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ROMANTICISMO
Y MODERNIDAD
Por
Facundo Carmona
El Iluminismo, en el sentido más amplio de pensamiento en continuo
progreso, ha perseguido siempre el objetivo de quitar el miedo a los
hombres y de convertirlos en amos. Pero la tierra enteramente
iluminada resplandece bajo el signo de una triunfal desventura.
Adorno
y Horkheimer
Un
soir, j' ai assis la Beutè sur mes genoux. - Et je i'ai trouvée
amère. - Et je l'ai injuriée.
J.
A. Rimbaud
Introducción
La
intención del presente texto es hacer un recorrido que abarque
sintéticamente el periodo que se extiende de la Edad Media al
Renacimiento, para de esta manera comprender frente a qué reacciona
el Romanticismo. Para luego describir algunos planteos filosóficos neo-románticos y
cómo los mismos escandalizan a ciertos adoradores
de la Modernidad.
Medieval
Overture. (De la risa al llanto).
Antes
del advenimiento del Renacimiento la regla que dominaba todo era la
vida y la excepción a la misma, lo antinatural lo incomprensible,
era la muerte. Se vivía en un mundo panvitalista donde el hombre
era uno con el universo. Vivía en relación con las cosas de un modo
que Hans Jonas denomino panvitalista: "había vida por todas
partes, y ser era lo mismo que tener vida. (…) El 'alma' bañaba
el todo de la realidad y se encontraba a sí misma en todo
lugar"(1). Este fue un periodo donde existía una supremacía
ontológica de la vida: "el ser solamente es comprensible,
solamente es real como vida" (2). La vida, nos dice Jonas, era
la regla que dominaba todo. En todo lo existente había vida y la
excepción a la regla era la muerte.
Con
respecto a esto, Mijail Bajtin, analiza la cultura popular en la
Edad Media y el Renacimiento, haciendo foco en la cultura cómica y
en el carnaval. Demostrándonos que aquí hombre y cuerpo estaban
unidos, eran considerados y vivenciados de forma indistinta. El
hombre no era solamente uno con el cosmos, sino con su cuerpo. Este
formalista ruso afirma que "en las etapas primitivas, dentro de
un régimen social que no conocía todavía ni las clases ni el
Estado, los aspectos serios y cómicos de la divinidad, del mundo y
del hombre eran, según todos los indicios, igualmente sagrados e
igualmente oficiales. (…) Pero cuando se establece, el régimen de
clases y de Estado, se hace imposible otorgar a ambos aspectos
derechos iguales, de modo que las formas cómicas adquieren un
carácter no oficial, su sentido se modifica, se complica y
profundiza"(3). El carnaval es situado aquí entre la
"frontera entre el arte y la vida"(4), ya que el mismo no
se presencia de manera bancaria, sino que se participa activamente
en el. Por ende, se lo vive de forma activa. En la Edad Media
"el carnaval es la segunda vida del pueblo, basada en el
principio de la risa. Es su vida festiva"(5). En el carnaval
hay una liberación transitoria de las relaciones jerárquicas, hay
una liberación transitoria. Según Bajtin, en la parodia
carnavalesca, el pueblo se resucita y se renueva. Esto cambia con la
modernidad, donde la parodia es netamente negativa y formal. Aquí
el arte pertenece a la vida cotidiana, en términos materialistas
podríamos decir que los medios de producción del mismo estaban en
el pueblo. Con el carnaval el pueblo renace, al igual que el Ave
Fénix, en cada una de sus fiestas y representaciones.
A
diferencia de la Modernidad, donde el tipo de cuerpo será objeto de
la disciplina, el cuerpo medieval es un cuerpo grotesco. El mismo
"no esta separado del resto del mundo, no está aislado o
acabado ni es perfecto, sino que sale fuera de sí, franquea sus
propios límites"(6). Con el Renacimiento el cuerpo pasa a ser
"algo rigurosamente acabado y perfecto"(7). Los cánones
de belleza basados en la Antigüedad suplantan a los del medioevo.
