Este artículo
de Sergio Fuster, colaborador de Temakel, nos sumerge
en los inicios de la interpretación simbólica de los cielos.
Se recorre los orígenes históricos de la veneración a las estrellas
entre egipcios y caldeos y el simbolismo inherente a las constelaciones
zodiacales. Fuster traza así una visita a los antiguos momentos
de la cultura donde astronomía y astrología coinciden en descubrir
en los cielos el brillo sagrado de dioses y los hilos del destino.
CIELOS Y ZODÍACO ENTRE LOS PUEBLOS ANTIGUOS
Por Sergio
Fuster
Con
seguridad,
una de las primeras ciencias que
ha explorado el hombre, ha sido el estudio de los cielos estrellados.
Desde el comienzo de los tiempos, los cuerpos celestes y sus
rítmicos y cíclicos movimientos aparentes, han ejercido una
influencia fascinante sobre el espíritu humano. Por otro lado,
al hombre también le han interesado los acontecimientos de su
vida y de su sociedad. Explicando su pasado en el mito, experimentando
su presente en el marco de una compleja liturgia e inscribiendo
su devenir en él más inasible de los misterios; cuyo único desafío
era develar su destino.
Desde tiempos paleolíticos, se ha observado que los movimientos
de los cuerpos celestes concuerdan con ciertos sucesos aquí
en la tierra. Los cambios estacionales tienen una estrecha relación
con él transito solar, al igual que las crecidas de las mareas
coinciden rítmicamente con las lunaciones. En Babilonia se han
hallado catálogos astrales que se remontan a 1800 a. C. y en
la biblioteca de Asurbanipal existían tablillas de agüeros que
estaban basados en movimientos estelares. Con esta información
como base, ya en aquella época, se pudieron establecer predicciones
de sucesos con bastante exactitud como: eclipses, salidas y
puestas de constelaciones, además algunos movimientos planetarios.
No es extraño que pronto se pensara que tal como los dioses
habitaban en los recintos de los templos, de la misma manera
residieran en los cielos con mansiones propias. Para ellos,
toda la cúpula celeste era como si fuera un mundo animado que
a través de sus desplazamientos enviaban mensajes en "clave",
que debían ser descifrados para conocer la voluntad de los dioses.
Por lo tanto, en este articulo, vamos a tratar de develar las
cuestiones simbólicas, míticas y cultuales, que llevaron a los
hombres de la antigüedad a imaginar un "ejercito vivo" en lo
mas profundo de los cielos estrellados.
LA APOTEOSIS Y LA ZONA
ZODIACAL
Para los antiguos, el cielo
era como una campana invertida cuya bóveda estaba constituida
de metal liquido. Allí transitaban las estrellas, los cinco
planetas conocidos, la luna y el sol. Sobre ella se trazaba
el zodiaco.
El descubrimiento de esta zona, se le atribuye a los pueblos
de Mesopotamia. Estos observaron el aparente curso del sol entre
las estrellas, recorrido que actualmente se lo conoce como "eclíptica".
Claro que fue recién para el siglo II a. C. cuando un astrónomo
griego dividió el zodiaco en doce partes iguales de 39 grados
cada una. De allí el nombre que todos conocemos, ZOON animales,
DIAKON rueda, como que aquella bóveda celeste fuera una rueca
de constante rotación habitada de seres vivientes o animas ¿quiénes
eran estos seres?
En los mitos, se hablaba de siete familias primordiales, que
fueron los primeros gobernantes conocidos y que en la actualidad
habitaban cada uno de los planetas. Diodoro, nos habla que en
Egipto los primeros reyes fueron dioses. Esta idea esta apoyada
por la historia de Manetón. Después de haber terminado su mandato
en la tierra, el rey deificado retornaba a la estrella donde
se creía descendía su estirpe. En la tierra, el difunto adoptaba
el símbolo de un animal, siendo el emblema de la tribu. En la
tumba de Seti I(Dinastía XIX), existe una representación estelar
que tenía como objeto indicar al difunto la posición exacta
del cielo a la hora de su muerte, a fin de alcanzar la barca
solar. Encontramos también, representaciones en los sarcófagos
donde Nut abraza al difunto para restituirlo al mundo celeste.
Esta creencia estaba extendida por todo el mundo conocido de
aquel entonces. Los persas llamaban al planeta Júpiter "Taschter"
o el guardián de Oriente, además de hablar de siete ángeles
que presidían por cada uno de los planetas. Los chinos, ya hablaban
de doce reinos feudales: "los Cheus", que existieron en el origen
de los tiempos y que al morir fueron a habitar sobre cada uno
de los signos del zodiaco. Lo mismo pasaban en la India con
los doce "Adtyas" y en Grecia con los doce dioses del Olimpo.
