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SPINOZA
Y BUBER
Sustancia,
sujeto y el conocimiento de lo religioso en Spinoza y Buber
Por
Silvia Ziblat
En
el texto que sigue a continuación, aportado por Silvia
Ziblat, profesora de la Universidad
de
Buenos Aires, se aborda el Tratado teológico político
de Spinoza donde éste "discute
con
pericia
y con gran erudición todos los elementos de la religiosidad
tradicional judeo
cristiana,
sobre la base de un método para abordar las Escrituras".
Por otro lado, Martín
Buber,
el gran pensador judío de Tú y yo, "lee
de nuevo las Escrituras de la mano de un
método,
pero también
con un supuesto: el de la necesaria liberación para toda la
humanidad,
así
como Spinoza
lo hacía con un proyecto de república justa para Holanda."
Mediante la
comparación
entre
dos grandes pensadores, el conocimiento de la religiosa revelación
bíblica,
alimentado
por el acto de la exégesis o interpretación hermenéutica,
permite la fundamentación
de
una visión redentora o liberadora de los hombres.
Este artículo fue editado originalmente en el número
3 de Diaporías. Revista de Filosofía
y
Ciencias
Sociales, dirigida por Rubén Dri y editada en el
contexto de la Facultad de Ciencias
Sociales
de la Universidad
de Buenos Aires.
SPINOZA
Y BUBER
Sustancia,
sujeto y el conocimiento de lo religioso en Spinoza y Buber
Por
Silvia Ziblat
Introducción
Cuando queda indiscutida la propia santidad, resulta inevitable
proceder a la demonización del Otro. Desde ese lugar,
nada importan las vidas de los demás ni la propia inmolación.
Nada importan los pueblos y su gente, y se confunde la apreciación
acerca de quiénes son los culpables de tanta opresión,
tanta hambre y tanta miseria como hay. Sólo el retorno
polémico a las propias creencias puede conducir al diálogo
con las ajenas. Unicamente la discusión con lo arraigado,
con lo impuesto, será capaz de hacer comprender mejor
el mundo y de propiciar un obrar más justo y humano.
El
complejo entramado político del mundo está enraizado en lo religioso.
Más que un componente, lo religioso parece conformar estructuralmente
al hombre. Es como si jamás se olvidara que lo ancestral es
aquella religación en torno a una finalidad sagrada, que no
es otra que la organización de la vida. Lo religioso nace político
y organizativo, esencialmente social. Se regulan las conductas,
se otorga sentido a los quehaceres de la vida y se establece
una forma y una estructura de poder. Nada queda como mera naturaleza.
Lo religioso, social y político, se compagina con la concepción
que se labra acerca de la divinidad.
Las
Escrituras han sido enarboladas para legitimar proyectos
políticos, para justificar el paradigma científico pre
copernicano, para dar cuenta del origen de la sociedad con
ocasión de pactos, para dar sustento a la existencia de reyes y
emperadores, para explicar el uso de la fuerza, para que nada
cambie y hasta para decir que siempre habrá pobres.
La
Escritura inspirada de la tradición judeo cristiana ha tenido,
también, otras interpretaciones, de signo opuesto. Existe otro
sentido de los pactos, de Dios y de la autoridad, del poder y de
la riqueza.
En
este trabajo se repara en algunas de las interpretaciones que han
pretendido transitar desde el lugar de lo sustancial a lo
subjetivo, que es como decir: desde aquello que se constituye como
esencia fija, pétrea, en dirección a lo que se constituye como
historia con sentido transformador. Se trata de desconstruir lo
que ha sido entendido como cerrado, finalizado e igual para
siempre, y de entender esa instancia como un momento que debe ser
superado en un largo e inquietante camino para arribar aun mundo
más justo, tal vez santo, nunca acabado.
Lo
teológico político
Todo
aquello que es fundacional pretende sacralidad. Las culturas
celebran siempre lo nuevo y lo renovado. Se consideran altos
designios, valores, propósitos elevados, contrastando con lo
bajo, con situaciones superadas o a superarse
La
libertad frente a la esclavitud, la reunión frente al
aislamiento, el sentido pleno frente al caos. Por fin: el cielo y
la tierra, metáfora fácil de lo bueno y de lo malo. Fácil y
fecunda metáfora para apropiación de los que mandan,
entronizados por el miedo de la multitud. El dualismo de lo
sagrado-profano, puro-impuro, alto-bajo, siempre acecha desde la
sombra en cada proyecto histórico. Sólo un largo proceso
madurativo logra juntar cielos y tierra, y ellos es tan trabajoso
en la antigüedad como hoy, cuatro siglos después de Copérnico.
Toda teología de dominación insiste en el dualismo señalado,
humillante para las mayorías que obedecen, justificador de las
minorías que mandan.
Cielos
y tierra no son concebidos como un mundo fácilmente, así como la
libertad no aparece sola, sino que se conquista tras larga y
penosa lucha. Los momentos de detención y retroceso hechos de
dualismo, esencialismo reino de la sustancia, se construyen a cada
paso como vallas en el camino de la libertad humana.
Lo
político, desde su génesis, es teológico. Siempre hay una
concepción de Dios rigiendo un proceso, desde su momento auroral
Y toda teología encarna un discurso acerca de la dominación y
del poder.
