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EL
GEOCOSMOS DE ATHANASIUS KIRCHER
Una
imagen organicista del mundo en las ciencias de la
naturaleza del siglo XVII
Por
Leandro Sequeiros
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Portada
de Ars magna lucis et umbrae, obra de Athanasius
Kircher, publicada en 1646.
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Athanasius
Kircher es un asombroso y versatil pensador jesuita alemán.
Su obra fundamental, Mundus Subterraneus, constituye
una amplia elaboración reflexiva impregnada de teología,
filosofía y ciencia desde una impronta experimental y
especulativa. Esta obra ejerció una apreciable influencia
en el medio intelectual europeo de finales del siglo XVII y
la primera mitad del siglo XVIII. En Mundus Subterraneus,
Kircher pretendió encontrar "dentro" de la
esfera terrestre, una posible respuesta a los interrogantes
que laten sobre la superficie de la misma. En el desarrollo
de esta actitud intelectual, Kircher desarrolló la categoría
del Geocosmos. Para adentrarnos en el fascinante universo de
la especulación kircheriana, presentamos aquí
un excelente artículo, de gran rigor, fundamentación
y solidez, de Leandro Sequeiros, Doctor en Ciencias Geológicas
por la Universidad de Granada (1974). Desde 1996 es profesor
de Filosofía de la Naturaleza y de Filosofía de
la Ciencia en la Facultad de Teología de Granada.
En Athanasius Kircher, ciencia, teología y filosofía,
aún se funden dentro de los nervios de una única
aventura intelectual.
E.I
EL
GEOCOSMOS DE ATHANASIUS KIRCHER
Una
imagen organicista del mundo en las ciencias de la
naturaleza del siglo XVII
Por
Leandro Sequeiros
1.
Introducción
Los historiadores no están de acuerdo sobre el año de
nacimiento del erudito y polifacético jesuita alemán padre
Athanasius Kircher. Las opiniones se dividen entre los
partidarios del año 1601 y del año 1602. Sí se sabe que
nació un día 2 de mayo, día de San Athanasio. Por tanto,
entre el año 2001 y 2002 celebramos la conmemoración de los
cuatro siglos del nacimiento de este estudioso enciclopédico
y escritor fecundo. El filósofo y escritor italiano Umberto
Eco, ha escrito de Kircher: es "el más contemporáneo
de nuestros antecesores, el más trasnochado de nuestros
contemporáneos".
Entre los muchos libros publicados por Kircher, el más
conocido es Mundus Subterraneus, una vasta obra científica,
filosófica y teológica de gran influjo en muchos ambientes
intelectuales europeos de finales del siglo XVII y la primera
mitad del siglo XVIII. Kircher finalizó su redacción, tras
muchos años de trabajo, en 1660 pero no se publicó hasta
cinco años más tarde. Mundus Subterraneus tuvo una
primera edición en 1665, pero la que alcanzó más difusión
fue la segunda, de 1678, más ampliada por su autor. El título
original de la misma es: Athanasii Kircheri e Soc. Iesu.
Mundus Subterraneus, in XII Libros digestus; quo Divinum
Subterrestris Mundi Opificium, mira Ergasteriorum Naturae in
eo distributio, verbo pantamorfon Protei Regnum,
Universae denique Naturae Majestas et divitiae summa rerum
varietate exponuntur. Fue editada la primera edición en
la ciudad de Amsterdam, en 1665, en dos volúmenes de 346 y
487 páginas respectivamente.
La portada, grabada en Roma, está fechada en 1664 aunque el
libro salió a la venta un año más tarde, en 1665. En la
segunda edición, de 1678, se corrigió el año de edición
pero el grabado barroco, con una bola del mundo suspendida de
la mano de Dios por una gruesa cadena y rodeada de ángeles,
filósofos, figuras míticas y nubes permaneció intacta.De
igual modo, se mantuvo la leyenda que sostiene un águila en
el pico: "Spiritus intus alit; totamque infussa per
arctus Meus agitat molem" (Virgilio, Eneida,
VI, 625). De esta obra se publicó una amplia crónica en el Journal
de Savants, de 1666 en dos números sucesivos (páginas
299-305 y 347-352). La segunda edición se editó también en
Amsterdam trece años después de la primera, en 1678. Tiene
dos tomos y aporta nuevas observaciones, con lo que el número
de páginas es superior: 366 y 507 páginas respectivamente.
En
Mundus Subterraneus, Kircher propone una de las teorías
globales de la Tierra, basada en la idea del Geocosmos,
que más influjo han tenido en las ciencias naturales de los
siglos XVIII y XIX. En ella se articulan elementos de
observación natural junto a sugerentes y poderosas
concepciones filosóficas de raíz platónica y a
teorizaciones teológicas de gran envergadura [UDÍAS Y
STAUDER, 1998; SEQUEIROS, 1999, 2001a, 2001b].
El interés que los investigadores dedican a la figura de
Kircher puede medirse en función de los trabajos de
investigación y tesis doctorales sobre su figura. En la clásica
obra del padre Lazlo Polgár, conteniendo la bibliografía
sobre la historia de la Compañía de Jesús, se reseñan 80
trabajos sobre la figura y la obra de Kircher, publicados
entre 1901 y 1980. Puede resultar sorprendente que son varias
las tesis doctorales que se han defendido en estos últimos años
sobre Kircher. Así, citamos de pasada las tesis de Baldwin
(defendida en 1987 en Chicago) sobre la filosofía magnética
de Kircher [BALDWIN, 1987], la de Cantoni sobre la armonía
universal [CANTONI, 1994] y la de Ziller, también sobre la
armonía del mundo en el siglo XVII según Kircher [ZILLER,
1995].
I.
Rasgos biográficos de Athanasius Kircher
I.1
Nacimiento y juventud
No son muy abundantes los datos biográficos fiables del P.
Kircher. Las fuentes directas son poco accesibles y, por lo
general, se trabaja sobre fuentes secundarias [LANGENMANTEL,
edit.,1684; BRISCHAR, 1877; SOMMERVOGEL, 1893; KOCK, 1934;
ADAMS, 1938; MacCRACKEN, 1942; GODWIN, 1980; KANGRO, 1973;
SIERRA VALENTÍ, 1981; BRAUEN, 1982; SEQUEIROS, 2001c;
CORRADINO, 2001]. Los autores consultados coinciden en estos
datos generales sobre la biografía de nuestro autor:
Athanasius Kircher nació en Geisa (Ghysen), cerca de Fulda
(provincia de Hesse-Nassau, en Sajonia-Weimar) un 2 de mayo, día
de San Atanasio. Pero no hay acuerdo si fue en el año 1601 o
en 1602.
Athanasius fue el más pequeño de los ocho hijos (seis
varones y dos mujeres) fruto del matrimonio entre Johannes
Kircher y Anna Gansek. Johannes Kircher, su padre, había
nacido en Maguncia (Mainz), y era doctor en Teología. Siendo
éste un joven teólogo laico, obtuvo un puesto de trabajo de
tipo administrativo en la Abadía benedictina de Fulda. Esto
le hizo trasladarse a esta ciudad en la que conoció a la que
sería su esposa, Anna. Precisamente, en Fulda tenían los
jesuitas un colegio donde estudiaron los hijos varones, y
entre ellos el joven Athanasius. En este centro estudió latín,
griego y hebreo desde 1614 a 1618 (desde los 13 a los 17 años)
y allí sintió su vocación a la Compañía. El 2 de octubre
de 1618 ingresa como novicio en la Compañía de Jesús, y en
1620 se traslada a la ciudad de Paderborn, donde estudia
Humanidades Clásicas, Filosofía escolástica, Ciencias
Naturales y Matemáticas hasta 1622. Estos estudios los
completó un año más en Münster y Colonia.
