Un ejemplo de los
misteriosos caballeros que aplastan a un monstruo que
aparecen en numerosas fachadas de iglesias medievales.
Imagen de la parroquia de Surgéres (Francia). |
Durante la Edad Media se esculpieron en algunas iglesias unas
enigmáticas estatuas que representan a un caballero cuyo corcel
aplasta a una figura monstruosa. En ocasiones aparece una dama, de
pie, ante ellos. Los cabalistas medievales, que conservaban la
memoria de su auténtico significado, llamaron a este jinete el
"Caballero del Apocalipsis". El origen de estas figuras se
remonta a los viejos dioses germanos y nórdicos y su simbolismo
corresponde a la profecía del final de los tiempos: durante el
reinado del Anticristo, causante del Apocalipsis final que asolará
a la humanidad, aparecerá un caballero que combatirá a la Gran
Bestia, la Serpiente Antigua que representa a las fuerzas oscuras.
A
las puertas del año 2000, cuando de nuevo nos invade los terrores
milenaristas, conviene volver los ojos a las viejas piedras
románicas de ciertas iglesias medievales. Busquemos en ellas una
misteriosa representación escultórica que los cabalistas
bautizaron como el inquietante nombre de "Caballero del
Apocalipsis" y fue colocada allí mientras el temor al primer
milenio inundaba el mundo mágico y terrible de la Edad Media. Ya
sean grandes estatuas en la fachada, altorrelieves del pórtico o
pequeñas figuras en los capiteles, todas ellas nos interrogan con
su silencio.
Se
trata de la imagen de un jinete, en actitud serena, cuyo corcel
pisotea con la pata delantera una deforme figura humana. A veces se
coloca ante el caballo una dama de pie, con el brazo en alto,
portando un ramo, parece agasajar al caballero, quien le devuelve el
saludo. Algo aparentemente inocente, pero que como todo símbolo
medieval, esconde un mensaje en clave esotérica. Porque, ¿Quién o
a qué representa este enigmático grupo, del que conocemos no menos
de cuarenta ejemplares en Francia y diez en España? Si se trata de
santos ¿porqué estas esculturas han sido bárbaramente destruidas
durante siglos? Y si no lo eran ¿Para qué fueron colocadas en
lugares sagrados? ¿Estamos ante un símbolo cristiano o pagano?
NI
REYES NI EMPERADORES
A
partir de Renacimiento (Siglos XV y XVI) las gentes han dado a este
jinete personalidades. Se trataba de identificarlo con alguien
conocido, precisamente porque tras el Medioevo su
identidad original
se había diluido y sólo unos pocos estudiosos de la perseguida
Cábala cristiana sabían de qué se trataba. Este pueblo sencillo,
perdía ya la magia del símbolo, dio en ver allí nobles feudales,
emperadores romanos, reyes medievales, santos apóstoles o ángeles
vengadores. Así, en Francia, las gentes de Parthenay (Poitou) dicen
que es el Duque de Aquitania, mientras que los de Oloron (Gascogne)
ceen que se trata de Gastón IV de Bearn. En España, en Toro
(Zamora) lo identifican con Pedro Robera, el maestre provincial del
Temple en Castilla-León, aunque para los habitantes de Vallejo de
Mena (Burgos) sería el maestre de los Hospitalarios de San Juan.
En
otros lugares con mayores aspiraciones históricas no se trata ya de
nobles sino de emperadores. En toda Francia es asegurar que estamos
ante el emperador Constantino el Grande mientras vence a Magencio en
presencia de la santa Elena; o, lo que es igual: el Cristianismo
venciendo al paganismo en presencia de la Iglesia.
Pueblos
con un chauvinismo más acentuado prefieren ver estos jinetes a sus
propios reyes. Los franceses de Civray (Poitou) ven en el Caballero
a Carlomagno, mientras los de Bordeaux (Guyenne) creen estar
viviendo a Pipino el Breve. Los españoles tienen también
identificaciones para todos los gustos locales. En Armenia (Alava)
se trata de Sancho VII, en Sanguesa (Navarra), de Teobaldo I, el
León de Ramiro I y en Lérida de Alfonso I. Todos ellos estarían
en el acto de vencer a los musulmanes hispanos y de ser recibidos
por sus reales esposas.
EL
CREPUSCULO DE LOS DIOSES
La
opinión más común es que el precedente del caballero se encuentra
en las estatuas imperiales tardo-romanas, que glorifican a los
emperadores, presentándolos como héroes ecuestres que aplastan a
sus enemigos. Es el caso de las efinges de Marco Aurelio (Siglo II)
o Juliano el apóstata (Siglo IV). Este modelo, con un componente
religiosos más obvio, se repite en la Persia acádia del siglo V.
