|
Imagen
de un arandu (sabio) guaraní durante
su danza y canto sagrado. Mediante su purahéi
y heroky-paje (cantos y danzas, mágicos)
se elevan hasta la presencia de su dios. Imagen de
José Kura en Las antiguas costumbres guaraníes,
de Girala Yampey.
|
Girala Yampey nació en Paraguay, en 1923. Está
radicado en la ciudad de Corrientes, en la República
Argentina. Ha editado numerosos libros de poemas, narrativa
y ensayo. De sus esfuerzos de investigación surgió
su estudio sobre El gaucho Lega, un emblemático personaje
correntino envuelto en un halo de leyenda. Aquí presentamos
un momento de su destacada obra Las antiguas costumbre guaraníes,
editado por la Universidad Nacional de Noreste, Argentina (otra
obra de Yampey sobre esta temática es Mitos y leyendas
guaraníes). Aquí, Yampey imagina un diálogo
entre un abuelo y su nieto. Mediante esta emocional y coloquial
comunicación, el honbre maduro transmite a su descendencia
las ancestrales creencias de su pueblo. En Textos sobre Mitología,
simbolismo y religión de Temakel, presentamos un capítulo
relacionado con la transmisión de la cosmovisión
guaraní. Tras la recreación de la imagen de realidad
guaraní presedida por su divinidad, Ñanderuguasu,
bulle, como lo destaca su autor, "el propósito de
mostrar, en lenguaje sencillo y coloquial, lo que han averiguado
los arandu (sabios), que estudiaron en fuentes
genuinas las creencias y costumbre de los antiguos guaraníes.
O, por lo menos, hacer un muestrario, buscando alguna forma
de atenurar el menosprecio en que se los tiene".
A ese espíritu de recuperación de la profunda
e imaginativa visión del mundo guaraní contribuimos
ahora mediante las líneas de Girala Yampei que laten
a continuación.
E.I
LA
COSMOVISION GUARANÍ
Por
Girala Yampey

girayam@yahoo.com.ar
El
orden El abuelo, dejó su pipa sobre un leño y prosiguió:
Te
contaré desde el principio, hijo. Primero te explicaré
el pensamiento religioso guaraní. Antes de crearse la
tierra, sólo existían las tinieblas habitadas
por mbopi (murciélago), seres malignos
apiñados en cosntantes peleas entre sí por devorar el
resplandor de Ñanderuguasu (Nuestro Gran
Padre). Ellos son los eternos enemigos de la luz. Hasta hoy,
adoran la oscuridad y quieren destrozar a Sol y Luna, pero nuestro
Padre los sujeta impidiendo la destrucción del mundo.
Los murciélagos simbolizan la barbarie y el atraso. Podrían
causar el Mba'e-megua guasu (cataclismo), el fin
de la tierra. Desde las negruras primigenias, emergió
Ñanderuguasu, llamado también: Ñanderu
pa-patenonde (Nuestro Gran Padre último-primero)
o Ñanderu ete tenonde (Nuestro verdadero
Padre Primero) Él ya existía en medio de los vientos
originales, esos que retornan cada vez que llega el tiempo-espacio
primario (invierno). A su término, florecen los
tajy (lapachos), vuelve el tiempo-espacio nuevo, con
viento renovadores y se produce el Kandire terrenal
(resurrección).
Con su divina sabiduría, Ñanderuguasu,
creó para su cuerpo una forma que serviría de
modelo para la naturaleza. Se afirmó sobre sus Raíces
(las divinas plantas de los pies), extendió sus Ramas
(brazos con manos florecidas-dedos y uñas), construyó
su Copa (diadema de flores y plumas- Jeguaka)
y se irguió como árbol, en postura de elevación
celestial, como debe permanecer todo lo divino. Con el reflejo
de su divina sabiduría ideó los órganos
para verlo todo (ojos) y para escucharlo todo (oídos).
Después, creó la Vara Insignia, emblema del que
fluye su poder de creación, y construyó
el apyka'i apu'a (pequeño asistente redondo),
portador del alma del recién nacido. Su divina Vara Insignia,
engendra llamas que dan fervor a los corazones, genera la tenua
neblinita que modela las pasiones y otorga fuerza a los sentimientos.