La
gran crítica moderna: Baruj de Spinoza
Spinoza,
en el siglo XVII desde el seno de la comunidad judeo-portuguesa de
Amsterdam, y expulsado de ella, propone como concepción -y con
alguna licencia en el decir- un mundo hecho de Dios. Lejos de toda
religiosidad tradicional, es un cartesiano que lucha por superar
la dualidad inherente a esa cosmovisión. No hay sustancias
-pensante, extensa, divina- sino única sustancia: Dios, mundo,
naturaleza, sostén de infinitos atributos, de los cuales podemos
conocer el pensamiento y la extensión. La pluralidad del mundo
consiste en modalizaciones de la sustancia única. Esta suerte de
unicato de la sustancia es un gran paso en la superación del
cartesianismo. La búsqueda de lo subjetual, del sujeto, se halla
en ciernes en Spinoza. Los hombres, modos de la sustancia, como el
resto de la naturaleza, obran luchando por perseverar en su ser.
La vida humana y la vida del cosmos todo consiste en una
prolongada resistencia. Múltiples factores naturales y sociales,
políticos y religiosos se oponen al conatus, intento de
perseveración en el ser: los gobiernos tiránicos, los
sacerdotes, los pastores, que se adueñan de las conciencias y les
imparten lecciones de religiosidad falsa; los teólogos, los
enemigos de la república holandesa, los pastores calvinistas que
pretenden ahogar todo intento de reforma religiosa y reconducen,
por la palabra o por la violencia, a todos hacia la ortodoxia.
Contra esas fuerzas que detienen el conatus, Spinoza se hace
teólogo, o, más que nunca, filósofo. Spinoza ha escrito el Tratado
teológico político por una Holanda republicana, contraria a
la monarquía y a la pastoral calvinista. En ese texto, Spinoza
discute con pericia y con gran erudición todos los elementos de
la religiosidad tradicional judeo cristiana, sobre la base de un
método para abordar las Escrituras. Todo su saber está puesto al
servicio de ese proyecto político, para el cual necesita ocuparse
de una teología que permita arribar a una religión verdadera. La
nueva lectura de las Escrituras que emprende en su tratado tiene
como finalidad la máxima expansión del conatus individual y
social.
La
religión verdadera será conatus saludable, libre disposición de
las propias fuerzas en trabazón social, pasiones alegres y
control y neutralización de las pasiones tristes; obediencia a
los dictados de la justicia instituida –la política- y
despliegue infinito de la caridad –lo social-, desde donde se
gestan, incesantemente otras alternativas.
El
método de Spinoza
El
método que propone Spinoza se enrola en la divisa de la segunda
reforma calvinista, activa en Holanda: "Solo
Escrituras". Esa reforma de la reforma se expresa a través
de múltiples sectas que cuestionan a la ortodoxia calvinista.
"Solo Escrituras" quiere decir prescindencia de la
teología oficial, nueva interpretación, nueva lectura,
generalmente orientada hacia la ética, contra el ritualismo y
contra la jerarquía pastoral. Los reformadores de esta segunda
reforma simpatizan con la república holandesa, contra las
aspiraciones monárquicas apoyadas por los pastores. Solo
Escrituras, apela a hallar en la Biblia un mensaje moral, corazón
de toda religiosidad verdadera. Otra vez, Solo Escrituras, invita
a respetar la palabra, sin agregarle explicaciones que la
adulteren. En verdad, se trata de una divisa militante: se convoca
a leer de otro modo, con los siguientes supuestos: l) la palabra
bíblica es mensaje moral; 2) la palabra bíblica no transmite
conocimiento natural; 3) toda la Escritura puede reducirse a
alabar la Justicia y predicar la Caridad; 4) lo que no puede ser
comprendido debe abandonarse, antes que convertirse en material de
racionalización teológica.
A
la vez, la lectura de la Escritura, la única que permite
comprender el mensaje de justicia y caridad que hay en ella,
requiere de una arqueología que permita desentrañar cuándo
fueron escritos los Libros, en qué contexto social, con qué fin,
lo que brindaría un perfil de sus autores y un panorama de la
época. La ubicación histórico social y un profundo conocimiento
del hebreo podrían dar razón de muchos enigmas, dado que las
Escrituras contienen diversos niveles de lengua, polisemias,
expresiones simbólicas, modismos, arcaísmos, neologismos. El
hebreo bíblico es muy complejo en sus tiempos de verbo y, por
otra parte, la peculiar escritura sin vocales sugiere, muchísimas
veces, más de una interpretación para muchas palabras.
Spinoza,
metafísico de la única sustancia, pensador de un Dios no
trascendente, logra, con su método, desbaratar todo milagro y
misterio, comprender los discursos proféticos a la luz de una
casi sicología de los personajes intervinientes, entroncada en
una historia , en una geografía y en una sociología bíblicas.
Las
Escrituras que Spinoza depura, consideran la obediencia como lazo
social necesario, a la vez que la gestación de lo que se
considera más conveniente. En ellas Dios manda sólo caridad y
justicia. La profecía fundamental es lo que da lugar a la
conformación de un pueblo y un Estado, a partir del Éxodo de
Egipto. Esta profecía se destaca especialmente: se trata de la
liberación de la esclavitud y de la ulterior organización
política y social que se genera con la alianza del Sinaí. La
importancia que otorga Spinoza a la profecía de Moisés coincide
con la importancia que ella tiene en las mismas Escrituras. Sin
duda, no es invento de los filósofos el que lo teológico sea
visceralmente político.