En la escultura renacentista se puede observar el interés que ha
preponderado en sus artistas por este tipo de cuerpo. Es
clarificador el ejemplo de los trabajos de Pollaiuolo, cuya obra
"está dominada por la curiosidad científica, especialmente en
lo que respecta a la anatomía humana (se sabe que disecó
cadáveres para estudiar directamente la estructura de músculos y
huesos)(8). Esto es claramente observable en el análisis que
Francis Barker hace de la pintura de Rembrandt La lección de
anatomía del doctor Nicolaas Tulp de 1632 donde "se obliga a
un cuerpo a significar, y a significar según un modo de
representación solo accesible para el cuerpo a costa de un tipo de
muerte, concreta en el caso de este ratero del Leiden, ejercida mas
generalmente - y más literalmente - por el régimen de sujeción
que se empieza a practicar en esta pintura"(9).
Es
notable como en este cuadro perduran rasgos del escarnio del
medioevo, en la disección de la mano del ladrón y en el carácter
de espectáculo público de la operación. "Si la mano de un
ladrón, en cuanto miembro ofensor, recibía la atención especial
del verdugo, aquí recibe también las primeras ministraciones del
anatomista, y ello contra los protocolos, la lógica y la costumbre
de la anatomía didáctica de la época"(10). Esta escena es
para Barker, pura jurisdicción sobre el cuerpo, dominación penal y
soberana. Es el carácter ritual, dado por el hecho de ser una
disección pública, lo que le demuestra el papel del bisagra que
esta obra de Rembrandt juego entre el viejo régimen y su relación
con el cuerpo, y el nuevo. Según el autor esta imagen refleja toda
una estética racionalista pero con resabios de la violencia
sacramental. A su vez, es pertinente, señalar al ausencia de
miradas sobre el cadáver, las más significativas están dirigidas
al libro del anatomista, en el margen inferior derecho del cuadro.
La "verdad" sobre el cuerpo esta en la ciencia, el cuerpo
a sido objetivado.
Con
el Renacimiento lo misterioso, lo que debe ser explicado, ya no es
la muerte, sino que el foco será puesto sobre la vida. Ahora el
centro teórico será ocupado por el hombre, él es analista y el
objeto de estudio. Con el advenimiento de la Modernidad el cuerpo es
objeto de relaciones de poder que operan sobre él y que "lo
cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a
unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos
signos"(11). De esta forma, para Michel Foucault, el cuerpo
"e convertido en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo
productivo y cuerpo sometido"(12).
Pero,
como hemos dicho anteriormente, también se produce un saber sobre
el mismo, para este pensador francés el "poder produce saber (…)
poder y saber se implican directamente el uno al otro; no existe
relación de poder sin constitución correlativa de un campo de
saber, ni de saber que no suponga y no constituya al mismo tiempo
unas relaciones de poder. (…) no es la actividad del sujeto de
conocimiento lo que produciría un saber, útil o reacio al poder,
sino que el poder-saber, los procesos y las luchas que lo atraviesan
y que lo constituyen, son los que determinan las formas, así como
también los dominios posibles del conocimiento"(13). Las
cárceles, las escuelas, la gimnasia, el ejercito, los hospitales y
manicomios, al igual que la familia y posteriormente la fabrica,
aunque la lista sea más extensa, disciplinan al cuerpo y este al
"convertirse en blanco para nuevos mecanismos de poder , se
ofrece a nuevas formas de saber"(14).
A
su vez en los monasterios, surgieron instrumentos de medición del
tiempo que cambian la relación del hombre con la naturaleza y entre
ellos mismos. El uso del estos mecanismos posibilito la medición
regular del tiempo mediante la aplicación de técnicas
cuantitativas. Esto genero una concepción lineal del tiempo en
detrimento de la concepción circular que describiesen autores como
Bajtin. Así también en el monasterio se implantaba la regla de la
orden, todo aquello que perteneciere al ámbito de la sorpresa, la
duda, etc. quedaba eliminada. La vida del monasterio estaba
mecanizada en si mismo. En el se vislumbraba la esencia de la
empresa: este tenia el ritmo de la maquina, del reloj mecánico. Es
el reloj mecánico quien sincroniza las acciones de los hombres.