.2
La formación intelectual y académica de Kircker
Una vez terminados los estudios de Humanidades y Filosofía,
Kircher pasó a la etapa que en la tradición jesuítica se
llama el "magisterio", durante la cual el joven
estudiante pasa a ser temporalmente profesor en alguno de los
colegios para niños y jóvenes. En 1623, Kircher fue
destinado al Colegio de Coblenza donde imparte clases de
lengua griega a los niños y a los jóvenes. El curso
siguiente, 1624 -1625, Athanasius Kircher, a la sazón de 24 años,
pasa a impartir clases en el laboratorio de Física del
Colegio jesuita de Heiligenstadt en Sajonia. Este laboratorio
tenía una fama bien ganada, pues en él se encontraban los
aparatos "más modernos" (entonces) para acercar a
los jóvenes a los métodos de lo que hoy llamamos la
investigación científica. Esta experiencia será de gran
valor para Kircher [SEQUEIROS, 2001c].
Finalizada en 1625 la etapa llamada por los jesuitas el
"magisterio", Athanasius Kircher inicia sus estudios
de Teología en la Universidad de Maguncia, donde también había
estudiado la misma materia su propio padre. En esta ciudad fue
ordenado sacerdote en 1628, con 27 años. Sus estudios los
compaginó con trabajos de planimetría y agrimensura por
encargo del Elector de Maguncia los cuales contribuyeron
grandemente a su posterior interés por la geografía. También
empezó a utilizar el telescopio para sus observaciones que
tuvieron como objetivo principal el estudio de las manchas
solares, retomando el debate que mantuvieron antes que él
Galileo y el también jesuita Scheiner.
Ese mismo año, 1628, fue nombrado profesor de la Universidad
de Würzburgo, donde se le encarga enseñar materias tan
variadas como la filosofía escolástica, las matemáticas,
las lenguas hebrea y siríaca (nombre con el que se
conocía entonces al arameo). Ese mismo año inicia su interés
por la interpretación de los jeroglíficos egipcios con ocasión
de la lectura de un libro que trataba de los obeliscos
conservados en la ciudad de Roma. En Würzburgo tuvo su primer
contacto con la medicina profesional (a la que hace abundantes
referencias en Mundus Subterraneus) y publicó su
primer libro en 1631: la Ars Magnesia, referente al
magnetismo terrestre [KIRCHER, 1629; ROSSI, 1998:160-163].
El tema del magnetismo es el objeto de este trabajo. Recuérdese
que en 1600 se publica uno de los libros de física más
influyente en los siglos XVII y XVIII: el De Magnete de
Gilbert [ROSSI 1998:160-164]. El tema del magnetismo terrestre
lo retomará años después publicando en 1641 el Magnetes
sive de arte magnetica que conoció varias ediciones
(Roma, 1641; Colonia, 1643; Roma, 1654).
En 1631, Kircher abandona la ciudad de Würzburgo debido al
avance de las tropas de Gustavo Adolfo, y se establece en el
Colegio de los Jesuitas de Avignon. Se llevó consigo a su
discípulo, el también jesuita Caspar Schott. No se tienen
muchas noticias sobre este gran colaborador de Kircher. El
padre Caspar Schott nació en Königshofen (diócesis de Würzburgo)
en 1608. Entró en la Compañía en 1627. No se tienen datos
fiables sobre cómo entró en contacto con Kircher e iniciaron
su fecunda cooperación científica. Una hipótesis es que lo
conociese en Würzburgo, la ciudad de Schott, hacia 1628,
cuando era aún novicio. Solo sabemos que en 1631, Schott y
Kircher huyen de esta ciudad hacia Lyon y luego a Avignon.
Desde 1633 se pierde el rastro de Schott. Posiblemente, es la
época en que estudió en Sicilia y fue profesor de teología
moral y matemáticas en Palermo. Esto coincide con un
reencuentro con Kircher con ocasión de su viaje al sur de
Italia. Volvió a Würzburgo en 1657 donde se dedica a
escribir y a impartir clases de ciencias físicas. Es el
momento en el que publica la segunda edición del Iter
Exstaticum de Kircher (1660). La amistad entre Kircher y
Schott fue constante y les llevó a una fecunda colaboración
científica. Entre otras cosas, Schott será quien complete la
segunda edición, editada en 1660, del Iter Exstaticum
coeleste et terrestre (de 1654). Schott falleció en la
ciudad de Augsburgo en 1666. Más adelante hablaremos con más
detalle de este interesante libro y sus imágenes.
En
el Colegio de Avignon, ciudad que era territorio pontificio,
Kircher enseñó matemáticas y desarrolla una amplia tarea
científica en muy diferentes campos: la astronomía, el
desciframiento de inscripciones egipcias, la planimetría y la
agrimensura. También construye un planetario para el cual
realizó experimentos basados en dirigir la luz del Sol y de
la Luna hacia la Tour de la Motte del Colegio mediante
ingeniosas combinaciones de espejos. De todos estos
experimentos resultó un libro sobre las observaciones astronómicas
por medio de la reflexión de la luz y otro sobre una
disciplina extraña: la catóptrica (la parte de la óptica
que trata de los procesos de reflexión de la luz).
Durante la etapa en Avignon, Kircher mantuvo correspondencia
con el jesuita Christophorus Scheiner, descubridor de las
manchas solares y enemigo científico de Galileo. Tal vez en
esta época adquirió la costumbre de la correspondencia
frecuente con otros científicos europeos y que mantuvo toda
su vida.
En 1633, estando aún en Avignon, le presentaron a Pierre
Gassend (conocido como Gassendi) (1592-1655) en Aix-en-Provence,
con el cual seguirá manteniendo correspondencia y amistad
durante muchos años. Téngase en cuenta que Gassendi es un
representante cualificado de las posturas opuestas al rígido
mecanicismo de Descartes. Están por estudiar las influencias
mutuas que Gassendi y Kircher pudieron tener [ELLENBERGER,
1989: 188-194].
En este mismo año (1633), Kircher se propone interpretar el
lenguaje de los jeroglíficos egipcios. Casi dos siglos antes
de Champollion y la Piedra Rosetta, Kircher trabajó en
este campo basándose en la lengua copta (que dominaba
perfectamente) como herramienta lingüística para descifrar
la escritura egipcia. Según los expertos, en este trabajo
dominó más su juvenil fantasía que el rigor científico. De
estos trabajos resultó una pintoresca gramática de la lengua
copta, editada en Roma diez años más tarde.
I.3
Los extraños caminos que llevan a Roma: el Colegio Romano en
los tiempos de Kircher
Diversas circunstancias hicieron que en el año 1633 el
Emperador Fernando II, conocedor de la sabiduría del jesuita,
propuso a los superiores de Kircher que concedieran autorización
para ser nombrado profesor de matemáticas en Viena. Concedida
ésta, Kircher se dirigió desde Francia a Alemania por vía
marítima. En una accidentada travesía, sufrió varios
naufragios que le obligan a arribar a la ciudad de Roma, donde
no tenía intención de ir. Athanasius Kircher nunca llegó a
Viena. Desde ese año hasta su muerte en 1680, permaneció
como profesor en Colegio Romano, que gozaba en aquel tiempo de
una merecida fama. Desde 1633 hasta 1638, Kircher dispuso de
su tiempo para trabajar libremente en Roma. No tenía aún una
misión concreta. Por ello se dedicó a la egiptología
publicando el Prodromus Coptus sive Aegiptiacus (1636),
un pequeño tratado de coptología.
Desde 1638, cuando tenía 37 años de edad, se incorporó como
profesor de Física y de Matemáticas al claustro de
profesores del Colegio Romano. No se puede entender la obra
completa de Kircher, el impresionante esfuerzo intelectual de
ámbito científico, filosófico y teológico, sin situarlo en
el contexto de esta institución al servicio de la Iglesia. El
Colegio Romano [GARCIA-VILLOSLADA, 1954] fue fruto del
desarrollo de una de las intuiciones más preclaras de Ignacio
de Loyola y tenía como objetivo colaborar en la restauración
católica que había iniciado el Concilio de Trento. En la
mente de Ignacio se trataba de impulsar una institución
dedicada a la educación cristiana de la juventud, a la
formación del clero, a la recuperación de la presencia católica
en las letras y en la ciencia, a la formación de apóstoles
decididos a difundir la fe de Roma.
No pretendamos juzgar con las categorías del siglo XXI los
objetivos concretos pretendidos por Ignacio y sus compañeros.
