Por Ivar Paulson
Los
esquimales (nombre que viene probablemente de la palabra de
los indios wabanaki eskimantsik "comedor de carne
cruda") se designan a sí mismos con el nombre de inuit,
"hombres", "propietarios" (de un lugar),
en singular inuk, en Alaska yuit, en las islas
Aleutianas unangan. Habitan hoy una región que
se extiende sobre diez mil kilómetros, desde el extremo
oriente de Siberia y desde las islas Aleutianas en el oeste
hasta Groelandia oriental en el este. Se reparte en las siguientes
grupos principales:
Los
aleutes: los atka en las islas occidentales, los unalaska
en las islas orientales de la cadena de las Aleutianas, así
como en la península de Alaska.
Los
esquimales del Pacífico: los chugach alrededor del
estrecho del príncipe Guillermo en el sur de Alaska,
los koniag, en la isla de Kodiak, así como en el continente
vecino en esta misma región del sur de Alaska.
Los
esquimales de Asia (yuit, yuigit): en el extremo oriental
de la península de Chukots, así como en la isla
de San Lorenzo.
Los
esquimales del mar de Bering: en la región vecina a
la desembocadura del río Yukón, en el sudoeste
de Alaska.
Los
esquimales del norte de Alaska: unos, habitantes de las islas
(nunaniut); otros, habitantes de las costas (los esquimales
de Punta Barrow o nuvungmiunt entre otros).
Los
esquimales del Mackenzie; en la región vecina a la
desembocadura del río Mackenzie, en el noroeste del
Canadá.
Los
esquimales del cobre: en la isla Victoria, así como
alrededor del golfo Coronation, en la parte central ártica
del norte de Canadá.
Los
esquimales caribúes (o renos): en el oeste de la bahía
de Hudson hasta el límite de los bosques de Canadá
central.
Los
esquimales del Labrador: en las costas septentrional y occidental
de la península del Labrador.
Los
esquimales del Centro: los netsilik en la península
de Boothia y, al sur, los iglulik alrededor de la bahía
de Repulsa, en la península de Melville y alrededor
del estrecho de Hecla; los esquimales de la tierra de Baffin
en la isla de Baffin.
Los
esquimales polares: hacia Thule, al noroeste de Groelandia,
el pueblo más nórdico del mundo.
Los
esquimales del oeste de Groelandia ("groelandeses del
oeste"): desde la bahía de Melville al norte hasta
el cabo Farvel al sur (extremo sur de Groelandia).
Los
esquimales del este de Groelandia: los angmagsalik alrededor
del fiordo de Angmagssalik, los esquimales del estrecho de
Scoresby (estación creada en 1925 por grupos angmagssalik).
El
número total de esquimales es hoy setenta mil, de los
cuales treinta y dos mil viven en Groelandia, doce mil aproximadamente
en Canadá, de veintidós a veitinueve mil en
Alaska (de los cuales de cuatro a seis mil son aleutes) y
alrededor de mil en Siberia.
Desde
el punto de vista racial, constituyen un tipo antropológico
autónomo con característica mongoloides, que
se designan también con el nombre de protoamericanas.
La
lengua esquimal se encuentra confinada a esas aéreas
y se divide en dos grandes dialectos: el inupik, que es el
dialecto de la zona oriental de Groelandia, hablado hasta
el estrecho de Norton, en Alaska, y el yupik, que engloba
los dialectos más diversos del sur de Alaska y Siberia.
Lo
que caracteriza hoy desde el punto de vista ecológico
a la mayoría de los grupos esquimales, es, además
de la caza de mamíferos marinos, una civilización
esencialmente costera, que presenta variantes locales. Desde
el punto de vista histórico-cultural, esta forma de
civilización llamada a veces neoesquimal parece proceder
de las antiguas formas de civilización de los cazadores
continentales, de los cuales subsisten aún algunos
especímenes (los nunamiut del norte de Alaska y los
esquimales caribúes), y de una cultura cuya infraestructura
económica se basa, según las estaciones, en
la caza de los renos o en la caza de mamíferos marinos.
Esto es lo que dejan suponer los datos arqueológicos
y etnológicos.
