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LA PRESENCIA DE MARIA EN EL
ISLAM
Por Roger Du Pasquier

María, la madre
de dios, es el único personaje femenino del Corán. Todos
los teólogos del Islam están de acuerdo en llamarla Sayyidatuna
Maryam, cuya traducción exacta es "Nuestra Dama
María". Los musulmanes no aceptan la encarnación divina
en su seno, pero le atribuyen una misión trascendental:
"...Nosotros hemos hecho de ella y de su hijo un Signo
para los mundos". En este nuevo momento de Textos
sobre Mitología, simbolismo y religión de Temakel,
les proponemos indagar en la significación de la divina
mujer del cristianismo para la tradición islámica, religión
histórica también fundamental.
LA PRESENCIA
DE MARIA EN EL ISLAM
Por Roger Du Pasquier
...María (Maryam), madre de
Jesús, es la mujer más venerada de los musulmanes ya que
es la única cuyo nombre es mencionado en el Corán, siendo
los demás nombres mencionados en este libro solo de personajes
masculinos. Los pasajes del Libro sagrado, que datan tanto
del comienzo de la Revelación así como de sus fases más
tardías, subrayan la eminencia y la perfección de María,
lo mismo que informan de las circunstancias que han rodeado
el nacimiento milagroso de su hijo.
Si Cristianismo e Islam están fundamentalmente de acuerdo sobre el
carácter sobrenatural del acontecimiento, existen sin embargo varias
divergencias relativas a su alcance espiritual y a su significado
fundamental, desde el momento en que, en la perspectiva musulmana, no
podría tratarse de encarnación. Las circunstancias exteriores que
rodean al acontecimiento divergen igualmente de una tradición a otra.
Así en el Islam la Natividad, de la cual no se precisa el lugar, es
ajena al lugar de Belén y al entorno del pesebre tan querido a la
piedad cristiana. Igualmente la tradición musulmana, estimando que
María no ha sido ni prometida ni casada antes de la Anunciación,
ignora el personaje de José, lo mismo que pasa por alto el episodio de
la huida a Egipto.
Los autores musulmanes, que frecuentemente se han interesado en la
genealogía de la Virgen, le reconocen en general una ascendencia noble
y la miran como perteneciendo al linaje de Aaron (Haroun),
hermano de Moisés (Moussa). Con relación a sus padres y a su
venida al mundo, cuentan un episodio cuyo recuerdo se ha hecho popular:
su padre 'Imrân (Joaquín para los cristianos) y su madre Hanna
(Santa Ana), que llevaban una existencia modesta y tranquila en
Nazaret, no habían tenido descendencia hasta una edad avanzada. Un día
su atención se vio atraída por un pájaro que, en un árbol, daba
alimento a sus crías. Emocionada y bajo el efecto de un arrebato de
amor maternal, Hanna sintió el deseo de tener un hijo y de dedicarlo al
servicio de Dios. Su deseo fue concedido y se quedo encinta. Es entonces
donde se sitúa el episodio relatado por el Corán (III, 35): "La
mujer de 'Imran dijo: «¡Mi Señor! Yo te consagro lo que está en mi
seno; acéptalo de parte mía. Tu eres en verdad Aquel que escucha y que
sabe". Poco después trajo al mundo una niña y, siempre según
la narración coránica, ella dijo: "Yo la llamo María, yo la
pongo bajo tu protección a ella y a su descendencia, frente Satán el
reprobado. Su Señor acogió a la niña haciéndole un bello
recibimiento: la hizo crecer con un bello crecimiento y la confió a
Zacarías". Porque 'Imrân había muerto antes del nacimiento
de la niña y Zacarías, su tío y padre del profeta Yahya (Juan
Bautista), asumió su cuidado. Es entonces donde se sitúa un
celebre episodio narrado por la misma sura (III, 37-38):
«María tenía la costumbre de retirarse en un mihrab, un nicho
de oración, y cada vez que Zacarías entraba allí, comprobaba que ella
disponía de un alimento llegado misteriosamente. El le preguntaba
entonces: "¿Oh María, de donde viene todo esto?" Ella
respondía: "Esto viene de Dios: Dios da su subsistencia a quién
El quiere". Este versículo coránico figura frecuentemente entre
los motivos caligráficos que adornan los mihrabs de las
mezquitas, particularmente en Turquía.
