Extraños
animales labrados en el Obelisco Negro de Salmanasar III;
entre ellos un "unicornio", probablemente un rinoceronte.
Los
animales fantásticos
Leviatán
y los monstruos marinos
El
símbolo del dragón en las sagradas escrituras
Los
Gueborim y los semidioses hebreos
Los
sátiros de las ruinas desoladas
Los
unicornios de la Biblia
LOS
ANIMALES FANTASTICOS
Desde
tiempos inmemoriales, los hombres han
tratado de explicar su lugar en el cosmos mediante relatos
que narran las relaciones entre los dioses, los hombres y
la naturaleza. Al igual que los arqueólogos hoy, los antiguos
creyeron ver en osamentas, ciudades en ruinas y monumentos
megalíticos la presencia de extraordinarias civilizaciones
anteriores, de pueblos desaparecidos; quizás antes del diluvio.
En otras palabras, los restos esqueléticos de animales
prehistóricos o algún inmenso levantamiento de factura humana,
hizo que el imaginativo mundo mitológico de los pueblos antiguos
se poblara de fantásticos seres. En Grecia se tuvieron estos
hallazgos por restos de dragones, gigantes, cíclopes o centauros
muertos. Pausanias dijo que un esqueleto de diez codos fue
desenterrado en las inmediaciones de Mileto y era la osamenta del
héroe homérico Ajax. Empedocles, filosofo presocrático, creyó
ver en los restos de un elefante hallado en Sicilia los huesos de
Polifemo(1).
Algo similar pasó entre los hebreos. Josefo, historiador judío
del siglo I E.C. nos cuenta de un emplazamiento antediluviano
llamado "Siris". Allí "los hombres levantaron dos
columnas, una de adobe y otra de piedra", en ambas tallaron
curiosos descubrimientos astrológicos: "para que si incluso
desapareciera la de adobe por el diluvio, permaneciera la de
piedra y permitiera (...) conocer el texto de la inscripción. Y
permanecen hasta el día de hoy" (Antigüedades Judías,
libro I, Sec. 67).
Muchos de los "lugares altos" de los que nos habla la
Biblia como santuarios del panteón fenicio, tenían un megalito
enhiesto cuyo constructor era probablemente desconocido(2). En
Génesis 35:22 se menciona la torre de Eder, un levantamiento que
posiblemente existió antes de la llegada de los israelitas.
La vasta literatura hebrea no se limita a los textos bíblicos,
sin duda tuvieron una producción de obras muy abundante
contemporánea a los escritos sagrados. "El libro de las
generaciones de Adán" o "El libro de las guerras"
son un ejemplo de ello y probablemente hayan tenido un alto
contenido mitológico; pero lamentablemente estas fuentes y sus
ideas parecen estar perdidas. ¿Por qué no han sobrevivido estas
expresiones en la Biblia?. Una de las razones es que las Sagradas
Escrituras se consideraban inspiradas divinamente, y por lo tanto,
había que eliminar de ella cualquier mácula del politeismo (3).
Los hagiografos, concentraron sus esfuerzos en proteger la pureza
del concepto de Dios, como posteriormente hicieron las escuelas
teológicas; realizando una explicación refinada y librada de
todo paganismo. El culto sin imágenes del pueblo judío,
contenía una postura negativa al sistema de estatuas y símbolos
que hallan su expresión en el mito (4).
En los estratos del Antiguo Testamento, solo se puede encontrar
insinuaciones de su riqueza mítica perdida. El "libro de
Yahvé" mencionado en Isaías 34:16, probablemente fue un
bestiario mitológico(5). Gigantescos monstruos híbridos o
semidioses, se dejan entrever en su tradición escrita como
sugeridos detrás de un velo. Por lo tanto, en nuestro artículo,
vamos a tratar de rescatar algunos de estos seres que formaban
parte del antiguo folklore hebreo pero que por razones religiosas
han sido deliberadamente suprimidos.