Pero
lo que caracteriza en conjunto a la civilización de
los esquimales es su adaptación a un medio marítimo
e invernal ártico de carácter extremo: las condiciones
del medio local y la situación regional, en el extremo
o en el medio norte, han sido determinantes para modelar la
civilización de los diversos grupos de esquimales.
| Escultor de
marfil esquimal. Foto H.G.Kaiser, 1912.
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Todo
ello se refleja también en la religión. Hay
que señalar que el cristianismo se desarrolló desde
el siglo XVIII y en el sur de Alaska y en las islas Aleutinas
desde comienzos del siglo XIX (aquí en un principio
por obra de la misión rusa ortodoxa). Los esquimales
de la región central del Canadá son los que
han permanecido "paganos" durante más tiempo
y allí es también donde sobrevive mejor la antigua
religión indígena.
En
lengua esquimal, la noción clave del mundo sobrenatural
con sus poderes, sus dioses y sus espíritus, es inua,
posesivo de inuk, "hombre", que significa
"su señor, "su persona". Todo en la naturaleza
y en el mundo animal tiene su "señor", su protector
sobrenatural (o su espíritu, o su divinidad). La divinidad
suprema de la tierra y del cielo en los vastos territorios
de los esquimales del este y del centro lleva el nombre de
Sila ("aire", "meteoro", "mundo",
"inteligencia", "sabiduría"), el
de Hila entre los esquimales caribúes, y el de Sla
(o Tla) o Silap inua ("señor de Sila") ente los
esquimales de Alaska.
La
forma y el sexo de esta divinidad suprema, que está
poco personalizada, varían de un lugar a otro y quedan
en general indeterminados. La representación animista
y la vaga personificación del universo están
englobadas en la noción de Sila, (Hila, Sla, Tla),
que presenta características uránicas,
atmosféricas y dinamistas. El aspecto animista y teísta
se expresa en el concepto de inua, "señor"
de uno u otro sexo. Es raro que la divinidad sea designada
como el creador. Tampoco tiene un lazo directo con el culto.
Resumiendo toda la experiencia de la naturaleza, es representada
por las fuerzas naturales, ante todo por el viento, la tempestad
de nieve, las nubes y la lluvias, así como por el mar
y la atmósfera, que desempeñan un gran papel en la
vida del esquimal y son a menudo de una importancia decisiva
en su vida de cazador y pescador. Por consiguiente, sobre
todo en los momentos de gran peligro y necesidad, se recurre
a esta divinidad suprema considerada como la instancia más
alta y más susceptible de actuar sobre el destino, en
general no le consagra ningún culto organizado.
Una
de estas formas, tomada de los indios vecinos de la costa
del noreste, es la del cuervo, entre los esquimales de Alaska.
Lo concebían como creador del mundo y héroe
civilizador, pero también tenía funciones cultuales.
El dios de la luna en cuanto señor de la caza (mamíferos
marinos) desempeñó también un papel importante
entre los esquimales del oeste. En el este presidía
los usos observados con ocasión de un nacimiento y
durante el parto, la menstruación, etc., con los innumerables
tabúes tan característicos de todo los esquimales.
En
la superficie de la tierra, los seres sobrenaturales, "señores"
de la tierra con sus montañas, sus tundras, sus lagos, fueron
objeto de veneración. Sin embargo, los ritos más
importantes eran los concernientes a la caza y a las representaciones
de los protectores sobrenaturales de la caza y la tierra y
en el mar. Así, los mamíferos marinos( ballenas,
morsas, focas), los peces, los animales de la tierra (los
renos, entre otros) y el cielo (los pájaros), todos
ellos provisto de una alma (inua), fueron objeto de
una veneración que encontró su expresión
en numerosos ritos de caza. La negligencia de esos ritos provocaba
la cólera del animal y de la potencia o ser sobrenatural
que protegía y reglamentaba su captura. Esta cólera
tenía como consecuencia que los animales desaparecieran
y los seres humanos se vieran abrumados por el hambre y la
enfermedad. No se podía entonces reestablecer el orden
del mundo y la armonía entre los hombres y los animales
sino mediante ritos de expiación y actos que expresaban
la contrición por haber transgredido los tabúes.
