Introducción
La
muerte es una experiencia tremenda, la más incomprensible e
inenarrable a la que debe enfrentarse el hombre. La desaparición de
la animación corporal ha sido, y es, una de las vivencias más
traumáticas y criticas de su existencia. La posibilidad del no
ser, se plantea como un hecho inaceptable psicológicamente:
pero aún así, acontece.
Por
ello, todos los mitos sobre el origen y sobre la naturaleza humana
(soteriología), plantean a su modo y con los recursos
culturales que le son propios, su particular explicación de por qué
muere el hombre y qué le sucede después de que ésta le acaece (estatología). Luego, en el momento histórico de la doctrina
(etapa tardía), la explicación del fin último del hombre
alcanzará su exponente teórico más pulido, con los diversos
presupuestos de fe, que le aseguraran la esperanza de una existencia
continua.
Sería
vasto tratar de dar aquí la visión de los pueblos de la
antigüedad sobre este tema. No obstante, podemos definirlo con una
simple declaración: todas las culturas, independientemente del
tiempo y el espacio, muestran y han mostrado creer en la vida
después de la vida. Sin embargo, curiosamente hablar de
"la vida después de la vida", para la mentalidad hebrea
primitiva, era un contrasentido.
Las
creencias escatológicas de los antiguos hebreos, fueron muy
diferentes a la de sus contemporáneos, y aún hoy siguen guardando
innumerables secretos para los investigadores de las religiones
comparadas. Pero antes de pasar al tratamiento del tema, es
necesario comprender la concepción que nos da la Biblia acerca del
cuerpo del hombre (antropogonía).
1-
EL HOMBRE EN LA CONCEPCION HEBREA ANTIGUA
Muchas
veces, cometemos el error de pensar en el hombre del que nos habla
el Antiguo Testamento según el concepto clásico. Por ejemplo, las
versiones griegas de la Biblia, como la llamada de "Los
setenta" (LXX), fueron propensas a la helenización de los
pensamientos bíblicos.
Sin
embargo, si queremos comprender exactamente qué creían los hebreos
primitivos en cuanto a la naturaleza del hombre y lo que a éste le
ocurría luego de su muerte, tenemos que volver a la mentalidad
semítica. Esta, de manera asombrosa, se ha mantenido casi
inalterable a través de los siglos; hasta que algunas ideas ajenas,
se infiltraron en el encuentro del pueblo judío con el mundo
griego.
Lo
primero que debemos entender, es que la estructura conceptual del
hombre en el Antiguo Testamento no responde a ideas abstractas,
sino que accede a un pensamiento de vida integrado y concreto.
La
Biblia, siempre que nos habla del hombre, lo hace en el marco de una
situación de vida, y por lo general, esa situación tiene que ver
con su relación con Dios.
Nuestra
cultura sabe hacer una clara diferenciación entre cuerpo, alma y
espíritu, el hebreo también consideraba estos aspectos, pero desde
otra perspectiva. Cuando el antiguo percibe a una persona o a un
objeto, lo hace desde una óptica de totalidad, es decir, que su
físico, su voz, el ropaje que lleva, su nombre, todo ello
conforma a la persona completa. El semita veía al otro como un ser
funcional e indivisible.
Esto
hace que nociones distintivas para nosotros, como el cuerpo, el alma
y el espíritu, puedan ser concebidas por el israelita como
indistintas, y como consecuencia ser usadas para designar tanto una
como otra en función de las circunstancias.
Por
lo tanto, podemos afirmar que el israelita era monista. Consideraba
al hombre como un todo y este principio conformaba "su
idea particular de vida activa".
Mientras
el pensamiento moderno se preocupa por analizar, el semita se
ocupaba por coordinar. Un ejemplo de esto lo encontramos en
el pasaje de Génesis 2: 7, donde dice: "Formó Jehová Dios al
hombre del polvo de la tierra. Le insuflo en la nariz un soplo de
vida y el hombre llegó
a ser alma viviente".
Para
el semita, el hombre no tiene un alma, es un alma. No se
concebía al hombre como si tuviera un hálito vital que se
desdoblara de él en el momento de su muerte, para su visión, el
cuerpo compuesto de sangre era el alma misma, y si ésta moría, se
constituía en un alma muerta. Por lo tanto, para el hebreo el
alma es mortal y no es exclusiva del ser humano, sino que los
animales también poseen alma (Génesis 1: 27, 28).