Podemos decir que la fabrica nunca podría haber existido sin este
dispositivo mecánico.
Creemos
importante observar que en el arte se introduce la perspectiva y el
punto de vista. Las diferencias de tamaños no tenían mas relación
con la magnitud y la relevancia de aquél que se representara, fuese
humano o ser divino, sino la proporción que debía tener respecto
del horizonte y otros parámetros como por ejemplo la cercanía de
otros objetos. Tal es así, que en la pintura de Renacimiento
"se advierte el ordenamiento de figuras en una relación más
normal respecto al espacio que ocupan, y en el escenario de los
paisajes; en la innovación de Masaccio de la perspectiva
atmosférica, en que las figuras están modeladas en luces y sombras
y la experimentación y establecimiento de reglas de perspectiva
lineal, en que la ilusión de profundidad en una superficie
bidimensional se lograba por definición de un punto al que
convergen las líneas, por el escorzo, esto es, la disminución del
tamaño de las figuras y los objetos en proporción directa a su
distancia del plano pictórico"(15). Y, a su vez, la llegada
del renacimiento provoco un cambio en las temáticas de sus obras, si
"el arte medieval extraía sus temas del mundo ultraterreno, y
por ello estaba fuera del campo de la representación naturista, y
tenía que ser simbólico. El arte en el Renacimiento entró en una
nueva fase de autorreconocimiento al comenzar los artistas a pensar
menos en términos de alegoría, simbolismo y lecciones morales, y
más en términos de problemas estéticos, formas de representación
y artificios pictóricos"(16).
En
también en el Renacimiento se rompe con la tradición gótica a
nivel de la arquitectura, siendo modelo clásico romano el nuevo
paradigma estético. "El misterio y la infinitud (del periodo
gótico) han cedido el paso a la claridad geométrica"(17) de
los clásicos. Podríamos decir que el arte de racionaliza, sin por
esto abrir un juicio de valor sobre las obras. Y que la arquitectura
adquiere su estatuto de disciplina proyectual.
Es
importante señalar otros hitos relevantes que favorecieron a la
constricción de la Modernidad, como por ejemplo la cartografía,
donde ya no es más Jerusalén el centro divino del mundo, se
racionalizan los mapas. Se pone en practica la medición de las
distancias, se establecen las líneas de latitud y longitud. Otro de
los cambios señalados es el de una economía de trueque a una
monetaria. Se sustituyen los valores de la vida por los del dinero.
La mundo de la Cristiandad era habitado por ángeles, santos,
diablos, etc. La mentalidad mística influía en todo y no dejaba
ver por encima de ella. La visión animista que pensaba a los
arboles, los bosques, ríos, y demás ámbitos naturales, habitados
por elementales, duendes, etc. fue sustituida por un visión
objetivista. Primero la imaginación humana es disciplinada, y una
vez logrado este objetivo la naturaleza se comprendió como algo a
ser explorada, invadida, conquistada y, finalmente, para ser
comprendida. Para, de esta manera, poder ser extraídas sus fuerzas
sistemáticamente. De esta forma se expresan Theodor Adorno y Max
Horkheimer con respecto a la relación entre el Iluminismo y la
naturaleza, "lo que los hombres quieren aprender de la
naturaleza es la forma de utilizarla para lograr el dominio integral
de la naturaleza y de los hombres. Ninguna otra cosa cuenta. Sin
miramientos hacia sí mismo, el Iluminismo ha quemado hasta el
último resto de su propia autoconciencia"(18).