LEVIATAN
Y LOS MONSTRUOS MARINOS
En
la Biblia hebrea, aparece seis veces un curioso personaje llamado
Leviatán (Heb. Liw-ya-than). No se sabe con certeza qué
significado tiene esta palabra, por lo que la mayoría de las
versiones la trasliteran. Su raíz da la idea de algo sinuoso o
que forma pliegues como si fuera una guirnalda (6). Rahab,
traducido como el "acometedor", parece tener una
función similar.
Según Job3: 8 y Salmos 104: 24, 26, relacionan a estos animales con
seres acuáticos de grandes proporciones que serpenteaban en las
aguas donde navegaban los barcos. Las tradiciones judías
medievales, adornaron estas menciones. Narran que de su boca
salía fuego y que su nariz humeaba. Sus ojos irradiaban luz
brillante y vagaba a voluntad sobre la superficie del mar, dejando
una estela resplandeciente a su paso. Ninguna de las armas del
arsenal humano podría traspasar sus gruesas escamas (7). Otra
versión cuenta que cuando Dios crea a los peces permite a
Leviatán, monstruo de muchas cabezas, gobernar al mundo marino
sentado sobre una enorme piedra; solo el ángel Jahoel pudo
domesticarlo.
En el caos primitivo, Dios le dio muerte tanto a Leviatán como a
Rahab. Esto nos retrotrae a varios mitos babilonios en los que
encontramos al dios Marduk venciendo al caótico monstruo Tiamat.
En Ezequiel 29:3 y 32:2 para designar a esta culebra gigante, se
usa el término "Tan-min", de la raíz acadia Tiamat y
del árabe Tahama, que significa "hediondo". Este
concepto pudo haber sido reforzado por el fenómeno de una ballena
varada; pues dichos animales exhalan un hediondo olor después de
muertos(8).
¿Es posible que los hebreos hallan visto el caos primordial como
monstruos marinos? Si bien, eran ideas ya establecidas en la era
cristiana, no lo era así en la antigüedad. La mayoría de los
textos bíblicos hablan de Leviatán y de Rahab como un cocodrilo
y estos condicen con la descripción que se halla en Job 41:
1-34(9).
A este reptil se lo relaciona simbólicamente con Egipto. En una
estela en honor a Tutmes III se lee: "Permití (hablando de
pueblos vencidos) contemplar vuestra majestad en el aspecto de un
cocodrilo temido en las aguas y a las que ningún hombre se atreve
a acercarse".
Los cocodrilos eran adorados en Cocodrilópolis, Ombos, Copto y
Tebas, sus momias se han encontrado en varios cementerios comunes.
Según Plutarco, se creía que estos reptiles ponían huevos en el
punto exacto donde acontecería la próxima crecida del Nilo.
Estos "monstruos" han sido vistos en Palestina hasta el
siglo XIX. En una estela gnóstica de Cesarea, muestra el momento
de cazarlos. Diodoro Sículo relata que los atrapaban con anzuelos
y los mataban con horquillas de hierro.
El Behemoth, también era un animal terrible, como Leviatán, pero
terrestre. Según las tradiciones midrásticas, pastaba en el
país de las mil montañas y bebía del río de Edén. A este ser
fabuloso, se lo relaciona con el hipopótamo. Diodoro y Plinio
hablan de él considerándolo similar al cocodrilo. Herodoto
cuenta que el hipopótamo era adorado en Egipto como la esposa de
Set, el enemigo de Osiris, ya que causaba cuantiosos daños a las
cosechas; quizá por ello, para la época romana estaba casi
extinto.
Las aguas y las serpientes estaban relacionadas con los símbolos
zodiacales. En Grecia, Océano, a quien Hesíodo hace el mayor de
los titanes, se lo representaba con una serpiente rodeando la
tierra; como si "circulara" el firmamento. Su aspecto se
muestra en las monedas de Tiro y los sellos hititas, donde el
grabado lo muestra con siete cabezas, similar a la imagen bíblica
en Salmo 74:4(10).
El grabado de una serpiente mordiéndose la cola y formando un
círculo, era el emblema del sello de Salomón, usado en las
sociedades teosóficas (11). Esta representación aparece en un
bajorrelieve en la tumba de Tutankhámon, como rueda que garantiza
la rotación cíclica de las energías (12).