Entre los hebreos, al zodiaco se lo conocía como "mazarot",
según el targúm, "el que rodea a su tiempo señalado". Esto nos
recuerda al símbolo del sello de Salomón, adoptado por las sociedades
teosóficas medievales, cuya configuración muestra una serpiente
en postura circular mordiéndose la cola, asegurando la rotación
de las energías. Y la constelación de Kesil que corresponde
a Orion, el cazador, que según algunos mitos recogidos del "midrashin"
era Nemrod(el primer rey de Babilonia según el Génesis) deificado.
Por lo tanto, las constelaciones debían considerarse de la misma
manera que entidades geográficas capaces de emitir mensajes
del futuro. Por ello, los antiguos conocían a esta zona como
el "estatuto de los cielos".
EL ESTUDIO DE LAS
ESTRELLAS ENTRE LOS CALDEOS Y LOS EGIPCIOS
Diosa
Nut, diosa egipcia del cielo. |
No es extraño que fuera en mesopotamia donde haya surgido esta
ciencia y se desarrollara hasta esparcirse por el mundo antiguo
conocido. Las impredecibles precipitaciones entre los ríos Tigris
y Eufrates, hace que la crecida de estos sea inestable, lo que
dificulta de manera considerable él poder contar con las cosechas
en algún tiempo preciso.
Esta situación inevitablemente se vio reflejada en sus mitos
y en su sociedad. En su titanomaquia, Marduk mata al monstruo
Tiamat. Este antes de morir le entrega al dios Kingú las tabletas
de los destinos, con ella podría escribir el porvenir de los
hombres. Marduk con sus "flechas", "cual cazador", atraviesa
el pecho de Kingú y se apodera de las tabletas. Desde aquel
día, todos los años los dioses se reúnen en asamblea sobre la
montaña de Anú, y escriben los destinos humanos hasta el próximo
encuentro.
Esta creencia hizo que la clase sacerdotal (entre los asirios
se les conocía como "Barú", que significa, "el que ve")tuviera
el poder sobre la monarquía, acaparando la capacidad de realizar
sus predicciones, cuyos mensajes podrían leerse tanto en los
cielos como en las entrañas de animales. Se ha hallado una reproducción
de arcilla de un hígado, que data del tiempo de Hanmurabi, de
un lado estaba dividido en zonas que representaban el día y
la noche. Sobre su borde estaban señaladas 16 secciones con
el nombre de alguna divinidad que correspondía a una casa de
la zona celeste. El hígado, o cualquier otra entraña de animales
era una copia de los cielos en miniatura.
Entre los egipcios, el paso del tiempo y sus ciclos eran medidos
con exactitud. Para ellos la bóveda celeste era un espacio vivo,
era Nut (la dama o Reina de los cielos). Las tumbas y los templos
nos proporcionan información acerca de su modo de observar el
cielo, donde los bajorrelieves nos muestran listas de estrellas
regentes y la fecha de su posición máxima y de su nacimiento.
Desde tiempos muy remotos distinguían las estrellas circumpolares,
algunas eran llamadas irreductibles otras incansables. Ya para
el Imperio Nuevo, encontramos tablas dividiendo el cielo en
36 trozos de diez días cada una, constituyendo en ciclo anual.
Entre los planetas conocidos por los egipcios estaba: Saturno
(Horus); Marte (Horus viejo); Venus(Osiris en relación con Isis);
Júpiter(Amon); Mercurio(Seth); La luna (Toth) y el Sol(Ra).
Estos recorrían las casas zodiacales conocidas como el Dragón,
representado como un hipopótamo; La Osa Mayor, como una vaca;
La Osa Menor como un perro y Sirio como una espiga.
Tanto en Grecia como en Roma, la influencia caldea y egipcia
se hizo sentir. Nosotros nos referimos a los planetas con nombres
romanos, pero estos los habían adoptado de vocablos babilonicos
y simplemente los transliteraron a su lengua vernácula. Vale
decir que, al planeta Istar se lo llamo Venus, al planeta Marduk
se lo llamo Júpiter y así sucesivamente. De ellos heredamos
estos conocimientos en nuestra cultura occidental.
Hoy la astrología domina el interés y las vidas de millones
de personas, entre ellas funcionarios y gobernantes. No obstante,
sería interesante tratar de develar el simbolismo y el origen
de los doce signos del zodiaco.