El
método de Spinoza no es sólo un conjunto de técnicas de
interpretación, lingüísticas y sociológicas, sino que, ante
todo, se sustenta en un supuesto filosófico, particularmente
ético: el mensaje habla de caridad y de justicia. Todo lo que
exceda a estos contenidos -que pueden traducirse como lo político
y lo social- , es agregado edificante en el mejor de los casos, o
adulteración de la palabra. No todo tiene importancia. Se debe
comprender el mensaje, no adorar letras y tinta. Lo que hoy
llamamos fundamentalismo, tiene en Spinoza a su gran enemigo.
Lo
teológico político en Martín Buber
Este
filósofo, nacido en Viena en l878 y fallecido en Jerusalén en
l965, trabaja, creemos, en la misma perspectiva que Spinoza,
aportando todo el bagaje antropológico, lingüístico,
etnológico atesorado en nuestro tiempo. Buber lee de nuevo las
Escrituras de la mano de un método, pero también con un
supuesto: el de la necesaria liberación para toda la humanidad,
así como Spinoza lo hacía con un proyecto de república justa
para Holanda. Las técnicas que utiliza son muy depuradas, pero
quien las preside es un proyecto político, teológico político.
A Martín Buber le interesa la redención del mundo.
Buber
es un filósofo poco frecuentado. No fue, por cierto, una estrella
en el S. XX. Pasa por ser una figura más bien menor: los
programas corrientes lo ignoran. No es considerado un eje de
formación académica, lo que parece ser bastante injusto. Tal vez
su inspiración mesiánica no fue el tipo de irracionalismo que
las modas filosóficas apreciaron.
No
resulta fácil brindar aquí una semblanza completa de Buber, para
lo cual remitimos a la bibliografía enumerada. Sin embargo,
algunos datos serán útiles para ubicarnos. Pasó su infancia en
Lemberg, Polonia austríaca, en casa de su abuelo, donde se
nutrió del iluminismo judío tanto como del jasidismo, movimiento
social-religioso que data del Siglo XVIII. Sus estudios superiores
en filosofía, psiquiatría, sociología e historia del arte
culminaron con un doctorado en filosofía en l904, en Berlín.
Estudió religiones muy diversas, a la vez que se relacionó
fuertemente en términos de amistad y con objetivos intelectuales
y religiosos con católicos y protestantes.
De
l923 procede la obra Yo y Tú, expresión madura de su
pensamiento. En l932 aparece El reino de Dios, desarrollo
de su ideal anarquista teocrático. En l938 abandona Alemania y se
radica en Palestina. El Moisés que se abordará en este
trabajo data de l944.
Vivió
Buber acuciado por la problemática del mundo. Su concepción no
es parcial ni provinciana, tal vez porque pudo asumir plenamente
su identidad desde, en y para la totalidad.
En
Yo y Tú expone su concepción del hombre y del mundo,
basada en el diálogo. El hombre no es sólo oficio o producto,
sino, básicamente, acontecimiento, y lo es allí donde puede
entablar la relación recíproca, la única plena, la única que
abarca el ser entero. El Yo que dice Tú es persona; solamente en
esa instancia hay verdadera relación. Es entre Yo y Tú donde se
encuentra el Espíritu, propiamente el aire que se comparte. En la
relación dialogal Yo-Tú se puede descubrir a Dios. En cambio, el
Yo que enfrenta un Ello, ensombrece el vínculo Yo-Tú. El reino
del Ello es el de la causalidad, fundamental, en cuanto incluye la
ciencia, pero las decisiones sólo se toman en la relación de
diálogo, donde se es propiamente persona. Importa la suerte de la
humanidad antes que el conocimiento. En este sentido, cobra
relieve el aporte del judaísmo con su original idea de
mesianismo. Cercano a Ernst Bloch y a su concepción de utopía y
a la categoría de lo que está frente, Buber considera el ser-aún-no
realizado Nuevos cielos y nueva tierra serán una experiencia
directa, un mesianismo de este mundo.
"Buber
designa esta actitud como mesianismo activo, que no espera
pasivamente la llegada del Mesías, sino que quiere preparar el
Mundo para el Reino de Dios". (Michael Lowy, l997, p.54)
"Judío
religioso, Buber se opone radicalmente al establishment rabínico
ortodoxo, y apela tanto a Jeremías como a Jesús o a Spinoza; su
fuente de inspiración es lo que él llama el judaísmo
subterráneo (para distinguirlo del judaísmo oficial): el
profetismo, el eseniocristianismo, el cábalojasidismo.
Sionista,
desde sus inicios critica la política de la dirección del
movimiento y se tornó (después de su partida a Palestina en
l938) uno de los principales animadores del movimiento de
fraternización judeo-árabe Ihud (Unión), que luchó por el
establecimiento de un Estado binacional en Palestina (...)
(Michael Lowy, l997, p.56-57)
Para
Buber, en efecto, no se trataba sólo de la emancipación de un
pueblo, sino de la redención del mundo. Anarquista, creía que la
relación del hombre con su prójimo debía definirse sobre el
modelo dialogal Yo-Tú, para el armado de una sociedad sin
poderes. El Reino de Dios se concibe como sociedad libre, sin más
jerarquía que la del servicio, sin más poder que el de los
hombres reunidos en torno a un proyecto.
El
Dios que Buber encuentra en su lectura se encarna en la historia y
se compromete con la tarea histórica, apelando al compromiso
humano. La teología de Buber, como la de Spinoza, es también
teología política. Su supuesto es el futuro mesiánico de
redención de la humanidad toda.
