Por Peter Bolz
El
punto central del culto religioso de los sioux oglalas no
lo constituye un creador del mundo, sino un objeto: la pipa
sagrada. Y precisamente por esto el mito más importante
para todos los lakotas es el de la mujer búfala blanca
(llamada también mujer cría de búfalo
blanca), donde no se habla del origen del mundo o de los hombres,
sino del origen de la religión lakota. El mito en cuestión,
que suele llevar por título "El don de la pipa
sagrada", se conoce sobre todo a través de la
versión de Black Elk: dos hombres que estaban cazando
vieron venir hacia ellos una bellísima mujer enteramente
vestida de blancas pieles de alce. Uno de los cazadores, que
la deseo, fue aniquilado por ella. El otro fue enviado al
campamento con el encargo de decir a su pueblo que se hicieran
los preparativos necesarios para recibirla. La mujer llegó
trayendo consigo la pipa sagrada e instruyó a los lakotas
en los siete rayos en que debía utilizarla. A continuación,
después de transformarse sucesivamente en cría
de búfula, en búfala blanca y en búfula
negra, desapareció.
Este mito muestra la forma en que se les manifestó
lo sagrado a los lakotas, fundando su mundo y ayudándolos
a orientarse en el espacio y el tiempo. El nombre de la mujer
mítica, Cría de Búfula Blanca, se refiere
a su transformación en un bisonte, la más importante
pieza de caza de los oglalas, que tenía para ellos
carácter sagrado. En cuanto a la pipa traída
por la mujer, se la designa generalmente por el nombre de
"Pipa de la Cría de Búfala" (Buffalo
Calf Pipe), o "Pipa de la Cría" (Calf Pipe),
alusión clara a la descendencia oglala de un mítico
pueblo de "búfalos". Todavía hoy se
conseva esa pipa en un envoltorio sagrado (Sacred Pipe Bundle)
no lejo de Green Grass, en la reserva Cheyenne-River de Dakota
del Sur. Su actual guardián es Arval Looking Horse,
miiembro de una de las familias allí residentes. Esto
significa que, aun a fines del siglo XX, la pipa sagrada no
ha perdido nada de la veneración religiosa que desde
sus orígenes le profesan los lakotas.
Si bien estos últimos no puede presentar una "historia
de la creación" tal como la entendía James
Walker (gran recopilador de historias indígenes de
América del Norte), poseen con todo ciertas nociones
del modo como los hombre v¡nieron a la Tierra. Al principio,
los seres humanos vivían, junto con los bisonte y los
demás animales de caza, en un gran antro subterráneo.
Tokahe, un joven constituido en jefe, los condujo hasta la
superficie terrestre sorteando durante esta empresa múltiples
dificultades. Llegados a su destino, los hombres tuvieron
que aprender a procurarse el sustento cazando animales, a
levantar tiendas y a vestirse. "Así Tokahe y sus
amigos fueron el primer pueblo del mundo y sus hijos son los
lakotas". Por eso a los seres humanos se les llamó
wicasa akantula "hombres de arriba".
Los lakotas no distinguían entre "natural"
y "sobrenatural" y tampoco veían ninguna
oposición entre humanidad y naturaleza o entre naturaleza
y cultura, conceptos tan fundamentales en el pensamiento occidental.
En su mente, hombres y naturaleza formaban un todo invisible.
Distinguían, en cambio, entre lo general o habitual
y lo extraordinario o incomprensible. Lo más incomprensible
para ellos era el universo. Ni lo conocían bien ni
podían en modo alguno controlarlo. De ahí que
se sintieran embargados a la vez de respecto y temor ante
los misterios de ese universo, que lo veneraran y, con sus
limitados medios, trataran de influir en él dentro
de lo posible. Los lakotas designaban esta incomrpensibilidad
del universo por el nombre de wakan.
Wazlker se esforzó por reunir datos sobre el concepto
de wakan, pero tuvo que reconocer que los propio oglalas,
lejos de poseer una definición única del mismo,
le daban una extensa gama de interpretaciones según
el contexto en que lo utilizaban. Uno de sus informadores
le explicó que wakan significaba todo lo que
era difícil de entender.
