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EL
CORAZÓN Y EL CEREBRO EN LA MÚSICA
Por Arnold Schoenberg
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Partitura
de Arnold Schoenberg
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Presentación
El
corazón y el cerebro en la música,
por Arnold Schoenberg
Breve
biografía y obras
Presentación
Schoenberg
innova el horizonte musical europeo a comienzos del siglo XX.
Su salida de la tradicional música consagrada se llama dodecafonismo.
Sin embargo, el maestro vienés estuvo muy alejado de una pretensión
puramente rupturista. Su ambición artística fue integrar los
nuevos principios de la composición musical dentro de una nueva
forma de tonalidad que fuera una continuidad transformadora
de los grandes compositores de antaño más que una ruptura conflictiva.
La innovación no se restringe al mundo llamado de vanguardia.
Todo gran músico fue siempre innovador. Así, "música quiere
decir música nueva". Por lo que Schoenberg continúa manifestando:
" No existe nunca obra de arte portentosa que no lleve un nuevo
mensaje a la humanidad; ningún gran artista deja de cumplir
esto. Es el código de honor de todos los grandes en el arte,
y, como consecuencia, en todas las grandes obras de los grandes
encontraremos esa novedad imperecedera". Y toda arte logrado,
para el creador de Pierrot Lunaire, alberga una idea,
no sólo el impacto circunstancial y ornamental de un
nuevo estilo o moda. La modernidad radicaliza la persecución
de la novedad. Un valor que suele empantanarse en la esterilidad
de un atrayente, pero vacío, ejercicio formal. Lo esencial no
es la búsqueda de la novedad por sí misma, sino la continuidad
de una pulsión tensa, problemática y creadora. Este ideal de
una incómoda inseguridad creadora
fue transmitida por Schoenberg a sus discípulos:
Anton Webern y Alban Berg. Su
influencia se vertió también sobre Kandinsky, con quien un Schoenberg
que se inició en la pintura realizó una de las exposiciones
pioneras del expresionismo. Y también recibió su influjo el
notable pensador y músico Theodor Adorno, esencial referente
de la Escuela de Frankfurt. La labor teórica de Schoenberg resuena
en su obra más influyente Harmonielehre (1921), un tratado
fundamental sobre esta temática. En el año de la muerte del
compositor Dika Newlin editó una serie de artículos, con el
título de Style and idea. Aquí se destaca un Schoenberg
ensayista. En este momento de Textos olvidados de Temakel, hemos
elegido el capítulo "El corazón y el cerebro en la música"
de El estilo y la idea. En la tradición musical, el contrapunto
suele ser entroncado con lo cerebral, con una composición analítica;
la melodía, en cambio, se asocia con lo emotivo, lo espontáneo,
lo inspirado. Schoenberg recibe las influencias del romanticismo
tardío, donde sobresalen Maeterlinck, Dehmel, Strindberg, Weininger,
Stefan George. Es propio de la actitud romántica la búsqueda
de la integración, la síntesis entre opuestos. Esto es lo que
busca Schoenberg al entrever que el cerebro necesita de la inspiración.
En sus primeras obras, La noche transfigurada, Gurre-Lieder,
Pierrot Lunaire, prevalece la intuición metafísica de un
sustrato turbulento del mundo. Luego, en lo dodecafónico, la
forma juega con el goce de la construcción formal; y en su periplo
final, con "Un superviviente de Varsovia", Schoenberg se sumerge
en el dolor de su época de violencia y abismo. Una autocrítica
tal vez del Schoenberg que postuló una tajante superioridad
del artista, de su libertad inmaculada respecto a las arenas
del tiempo histórico y social. Una concepción elitista que era
un remedio obligado, en parte por la tentación del artista de
componer o crear por el dinero y el reconocimiento, la fama
y el aplauso, más que por la fidelidad a la libertad de
la creación.
A pesar de su excesiva entronización del artista, la postura
de Schoenberg deja una enseñanza de viva actualidad: el artista
se debe a la obra, y no a la avidez del ego por el aplauso.
Esteban Ierardo
EL
CORAZÓN Y EL CEREBRO EN LA MÚSICA
Por Arnold Schoenberg
Balzac,
en su relato filosófico Seraphita, describe a
uno de los personajes de la siguiente manera: "Wilfred
era un hombre de treinta años de edad. Aunque fuertemente constituido,
no faltaba armonía a sus proporciones. Era de mediana
estatura, como sucede casi con todos los que descuellan sobre
los demás. Su pecho y sus hombros eran anchos, el cuello
corto, como el de los hombre que tienen el corazón dominado
por la cabeza".