EL SIMBOLISMO DE LOS
DOCE SIGNOS DEL ZODIACO
Sus significados se pierden
en lo más oscuro del pasado. Se cree que uno de los signos más
antiguos de origen oriental es Capricornio; ya que encierra
la doble polaridad cabra-pez. Evidentemente alude al sacrificio
de un macho cabrío primordial. Se lo relaciona con una inmolación
antediluviana. La cabra es un simbolismo de altura y su cornamenta
desarrollada refiere a la sabiduría del paso anual. Por otro
lado, las aguas, en este caso nos darían la idea de dos planos
opuestos y del trayecto del hombre sobre la tierra para lograr
la salvación redentora como la evolución e involución del espíritu.
Las aguas nos traen a la memoria el Diluvio universal, que es
un tema tratado en casi todos los mitos. Debido a un cambio
climático, se ve a la divinidad como vertedor de las aguas;
que bien podemos relacionarlo con Acuario. Al igual que Dionisio
que vierte sus ánforas de vino sobre el hombre. Es símbolo de
fin de un tiempo arquetípico, pero también entra en juego la
figura humana como elemento sobreviviente y renovado para un
nuevo comienzo; y junto con ello, el sentimiento del amor, como
su atributo especial.
Cuando las aguas del Diluvio bajaron, nuevos mares y océanos
vinieron a la existencia. Junto con ellos la reproducción ictícola.
Este fenómeno nos remite al símbolo de Piscis. Los peces eran
seres divinos en la mitología Siria y se los adoraba bajo el
nombre de Atergata o Athara, representaba con cabeza de mujer
y cuerpo de pez. Algunos mitólogos creen que es un antecedente
de las sirenas en la mitología helena. Es interesante notar,
que Athara tenia una hija legendaria llamada Semiramís, símbolo
de la paloma celeste que levanta su vuelo sobre la cumbre de
la montaña primordial y conocida como la reina de los cielos
en las inscripciones antiguas. Herodoto la menciona en su descripción
de Babilonia como el nombre de una de sus puertas. En su significado
cabalista, se interpreta como la necesidad de ponerse a salvo
del mundo exterior sumergiéndose en las aguas de la conciencia
y relacionarse con el otro (El doble pez) para lograr la realización
binaria.
Las primeras sociedades que poblaron el mundo se identificaban
con el emblema del Toro como signo de poder, como se evidencia
en el sitio arqueológico de Catal Hulluk, en Anatolia. Sus cuernos
indican fertilidad masculina y fuerza generadora. Esta constelación
aparece en los registros del Antiguo Testamento con el nombre
de Kimá en Job 9:9, refiriéndose a Las Pleyades. Los comentaristas
antiguos la asocian con la constelación de Tauro, tanto en las
inscripciones de Tell Mardikh (Ebla) como en los textos masoréticos.
Josefo relacionó a las Pleyades de Tauro con el anuncio de vientos
favorables para los marinos. En el antiguo culto a Molek, un
aspecto de la divinidad de Baal, el señor de la ciudad e hijo
del Dios toro-El, se le ofrecían horrendos sacrificios de infantes,
en los cuales mediante un mecanismo los niños eran arrojados
a las entrañas del ídolo; que no era más que un inmenso horno
llameante. A Molek se lo representaba con cuernos, símbolo del
Sol y en el mito esposo de la Luna, Istar.
Las cornamentas cuando se presentan forma de espiral corresponden
también con el símbolo solar, visto en el cielo bajo la forma
de Aries. El eje central del universo y origen de todo lo que
existe. Para el pensamiento antiguo, también se asociaba con
el carnero reproductor y con un instrumento de combate en forma
de horquilla como usaban los soldados romanos. Representa al
adelantado, al viajero, aquel que desconoce el miedo y las fronteras,
tal como Ulises y Hércules.
La dualidad era parte del pensamiento antiguo y su símbolo estelar
fue Géminis. Los ritos de construcción en Palestina, comenzaban
con la colación de un fundamento de dos pilares. En las tradiciones
recogidas en el libro de Los Jueces, Sansón derriba un templo
filisteo con solo hacer caer su fundamento de dobles columnas.
Es interesante notar que a los filisteos se los llame "Kaftorím"
provenientes de una migración desde Kaftor o Creta. Posiblemente
estos templos hallan sido algún tipo de megarón, cuyas construcciones
estaban apoyadas sobre un doble fundamento. El emplazamiento
se sostenía por una unión doble, símbolo de ambivalencia y de
relación de los opuestos siempre complementarios. De la misma
manera se proyecta a la comunión de los seres con la divinidad.