La suma total de lo incomrensible era los lakotas Wakan
Tanka el "gran misterio". Denominábase
así todo lo misterioso, poderoso o sagrado, sin principio
ni fin. Wakan Tanka había creado el universo,
pero la noción no se refería a ningún
ente individual, sino a la totalidad de lo existente y a la
unidad cósmica. En su sentido más abstracto
Wakan Tanta ha de interpretarse pues, como "fuerza del
universo", que no admite ningún tipo de personificación.
La influencia del cristianismo llevó a que los lakotas
designaban a Waka Tanka por el nombre de "gran
espíritu" y que éste llegara a identificarse
con el Dios Cristiano, de suerte que Walker mismo tuyo en
su tiempo grandes dificultades para captar el sentido original
del concpeto. Por fin, se decidió a distinguir entre
su significado tradicional, que transcribió como Wakan
Tanka y la intepretación "moderna" (cristiana)
de los lakotas, para lo cual se sirvió de la palabra
única Wakantanka.
Los chamanes, llamados por los oglalas wicasa wakan
("hombres sagrados") podía influir en las
fuerzas del universo. Basándose en sus experiencias
personales, trataron de establacer un orden en la comprensión
de Wakan Tanka. Comenzaron por clasificar los seres
wakan conforme a su número sagrado, el cuatro,
bajo el nombre de Tobtob kin (los "cuatro veces
cuatro"), grupo de dieciséis potencias wakan
de disposición benévola, concebidas generalmente
por los lakotas como "espíritu" o "dioses".
A muchos de estos entes, no humanos, se les atribuían
algunas características humanas. Entre ellos figuraban
ciertos fenómenos de la naturaleza como el Sol, La
Luna, el viento, el trueno, la Tierra, las rocas, etc., y
toda una serie de espíritus invisibles.
Además de esa categoría de seres wakan,
había una segunda en la que se incluían los
que usaban de su poder con fines nocivos. Wakan no
era, pues, una fuerza neutral, sino algo que se manifestaba
para bien o para mal.
En
cuanto especialistas de los ritos, los chamanes eran obviamente
los únicos hombres capaces de abarcar en su totalidad
el intrincado sistema de los seres wakan. Por otro
lado, se servían de un idioma ritual que dificultaba
a los demás el acceso a los misterios religiosos, de
donde podemos deducir que sólo unos pocos oglalas conocían
esa compleja estructura. En general, los oglalas equiparaban
Wakan Tanka con el Sol, en el que veían la máxima
fuerza del universo.
Los chamanes, que controlaban a los seres wakan, recibían
de éstos el poder de dar a cualquier objeto un tunwan
(espíritu). De estos objetos el más importante
era el wasicun o la sea la "medicina" personal
que utilizaba el guerrero en el campo de batalla. Una persona
se convertía generalmente en chamán cuando,
en estado de tensión física o enfermedad, tenía
una visión que le confería el poder de llevar
a cabo actos misteriosos.
Todo niño, al nacer, recibía un "espíritu
guardián" (sicun) que lo protegía
de los malos espíritus. Sicun representaba la
potencia de Wakan Tanka encarnada en un ser humano.
El recién nacido recibía también otro
espíritu (niya) venido de las estrellas. Finalmente,
cada persona poseía un tercer espíritu (nagi)
que era un reflejo inmaterial e inmortal del cuerpo. Los oglalas
creían que, a la muerte de una persona, el espíritu
guardián (sicun) acompañanaba a ese tercer espíritu
(nagi) hasta el otro mundo, situado allende la Via
Láctea. Luego sicun y niya regresaban
a su respectivo lugar de origen, es decir, allí donde
habían morado antes del nacimiento del niño. Por lo
demás, los restos mortales del difunto se descomponían
hasta disolverse en la nada.
Los lakotas no diferenciaban lo sagrado de lo profano. Puesto
que cada cosa poseía un espíritu, todo era para
ellos wakan. Ese espíritu era llamado tunwan
y de él procedía la fuerza que llevaba a ejecutar
actos wakan. Sin embargo, los tunwan no eran
iguales, puesto que reflejaban las diferencias externas de
las formas vivas. De ahí que el exterior de las cosas
no se percibiera como real, sino como mera manifestación
física de las fuerzas internas.
La unidad de los diversos seres wakan se expresaba
en términos de parentesco. Eran llamados madres, padres,
abuelos, etc., para demostrar que en el universo todas las
cosas estaban "emparentadas". Ejemplo característico
de esta concepción es la mujer Búfala Blanca,
enviada por el "pueblo de Búfalos" para establecer
lazos de parentesco con los hombres, de modo que éstos
pudieran siempre sustentarse y seguir multiplicándose.