No
cabe duda de que todos los que se suponen cerebrales en su creación
-filósofos, científicos, matemáticos, constructores,
inventores, teóricos, arquitectos. -dominan sus emociones
y cuidan de que su cabeza funcione con frialdad aun cuando la
imaginación haya de inspirarles a menudo. Pero la opinión
general no es la que que los poetas, artistas, músicos,
actores, o cantantes deban aceptar la influencia del cerebro
sobre sus emociones.
La
opinión que imperaba no hace muchas décadas era
que el poeta, y especialmente el poeta lírico, se distinguía
no sólo por el cabello largo y el cuello sucio, sino
también por su costumbre de adoptar una postura interesante.
En lugar de una palabra concentrada y directa, lo que de él
se esperaba era aquella que se limitara únicamente a
una idea o acto y, si fuese posible, oscureciéndola
un poco, enturbiando su apariencia y significado. De este modo
se presentaban como surgidos de un sueño, haciendo pensar que
el lector..., no, no es que se hubiese quedado dormido, sino
que soñaba despierto.
Aunque
tales puntos de vista no habrían de prevalecer mucho
tiempo, todavía se hallan en circulación conceptos
equivocados y pasados de moda. Uno de ellos es la creencia general
de que las calidades que constituyen la música pertenecen
a dos categorías en relación con su origen: al
corazón o al cerebro, con la excepción de algunas
obras en las que ambos tengan cosas que expresar.
Esas
calidades en las cuales el oyente gusta de encontrarse con su
propio corazón, son las que se pretende hayan tenido
su origen en el corazón del compositor: la bella frase
o melodía, el bello -o, por lo menos, dulce-sonido, la
bella armonía.
Aquellas
otras calidades de la naturaleza menos apasionada, como son los
contrastes dinámicos, cambios de tempo, acentuación,
carácter del ritmo y acompañamiento.., esa parecen atribuirse
a la colaboración del corazón y el cerebro, y
suelen clasificarse más bien como "interesantes",
despertando el interés del oyente sin gran atracción
de sus sentimientos.
El
tercer grupo no despierta tantos sentimientos, ni siquiera interés,
pero si consigue hacer latir el corazón con mayor celeridad
es por la admiración, el asombro que nos produce su fundamento.
El contrapunto es un estilo que decididamente es atribuido al
cerebro. Se le honra con el más alto precio, pero es
tolerado únicamente cuando no destruye el encanto de
los sueños a los que el oyente se ha entregado dejándose
llevar por la belleza.
Estoy
convencido de que el verdadero compositor escribe música
por la única razón de que le complace hacerlo.
Los que componen porque desean complacer a los demás,
y llevan al público en el pensamiento, no son auténticos
artistas. No son de la madera de aquellos que se ven impulsados
a decir algo, exista o no una persona a la que le agrade, incluso
aunque a ellos mismos les disguste. No son creadores que abran
las válvulas de escape para liberar la presión
que interiormente ejerce la creación que está
dispuesta a nacer. Son tan sólo individuos más
o menos hábiles, que renunciarían a la composición
si no encontrasen oyentes.
La
verdadera música, compuesta por un verdadero compositor,
provoca toda clase de impresiones aun sin pretenderlo. Las melodías
bonitas y sencillas, los ritmos saltarines, la armonía
interesente, las formas artificiosas, el contrapunto complicado:
he aquí todo cuanto el verdadero compositor puede escribir
con la facilidad con que se escribe una carta. "Como si
estuviera escribiendo una carta": esto es lo que mis camaradas
del ejército austriaco exclamaban admirados para
fiestas que se daban en la Compañía. El que esta música
no fuese ninguna pieza notable, sino tan solo una composición
de lo más corriente, no varia la cuestión, puesto
que a veces invierte uno más tiempo en escribir una carta
que en escribir música. Personalmente, soy de los que,
en general, escriben muy aprisa, bien se trate de un contrapunto
"cerebral", bien de una melodía "espontánea".
La
mayoría de mis amigos de juventud escribían igualmente
aprisa. Por ejemplo, Alejandro von Zemlinsky, compositor de
muchas óperas de éxito, cuando todavía
se hallaba estudiando composición en el Conservatorio
de Viena, se preparaba al propio tiempo para un concurso de
piano, que ganó. Poseía un método peculiar
para aprovechar el tiempo racionalmente, ya que se veía
forzado a dar muchas lecciones de piano para ganarse la vida.