Allí, el rey Yazdayird I aparece a caballo pisoteando al armenio
Artabán, mientras el dios de la luz, Ahura Mazda, le entrega la
corona sobre un corcel que aplasta al dios de la Oscuridad, Arimán.
Sin
embargo, no es necesario ir tan lejos para encontrar el modelo que
buscamos, pues dicho jinete divino de la "Luz" que aplasta
al diablo de las "sombras" es prácticamente idéntico al
que celtas, germanos y nórdicos hicieron cabalgar por Europa muchos
siglos antes. Estos caballos y caballeros paganos ya estaban allí
cuando llegaron los ejemplares romanos, bizantinos y persas.
En
la religión nórdico-germánica, Thor, dios benévolo de los
fenómenos atmosféricos a la par que terrible guerrero contra los
gigantes que amenazan a la humanidad, es representado como un jinete
cuyo caballo pisotea al monstruo de Midgard, Este es un gigante
cósmico metamorfoseado en serpiente marina, cuyos anillos rodean
las tierras y sacuden los océanos para desencadenar tempestades y
terremotos. Por ello era simbolizado, indistintamente, como una gran
serpiente, un gigante o mitad una cosa y mitad otra. Al final de los
tiempos, cuando llegue el combate del crepúsculo de los Dioses o
Ragnarok, Thor vencerá a la serpiente, aunque ésta lo matará
antes a él con su venenoso aliento, provocando el hundimiento de la
tierra en el mar. Mientras otros gigantes desplomarán el cielo
ardiente sobre las cabezas d los humanos. Tras el cataclismo
retornará la "Edad de oro"; nueva tierra y nuevos cielos
renacerán de las cenizas para acoger a la humanidad y a los dioses
supervivientes.
En
esta religión cosmológica, las imágenes de Thor a caballo,
venciendo al diabólico gigante-serpiente de "Midgard",
además de su carácter sagrado tenían un valos como amuleto
protector. Podemos encontrarlas en cascos, escudos, copas, platos,
broches de vestidos, arreos de caballerías, decoración de
edificios o estelas funerarias. Se trata, genéricamente, de
propiciar a la divinidad benévola para salir indemnes del
"Crepúsculo de los Dioses", formando parte de los
supervivientes elegidos para renovar la humanidad. Y, en un nivel
más concreto, se pretendía tener un "amuleto" contra las
catástrofes naturales cotidianas, tales como tormentas,
inundaciones, incendios, plagas, etc.
El
equivalente celta de Thor es el dios Taranis, personificación del
Cielo y las tempestades, la luz, el bien y la civilización. Su
emblema es la rueda celeste en forma de roseta, símbolo del rayo y
la energía solar. Se representaba como un jinete cuyo caballo
estaba parado sobre la espalda de un gigante tendido en tierra, que
ocasionalmente podía ser "anguípedo: cuerpo humano y piernas
como serpientes o colas de pez. Este monstruo, que nos recuerda al
viejo gigante serpiente del Midgard, simbolizaba las fuerzas
telúricas terrestres, las oscuras energías subterráneas sometidas
por las luminosas energías celestes.
PROTECTOR
DE LOS CELTAS
En
la Galia céltica abundaron este tipo de estatuas de Taranis
protector, levantadas para evitar que el cielo cayese sobre sus
cabezas. Eran tan apreciadas por el pueblo que en las villas
galo-romanas del siglo III E.C. todavía eran corrientes, a pesar
del avance cristiano. Por el contrario, en la Hispania celtíbera
las imágenes-amuleto de Taranis adquirieron su máximo desarrollo
en forma de "fibulas". Estos pequeños broches metálicos,
que servían para sujetar los vestidos, reproducen al dios a lomos
de un caballo bajo cuyas patas se arrastra la diabólica serpiente
con cabeza de gigante.
Sabiendo
esto, no deja d resultar curioso que sea en Francia donde abundan
las grandes esculturas medievales del Caballero, mientras que en
España la mayoría de ellos están sobre pequeños capiteles, salvo
la escultura de Carrión de los Condes (Palencia) y los
altorrelieves de Armentia (Alava) y la Catedral de León.
Pero
si admitimos que nuestro caballero es copia de un dios muy popular
entre los paganos ¿cómo es posible que entrase a formar parte,
junto con los santos y el mismísimo Jesucristo, de la familia
mitológica cristiana esculpida en las iglesias románicas
medievales? La respuesta se encuentra, precisamente, en el empuje de
su popularidad.
Cuando
el Cristianismo fue adoptado por los poderes políticos del mundo
antiguo, pasando de ser oposición a ser clase gobernante, la
Iglesia comprendió que para atraerse a los fieles de la Antigua
Religión no bastaban los decretos imperiales. A las costumbres,
tradiciones, ritos, devociones, personajes y figuras sagradas se les
dieron funciones parecidas a las que tenían en el mundo pagano,
pero referidas a la fe cristiana. Respetando sus atributos y
símbolos básicos, ahora puestos al servicio del nuevo dios.
