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SEMINARIO
SOBRE LA FILOSOFÍA DE SHELLING
Por
Oscar del Barco
Schelling,
el filósofo arquetípico del romanticismo, es el
centro de un extenso ensayo del filósofo argentino Oscar
del Barco. El texto que aquí presentamos pertenece a
la obra Exceso y donación. La búsqueda
del Dios sin Dios, editado en Buenos Aires, por la Biblioteca
Internacional Martín Heidegger y con el auspicio de la
Fundación Centro psicoanalítico argentino. El
texto nos ha sido enviado para su inclusión en esta sección
de Textos sobre Filosofías.
Oscar
del Barco ha publicado Esencia y apariencia en El
Capital de Marx (1977), Esbozo
para una crítica de la teoría y la practica lenilista
(1980), El "otro Marx" (1983), La intemperie
sin fin (1985), Juan L. Ortiz. Poesía y ética
(1996), El abandono de las palabras (1996). Ha sido
director del Centro de Investigaciones Filosóficas de
la Universidad de Puebla, México, y profesor de Teoría
Política en la Universidad Nacional de Córdoba.
Participó en la dirección de las revistas Pasado
y Presente y Nombres. Ha traducido, entre otros,
a Jacques Derrida, Georges Bataille y Jean-Paul Sartre.
SEMINARIO
SOBRE LA FILOSOFÍA DE SHELLING
Por
Oscar del Barco
I.
Schelling y la cuestión
de
la "prueba ontológica"
de
la existencia de Dios*
En
el Proslogion 1 San Anselmo dice que Dios es aquello de lo cual no
puede pensarse nada mayor y que por esta razón existe, ya que si no
existiera podría pensarse algo mayor, algo que sí existiera:
"Existe, por tanto, fuera de toda duda, algo mayor que lo cual
nada puede pensarse, tanto en el entendimiento como en la
realidad"; y además dice que Dios es mayor que todo lo que se
puede pensar 2.
En
su "Respuesta en favor del insensato" el monje Gaunilone
critica la tesis de San Anselmo diciendo que una cosa que puede ser
pensada no necesariamente existe (éste será, como veremos más
adelante, un aspecto esencial de la crítica kantiana al argumento
de la prueba ontológica). En su "Respuesta a Gaunilone"
San Anselmo distingue entre un pensamiento determinado (por ejemplo
el de este árbol) y la pura existencia: yo puedo negar la
existencia del árbol determinado pero no puedo negar la pura
existencia como tal. Al todo-existente no se lo puede pensar como
inexistente, y si a ese todo-existente lo llamamos Dios, resulta
imposible pensar a Dios como inexistente, porque en tal caso no
existiría pensamiento que pensara e incluso no existiría nada. Al
"argumento" se lo debe leer, así, como invertido: a lo
existente lo llamamos Dios.
Refiriéndose
a la primera parte del "argumento" Pierre Boutang, en su
Ontologie du secret3, sostiene que el objeto de la fe es "el
ser sin restricciones, el máximo absoluto, o Dios", y que la
forma de ese máximo es el enunciado de San Anselmo: algo de lo cual
no puede pensarse nada más grande. Pero, se pregunta, ¿cómo un
ser sin restricciones puede efectivamente "darse en un
pensamiento finito"?; el llamado argumento ontológico se funda
en la "finitud pensada como tal". San Anselmo dice:
"Sólo lo que está fuera de tí –Dios mío– puede pensarse
que no es". En la base de su argumento se encuentra la fe: no
se trata de una razón abandonada a sí misma que llega, mediante un
razonamiento estricto, a tener fe, sino de una fe que existe
previamente al razonamiento. Sin fe sería imposible desarrollar un
pensamiento que conduzca a la fe (salvo que no se trate de fe sino
de una evidencia: la de lo existente, y la de llamar Dios a lo
existente, en cuyo caso no haría falta ni fe ni "prueba",
pues no se puede tener fe ni probar lo existente). Para Boutang, la
fe está limitada y acuciada por el querer saber acerca de Dios. De
ser así existirían al menos dos tipos de fe: una fe que creería
totalmente (la que sería más bien una evidencia y no una fe) y
otra fe vacilante, indecisa, atravesada por dudas: la falta de fe
que es propia del "insensato". Sólo esta falta de fe
incumplida permitiría el movimiento indagatorio al término del