Alternaba la composición con las prácticas de
piano. Al escribir con tinta una página de música,
tenía que esperar a que se secara. Este pequeño
intervalo de tiempo es el que utilizaba para ejercitarse. ¡Una
vida atareada!
Se
consideraba suficiente una semana para empezar y terminar un
tiempo de sonata. Y en este mismo intervalo pude yo una vez
escribir los cuatros tiempos de un cuarteto de cuerda. Una canciones
para voz y piano podía requerir de una a tres horas:
tres horas, si se las tenía uno que entender con un poema
largo.
Yo
compuse las tres cuartas partes, tanto del segundo como del
cuarto tiempo de mi Cuateto de Cuerda núm.2, en
día y medio cada uno. Terminé la media hora de
música de mi ópera Erwartung en catorce
días. En varias ocasiones escribí dos o tres piezas
de Pierrot Lunaire o del ciclo de canciones de Hangende Garten
en un día. Y asi podría mencionar muchos otros
ejemplo similares.
(...) Esta combinación no era producto de inspiración
espontánea, sino de una intención extra-musical,
de una reflexión cerebral. La labor técnica que
más tiempo requirió fue la de añadir estas voces
subordinadas de manera que suavizaran las asperezas producidas
por esta combinación.
Desde
luego, siempre hay la posibilidad de que, en medio de una composición,
surjan de pronto nuevas razones que persuadan al compositor
para emprender tal clase de aventuras. Una de las razones más
frecuentes es la ambición artística, y el pundonor
del artista. En efecto, el deseo de éste de elaborar
con profundidad sus ideas-especialmente si con ellas la tarea
se hace más difícil para él, e incluso
para sus oyentes-, este deseo no debe ser censurado, aun cuando
el procedimiento cerebral ocasione la pérdida de belleza
superficial. Además, el artista no tiene porque fracasar
necesariamente cuando ha iniciado algo que no le ha forzado
a realizar su inspiración. Muy a menudo interviene la
inspiración espontáneamente, como una bendición
inesperada.
Con
frecuencia sucede al compositor que escribe una melodía
de un tirón, y con tal perfección, que no
requiere cambiar nada ni ofrecer ninguna posibilidad de mejorarlo....La
inspiración no dejo de impulsarme en menor grado cuando
di comienzo a mi Primera Sinfonía de Cámara
(Kammersymphonie). Yo tenía una visión
de conjunto de la obra completa; desde luego, no de todos sus
detalles, sino de sus principales características. Pero,
mientras que muchos de los temas subordinados los escribí
más tarde de un solo trazo, tuve que trabajar de firme
para perfilar el principio.
...Quien
piense que el contrapunto es cosa cerebral y que la melodía
es lo espontáneo, se verá forzado a admitir que
los productos del cerebro pueden escribirse más aprisa
que los sentimientos espontáneos. Pero nada habrá
más erróneo; tanto lo uno como lo otro suponen
mucho o poco trabajo. El que se necesite más o menos
labor dependerá de circunstancias sobre las que no podemos
ejercer ningún dominio. Pero una cosa es cierta, al menos
para mí: sin inspiración, ninguno de los aspectos
puede realizarse.
Hay
veces en que me encuentro incapaz de escribir ni un solo ejemplo
de sencillo contrapunto a dos voces, como los que pido que hagan
los principiantes en clase. Y para escribir un buen ejemplo
de este tipo tengo que recibir la ayuda de la inspiración.
A este respecto, soy mucho más débil que algunos
de mis alumnos, que escriben contrapunto, bueno o malo, sin
ninguna clase de inspiración.
Sin
embargo, habiéndome educado en la esfera de la influencia
brahmasiana (yo tenía tan solo algo más de
veintidós
años cuando murió Brahms), seguí su ejemplo,
como otros muchos: "Cuando no me encuentro en disposición
de componer, escribo contrapunto". Por desgracia, Brahms
destruyó todo lo que no consideraba digno de ser publicado
antes de su muerte. Es de lamentar esto, ya que el haber podido
echar un vistazo al gabinete de trabajo de un hombre tan concienzudo
hubiese resultado sumamente instructivo. Podríamos haber
visto con cuanta frecuencia tuvo que trabajar de firme para
preparar sus ideas fundamentales que le llevaran a las conclusiones
previstas. "Un buen tema es un regalo de Dios", decía,
y terminaba con las palabras de Goethe: "Merécelo
y lo tendrás".