La pipa sagrada, traída por la mujer Búfala
Blanca, constituía el vínculo directo de los
lakotas con Wakan Tanka, llevando en su humo hasta
lo más alto del universo las plegarias de los hombres.
Este tipo de oración era para los lakotas un modo de
reafirmar y estrechar sus lazos de parentesco con el todo.
De los seres wakan, en efecto se esperaba una conducta
tan atenta y generosa como la de parientes próximos.
El parentesco entre hombres, bisontes y el resto del universo
representaba por el círculo, símbolo de infinitud
y totalidad.
Los oglalas posee gran riqueza de ritos que abarcan todos
los aspectos de la vida. Algunos de esos ritos, según
creen, les fueron enseñados por la Mujer Búfala Blanca,
mientras que otros tiene su origen en visiones.
La base de todo el ritual es la ceremonia de la purificación
en el "sudadero" (in kagapi), durante la
cual los participantes se limpian tanto corporal como espiritualmente.
Esta ceremonia puede celebrarse como rito independiente o
servir de preparación a otro.
| Cremación de
un sioux.
|
 |
Los ritos no sólo son una traducción de las
ceremonias religiosas en actos concretos, sino que además
brindan la posibilidad de acceso a nuevas experiencias personales,
sobre todo para los varones. Al no existir una teología
uniforme ni prescripciones dogmáticas de ningún
tipo, cada cual puede, a partir de los conceptos comúnmente
aceptados, construirse su propio sistema religioso, que sólo
es valido para él. El principal medio para llegar a
esto es la "búsqueda de visiones".
A ella se dedican en general los jóvenes durante la
pubertad, pues el rito señala al mismo tiempo su nueva condición
social. Para dicha "búsqueda" se retiran
a una colina solitaria donde se entregan al ayuno y la oración.
En lengua dakota este ascetismo particular recibe el nombre
de hanbleceyapi ("llanto por la visión")
y denota que el asceta-aspirante debe implorar la compasión
de los seres wakan desnudo y desgreñado, en señal de
humildad, y con abundantes lágrimas. De ese modo trata
de persuadirlo a que reciban su plegaria, es decir, a que
acepten su parentesco con él. Para ello se coloca en
un espacio recubierto de salvia, hierba sagrada de los seres
wakan cuyos efluvios aromáticos alejan da las
fuerzas malévolas. Los cuatro puntos cardinales se
marcan por medio de postes a los que se sujentan trozos de
tela de colores, a guisa de ofrendas. Dentro de ese lugar
sagrado, el "buscador de visiones", implora
y suplica a voces que le sea concebida una revelación,
esperando así que los seres wakan lleguen a
comunicarse con él. En tal caso, sabrá que lo
han elegido para desempeñar en el mundo una tarea unificada.
No se le dan instrucciones concretas sobre el modo de obrar,
pero el tipo de visión que haya tenido determina ciertos
actos o el cumplimiento de deberes específicos. Puede
estar destinado, por ejemplo, a ejercer futuras funciones
de curandero o a actuar como heyoka, que todo ha de
hacerlo "hacia atrás".
Aunque la búsqueda de visiones es un asunto individual,
muchos modelos de visión se asemejan unos a otros,
por lo que antiguamente los que habían tenido visiones
análogas solían asociarse para ejecutar en común
los correspondientes ritos. En este sentido, la visión
es una experiencia a la vez individual y colectiva.
(...) El baño de sudor, la búsqeda de visiones
y la danza del Sol son, entre los oglalas, las ceremonias
tradicionales que mejor reflejan la continuidad de su cultura.
Por supuesto, sus formas externas han tenido también
que adaptarse en parte a las nuevas circunstancias de la vida,
pero su sentido original se mantiene todavía hoy.