Podríamos
decir entonces que se objetiviza tanto al cuerpo como a la
naturaleza. Y, que en el primer caso, se escinde a la materia del
alma. El cuerpo sería solamente por el alma y gracias al alma. O el
espíritu, como podría ser el caso de René Descartes. Este
último, desconfía de lo corporal, de los sentidos, ya que sostiene
que los mismos nos engañan y que "es prudente no fiarse nunca
por entero de quienes nos han engañado una vez"(19). El hombre
es un ser pensante, lo relativo e innato a él es el pensar. Para
eso Descartes busca fundar un método que guíe la razón, y este es
el de la duda. Mediante el mismo se lograría romper la ligazón con
los sentidos y los prejuicios.
The
Romantic Warrior
Es
frente a lo planteado anteriormente que reaccionan los románticos,
"contra la intelectualización de la condición natural y el
sometimiento al control de toda la espontaneidad sensibilidad
humana"(20). La utopía de progreso nos hace olvidar del mundo.
Mundo que somos, por él y en él. Tal es la postura de Nietzsche
quien "no pensó nunca sino en función de un apocalipsis
futuro, no para ensalzarlo, pues adivinaba el aspecto tomaría al
final, sino para evitarlo y transformarlo en renacimiento"(21).
Siguiendo lo postulado por Albert Camus en Nietzsche y el Nihilismo,
para el filósofo germano: "al estar privado de la voluntad
divina, el mundo está privado igualmente de unidad y finalidad, por
eso no se puede juzgar al mundo. Todo juicio de valor acerca de él
lleva finalmente a la calumnia de la vida. Se juzga entonces a lo
que es por referencia a lo que debería ser, reino del cielo, ideas
eternas o imperativo moral. Pero lo que debería ser no es; este
mundo no puede ser juzgado en nombre de nada. (…) La conducta
moral tal como la ilustró Sócrates, o tal como la recomienda el
cristianismo, es en sí misma un signo de decadencia. Quiere
sustituir al hombre de carne por un hombre reflejo"(22). Este
hombre ideal niega al mundo real. Tal es así, que "el mismo
razonamiento (que sobre el cristianismo) hace Nietzsche ante el
socialismo y todas las formas de humanitarismo. El socialismo no es
sino un cristianismo degenerado. Mantiene, en efecto, esa creencia
en la finalidad de la historia que traiciona a la vida y a la
naturaleza, que substituye a los fines reales con fines ideales y
contribuye a enervar las voluntades y las imaginaciones"(23).
Son estas para Nietzsche, al igual que en el cristianismo, doctrinas
morales. Depositar nuestra energía en una idea suprema, en una
verdad, nos lleva a negar la vida. Sea esta idea dios, la ciencia,
el socialismo, el estado, o los mismos postulados de Nietzsche.
La
esencia del romanticismo reside en el hecho de percibir "en
todo su amplitud el extravío del hombre moderno en el tejido social
preindustrial. (…) desde la escisión interior del hombre hasta la
gigantesca fragmentación de la sociedad civil, un enorme monstruo,
el Estado, extiende sus tentáculos hacia todas las esferas de esta
escala"(24). En esto podemos ver la influencia en el
anarquismo. "Para ellos, los anarquistas, la libertad era una
experiencia vivida, resultando de la coherencia necesaria entre
medios y fines, y no en un efecto de la declamación, una promesa
para 'después del Estado'(25).
Los
héroes románticos con sus características asociales y solitarias,
allà Martín Fierro, influyeron en la concepción de lo que
debería ser, para los anarquistas, los hombres libres. Para los
románticos, al igual que para los anarquistas, "su pasión por
la libertad y por la justicia emana exclusivamente de la atención
prioritaria que otorgan a su dictamen de conciencia. La libertad y
la justicia por las que abogan son tan abstractamente grandes que
devienen subjetivas, cósmicas"(26). Siguiendo lo dicho por
Argullol, podemos ver una clara influencia romántica en el
pensamiento anarquista en el hecho de que los primeros, al igual que
los segundos sienten "manifiesta aversión a toda instancia
supra-individual que se arrogue la representación de conciencias e
identidades. Esto lleva, consecuentemente, a percibir con dramática
intuición (al igual que Nietzsche), la condición a la que reduce
al hombre el megaloestado moderno. Y, entre las dos grandes opciones
colectivas del siglo XIX, el Estado burgués y el Estado de la
utopía social, puede afirmarse que el romanticismo trágico no opta
por ninguna"(27).