Vino como Guía el Urukure'a (lechuza),
dueño de la noche que, con sus aleteos, formaba lecho de las
tinieblas, para descanso de nuestro padre. El mainumby
(colobrí), revolotea alrededor del Jeguaka
y, batiendo sus alas, refresca la divina frente dándole,
en su propia boca, el yvoty'ry (néctar)
que liba de las flores de la diadema. En su mensajero. Se lo
llama "lanza-relámpagos", aunque sus llamas
no queman ni dañan, al contrario, sus luces vibran emocionadas
por ser portadoras de buenas que envían nuestro Padre.
Terminada
la creación de su propio cuerpo, una luz radiante resplandeció
en su pecho. Lo había alumbrado desde las tinieblas originales.
Con ella, había puesto límite a los ataques de
los muerciélagos. Esa es la luz que da vida a nuestro
mundo. El Gran Padre Primero, existe por estar iluminado por
su propia sabiduría. Al erguirse, asumió la forma
que daría al ava (ser humano). Con su poder creador,
concibió el futuro lenguaje humano, y dio Alma a la palabra,
para trasmitir su esencia a sus futuros hijos. Concibió
los fundamentos del sentimiento y creó una nueva pequeña
porción de amor hacia Él, y de los hombres hacia
sus semejantes. Lenguaje y Amor que debían desarrollar
sus hijos.
Hechas estas obras, Ñanderuguasu se sintió
solo. Alguna vez, todos llegamos a sentirnos en soledad y necesitamos
compartir nuestras esperanzas, alegrías y tristezas.
Él se encontró sin compañía en la inmensidad
del Cosmos, antes de que existiera la tierra. Con el Jasuka
(Vara Insignia, mágica), había creado: el fundamento
del lenguaje, un trozo de Himno sagrado, y una porción
de Amor al prójimo. En su profunda reflexión sobre
la soledad, tuvo la idea de crear a quienes compartirían
sus poderes y desplegando su sabiduría, creó a
tres Seres para sus compañeros, los Ñanderu py'a guasu
(Nuestros Padres de corazón grande), a quienes les otorgó
mandatos divinos. Así, surgieron: Nanderu Karai,
dueño del fuego y del fervor, cuidador del crepitar de las llamas,
Ñanderu Jaraíra, dueño del tiempo, de la
primavera y de la neblina vivificadora, Ñanderu Tupa,
dueño de las aguas, de las lluvias y del trueno. Los tres compañeros
del Gran Padre, con sus respectivas esposas, fueron creados
sin ombligos, por no ser engendrados por su mujer, antes de
que existieran las cosas ni la tierra. Les impartió conciencia
de su divinidad y la esencia divina de la Palabra. Todos se
inspiraron en su sabiduría. Entonces, concibió
la futura morada terrenal. Cruzó dos varas indestructibles
y pisó sobre ambos. La tierra se hinchó. Cuando
Él lo decida, retirará esas varas y la tierra
se desplomará. Después, trajo el agua y formó
los ríos. El rocío brotó del Jasuka para
la perfecta maduración de los frutos y para serenar las
pasiones de sus futuros hijos.
Esta es la forma en que fue creada la tierra, según nuestras
creencias. Asi surgió nuestra primera morada terrenal.
Ñanderuguasu, quiso asegurarla para que los vientos
primigenios no lo moviesen, y colocó en medio de ella
un Pindó sagrado. Sería el ombligo de la tierra.
Luego, puso otros cuatro en los costados. Una hacia la morada
de Ñanderu Karai (al Poniente, donde se acuesta
el sol), la segunda hacia el origen de los vientos nuevos (los
de primavera, al norte), la tercera hacia la morada de Ñanderi
Tupa (al Oriente, donde se levanta el sol), y la cuarta
hacia el origen del tiempo-espacio primigenio (al sur, desde
donde viene los vientos originarios, fríos) Nuestra morada
está atada a ellas. El firmamento, descansa sobre esas
columnas que son Varas Insignias.