Dicho en un lenguaje de nuestros días, el Colegio Romano
quiso intervenir decididamente y con ideas propias en el
debate renacentista y barroco de la revolución científica de
los siglos XVI y XVII. La institución pensada por Ignacio no
cristaliza inmediatamente. Aprobada la Compañía en 1540
(bula Regimine militantis Ecclesiae, de Paulo III),
Ignacio deseaba que los jóvenes jesuitas recibiesen su
formación en una universidad pública [GARCÍA-VILLOSLADA,1954:
10].
Por ello, Ignacio de Loyola envió en ese mismo año de 1540 a
un grupo de estudiantes a la Universidad de París, otro grupo
a la Universidad de Padua en 1541, y otros dos a las de
Lovaina y Coimbra en 1542. Pero pronto pensó en la
posibilidad de crear centros propios de estudio. Así, en 1546
aparece el Colegio de Gandía (Valencia), para los cursos de
Artes o Filosofía. A este le siguió el Colegio de Messina,
en 1548, dirigido por el P. Jerónimo Nadal con la ayuda de un
grupo de jesuitas de sólida formación, como Pedro Canisio,
Andrea Freux y otros. El Colegio de Messina, fundado sobre
todo para remediar la ignorancia del clero local, puede
considerarse como el primer esbozo de lo que sería la pedagogía
jesuítica, la cual tendrá su forma más elaborada en el
Colegio Romano.
En los tiempos de la llegada de Kircher al Colegio Romano (en
1633), éste estaba ya bien establecido. Había un buen
edificio y una organización docente bien elaborada, una buena
biblioteca y un profesorado dotado de gran potencia
intelectual. La enseñanza, y en especial la enseñanza de la
Teología, era muy apreciada, siendo los portavoces de las
reformas teológicas iniciadas tras el Concilio de Trento [FILOGRASSI,
1942; GARCÍA-VILLOSLADA, 1954:214-232].
I.4.
La filosofía natural el Colegio Romano en los tiempos de
Kircher (1633-1680)
La edad dorada del Colegio Romano, iniciada con las clases de
Toledo y Belarmino y culminada con las de Suárez, Vázquez y
Valencia se prolonga en el siglo XVII con Juan de Lugo,
Antonio Pérez, Sforza Pallavicino y Silvestre Mauro. Es la época
de Kircher. Fieles al Concilio de Trento, los teólogos del
Colegio Romano se mantenían dentro de la ortodoxia del
tomismo. Pero se trata, según algunos autores, de un tomismo
ecléctico, más abierto a las novedades científicas. Sin
embargo, el tema de la cooperación de la Ratio Studiorum
a la filosofía natural y al desarrollo científico está muy
debatido.
Algunos hechos culturales enmarcan la obra de Kircher: en
1637, Descartes escribe el Discurso del Método y en
1638, Galileo publica en Holanda los Discurso (Discursos
sobre las dos nuevas ciencias). La estancia de Kircher en
Roma coincide con otros acontecimientos científicos y
sociales de importancia: en 1647, Gassendi publica De vita
Epicuri y Blas Pascal las Nuevas experiencias acerca
del vacío. En 1651, von Guericke construye la máquina
neumática en 1661, Boyle formula la ley de los gases. En 1662
se funda la Royal Society of London. En 1665,
precisamente en el año en que se publica Mundus
Subterraneus, se inicia en Londres la publicación de la
primera revista científica mundial: las Philosophical
Transactions.
Los historiadores de la ciencia [ROSSI, 1998] muestran el
papel protagonista que desempeñaba el Colegio Romano en el
contexto de las ciencias de la tierra, la astronomía, las
matemáticas y la cosmología, en la época en que Kircher
llega al mismo. Los jesuitas eran respetados en sus opiniones
y tenidos en cuenta y fueron considerados por los científicos
más eminentes de la época como interlocutores válidos en el
debate sobre el conocimiento de la naturaleza.
Para situar históricamente la obra de Kircher, recordemos que
poco después de su fallecimiento en 1680, se publicó (en
1687) uno de los libros más revolucionarios en el mundo del
pensamiento científico: los Principia Mathematica
Philosophiae Naturalis de sir Isaac Newton. Al llegar
Kircher al Colegio Romano ya habían finalizado las
controversias de algunos profesores de este con Galileo. Pero
debe reconocerse que la estancia de Kircher en Roma coincide
con el gran florecimiento europeo del conocimiento científico.
Para centrar históricamente la llegada de Kircher al Colegio
Romano, recordemos que en 1632, Galileo Galilei había
publicado sus Diálogos sobre los sistemas del mundo,
lo que provocó un nuevo proceso contra Galileo y la obligación
de abjurar de sus ideas el 22 de junio de 1633. En ese año es
cuando Kircher llega al Colegio Romano [UDÍAS, 2000;
SEQUEIROS, 2001c].
Debe
resaltarse que, entre los que ocuparon cátedra de Matemáticas
(con Geometría y Astronomía) están algunas de las figuras más
conspicuas de la ciencia jesuítica de la época de la
Revolución Científica: Christophorus Clavius (desde 1564 a
1571 y desde 1587 hasta una fecha no precisada por los
documentos), Bartolomeus Ricci (desde 1571 hasta una fecha no
precisada por los documentos que se conservan), Christophorus
Grienberger (desde 1602 a 1605, desde 1612 a 1616, desde 1624
a 1625, desde 1628 a 1633), Orazio Grassi (desde 1616 a 1624 y
desde 1626 a 1628). En los 47 años que Kircher estuvo en el
Colegio Romano, coincidió con 51 profesores de Física (de
Filosofía Natural) y con 23 profesores de Matemáticas (con
Geometría y Astronomía).
Durante
el siglo XVII se produce una renovación generacional
importante en el Colegio Romano [BANGERT, 1972:187, 220, 325]:
el gran astrónomo Christophorus Clavius fallece en 1612;
Grienberger muere en 1636; Christophorus Scheiner, en 1650;
Orazio Grassi, opositor a Galileo, fallece en 1654. Pero la
llegada de Kircher en 1633, apodado "el Maestro de las
cien Artes" ocupa pronto un gran espacio por su actividad
incansable [UDÍAS, 2000].
Muchas
de estas nuevas ideas se conocían ya entre los jesuitas del
Colegio Romano que intervenían y opinaban con razones de peso
en muchas de estas cuestiones científicas relacionadas con la
filosofía y la teología. En torno al Colegio Romano las
llamadas "redes jesuíticas" difundían por el mundo
las nuevas imágenes de la realidad natural para las cuales
buscaban respuestas filosóficas y teológicas más acordes
con las nuevas propuestas. En este ambiente hemos de situar la
obra científica de Athanasius Kircher.
- .5
La obra científica escrita de Athanasius Kircher
-
Sorprende encontrar que la actividad estrictamente docente
de Kircher en Roma no fue demasiado prolongada. Entre 1638 y
1646 imparte Física y Matemáticas (con Geometría y
Astronomía) en el Colegio Romano, con una interrupción
intermedia de algunos años. No tenemos datos sobre cómo
eran sus clases, pero se puede aventurar la hipótesis de
que lo suyo era la investigación y no la brega diaria con
los alumnos. Parece ser que, desde esa fecha, 1646, fue
descargado de las clases para que pudiera emplearse en la
redacción de su vasta obra. Pero es el momento ahora de
describir su actividad investigadora tal como se refleja en
sus numerosos, variados y, a veces, desconcertantes escritos
[SEQUEIROS, 2001c].
-
-
La obra impresa de Kircher es de 44 títulos de muy diversos
temas. [SOMMERVOGEL, 1893]. De igual modo, los manuscritos y
su correspondencia son muy amplios. Recientemente, el
investigador Vicktor Gramatowski [2000] ha dado a conocer un
catálogo del fondo kircheriano. Consta de 2.587 documentos
en 20 lenguas, con cartas que proceden de 336 ciudades en 42
países. Entre los muchos corresponsales, Kircher mantuvo
una amplia correspondencia con el español Juan Caramuel y
Lobkowitz (1606-1682) [CEÑAL, 1953; PASTINE, 1975; LÓPEZ
PIÑERO, 1979:436-439]
-
-
Uno de sus primeros libros [KIRCHER, 1635] está dedicado a
los experimentos realizados en Avignon años atrás con
espejos, a partir de los cuales construye un reloj de
reflexión. En los primeros años de estancia en Roma, además
del tratado de coptología, al que aludimos más arriba,
publicó cuatro gramáticas árabes en latín (Lingua
Aegiptiaca restituta, Roma, 1643). Años más tarde, vio
la luz un monumental tratado de egiptología (Oedipus
Aegiptiacus). Los cuatro tomos se editaron entre 1652 y
1653 [CORRADINO, 2001].
