EL
CUERVO DE EDGAR ALLAN POE
Por Ramón Gómez
de la Serna
El
primer poema de la época moderna es "El cuervo"
que queda fijo e inmortal en el árbol genealógico,
en el alto ciprés que le perpetúa en lo imperecedero.
Vive
el poeta en esa época bajo el signo del aguafuerte
y por eso graba Poe en su noche de mayor inspiración
la figura del pajarraco que es más negro que la negrura.
El
americano pálido y con sus ojeras típicas de
americano- ojeras de ser epilogal y contemplador de problemas,
que tiene nada menos que ser el ente nuevo- se ha dedicado
a usar su derecho al horror. Ha escrito muchas cosas en que
impera el miedo que no puede ser imitado, pues un protón
mas o menos y ya no es miedo ni oro sino falacia.
Dedicado
al terror y el misterio- que no es la intriga policíaca
o cinematográfica de sus imitadores-, siente el goce
osado y férvido de ver levantarse ante él el
hecho trágico -la muerte, el suceso. Ve en lo trágico
la muerte, el suceso, lo que verá el lector-, que es
lo que exalta y supera la realidad.
"Un
día -escribió Rémy de Gourmont-, leyendo
el "Prometeo encadenado", tuve la sensación
de un cuento de Poe, "La caída de la casa Usher".
Ningún poeta desde los griegos ha tenido como Poe el
sentimiento de la fatalidad, de la necesidad trágica".
Angel
Mosso en su obra "La Paura" dice que "nadie
como él ha sabido describir más minuciosamente
el miedo, analizar y hacer sentir con más intensidad
el dolor de las emociones que atontan, las palpitaciones que
hacen estallar el corazón, que destrozan el alma, el
afán sofocante de la angustiosa agonía del que
espera la muerte".
Por
ese estado de su alma es por el que todas sus heroínas
-descubrimiento mío- llevan debajo de la camisa su
sudario con borde de encaje que hace más encantadoras
sus piernas de alabastro; Poe estaba propicio a ver y oír
el cuervo y su palabra.
La
cosa sucede una noche de 1843 mientras estaba en su mecedora
mirando el hogar de la chimenea en el que no quedaban mas
que rescoldos de poemas.
En la vida hay que saber y poder dar el grito. ¡Pobre del
que muere sin dar el grito!: Poe lo da dos veces, cuando grita
¡Never more! y cuando grita ¡Eureka!
La
habitación está llena de papeles como si en
una votación privada el poeta se hubiese elegido a
sí mismo.
Suele
gritar por las mañanas:
-¡No
tiréis mis poemas de ayer para que yo crea que son
los del mañana!
En
ese noche de frío, tal vez nevaba, cuando se hace el
balance del año pasado y se apoquina con el augurio del año
nuevo, Poe ve el célebre cuervo, el que desde ese momento
va a ser el más célebre de todo el semanario
de los cuervos.
Los cultores de la noche conocemos la presencia de este huésped
de pico amarillo. Si no con la minuciosidad que se le presentó
a Poe, es una veces el reloj, otras el remate de la biblioteca,
otras un sombrero olvidado sobre un mueble.
Algo
se metamorfosea en cuervo algunas noches y el gran poeta no
hizo más que retenerlo y hacerlo hablar. Su milagro.
En
la granja fría había anidado el cuervo, y como
tenía las maderas pintadas de blanco se le veía
acurrucado en sus aleros.
Poe
andaba vestido de confianza por su cabaña y la enferma lucía
su pálida belleza en la habitación en que estaba
aislada del mundo.
La
desgracia que vivían dentro de su felicidad le grababa
aguafuertes en el alma, y él sabía que en el
largo futuro de aquella tragedia compartida saldrían fantasías
salvadas, protagonistas transformables, salas de silencio
admirables.
Primero
guardó su secreto y no dijo a Virginia nada de la llegada
del cuervo, en el que presentía la alegoría
poemática máxima ¡pero lo que le había
costado que penetrase en su despacho, atraído por el
olor blanco a bellísimo cadáver futuro!
Allí
estaba encerrado durante aquellos días de frío
y de incertidumbre en que se fraguó el poema, quieto
y prolongando la vista, sin cansarse en denegar la felicidad
al que la tenía ya tan sentenciada.