1-1
Acerca del alma
El
término hebreo para alma ( nefes ), es común en todas las
lenguas afines. En el idioma protocananeo de los textos de Ras
Shamra(UT 129, 137), nefes tiene un sentido de garganta o nuca.
Curiosamente lo mismo ocurre en la lengua camita egipcia, el
jeroglífico para el aliento es semma (N-F36 de Gardiner), que
se representa como un pulmón y un traquea. Posiblemente para
ilustrar que por la garganta pasa un aire etéreo, la respiración
que mantiene en circulación el fluido rojo vital sanguíneo.
El
término alma tiene un sentido de cuerpo físico, o para ser más
exactos aún, de la persona misma, completa, con sus facultades
funcionales activas o no.
La
estatuilla de barro creada por Dios, era un alma inerte, pero
gracias a un segundo elemento: el soplo divino, llega al estado
manifestado de alma viva, animada, activa, con todas las facultades
y características que constituyen a la persona viviente.
1-2
Acerca del espíritu
Otro
compuesto que tenía en cuenta el hebreo y que nos puede llevar a
pensar en forma equivoca en un dualismo, es el espíritu (Heb.ruaj
). Aparece 378 veces en todos los períodos del idioma bíblico
y tiene sus cognados en ugarítico, arameo y arábigo, se usa
comúnmente como: hálito, aire, viento, brisa, coraje,
temperamento.
Para
su uso como compuesto antropogónico, el espíritu era un motor
impersonal invisible, sin identidad, que potenciaba y sustentaba un
cuerpo en movimiento junto con la circulación sanguínea; cuando
estos cesaban, no se depositaban en ningún sitio fáctico sino que
despojan al alma viva de su movilidad y la convertían en un ser
inerte, quieto, reducido a su mínima acción. El espíritu, luego
de la muerte, por su lado vuelve a Dios, o simbólicamente a su
fuente generadora (Eclesiates 12: 7, más adelante se regresará
sobre esta idea).
Ahora
bien ¿qué ocurría al morir con el resto físico? La evidencia nos
muestra, que los antiguos semitas no pensaban en la extinción total
del cadáver al estilo del tnetopsiquismo (creencia sostenida
por un grupo de árabes herejes en los primeros siglos del
cristianismo), que según Eusebio de Cesarea, Orígenes combatió
por considerarla equivocada (Hist. Eclesiástica 6: 37). Entonces
¿cómo explicaban la inevitable desintegración ósea que por otra
parte tanto le preocupaba a los egipcios?
2-
EL RITUAL FUNERARIO Y EL CONCEPTO DE LA MUERTE
Lo
que creen los pueblos acerca de lo que ocurre después de la muerte,
sin duda, está plasmado en su actitud hacia el cuerpo del difunto.
Con
relación al tratamiento del cadáver, un pueblo que cree en la
inmortalidad del alma, o que cree en el renacimiento en otro cuerpo,
etc., va a disponer de los restos mortales de diversas maneras. No
es lo mismo quemar un cadáver que embalsamarlo, o enterrarlo que
dejarlo a la intemperie para que las aves dispongan de él; o
arrojar sus cenizas a un río, etc. En definitiva, los osarios son
fuentes de información útil para el estudioso de los cultos
antiguos.
2-1
La
sepultura hebrea
Tanto
el Antiguo como el Nuevo Testamento, nos proveen valiosa
información acerca de las practicas funerarios de los hebreos.
La
Biblia, da especial énfasis en no dejar a ningún cadáver sin
sepultura (Ezequiel 39: 12; Salmo 79; Deuteronomio 21: 23). El
cuerpo muerto pronto volverá a ser barro, y debe reintegrarse sin
falta a él.
En
Génesis 23: 3-20, se cita el episodio cuando Abraham compra una
cueva en Macpelá, para que sirva de panteón familiar. Allí, casi
todos los patriarcas enterraron a sus muertos. Jacob y José no
recibieron entierro inmediato, sino que fueron embalsamados en
Egipto, pero esto fue una excepción, la razón de esta diferencia
se debía a su deseo póstumo, de ser trasladados a la tumba
familiar.