-
-
Tras estos, vinieron otros muchos libros de temas variados,
tocando los temas más diversos: desde la interpretación de
los jeroglíficos egipcios (Obeliscus Pamphilius,
1650), tratados de lenguas orientales, de cultura china (China
Monumentis illustrata, Amsterdam, 1667), de música (Musurgia
Universalis, Roma, 1650), de física (Primitiae
gnomonicae catoptricae, Avignon, 1635) y geofísica (Ars
Magna Lucis et Umbrae, Roma, 1646) y de magnetismo (Magnes
sive de Arte Magnetica, Roma, 1641; Ars magnesia,
Würzburgo, 1631; Magneticum Naturale Regnum, Roma y
Amsterdam, 1667), de matemáticas, de medicina (Scrutinium
physico medicum contagiosae luis, quae pestis dicitur,
Roma, 1657), de zoología (Arca Noe, Amsterdam, 1675;
Turris Babel, Amsterdam, 1679), etc. [CORRADINO,
2001]. Parece ser que Kircher tenía gran interés en
divulgar los conocimientos. Sus obras tienen gran claridad
expositiva, acude con frecuencia a las anécdotas, acompañaba
al texto con preciosas litografías y, al escribir en latín,
se difundieron sin dificultad por toda Europa.
-
-
Su afán divulgador le llevó a montar en Roma un gran Museo
(conocido luego como Musaeum Kircherianum). Nuestro
activo autor, empezó a coleccionar objetos curiosos en su
propio cuarto en Roma. Como la cantidad de objetos aumentó
desmesuradamente, el Rector concedió a Kircher una estancia
mayor. Pero en 1615 Alfonso Donnini (más conocido por su
nombre latinizado de Donninus) había donado al Colegio una
colección de cosas curiosas y valiosas. Este fue el
germen del Musaeum Kircherianum que fue dirigido por
el P. Athanasius Kircher en Roma [GARCÍA-VILLOSLADA,
1954:185 ss; GRAMATOWSKI, 2000; LO SARDO, 2001].
-
-
El Museo comprendía colecciones de curiosidades, rarezas
naturales, arqueología, etnografía, instrumentos científicos,
malacología, rocas, minerales y fósiles, etc. En 1678,
Jorge de Sepi, bajo la dirección de Kircher, publicó un
catálogo del mismo (Romani Collegii Soc. Jesu Musaeum
celeberrimum, cuius magnum antiquariae rei, statuarium
imaginum, picturarumque partem ex legato Alphonsi Donnini
S.P.Q.R. a secretis munifica liberalitate relictum P.
Athanasius Kircherus Soc. Iesu novis et raris inventis
locuplectatum, cumpluriumque Principum curiosis donariis
magno rerum apparatu instruxit; Amsterdam, 1678).
-
-
A la muerte de Kircher, los jesuitas encomendaron al padre
Filippo Bonanni (1638-1735) su reorganización e ilustración.
En 1709 publicó un catálogo del Museo: Musaeum
Kircherianum sive Musaeum a P. Athanasio Kirchero In
Collegio Romano Societatis Iesu iam pridem incoeptum Nuper
restitutum, auctum, descriptum, et Iconibus illustratum.
(Roma, 1709, 522 pág, 171 láminas). Con la supresión de
la Compañía de Jesús en 1773, las piezas del Museo fueron
dispersadas. Aunque tras la restauración hubo un intento de
agruparlas, la incautación por parte del Gobierno italiano
en 1870 acabó con el Musaeum. Los restos del mismo
se integraron en 1913, parte de ellos en el Museo
Paleoetnográfico del Museo de Roma, y otros en los
fondos del Museo Nazionale de Castel Sant´Angelo.
-
-
Se atribuyen a Kircher muchos "inventos" curiosos,
entre ellos, un sistema de proyección a través de colores,
que puede considerarse antecesor del cinematógrafo [WAGENAAR,
1979]. Kircher pretendía difundir y divulgar los
conocimientos de que disponía por medio de esta obra
monumental. Sus obras son de gran claridad, reúne los
avances científicos de su época en armonía con los datos
de la Escritura, de los Santos Padres y la tradición de la
Iglesia. Al estar escrito en latín el libro se divulgó rápidamente
por Europa en la que obtuvo gran popularidad. Jungius y
Leibniz citaron las obras de Kircher y von Guericke aprovechó
muchas de las ideas de la Magnes, sive de arte magnetica
(1643), de la Ars magna lucis et umbrae (1646), del Iter
Exstaticum (1654) y del Mundus Subterraneus
(1665).
-
-
- I.6
1638: una fecha crucial en la vida de Athanasius Kircher
-
¿Cómo surge la idea del Geocosmos en la mente de
Kircher? Hay veces que en la vida de los grandes científicos
una serie de circunstancias ocasionales colaboran a
reelaborar todo el pensamiento. El año 1638 hay que
considerarlo, según sus biógrafos, fundamental para la
obra geográfica y geológica de Athanasius Kircher. Según
él mismo escribe en el capítulo I del llamado Prefatio
a Mundus Subterraneus (su obra más brillante),
concibió la idea de elaborar una gran obra sobre la Tierra:
- "Me
di cuenta de que no faltaban en el curso de este siglo
(se refiere al siglo XVII) esclarecidos varones ilustres
en el cultivo del estudio geográfico que se entregaron
con gran esfuerzo y diligencia y sin perdonar gastos a
explicar la faz externa del Geocosmos, en un intento
noble y digno de la mayor alabanza y fama, pero nadie se
dedicó a lo único que faltaba: la economía interna de
la Tierra y los escondidos secretos de la naturaleza en
los que nadie llegó a pensar siquiera... " [A.
KIRCHER: Mundus Subterraneus, escrita en 1660,
publicada en 1665. Prefacio, capítulo I].
-
En la vida hay ocasiones en que las circunstancias hacen
cambiar la orientación de toda una vida. Es lo que le
sucede a Kircher. En 1638 surge una ocasión única que él
mismo nos describe:
- "Estaba
yo agitado por la gran fuerza de mis pensamientos y
sucedió que en aquel tiempo y por mandato de mis
superiores me incorporé en concepto de confesor al séquito
del excelentísimo príncipe Federico, landgrave de
Hesse, luego dignísimo cardenal, en el viaje que
emprendía a Sicilia y Malta. Interpreté esta ocasión
como suministrada por la providencia de Dios y
maravillosamente oportuna para ejecutar mi empresa. Y no
me equivocaba" (A. KIRCHER: Mundus Subterraneus,
escrita en 1660, publicada en 1665. Prefacio, capítulo
I).
-
Kircher, tal como él mismo describe minuciosamente, recorrió
en ese viaje las islas de Malta y de Sicilia, ascendió al
volcán Etna, estudió las corrientes marinas del estrecho
de Messina. De vuelta hacia Roma tuvo la "suerte"
(para él) de experimentar directamente el terremoto de
Calabria y ascendió para estudiarlo al cráter del Vesubio
en Nápoles. Estas experiencias son las que le movieron a
escribir, primero el Iter Exstaticum en 1654 y luego
el Prefatio de 1660 a Mundus Subterraneus (que
no llegó a publicarse hasta 1665).