cual la fe sería totalmente fe (evidencia o superación real de la
fe). Al término del razonamiento encontraríamos lo que hemos
puesto al comienzo: la fe; pero ahora como un comienzo realizado,
vale decir suprimida su parte de indecisión. En el primer caso, en
el que va desde la fe hasta la fe, se trataría de un paralogismo
(¿cómo no encontrar la fe al final del razonamiento si la hemos
puesto al inicio?); en el segundo caso se trata de la duda
cartesiana. San Anselmo le pide a Dios que le dé la inteligencia de
la fe (que necesariamente ya tiene porque la fe forma parte de la
prueba: su famoso creo para saber) y que le permita comprender que
es "como nosotros te creemos": aquel de quien "no se
puede pensar nada más grande". San Anselmo argumenta: el
"insensato" tiene la inteligencia de lo que está
diciendo, y "eso de lo que tiene inteligencia está en su
inteligencia, incluso aunque no tenga inteligencia de lo que eso es
[...] pues no es lo mismo que una cosa esté en la inteligencia y
que se comprenda que esa cosa existe"; concluyendo:
"Aquello de lo cual no existe nada más grande no puede estar
sólo en la inteligencia. Si estuviese sólo en la inteligencia
podría entonces ser pensado como real, lo que sería más
grande": luego existe algo de lo que "no tiene sentido
pensar que existe algo más grande", ni en la inteligencia ni
en la realidad. Según Boutang, esto puede expresarse casi de manera
parmenídea diciendo que "hay un ser que no puede pensarse como
no ser" (puedo pensar que un ente no es, pero es imposible
pensar que el Ser no es, ya que no puedo ponerme fuera-del-ser para
luego pensarlo): el no-ser es contradictorio con el Ser, pero no con
el ser finito. Al cuestionamiento del monje Gaunilone, que distingue
entre idea y realidad, San Anselmo le responde (y en esto concuerda
no sólo con Parménides sino también con Hegel) que el hecho de
ser pensado no cambia en nada al ser. Así, si pienso un ser sin
restricciones no puedo pensar que no existe, ya que la no existencia
sería una restricción. Además, a la objeción de que para conocer
la existencia efectiva de algo debe tenerse una experiencia
sensible, efectiva, de ese algo, se le debe conceder que esto es
cierto cuando se trata de algo determinado, contingente, pero que no
es cierto cuando se trata de lo más grande de lo grande, de lo que
llamamos Dios. Lo más grande (Dios o lo Absoluto) es condición de
toda experiencia, pero no es algo experimentable, pues para
experimentarlo habría que ser más grande, lo que niega la premisa
[lo que llamamos idea es real (como, por ejemplo, un árbol): la
idea de ens perfectissimus no es una idea pura, abstracta, sin real,
sino que es exceso infinito de realidad-real: resumen del todo
realizado por la razón como ideal o total experiencia].
Dios
existe porque es perfecto, al ser perfecto no puede carecer de
existencia, pero además es necesariamente existente. Francesco
Tomatis dice que "No podemos pensar a Dios, id quo maius
cogitari nequit, sino pensándolo como existente. Si lo pensamos, en
el momento en que lo pensamos, necesariamente debemos pensarlo como
existente: es una necesidad del pensamiento". Tomatis se remite
a San Anselmo, quien dice: "Por consiguiente, oh Señor, tú no
sólo eres eso de lo cual no puede pensarse nada más grande, sino
que eres más grande de cuanto puede ser pensado". Y comenta:
"Ambas afirmaciones se mantienen juntas para no hacer de Dios
un Dios lógico, un Dios de los filósofos, vale decir para buscar
el Dios viviente de la fe y de la revelación. Anselmo piensa en
Dios como en el ser más grande y perfecto pensable, pero piensa
incluso en la ulterioridad de Dios respecto a cualquier pensamiento,
incluso el pensamiento más perfecto de todos los pensamientos
pensables. Dios, en última instancia, no es algo lógicamente
comprensible"; "Dios no sólo es mayor respecto a toda
idea nuestra, sino que es mayor respecto al esse, a la existencia
real que nuestra idea de Dios como ser perfectísimo implica"4.