Mercurio, el dios de las dos serpientes (la vida y la medicina)
y el de los pies alados, era asociado con Géminis. Como la curación,
el permanente movimiento y cambio. El tránsito solar nocturno
no estaba ausente. Por lo tanto, su signo era el reino de la
luna. Desde tiempos neolíticos, entre los mesopotámicos se celebraba
el nacimiento de la luna en el décimo mes , como aquella que
le daba vida al sol en la resurrección. Simboliza la tenacidad
por la vida bajo el emblema de Cancer. El gran astro debía alcanzar
el renacer cada día, en un ritmo cíclico y rotativo. Es de notar
que él circulo es la prefiguración de la luna llena. Posteriormente
formo parte de un simbolismo alquímico, porque el crustáceo
cambia su caparazón representando el drama de las mutaciones.
Cuando el culto solar desplazo poco a poco al de la Luna, se
fue forjando el signo de Escorpio. Los hombres escorpiones según
la mitología sumeria custodiaban las compuertas del sol, para
que pudiera reaparecer cada mañana. Pero este escorpión no es
amenazante sino reflexivo. La muerte no es el fin de todo sino
solo una etapa de cambio y de crecimiento en otra dimensión
de vida.
El transito luminoso terrestre astral estaba dibujado en la
arquitectura sagrada de los templos y en la tierra tiene un
marcado simbolismo animal. El león es un animal que tiene un
significado solar. En los templos antiguos minoicos era el guardián
y vigilante de las entradas. Sus atributos son VALOR, FUERZA,
DIGNIDAD Y REALEZA. En los bajorrelieves asirios se representaba
la caza del león como signo de nobleza. En los registros testamentarios
a esta constelación se le llama Asch el guardián de la Osa Mayor.
La Biblia de Jerusalén dice en una nota al pie que posiblemente
este conjunto de estrellas sea leo.
Las liturgias en los recintos de los templos no estaban ajenas
a las representaciones estelares. La espiga y la doncella de
Virgo son sus emblemas esenciales. Es un signo antiquísimo relacionado
con los antiguos ritos de la fertilidad y la "inseminación"
de la tierra antes de las lluvias, es decir antes de ser fecundada.
En la antigua Siria, las jóvenes vírgenes tenían que pasar seis
noches en el templo de Tamuz y lamentar su muerte, el séptimo
era la primavera y se entregaban a una orgía desenfrenada en
símbolo de la resurrección del Dios y la fecundación de la tierra.
Las diosas madres vírgenes eran preñadas por un Dios muerto,
como Isis. En la Edad Media, una serie de catedrales de siglo
XII, fueron construidas siguiendo la situación relativa a las
principales estrellas de Virgo, en adoración a la virgen María.
Libra y Sagitario tienen un origen incierto y oscuro. Al parecer
es una herencia indoeuropea. En la antigüedad, se vinculaba
a Libra, la balanza oscilante, con el cinturón zodiacal. Aquella
serpiente enroscada, mantenía una titánica lucha contra la fuerza
de los Equinoccios. Pero en ultima instancia lograba el equilibrio
para mantener el cosmos cíclicamente. Por ello en Grecia era
el símbolo de Zeus, administrador de la justicia y la equidad.
Pero no estaba ajena la elite de guerra representada en el signo
del hipocentauro. Símbolo del instinto y la autosuperación.
Por los ejemplos vistos, concluimos que la antigua ciencia astrológica
revela un incansable afán humano por conocer su incierto destino
y su mundo interior, asociándolo con diferentes divinidades
en busca de salvación y respuesta ante las preguntas existenciales
que lo dejaran siempre perplejo.
Actualmente, creer en dichas predicciones es francamente relativo.
Su mayor riqueza debe buscarse en las religiones y símbolos
antiguos. Por un lado, los que trazan una carta astral no tienen
en cuenta que estas constelaciones no se hallan en sus lugares
originales, sino que se ve un desplazamiento de 9 grados cada
70 años. En consecuencia, en los pasados 2000 años se han movido
unos 30 grados, por lo que el signo de Aries, por ejemplo, se
halla en la posición de Piscis. Por el otro, confiar en que
estos movimientos naturales estelares tengan incidencia en la
personalidad y el destino de los hombres es delegar la responsabilidad
de tomar sus propias decisiones y hacerse cargo de sus consecuencias.
Sin embargo, este ejercito que marcha sobre los cielos seguirá
fascinando a los espíritus perplejos como lo hacia en lo más
remoto de nuestro pasado. (*)
(*)
Fuente: Sergio Fuster, "Cielo y zodíaco
entre los pueblos antiguos", editado aquí de manera
original.