El
modelo de la tumba colectiva doméstica fue conservado a lo largo
del tiempo antiguo. En el libro de lo Jueces se habla de que Gedeón,
Sansón y Asahél fueron enterrados en la tumba de su padre (Jueces
8: 32; 16: 31; II Samuel 2: 32). La expresión "Yacer con
los antepasados" no siempre debe entenderse como que todos
los cuerpos eran enterrados en la misma sepultura, sino en un lugar "común".
Otra
práctica corriente en Oriente era enterrar a los cadáveres en el
suelo. En el sitio de Qumran, se hallaron mas de un millar de tumbas
de este tipo. En períodos neolíticos se depositaba los cuerpos en
agujeros circulares frecuentemente debajo de las viviendas. Esto se
hacía muy deprisa, quizás en horas. El clima de Palestina
favorecía su rápida descomposición y el que tocara un cuerpo sin
vida quedaba inmundo ceremonialmente.
Las
sepulturas Judías, se caracterizaban por su sencillez, lo que
contrastaba notablemente con las tumbas de sus vecinos, como el
osario hallado en Jericó. La forma más usual, era colocar el
cuerpo boca arriba en un nicho labrado en la roca a la que se
accedía por medio de un pozo o pasillo, taponado por una sola
piedra de proporciones enormes. Es cierto que a veces se blanqueaba
la tierra donde yacía el cuerpo o se levantaba una roca
conmemorativa como señal, pero según se cree, eran más bien para
evitar pisarlas o acercarse demasiado por las prohibiciones
levíticas del "código de Santidad". Según la Misná,
las tumbas debían blanquearse todos los años para la temporada
pascual (Sheqalim 1: 1).
Para
la época grecorromana, la influencia extranjera hizo que se
construyeran grandes tumbas para la posteridad. Un ejemplo de ello,
lo vemos en el enorme mausoleo de Herodes: Herodium.
2-2
El tratamiento del cuerpo
Tras
la muerte de una persona se le cerraban los ojos y se lo
besaba(Génesis 46: 4; 50: 1). El cuerpo se lavaba y luego se le
adosaban ungüentos aromáticos y aceites. Acto seguido se lo
vendaba ligeramente y se le colocaban entre las telas diversas
especies, como aloe o mirra. Esto se hacía en señal de homenaje,
similar al derramamiento de aceite que se le daba a los personajes
ilustres. En tiempos muy remotos se vestía al difunto con sus
insignias, es decir, si había sido rey, con su báculo, o profeta,
con su manto, etc. Para la época de Jesús, esta practica se había
reemplazado por la colocación de una sabana tipo sudarion.
El
cadáver era transportado a la cueva intramuro en un féretro de
mimbre(como el de rabí Zekkai que menciona el tratado Gittin
LVI, 6) o en una camilla por una numerosa procesión plañidera. El
Talmud muestra que durante el entierro deben rasgarse las ropas,
pero esta rotura debe ser preferentemente pequeña. El apócrifo
cristiano "La Historia de José el Carpintero"
habla de unas palabras y una oración al difunto.
Hoy,
los cementerios en las laderas de las colinas, son un indispensable
indicio para los arqueólogos; lugares que evidencian que cerca de
allí debe esconderse alguna antigua ciudad.
2-3
Las tumbas reales
Pedro,
en Hechos 2: 29 nos habla de la tumba de David levantada en
Jerusalén. Parece que para la época monárquica (período de
Hierro), existía la costumbre de enterrar a los descendientes de la
dinastía real en tumbas especiales. Es posible que se destinara una
parcela cerca de la ciudad para tal fin. Estos sepulcros seguramente
serían bastante suntuosos ( II Crónicas 16: 14).
Algunas
tumbas reales todavía no se han hallado debido a la destrucción
romana en el año 70 d. C., pero la opinión general es que se
encontrarían en una colina suboriental, cerca del valle del Cedrón
(que no debe confundirse con la tumba de la reina Elena de Adiabene,
que se conoce popularmente como la "tumba de los reyes").
Por
el texto de Ezequiel 43: 7-9, donde habla de "los cadáveres de
reyes", muchos comentaristas han pensado en que quizá alguno
de los reyes hayan sido enterrados en las cercanías del Templo.