Cuando la tierra comenzó a poblarse, el primero en ensuciarla
fue mbói (víbora), el primero que
cantó en la morada terrenal fue yrypa (cigarra),
ahora se le dice ñakyra, el primero en depositar desde su abdomen
las semillas de kapi'i (pasto), para que se formen
los campos, fue tukúra (langosta), el primero
en festejar el verdor de los valles fue ynambu pyta
(perdiz colorada), el primero en remover la tierra fue tatu
(armadillo). Así, aparecieron los animales y las aves.
Los que conocemos ahora, no son los originales, son imágenes
de aquellos que se encuentran en las afueras del Yvága
(Edén), lugar de árboles frutales. Allí
es donde están los verdaderos, creados por nuestro Padre.
Eso fue en aquel tiempo, cuando existía el yvy
tenonde (tierra primera), destruida por un Diluvio.
Sus habitantes están en la Morada Celestial. Los que
pronunciaron los Himnos sagrados en nuena forma, los que poseyeron
entendimiento y alcanzaron el Aguyje, están
en el Yvága, el yvymara'ey (la
Tierra sin males). Los que fueron impuros, los que carecieron
de entendimiento, los que inspiraron mal sus conciencias y trasgredieron
la Sagrada Palabra-alma, se convirtieron en pájaros y
animales que están alrededor del Yvága,
la Morada Eterna. Los que conocemos en éste yvy
pyahu (tierra nueva), son copias de los están
allá.
Los Himnos Sagrados dicen que Ñanderuguasu, se
encontró con Ñanderu Mba'ekua'a (Nuestro
Padre habilidoso) y le dijo: -Encontremos a la mujer. Mba'ekua'a
responde: - ¿Dónde?. Ñanderuguasu, hizo
un japepo (olla de barro) y lo tapó: -Busca
a la mujer en la vasija. Así lo hizo Mba'ekua'a.
Ella es Ñandesy (Nuestra Madre), y engendró
mellizos. Mba'ekua'a no quizo mezclar su semen
con el Gran Padre, y lo puso aparte.
Nañdereguasu, construyó la primera casa, sembró
la primera chacra y pidió a Ñandesy que
fuera a traer avatiky (choclo). Ella le constestó:
"Apenas sembraste y ya quieres que busque maíz.
Yo no tengo tu hijo en mi vientre, tengo el de Mba'ekua'a",
y se marchó hacia la capuera. Fastidiado, Ñanderuguasu,
porque su esposa descreía de sus poderes, tomó
sus collares, la Vara Insignia y, colocando el Jeguaka
(Diadema), se fue a su Morada Celestial. Los mellizos se llamaron
Ñanderyke'y (hermano mayor) y Tyvra'i (hermano
menor). La madre, fue devorada por los jaguares antes de que
nacieran. Ellos no, por ser de origen divino. Fueron criados
por la abuela de los jaguares.
Ñanderyke'y, es hijo de Ñanderuguasu,
y Tyvyra'i el de Mba'ekua'a. El
primero es más inteligente. Revivió al hermano
menor, soplándole la coronilla, aunque también
el Menor tiene poderes mágicos. Posteriormente, los mellizos
se convirtieron en Sol y Luna. Ahora son Ñanderu Kuarahy
y Ñanderu Jasy. Los Mellizos desarrollaron
diversas andanzas que se relacionan con nuestro pasado.
Ñanderuguasu, reposa en el Yvága,
cuya entrada esta vigilada por una enorme vívora constructora
y el urukure'a. El colobrí lo asiste con
sus danzas y el jaguaretre hovy (jaguar azul), descansa debajo
de su hamaca. Dicen que un día vendrá a devorar
a los mentirosos y ladrones.
Ñandesy vuelve de la chacra y descubre que el esposo
se había marchado. Decide seguirlo. En el trayecto, Ñanderye'y,
que le va indicando el camino desde la panza, le pide que le
arranque una flor. La Madre lo complace y palmea su matriz.