EL
SIMBOLO DEL DRAGON ALADO EN LAS ESCRITURAS
El Dragón, como grifo vigilante,
observador, es común en casi todas las mitologías. Tiene una
relación con el "Daimon", como fuerza espiritual,
de ahí su asociación con el fuego. Casi siempre es un guardián,
descansa en los lugares vedados a los hombres, cuidador de
lo divino y de lo que es realmente valioso (13).
Quizás, nos sorprenda saber que en la Biblia, aparecen
reminiscencias de dragones que lanzan llamas.
Cuando Dios expulsó a la primer pareja del jardín sagrado,
apostó en sus puertas a dos centinelas alados. Eran querubines,
ángeles de alto rango, con una espada de fuego como símbolo de
destrucción a quien se atreva a acercarse. La función: proteger
el camino para que ningún mortal acceda a la vida; simbolizada en
el árbol.
¿Cómo era su aspecto? Por otros pasajes, como por ejemplo la
profecía de Ezequiel, lo podemos deducir. En esta versión, se
muestra a los querubines con cuatro caras y cuatro pares de alas,
cada una mirando a los cuatro extremos de la tierra, y reflejando
las cualidades de Dios. Una cara era como de un Hombre, símbolo
de su amor superlativo; otra como de un águila, representando la
visión aguda de su sabiduría; el león, como emblema de su
justicia divina y el toro como figura de su tremendo poder
completaban el otro par.
Estos iconos alados, estuvieron tallados en la cubierta del Arca
de la Alianza y con toda probabilidad al pie del "Menorah"
(Candelabro de siete brazos que iluminaba el recinto del segundo
templo postexilico, Siglo IV a. C.); según la representación en
el bajorrelieve del Arco de Tito.
Otra posible interpretación, es que estos dragones grabados en el
candelabro simbolizaran a los Leviatanes primordiales o monstruos
marinos formados en el quinto día creativo. Y según la mención
de Josefo y Filón cada uno de los siete brazos representaba la
totalidad de la semana creatural (14).
LOS GUEBORIM Y LOS
SEMIDIOSES HEBREOS
Los semidioses, son seres producto
de la unión sexual de un dios con una mortal. En la mitología
griega, Zeus era todo un seductor y llegó a tener muchos hijos
ilegítimos con una gran diversidad de amantes. El mismo Aquiles
tenía ascendencia mitad divina y mitad humana. Los árabes
creían que los "djimns"(especie de daimon), podían
seducir y aparearse con las mujeres engendrando prole (15).
Existe evidencia documental, que dicho pensamiento existía
también entre los egipcios, ugaritas, hurritas y mesopotámicos
(16).
En el Génesis, existe un pasaje con una interpretación similar:
"Los Nefilim existían en la tierra por aquel entonces (y
también después), cuando los hijos de Dios se unían a las hijas
de los hombres y ellas daban a luz hijos: estos fueron los héroes
(heb. Guiborim) de la antigüedad, hombres famosos en la
tierra" (Génesis 6:4. N.B.J.).
El observar cómo los cronistas antiguos entendían este oscuro
versículo, muestra que detrás de él, existe una fuerte
tradición mítica. Eran interpretados como dioses y mujeres que
daban a luz una prole de "gigantes" (V.V.), Nefilim o
guiborim.
Josefo, nuevamente nos dice: "En efecto, muchos ángeles de
Dios copularon con sus mujeres y engendraron hijos soberbios y
desdeñosos de todo lo bello (...) y es que estos, según la
tradición cuenta, cometieron iguales desmanes que los atribuidos
a los gigantes griegos" (Antiguedades Judias Libro I, sec 72)
El targum de Onkelos y Jonatan (datos recogidos de explicaciones
posteriores al exilio en forma de comentarios), tienen una
interpretación similar, dicen: " fue cuando los hijos
de los hombres comenzaron a multiplicarse (...) e hijas hermosas
les nacieron; y los hijos de los grandes vieron que las hijas de
los hombres eran hermosas (...); que tomaron para sí esposas de
todas las que le agradaron".