El
método en Martín Buber
Según
se considera en su Moisés , los textos bíblicos están
formados por capas superpuestas. Existe, en la base, una
formalización de la tradición oral, sobre la cual obran
desarrollos varios que responden a diversas tendencias. Así,
resulta necesario: l) proceder separando lo anterior de lo
ulterior; 2) transitar desde el arreglo de la tradición hacia la
presunta capa primera, la más cercana a la tradición oral.
Respecto
de la primera instancia del método, la mayor garantía está dada
por el estudio de la lengua. Los estilos de expresión son
reconocibles y pueden ser atribuidos a diferentes tendencias de
escritura. El uso peculiar de las palabras puede referirse a una
época y a una perspectiva. El cambio de significado de las
palabras ofrece muchas pistas para ubicar las tradiciones
superpuestas, comparándose con la acepción primitiva. Las
construcciones sintácticas se observan cuidadosamente para
determinar capas de escritura.
En
relación con el segundo paso, las dificultades son de otra
índole, aún cuando íntimamente relacionadas con desarrollos de
la lengua. En la búsqueda de la tradición presunta, anterior a
los arreglos y formalizaciones que obra la escritura, nos
enfrentamos con el agregado legendario. El resultado tiene aquí
el rango de hipótesis. Contrariamente al "Solo
Escrituras"depurador spinocista, Buber valora el papel que
juega la leyenda. Si bien hay que seguir separando capas, no hay
que eliminar ninguna. Para Buber, la leyenda es una función
histórica, no la mera glorificación de un hecho. La leyenda
sigue a los hechos, se enraíza en ellos, porque es engendrada por
el entusiasmo. Ella es, también, una experiencia histórica. La
leyenda conserva el recuerdo histórico de lo que conmovió el
alma de quienes estuvieron presentes. La interpretación de la
leyenda conduce al encuentro original, aunque no pueda extraerse
con pureza el estado objetivo de cosas. El entusiasmo que da lugar
al relato legendario es parte de la investigación. Dice Buber:
"No
hay otra manera de comprender la historia científicamente que la
racional; pero ella debe comenzar por superar la ratio restringida
por otra más amplia."(Martín Buber, l994, p.24)
De
este modo, lo histórico es lo histórico más su leyenda. Se
llega, lo más posible, a cómo fue el proceso, diferenciando
estratos de escritura, pero sin suprimir nada.
Así,
Buber indica:
"En
este caso, el método de investigación es necesariamente
reductivo: hay que quitar, una por una, las capas de creaciones
existentes para penetrar hasta la más antigua entre las
asequibles. No tenemos ninguna certeza de llegar así a lo que
"fue en realidad" Aunque no nos sea dado conocer el
desarrollo de los hechos, comprenderemos, en alto grado, la manera
en que los sintió el pueblo espectador."(Martin Buber l994,
p.22)
Por
otra parte, y a favor del contenido histórico de la leyenda de
Moisés, se señala como rasgos significativos:
-
que
las figuras centrales no se confunden con personajes míticos,
ni los acontecimientos están teñidos de narraciones
míticas.
-
que
el narrador se impone una continuidad, dada por los
itinerarios y por las etapas de la conformación de una
nación, aún con los evidentes arreglos de la tradición,
sean estos arreglos con fines didácticos o simbólicos.
En
definitiva, la distinción de estratos, tanto desde la perspectiva
cronológica como desde la perspectiva de la leyenda respecto de
la verdad histórica, no conduce a eliminación ninguna.
"Lo
añadido ha de ser también importante para nosotros"(Martín
Buber, l994, p.26)
Lo
nuevo se legitima por lo antiguo. Hay un Moisés de tiempos
remotos y hay otro, tan legítimo, que cobró vida a lo largo de
muchas épocas. Es necesario reunir a los dos sin confundirlos.
La
perspectiva de Buber es opuesta a toda postura positivista, se
niega a buscar e idolatrar "el hecho". Considera la
historia como un proceso y a la leyenda como un momento de
expresión conciente del proceso. No hay hecho histórico, sino
devenir complejo que integra la manifestación entusiástica del
proceso mismo que, lejos de constituir lastre, conduce al
encuentro original y hecha luz sobre él. La leyenda es la
repercusión y la resignificación de lo acontecido. No hay hechos
en sí mismos, sino acontecimientos, cuyo contenido se halla, en
gran parte, en la interpretación poética, narrativa, legendaria
que los acompaña, y que no debe entenderse como arbitraria, sino
como devenida del acontecimiento mismo.
Spinoza
pretende explícitamente, el "Solo Escrituras". Sin
embargo, él las interpreta según un supuesto ético fuerte:
ellas sólo dicen, en estado de máxima reducción: caridad y
justicia, organización social y ley, alternativas de lo social y
ley como producto del juego de fuerzas, pacto para la común
utilidad, ruptura del pacto que deviene injusto. Interpreta las
Escrituras a la luz de un proyecto.
Martín
Buber también habla de un método depurador, aún cuando con una
perspectiva más amplia de la racionalidad, ensanchando el método
de la razón natural de Spinoza. Pero también Buber interpreta
las Escrituras desde una postura filosófica que excede al método
mismo: humanidad justa y caritativa y futuro mesiánico como
espera activa, intervención humana en la redención, compromiso
permanente, historia que se encamina hacia la justicia. Este es su
proyecto.