El hijo pide otra flor. Al pretender tomarla, es picada por
una avispa, y fastidiada, lo amonesta: "Aún no saliste
de mi panza y ya molestas". El hijo guarda silencio. Más
adelante, encuentra dos palos cruzados que dejó Ñanderuguasu
para confundir la ruta, y pregunta a su hijo cuál
es el camino seguido por el Padre, por Ñanderyke'y,
queda callado. La madre debió escoger. Eligió
una ruta equivocada que la lleva a la aldea de los jaguares.
Todos habían ido a caza, la abuela se encontraba sola
y le advierte que sus nietos eran muy terribles. Debía
ocultarse para evitar que la devoraran. Cuando vuelven los jaguares,
uno la olfatea y lo mata descubriendo que tenía mellizos.
La abuela, que ya tenía los dientes flojos, quiere comer
la carne de los nonatos y ordena que los descuarticen pero fue
imposible quebrarlos, entonces manda que los hiervan y el agua
se enfriaba enseguida. Los ponen en el fuego y no se asaban.
La Abuela se dio cuenta de que eran de origen divino y decide
criarlos. Los mellizos crecen rápidamente. Mientras cazaban
pájaros, un jaku (pavo de monte), herido
por ellos, les cuenta que los jaguares fueron los que mataron
a su madre y un gua'a (guacamayo) lo confirma.
Al descubrir el triste destino de Ñandesy, lloraron
los mellizos y decidieron vengarla. Encontraron los huesos dispersos
en el lugar que les indicaron los pájaros y quisieron
argasmarlos para revivirla. Cuando la obra estaba casi terminada,
Tyvyra'i, quisio mamar. Su apresuramiento lo echó
a perder todo. El esqueleto se desarmó. No pudieron revivirla.
Ocultaron sus lágrimas, lavándose en un arroyo,
y deciden marchar en busca del Padre. Para consolar al hermanito,
que lloraba por la pérdida de la Madre, Ñanderyke'y,
hizo el yvapuru. Al probar su fruto, Tyvyra'i lo
encontró de piel muy gruesa. Le hizo el guavira, pero
le pareció ácida. Entonces, le hiz guaviju. Esa
fruta sí la encontró dulde. Luego, hizo otros
árboles frutales.
Los mellizos siguieron matando pájaros. Durante esas
andanzas, inventaron la forma de armar una trampa. Algunos jaguares
que pasaban se reían de lo que consideraba un juguete.
Ellos les desafiaron a probarlo y cazaron a varios jaguares
que fueron arrojados al abismo. Entonces, se tendieron una cuerda
sobre el río cuyas orillas se acercaban y se alejaban
en constantes vaivenes. Ese el río inundado de sueños
que transporta todos los silencios y repite los cantos de la
selva. En un denso Río, turbulento de pasiones. Sus orillas
se recogen y desbordan, perennemente, buscando alcanzarse, como
se buscan y se alejan la alegría y la tristeza, la vida
y la muerte. Para cruzarlo, se necesita una sólida cuerda,
sostenida por un corazón puro, sereno y valiente. Es
el cauce que trae y lleva la sinfonía de la vida.
Los mellizos armaron una maroma sobre el río, para engañar
a los jaguares y exterminarlos. Los echaron a la voracidad de
los monstruos del agua. Prometieron a los jaguares abundantes
guavira si cruzaban a la orilla opuesta, colgados
de la cuerda tendida allí. Tyyra'i la agitaría
en el momento oportuno para arrojarlos al agua. Nuevamente el
apresuramiento del hermano menor hizo fracasar el intento, pues
pegó el sacudón antes de tiempo y una jaguar preñada
se salvó de la matanza y reinició la población
de los malos.
Siguiendo el camino que pudiera llevarlos ante el padre, se
encontraron con el tío Aña, quien mata a uno de los mellizos.
Sin embargo, el otro lo rescata y lo revive. Luego, consiguen
engañar al Aña mediante una artimaña. Prometen hacerle
un Jeguaka, para lo cual preparan una pomada con uruku
(Bixia) y ky'ýi (ají), rapándole
la cabellera y embadurnándolo con el unguento. Al roto
de exponerlo al sol, el Aña salió corriendo, sin poder
soportar el ardor. Su cabeza estalló y de sus sesos se
formaron miles de jejenes y mosquitos. Las dos hijas, fueron
poseídas por los Mellizos y sufrieron parecida suerte.