Cuando
él, algún día, explicara la génesis
de su magnífico poema ya tratará de disculparse,
de hablar de matemáticas poéticas, todo para
encubrir el ensañamiento del poeta que abusa de sus dolores
más íntimos, que deja que el cuervo se abreve
en la tumefacción del corazón, que lo retiene día
tras día dando de comer de su desesperanza.
El
cuervo estuvo muchos días encerrado en el despacho
de Poe, bebiendo de su tinta, dándole plumas que tajar
para que la letra fuese superevidente.
No
fue un poema fácil sino encarnizado, con mordeduras
en los dedos del escritor, más duro cuando se encerraba
a continuarlo después de haber visto la demacración
creciente de Virginia y llevarse a la boca su pañuelo de Verónica.
Borró
indudablemente estrofas vagas, de dolor vulgar, y las sustituyó
por otras de mayor desconsuelo, un desconsuelo que no fuese
retórico sino grave, mate, elegante al estrellarse
contra la idéntica respuesta.
Era
necesario amañar su dolor para el hallazgo macabro del cuervo
atraído por el perfume blanco de ella fuese más
eficaz.
Él
oye al cuervo no sólo frente a los estrofas que escribe
y que en medio de todo son una concesión sino entre
dos cosas embozadas que se le han presentado muchas veces
y se le presentaría siempre si viviese una vida sin
fin.
Lo
que él quiere es dar el secreto de la cabeza viva metiéndose
en la muerte esperada, pero ante esa pretensión el
cuervo le lanza su "¡Jamás!" tenebroso.
Él
quiere revelar como la belleza quiere alargar el amor, envolverse
en él como la serpiente se enreda a la serpiente, pero
el cuervo vuelve a graznar su "Jamás" burlón
con una burla de luto.
El
único animal que se burla y se eleva sobre el hombre
es el pájaro.
Poe
pensó en el vampiro mudo, en los grandes murciélagos
que chillan como monos, en el mirlo negro que también
parla, pero que es por naturaleza frívolo, en el cuco
burlón- y tan cuco como aprovecha del nido ajeno para
empollar-y desde luego aparta de su mente al loro, al que
habría que teñir de negro para darle misterio.
Sólo
el cuervo tenía dignidad para encararse con el hombre,
repitiendo una sola palabra, porque es lacónico, como
él solo.
El
cuervo de pico rojo amarillento y en el que sólo resalta
el blanco de los ojos quedó como disecado frente a
él como el doctor del diagnóstico final de la
desahuciada.
Con
esa sinceridad subconciente del poeta se acogió Poe
al único animal que si es el preconizador de la Verduga
también es el último amigo del hombre, pues
cuando ya es pura carroña y todos le han abandonado
sólo él le encuentra exquisito.
Siempre vestido de entierro es, además, el pájaro
que el día de la resurrección vomitará
sus cadáveres.
En
su torre de silencio apareció la silueta del cuervo
que no mata sino espera.
(...)
En años anteriores, otro poeta de éxito universal en
vida, Enrique Heine, había escrito en su cancionero
un poema en que aparecía el cuervo cuya representación
onomatopéyica en alemán era otro "Nevermore",
un: "Kopf-ab!, Kopf-ab!", también con un
extraño significado pesimista de "¡Fuera la cabeza!"
o cosa por el estilo, es decir, una frase verduga para el
alma y la esperanza.
No
he visto nunca hacer alusión comparativa a esta hermandad
de los cuervos de esos dos grandes poetas que son Poe y Heine,
aunque la crítica ha señalado concomitancia con otros
poetas menores de su tiempo.
¿Leyó
Poe la canción con estribillo de Heine en alguna revista
de la época? Probablemente no supo de ella nada y se
trate sólo de una coincidencia de grandes almas temerosas
del destino, pero merece el hallazgo una aclaración.
Los
poetas de almas profundas y afines cuando están sobre
la tumba son rápidas en captar la superación.
Les basta el signo de la sombra de un ala que pasó.
El
poema de Enrique Heine repite de esta manera el estribillo:
Para
distraer las penas
De mi
infortunado amor,
A
cazar, fusil en mano
Salí
al bosque una ocasión;
Y
el ave de mal agüero
Lúgubremente
gritó:
Kopf-ab!,
Kopf-ab!