El
Moisés de Martín Buber
Buber,
traductor del Antiguo Testamento al alemán, también escribe un
tratado teológico político: su Moisés. La exégesis
bíblica, inserta en el método, y la hermenéutica elaborada
sobre su concepción del mundo trabajan sobre toda la historia el
Éxodo, desde el nacimiento de Moisés hasta su muerte,
transitando por todas las alternativas que llevan desde la
esclavitud hasta la liberación. Se han elegido tres figuras de su
texto para ser estudiadas aquí: la del nombre de Dios, afincada
en el diálogo frente a la zarza ardiente, el acontecimiento de la
Pascua en vísperas del éxodo y el sentido del sábado.
La
primera de ellas, el prólogo de la gesta, resulta esencial en
relación con la filosofía de Buber. Se trata del diálogo con
Dios, del Cara a Cara, del Yo frente a lo que no es el yo, de la
relación por excelencia, en la cual se toman decisiones y se
asumen compromisos. La cena pascual también ha sido tratada, por
su trascendencia como primer factor de organización y
unificación de lo que será un pueblo. Finalmente, el sábado,
como un aspecto relevante de la ley y por su sentido de humanidad
y justicia.
El
acontecimiento de la zarza ardiente
El
milagro de la zarza, el encuentro de Moisés con Dios, su
discusión, vienen a conformar una primera culminación del
proceso libertario. Hay un grupo esclavo en Egipto, el gran
imperio. El príncipe Moisés, indignado por la crueldad, mata a
un capataz egipcio y huye. Este acto lo ha convertido en un
subversivo, pero de orden individual. Teme la venganza del faraón
y escapa por temor de su vida. Transita el desierto, fugitivo, y
se afinca en el seno de una familia tribal, asumiendo la vida de
pastor. Sin embargo, el no es de allí, sino que procede el
imperio, contra el que ha ensayado una rebeldía personal. Aún no
pertenece, ni por formación, ni por historia compartida, al grupo
oprimido. Ha sido noble y ahora es pastor. Conoce la libertad de
los poderosos y ahora la de los nómades, pero aún no sabe
quiénes, cómo son los esclavos.
La
conversión de Moisés es uno de los procesos que conducen de la
sustancia al sujeto, de la quietud al movimiento. El abandono de
la tranquilidad pastoril y la aceptación del desafío de
enfrentar al imperio egipcio, decidida frente a la zarza,
probablemente conformen el corazón de todo el planteo del Yo y Tu
buberianos. Verídico o no, el episodio frente a la zarza es
historia absoluta: nada de magia ni resabios míticos. Este relato
es paradigmático de la condición humana, con todas sus
vacilaciones, ambigüedades, miedos, deseos de no ser elegido,
ansias de vivir en paz y, a la vez, deseos de justicia. (Rubén
Dri,l997, p.l30 y SS)
Nos
ocuparemos de un aspecto del diálogo entre Dios y Moisés,
particularmente en relación con el nombre de Dios. Buber trabaja
desde su conocimiento del hebreo y de otras lenguas semíticas y
desde la propia doctrina del ser dialogante, recíproco, mutual.
En la zarza hay relación inmediata, presencial, libre, y
participación humana que viene a ayudar a la realización del
mundo.
Moisés
pregunta por el nombre de Dios, y se le contesta: "Eheié
asher eheié", lo que normalmente se traduce como "Soy
el que soy". Aún más, Dios ordena que Moisés se presente
diciendo a los israelitas: "Eheié (Yo soy) me envió a
ustedes" (Exodo 3,l4).
Soy
el que soy ha sido
entendido como el que es eterno, el que persiste de manera
invariable en el ser. También puede entenderse que Dios rehusa
dar razón de sí mismo. Sólo aparece su eternidad, el ser igual
a sí mismo, la trascendencia.
Buber
rechaza esta traducción. Tanto desde el conocimiento del hebreo
bíblico como desde su filosofía -la filología no funciona
jamás sola-, se enuncia:
"Pero
esto [dice, oponiéndose a la interpretación tradicional] sería
sólo una de esas abstracciones que no suelen surgir nunca en
épocas de una alta vitalidad religiosa: en el hebreo bíblico, el
verbo en cuestión no significa mera existencia, sino suceder,
hacerse, estar, estar presente, ser de tal o cual manera, pero
no ser en sí." (Martín Buber , l994, p.85)
El
Dios de la zarza, impulsor de un proceso histórico, se diferencia
también del Dios del Génesis, el Dios Shadai, que
significa fuerza, potencia, autoridad, y que obra en el plano
biológico-natural:
"La
divinidad como potencia (...) como lo que vuelve fecunda a la
familia humana y que, de esta suerte, da origen a la estirpe
humana, [el Shadai].En efecto, se trata aquí del origen
biológico de Israel, que se concibe como obra de Dios."
(Martín Buber, l994, p.8l)
Sin
embargo, el nombre de Dios no es Eheié, que se usa en el
diálogo frente a la zarza, enfáticamente, para senalarse su
carácter nuevo, histórico, de exhortación a la realización,
sino YHVH, de muy antigua data. Los patriarcas no ignoraban el
nombre de YHVH, pero, según Buber, no conocían su atributo,
revelado a Moisés frente a la zarza. Sólo en una ocasión, el
Génesis expresa el atributo como lo hace YHVH frente a Moisés:
"Yo
soy el Señor que te hizo salir de Ur de los caldeos para darte en
posesión esta tierra" (Génesis l5,7), precisamente en esta
alianza con Abraham, análoga a esta sentencia: "Yo soy el
Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto de un lugar de
esclavitud" (Exodo 20, 2). El nombre de YHVH con su atributo
histórico y comprometido parece, luego de aquella manifestación
del Génesis, quedar oculto hasta el acontecimiento del Exodo.