-
-
Las escenas maravillosamente descritas en el Prefatio
a su Mundus Subterraneus muestran la viveza de una
experiencia muy intensa, como escribe el profesor Eduardo
Sierra. En su mente poderosa se fueron fraguando las ideas
que le llevaron a sus estudios de la Tierra o Geocosmos
(como acostumbra a denominarla). Es entonces cuando concibió
el proyecto de publicar una gran obra sobre la Tierra. Estos
textos son expresivos de su pensamiento:
- "Después
de tantas pruebas por mar y tierra y tras haber
explorado la increíble fuerza de la naturaleza que
opera en las galerías subterráneas, me sobrevino un
gran deseo de conocer si el Vesubio tenía alguna relación
con el Strómboli y el Etna en esta terrible guerra de
la naturaleza. Fui, pues, a Pórtici, lugar situado al
pie del monte; a partir de aquí me hice guiar por un
campesino conocedor de los caminos a quien di una espléndida
propina y que me condujo a media noche haciéndome subir
a través de sendas difíciles y escabrosas. Cuando
alcancé el cráter, presencié un espectáculo
horrendo: todo él estaba iluminado por el fuego y
envuelto en un intolerable hedor de azufre y betún
quemado. Atónito ante tan inusitado espectáculo, creía
estar viendo el infierno, pues para serlo solo faltaban
los demonios. Se oían los horrendos mugidos y estrépitos
del monte que creo son inexplicables, así como los
humos mezclados a los globos de fuego que vomitaban
continuamente once bocas abiertas tanto en el fondo como
en los lados del monte" (Del Prefacio a Mundus
Subterraneus. Escrito en latín en 1660 y publicado
en 1665) [SIERRA, 1981: 26-27].
-
Son muy expresivos los textos en los que Kircher relata con
detalle su encuentro con los volcanes de Italia:
- "Encendido,
pues, por el deseo de explorar todas las cosas con la
ayuda insigne de las trirremes maltesas (...) subí al
Etna, que es como la fuente de todos los prodigios que
hay en Sicilia, para comprobar por propio experimento
(...) las maravillas que los historiadores de todos los
siglos habían escrito. Y luego fui a las islas Eolias o
Hefestias y ante todo a Strómboli y también al
estrecho de Messina, al que llaman de Vulcano, y que es
muy peligroso por los cambios de las corrientes y lo
exploré durante tres años y luego con gran esfuerzo me
dediqué a estudiar los maravillosos movimientos,
ebulliciones y toda clase de síntomas de las famosas
Escila y Caribdis. Todas las cosas que llamaban mi
atención, las confiaba luego al papel en casa, ponderándolas
con la mayor exactitud, y esta relación es la que el
lector encontrará en el curso de esta obra y podrá así
comprobar lo que en ella se describe" (Del Prefacio
a Mundus Subterraneus. Escrito en latín en 1660
y publicado en 1665) [SIERRA, 1981: 22].
-
A su regreso a Roma, Kircher inicia inmediatamente la
redacción de su gran cosmovisión científica, filosófica
y teológica sobre el Geocosmos. En esos años
empieza a impartir las clases de matemáticas en el Colegio
Romano, pero tanto le absorbe la investigación y la redacción
de sus obras que pronto (hacia 1646, ocho años después de
su viaje) es descargado del trabajo lectivo para que pueda
dedicarse a escribir. En ese tiempo la correspondencia es
abundantísima. La redacción de sus teorías se enriquece
con las conversaciones con los compañeros jesuitas que
pasan por Roma desde lejanos países de misión o que envían
memoriales al Padre General y que le ilustran sobre procesos
naturales en lejanas tierras. Él mismo escribe en Mundus
Subterraneus:
- "A
todo esto se une la riquísima ayuda de las relaciones
con nuestros Padres, enviadas cada tres años desde la
India aquí a Roma: cuando ven y exploran en la tierra o
en el mar alguna cosa digna de admiración, la ponen por
escrito y me la comunican a mí, que estoy ávido de
saber esas cosas". (A. KIRCHER. Mundus
Subterraneus, Prefacio, capítulo III).
-
De sus ideas científicas, filosóficas y teológicas en
torno al paradigma unificador del Geocosmos tratamos
más adelante. Kircher tuvo una vida intensa y prolongada:
falleció en el Colegio Romano, en Roma, con casi 80 años
de edad, el 27 de noviembre de 1680. En este centro de
investigación y enseñanza, y en esta ciudad vivió los últimos
cuarenta y siete años de su vida, y aquí redactó sus
obras más significativas.
-
- II.
El contexto científico de Athanasius Kircher: las ciencias
de la naturaleza en el siglo XVII en Europa
-
Para un entendimiento correcto de las aportaciones científicas,
filosóficas y teológicas de Kircher, será necesario
situarlo en el contexto de las ciencias de la naturaleza en
el siglo XVII en Europa.
-
- II.1
Tradición y modernidad en la ciencia europea del siglo XVII
-
No se puede entender a Kircher como un personaje ausente del
complejo sistema cultural europeo del siglo XVII [PASTINE et
al., 1998]. Tras el tumultuoso período del Renacimiento,
-escribe el profesor René Taton [TATON edit., 1988,
211-236] - durante el cual occidente entró en íntimo
contacto con la ciencia antigua, no sin manifestar, en
diversos dominios, una indiscutible voluntad de creación,
el siglo XVII ve nacer en la Europa occidental una nueva
ciencia, que se desarrollará en los siglos siguientes, y
que poco a poco se difundirá por todo el mundo".
-
-
Esta "nueva ciencia" de la que tratan los
historiadores se corresponde con un momento de efervescencia
de la creatividad humana. Desde Gilbert, Kepler y Galileo
hasta Huyggens, Malebranche, Leibniz y Newton, pasando por
Bacon, Harvey y Descartes, los que hoy llamamos "científicos"
del siglo XVII en Europa colocan los principios de la
ciencia moderna. Mientras sostenían su lucha, a menudo difícil,
contra los prejuicios, la tradición y la rutina, esos
hombres geniales supieron explicar los grandes principios
que todavía hoy se encuentran a menudo en la base de
nuestras concepciones. Aquellos filósofos naturales
tuvieron el mérito inmenso de crear métodos originales y
fecundos, de renovar amplios dominios científicos y de dar
a la investigación un decisivo impulso.
-
-
Suele ser normal en los autores de Historia de las Ciencias
de la naturaleza identificar el siglo XVII con el comienzo
de la que puede llamarse Ciencia Moderna. Sin embargo, es
necesario matizar mucho esta afirmación. En primer lugar,
no todas las áreas del conocimiento racional y organizado
de la naturaleza caminaron a un mismo ritmo durante la época
de la Revolución Científica. Así, las matemáticas y la física
tuvieron un desarrollo epistemológico que no lo tuvieron
las ciencias de la vida y las ciencias de la Tierra. Aún así,
se considera, como veremos, que en el siglo XVII aparece la
Geología como ciencia natural dotada de su propia
racionalidad.
-
-
En segundo lugar, y utilizando las metáforas kuhnianas la
incipiente comunidad científica de la época barroca se
hallaba escindida en dos facciones: la tradicional (que se
mantenía fiel a los principios, metodologías y contenidos
propios de la tradición aristotélica y escolástica y que,
por lo general, se atrincheraba en las Universidades) y la
facción "moderna" (o renovadora) que, por lo
general, desde la periferia de las instituciones académicas,
propiciaba una nueva manera de afrontar el problema del
conocimiento del mundo natural, social y teológico.
-
-
Pero hay un tercer elemento a tener en cuenta en este
intento de matización del concepto de nueva ciencia: si se
estudia en detalle a los grandes personajes de la filosofía
y de la ciencia en este período, puede llegarse a la
conclusión sorprendente de que un autor, podía ser
"renovador" en unos aspectos y por otra parte
seguir acartonado en concepciones arcaicas. El caso más
clarificador es el del gran científico Isaac Newton, que
alternaba sus estudios sobre física con investigaciones
sobre alquimia o sobre astrología. "El Gran Babilonio",
ha sido etiquetado por algunos autores.
-
-
Hechas estas matizaciones, será necesario presentar, aunque
sea muy esquemáticamente, lo que el siglo XVII supuso en la
construcción de ideas científicas para comprender a
Kircher dentro de esas coordenadas. Por ello, el
escolasticismo y la tendencia a la especulación sin
suficientes fundamentos experimentales de Kircher hay que
entenderlos en el contexto de la cultura general del siglo
XVII que no puede despegarse de un lenguaje muy establecido.
