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DAN-AUTA
Por José Ortega y
Gasset
 Ortega
y Gasset
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Dan-Auta
Obras
de Ortega y Gasset
Ortega
y Gasset es el célebre pensador español de La rebelión
de las masas y el creador de La revista de Occidente.
Gran conocer de Heidegger, su pensamiento fue llamado ratiovitalismo;
constituyó un intento de situar a la razón en el torrente
de la existencia humana y el horizonte histórico. Pero,
en este caso, no perseguimos los fuegos pensantes del intelectual
hispano sino una poco conocida faceta de su obra: su cuento
Dan- Auta, en el volumen II de sus obras completas (Obras
completas. XII vols., Madrid: Revista de Occidente), indicado
como "Cuento negro" y escrito en 1922. Aquí, un
niño niega su aparente fragilidad e inmadurez para alcanzar
la inesperada condición de héroe vencedor del un monstruo.
E.
I
DAN-AUTA
Por José Ortega y
Gasset
Una vez, hace mucho tiempo, en un tiempo que está en la espalda del
tiempo, se casó un hombre con una mujer. Solos se fueron al bosque,
cultivaron la tierra y se hicieron cuanto necesitaban. Tuvieron una
hija que llamaron Sarra. Pasaron soles y soles, y cuando Sarra era
ya moza, tuvieron otro hijo, tan pequeño, que le llamaron Da-Auta.
Poco después el padre enfermó. "Me muero" -se dijo el
padre, y llamó a Sarra-; "Me muero" -le dijo el padre-.
"Dan- Auta queda junto a ti. No le abandones y, sobre todo,
cuida de que Dan-Auta no llore nunca". El padre dijo esto y se
murió.
Poco después la madre enfermó. "Me muero" -se
dijo la madre, y llamó a Sarra-: "Me muero" --dijo a
Sarra la madre-. "Dan-Auta queda junto a ti. No le abandones y,
sobre todo, cuida de que Dan-Auta no llore jamás". La madre
dijo esto y se murió.
Permancieron solos en el bosque Sarra y Dan-Auta. Pero les quedaba
un hórreo lleno de harina del árbol del pan, y un hórreo lleno de
habichuelas, y un hórreo lleno de sargo. Sarra dijo: "Con esto
tendremos bastante para alimentarnos hasta que Dan-Auta sea hombre y
pueda cultivar la tierra".
Sarra se puso a moler maíz para hacer comida. Cuando
tuvo la harina delgada, la puso en una calabaza y la llevó a la
choza para cocerla. Luego salió a buscar leña, dejando solo a Dan-Auta
que, menudillo, se arrastraba por el suelo y apenas podía tenerse
sobre los pies. Dan-Auta se aburría, y acercándose a la calabaza,
la volcó; luego tomó ceniza del hogar y la mezcló con el maíz.
Cuando Sarra volvió, al ver lo que Dan-Auta había hecho, exclamó:
"¡Ay, Dan-Auta mío! ¿Qué has hecho? ¿Has tirado la harina
que íbamos a comer? Dan-Auta comenzó a sollozar. Pero Sarra dijo
en seguida: "¡No llores, no llores, Dan-Auta! Tu Baba (padre)
y tu Inna (madre) dijeron que no llorases nunca".
Sarra volvió a salir y Dan-Auta a aburrirse. En el hogar llameaba
un tizón. Dan-Auta lo tomó, y, arrastrándose fuera de la choza,
puso fuego al hórreo de maíz, y al hórreo de harina del árbol
del pan, y al hórreo de habichuelas, y al hórreo de sargo. En esto
llegó Sarra, y, viendo todas las despensas consumidas por el fuego,
gritó: "¡Ay, Dan-Auta mío! ¿Qué has hecho? ¿Has quemado
todo lo que teníamos para comer? ¿Cómo viviremos ahora?"
Dan-Auta, al oírla, comenzó a sollozar; pero Sarra se
apresuró a decirle: "¡Dan Auta mío, no llores! Tu padre y tu
madre me dijeron que no llorases nunca. Has quemado cuanto teníamos;
pro ven, ya buscaremos qué comer".
Sarra colocó a Dan-Auta en su espalda y, sujetándolo con su
vestido, echó a andar por el bosque. Sarra encontró un camino y
por él caminó hasta llegar a una ciudad. Acertó a pasar por el
barrio del rey. La primer mujer del rey los recibió y se quedaron a
vivir con ella. Cada día les daba de comer.