Más bien, este pasaje debe entenderse como un recurso simbólico
para referirse a los ídolos extranjeros, donde muchos habrían sido
reyes divinizados luego de su muerte. Ningún cadáver podía estar
en el área del Templo, ya que eso sería una flagrante profanación
a la santidad de Yahvé.
3-
LA ESCATOLOGIA HEBREA
La
forma de tratamiento del difunto, a diferencia de los vecinos
cananeos, evidencia su particular concepción de lo que ocurre luego
de la muerte.
Según
sus mitos de creación, cuando Adán peca, Dios dicta sentencia:
"Polvo eres y al polvo volverás"(Génesis 3: 19). En
otras palabras, antes de nacer no existía y después de morir
volvería a la misma condición de inexistencia. En resumidas
cuentas, los hebreos, no creían en la vida inmediata después
de la muerte.
Sabemos
que los egipcios, veían a la muerte como un cambio de un estado de
vida física a otro estado de vida sutil postmortem, pero
siempre, independientemente de su condición, el ser se hallaba en
actividad. Los Mesopotámicos, pensaban que los difuntos se
"paseaban" tristemente en la "casa del polvo",
un lugar en la que estaba cautivos sin rescate alguno.
Sin
embargo, los hebreos creían en que el difunto se hallaba en un
lugar larvario, mencionado en la Biblia como el Sehol.
3-1
El Sehol:
Qéver,
es la palabra hebrea para señalar la sepultura individual. Sehol
(Heb. Schá-al ) es la palabra hebrea para la
sepultura común. De esto se desprende que el Sehol, no es una
condición o un estado, sino un lugar de inactividad en el
que se encuentran todos los muertos sin ninguna distinción moral(Eclesiastés
9: 10). Si el mundo es un sitio donde la actividad vital es
posible, el Sehol es otra clase de mundo donde la quietud domina a
los seres allí varados.
La
etimología de esta palabra es incierta, y no tiene equivalente en
nuestras lenguas, por lo tanto, se suele transliterar. La más
aceptada es que Sehol (que aparece 65 veces en el texto masorético,
en el códice Leningrado (B-19ª) y en La Biblia hebráica de R.
Kittel), significa algo así como "solicitar",
"pedir". Como si el Sehol fuera insaciable y nunca
estaría satisfecho con la cantidad de cuerpos que se le depositan.
En su interior, los muertos de toda la humanidad están inertes.
El
Sehol de los tiempos veterotestamentarios se refería simplemente a
la morada de los muertos sin indicar distinciones morales.
Collier's
Encyclopedia (1968, Vol. XII, Pág. 28)
El
Sehol estaba situado en alguna parte "debajo" de la
tierra(...) La condición de los muertos no era la de dolor ni de
placer. Tampoco se asociaba con el Sehol la recompensa para los
justos ni el castigo para los inicuos. Lo mismo buenos que malos,
tiranos que santos, reyes que huérfanos, israelitas que gentiles,
todos dormían juntos sin conciencia los unos de los otros.
Encyclopedia
Británica (Ed. 1971, Vol. XI, Pág 276)
El
Sehol es un lugar de sombras, si poesía, donde reina la oscuridad y
el olvido, la tumba es la morada individual de la que el Sheol es su
manifestación colectiva.
El
Antiguo Testamento, utiliza otro término para señalar el estado de
los muertos: "Refain"; pero solo en casos aislados. En las
escrituras hebreas esta expresión se halla en 10 lugares y se han
encontrado dos casos en inscripciones fenicias. Parece que refiere a
los descendientes de un tal Rafah, y se desarrollaron en una
raza de gigantes (II Samuel 21: 16). Al parecer eran un pueblo de la
antigüedad (Deut. 3: 3). Sin embargo, en las escrituras se usa este
término en forma simbólica con relación a la condición de
muerte, como un recurso en paralelismo para ilustrar el punto.
Antes
del diluvio, una raza de monstruosos gigantes asolaron la
tierra(Génesis 6). Estos seres fueron exterminados por Yahvé en el
cataclismo del tiempo de Noé: el Diluvio, quedando sepultados en el
fondo de la tierra, impotentes e inactivos. Por lo tanto, el
término Refain-sehol es adecuado para señalar el asunto.