Toda la religión esquimal está orientada hacia
un complejo ceremonial relativo a los animales, en el que
se refleja la dura tarea que es, para el cazador de las regiones
árticas, la búsqueda de su alimento y el de
su familia. En lo que concierne a los ritos de caza, se pueden
distinguir dos tipos principales: por una parte, lo que incitaban
a los animales a dejarse descubrir y capturar voluntariamente,
y, por otra, los que debían garantizar al animal abatido
un trazo adecuado, conservación de los huesos, sobre
todo del cráneo, de la vejiga y de otras partes del
cuerpo, antes de que el alma les abandonará para un
nuevo renacimiento. En la antigua religión esquimal
se establecía una clara diferencia entre los animales
terrestres y los animales marinos, lo que quizá habría
que explicar por la diferencia histórico-cultural entre
la civilización del continente y de las cosas, así
como por un dualismo cósmico mitológico. Entre
los animales marinos, la ballena gozó en Alaska de
un auténtico culto que recuerda al que se rinde a los
osos en la región del círculo polar. Pero otros
animales marinos fueron también objeto de una veneración
ritual después de su muerte, o bien en ciertas fiestas
anuales. La rigurosa división del mundo animal en dos
partes se pone claramente de relieve en el campo de las divinidades
supremas de la caza. Así, diferentes grupos de esquimales
han adoptado a dos grandes señores de la caza. Por un lado,
el de los animales terrestres, y, por otro, el de los animales
marinos, y los hombres con sus cultos.
Una
de las divinidades protectoras de los animales más
conocida es Pinga, la "madre de los caribúes"
(renos), de los esquimales caribúes, para quienes el
reno representa el elemento más importante de la alimentación.
Pinga era considerada como el protector o la protectora (la
divinidad pasaba a veces por pertenecer al sexo masculino)
de los renos caribúes, pero también de los animales
terrestres. Esta gran divinidad de la caza ocupaba una posición
tan importante en la religión de este grupo de esquimales
que a veces se la identificaba con el ser o la divinidad suprema,
Silap inua. Los esquimales del Labrador tenían una
divinidad femenina para los animales terrestres y un señor
masculino de los animales marinos. Entre los esquimales del
Pacífico se creía igualmente que los animales
se repartían entre dos grandes señores o propietarios,
pero ambos del sexo femenino: Iman-shua reinaba sobre los
animales marinos y Nunamshua sobre los terrestres. En Alaska
creía que los señores de los animales podían
tomar la forma humana, o la apariencia de un animal salvaje,
o la de híbridos de animal y hombre. Ello es evidenciado
en las ceremonias dramáticas y culturales de los esquimales
de Alaska, por las máscaras de animales que ocultan
una segunda máscara interior con rostro humano, simbolización
probablemente de la era mítica primitiva que no había
ninguna diferencia entre el hombre y el animal.
Los
esquimales que viven a la orilla del mar veneran a una soberana
o señora (más raramente un soberano o señor) de los
animales marinos. Se encuentra esta divinidad tanto entre
los esquimales más occidentales como entre los más
orientales, aunque su aspecto varía; en el este es
generalmente una divinidad masculina -el dios de la luna-;
pero entre los esquimales del centro y del este es una diosa
del mar y de los animales marinos, "la vieja" (Arnarquáshaaq)
en Groelandia, "la mujer (o esposa) bienamada" (Nuliajuk)
al oeste de la bahía de Hudson, y Sedna, "la que
descansa aquí, en el fondo del mar", en la tierra
de Baffin. En la literatura científica, Sedna ha prestado
su nombre a todas estas diosas del mar y de los animales marinos.
La prioridad histórico-cultural de las divinidades
femeninas de este grupo sobre las divinidades masculinas podría
basarse en una comparación con los esquimales siberianos,
que veneran a "la gran Señora" Nulirahak como la
soberana de los animales marinos, que vive en el fondo del
mar.
La
versión más conocida del mito de Sedna fue recogida
por Boas en la tierra de Baffin y por Rasmussen entre los
iglulik. La joven Sedna no quería casarse. Sin embargo
acabó por hacerlo con un hombre que era en realidad
el perro de su padre (el tema del "perro-esposo"
tiene una gran difusión en la zona del Pacífico
Norte). Tuvo de él numerosos hijos, medio hombres,
medio perros (los antepasados de los indios y los blancos).