También
podemos rastrear esquirlas del pensamiento romántico en Martin
Heidegger. Para la sensibilidad generacional romántica "la
razón científica promueve la angustia, y el hombre moderno,
postrenacentista, se haya dominado por la angustia de la razón. Un
círculo destructor le atenaza, y a medida que busca aumentar, por
todos los medios, el poder de su conocimiento, en mayor medida
recibe toda la desolación de su imperceptible papel en el
Cosmos"(28). Para los románticos "el hombre trata
desesperadamente de construir un nuevo Universo de acuerdo con las
Reglas de la Razón científica; el Estado y la Ciencia aúnan
esfuerzos en esta dirección. Pero el círculo de la angustia no
decrece y cuanto más aumenta el poder del conocimiento más aumenta
el alejamiento del hombre de su centralidad"(29).
Martín
Heidegger, mediante un análisis etimológico retoma la antigua
concepción de técnica que va de la mano con la palabra griega
tékhne. Tanto el pensador alemán, como "los románticos (…)
no renuncian nunca al mito de la 'Edad de Oro'. Una edad que ellos
identifican con los griegos arcaicos, pero conscientes de que en
realidad es atemporal, en que verdad, belleza y naturaleza formaban
un todo único y orgánico al que accedía el hombre que, además,
era héroe y dios"(30). Este pensador señala que hay una
"concepción corriente de la técnica, según la cual la
técnica es un medio y un hacer del hombre, puede, por eso llamarse
la determinación instrumental y antropológica de la
técnica"(31). Nos dice que, esta definición es la que ve a la
técnica como un medio para un fin y un hacer del hombre que se
copertenecen. O sea, técnica es definida como dispositivo: "A
lo que la técnica es pertenece el elaborar y utilizar instrumentos,
aparatos y maquinas, pertenece este elaborar y utilizar mismo,
pertenecen las necesidades y fines a lo que sirven"(32). Pero,
para Heidegger "la correcta determinación instrumental de la
técnica no nos muestra aún su esencia"(33). Para poder llegar
a esto se pregunta por la idea de medio de la técnica, relacionando
a esta característica con las causas: "donde se persiguen
fines y se aplican medios, donde domina lo instrumental, ahí impera
la causalidad"(34). Heidegger nos dice que para la filosofía
son cuatro las causas fundamentales: causa materialis, causa
formalis, casa finalis, causa efficiens. Pero a su vez, señala que
para los griegos las causas son formas de ser - responsable - de.
Son formas de traer a la presencia, de dar - lugar - a. "Ellos
(los griegos) dejan venir lo todavía no presente a la presencia.
Según eso, están imperados unitariamente por un traer, traer
haciendo aparecer lo presente"(35). Esta es la concepción que,
en la Antigua Grecia, se tenía de producir. La producción estaba
asociada a la palabra poihsis - poíesis - en un desvelar. Esto
consistiría en un traer a arte manifestador lo ya abierto en la
luz. "El dar lugar, señala Martin Heidegger, atañe a la
presencia de lo que aparece en el producir, en cada caso. El
producir produce desde el velamiento al desvelamiento. El producir
acontece solamente cuando llega lo velado a lo desvelado"(36).
Para este pensador alemán, la producción se funda en el desocultar
y de ahí su fuerte ligazón con la técnica. El ámbito de la
técnica poiética o producente será el del desvelamiento, siendo
esta una forma de desocultar el mundo. De esta forma, señala
Heidegger, se abre un ámbito distinto para la esencia de la
técnica, el cual esta enmarcado en el desocultamiento, la alétheia,
la verdad. "La tecnh pertenece al producir, a la poihsis; ella
es algo poético"(37).