Desde la deducción de la estructura interna del Mundo de
Descartes, hasta las discusiones de los llamados yatromecánicos
(de iatros, médico) y de los yatroquímicos, o la
disputa sobre las fuerzas vivas. Sin embargo, pese al lastre
filosófico, metodológico, ideológico o teológico, muchos
de estos "científicos" del siglo XVII llegaron a
conclusiones sorprendentes que pusieron las bases para un
nuevo modo de concebir la imagen del mundo, del ser
humano, de la sociedad o de las relaciones del hombre con
Dios. En este sentido, destacamos como avances que han
pasado al patrimonio común de la humanidad los siguientes:
las leyes de Kepler, la Mecánica de Galileo, el sistema
circulatorio de Harvey, la Geometría de Descartes, la
Geología de Niels Stensen, la Óptica astronómica y los Principia
de Isaac Newton, el mundo de los "pequeños
animales" al microscopio de Leeuwenhoek. Muchos errores
se mezclan en todo ello con las verdades. Pero, )acaso no es
esta, en cualquier época, la condición misma de la
investigación, de la búsqueda de la verdad sobre el mundo,
la vida, los humanos y Dios?
-
-
Tal vez, el fenómeno desencadenante de la Revolución Científica
del siglo XVII es la publicación en 1620 de un libro que
transforma el modo de trabajar. Este libro es el Novum
Organum de Francis Bacon, escrito como alternativa al Organon
aristotélico y como un intento de superar la vieja
especulación estéril por un método de conocimiento
sustentado en el "experimento", en la observación
minuciosa y libre de prejuicios de la realidad. Muy
posiblemente, en el Colegio Romano era conocida la obra de
Bacon y sus reglas metodológicas serían explicadas en las
clases de Filosofía Natural.
-
-
La vida científica de Athanasius Kircher se desarrolla
fundamentalmente en la península italiana. Por tanto, serán
los autores y las ideas italianas las que más pudieron
incidir en sus planteamientos. En el siglo XVI se había
constituido aquí una rica burguesía que quería escapar de
los maestros tradicionales y favorecía a artistas, filósofos,
literatos y pensadores. Los príncipes, como los Médicis,
los cardenales y los papas tenían sus "sabios " a
su servicio y financiaban sus trabajos. Así, Galileo era
matemático del Gran Duque de Toscana. Las ciudades de vieja
tradición autónoma, como Padua, Pisa y Florencia,
intentaban acaparar para sí los "científicos" más
famosos. De Italia llega la ciencia, lo mismo que el arte, y
casi todos los sabios franceses de la primera mitad del
siglo XVII sabían italiano, lengua que era, como el latín,
el primer idioma de comunicación entre los filósofos y
científicos.
-
-
Bajo los auspicios del príncipe Federico Cesi, se constituyó
en Roma en 1603 la primera institución que amparaba la
comunicación y el trabajo entre los científicos, era la Accademia
dei Lincei, de la cual será miembro, entre otros,
Galileo Galilei. Medio siglo más tarde, en 1657, el gran
Duque de Toscana, Fernando II, quiso tener en Florencia su
grupo de "sabios" y así nació la Accademia
del Cimento (Academia de la Experiencia) a la que
pertenecía, entre otros, el citado fundador de la Geología,
Niels Stensen, así como Viviani, Borelli, Redi y otros.
Esta Academia tuvo una vida floreciente pero efímera, pues
desaparece en 1667, diez años después.
-
-
- II.2
Las ciencias de la Tierra en la época de Athanasius Kircher
-
Mundus Subterraneus
(1665) de Athanasius Kircher tiene una componente esencial que
entronca con las Ciencias de la Tierra, con lo que
posteriormente se llamará la "Geología". Los
historiadores de la Geología coinciden en afirmar que en el
siglo XVII es cuando aparece la Geología como ciencia natural
dotada de su propia racionalidad .
-
-
El término "Geología" ha sufrido muy
diversas interpretaciones. En la Edad Media, designaba el
estudio de todo lo "terrestre", por oposición a
lo "divino" (la "Teología").
Parece ser que la palabra "Geología" fue
utilizada por vez primera en su sentido moderno en 1657
(unos años antes de la publicación de Mundus
Subterraneus) en el título de una obra danesa de M. P.
Escholt, titulada Geologia Norvegica, traducida al
inglés en 1663, y que trata de los terremotos y de los
minerales. Algo más tarde, en 1690, Erasmo Warren publicó
su libro Geologia, or a discourse concerning the Earth
before the Deluge. El descubrimiento de la circulación
de la sangre por William Harvey (su De motu cordis se
publica en 1629) ejerció una influencia notoria en las
ideas de aquéllos primeros geólogos, que concebían la
Tierra como un cuerpo vivo con su circulación de agua. La
influencia del pensamiento de Harvey en los geólogos se
continúa hasta final de siglo XVIII. El que se considera
"padre" de la Geología moderna, Hutton, estudió
medicina e hizo la tesis sobre la circulación de la sangre.
Estas ideas las recupera para el concepto de "ciclo
geológico" [SEQUEIROS, PEDRINACI, ÁLVAREZ Y VALDIVIA,
1995]
-
-
Los historiadores de la Geología están muy interesados en
el hecho de que diversos filósofos y naturalistas hacen
propuestas diversas sobre las llamadas "Teorías de
la Tierra". Los autores de estas primeras grandes síntesis
cosmográficas tenían la pretensión de reconstruir "físicamente"
la historia pasada del planeta reinterpretando (sin alejarse
de la letra) las ideas bíblicas de la Creación y el
Diluvio Universal. Así, encontramos las figuras de
Descartes (que en 1644 había presentado una visión
"laica" del planeta), Burnet, Whiston, Woodward,
los hermanos Scheuchzer y Bourget. Pero un grupo de
naturalistas entre 1600 y 1800 mantenían en sus obras la
pretensión de la existencia de una gran cavidad subterránea
(Leonardo de Vinci, Burnet, Boulanger) en el interior del
globo terráqueo. ADAMS [1938: 426-460] cita una larga serie
de autores griegos y romanos que apuntan hacia la existencia
de cavernas interiores. En este sentido, el paradigma
kircheriano no es original. Pero contó a su favor con un
lenguaje vivo y directo y con una difusión rápida gracias
a los jesuitas y al uso del latín [SEQUEIROS, 2000b].
-
- II.3
Las ideas sobre el interior de la Tierra en el siglo XVII
-
La obra de Kircher, Mundus Subterraneus, intenta
buscar "dentro" de la esfera de la Tierra, la
respuesta a los problemas que se detectan en la superficie
de la misma. Desarrollar este capítulo es de gran
importancia para entender las aportaciones científicas del Geocosmos.
-
-
Entre 1650 y 1800, los primitivos geólogos propusieron
diversas hipótesis sobre la composición y estructura del
interior del globo terráqueo [ELLENBERGER, 1994: 16-23].
Una de ellas, muy influyente, fue la de Athanasius Kircher.
Pero no fue la única. Desde los tiempos de Galileo, los filósofos
se preguntan sobre lo que hay en el interior de la Tierra.
Con anterioridad, en la época medieval, los autores no
dudaban en situar el infierno en el interior del planeta, en
un lugar donde hay fuego. El mismo Dante Alghieri, en La
Divina Comedia, escrita entre 1307 y 1321, trata del
viaje que hace el poeta, primero al infierno, luego al
purgatorio y por último al cielo. En los dos primeros le
sirve de guía el poeta Virgilio y, en el último, su
enamorada Beatriz. Imagina un mundo compuesto por esferas
concéntricas, con la Tierra en posición central (el clásico
modelo geocéntrico de Aristóteles y Ptolomeo), y alrededor
de ella, en siete círculos concéntricos los siete
planetas. Envolviéndolos a éstos, la esfera de las
estrellas fijas en la que están las figuras del Zodíaco. Y
más arriba, la llamada esfera cristalina del primum
movile, más allá de la cual está el Paraiso empíreo.
El purgatorio lo sitúa en una capa intermedia entre la
Tierra y la Luna. Y en lo más hondo de las cavernas de la
Tierra, por las bocas vomitando fuego, el infierno. Este es
el imaginario que se ha perpetuado durante siglos y que fue
en su momento un punto de conflicto entre ciencia y teología.