Algunos
comentaristas han pensado que el Sehol pudo haber sido personificado
y sincretizado con Resef o Resefel, el destructor, como
aparece en los textos de Ugarit, una divinidad cananea de la muerte
que portaba el arco y la flecha (Jeremías 9: 10); pero esto es
incierto. Otros han propuesto que Resef, es la sombra residual del
cuerpo depositado en el Sehol, la misma que invoco la pitonisa de
En-dor, cuando hizo subir "el espíritu de Samuel". Pero
también es posible que haya sido un fraude para engañar al
desesperado rey Saúl (I Samuel 28).
Pero
¿Cómo explicaban la descomposición y posterior desaparición del
cuerpo? Es plausible que esto se viera como una especie de viaje
traslativo a las regiones inferiores, donde la extinción de los
restos, parcial o total, indicara aquella travesía al destino
dictado por Dios: al polvo, al mundo de abajo.
El
soplo del hombre, se unifica con el soplo del Universo, dejando en
la profundidad terrestre "residuos materiales o psíquicos de
su personalidad". Por lo tanto, la muerte no es un
aniquilamiento permanente sino "una escapada fuera de los
marcos habituales de la vida". El espíritu se une así" a
una especie de deposito espiritual en el que se acumulan los
diversos soplos" (Robert Aron, Pág 260)
3-2
Creencia en la resurrección
Del
Sehol se puede salir (Job 34: 14, 15). Dios tiene el poder para
levantar a los muertos (Salmo 41) y traerlos nuevamente a la
existencia animada (Ezequiel 37: 1-14). Esta es una creencia muy
antigua que data de tiempos patriarcales. Si bien, la doctrina se
deduce de algunas declaraciones aisladas, sin duda Yahvé era
configurado como una divinidad todopoderosa y esta proposición, es
algo que debemos aceptar a priori.
Una
punta de esto, la encontramos el pasaje mesiánico de Génesis 3:
15, cuando analizamos la sentencia de Dios contra la serpiente.
Recordemos que la serpiente mordería al salvador en el
talón(herida mortal que lo llevaría de viaje al Sehol), pero este,
una vez recuperado de esa condición, aplastaría a la
serpiente en la cabeza, esto solo sería posible por gracia y poder
de Dios.
La
creencia que el cuerpo en un estado atenuado de actividad vital
reposa como "dormido", cautivo, atrapado en otro mundo
inferior, ya era conocida por la mitología cananea y mesopotamica.
Cuando los dioses cautivos mueren (Baal, Tammuz, Dumizi, Adonis,
etc.), estando presos en alguna clase de mundo inferior, y resucitan
cíclicamente. La restauración de la condición de muerte mediante
un ponerse de pie, volver a pararse, es posible. Los profetas Elías
y Elíseo participaron en obrar este tipo de milagros(II Reyes 4:
32-37).
Otros
pasajes oscuros tienen que ver con algunas expresiones como la del
patriarca Jacob cuando creyó a su hijo muerto José, dijo:
"Porque en duelo bajare a donde mi hijo, al Sehol"
(Génesis 37: 35). Es posible, que más que guardar alguna idea
mistérica primitiva, se estuviera refiriendo a que en su dolor, tan
intenso, él también quería morir. Pero no debemos dejar de
mencionar otra clase de condición en la que se hallaban los
muertos: El Gehena.
3-3
El Gehena
En
el área sur de Jerusalén se encontraba el valle de Hinón (un
personaje desconocido que donó la parcela). Este sitio fue usado por
los reyes inicuos para inmolar a sus hijos al dios Molek(un aspecto
anmonita del Baal fenicio). Allí se hallaba un lugar llamado Tofet
(pandereta?). Posiblemente durante la ceremonia en la que se
sacrificaban a los infantes, se hacían juergas con música de
panderetas para que no se escuche los alaridos de los niños al caer
a las llamas.
Durante
la reforma iconoclasta del rey Josías, se inutilizo el valle para
sacrificios y se convirtió en un basurero público donde se
arrojaban cadáveres de delincuentes o de animales. Este sitio se
mantenía constantemente ardiendo con fuego y azufre. Y llego a ser
un símbolo de destrucción eterna. Jesús y Shammai enseñaron que
los malvados permanecerían allí para siempre. El codex Neofiti
(Targum del siglo II d. C.) dice: "Dispuso la gehenna
para los malos(...) en medio de ella, resplandores de fuego y
carbones ardientes para los malos".