Sarra llevaba siempre a Dan-Auta atado a su espalda. Las
otras mujeres le decían: "Sarra, ¿por qué llevas siempre a
Dan-Auta sobre tu espalda? ¿Por qué no le pones en el suelo y le
dejas jugar como los otros chicos?" Y Sarra respondía:
"Dejadme hacer mi hacer. El padre y la madre de Dan-Auta han
dicho que no llorase nunca. Mientras lleve a Dan-Auta sobre mí, no
llorará. Tengo que cuidar de que Dan-Auta no llore".
Un día dijo Dan-Auta: "Sarra, yo quiero jugar con el
hijo del rey". Sarra entonces lo puso en tierra, y Dan-Auta jugó
con el hijo del rey. Sarra tomó un cántaro y salió por agua. En
tanto, el hijo del rey cogió un palo y Dan-Auta cogió otro palo.
Ambos jugaron con los palos. El hijo del rey y Dan-Auta se pudieron
a darse de palos. Dan-Auta, de un palo, le sacó un ojo al hijo del
rey, y el hijo del rey quedó tendido.
En esto Sarra llegó. Vio que Dan-Auta había sacado un ojo
al hijo del rey. Nadie estaba presente. El hijo del rey comenzó a
gritar. Sarra dejó el cántaro y tomando a Dan-Auta, salió de la
casa, salió del barrio del rey, salió de la ciudad todo lo de
prisa que pudo.
Nadie estaba presente cuando Dan-Auta sacó el ojo al hijo
del rey: pero el niño gritó. El rey, al oírlo, preguntó: "¿Por
qué llora mi hijo?" Sus mujeres fueron a ver lo que ocurría,
y al notar la desgracia, comenzaron a gritar. Oyó el rey los gritos
de sus cuarenta mujeres y acudió presuroso. "¿Qué es esto?
¿Quién ha hecho esto?" -preguntó el rey-. Y el hijo del rey
repuso: "Dan-Auta".
"¡Salid! -dijo entonces a sus guardianes-. ¡Id por
toda la ciudad! ¡Buscad por toda la ciudad a Sarra y Dan-Auta!"
Los guardias salieron y miraron casa por casa, pero en ninguna
hallaron lo que buscaban. En vista de ello, el rey llamó a sus
gentes; llamó a todos sus soldados, llamó a los de a pie y a los
de a caballo, y les dijo: "Sarra y Dan-Auta han huido de la
ciudad. Busquémoslos en el bosque. Yo mismo iré con los de a
caballo para buscar a Sarra y Dan-Auta.
Dos días seguidos había corrido Sarra con Dan-Auta al lomo.
Al cabo de ellos no podía más y justamente entonces oyó que el
rey y sus caballeros llegaban en su busca. Había allí un árbol
muy grande, y Sarra dijo: "Subiré al árbol y así podré
ocultarme entre las hojas con Dan-Auta".
Subió, en efecto, al árbol, con Dan-Auta a su
espalda, y se ocultó en la tupida fronda. Poco después llegaba
junto al árbol el rey con los caballeros. "He cabalgado dos días
-dijo- y estoy cansado; poned mi silla de cañas bajo el árbol, que
quiero descansar". Así lo hicieron sus hombres, y el rey se
tendió en su silla, bajo la rama donde Sarra y Dan-Auta reposaban.
Dan-Auta se aburría, pero vio al rey allá abajo, y dijo a
Sarra: "¡Sarra!". Sarra dijo: "¡Calla, Dan Auta,
calla!" Dan-Auta comenzó a sollozar. Sarra se apresuró a
decirle: "¡No llores, Dan-Auta, no llores! Tu padre y tu madre
me dijeron que no llorases nunca. Di lo que quieras". Dan-Auta
dijo "Sarra, quiero hacer pis. Quiero hacer pis encima de la
cabeza del rey". Sarra exclamó: "¡Ay, Dan-Auta, nos
matarán si haces eso; pero no llores y haz lo que quieras!".
El rey miró entonces a la pompa del árbol. Vio a Sarra, vio
a Dan-Auta, y gritó: "Traed hachas y echemos abajo el árbol".
Sus gentes corrieron y trajeron hachas. Comenzaron a batir el árbol.
El árbol tembló. Luego dieron golpes más profundos en el tronco.
El árbol vaciló. Luego llegaron a la mitad del tronco y el árbol
empezó a inclinarse. Sarra dijo: "Ahora nos prenderán y nos
matarán". Un gran churua -un gavilán gigante- voló entonces
sobre el bosque, y vino a pasar cerca del árbol donde Sarra y Dan-Auta
reposaban. Sarra vio al churua. El árbol se inclinaba, se
inclinaba. Sarra dijo al churua: "!Churua mío! Las gentes del
rey van a matarnos, a Dan-Auta y a mí, si tú no nos salvas".