-
-
Pero volvamos ahora a las explicaciones
"racionales" del interior de la Tierra que se
fueron acuñando a partir de mediados del siglo XVII,
precisamente en la época en que Kircher está escribiendo
su obra.
-
-
El cuadro siguiente, tomado de diversos autores, sistematiza
las diversas opiniones dominantes en ese período:
-
- El
globo terrestre está hueco por dentro
|
- *
el globo terrestre pétreo está hueco pero aparece
relleno de un líquido más o menos denso
- *el
globo terrestre pétreo está hueco pero aparece
relleno de un fluido aeriforme
|
- El
globo terrestre está lleno por dentro
|
- *el
interior de la Tierra es homogéneo y sólido
- *La
corteza de la Tierra es sólida con un interior
relleno por un material rocoso más o menos fundido
|
- El
globo terrestre está parcialmente hueco
|
- Para
la mejor inteligencia de la obra kircheriana, presentamos
unas pinceladas de estas hipótesis sin poder entrar en
detalles. De los cinco modelos históricos en que pueden
agruparse la más clásica (por sus referencias bíblicas)
es la que considera que la Tierra es un globo. Pero el
interior es hueco y está relleno por un fluido acuoso. El
prototipo de esta hipótesis es el "Gran Abismo Bíblico",
tal como se interpretaba en el siglo XVII.
-
-
El ejemplo más perfeccionado es el presentado por Woodward
(1695). Para él, la Tierra antes del Diluvio debía ser
parecido al de hoy. Por una intervención sobrenatural, la
masa de las tierras sufrió una "disolución", por
la que todas las rocas se redujeron a corpúsculos que
quedaron en suspensión en las aguas. Pero sin embargo, las
conchas y otros restos de organismos resistieron al proceso.
Burnet (1681) y Whiston (1696) presentan formulaciones
similares. Este último defendía que la corteza terrestre
"flotaba"sobre el líquido interior.
-
-
Sin embargo, son pocos los autores que se inclinan por un
modelo del interior de la Tierra hueco y este espacio
ocupado por un fluido similar al aire atmosférico, un
interior aeriforme. Por lo general, se presenta en algunos
autores poco significativos del siglo XVIII.
-
-
La creencia de un planeta Tierra en cuyo interior se aloja
una enorme masa incandescente de rocas y de fuego, situada
en posición central y que el fuego llega al exterior a través
de explosiones volcánicas, estuvo también muy extendida
desde muy pronto. En la Edad Media se aceptaba la existencia
de fuego interior en la Tierra que surgía violento en los
volcanes y era el dominio del lugar de castigo eterno para
los pecadores. Pero estas ideas tienen un origen
precristiano y están ya en Platón y Virgilio.
-
-
La creencia en el fuego central es defendida con ardor por
Athanasius Kircher pero no es el único. Ya veremos que su
modelo es más complejo. Citamos también a Descartes, Hooke
(1668), Stenon (1669), Woodward (1695), así como muchos
autores del siglo XVIII. En 1788, James Hutton seguía con
entusiasmo la defensa del modelo plutonista frente al
Neptunista de Werner [HALLAM, 1985].
-
-
La cuarta posibilidad, considera que el interior de la
Tierra es homogéneo, y que lo que existe es una masa de
material sólido. Un interior sólido de la Tierra era
defendido antes y después de Kircker. Esta hipótesis es
ridiculizada por el autor de Mundus Subterraneus que
descalifica a los que creen que la Tierra es un queso. Ataca
a algunos autores antiguos para los cuales en el interior de
la Tierra se produce una fermentación mineral que
dará lugar a las minas y a los metales. Para Paracelso
existía este proceso fermentador de piedras. Bernard Varen,
más conocido como VARENIUS [1650] se refiere a una "fermentación
de vapores" los que producen los terremotos. Las
ideas, en este aspecto, son muy confusas. La concepción de
una corteza sólida y un interior de material fundido se
desarrollará a partir del siglo XIX.
-
-
La quinta hipótesis sobre el interior de la Tierra: el
globo parcialmente hueco y ocupado por cavernas y canales es
la defendida por Kircher y que desarrollaremos más
extensamente más adelante. Gozó de popularidad con
posterioridad a Kircher porque parecía que estaba postulada
por las ideas de Newton. Además, casi todos los autores que
se referían al interior de la Tierra entre 1600 y 1800
admitían la existencia de cavernas, cuevas y galerías por
debajo de la corteza sólida. Leonardo da Vinci y Burnet
postulaban una cavidad global interior, mientras otros
defendían la existencia también de canales y galerías
subterráneas que unían entre sí diversas cavernas. Estos
canales y galerías explicaban la existencia de las fuentes
lejos de los ríos y en las partes elevadas de las montañas
y explicaban también el hallazgo de agua en el fondo de los
pozos. Incluso, para algunos (como Kircher) esos canales y
galerías llegaban hasta el mar y llevaban agua hacia zonas
profundas de la corteza. La presencia de canales para agua,
aire y fuego (hidrofilacios, aerofilacios y pirofilacios)
van a ser el fundamento del modelo de Kircher y se
justifican por la existencia de fuentes termales, fuentes de
calor y, sobre todo, volcanes y terremotos.
-
- III
El Geocosmos de Athanasius Kircher
-
Kircher acuña un concepto nuevo que ha pasado al
vocabulario científico: es el concepto de Geocosmos
que se introduce para interpretar dentro de él los fenómenos
naturales globales del planeta Tierra. Basándose en el
organicismo [CAPEL, 1980, 1985] Kircher concibe en su
poderosa mente una gran obra de síntesis. El primer ensayo
general de su obra se publica en 1654, añadido a la primera
edición de su Iter Exstaticum. El Iter Exstaticum
coeleste et terrestre (escrito de esta manera), contiene
ya un desarrollo embrionario completo de las ideas de
Kircher. La primera parte, o Iter Exstaticum coeleste,
es una uranología o tratado de los cielos. La segunda
parte, Iter Exstaticum terrestre, trata del Geocosmos
y la divide en Tres Diálogos [SIERRA, 1981: 30-34]: en
el primero de ellos (compuesto por un solo capítulo), un ángel
conduce al personaje que llama Teodidacto ("el que
aprende de Dios") por todos los caminos de la
hidrosfera. El ángel recibe, con toda lógica, el nombre de
Hidriel. En el segundo (con cinco capítulos) y el
tercero (con otros cinco capítulos) de los Diálogos, otro
ángel diferente, llamado Cosmiel, es el encargado de
conducir a Teodidacto por la superficie (el Mundo Terrestre)
y por las profundidades (el Mundo Subterráneo) del
Geocosmos.
-
- III.1
El primer esbozo de Geocosmos: la "Synopsis" de
1660 de Mundus Subterraneus
-
El éxito de Iter Exstaticum aconsejó su reimpresión
en 1660, que estuvo a cargo del jesuita ya citado más
arriba Caspar Schott. Kircher delegó en él dado que estaba
demasiado ocupado en la redacción de su gran obra, Mundus
Subterraneus. Al final de esta segunda edición se
incluyó un añadido que ha sido llamado la "Synopsis"
del Mundus Subterraneus. Sin duda, si se publicó en
1660, es lógico que la redacción debe ser anterior a esa
fecha, y por tanto, anterior al Prefatio de Mundus
Subterraneus, al que nos referiremos a continuación.
Otro argumento a favor de su prioridad temporal, es que aquí
habla aún Kircher de que su futura obra tiene diez libros,
mientras que en el Prefatio ya habla de doce libros.