Nuevamente
en el área del mito (Génesis 3: 15), el salvador, que sería
mordido en el talón, reposaría en el Sehol durante un tiempo hasta
resucitar, reanimarse y vengar su muerte aplastando a la serpiente
simbólica en la cabeza, carácter dialéctico de la representación
de muerte definitiva. Por lo tanto, aquí se nos está
hablando de dos clases de muertes.
Mircea
Eliade (Mito y Realidad, Pág 101-110), nos muestra esto en las
mitologías orientales: 1) Aquellas divinidades que son asesinadas y
resucitan periódicamente, y 2) las otras que también son
asesinadas, pero en este caso de una vez y para siempre; es decir,
su función es la de nunca resucitar (deus otiosus).
Aquí,
ya definimos los dos tipos de condición dentro de la creencia
israelita, con relación a la muerte: las que tienen posibilidades
de resucitar y las que nunca lo harán.
Empezamos
a materializar el crecimiento de una doctrina: la resurrección, que
tomara su forma final y escatológica en una etapa tardía. Ahora la
condición moral es un factor determinante para los seres que
se hallan en el mundo inferior (Sabiduría de Salomón 3: 1-4; 4:
7-8; El Talmud: Pesaquim 54a).
4-
LA DOCTRINA DE LA RESURRECCION PARA LA EPOCA TARDIA
Para
la época del cristianismo primitivo, esta doctrina estuvo mejor
definida. El momento del desarrollo de esta idea puede que sea la
persecución de Antioco IV Epífanes(168 A. C.), cuando hubo que
explicar porque Dios permite el mal y la muerte injusta. Muchos son
los textos del Nuevo Testamento que nos hablan de la esperanza en la
resurrección. ¿Pero que se entiende por resurrección?
Resucitar
(Gr. Anastasis )significa: "volver a ponerse de
pie"(Daniel 12: 2), da la idea de un levantarse como lo hace el
durmiente luego de su sueño. Si Dios pudo formar a un hombre, para
él no representa ninguna dificultad volver a hacerlo, es decir,
invertir el proceso de descomposición y nuevamente insuflarle el
aliento o viento de vida en sus narices, tal cual lo hizo un día.
¿Pero
cuándo y cómo se explicaba la resurrección?
La
literatura apocalíptica (siglos II a. C.-Siglo I a. C., que se
caracterizaba por anunciar una nueva era que vendrá a través de
una catástrofe), muestra un panorama de un reino escatológico de
Dios y el cumplimiento de su justicia a través de una retribución
selectiva en otro mundo de acuerdo al orden moral.
Cuando
Jesús resucita a Lázaro, las hermanas del difunto expresan creer
en la resurrección pero "en el último día"(Juan 11:
24). Lo que indica lo expandida que estaba esta creencia.
4-1
Evolución doctrinal en la literatura apocalíptica
En
los textos de Qumran (Q), se centran en la espera de una era
mesiánica, pero la doctrina resurreccionista no presenta mayor
claridad. "El manual de la disciplina" (4:6) parece dar
alguna indicación de esto creencia. Sin Embargo Hipólito afirmaba
fehacientemente que la comunidad esenia creía en una etapa en que
los muertos resucitarían.
En
la literatura de aquel tiempo, según el análisis de Josep Rivera
en su "Exégesis targúmica", se deducen dos fases del
desarrollo teológico de la escatología hebrea: A) Evidencias en la
Escrituras judías del siglo II a. C. o período formativo y B)
Evidencias en Escrituras judías postbíblicas, siglo I d. C. o
período tardío en adelante.
A)La
delimitación del mundo y la resurrección como acontecimiento
dentro de los tiempos, pasado, presente o futuro es imprecisa. Como
aparece en los "Libros de los Jubileos", el "I y II
de Enoc etiópico", "El testamento de los patriarcas"
y "Los oráculos sibilinos".
El
cuadro general que pintan, deviene de la instauración de una
Jerusalen celestial que bendecirá a la tierra, destruyendo a los
inicuos en el Gehena. El planeta será convertido en un gran
"Jardín de Edén" y los justos e injustos resucitarán
quienes serán juzgados nuevamente según sus últimas obras.