Una
cosa parece cierta: verdaderamente, la gimnasia mental de Brahms
no debió ser nada cómoda. Sabemos que, en sus
excursiones domingueras por el Wienerwald, tenía por
costumbre preparar "cánones enigmáticos"
en cuya solución se ocupaban sus acompañantes durante
varias horas. En consecuencia, yo fui estimulado para efectuar
la prueba con tipos de cánones difíciles. Aun
cuando el propósito de todo ello no es hacer música,
sino gimnasia, yo debo haberme encontrado con inspiración,
o al menos en una buena disposición, al escribir el Canon
Imitativo para Cuarteto de Cuerda en una hora aproximadamente.
Pero lo que me ayudó a escribir tales cánones
no pudo nunca ser la misma clase de inspiración que me
impulsara a producir melodías como la del Adagio de mi
Cuarteto de Cuerda núm.1, Op.7. Quizá se
haga necesario aludir también a algunas melodías
de mi ciclo posterior, especialmente de la composición
con doce sonidos, que me han valido el título de constructor,
ingeniero, matemático, etc, con lo que se ha querido
dar a entender que estas composiciones son obra exclusiva del
cerebro, sin la más mínima participación
de nada que se parezca al corazón humano.
...Por
desgracia, ninguna información poseemos de que los maestros
clásicos hicieran mucho hincapié acerca de los
mayores o menores esfuerzos que pusieron en sus tareas. Quizá
escribieran todo con igual facilidad, o, como podemos sospechar
en el caso de Beethoven, con el mismo gran esfuerzo, según
los borradores de Beethoven demuestran.
Pero una cosa parece estar clara: bien sea complejo o sencillo
su aspecto final, bien se haya compuesto con ligereza y facilidad
o se haya invertido mucho tiempo y arduo trabajo, la obra terminada
no ofrece ninguna señal de si el factor cerebral o el emocional
fue el determinante.
...Me
parece que la solución del problema ya la dejé
apuntada al principio de este mismo ensayo, con la cita de Balzac:
"El corazón dominado por la cabeza".
No
es el corazón por sí solo el que crea todo lo
que sea bello, emocional, patético, o encantador; ni
tampoco es el cerebro solo capaz de producir la perfecta construcción,
la organización sonora, lo que sea lógico o lo
complicado. En primer lugar, en todo lo que en el arte de valor
supremo se debe mostrar el corazón tanto como el cerebro.
En según lugar, el verdadero genio creador no encuentra
dificultad para dominar mentalmente sus sentimientos; ni el
cerebro ha de producir tan solo lo árido y lo inexpresivo
al concentrarse en la corrección y en la lógica.
Pero
podemos llegar a sospechar de la sinceridad de las obras en
las que de manera incesante se exhibe el corazón, en
las que se llama a nuestra compasión; en las que se nos
invita a soñar con vaga e indefinida belleza y con emociones
inconsistentes y faltas de fundamento; en las que hay exageración
por falta de medidas formales; cuya sencillez es carencia,
debilidad y aridez; cuya dulzura es artificial, y cuya expresión
alcanza solamente la capa de lo más superficial. Tales
obras solo demuestran una completa ausencia de cerebro e indican
que este sentimentalismo tiene su origen en un corazón
muy pobre. (*)

(*)
Fuente: Arnold
Schoenberg, "El corazón y el
cerebro en la música", en El Estilo y la idea, ed.
Taurus, Madrid, 1963.
Breve
biografía y obras de Shoenberg (en
http://www.encarta.msn.com/)
Compositor
de origen austriaco, creador del sistema dodecafónico de composición
musical y uno de los compositores más influyentes del siglo
XX. Nació el 13 de septiembre de 1874 en Viena en el seno de
una familia judía, fue autodidacto en la composición musical.