Los Gemelos incendiaron el pastizal y tuvieron que salir corriendo.
Sus largas cabelleras ardieron, explotaron sus cabezas y aparecieron
abundantes sapos y ranas que se comieron los jejenes y mosquitos,
controlando que no fueran excesivos.
Los Mellizos prosiguieron la búsqeda del Padre hasta
llegar donde están los cuervos cuidadores del fuego.
Deciden obtener ese indispensable elemento. Con ese objetivo,
consiguieron la ayuda de un sapo. Ñanderyke' finge
estar muerto y cuando los cuervos ven su cuerpo hinchándose,
deciden traer el fuego para asarlo. En el momento oportuno,
el Mellizo se levanta y se sacude violentamente lanzando los
encendidos carbones a su alrededor. El sapo aprovecha para tragar
algunas ascuas. Ñanderyke'y recuperó el
fuego y lo guardó dentro del aju'y (laurel),
el kurupa'y, y otros árboles. Cada vez
que se necesita, se hace girar con velocidad una varilla de
ysypo kururru (liana del sapo), sobre un trozo
seco de laurel, y otro de los árboles y se iniciara el
fuego.
Finalmente, Ñanderyke'y y Tyvyra'i,
llegan a la morada del Padre. Allí ya estaba Ñandesy,
revivida por su esposo. Los Mellizos son bienvenidos. La madre
llora en el reencuentro. El Padre les otorga poderes divinos,
convirtiéndolos en Ñanderu Kuarahy y
Ñanderu Jasy (Nuestro padre Sol y Nuestro Padre Luna).
Todo eso ocurrió antes del Diluvio que destruyó
la primera tierra. Primero se produjo un inmenso incendio que
venía asolando desde el Oeste. Quemaba todo a su paso,
avanzaba ocultando el poniente. Entonces, llegó el Diluvio,
días interminables de intensas lluvias, hasta que las
aguas cubrieron toda la tierra y tapó todo lo existente,
ahogando a la mayoría de los habitantes. Sólo
se salvaron los elegidos por nuestro Gran Padre. Algunos dicen
que una pareja salvaron los elegidos por nuestro Gran padre.
Algunos dicen que una pareja guaraní se salvó
porque, por indicación de un Ñanderu, trepó
a un Pindó. A medida que crecían las aguas, también
crecía el Pindó. Se alimentaron de sus frutos
y se acostaron sobre sus hojas, hasta que cesó la lluvia
y las aguas retornaron a sus niveles normales. Es la pareja
que originó la nueva estirpe guaraní. Destruida
la tierra por el Mba'e-megua guasu (Diluvio),
Ñanderuguasu, dijo a Ñanderu Karai
que viniera a reconstruir la morada terrenal, pero éste
no quiso hacerlo porque estaba seguro de que los hombres se
pervertirían de nuevo, y otra vez, la ira del Gran padre,
la destruiría.
Por lo tanto, la misión fue encomendada a Ñanderu
Jakaíra, quien dijo que si bien la tierra ya
tenía presagios de infortunios para sus futuros habitantes,
él estaba dispuesto a reconstruirla. Para ayudar a sus
hijos, esparciría sobre ellos una neblina vivificante
y los iluminaría con mansos relámpagos sin truenos.
También otorgaría a sus hijos el uso del tabaco
para que pudieran defenderse fumando en el "esqueleto del
humo" (Pipa), y pudieran comunicarse con ellos. Así
se reconstruyó la nueva morada terrenal, ésta,
en la que vivimos actualmente, que es la segunda tierra. Los
Cantos Sagrados dicen que vendrá una tercera reconstrucción
y que será sin imperfecciones pero, aún sin suceder
tal cosa, podemos acceder al yvymara'ey, si todos
observamos un comportamiento libre del maldades. Em aquella
mítica tierra no existiría ningún castigo.
No se destruiría nada, el hombre no se envilecería.
No habría ya lamentos ni desventuras. Todos viviríamos
en el equilibrio del amor.