B)
Esta
etapa presenta una clara distinción entre este mundo y otro
espiritualizado con una fuerte influencia gnóstica. La
resurrección será que los muertos se levantarán pero en otro
cuerpo, uno celeste, y habitarán con Dios.
La
literatura que apoya estas doctrinas son: "El apocalipsis
siríaco de Baruc", "EL IV Libro de Esdras", "La
asunción de Moisés".
Conclusiones
El
israelita de tiempos tempranos aguardaba la bendición de una vida
larga y satisfaciente adorando a su Dios. Génesis 25: 8 dice que
Abraham murió a los 175 años, viejo y "satisfecho de
días". Exodo 20: 12 habla que la recompensa por cumplir el
mandamiento sería vivir "largo tiempo sobre la tierra".
Pero en caso de muerte, el fiel, podía esperar que su Dios lo
rescatara de la prisión mortal, donde no era posible realizar su
mayor anhelo: volver a alabar a Yahvé.
Sin
embargo, no nos es fácil determinar una doctrina escatológica
última. El Antiguo Testamento, que es tan minucioso en otros
asuntos, nos deja sumidos en el silencio en cuanto a sus creencias
respectivas a la muerte. ¿Será que esta condición no estaba en
los planes originales de Dios y por lo tanto nadie quería hablar de
ello?.
Con
el correr de los tiempos, la doctrina moral (quizá influida por el
dualismo persa) invadió a esta creencia. Aquel que hiciera el bien
durante su vida terrena podría albergar la esperanza de la
resurrección y estar citado en el "Libro de la vida de
Yahvé" (Filipenses 4: 3; Apocalipsis 3: 5; 20: 15) en un
nuevo mundo ultraterreno, en otro eón. A cambio, la
destrucción eterna aguardaba a los impíos.
Las
opiniones acerca de la resurrección, si fuesen en una tierra
edénica o en una esfera espiritual son ambiguas, y quizá por ello,
hoy no se consiga un acuerdo conclusivo entre los investigadores.
EXCURSO
El
hades y el tártaro
Si
el lenguaje griego que usaron los primeros cristianos mantuvo el
mismo sentido que en la lengua hebrea, su concepción escatológica
primitiva era similar a la de los israelitas de tiempos
precristianos. Por lo tanto, los muchos pasajes de las cartas
apostólicas que nos hablan de la condición de los muertos utilizan
una palabra equivalente: hades (Thomson, C. "Septuaginta",
Ed Pells. Londres, 1904).
El
hades, para la mitología griega, tenía un sentido parecido al del
infierno para los cristianos medievales o lugar sombrío donde se
depositaban a los demonios y espíritus (Iliada IV, 5). En dicho
caso, el Nuevo Testamento utilizaría la palabra "Hades"
según su antiguo significado: como lugar larvario.
Los
primeros judíos convertidos al cristianismo, utilizaron otro
símbolo corriente para la mentalidad de sus oyentes: el tártaro.
II Pedro 2: 4, nos habla que los ángeles que pecaron antes del
diluvio están prisioneros en el tártaro (Gg. Tar-ta-ró). Un sitio
oscuro y alejados del favor de Yahvé. Esto reproduciría su
cosmogonía en otro plano de condición existencial. Debajo de la
morada de los muertos, el Sheol o Hades, estaban prisioneros los
ángeles rebeldes que pecaron antes del diluvio.
Para
los griegos, el tártaro era la región más profunda del mundo,
como una prisión para dioses menores o titanes. Urano encerró
allí a los cíclopes Argos, Etéropes y Brontes. (Iliada VIII, 13;
Teog. 119) En el Antiguo Testamento, aparecen pasajes sugerentes con
relación al tártaro. Como Job 40: 20, 31, 32 que nos habla del
abismo, o "las partes mas bajas del abismo".
El
tártaro, con el tiempo, también fue confundido con el infernus
medieval. Virgilo (Eneida VI), describe el tártaro como un basto
lugar fortificado por tres niveles de murallas, con puertas tan
duras como el diamante, rodeadas de un lago de fuego: el Flagetonte.
Posiblemente, los cristianos también hayan usado estas ideas para
ilustrar al Gehena en tiempos tardíos(Apocalipsis 19: 20; 20:14,
15).
BIBLIOGRAFIA
RECOMENDADA
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