Furioso, el padre de Sedna mató un día al marido-perro
que se hundió en el fondo del mar. En cuanto a Sedna
fue raptada por un petrel. El padre llegó hasta donde
vivía el petrel y se llevó a sus hijas. El petrel
les siguió e hizo desencadenarse en el mar una terrible
tempestad. Para salvarse, el padre echó a su hija por
la borda, pero ella se aferró al barco. Su padre entonces
con un cuchillo le cortó los dedos. Al caer al mar,
los dedos se convirtieron en focas y ballenas. La misma Sedna
cayó al mar y se convirtió en la soberana de
los animales marinos nacidos de sus dedos. El padre, agotado,
llegó hasta la orilla, empujado por la marea y se hundió
igualmente en el fondo del mar, desde donde entonces vive
con su hija. En la representación religiosa, los tres
personajes principales del mito desempeñan un papel importante,
Sedna como diosa de los animales marinos, su esposo-perro
como guardián del mundo subterráneo o reino
de los muertos, y el padre como guía o señor de las
almas (psicopompo) que conduce a los muertos al reino de Sedna
en el fondo del mar.
Pero
es a Sedna a la que le corresponde el papel más
importante. Dado que los animales marinos han nacido de sus
propios dedos, como cuenta el mito, hay una relación
íntima entre ellos y la diosa. Todo lo que les ocurre
a los animales afecta también a la diosa. Si los cazadores
cometen alguna infracción con respecto a los animales,
trasgrediendo con ello los ritos de la caza, o si las mujeres
no actúa como es debido en el momento de la
menstruación
o del parto, los esquimales, como muchos otros pueblos de
cazadores, creen que los animales se vengan en la mujer, sobre
todo en los momentos llamados "críticos de su
vida". Así, la "mancha" causada por
las trasgresión de los tabúes se extiende hasta
Sedna, que, al carecer de dedos, no puede lavarse por sí
misma. Eso la hace sufrir terriblemente y, en su cólera,
priva a los hombres de los animales marinos encerrándolos
junto a ella en el fondo del mar. Hambre y enfermedades son
las consecuencias para los hombres. Corresponde entonces a
los chamanes intervenir activamente por medio del éxtasis
ritual para ir junto a la diosa a fin de conmoverla o purificarla,
o bien obligarlo si es necesario a dejar en libertad a los
animales. Existen descripciones de esta actividad dramática
de los chamanes. En el momento de su fiesta de otoño, los
chamanes de los esquimales de la tierra de Baffin atraían
con sus cánticos a Sedna como si fuera una foca hasta
el agujero de ventilación de su casa de danza y la
arponeaban, lo que lleva a pensar que Sedna es el prototipo
de las focas. La imagen que de ella se tiene en el conjunto
de los territorios esquimales es muy compleja y tiene fuentes
diversas, la que plantea varios problemas. Jensen, por ejemplo,
ha hecho observar la analogía con las divinidades Dema
de los pueblos cultivadores, cuyos cuerpos dieron origen a
las plantas cultivadas.
El
chaman esquimal ( en el este anqakoq, plural angakut;
en el oeste lleva nombres emparentados) tiene no solamente
el deber de asegurar el alimento, sino también otras
tareas, como la de restablecer la armonía entre los
hombres y los poderes o seres del mundo sobrenatural cuando
se rompe. Con la ayuda de sus espíritus tutelares (en
el este tarnaq, o tunqrak, tunarak; en
el oeste tunarak; de ahí tonralik; "el
que tiene espíritus protectores", designación
del chamán) y de su poder sobrenatural o carisma (suungan
en Alaska), así como de sus amuletos y talismanes (que
generalmente tiene la forma de partes del cuerpo de los animales),
lucha en éxtasis visionario o ritual contra los poderes
y los seres que son causa de la enfermedad y la muerte de
los hombres. La causa de la enfermedad y la muerte de los
hombres. La causa de la enfermedad era atribuida a menudo
por el esquimal a la trasgresión de un tabú,
por lo que su curación necesitaba en general, que el
enfermo confesase su pecado al chamán. La enfermedad
era objeto de dos teorías principales, que son características
de la región ártica: por una parte "la
pérdida del alma", según la cual el alma
o un alma humana era robada por espíritus maléficos,
por algún chamán, por Sedna, por un oso, o desaparecía
por sí misma; por otra parte, la teoria de intrusión,
que suponía que el objeto o el ser causante de la enfermedad
penetraba en el cuerpo del paciente. El chamán debía
hacer el diagnóstico exacto, es decir, de terminar
la naturaleza de la enfermedad y proceder luego a su curación.