Descartes
plantea el problema, que será esencial por sus consecuencias
posteriores (hay que pensar fundamentalmente en Spinoza, en Fichte,
en Jacobi, en Hölderlin, en Hegel y en Schelling), de la no
divinidad del yo. Tomatis resume su razonamiento: yo no puedo ser
causa de la idea de Dios, porque si yo fuese causa, y "dado el
presupuesto de que la causa debe tener al menos tanta realidad como
el efecto", "yo tendría que ser Dios", pero
"efectivamente yo no soy Dios"5 porque no me comprendo a
mí mismo ni comprendo la realidad externa [como si la comprensión
comprendiese, o como si Dios se comprendiese: si yo fuera Dios –y
lo mismo le sucede a Dios– no podría comprenderme porque
necesitaría otra cosa o ser a partir de la cual com-prenderme. Así
el argumento de Tomatis es inválido: si, a la inversa, yo fuese
Dios, no me comprendería. Lo que planteo como cuestión es lo
siguiente: si se llama Dios al hay, entonces esto que es hay es
Dios; el yo en su extrema debilidad y abandono es el hijo (en el
sentido de que no es el todo-de-Dios)]. "La conclusión de la
tercera meditación es que la idea de Dios es innata y que al ser
innata debe tener un origen externo a nosotros. Este origen debe ser
necesariamente, y es, Dios que existe efectivamente". Pero,
diría San Anselmo, Dios es más que todo lo que nombramos e
infinitamente podemos nombrar "Dios": el excedente es
eterno e infinito, y este sería el origen de la sigética como
fruto del pensar imposible de "dios": todas las palabras,
todos los pensamientos, que han existido y que existirán, no son ni
el comienzo de eso que intentamos nombrar, sin lograrlo nunca, con
la palabra "Dios".
San
Anselmo comienza su razonamiento basándose en la fe, mientras que
Descartes comienza con la duda (al margen de si se trata de una duda
metódica u ontológica). Tomatis dice que el Dios viviente, o la fe
de San Anselmo, hace "efectivamente real la verdad intelectual
de que Dios no se puede pensar no existente"6, mientras que en
Descartes el pensamiento se cierra en el pensamiento, sin acceso a
lo real (las dos substancias, extensa y pensante, que niegan la
unidad parmenídea): San Anselmo parte de la fe en Dios y Descartes
del soy indubitable. San Anselmo afirma: "No busco entender
para creer, sino que creo para entender. Y también creo esto: que
si no creyera, no entendería". No se parte de la no creencia
para demostrar, mediante el razonamiento indubitable de la
"prueba", la existencia de Dios; se parte, por el
contrario, de la idea de Dios como necesaria para poner su
existencia. Se podría objetar que si yo ya creo se vuelve
innecesaria la demostración, y que si la creencia es necesaria para
la demostración, ¿para qué la demostración? Es como el intento
superfluo de demostrarle a quien cree que cree, cuando de lo que se
trata es de demostrarle a quien no cree que Dios existe de una
manera incuestionable. De esta forma el intento por demostrar la
existencia de Dios fallaría absolutamente: no se puede salir
(¿salir a dónde?) del absoluto-Dios para demostrar
(objetivándolo, entificándolo) que existe.
Gassendi
criticó a Descartes sosteniendo que la existencia no es una
perfección sino "aquello sin lo cual no se da
perfección": si algo existe puede ser más o menos perfecto,
pero no hay ninguna perfección sin que algo exista. Del concepto de
Dios como ser perfecto no se puede inferir su existencia7. Kant
retomó este argumento de Gassendi negando que la existencia pueda
ser un predicado, el predicado de un serperfecto teóricamente: un
ser perfecto debe necesariamente existir porque de lo contrario le
faltaría algo, la existencia, lo cual invalidaría su perfección.
Kant distingue entre una existencia real y una existencia sólo
pensada, que sólo existe en el concepto: "el concepto de ente
absolutamente necesario es puro concepto de la razón, es decir,
mera idea cuya realidad objetiva dista mucho de estar demostrada por
el hecho de que la razón la necesita"8 (yo subrayo). La
existencia no es un predicado sino que es "la cosa misma"
puesta: "Ser no es evidentemente un predicado real, es decir un
concepto de algo que pueda añadirse al concepto de una cosa. Es
sencillamente la posición de una cosa"9; si afirmo que
"Dios es" el es no agrega nada al concepto de Dios, sino
que lo pone (se trata, en cierta medida, de una tautología). Dice
Vitiello: "El análisis de Kant ilumina la alteridad del sujeto
del juicio respecto al juicio. El sujeto es primero que el juicio.
Primero quiere decir presupuesto. Vale decir que: sin algún (ti)
dato en torno al cual (kàth’ou) decir algo, el juicio es
imposible", porque el sujeto "sólo se da conjuntamente
con los predicados que lo definen, es decir, en el juicio".