Para
Heidegger, al igual que para los pensadores románticos, lo propio
de la técnica moderna es el provocar. No hay producción en el
sentido que los griegos planteaban como poíesis. Se interpela a la
naturaleza, se la provoca para que libere sus energías para estas
puedan ser explotarlas y acumuladas. "El desocultar que domina
a la técnica moderna tiene el carácter del poner en el sentido de
la provocación. Ésta acontece de tal manera que se descubren las
energías ocultas en la naturaleza; lo descubierto es transformado;
acumulado; lo acumulado, a su vez, repartido y lo repartido se
renueva cambiado"(38). Para este autor, lo propio del develar
provocante es lo constante. La postura del hombre romántico, en
términos de Argullol, tiene gran relación con lo dicho ya que este
"siente una particular repugnancia hacia la idea de 'dominar la
naturaleza'. (…) No rehúsa conocerla, pero se niega a vejarla con
la rudeza propia del positivismo. Sus enigmas le fascinan tanto como
le inquietan, de igual modo que en Renacimiento, la naturaleza es
magia y vida"(39).
Heidegger
nos dice que al ser la técnica el único modo de develamiento
estamos olvidando la dimensión de lo humano. O sea que el hombre se
cosifica, se transforma en un ente más. Heidegger, al igual que los
románticos, ve los limites de la postura técnica, de la ciencia,
que hace de la provocación su nomos hacia la naturaleza. Con esto
Heidegger no plantea volver a una etapa pretécnica si no que
postula un serenidad ante las cosas. Lo que propone es un giro
lingüístico, una vuelta a la tecnh como poihsis. Revertir aquel
proceso por medio del cual "el lenguaje se ha empobrecido y
puesto al servicio de la informática y de la cibernética(40), con
las cuales se decapita a la lengua y se la pone al servicio de la
máquina; es decir, se convierte a la lengua - 'Casa del Ser' - en
mero instrumento de información al servicio de una economía,
dirigida por una política, que con la ciencia como instrumento de
los instrumentos, puesta a su servicio, impone a todo lo que alienta
sobre la Tierra su 'Voluntad de Poder' total"(41). Es
fundamental y esencial esto, porque lo que propone esta relacionado
con el poeta romántico Hölderlin(42). La búsqueda de la unidad
entre poesía y ciencia que postula Heidegger es depositaria del
pensamiento romántico. Siendo ambos, a su vez, retomes de los
postulados de la Antigua Grecia.
Duel
of the Jester and the tyrant
Jürgen
Habermas, se niega a reconocer que las falencias del proyecto
iluminista han agotado el modelo de la modernidad. Su postura tiene
puntos de contacto con Adorno y Horkheimer en cuanto que "el
iluminismo debe tomar conciencia de sí, si no quiere que los
hombres sean completamente traicionados. No se trata de conservar el
pasado, sino de realizar sus esperanzas"(43). Lamentablemente,
el futuro se ha hecho carne en el presente, pero este corresponde al
vislumbrado por Nietzsche y señalado más arriba, y no es uno de
los mejores escenarios posibles.
Habermas
no dice que "el proyecto de la modernidad formulado por los
filósofos del iluminismo en el siglo XVIII se basaba en el
desarrollo de una ciencia objetiva, una moral universal, una ley y
un arte autónomos y regulados por lógicas propias. Al mismo
tiempo, este proyecto intentaba liberar el potencial cognitivo de
cada una de estas esferas (44) de toda forma esotérica. Deseaban
emplear esta acumulación de cultura especializada en el
enriquecimiento de la vida diaria, es decir en la organización
racional de la cotidianeidad social (45). Habermas no es un ingenuo,
no niega a la barbarie que ha llevado la modernidad y la traición
que conlleva su estampa investida del discurso de la Razón. Pero se
niega a abandonarla, lo suyo son descuidos, errores de la juventud.
Ya que tal vez, Kant se hubiese equivocado, y la mayoría de edad
que postulaba todavía es posible. La misma, y su promesa de
libertad, igualdad y fraternidad sería un por-venir eterno.