En el caso de pérdida del alma entraba en estado de
trance chamánico, es decir, efectuaba en persona o
por medio de su espíritu tutelar el "viaje del
alma" hacia las regiones sobrenaturales a las que había
ido el alma extraviada o robada: por ejemplo, al reino de
Sedna, a la luna o el cielo, al país de los osos",
etc. Si la enfermedad había sido causada por una
intrusión,
el chamán aspiraba a retirar el objeto que había
penetrado en el cuerpo. El método empleado en esta
ocasión era a menudo irracional y a veces se recurría
al ilusionismo. El chamanismo esquimal tiene varios rasgos
en común con el chamanismo siberiano, razón
por la cual hemos descrito de manera detallada el método
empleado, que es típicamente ártico.
La
doctrina esquimal del alma se caracteriza por un dualismo
fundamental o por un pluralismo dualista: el hombre y a veces
los animales tienen un alma libre (inua, "señor",
"persona", en el oeste) que es una manifestación
extracorporal perceptible en los sueños, las visiones, el
desvanecimiento y el trance, y diversas almas corporales,
es decir, facultades y principios funcionales de la vida física
y psíquica (se habla también del alma de la
vida o del yo). Se encuentran concepciones similares del alma
en América del Norte, entre los indios y los pueblos
de Eurasia del Norte. Los ritos observados en el momento de
la muerte y los consagrados a los muertos están mas
o menos establecidos y reglamentados entre los esquimales,
pero las concepciones asociadas a estos ritos y concernientes
al más allá tienen un carácter fluctuante,
desconcertante y a menudo lleno de contradicciones. El cuerpo
del difunto habitualmente era envuelto en la piel de un animal
y expuesto en la tundra; entre los esquimales del este y del
oste se le cubría de trozos de madera o de piedras.
En Alaska se colocaba al difundo en una plataforma levantada
sobre unas estacas. En la costa del Pacífico, así
como en las Aleutianas, los cadáveres de los jefes
de las tribus y de los grandes cazadores eran momificados,
y los esclavos, inmolados con ocasión del fallecimiento
de un jefe de tribu, eran quemados y depositados en una fosa
común, pero las personas del común eran inhumadas
en ataúdes de madera. Esta diferenciación social
tiene su modelo en la civilización de los indios de
las costas del noreste. Por lo demás, la sociedad esquimal
era de un tipo social más simple e igualitaria y la
familia y los grupos locales (comunidades aldeanas) constituían
las unidades sociales de base. Los jefes de familia o los
miembros más ancianos, los cazadores y los jefes más
hábiles eran, con los chamanes, las únicas personas
que gozaban de cierta autoridad.
Los
esquimales profesaban diversas opiniones sobre el camino que
conducía al reino de los muertos y sobre el emplazamiento
y la naturaleza de este último. La mayoría de
ellos distinguía entre un reino de los muertos situado
en el cielo y un reino subterráneo o submarino en el fondo
del mar. Según el género de muerte, o según
su rango social (en el oeste), o más rara vez según
sus cualidades morales, el difunto iba a uno de estos dos
mundos del más allá. Entre los esquimales del
centro de Groelandia se consideraba a Sedna como la soberana
que reinaba sobre la mayoría de los muertos, y su morada
en el fondo del mar como el lugar general de reunión
de todos los muertos.
La
creencia en un renacimiento como ser humano (reencarnación)
o en una trasmigración al cuerpo de un animal estaba
muy extendido entre los esquimales. Se creía que el
alma o el nombre era portador de la identidad del ser e intermediario
entre el difunto y su nueva encarnación. Entre todos los esquimales,
al niño se le imponían el nombre de una persona muerta
poco antes, habitualmente el de un pariente, lo que facilitaba
y confirmaba la reencarnación. Dejando a un lado su
creencia en la reencarnación, los esquimales no mostraban
gran interés por la vida después de la muerte.
Su religión estaba marcada sobre todo por el duro combate
por la existencia en este mundo. (*)
(*)
Fuente: Ivar Paulson,
"Las religiones de los pueblos árticos", en
Historia de la religiones, volumen 11: Las religiones
en los pueblos sin tradición escrita, México, 1990, ed. Siglo
XXI, pp.416-430.