Los
cabalistas cristianos aprovecharon esta práctica de la Iglesia para
salvar muchos símbolos de la antigua religión, haciéndoles un
hueco en la teoría mítico doctrinal católica. Aquellos
esoteristas medievales lo tenían fácil, puesto que los inicios del
mundo medieval estaban imbuidos de creencias catastróficas. La
propia Iglesia entendía la historia humana de la forma cíclica:
"Edad de oro", en el paraíso terrenal. Donde la humanidad
hablaba con Dios de tú a tú; "Edad de Plata", con la
expulsión del Edén y el desarrollo de la civilización que
pereció en el Diluvio; "Edad de Bronce", con la elección
del Pueblo de Dios y la promesa de redención; "Edad de
Hierro", con la llegada del Mesías y la propagación de la
nueva Ley, que culminará con el reinado del Anticristo causante del
Apocalipsis final, tras el cual vendrá una nueva "Edad de
Oro" para los supervivientes.
Además,
en ese Apocalipsis se habla del Jinete del Caballo Blanco, que
combatirá a la Gran Bestia de Satán, la serpiente antigua que
desde el inicio de los tiempos ha representado las fuerzas oscuras,
terrestres, opuestas a las fuerzas luminosas y celestiales. ¿No
estamos acaso ente el jinete solar y el reptil telúrico de germanos
galos y céltiberos antes citados?
SABIDURIA
HERMETICA
Estos
razonamientos fueron decisivos para que la Iglesia admitiese de
buena gana que aquellos paganos, empeñados en seguir depositando su
confianza en el dios Taranis aunque no fuese más que en forma de
amuleto, podían ser cristalizados fácilmente. Solo había que
encausar sus devociones desde el "Caballero del Crepúsculo de
los dioses" hacia el "Caballero del Apocalipsis".
Claro
que si bien a nivel esterico teológico esto era así a nivel
popular aquel caballero
colocado en las fachadas y capiteles
románicos seguía siendo simplemente el "Divino
Protector", aunque ya no se llamase Thor ni Taranis y aunque el
"Ragnarok fuese ahora denominado Apocalipsis. Prueba de ello, y
de su continua función de amuleto ante más o menos cercanos
cataclismos, es que tales esculturas siguieron teniendo un acusado
aire pagano. Generalmente permanecieron fieles al modelo
germánico-céltico. Basta fijarse en el turbador ejemplar de Santa
María de Sanguesa (Navarra): su Caballero cabalga un corcel que se
apoya sobre la espalda de un gigante, desnudo y de sexo explícito,
tendido en el suelo, mientras que ante él aparece una figura
femenina en cuclillas, desnuda, enseñando el sexo y sus grandes
senos.
Esta
mujer, tan distinta de la recatada Dama que habitualmente acompaña
al misterioso jinete, es la "Sheela-na-gig" de la
mitología celta, el símbolo de la Diosa-Madre –Tierra, uno de
cuyos ciclos está centrado en la lucha del caballero con el
gigante. Una composición similar, ya más cristianizada, aparece en
el capitel del Vallejo de Fens (Burgos) y, en Francia, en la
escultura de Oloron (Gascoña).
Fulcanelli,
ese gran iniciado en la sabiduría hermética o Cábala cristiana.
Se fijó en tales esculturas, relacionándolas con el cataclismo del
Apocalipsis y la historia cíclica, aunque no llegó a hablar de sus
antecedentes y paralelos germánicos y nórdicos: es el Caballero
Místico, el Rey de Reyes, el eterno enviado para imponer al mundo
pervertido la última prueba y para segar implacablemente a la
humanidad vergonzosa, madura para el castigo supremo. Pero nosotros
esperamos otros cielos y otra tierra nueva, en la que tiene su
morada la justicia... la Edad de Oro, donde el hombre renovado
ignora toda religión y admira las obras divinas de una tierra
rejuvenecida, sin manifestaciones exteriores, sin ritos y sin velos.
Contemplativo, ignorando la necesidad, el deseo y el sufrimiento.
(*)
|

Caballero que
aplasta al monstruo en colegiata de Santa María, en Alava,
España. Arriba, acompañando texto, izquierda: caballero,
con su cabeza arrancada, aplastando al monstruo en iglesia
de santa María la Real (Navarra), y derecha, jinete
en colegiata de Santa Juliana (Cantabria). |
(*) Fuente:
Rafael Alarcón Herrera, "El caballero del apocalipsis.
Guardián del eterno retorno", publicado en Revista
Año Cero, Madrid, número 110, pp. 50-53.