Habermas
no hace más que calumniar la vida. Depositario de las ideas del
iluminismo, no hace mas que anteponer la vida misma un ideal,
sacándola así del mundo. De esta forma "se juzga entonces a
lo que es por referencia a lo que debería ser, reino del cielo,
ideas eternas o imperativo moral. Pero lo que debería ser no es;
este mundo no puede ser juzgado en nombre de nada" (46).
Tal
vez de aquí provenga su desprecio a pensadores como Georges
Bataille, Michel Foucault o Jacques Derrida. Es frente a la
Modernidad, frente a la idea de racionalidad, de productividad
planteada por Max Weber en Historia Económica General, que Georges
Bataille ante pone las ideas de inutilidad , de improductividad en
los gastos realizados por el hombre. Este francés que "fue
poeta, escritor, antropólogo, bibliotecario, sociólogo,
pornógrafo, filósofo, que no se encasilló en ninguna de estas
profesiones, sino que las encarnó todas"(47), plantea la
existencia de la inutilidad material, del gasto improductivo
provocando de esta forma al pensamiento moderno. Su concepción de
la vida humana plantea que la misma no es "enteramente
reducible a procesos de producción y conservación"(48). Que
si bien hay un gasto orientado a la reproducción y la conservación
de la vida, también hay un gasto que se apoya en el lujo, la
sexualidad perversa, los juegos, etc. Es un tipo de gasto donde el
énfasis se sitúa en la perdida, en el sacrificio. Es lo sacro, lo
más preciado lo que se inmola. Es un gasto improductivo (49).
Siendo el valor de la perdida lo que le da sentido al mismo, es en
el potach donde el hombre alcanza su soberanía. Esto es lo que
irrita a Habermas, el hecho que hayan zonas de soberanía individual
donde siglos de racionalidad moderna y burguesa no ha podido hacer
mella. Bataille, al igual que Bajtin, da cuenta de la declinación
de la función de los ricos en los actos y festejos paganos como el
carnaval: "el cristianismo individualizo la propiedad dando a
su poseedor una plena disposición de sus productos y aboliendo su
función social"(50). Bataille, como anteriormente lo hiciera
la generación de los románticos, se niega a "activamente a
cualquier intento de homogeneizar la vida, de aburguesarla, de
reducirla a una rutina dominada por el trabajo y por el
deber"(51).
Conclusiones
Podríamos
decir que los planteos románticos, surgidos como una reacción
cutánea en toda la dermis de la Modernidad, se ha propagado hasta
nuestros días en las formas más variadas: artísticas,
filosóficas, políticas, etc. Aunque sonemos repetitivos, volvemos
a afirmar que la postura de Habermas "mantiene, en efecto, esa
creencia en la finalidad de la historia que traiciona a la vida y a
la naturaleza, que substituye a los fines reales con fines ideales y
contribuye a enervar las voluntades y las imaginaciones"(52).
Aunque nos negamos rotundamente frente a la idea de un fin absoluto,
a la idea de progreso lineal de Habermas; si siguiéramos el camino
planteado por este filósofo y consideráramos a la Modernidad como
un proceso inconcluso, no sería pertinente preguntarnos por qué
debería concluir en buenos términos. Es más, creemos que los
tiempos que corren son un claro ejemplo de ello. (*)
(*)
Fuente: Facundo Carmona, "Romanticismo y
modernidad", texto
realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del
pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la
Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2005.
Notas:
1
Hans Jonas, El principio de la vida, Ed. Trotta, Valladolid, 2000,
p. 21.
2
Op. Cit., P. 22.
3
Mijail Bajtin, La cultura popular en la Edad Media y el
Renacimiento, Alianza Editorial, Madrid, 1987, p. 11-12.
4
Op. Cit., P. 12.
5
Op. Cit., P. 14.
6
Op. Cit., P. 29-30.
7
Op. Cit., P. 32.
8
"El Estilo Florentino Renacentista", material de
Prácticos.
9
Francis Barker, "Cuerpo y temblor. Un ensayo sobre la
sujeción.", Ed. Per Abbat, Buenos Aires, 1984, p. 94.