A la Tierra Sin Males, que encontraremos cuando llegue la hora
de nuestra muerte, podemos hacerla realidad aquí mismo,
en nuestra morada terrenal. Aquí, donde estamos viviendo,
podemos constrruir la hermandad, la solidaridad y la felicidad,
con paz y justicia, si escuchamos la voz de nuestro Padre Primero,
entonamos los Cantos Sagrados y danzamos el jeroky-paje
(danza mágica).
Por el ayuno, el sonar del mimby (flauta dulce),
la maráka (sonaja) y los tustus del takuapu
(tacuara de danzas), durante los bailes rituales, se consigue
la levedad necesaria en nuestros cuerpos. Entonces, nuestros
espíritus pueden alcanzar Aguyje (pureza,
santidad) y lograrán elevarse, purificados mediante los
Himnos Sagrados. Así, sublimados, estaremos en condiciones
de comprender el Amor concebido por Ñanderuguasu.
-
Abuelo, cuéntame cómo se formaron los primeros
sonidos del idioma.
-
Tengo entendido que, al principio, emitíamos solamente
gruñidos. Al nacer, heredamos la capacidad de reproducir los
ruidos escuchados. Se atropellan en la garganta, confundidos
aún, hasta que, al amparo del Alma Celestial, devienen
en la formación de palabras, se dignifican y adquieren
lucidez, toman resonancia espiritual. Primero, el ave aprende
a modular sonidos, copiando los que se producen en su entorno
natural y, de balbuceo en balbuceo, uniendo fonemas, llega a
construir las palabras, que adquieren esplendor cuando recibe
la creada por Ñanderuguasu, un acontecer del ayvu
(alma), de nuestra interioridad, sonidos que salen de
nosotros mismos, con inteligencia y en orden. La palabra es
nuestro aliento, nuestra intimidad, prolonga al exterior, hacia
nuestros semejantes. Es como el torrente de un río interior
que sale del cuerpo hacia los demás y expresa nuestro
estado de ánimo, nuestros pensamientos, nuestras tristezas
y alegrías.
Las pusalciones de nuestra sangre armonizan el rirmo de los
sonidos y se hace música y canto. Nuestras danzas y nuestra
música, son de construcciones sencillas y naturales,
porque así es la naturaleza y nosotros nos identificamos
con su vigor, copiamos de la onomatopeya, de lo sentido y oído.
Nuestros cantos y nuestras danzas, traducen en sus ritmos la
pulsación de nuestra sangre, con los impulsos que nos
dan la selvas, los pájaros, los ríos y todos los
habitantes de los bosques. Yo me río de la música
de los invasores, sobre todo de la actual, que llaman moderna.
Es de un ritmo apresurado y nervioso, una estridencia que
enferma. No es como nuestra música, mesurada y serena.
Quizás, como ellos dicen, la nuestra sea primitiva, pero
tenemos cualidades diferentes que tal vez no tengan en cuenta.
La nuestra es más equilibrada y está en concordancia
con la naturaleza. Cuando ellos bailan, se agitan en convulsiones
neurasténicas, al parecer tienen miedo miedo y espanto.
¿Estarán volviéndose locos?
-
Y, el cuelo, Abuelo. ¿Cómo es el Cielo? Ñanderuguasu,
¿está allí?
-
El Yvága nuestro se parecería
al cielo de los cristianos, pues su nombre significa lugar de
frutas, es decir un Edén, como el del cristiano. Allí
es donde descansa Ñanderuguasu. Está acostado
en su kyha (hamaca), es mejor decir keha. El colibrí
revolotea su danza a su alrededor y refresca su frente con aleteos
dándole de beber rocío y néctar recogido
de su propio Jeguaka. El Jaguar Azul está echado debajo
de Él. La lechuza vigila a su lado. En la entrada se
enrosca una enorme boa constrictora, inmóvil pero celosa
cuidadora. Ñanderuguasu, frena los ímpetu
del jaguarete hovy, que quiere abalanzarse sobre
el mundo para devorar a los malos y mentirosos. También
mantiene a raya a los muerciélagos que quieren devorar
a Sol, Luna y todo lo que sea luz. Como dicen los cristianos,
Dios está en todo lugar y momento. Nos mira desde el
Cielo, debe ser así nomás, pues Ñanderuguasu
es igual. Creo que ambos son uno solo. Seguramente hay
un solo Dios, para todos los hombres del Universo. Las religiones
pretender dar respuestas a las angustias de los hombres. Nosotros
debemos construir nuestra propia felicidad. Muchas veces, nos
volvemos violentos y agresivos. Debemos moderar nuestros impulsos,
los corazones se endurecen cuando no están en contacto
con la naturaleza y parecen perder la voluntad de encontrar
la manera divina de definir el verdadero sentido de la vida.