Tuvo como profesor de contrapunto al compositor austriaco Alexander
Zemlinsky y en 1899 escribió el sexteto para cuerda Verklärte
Nacht (Noche transfigurada). En 1901 se casó con la hermana
de Zemlinsky, Matilde, con la que tuvo dos hijos. La pareja
se trasladó a Berlín, donde durante dos años se mantuvieron
con el trabajo de Schoenberg como orquestador de operetas y
director de una orquesta de cabaret. En 1903 Schoenberg regresó
a Viena para dar clases. Allí conoció a dos compositores que
se convirtieron en sus mejores amigos y sus alumnos más aventajados:
Anton Webern y Alban Berg. En sus composiciones utilizaba complejas
armonías, que posteriormente le llevaron a la atonalidad. Por
esta causa, los estrenos de sus primeros dos cuartetos de cuerda
en 1905 y 1908 no fueron bien recibidos, y se sintió perseguido
por un público que no entendía su música. Durante estos años
Schoenberg también pintaba y, junto con varios artistas, exhibió
sus cuadros en el círculo del pintor ruso Wassily Kandinsky.
En 1911, año en el que publicó el libro Theory of Harmony (Teoría
de la armonía), aceptó una plaza de profesor en Berlín. Allí
compuso una de sus obras más influyentes, Pierrot Lunaire (1912).
En 1915 volvió a Viena. La I Guerra Mundial, junto con su búsqueda
de un método que proporcionara lógica y unidad a la música atonal,
no le permitieron componer muchas obras entre 1914 y 1923. En
1923 terminó su formulación del método dodecafónico de composición.
La muerte de su mujer en ese mismo año supuso un duro golpe
para él, pero en 1924 conoció a Gertrud Kolisch, hermana de
un violinista austriaco, con quien más tarde contrajo matrimonio.
La oferta en 1925 de un puesto de profesor de composición en
la Academia de Artes de Berlín le proporcionó por último una
posición prestigiosa, una seguridad económica y una vida familiar
estable. En 1932, año en el que nació su hija, acabó el segundo
acto de su ópera Moses und Aron (obra póstuma, 1957). En 1933
Schoenberg y su familia huyeron de la Alemania nazi a París.
En 1934 emigraron a Estados Unidos y el músico aceptó una plaza
de profesor en Boston. Al año siguiente, a causa de su salud,
se trasladaron a Los Ángeles, donde nacieron sus dos hijos más
pequeños. Después de un año como lector en la University of
Southern California (1935), trabajó como profesor en la University
of California, Los Ángeles, desde 1936 hasta 1944. En 1941 adoptó
la nacionalidad estadounidense. En 1946 cayó gravemente enfermo.
Retirado, continuó impartiendo lecciones y componiendo. Murió
el 13 de julio de 1951 en Los Ángeles. El estilo musical de
Schoenberg evolucionó desde el romanticismo tardío del siglo
XIX a la técnica dodecafónica. Sus primeras composiciones tonales
tienen reminiscencias de la música del compositor alemán Johannes
Brahms, aunque pronto asimiló el cromatismo del compositor alemán
Richard Wagner. En algunas composiciones, como en Verklärte
Nacht (Noche transfigurada), Schoenberg consiguió una gran intensidad
en la expresión de sentimientos a través de ricas armonías y
largas melodías románticas que se elevan soportadas por una
densa textura contrapuntística de motivos cortos y constantes.
Estos rasgos, que se inician en 1907, se hacen más acusados
en sus composiciones expresionistas, donde abandona la tonalidad
y condensa la forma. El ejemplo principal de este periodo es
Pierrot Lunaire; en este conjunto de versos patéticos la orquesta
de cámara acompañante utiliza una combinación de instrumentos
distinta para c''ada una de las 21 canciones del ciclo y el
solista vocal utiliza el Sprechstimme (en alemán, 'voz hablada')
o el Sprechgesang (canción hablada), una mezcla de discurso
y canción. Hacia 1920 empezó a formular su técnica dodecafónica
(a menudo denominada "serialismo" puesto que está
basada en series de tonos) en un intento de hallar un sustituto
a formas musicales como la sonata, base de la música tonal.
Estas formas funcionaban correctamente sólo en la música tonal
porque estaban basadas en la oposición y resolución de diferentes
tonos. Sin embargo, todos sus estilos están condensados en su
mayor logro, Moses und Aron. Aunque Schoenberg a veces regresaba
a la composición tonal, en la mayor parte de sus composiciones
de las décadas de 1930 y 1940 intentó sintetizar la técnica
dodecafónica con los principios formales que había empleado
durante su periodo expresionista. Esta síntesis se aprecia en
su Concierto para piano (1942) de un sólo movimiento. Gracias
a Schoenberg y a sus alumnos el método dodecafónico se ha impuesto
en la composición de mediados del siglo XX y ha ejercido una
gran influencia en la música occidental.
(*)
Fuente: http://www.encarta.msn.com/
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