La importancia de María en el Islam está subrayada primero por el
hecho de que la sura del Corán (XIX) que relata la Anunciación y la
Natividad se designan por ese nombre. He aquí el pasaje principal:
"Mencionada María en el Libro. Ella dejó su familia y se retiró
en un lugar hacia Oriente. Colocó un velo entre ella y los suyos.
Nosotros le hemos enviado nuestro Espíritu; él se presentó ante ella
bajo la forma de un hombre perfecto. Ella dijo: «¡En el Clemente me
refugio contra ti, si eres piadoso!. El dijo: «Yo soy el enviado de tu
Señor para darte un hijo puro». Ella dijo: «¿Cómo tendré yo un
hijo? Ningún hombre me ha tocado nunca y yo no soy disoluta». El dijo:
«Es así: Tu Señor ha dicho: Eso es fácil para Mí. Haremos de él un
Signo para todos los hombres, una misericordia venida de Nosotros. El
decreto es irrevocable»"
"Ella quedó encinta del niño y después se retiró con él en un
lugar alejado. Los dolores la sorprendieron cerca de un tronco de
palmera. Ella dijo: «¡Desdichada de mi! ¡Ojalá hubiera muerto antes
de esto y estuviese completamente olvidada!». Gabriel que se encontraba
a sus pies le dijo: «¡No te entristezcas! Tu Señor ha hecho surgir un
arroyo a tus pies. Sacude hacia ti el tronco de la palmera: caerán
dátiles frescos y maduros. Come, bebe y tranquilízate. Cuando veas a
algún mortal, dile: «Yo he hecho voto al Clemente de ayunar. Hoy no
hablaré a ningún humano»
Ella
volvió con los suyos llevando el niño. Ellos dijeron: «¡Oh María!
¡Has hecho algo inadecuado! ¡Oh hermana de Aarón! ¡Tu padre no era
un hombre malo y tu madre no era una prostituta!. María señaló al
niño para que le interrogasen y ellos dijeron entonces: «¿Cómo
hablaremos a un niño de cuna?». Pero éste respondió: «Yo soy en
verdad el servidor de Dios. El me ha dado el Libro; El ha hecho de mí
un Profeta; El me ha bendecido dondequiera que yo esté. El me ha
prescrito la plegaria y la limosna mientras viva y la bondad hacia mi
madre. El no me ha hecho ni violento ni malvado. ¡Que la Paz sea sobre
mí el día en el que nací, el día en el que moriré, el día en que
resucitaré!»
Este pasaje coránico, muy frecuentemente recitado, es uno de los
elementos más importantes que mantienen viva en el Islam la presencia
de María y de Jesús. Al milagro del recién nacido capaz de hablar en
su cuna, se puede añadir otro mantenido en la memoria popular gracias a
un hadîth profético atestando la impecabilidad de Jesús y de
su madre. Refiriéndose a la tradición según la cual todos los niños,
en su nacimiento, dan gritos porque están siendo "pinchados"
por Satán, este hadîth afirma que solamente Maryam y su hijo
'Isa escaparon a la acción del demonio y permanecieron sin pecado.
Otras tradiciones transmitidas en el cuadro del Islam dan detalles sobre
la Anunciación. El acontecimiento está situado en una caverna cercana
a una piscina que, según algunos, sería la de Siloé en Jerusalén.
María, entonces con 13 años, tenía la costumbre de dirigirse a ella
con un botijo para coger agua. El joven "perfecto" que se le
aparece entonces es generalmente identificado con el arcángel Gabriel
que, viéndola temerosa, la tranquilizó, aceptando entonces ella
someterse a la voluntad divina. Entonces el ángel sopló en un pliego
de su túnica, lo que la hizo concebir.
Basándose en otros pasajes del Corán, comentaristas cristianos han
podido pensar que María se encontraba impropiamente asimilada a una de
las personas de la Trinidad tal como la entiende el Cristianismo pero
que es rechazada por el Islam.
He aquí uno de los principales pasajes señalados: "Dios dice:
¡Oh Jesús hijo de María! Eres tú quien dices a los hombres: «¿Nos
tomáis, a mí y a mí madre, como dos divinidades por encima de Dios?»