La hipótesis de que estos "hijos de Dios" eran ángeles
materializados que se relacionaron con las mujeres estaba en boga
en la época del judaísmo helenizado (17). La versión Septuaginta
griega, reemplaza él termino "hijos de Dios" por el
termino "ángeles", y las fuentes orientales de Qumrram
están de acuerdo. En el libro apócrifo de Enoc, se lee:
"Las hijas de los hombres eran bellas y graciosas y vinieron
los ángeles del cielo y las desearon y dijeron unos a otros ¡Ea!,
escojamos mujeres de entre los hombres y engendrémonos
hijos"(Enoc 7:2). También lo testimonia el "Libro de
los doce Patriarcas" y en el capitulo 5 del Libro de los
Jubileos, se escribe: "tomaron para sí mujeres, cada uno
escogió una". Posteriormente los padres de la iglesia
tuvieron la misma interpretación, entre ellos podemos citar a
Justino Mártir, Atenágoras, Clemente de Alejandría, San
Cipriano y San Ambrosio(18).
La mayoría de los comentarios modernos comparten esta opinión,
de que estos "hijos de Dios" eran Elohim o seres
celestiales superiores que habían caído. Su prole fueron los
gigantes Nefilim o Geborim. No se sabe con exactitud su
significado, pero parece que ambos términos significan,
"derribadores" o "los que hacen caer" y
"poderosos", respectivamente (19). Estos semidioses de la
cultura hebrea, fueron destruidos en el diluvio junto con su
tiempo fabuloso; del que muy poco nos narra la Biblia.
LOS SATIROS DE LAS RUINAS DESOLADAS
Tanto
en las tradiciones del Pentateuco, como en los relatos históricos
de la época monárquica, mencionan a unos seres demoníacos
peludos en forma de chivo o cabra (Levítico 17:7; Isaías 34:14).
Los árabes y los sirios, creían que criaturas similares habitaban
los sitios en ruinas, de ahí su relación con estos animales.
¿Es posible que los hebreos hayan creído también en estos
demonios peludos? Como ya mencionamos, la Biblia es muy parca
en cuanto a estos detalles. Además de la mención a los demonios
en forma de cabra, lo único que podemos citar es que conocían
a una divinidad del desierto llamada Azazel, a quien le enviaban
como sacrificio un chivo emisario vivo durante el rito de
la expiación; aunque también pudo ser un símbolo de desolación.
Ya que las cabras eran adoradas en el Egipto antiguo, posiblemente
pueda referirse a alguna práctica idolátrica específica y
dicha mención sea un término peyorativo.
Algunas traducciones bíblicas los describen como sátiros. La
base de esta relación es tomada de Herodoto, cuando dice que
"el dios Pan era una de las ocho divinidades primordiales,
los pintores y estatuarios egipcios esculpían y pintaban a Pan
con el mismo montaje griego y rostro de cabra y pies de cabrón".
En el ritual, una sacerdotisa tenía relaciones sexuales con una
cabra y luego el animal era sacrificado ante la imagen del ídolo
(20).
En conclusión, lo más probable es que la Biblia aluda a algún
tipo de ídolo o al relato exagerado de algún viajero, que
visualizó a cabras vagando en los restos de alguna ciudad
abandonada y le dio este significado. Por otro lado, la
asociación con los sátiros griegos no parece corresponder, ya
que estos eran seres lascivos y orgiásticos y no entidades
solitarias deambulando en zonas borrascosas (21).
LOS UNICORNIOS DE LA BIBLIA
Cuando
en Job 39:4-12 y Números 23:22 se habla del Rem, una expresión
que alude al toro salvaje, algunas versiones antiguas como
la Reina Valera de 1904, Torres Amat y Scio. De San Miguel
vierten "unicornios".
La idea de la existencia de estos seres viene de la temprana edad
media, cuando los cuernos de rinocerontes lanudos de la edad de
hielo o ciertos colmillos de grandes cetáceos pasaban por cuernos
de unicornios. Se los pulverizaba y se los depositaba en boticas.