Dejo
en su lengua original el estribillo como se podría
dejar en el poema de Poe Nevermore!, ya que según cuenta
el mismo Poe eligió esa palabra y no la quiso abandonar
más que por su significado por el poder de sus erres
y por la largadura honda de su o.
En
el poema de Heine hay también esa recámara trágica
y ese incognital dramatismo, del posterior poema de Poe, pues
ve en el bosque a su novia en brazos de otro amador y dispara
sobre él, que cae bañado en sangre:
Poco
después -del verdugo
El
cortejo aterrador
Conmigo
al frente cruzaba
El bosque
-¡paso veloz!
Y el
ave de mal agüero
Desde
la selva graznó:
¡Kopf
-ab, Kopf-ab!
Algunos
traductores al castellano de este poema de Heine agravaron
su estribillo y tradujeron "'Degollación, degollación",
llegando uno de ellos a cambiar el cuervo por otro pájaro,
por el "¡Ya se acabó!", que según
los naturalistas tiene un canto triste con cierto dejo humano
que le hace lanzar en la noche del bosque ese "¡Ya se
acabó!" que le da nombre.
El
caso es que en la onomatopeya del graznido el significado
es lo de menos-pues a los más es aproximativo- y el
segundo poeta puede ya haber mejorado el significado escapándose
a la onomatopeya, siendo esta quizá la genialidad indiscutible
de Poe, que además sin dudas de ninguna especie vio
al cuervo no en su rama del bosque sino en su despacho y sobre
el busto de Palas Atenea.
(...)
El cuervo se queda revoloteando por el mundo y en la lejana
Inglaterra la gran poetisa que después había de ser
la señora Browing y que entonces sólo era la señorita
Barret, que está imposibilitada en un canapé
forrado de raso azul, le escribe:
"El
cuervo ha producido en Inglaterra un paroxismo de horror.
Algunos de mis amigos lo admiran por miedo y otros por la
música que hay en su poema. Oigo hablar de personas
perseguidas por el "Nunca más", y un conocido
mío que tienen la desgracia de poseer un busto de Palas
no puede ya soportarlo cuando llega el atardecer".
Los
misterios de un poema son como los misterios de una estrella,
pero los editores, como hemos dicho, tientan a Poe para que
de explicaciones sobre su composición, y el pobre Poe,
que está lleno de miseria y que teme que se le escape
el éxito, da explicaciones para el público de
pionners, para los ingenieros, para los calculadores,
suponiendo que su poema despeinado y terrorista, fue escrito
con matemática y cálculo.
Hasta
revela que primero pensó que su interlocutor fuese
el loro, puesto que es el animal que habla, pero eso le pareció
grotesco.
Cuando
pasó el momento de la anécdota desgarrada de
la que nace el poema, y frente a los que le reprochan por
sentimental, quiere mistificar su arte y hacerlo superintelectual,
sin pensar que la biografía le perseguirá con
sus datos sangrantes.
Quiere
que se crea en una premeditación estética, pero
como todo trastorno del espíritu trae barbaridades
inversionadas, él invirtió los términos
de la verdad.
No
se puede discutir sobre el motivo del poema. Es ganas de jugar
al ajedrez estúpido de la hipocresía.
Diga
él lo que quiera cuando pasa el luto y no debe a los
demás la explicación íntima.
Ese
cuervo no se hubiera presentado nunca si Virginia no hubiera
tenido la tisis galopante- como raptada sobre el caballo galopador
del caballero de la Muerte- y su atroz desconsuelo no hubiera
vencido al sonsonete de la retórica y la poética.
"Nevermore"
quiere decir que si hay uno de esos cortes fatales de la vida
que son los desahucios de muerte, no se repetirá nunca
la felicidad habida.
"Nunca
más volverá a estar sana tu amada", fue
la frase que sublimizó el Cuervo.
Mallarmé,
que, como Baudelaire, sólo creyó en la "inspiración",
se pregunta ante las falaces explicaciones de Poe: "¿Nos
habrá inducido a error el poeta norteamericano?",
y se contesta a sí mismo: "No. Lo pensado, pensado
queda; y una idea prodigiosa se escapa de las páginas
que, escritas con posteridad (y sin fundamentos anecdóticos,
eso es todo) no por ello dejan de ser congeniales de Poe,
sinceras. Esto es que todo acaso debe ser proscrito de la
obra moderna, sin que pueda sino fingírsele en ella,;
y que el aletazo eterno no excluye que la mirada lúcida
escrute el espacio devorado por su vuelo".