Oyó el churua a Sarra y acercándose puso a Sarra y a Dan-Auta
sobre su espalda. El árbol cayó y el pájaro voló con Sarra y
Dan-Auta. Voló muy alto sobre el bosque, siguió volando hacia
arriba, siempre hacia arriba. Dan-Auta miraba al pájaro; vio que
movía la cola como un timón, y se entretuvo observándola bien.
Pero luego Dan-Auta se aburría, y dijo: "!Sarra!" Sarra
repuso: "¿Qué más quieres, Dan-Auta?" Y como Dan-Auta
sollozase, añadió: "No llores, no llores, que padre y madre
dijeron que no lloraras. Di lo que quieres". Dan-Auta dijo:
"Quiero meter el dedo en el agujero que el pájaro lleva bajo
la cola". Dijo Sarra: "Si haces eso, el pájaro nos dejará
caer y moriremos; pero no llores, no llores, y haz lo que
quieras".
Dan-Auta introdujo su dedo donde había dicho. El pájaro cerró las
alas. Sarra y Dan-Auta cayeron, cayeron de lo alto.
Cuando Sarra y Dan-Auta estaban ya cerca de la tierra, comenzó
a soplar un gran gugua, un torbellino. Sarra lo vio y dijo: "¡Gugua
mío! Vamos a caer en seguida contra la tierra, y moriremos si tú
no nos salvas". El gugua llegó, arrebató a Sarra y Dan-Auta,
y transportándolos a larga distancia, los puso suavemente en el
suelo. Era aquel sitio un bosque de una comarca lejana.
Sarra avanzó por el bosque con Dan-Auta y encontró un
camino. Caminando el camino llegaron a una gran ciudad, a una ciudad
más grande que todas las ciudades. Un fuerte y alto muro la
rodeaba. En el muro había una gran puerta de hierro que era cerrada
todas las noches, porque todas las noches, apenas moría la ciudad,
aparecía un terrible monstruo. Un Dodo. Este Dodo era alto como un
asno, pero no era un asno. Este Dodo era largo como una serpiente gigante,
pero no era una serpiente gigante. Este Dodo era fuerte como un
elefante, pero no era un elefante. Este Dodo tenía unos ojos que
dominaban en la noche como el sol en el día. Este Dodo tenía una
cola. Todas las noches el Dodo se arrastraba hasta la ciudad. Por
esta razón se había construido el muro contra la gran puerta de
hierro. Por ella entraron Sarra y Dan-Auta. Tras el muro, junto a la
puerta, vivía una vieja. Sarra les pidió que los amparase. La
vieja dijo: "Yo os ampararé. Pero todas las noches viene un
terrible Dodo ante la ciudad y canta con una voz muy fuerte. Si
alguien le responde, el Dodo entrará en la ciudad y nos matará a
todos. Cuida, pues, de que Dan-Auta no grite. Con esta condición,
yo os ampararé.
Dan-Auta oía todo esto. Al día siguiente fue Sarra al
interior de la ciudad para traer comida. Entre tanto, Dan-Auta buscó
ramas secas y pequeños trozos de madera, que encontró junto al
muro. Luego corrió por la ciudad y donde veía un makodi, piedra
redonda con que se machacaba el grano sobre una losa, lo cogía. Así
reunió cien makodis. Luego se dijo: "Sólo necesito unas
tenazas". Y andando por la ciudad vio unas abandonadas. Junto
al muro donde había amontonado la leña, colocó los makodis y
ocultas bajo ellos, las tenazas. Nadie advirtió la faena del pequeño
Dan-Auta.
A la vuelta, Sarra le dijo: "Entra en seguida en la casa, Dan-Auta,
porque pronto vendrá el terrible Dodo y puede matarnos". Dan-Auta
repuso: "Yo quiero quedarme hoy fuera". Sarra dijo:
"Entra en casa". Dan-Auta comenzó a sollozar: pero Sarra
le dijo inmediatamente: "Dan-Auta mío, no llores. Tu padre y
tu madre dijeron que no llorases nunca. Si quieres quedarte fuera,
quédate fuera". Sarrá entró en la casa donde estaba la
vieja.
Dan-Auta permaneció fuera, sentado ante la casa de la vieja.
Todas las gentes de la ciudad estaban en sus casas y habían cerrado
tras de sí las puertas. Sólo Dan-Auta quedaba a la intemperie.