Eran muy buscados debido al supuesto poder curativo y su propiedad
para detectar venenos; en aquellos tiempos valían fortunas (22).
Un príncipe elector de Sajonia, a cambio de un solo diente de
cetáceo, tuvo que desprenderse de un tesoro valuado en cien
escudos. Se dice que Carlos V llegó a saldar sus deudas pagando
con dos dientes de narval. También eran símbolos de buena
suerte, ya que estos se exponían en castillos, catedrales,
iglesias y edificios públicos o incluso se colgaban como emblemas
encima de los portales (23). Pero la Biblia jamás habla de estos
seres mitológicos, sino que siempre alude al Rem o toro salvaje.
Esta era una bestia gigantesca extinta, mejor conocida por los
naturalistas del siglo XVIII como "uro".
El uro, era una fiera impresionante similar a los grabados
rupestres en el período paleolítico, con el motivo de la caza
del toro. Las tradiciones rabínicas decían que su cuello media
tres leguas y que en una ocasión desarraigó todos los árboles
de Israel (24). Se cree que en realidad medía 1,8 metros (6 pies) y
medio de alto, 3 metros de largo (10 pies) y pesaba alrededor de
900 gramos (2000 libras), por los restos encontrados se sabe que
cada uno de sus "dos" cuernos medía 75 centímetros (30
pulgadas) de longitud.
En los anales asirios, el uro gozaba de gran respeto por su poder
y nobleza. En un bajorrelieve se lee": cuatro toros salvajes,
fuertes y feroces, le quite la vida con mis flechas de hierro, su
piel y sus cuernos (plural) los traje a mi ciudad Asur"(25).
Notamos también en Deuteronomio 32:17 menciona el detalle de sus
astas y habla de su porte, dice: "Como el primogénito de un
toro es su esplendor, y sus cuernos (se habla de los dos
cuernos) son como los cuernos de un toro salvaje".
Entre los romanos también gozaba de prestigio, Julio César en sus
comentarios habla de él y nos brinda más detalles: "Su
tamaño es un poco inferior al de los elefantes, son toros en su
naturaleza, color y figura. Su fuerza y velocidad son grandes. La
gran amplitud de sus cuernos, difieren mucho de los
cuernos de nuestros bueyes". Posiblemente de las mismas
inscripciones antiguas en las que se pintaba al toro de perfil
nace el posterior mito medieval del unicornio.
De estos datos y de las representaciones antiguas, se deduce que
el uro era considerado un animal noble, como el león, y su caza sólo era privilegio de los reyes (26).
Por
lo tratado, se desprende el interrogante si el Antiguo Testamento
contiene mitos o no. Mito es una palabra griega y casi siempre
esta ligada a ejemplos griegos. Pero como ya se ha discutido a lo
largo de nuestro tiempo, el concepto de mito también es aplicable
a otras estructuras narrativas y de pensamiento antiguo.
También mencionamos, que los escritores bíblicos hicieron
grandes esfuerzos por desarraigar todo vestigio politeísta y todo
recurso mítico y simbólico. No obstante, se puede rastrear en la
Biblia restos de mitos de tiempos inmemoriales y que han
compartido otros pueblos, como los monstruos primordiales, los
semidioses o los grifos vigilantes. Pero hay que saber distinguir,
creo yo, entre los restos míticos anteriores y aquellos que
fueron adosados durante la antigüedad tardía y la temprana edad
media. Tanto judíos como cristianos ornamentaron ideas
posteriores como los sátiros o los unicornios.
Sin embargo, nuestra exposición está lejos de ser un estudio
crítico del tema. Para los compiladores anónimos, los relatos
fueron veraces, y el auditorio lo ha tomado como tal. Por
otro lado, la discusión sobre la autenticidad bíblica y su
valor como mensaje de fe, es un tema que le toca tratar de
determinar a la teología. Mientras tanto, nosotros podremos
seguir buceando con especial interés en el rico contenido
folklórico de los pueblos antiguos. (*)
(*)
Fuente: Sergio Fuster, "Los seres
fabulosos en el Antiguo Testamento", editado aquí
de manera original.
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