La
explicación que Poe da del Cuervo es buena solo para
los neófitos.
-Quiso
envolver en su secreto mayor lo que ya era un secreto desgarrador
y a voces.
Quiso
dotar de fría imaginación a su poema para imponerse
a lo que a su alrededor querían que todo tuviese fría
máquina y patente de invención. "Así
me respetarán más", se dijo, y creó
la falsa fórmula ingenieril del poema más sincero
del mundo porque fue el estado agudo de su corazón
desengañado al ver a su amada tuberculosa.
Pero
cerremos la discusión. El viudo no quería ser
un humano desgraciado, un poeta de la bohemia y del dolor.
No le parece elegante para el provenir. No quiere estar manchado
de esa sangre ni siquiera es del crimen.
Pero
el resumen más macabro es que el autor recibió
por este poema que había de triunfar en el mundo entero,
cinco dólares y una copia de él debida al mismo
Poe que la hizo para regalarla a su amigo Samuel Whitaker,
y que puede considerarse como el original, por haberse destruido
el que sirvió en la imprenta del "Evening mirror"
y que ha sido adquirida recientemente para el British Museum
en la suma aproximada de cien mil dólares.
Se
declara enemigo mortal de la teoría de la inspiración
y de la intuición estética del creador y así
parece reaccionar contra los románticos que no aseguran
el "proceso lógico" que él, tan fatalista
y delirante, defendía ahora.
Baudelaire
aclara el acto inesperado de Poe, diciendo que esas declaraciones
suyas eran la charlatanería a que a veces tiene derecho
el poeta, y añade en concepto más aclaratorio lo siguiente:
"La
Poética -nos enseñaron siempre- fue construida y modelada
en vista de los poemas. He aquí un poeta que pretende
que su poema ha sido compuesto según su poética.
Tenía, a la verdad, un genio altísimo, y más
inspiración que nadie, si se entiende por inspiración
la energía, el entusiasmo intelectual, y la facultad
de mantener sus facultades siempre despiertas. Pero amaba
también la labor pertinaz más que otro alguno;
repetía con frecuencia -él, un original cumplido-
que la originalidad es materia de aprendizaje, lo cual no
quiere decir que sea cosa transmisible por medio de la enseñanza.
El azar y lo incomprensible eran sus dos grandes enemigos.
¿Quiso presentársenos, por una jactancia singular y
pintoresca como muchos menos inspirado de lo que era en realidad?
¿Disminuyó la aptitud gratuita de que era dueño, para
atribuir a la voluntad el papel más brillante? Me inclinaría
a creerlo; pero no hay que olvidar que el genio suyo, por
ardiente y ágil que fuera, atesoraba íntima
pasión por el análisis, por las combinaciones
y cálculos. Uno de sus axiomas favoritos era, además,
el siguiente: "Todo, en una poesía como en una
novela, en un soneto como en un cuento breve, ha de cooperar
al desenlace. Un buen autor tiene ya en vista su última
frase, mientras escribe la primera". Gracias a ese método
admirable, el escritor puede comenzar su obra por el fin y
trabajar cuando se le ocurra en cualquiera de sus partes.
Los fanáticos del delirio se rebelarán sin duda
ante estas máximas cínicas; pero a cada cual
le será dado tomar de ellas lo que bien le parezca.
Siempre resultará útil mostrar cuánto
beneficio puede, de la deliberación, conseguir el arte;
y hacer notar a la gente mundana cuán intensa labor
requiere este objeto de lujo que llamamos Poesía".
La
verdad sobre esta glosa es que en Poe logró, como él
dijo en horas de menos coacción "una poesía
escrita por la poesía misma".
Pero
sobre esos puros engaños del poeta -que se ha enterado de
su poesía cuando se la han devuelto impresa- se espejea
el agua manantial de la verdad. Poe, vestido de negro, con
el rostro de actor poeta y de suicida lento, se levanta en
las reuniones a petición de todos, recita su poema
maravilloso.