Jesús dice: «¡Gloria a ti! No me corresponde declarar lo que no tengo
derecho a decir. Tu lo habrías sabido si yo lo hubiera dicho... »
(V, 116) Los teólogos musulmanes reaccionan habitualmente subrayando
que estos pasajes coránicos tratan de las realidades de la piedad
cristiana y no de los dogmas oficiales de las Iglesias que, sobre este
tema, están lejos de ser unánimes. Ahora bien parece evidente que
muchos fieles de estas Iglesias miran como persona divina no solamente a
Jesús sino igualmente a su madre.
Además de las numerosas menciones de María en el Corán, el Profeta
Mahoma le ha dedicado numerosos elogios consignados en los hadîths.
Así, según uno de ellos, "numerosos hombres han llegado a la
perfección, pero entre las mujeres, solo la han alcanzado María hija
de 'Imran, Fátima, Khadija y Asiya, esposa de Faraón. Esta última,
que había aceptado la religión de Moisés, es mencionada en el Corán,
pero sin figurar su nombre.
Un episodio de los comienzos del Islam merece todavía ser señalado:
Cuando el Profeta, a la cabeza de las tropas musulmanas, se adueñó de
La Meca, se dirigió a la Kaaba en la que limpió el interior de ídolos
e imágenes, entre ellas la de Abraham, que estaba allí. Sin embargo
hizo la excepción de un icono de la Virgen con el niño: el Profeta la
recubrió con sus manos y ordenó que se hicieran desaparecer todas las
demás pinturas y figuras. ¿Qué ocurrió después con este icono
privilegiado? Algunos creen saber que fue discretamente puesto en lugar
seguro, pero las tradiciones son muy vagas a este respecto. Lo esencial
es sin duda que permanece el recuerdo de este gesto del fundador del
Islam.
Hay que señalar una divergencia entre los comentadores musulmanes con
respecto al estatus de María: unos, como Ibn Hazm (siglo XI), Ibn
Arabî y Al-Qurtubi (siglo XIII), le reconocen la nabiyah, lo que
la sitúa en el rango de los profetas, mientras que la mayoría de los
teólogos, aún teniendo consciencia de sus méritos excepcionales,
estiman que no sobrepasaría el nivel de la santidad (waliyah).
Sea como sea, todos están de acuerdo en llamarla Sayyidatuna Maryam,
cuya traducción exacta es "Nuestra Dama María".
Es interesante constatar que los autores sufíes que le reconocen la
cualidad profética son generalmente los mismos que le atribuyen las
más altas funciones esotéricas en el cuadro de la espiritualidad
islámica. Tal es el caso de los maestros que acabamos de citar y de
algunos otros como Rûmi cuando compara el alma humana pacificada con la
Virgen María que da nacimiento al corazón personificado por Jesús.
Los pasajes coránicos relativos a la Virgen han suscitado numerosos
comentarios a menudo esotéricos por parte de autores sufíes. Es el
caso de Abd er-Razzak Kâshânî que intercala en el texto de la sura
III (42-45) comentarios característicos de esta manera de ver
(reproducidos aquí entre paréntesis): "Y
cuando los ángeles (las facultades espirituales) dijeron a María (el
alma inocente y pura) «Dios te ha elegido» (porque tu te has liberado
de los deseos) y El te ha purificado (de los viles rasgos de carácter y
de los atributos despreciables), El te ha escogido con preferencia a las
demás mujeres (las mujeres son las almas sujetas al deseo y asociadas a
actos reprensibles y hábitos despreciables). Oh María, sé piadosa con
tu Señor (por tus deberes que son actos de obediencia y de adoración);
y postérnate (en la estación del desapego, de la humillación, de la
pobreza, de la incapacidad y de la búsqueda del perdón) e inclínate
(en la estación de la humildad y del temor) con aquellos que se
inclinan (los humildes)."