Cada vez son más numerosos los oglalas que construyen
un "sudadero" junto a su casa para allí tomar
el baño ritual con sus amigos y parientes. La ceremonia no
estas ligada a ninguna ocasión especial; su objeto
es ayudar a relajarse y reforzar el setimiento comunitario,
constituyendo al mismo tiempo una profesión de los
calores tradicionales de la sociedad oglala. Más aún
que purificar el cuerpo haciendo que suden los que participan
en esta ceremonia intentan purificarse espiritualmente alejando
de sí todo mal pensamiento; por eso, el rito se acompaña
de oraciones y cánticos. A esta purificación
ritual debe uno somterse sobre todo antes de tomar parte en
cualquier acto religioso importante, por ejemplo, la búsqueda
de visiones o la danza del Sol.
La
danza del Sol
La
danza del Sol fue y sigue siendo todavía para los oglalas
el acontecimiento ritual más importante del año. En
lengua lakota se llama wi wanyang wacipi, cuyo significado
literal es "danza de mirar fijamente al Sol", acto
que entre los oglalas forma parte del rito. No se trata de
un culto al Sol sino de una ceremonia de "renovación
del mundo" - como las de la mayoría de las otras
tribus de los llanos- y de peticiones de fecundidad.
Mediante privaciones y penitencias corporales, los danzantes
tratan de suscitar la compasión de Wakan Tanka
y garantizar así la perpetuidad de la tribu. Para la
mayor parte de las tribus que celebran esta ceremonia el acto
principal es el ayuno y no las "torturas" que sólo
desempeñan un papel secundario. Únicamente entre los
lakotas, y en particular los oglalas, la tortura voluntaria
es un elemento esencial del rito.
(...) La ceremonia se desarrolla a lo largo de cuatro días,
durante los cuales los participantes danzan desde la mañana
hasta el anocher dentro de una "choza" circular
de unos veinte metros de diámetro. Alrededor de esta
construcción se coloca, a modo de anillo exterior,
un "toldo" de ramas de pino bajo el que se instalan
los espectadores. En el centro se yergue el árbol sagrado
donde se ponen las ofrendas, como bandas de tela y otros objetos,
y también las cuerdas para los danzantes que han de
someterse al rito de la "perforación". En
la parte oeste de la choza hay un pequeño altar de tierra
sobre el que se coloca un cráneo de bisonte. Al lado
del altar disponen las pipas de cada danzantes, apoyadas en
un armazón de madera.
(...) Las danzas se ejecutan desde la mañana hasta la caída
de la tarde y, como la ceremonia tiene siempre lugar en pleno
verano, o sea a últimos de julio o primeros de agosto,
los danzantes se pasan el día entero expuestos a los
rigores de un Sol tórrido. A esto se añade un
rígido ayuno, ya que durante todo ese tiempo les está
prohibido tomar cualquier alimento sólido o líquido.
La danza se desarrolla en ciclos sucesivos, sin otras interrupciones
que las señaladas por músicos y cantantes al acabar
los correspondientes himnos al Sol. Después de cada
ciclo, los que participan en la danza ofrecen a las cantantes
una de sus pipas para que la fumen pasándosela unos
a otros. Mientras esto dura, ellos pueden descansar bajo el
toldo de ramas, pero una vez que la pipa se ha terminado de
fumar comienza la siguiente ronda de danzas.
En
tales condiciones, la danza a pleno Sol es ya de por sí
un durísimo sacrificio corporal, y más todavía
si se tiene en cuenta que durante la misma los danzantes soplan
constantemente por una especie de flauta de huesos de águila,
lo que acrecienta su sed. La prueba más difícil,
reservada a los varones, tiene lugar el cuarto día
y recibe el nombre de "Perforación" (piercing).
Para ello se colocan sobre una piel de bisonte, junto al poste
sagrado, y el chamán les practica en el pecho, justo
por encima de las tetillas, dos cortes paralelos en los que
introduce sendas púas de madera; luego anuda en estas
púas una cuerda sujeta al poste. Como ya hemos dicho,
las mujeres participan en la danza están excluidas
de esta prueba, pero a su modo también ellas ofrecen
un sacrificio doloroso, haciéndose arrancar del brazo
algunos trocitos de piel. Asimismo en esta ocasión
se les perforan las orejas a los niños, acto simbólico
por el que son oficialmente incorporados a la comunidad tribal.