10
Op. Cit., P. 95.
11
Michel Foucault, Vigilar y castigar, Siglo XXI Editores Argentina,
Buenos Aires, 2002, p. 32.
12
Op. Cit., P. 33.
13
Op. Cit., p. 34 - 35.
14
Op. Cit., P. 159.
15
"El Estilo Florentino Renacentista", material de
Prácticos.
16
Op. Cit.
17
Op. Cit.
18
Theodor Adorno y Max Horkheimer, Dialéctica del Iluminismo, Buenos
Aires, Sudamericana, 1987.
19
René Descartes, Meditaciones Metafísicas, en Ficha 2 de
Principales Corrientes del Pensamiento Contemporáneo, Of. de
Apuntes Facultad de Ciencias Sociales, Buenos Aires, p. 3.
20
Argullol, R. "El héroe y el único", Madrid, Taurus,
1982, p. 246.
21
Albert Camus, http://www.nietzscheana.com.ar/camus.htm
22
Op. Cit.
23
Op. Cit.
24
Argullol, R. "El héroe y el único", Op. Cit. p. 238.
25
Christian Ferrer, "Cabezas de tormentas", Buenos Aires,
Anarres, 2004, p. 19.
26
Argullol, R. "El héroe y el único", Op. Cit. p. 240.
27
Op. Cit. p. 243.
28
Op. Cit. p. 247.
29
Op. Cit. p. 248.
30
Op. Cit. p. 20.
31
Martin Heidegger, "La pregunta por la técnica", en
Ciencia y Técnica, Santiago de Chile, Editorial Universitaria,
1983, p. 74.
32
Op. Cit., P. 54. Es pertinente señalar que este autor plantea una
relación libre con la técnica. "Libre es la relación cuando
abre nuestro ser-ahí (Dasein) a la esencia de la técnica". Op.
Cit., P. 74.
33
Op. Cit., p. 75.
34
Op. Cit., P. 76.
35
Op. Cit., P. 79.
36
Op. Cit., P. 80.
37
Op. cit., p. 81.
38
Op. cit., p. 85.
39
Argullol, R. "El héroe y el único", Op. Cit. p. 17.
40
Heidegger ve en la cibernética, teoría que tiene como objeto el
manejo de la planificación y la organización del trabajo humano,
el hecho de que concierte al lenguaje en medio de intercambio de
mensajes y con él, las artes en instrumentos manejados con fines de
información.
41
Martin Heidegger, "La pregunta por la técnica", Op. cit.,
p. 61.
42
En Hölderlin y la esencia de la poesía, por ejemplo.
43
Theodor Adorno y Max Horkheimer, Dialéctica del Iluminismo, Buenos
Aires, Sudamericana, 1987.
44
Que previamente se encontraban unidas y la Modernidad escindió en
pos de la "libertad, igualdad y fraternidad", de Dios y el
Estado, de la ciencia, la disciplina, el trabajo, la moral, etc. En
definitiva, en detrimento de la unidad cuerpo, alma, naturaleza que
es el ser humano.
45
Jürgen Habermas, "Modernidad un proyecto incompleto" en
El debate modernidad - posmodernidad, Buenos Aires, Puntosur
Editores, 1995, p. 137-138
46
Albert Camus, http://www.nietzscheana.com.ar/camus.htm
47
Georges Bataille y la Heterología, Revista Artefacto Nº 5, Buenos
Aires, verano 2003 - 2005, p. 134.
48
Georges Bataille, "La parte Maldita: La noción de gasto",
Icaria, Buenos Aires, 1987, p. 28.
49
Bataille se sirve del potlach para ejemplificar el funcionamiento
del mismo. Definiéndolo como la "constitución positiva de
pérdida - de la cual emana la nobleza, el honor, el rango en la
jerarquía - que da a esta institución su valor
significativo". p. 32.
50
Op. cit., p.35.
51
Georges Bataille y la Heterología, Op. cit.,, p. 134.
52
Albert Camus, http://www.nietzscheana.com.ar/camus.htm
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