-
-
Desde todos los puntos de vista, la litografía que ilustra
el frontispicio de la segunda edición (la cual corrió a
cargo del padre Caspar Schott, en 1660) tiene elementos de
gran interés. En ella se representa al propio Athanasius
Kircher teniendo en sus manos un gigantesco compás. A su
lado, un ángel le muestra la esfera del mundo y sostiene en
la mano izquierda una regla graduada. Tal vez sea el
"mensajero" del que habla en el interior
prenunciando su Geocosmos. Por encima de todos ellos,
en unas nubes, la presencia del Dios creador con una
inscripción en hebreo: "Yahvé". Pero lo que es más
interesante aún de este dibujo: en el fondo de la portada
está el esquema astronómico del universo conocido. No es
el de Aristóteles ni el de Copérnico. Es el de Tycho Brahe:
en el centro del universo está fija la Tierra (la opinión
tradicional de la Iglesia entonces). Alrededor de la Tierra
giran la luna y el Sol. Y alrededor del Sol, el resto de los
planetas. Pero tiene añadido un matiz de
"modernidad": las órbitas no son circulares (como
en Brahe) sino elípticas (como en Kepler). Será necesario
citar el inicio de esta Synopsis publicada en 1660,
en la que se muestra el objetivo que persigue su autor:
- "No
me parecía bien enviar un mensajero desprovisto de
cartas de presentación, por lo que a esta sinopsis me
pareció que había que añadirle estas letras que
acompañen el índice del Mundo Subterraneo, que
adelanto principalmente por esta razón: que muchos me
lo habían pedido ya hace tiempo porque no podían
entender qué es lo que había en el fondo del globo
terráqueo que mereciese el nombre de mundo y diese
argumento a un libro, desorientados como estaban por una
falsa y plebeya persuasión que les hacía creer que el
globo terráqueo es compacto y se ha formado casualmente
como un cuágulo de queso, lo que por su pertinacia se
obstinan en seguir creyendo, admitiendo todo lo más
algunas pequeñas criptas y minas externas en la
superficie de esta gran bola sólida. Pues para que les
sea arrancado su error a estos palmarios ignorantes, me
pareció que sería útil exponer toda la serie de temas
que voy a tratar, de la que quedará claro que no lucen
en este mundo visible efectos tan evidentes que no
repercutan por una cierta analogía en las vísceras íntimas
de la Tierra y se verá, además, cómo todas las cosas
tienen su origen en el mundo subterráneo. Aclarado
esto, pasemos pues a exponer la serie de asuntos a
tratar y la división de la obra: LIBRO DEL MUNDO
SUBTERRÁNEO O SOBRE LA CONSTITUCIÓN Y FÁBRICA
INTERIOR Y EXTERIOR DEL ORBE TERRÁQUEO, AL QUE LLAMAMOS
GEOCOSMOS (....)". (A. KIRCHER: Synopsis de
Mundus Subterraneus. Publicado al final de la 20
edición del Iter Exstaticum, Würzburgo, 1660).
[SIERRA, 1981: 35].
-
A continuación de este texto, Kircher da a conocer los títulos
y contenidos básicos de los diez libros de lo que iba a ser
su Mundus Subterraneus. Si se comparan los títulos y
los contenidos de los mismos con los de la edición de 1665,
se comprueba que no existe una total correspondencia. El número
de libros sube hasta doce y los contenidos y el orden de los
mismos varían sustancialmente. La tarea que debió llevar a
cabo en esos pocos años debió ser gigantesca
- Libros
en la Synopsis de 1660
|
- Libros
en Mundus Subterraneus de 1665
|
- Libro
I o Centrográfico
- Libro
II o Cósmico
- Libro
III o Geotáctico
- Libro
IV o Meteorológico
- Libro
V o Metaloscópico
- Libro
VI o Fito-zoográfico
- Libro
VII o Químico
- Libro
VIII o Mágico
- Libro
IX o Yátrico
- Libro
X o Mecánico
|
- Libro
I
- Libro
II sobre la Admirable fábrica de Globo Terráqueo
- Libro
III o Hidrográfico
- Libro
IV o Pirológico
- Libro
V: sobre el origen de los lagos, fuentes y ríos
- Libro
VI: sobre el cuarto elemento de las cosas naturales
- Libro
VII: sobre la Naturaleza
- Libro
VIII o Litogenético
- Libro
IX o Deletéreo-Yátrico
- Libro
X o Metalúrgico
- Libro
XI o Quimiotécnico
- Libro
XII o Polimecánico
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- Dejamos
para más adelante la discusión sobre los aspectos científicos,
filosóficos y teológicos de estos textos. Presentamos
ahora los contenidos del llamado Prefatio a Mundus
Subterraneus.
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- III.2
El "Prefatio" a Mundus Subterraneus,
redactado en 1660
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En ese mismo año de 1660, Athanasius Kircher tenía también
redactado ya lo que él denomina el Prefatio a Mundus
Subterraneus (compuesto por tres capítulos) que no fue
dado a conocer hasta cinco años después en la primera
edición de su gran obra sobre el Geocosmos. Entre
los críticos hay opiniones diferentes sobre las prioridades
de fechas entre la Synopsis y el Prefatio.
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Reproducimos algunos textos más representativos del Prefatio
que, según nuestra opinión, y dadas las razones ya
aducidas, su redacción debió ser posterior temporalmente a
la de la Synopsis:
- "Así
es, benévolo lector. Este órgano puede llamarse con
toda razón el argumento de esta obra que titulamos El
mundo subterráneo. Un órgano verdaderamente armónico
en número, peso y medida, por plan de Dios trino y
providentísimo así dispuesto y adaptado, que aunque en
los más íntimos escondrijos y lugares ocultos tenga
instrumentos recónditos para su operación, sin
embargo, por conductos subterráneos y por una inmensa
multitud de tubos y fístulas hace oir la modulación de
sus sonidos y tanta variedad de las más diversas voces
que es evidente que no hay nada en todo el mundo
sublunar que no esté imbuido por su armonía simpática
y por su número, peso y medida. Tratamos este órgano
en doce libros...". (A. KIRCHER: Prefatio a Mundus
Subterraneus. Capítulo I: Sobre la ocasión de esta
obra y sobre los viajes del autor. Escrito en 1660 y
publicado en 1665) [SIERRA,1981:21].
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Continúa Kircher con la descripción de sus experiencias
como los terremotos de Messina, con las erupciones del Etna
y del Strómboli, así como las exploraciones del monte
Vesubio y de las demás islas. Y concluye:
- "Una
vez observadas todas las sobredichas obras de la
naturaleza y sus prodigiosos efectos subterráneos,
empecé a pensar qué fuerza podría haber en la economía
subterránea para hacerla capaz de tan grandes y
potentes cosas y muchas veces sonreía para mis adentros
pensando en la falsa persuasión de los que creen que
Dios hizo por casualidad el Geocosmos del limo de la
tierra, uniendo fortuitamente el barro, más bien que
por un plan perfectamente formado; estos mismos son los
que creen que todo el interior de la Tierra es muy
simple y que la naturaleza no tiene en su interior
recoveco ni acueducto alguno, sino sólo limo y barro
que tras el Diluvio se condensaron como un cuágulo de
queso al secarse y desprender el suero; por lo demás,
creen que la Tierra es como un queso inútil y
consolidado" (A. KIRCHER: Prefatio a Mundus
Subterraneus. Capítulo III: Sobre la exploración
que hizo el autor al monte Vesubio y de las demás
islas. Escrito en 1660 y publicado en 1665) [SIERRA,
1981: 28].
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La metáfora del "queso" como explicativa de
algunos para la estructura interna de la Tierra es una
repetición más elaborada del texto citado en la
Synopsis. Y continúa Kircher con este texto, muy
expresivo de su pensamiento:
- "No
sé por qué obstinación de la mente persisten en su
error, puesto que la providencia les hace ver la
majestad de los sublimes fines de la naturaleza. Los que
comprenden, en cambio, la sabiduría de Dios al
fundamentar el orbe de la Tierra, tendrán un concepto
muy diferente de la fábrica interior de la Tierra y del
maravilloso arte que presidió su construcción con
precisión casi arquitectónica, disponiendo todos los
receptáculos necesarios a los distintos usos de la
naturaleza con inefable industria no menor en modo
alguno a la que se atareó en planear la fábrica del
cuerpo humano, formado por tantas oficinas de miembros
vitales distintos, por tantas venas, nervios, fibras y músculos
y llena de conductos por todas partes" (A. KIRCHER:
Prefatio a Mundus Subterraneus. Capítulo
III. Escrito en 1660 y publicado en 1665)
[SIERRA,1981:28].
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Y concluye:
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