Corrió al lugar donde había puesto la leña y le prendió
fuego. Los makodis en el fuego se pusieron ardientes como ascuas.
En esto se sintió que llegaba el Dodo. Subió al muro Dan-Auta,
y vio al monstruo que venía a lo lejos. Sus pupilas brillaban como
el sol y como incendios. Dan-Auta oyó al Dodo que con
una voz terrible, cantaba:
-"!Vuayanni agarinana ni Dodo!" "¡Quién es
en esta ciudad como yo, Dodo?"
Cuando Dan-Auta oyó esto, cantó a su vez desde el muro con
todas sus fuerzas hacia el Dodo: "!Naiyakay agarinana naiyakay
ni Auta!" "Yo soy como tú en esta ciudad; yo soy como tú;
yo, Auta".
Cuando oyó esto el Dodo, se acercó a la ciudad. Llegó muy
cerca, muy cerca, y cantó: "¡Vuayanni agarinana ni Dodo!"
Al cantar esto el Dodo, los árboles se estremecían en el
aire, y la hierba seca empezó a arder. Pero Dan-Auta contestó:
"!Naiyakay agarinana naiyakay ni Auta!"
Al oír esto el Dodo, se alzó sobre el muro. Dan-Auta bajó
corriendo y se fue junto al fuego, donde relumbraban como ascuas los
makodis ardientes.
El Dodo entonces cantó de nuevo con voz más terrible que nunca, y
Dan-Auta una vez más le contestó. Todos los hombres en la ciudad
temblaron dentro de sus casas al oír tan cerca la horrible voz del
monstruo.
Más fiero que nunca, el Dodo comenzó a repetir su canto:
"¡Vuayanni…"
Pero al abrir sus fauces para este grito, Dan-Auta le lanzó
con las tenazas diez makodis ardientes, que le abrasaron la
garganta. Enronquecido grito el Dodo:
"¡Agarinana!…
Pero Dan-Auta le hizo tragar otros diez makodis incendiados,
que le hicieron prorrumpir un gran quejido. Entonces, con voz débil,
siguió:
"Ni Dodo
Y Dan-Auta, aprovechando la abertura de las fauces, le envió
el resto de los makodis. El Dodo se retorció y murió, mientras
Dan-Auta, subiendo al muro, cantó:
"Naiyakay agarinana naiyakay ni Auta".
Luego con un cuchillo que había dejado fuera de la casa,
cortó al Dodo la cola y, ocultándola en un morralillo, entró con
ella en la habitación de la vieja; se deslizó junto a Sarra y se
durmió.
A la mañana siguiente salían de sus casas cautelosamente
los habitantes de la ciudad. Los más decididos fueron a ver al rey.
Él preguntó: "¿Qué ha sido lo que esta noche ha
pasado?"
Ellos respondieron: "No lo sabemos. Por poco no nos
morimos de miedo. La cosa ha debido ocurrir junto a la puerta de
hierro". Entonces el rey dijo a su Ministro de Cazas: "Ve
allá y mira lo que hay".
El Ministro de Cazas fue allá, y, subiendo, medroso, al
muro, vio al Dodo muerto. Corriendo volvió al rey y dijo: "Un
hombre poderoso ha matado al Dodo". Entonces el rey quiso
verlo, y cabalgó hasta el muro. Vio al monstruo tendido y sin vida.
El rey exclamó: "En efecto, el Dodo ha sido muerto y le han
cortado la cola. ¡Busquemos al valiente que lo ha matado!"
Un hombre que tenía una yegua, la mató y le cortó la cola.
Otro hombre que tenía una vaca, la mató y le cortó la cola. Otro
que tenía un camello, lo mató y le cortó la cola. Cada uno de
ellos fue al rey y mostró la cola de su animal como si fuese la del
Dodo. Pero el Dodo conoció el engaño, y dijo: "Todos sois
unos embusteros. Vosotros no habéis muerto al Dodo. Yo y todos
hemos oído en la noche la voz de un niño. ¿Vive por aquí cerca,
junto a la puerta de hierro, algún niño extranjero?"
Los soldados fueron a casa de la vieja y preguntaron: "¿Vive
aquí algún niño forastero?" La vieja respondió:
"Conmigo viven Sarra y Dan-Auta". Los soldados fueron a
Sarra y preguntaron: "Sarra, ¿ha matado al Dodo el pequeño
Auta?" Sarra respondió: "Yo no sé nada; pregúntenselo a
él". Entonces fueron los soldados a Dan-Auta y le preguntaron:
"Dan-Auta, ¿has matado tú al Dodo? El rey quiere verte".
