores.
132
Los
maestros holandeses me han dado una pequeña idea: cerrar los
ojos.
137
El
peso de la luz sobre los objetos contiene al mundo. Se trata
de un poderoso faro alejado de todas las costas a las que
arribamos.
154
Los
elementos viajan en sí mismos. Voy tras ellos. No hay quietud
posible. Los reflejos pertenecen a una categoría inanimada.
No permitiré que me distraigan en este amanecer.
CLXX
En
un tabique de mi recama han anidado unos minúsculos insectos
de cabeza grisácea. En un principio pensé que se trataba de
ciertas hormigas que ya había visto en los interiores de la
Dogana. Limpié con brea la zona, instalé nuevamente la
madera sobre el hueco. De noche, el ruido producido por sus
desplazamientos me ha resultado conmovedor. Se advierte que
arrastran elementos de un lado a otro, como si el propósito
fuera refundar ciudades o llevar de aquí para allá una
magnitud de materia deplorable. El depósito de esas
construcciones deja un polvillo cetrino por encima de los
zócalos.
Cuando
en 1840 pinté la Vista de la Dogana: San Giorgio Maggiore,
utilice el polvillo como material de la acuarela; la textura
más clara se evidencia en la cúpula del campanario.
CLXXI
Ayer fui a la barbería que está cercana al Ponte delle Tette
camino a la iglesia de San Cassiano. El babero es un hombre
con una enorme nariz enfermiza (los veintiséis bocetos serán
clasificados y rotulados como "estudios sobre una
rinofima"). Hubiera querido tratar esa protuberancia de
cerca, si fuera posible con lentes de fuerte aumento. En el
descanso, sobre el pequeño hueco que antecede a la curva
exponente de pulpa carnosa, un extraordinario ramillete de
pequeñas venas violáceas sobresalía; un espectáculo que la
propia enfermedad brindada como testimonio de su estrago. La
belleza de ese racimo era atroz y conmovedora. Había visto
algo semejante en los hongos que proliferan en los maderos del
muelle; y así como en aquella oportunidad volví con una
espátula a los muelles para llevarme el acontecimiento a mi
taller, habría querido esta vez arrancarle al barbero ese
tesoro de su nariz para llevármelo y tratarlo, hasta obtener
la aprobación de Reynolds.
225
No
les daré lo que esperan de mí. Destruyan mis dibujos.
Arrojen al mar mis apuntes.
Olviden
mis pinturas. Partiré hacia donde no me esperen. Viajaré
sujeto a la misma tempestad que azota mi alma. Nada detendrá
mi anhelo de respirar el aliento de Dios (1).
291
De
haber sido un dios, no habría perpetuado la imagen; la imagen
ha destronado la posibilidad de lo semejante. El pensamiento
que busca la imagen es rastrero, aquel que busca lo semejante
es lo divino.
292
Imagino
el misterio de Dios como una aguja (o como un pequeño pincel
en mis manos).
297
Mi
madre me despertaba a primera hora del día con un pedazo de
luz; Dios estaba en sus rodillas sin hacer ruido: Mi casa era
silenciosa. (*)
(1)
Posible alusión al famoso viaje atado al mástil de un barco
durante un tempestad protagonizado por Turner.

El
palacio ducal de Venecia, una de las obras realizadas por
Turner en la ciudad de los canales.
(*)
Fuente: W. Turner,
"El cuaderno rescatado", recopilación de fragmentos
en Javier Cófreces-Alberto Muñoz, Venecia negra,
Buenos Aires, ediciones en Danza, pp. 183-190.