Para
captar los significados esotéricos del papel de María en la
espiritualidad musulmana, no se podría hacer nada mejor que dejarse
guiar por la remarcable y sabia obra de Charles-André Gillis (Marie
en Islam, Editions traditionnelles, 1990) que
expone las enseñanzas más importantes. Si cristianos y musulmanes
están de acuerdo en reconocer en la Santa Virgen el modelo perfecto de
la obediencia a la voluntad divina, los comentadores coránicos explican
el sentido del nombre Maryam por el término 'abida que
implica una sumisión total a Dios, lo que corresponde al sentido más
exacto de la palabra islâm. Sin embargo María es algo más que
ese modelo perfecto: "Según la realidad verdadera de su ser,
María manifiesta un aspecto fundamental del Verbo eterno" escribe
Charles-André Gillis, añadiendo que ella ocupa en el Islam una
función que comporta "una dimensión propiamente iniciática cuya
presencia misteriosa y raramente visible se manifiesta de manera
constante".
Recurriendo a la "ciencia de las letras" ('ilm al-Hurûf),
rama esotérica del saber tradicional bastante extraña a la mentalidad
occidental moderna, el autor revela que Maryam, nombre árabe de María,
comporta aspectos sobre los cuales los maestros antiguos habían
señalado indicios sobre el papel universal de la Virgen. Es así que el
valor numérico de las letras que la componen, 209, es el mismo que el
de "cinco términos que se relacionan respectivamente con los
ámbitos metafísico, ontológico, cosmológico, escatológico así como
con ciertos aspectos del "polo" substancial de la Existencia.
Hay ahí, para el pensamiento esotérico del Islam, una confirmación de
la posición única de María.
Nuestro autor muestra a propósito de esto que el primero –que nos
limitaremos a citar aquí– de estos cinco términos es marma,
del verbo rama (lanzar), que puede aproximarse al nombre Maryam.
Pues bien, este verbo figura en la enseñanza profética (hadîth)
siguiente: "Tras de Allah, ningún blanco que se pueda
alcanzar". Y con la ayuda de citas –que sería muy largo
reproducir aquí– de Ibn Arabî, del emir Abd al-Qadîr y de René
Guénon, es posible deducir enseñanzas relativas a la función suprema
de María: "En tanto que ella representa el origen de toda
concepción y el límite de toda comprensión, la Virgen aparece como el
velo supremo que Alá hace descender entre El y Sus servidores. Este
velo es el de la Misericordia de la cual El los cubre y por la cual El
les da, según sus necesidades y sus estado diversos, Su protección y
Su perdón. Este velo no está a su vez velado a sí mismo en vista de
que, exteriormente, oculta a los otros: Maryam, en su perfección, no
está separada de la Esencia divina..."
Citemos todavía otro comentario de apariencia paradójica, debido a Ibn
Arabî, a propósito de la concepción milagrosa de Jesús nacido de una
virgen. Como lo escribe el cheikh al-Akbar, "Dios
llamo a Jesús a la existencia por la intermediación de María. Por
ello, María fue situada en la posición de Adán y Jesús en la de Eva.
Ya que, por lo mismo que un ser femenino vino a la vida a partir de uno
masculino, un ser masculino nació a partir de una mujer. De esa manera
Dios termina por donde había comenzado, trayendo al mundo un hijo sin
padre, lo mismo que Eva vino a la existencia sin madre. Así Jesús y
Eva son hermano y hermana de los que Adán y María son los
padres".
En la perspectiva de estas correspondencias, María ha podido ser
llamada por los esoteristas musulmanes "hija de su hijo", y
tal es el título que Charles-André Gillis da a uno de sus capítulos.
Sin embargo semejantes correspondencias, todo lo sorprendentes que
puedan parecer a nuestra mentalidad, no son hechas solamente por autores
musulmanes y, como lo señala en el mismo capítulo, se encuentran
ejemplos igualmente bajo la pluma de cristianos. El ejemplo más
conocido es sin duda la invocación por la cual se abre el último canto
del Paraíso de Dante: "O Virgen madre e hija de tu
hijo..." Habría muchas más, sobre todo ese verso de Chrétien de
Troyes: "Este glorioso padre que de su hija hizo su madre...".