En la fase final de la ceremonia, los hombres deben intentar
liberarse del poste al que están atados. Con este objeto
danzan primero acercándose al poste, para rezar, y
luego, alejándose de él sin volverse y echándose
bien hacia atrás para tensar la cuerda, con lo que
la piel de su pecho se pone también tensa. Ejecutan
este doble movimiento tres veces y a la cuarta se dejan caer
con todo su peso hacia atrás, desgarrándose
la piel y soltándose así del poste. Los cánticos
y danzas cesan cuando el último de los danzantes se
ha liberado. Para cuantos toman parte activa en la danza del
Sol, ésta representa un auténtico sacrificio
en su sentido más estricto. Pero incluso los que no
se someten al rito de la "perforación", ponen
en ella a dura prueba su valor y resistencia física.
En 1881 el gobierno de los EE.UU., presionando por los misioneres,
prohibió las danza del Sol, sobre todo a causa drel
sacrificio cruento que acabamos de describir y en el que los
blancos veían un acto bárbaro y atroz. Para
los oglalas, en cambio, la danza del Sol constituye la suma
expresión de su culto a Wakan Tanka, así
como la fuente de su crecimiento y prosperidad y de la renovación
de todas las cosas. Las privaciones y el dolor físico
que la ceremonia lleva consigo son una acción de gracias
y una ofrenda realizadas en nombre del pueblo entero.
En los relatos de Black Elk se repite sin cesar: "¡Oh
Wakan Tanka, ten misericordia de mí, para que
mi pueblo viva! Por eso me estoy sacrificando". No basta,
pues, con ofrecer a Wakan Tanka cualquier objeto o
animal, sino que la ofrenda ha de ser algo vrerdaderamnenbte
valioso y entrañable para el hombre: su propia carne y sangre.
También en un mito sobre el origen de la danza del
Sol se indica con toda claridad que sin derramamiento de sangre
no es posible poner genuinamente a prueba de la seriedad del
participante.
Pese
a la prohibición de 1881, los oglalas siguieron celebrando
clandestinamente la danza del Sol, con lo que se aseguró
su continuidad hasta muy entrado el siglo actual. En los años
sesenta, no obstante, la generación de más edad
parecía haber perdido su interés por ese rito,
de suerte que su desaparición no era ya a todos luces
más que una cuestión de tiempo. El consejo de
la tribu intentó incluso hacer de la ceremonia una
atracción turística, aunque con poco éxito.
A principios de la década de los setenta, comenzó
a darse entre los indios de Norteamérica un despertar
de la conciencia de su propia identidad. El movimiento Red
Power ganaba en fuerza y los jóvenes, sobre todo,
volvían a interesarse a fondo por sus tradiciones.
En la reserva de Pine Ridge, el American Indian Movement
(AIM) llegó a influir considerablemente en la
danza del Sol y logró que se modificara por completo
el ambiente externo de la ceremonia. Entre otras cosas, quedaron
suprimidas todas las actividades religiosas y se prohibió
el uso de cámaras fotográficas y magnetófonos.
De este modo se evitaba cuanto pudiera perturbar el caracter
religioso de la fiesta, siendo nuevamente de la danza del
Sol una ceremonia de auténtica integración tribal.
Creció sin cesar el número de participantes
y muchos jóvenes, en especial miembros del American
Indian Movement, acudían a la reserva buscando
en la danza del Sol los elementos básicos de su herencia
tradicional. Tomar parte en esa ceremonia era para ellos una
importante etapa en el camino de su renovación cultural
y un modo de confesar públicamente su raza. Pronto
la danza del Sol de los lakotas se convertiría más
allá de los límites de la reserva, en símbolo
común de la "resistencia de la integración"
y en rasgo cultural revelador de una positiva identidad étnica.
| Imagen obtenida
durante una ceremonia de la Danza del Sol sioux. |
 |
Los oglalas están hoy convencidos de que su cultura
y religión han experimentado notables cambios durante
los últimos cien años, pero saben igualmente que los
fundamentos de sus creencias tradicionales siguen en pie.
El artista lakota Arthur Amiottte escribe a este propósito:
"A pesar de haber asimilado muchos aspectos de la tecnología
moderna, el trasfondo religioso pugna por seguir intacto.
Tal es el sentido más íntimo de las sagradas
tradiciones lakotas". (*)
(*)
Fuente: Peter Bolz,
"Bajo el signo de la danza del sol. Visión religiosa del
mundo y ritualismo de los sioux oglalas de Norteamérica", en
Historia de las creencias y de las ideas religiosas (Mircea
Eliade compilador), Barcelona, Herder, 1996, pp. 367-81.