Calló un momento el Paje. Luego, continuó hablando
pausadamente:
-
He escuchado a muchos Paje de nuestra
estirpe y he conversado con los Pa'i cristianos. Presté
atención a los dichos de los arandu (sabios)
extranjeros. Ellos saben muchas cosas sobre este asunto. Todos
hablan muy bien y escriben hermosas palabras sonbre el Unico
Dios que maneja el Universo, aunque cada cual se pregunta íntimamente
sobre cómo sería. Me doy cuenta de que ninguno
tiene total seguridad. Al menos, yo lo entiendo así.
Tienen sus dudas...hay palabras evasivas...hay silencios y,
tras las rotundas afirmaciones, quedan escondidos, algunos interrogantes.
No hablan con voz firme y segura. Solamente explican, cada uno
a su manera, sobre la Fe, el Gran Dogma, la creencia en un solo
Dios, Fuerza Superior o Voluntad Divina, omnipresente y todopoderosa,
creadora de todo lo existente. Algunos exponen sus razones con
tanta vehemencia y convicción que son verdaderamente
creíbles. Sus fervores son profundos, pura bondad de
espíritus que nos brindan el mejor de los alientos para
seguir manteniendo nuestras esperanzas y firmeza en la conmiseración
y piedad hacia nuestros semejantes. Parece ser que el hombre
es apenas un destello fugaz, una nebulosa posibilidad de Ser
algo en el universo.
-Pero,
Abuelo, ¿por qué pensar de ese modo?
-
Lo que tengo por seguro, hijo, es que estamos viviendo y que
la vida es bella, a pesar de las desventuras que nos toca vivir
ahora. Creo que la existencia fluye y florece, gracias a Ñanderuguasu.
Es Él, el que genera y envía la Palabra-Alma
para darnos su aliento y seguirá dandonos la savia y
el vigor que nos permiten transitar por esta Hermosa Senda que
los hombres, por necedad, ensucian y llenan de iniquidades.
Yo creo en un Ser Superior. Creer gratifica mi espíritu,
lo eleva. Fortalece mi esperanza. Yo soy porque creo, y creo
porque tengo elevados sentimientos que me constriñen a creer,
porque necesito creer, porque quiero creer, como mando el Gran
Dogma de todos los creyentes. Así, me salvo de caer en
el desahucio. Ojalá, Ñanderu Kuarahy, (Nuestro
Padre Sol), siga transmitiendo sin pausa su energía vital,
a todos los seres de la tierra. El Sol es una fuente cósmica
de vida. Sus efluvios vencen los ríos de la muerte. Es
un calor vital enviado por el Gran Padre para henchir nuestros
corazones. Es fuego celestial, fecundador de todo lo que acaricia.
Prodigioso disco de fuego que nos da su calor para cubritnos
con generosidad, sin reclamar ni rezos ni macabros sacrificios.
Creo que extiste una sola Fuerza creadora que regula la evolución
de toda naturaleza, incluyendo al hombre. Se llame Dios, Voluntad
Cósmica o Ñanderuguasu. (*)

Imagen
de José Kura en Las antiguas costumbres guaraníes,
de Girala Yampey.
(*)
Fuente: Girala
Yampei, "Cosmovisión Guaraní", en Las
antiguas costumbres guaraníes, Cirruentes, ediciones
de la Universidad Nacional del Nordeste, Argentina, 2003, pp.
19-27.