El
YHVH de Géneis l5,7 y el YHVH de la zarza en el libro del Exodo,
llamado aquí Eheié (seré, estaré, acompañaré) con verdadera
osadía lingüística, son como extremos avanzados, simétricos,
puestos en las puntas, tal vez por la significación similar de su
enunciado, por la transformación histórica que implican. Pero
además de esto, en un verdadero esfuerzo que, sin forzamiento
alguno puede entenderse como proceso de lo sustancial a lo
subjetivo, Buber indaga en aquel YHVH arcaico, aquel del que se
conocía el nombre, pero no el atributo, o, mejor, el sentido que,
indudablemente adquiere con el Éxodo y que alguna capa avanzada
ubicó por única vez en el Génesis.
Buber
se refiere a un trabajo inédito del investigador Duhm quien da
una clave para la comprensión del nombre primitivo y de su
función:
"Tal
vez el nombre no sea más que una ampliación de hu-él,
como llaman a Dios aún otras tribus en eras de excitación
religiosa"el Uno, el Innombrable " (Martín Buber,
l994,p.82)
Hu,
en hebreo como en árabe, significa él, artículo de tercera
persona. El grito Ya-Hu, que se interpreta como "¡Oh,El!"
aparece en fuentes persas, en el grito de los derviches y en otras
fuentes semíticas primitivas. A la vez, Ya-Huva parece ser
una capa aún más arcaica.
Otro
estudioso, Movinckel, en una carta al célebre teórico de las
religiones Rudolf Otto, consigna estos datos, que Buber toma de la
fuente:
"Entonces,
el nombre de Ya-Huva significaría "¡Oh,EL!",
con el cual se saludaba, mecánicamente, por ejemplo, en el culto,
la epifanía del dios, ya visible, ya audible, o ante el que se
reaccionaba sicológicamente. De este Ya-Huva pudo provenir
tanto Yahú como Yahvé (originariamente, tal vez, Yavá)
(Martín Buber, l994, p.82)
Buber
observa que muchos nombres de dioses se originaron en sonidos
primitivos. Los semitas conservaron el grito elemental como
nombre, plenamente oral y acompanado de un gesto, tal como el
brazo extendido, para decir Ya-Hu: ¡Oh,El! O bien Ya-man-hu:
¡Oh,El, que es!
Se
trata de una capa idiomática antigua en la que hava es
previo a haia, tercera persona, y que implica alusión al
innombrable, con todo el carácter de ocultación, temor y
misterio. Grito primitivo, a medias interjección y a medias
artículo gramatical.
El
YHVH de la zarza, en cambio, se define como "Eheié ahser
eheié", aquel impulsor que promete presencia y ayuda. Se ha
arribado, de la interjección-artículo a la oración completa: Seré
el que allí estaré, con el verbo en primera persona, en
futuro y con la carga de sentido que se interpreta del verbo:
promesa, compromiso, alternativa. Ni Dios Shadai, mera potencia
natural, ni invocación lacónica y ocultadora. Este YHVH se
manifiesta y describe, se devela llamando a obrar, estará
presente si los hombres están presentes.
Estos
análisis de Buber, que datan de l944, parecen haber sido
decisivos. El teólogo Hans Küng lo recupera explícitamente:
"Hoy
no podemos atenernos a la traducción griega de la Biblia hebrea
(...) Ya no se admite el "Yo soy el existente". Es
cierto que, en ocasiones, el verbo [cuya raíz es] HYH también
puede significar "ser", pero, en la mayoría de los
casos significa "existir", "acontecer",
"suceder". Y puesto que en hebreo se encuentra esa forma
para presente y futuro, se puede traducir por "Existo como el
que aquí estoy" o "Existo como el que aquí
estaré". O, como tradujo Martín Buber, el gran traductor de
la Biblia hebrea: "Haré acto de presencia como el que aquí
estaré" (...)[ o bien} "Aquí estaré, presente,
dirigiendo, ayudando, confortando, liberando." (Hans Küng,
l997, p. 52-53)
La
pascua
Buber
se empeña en hallar el contenido histórico, aún en un pasaje
bíblico al cual se ha restado importancia habitualmente, más
allá de lo legendario. Cuando el grupo de Moisés está ya por
salir de Egipto, entre el anuncio de la décima plaga –la muerte
de los primogénitos- y su concreción, Moisés dispone la
preparación de la cena. Dios pasó, saltó las casas de los
israelitas que estaban marcadas con sangre. (Éxodo l2; l3,23 y
27).
Los
hombres que saldrán de camino, los hombres del éxodo, no están
demasiado cohesionados. Han perdido sus tradiciones antiguas, o
las han olvidado. Han adquirido hábitos de esclavitud (Spinoza
decía que eran "como niños"). Por otra parte, las
condiciones geográficas y en general, políticas, militares, se
presentaban muy difíciles, llenas de riesgos, tanto si el grupo
se proponía dirigirse a una tierra específica, como si optaba
por el nomadismo. Buber reflexiona sobre cómo encara Moisés esta
partida. Se necesita un acto simbólico que cale hondo en estas
personas que emprenderán un camino, sin casi nada en común entre
ellas. La partida debe contar con una divisa, un elemento
religante. Se trata de un momento especialísimo, es nada menos
que el primer movimiento verdaderamente conjunto. Se parece a un
primer pacto, y, mirado con proyección prospectiva, es un ensayo
decisivo del pacto, de la alianza.