Todo esto no impide la existencia de un serio desacuerdo entre
Cristianismo e Islam a propósito de la filiación de Jesús. Así lo
subraya la misma obra, "la doctrina islámica rechaza la idea de
que el Muy-Alto pueda ser el padre, real o adoptivo, del Cristo
manifestado, ya que eso implicaría que El entra, de una cierta manera,
en una relación de "pareja". Es por eso que el Espíritu
Santo, que cumple en modo no-carnal en el "mundo de las
similitudes" esta función "paternal" frente a la Virgen,
tiene un estatus angélico y no divino puesto que está identificado con
el Ángel Gabriel. En compensación, en el Cristianismo, este último
tiene un simple papel de "anunciador", y el Espíritu Santo es
considerado como una persona divina".
En el mismo orden de ideas, el teólogo musulmán cheik Si Hamza
Boubakeur hace una interesante observación a propósito de un
versículo coránico de la sura "Los Profetas" (XXI,91):
"Y aquella que había permanecido virgen, Nosotros le hemos
insuflado de nuestro Espíritu, Nosotros hemos hecho de ella y de su
hijo un signo para los mundos". El texto coránico, señala el cheik,
no dice "nuestro espíritu", sino "de nuestro
espíritu". La preposición "min" (de)
"incluye una parcela, un fragmento, una fracción y no el todo en
su unidad". Además el verbo nafakha empleado en el Corán,
traducido por insuflar, significa etimológicamente "soplar con la
boca". En el Corán es empleado a menudo con otras acepciones, pero
en ninguna parte se le encuentra con el sentido de
"encarnarse". Se trata entonces de un acto particular en el
orden de la creación divina".
Siempre alejándose resueltamente de las interpretaciones en desacuerdo
con la estricta doctrina monoteísta, la tradición musulmana,
particularmente en sus elementos esotéricos, reconoce en María otros
privilegios y funciones de los que la obra de Charles-André Gillis
subraya su importancia inmensa. Basándose en diversos pasajes
coránicos, él atribuye a María una cualidad de
"confirmadora" relacionándose con "el conjunto de
manifestaciones del Verbo y de los Libros revelados". La Virgen se
identifica de esa manera al Espíritu universal y a la Tradición
primordial. Ella es así investida de una misión de reconciliación del
mundo en acuerdo con este pasaje coránico: "Y aquella que ha
permanecido virgen... Nosotros hemos hecho de ella y de su hijo un Signo
para los mundos".
Otro punto a señalar: Charles-André Gillis estima posible el hablar de
un cierto sacerdocio femenino eminentemente representado por la Virgen:
"en tanto que Madona ella reúne en efecto Sabiduría divina e
Inteligencia transcendente. Este sacerdocio juega un papel preponderante
en las tradiciones caballerescas en las que domina un elemento afectivo
y guerrero". Ahora bien, es el amor y no el conocimiento el que
domina en estas tradiciones, las cuales no han desaparecido del mundo
musulmán y donde permanece una presencia de "Sayyidatuna Maryam".
Una noción resume todas las enseñanzas y todas las tradiciones que
posee el Islam a propósito de María, y es la de "Mujer Perfecta
que corresponde en todos los grados al principio "pasivo" y
substancial de la Existencia". El valor "eminentemente
simbólico" del nombre Maryam nos da la confirmación de ello, lo
mismo que los términos que, según la "ciencia de las letras"
son sus equivalentes numéricos. Así se encuentra ilustrada la afinidad
que representa el Islam con la función marial y "el espíritu de
servidumbre que es su marca".
Siempre expresando nuestra alta estima por la obra de Charles-André
Gillis, que se nos permita expresar nuestra sorpresa a propósito de
este término de "servidumbre" que interviene con insistencia
para caracterizar el espíritu del Islam y la función que en él ejerce
María. La palabra "servidumbre", que él no es el único
autor en utilizarla en el mismo contexto, expresa en efecto una idea de
obligación, de dominación impuesta las personas que la sufren de
manera pasiva e independiente de su voluntad. Tal no es ciertamente la
actitud requerida a los creyentes del Islam que, adheriéndose a él,
hacen por su propia voluntad acto de sumisión y de aceptación del
orden divino, a ejemplo de la Santa Virgen frente al ángel de la
Anunciación. Esta sumisión, que es identificación con la voluntad
divina, corresponde exactamente a la actitud de María que, más y mejor
que una "sierva", es la pura adoradora totalmente consagrada a
Dios. (*)
(*)
Fuente: Marie et le Mystère Marial, Revue Connaissance
des Religions nº 47-48, Juillet-Décembre 1996.
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