Dan-Auta no respondió. Tomó su morralillo y fue con los soldados
ante el rey. Abrió el morralillo y, sacando la cola del Dodo, la
mostró al Rey. Entonces el Rey dijo: "Sí, Dan-Auta ha matado
al terrible Dodo".
El Rey dio a Dan-Auta cien mujeres, cien camellos, cien caballos,
cien esclavos, cien casas, cien vestidos, cien ovejas y la mitad de
la ciudad. (*)
(*)
Fuente: José Ortega y
Gasset, "Dan-Auta", en volumen II de sus Obras Completas, Madrid,
Revista de Occidente,
y en versión digital editado anteriormente en letrasperdidas.com
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Obras
principales de José Ortega y Gasset:
- 1914 Meditaciones
del Quijote • Vieja y nueva política
- 1915 Investigaciones
psicológicas (Curso explicado entre 1915-16
y publicado en 1982)
- 1916 Personas,
Obras, Cosas (artículos y ensayos escritos
entre 1904 y 1912: «Renan», «Adán en el Paraíso»,
«La pedagogía social como programa político»,
«Problemas culturales», &c.)
- 1916-1934
El Espectador (8 tomos publicados entre
1916 y 1934)
- 1921 España
Invertebrada
- 1923 El
tema de nuestro tiempo
- 1924 Las
Atlántidas
- 1925 La
deshumanización del Arte e Ideas sobre la
novela
- 1927 Espíritu
de la letra • Mirabeau o el político
- 1928-1929
¿Qué es filosofía? (curso publicado póstumamente
en 1957), Kant
- 1929-1931
¿Qué es conocimiento? (Publicado en
1984, recoge tres cursos explicados en 1929,
1930 y 1931, titulados, respectivamente: «Vida
como ejecución (El ser ejecutivo)», «Sobre la
realidad radical» y «¿Qué es la vida?»)
- 1930 La
rebelión de las masas • Misión de la
Universidad
- 1931 Rectificación
de la República; La redención de las
provincias y la decencia nacional
- 1932 Goethe
desde dentro • Unas lecciones de metafísica
(curso dado entre 1932-33 y publicado en 1966)
- 1933-34 En
torno a Galileo (curso explicado en 1933 del
que se publicaron algunas lecciones en 1942 bajo
el título Esquema de las crisis)
- 1934 «Prólogo
para alemanes» (prólogo a la tercera edición
alemana de El tema de nuestro tiempo. El
propio Ortega prohibió su publicación «por
los sucesos de Munich de 1934». Finalmente se
publicó en español en 1958.)
- 1935 Historia
como sistema (1ª edición en inglés. La
versión española es de 1941 e incluye su
ensayo sobre «El Imperio romano»).
- 1939 Ensimismamiento
y alteración. Meditación de la técnica
- 1940 Ideas
y Crencias, • Sobre la razón histórica
(curso explicado en Buenos Aires y publicado en
1979 junto a otro dado en Lisboa sobre el mismo
asunto.)
- 1942 Teoría
de Andalucía y otros ensayos • Guillermo
Dilthey y la Idea de vida
- 1944 Sobre
la razón histórica (curso dado en Lisboa, vid.
supra)
- 1946 Idea
del Teatro. Una abreviatura (conferencia
dada en Lisboa, abril, y en Madrid, mayo;
publicada en 1958, aunque en el núm. 62 de la Revista
Nacional de educación ofreció una versión
de la pronunciada en Madrid.)
- 1947 La
Idea de principio en Leibniz y la evolución de
la teoría deductiva (publicado en 1958)
- 1948 Una
interpretación de la Historia Universal. En
torno a Toynbee (publicado en 1960)
- 1949 Meditación
de Europa (conferencia pronunciada en Berlín
en 1949 con el título: De Europa meditatio
quaedam. Se publica en 1960 junto a otros
textos inéditos afines).
- 1949-1950
El hombre y la gente (curso explicado en
1949-1950 en el Instituto de Humanidades; se
publica en 1957)
- 1950 Papeles
sobre Velázquez y Goya
- 1951-1954
Pasado y porvenir para el hombre actual
(título publicado en 1962 que reúne una serie
de conferencias que Ortega pronunció en
Alemania, Suiza e Inglaterra y se publicarán
junto a un «Comentario al Banquete» de
Platón.)
- Otros póstumos:
Goya (1958), Velázquez (1959), Origen
y epílogo de la Filosofía (1960), La
caza y los toros (1960), Vives-Goethe
(1961)
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