No
hay tiempo ni condiciones de ningún tipo para una deliberación
de la que surja el símbolo adecuado que de unidad a este grupo.
Moisés apela al pasado campesino, nómade, de los ancestros de
estas gentes, y tal vez a su experiencia reciente de pastor, para
hallar lo que unifique esta diversidad sin identidad de quienes se
preparan para el Exodo. La elección del elemento religante se
remitirá a lo arcaico, pero de tal modo, que el sentido será
nuevo. Dice Buber:
"Las
costumbres conocidas de los árabes de Moab y otros países,
permiten conjeturar que los semitas primitivos ofrendaban todos
los años al primogénito del rebaño del ganado menor (...) y lo
marcaban como consagrado. Cuando la res tenía un año, más o
menos, en el tiempo de luna llena se preparaba con ella una comida
que, como fiesta de paz y como placer de la comunidad, reunía al
clan con sus parientes consanguíneos que habían venido de otros
lugares. Se manchaban los espárragos de los entoldados con la
sangre del animal para alejar el elemento demoníaco (que,
originariamente, fue tal vez el tronco vengativo de la especie
animal), especialmente de los primogénitos humanos, a los que lo
demoníaco amenazaba." (Buber, l994, p. 119)
Lo
demoníaco, un estrato de lo religioso siempre presente, siempre
al acecho, pero que se va reduciendo o que puede ser desplazado
toda vez que el proceso se dirija de lo mágico a lo histórico.
En estas antiquísimas costumbres, el animal puede vengarse del
hombre, devorando al primogénito. Se lo conjura con la sangre del
animal sacrificado. Esta dialéctica superadora, transformadora de
lo demoníaco funciona, aquí, creando comunidad, grupo, nuevo
sentido. De lo demoníaco a lo santo, del terror a la reunión de
lo oscuro de la esclavitud a la luz de la libertad. El símbolo
adoptado será la comida en común de cada familia, al mismo
tiempo todas, comida sagrada en las vísperas del Exodo. Aquello
que para cada clan se realizaba otro día, es fijado por Moisés
para un momento determinado.
"Los
clanes matan a los animales predeterminados a un tiempo; cada
familia come de lo suyo, cada una en su casa, que nadie debe
abandonar; pero todas ellas comen simultáneamente: una sola
comida las congrega a todas en comunidad. Con sangre se manchan
las jambas y dinteles de las casas, pero no ya por los demonios,
sino por YHVH, a quien todos los clanes se consagran por la
sangre, redimiendo así la deuda que los primogénitos humanos
tienen con Él."(Buber, l994, p.120)
Es
comida sacramental, donde el acto cotidiano de comer se ha elevado
a acto de comunión por la participación unánime. Moisés
convirtió la fiesta de clanes de pastores en la de una nación,
sin quitarle su carácter de fiesta de familia. No hay culto ni
sacrificio, ni tampoco santuario, sino solamente consagración a
Yhavh. La antigua fiesta de pastores que necesitaba, para
alegrarse plenamente, alejar lo oscuro, la amenaza de muerte, se
transforma en divisa libertaria, en vísperas del gran
acontecimiento. El pasado, el presente y el futuro se dan cita en
la cena: un lugar y un momento para la formación de la conciencia
de orden privilegiado, por la concentración e intensidad
emocional que implica. El pan sin levadura, alimento de tribus
nómades, evoca una libertad antigua y una nueva. A la vez, es
época de primavera, pero al Éxodo se apropia de la naturaleza y
la hace devenir historia:
"La
institución de la Pascua significa la regulación del tiempo de
la naturaleza por el de la historia: el establecimiento de un
nuevo comienzo."(Martín Buber, l994, p.l24)
El
principio de los meses se fija con la Pascua. La primavera cobró
rango histórico: el retoño es la libertad.
El
sábado
Establecido
en la Ley, el descanso sabático, seguramente mucho antes
practicado, cobra vigor en el Sinaí. No sólo lo que pudo haber
ocurrido de hecho es legalizado, sino que, como parece acontecer
frecuentemente, lo muy antiguo, cargado de vivencias de índole
mágica, de ritos propiciatorios, transita alejándose de lo
demoníaco, del caos, del temor al daño, y se encamina hacia una
fase luminosa y renovada, que abandona la repetición en favor del
proyecto.
Entre
los antecedentes del sábado instituido en Sinaí, Buber da cuenta
de algunos, para él significativos, aún cuando se trate de
desarrollos paralelos que no hubieran influido en el sábado
hebreo.
"Sabemos
que en Babilonia, la palabra shabatu se usó en relación
con determinados días del año (...): fueron días de penitencia
y, por tanto, de propiciación de la ira de los dioses (...) Es
permitido suponer que la idea fundamental de aquellos días era la
de una restauración de la integridad violada, la de un
arreglo." (Martín Buber, l994, p. 137)
La
palabra shabatu, de modo incierto, tal vez quiera decir
cesa, o hacer cesar. En hebreo, shabat como verbo significa
haberse librado de una acción, no obrar ya. Por otra parte, en
Babilonia se tenía en cuenta el séptimo día –no era al shabatu
del que se hablaba-, y tal día séptimo implicaba inestabilidad y
peligro. Los desarrollos de Babilonia y de Israel parecen no
tocarse demasiado, pero algo halló Moisés como sábado, en una
forma primitiva, tal vez en su experiencia como pastor. Ciertas
celebraciones llenas de tabúes y ornadas con ritos de recato y
cautela. Desde aquellos antecedentes, un tanto inciertos, pero de
los que se saben actos de conjuro, cuidados, temores, hasta el
sábado que se encuentra en el proceso del Éxodo, hay una
considerable transformación.
En
el Éxodo se establece el sábado como día santo para Yhvh. Sin
magia propiciatoria ni conjuros, se limitó a hacer cesar el
trabajo, en la medida en que era posible en aquella vida nómade.
Más adelante, la gente comenzó a vestirse de fiesta y a celebrar
con regocijo. La ley impuso que el siervo y el extranjero debían
participar del descanso divino. El sábado es bien común, por lo
que el legislador exige que se haga justicia con todos, sin
olvidar a los más expuestos.
Se
trata de un día de paz y sosiego, nada hay de demoníaco en él.
Está mandado, pero su acatamiento humaniza y libera. Con este
sentido, Buber le da carácter revolucionario y origen en el
Éxodo:
"No
es el concepto de una especulación sacerdotal tardía. En esta
visión fluyen savias de una humanidad rudimentaria (...) Moisés
lo hace entrar en el mundo de la palabra" (Martín Buber,
l994, p. 144)
Cada
sábado es un pequeño Éxodo. Cada Pascua, un gran sábado. Lejos
de preceptivas agobiantes, el sábado asume un valor enorme, que
alimenta la conciencia del sujeto. Sustancializar el sábado con
rígidas normas hace retroceder al sujeto sabático y lo confina
en lo dogmático. Nada pétreo hay en el sábado, nada
impenetrable, nada oscuro. Tiene la dinámica del sujeto, de la
historia en proceso, de la libertad.
Algunas
ideas finales
Spinoza,
Buber, Moisés. Dios ,Pascua, Sábado.
Dios
sufre transformaciones. Hay dialéctica en Dios, o en las
interpretaciones de Dios. Del Dios potencia, energía, fuerza
multiplicadora al Dios convocante del proceso liberador. Del Dios
oculto del grito arcaico al Dios develado, que estará presente.
Del Dios de la tercera persona al que se alude, al Dios en primera
persona que se expresa y describe, que discute e indica caminos,
que promete ayuda. De la interjección a la oración, de la
exclamación lacónica al diálogo enfático. Del nombre oculto,
al nombre. Pero no es mera evolución: es siempre todo y tanto
requiere del esfuerzo transformador del hombre que, si se deja
sólo a este todo, de nuevo acecharán los demonios, aquellos de
los conjuros antiguos, tanto como las concesiones, las
claudicaciones, las resignaciones actuales. La transformación de
lo fijo es una lucha de nuestros días. Sustancia, es
fundamentalismo.
Un
camino superador, que contiene, conserva y transforma lo logrado,
es el que se tiende entre Spinoza y Buber. Ambos filósofos,
teólogos políticos, se hermanan en esta historia que aún sigue.
Del "Solo Escrituras" de Spinoza al "Todas las
Escrituras" de Buber implica al sujeto activo. El momento
spinocista suprime el milagro, lo diseca con la razón natural o
lo considera un añadido edificante, infantil moralizante, sin
mayor importancia teológico política. Buber puede, ya, sin temor
a la superstición, enfrentarse a todo el texto, para comprender
más formas de vivencia encarnadas en el narrador.
La
Pascua deviene una especie de pre-pacto político en la mirada de
Buber. La comida pascual no consiste sólo en sustraerse al ángel
exterminador, sino que deviene señal del acuciante presente, de
la proximidad del éxodo, frente a cuyos temores nos unimos y
consagramos, y signo de una futura sociedad. De la disgregación a
la reunión y unidad, realizada en la comensalidad compartida.
El
sábado se gesta desde las experiencias terribles y se transforma
en goce, en descanso, en libertad, en justicia para todos.
Del
grito al diálogo, de la sangre del sacrificio al pacto de sangre,
de lo terrorífico a lo santo: un sendero de redención. Pero,
como diría Buber, de redención con participación tan activa del
hombre que mantenga y acreciente aquellos logros. Sin la
participación activa del hombre se deshumaniza la historia. Lo
santo es invadido por lo demoníaco, la pasividad los confunde, y
no sólo se tornará sustancia, sino que se tomará la sustancia
por sujeto, error que no resulta inocente, sino trágico. (*)
(*)
Fuente: Silvia Ziblat,
"De sustancia a sujeto: lo teologico
politico entre Spinoza y Buber", en
Diaporías.
Revista de Filosofía y Ciencias Sociales, número
3, mayo 2004, editada en el contexto de la Facultad de Ciencias
Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
Bibliografía
citada
Buber,
Martín (l994) Moisés, Buenos Aires, Lumen-Hormé.
Dri,
Rubén, (1997), La utopía de Jesús, Buenos Aires, Biblos.
Küng,
Hans, (l993), El judaísmo, Madrid, Trotta.
Löwy,
Michael, (1997), Redención y utopía. El judaísmo libertario
en Europa central. Un estudio de afinidad electiva, Buenos
Aires, El cielo por asalto.
Bibliografía
consultada
Dujovne,
León, (1965), Martín Buber. Sus ideas filosóficas,
religiosas y sociales, Buenos Aires, Bibliográfica Omeba.
Otto,
Rudolf, (199l), Lo santo. Lo racional y lo irracional en la
idea de Dios, Madrid, Alianza.
Spinoza,
( 1986), Tratado teológico político, Madrid, Alianza.
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