Kant distingue entre lo posible y lo real. Hay una posibilidad y una
imposibilidad lógica y otra real. "La materia de lo posible
condiciona la forma real, no es condicionada". Dice Kant:
"Si toda existencia es suprimida, entonces absolutamente nada
es puesto, nada en general, ninguna materia para poder pensar algo
es dada, y toda posibilidad falta absolutamente". Lo material,
aquí, puede ser incluso el pensamiento. Decir, entonces, que si no
existe nada, no existe nada que sea pensable, no es una
demostración de que algo existe independiente del pensamiento; es
en todo caso una demostración de la existencia del pensamiento10.
Con lo que seguimos dentro del pensamiento; la "materia"
es el propio concepto.
Descartes
niega todo, pero en la negación no puede negar el pensamiento que
niega, pues si lo negara no existiría el acto actual indubitable de
la negación (el pensamiento); esta reducción implica un
reconocimiento de imperfección, y ésta a su vez implica su
opuesto, la perfección: "¿Cómo podría saber que yo dudo,
que deseo, es decir, que me falta algo, y que no soy en absoluto
perfecto, si no hubiese una idea de un ser más perfecto en mí, por
cuya comparación conociese mis defectos?"11. De la perfección
se pasa a la existencia en un movimiento que, como vimos, Kant
criticó argumentando que la existencia no es un atributo sino el
propio ser. No obstante Descartes había advertido el problema
calificándolo de sofisma: "así como es posible imaginar un
caballo alado aunque ningún caballo tenga alas, de igual modo puedo
quizás atribuir a Dios la existencia, aunque no exista ningún
Dios"12. El sofisma consiste en que, así como si existe o no
un monte y un valle, no puedo separar el monte y el valle porque
ambos se implican, tampoco puedo pensar a Dios sin existencia, Dios
y existencia van unidos como monte y valle: "no tengo libertad
de pensar a Dios sin existencia, así como tengo libertad de
imaginar un caballo con alas o sin ellas". Un "ente
primero y sumo", lo que es igual a Dios, al que atribuyo todas
las perfecciones, no puede dejar de existir "una vez que me he
dado cuenta de que la existencia es una perfección". Pero la
existencia (el ser) es infinitamente distinta de cualquier atributo,
podríamos decir que es el sujeto de cualquier atributo, y que la
relación entre sujeto y atributo es inconmensurable, salvo pensar
que sólo existen atributos sin sujeto, o que la suma de atributos
es lo que se llama sujeto, o, en este caso, Dios.
[La
afirmación: tenemos la idea de un ser perfecto, y este ser perfecto
debe necesariamente existir porque si no existiera no sería
perfecto al faltarle al menos una cosa, la existencia, puede
interpretarse como una demostración silogística (lo que se ha
hecho habitualmente) o como una sucesión de intuiciones de lo
mismo, es decir como una igualdad. La existencia, así, no sería un
atributo sino una intuición, una "tautología"
demostrativa; la existencia sería otra manera de decir Dios o
ser-perfecto. No sería una existencia-determinada, de un
"algo", sino de la absoluta existencia, vale decir de Dios
mismo, de la perfección misma. Dios no puede tener atributos, pues
si los tuviese no sería Dios. De Dios no puede decirse que es
perfecto ni imperfecto, ni que tiene ni que no tiene existencia,
belleza, bondad, inteligencia, etcétera, pues Dios no tiene algo
distinto a sí en relación con lo cual podría decirse que es esto
o aquello, o que tiene atributos.]
Aristóteles
distingue entre predicados que dicen la cosa (pero lo Absoluto no se
puede decir –intencionar–) y predicados que dicen la cualidad de
la cosa13. La existencia puede decir la cualidad de las cosas, pero
cuando la existencia dice la cosa (el Absoluto) no puede decir una
cualidad sino la cosa misma, lo Absoluto mismo, ya que si la
existencia fuera distinta a lo Absoluto, o Dios, el Absoluto, o
Dios, no sería Absoluto, o Dios. La posición de Descartes puede,
entonces, interpretarse como una revelación y no como un silogismo:
Dios/Perfección/Existencia. Tengo la revelación de la Perfección,
la revelación de la Existencia y la revelación de Dios, del
Ser-Perfecto-Existente, todo en una unidad. Esto es lo que dice Kant
al sostener que la existencia no es un atributo sino una posición:
"El concepto de posición es simplemente y el mismo que el ser
en general [...] entonces el mismo ser vale como la existencia"
(Escritos precríticos). Según Kant no debe decirse "Dios es
una cosa existente" sino "cualquier cosa existente es Dios
(Etwas Existierendes ist Gott)"14.
Mientras
para Hegel la lógica es forma del mundo (ontología), para
Schelling la lógica está separada del mundo: entre el pensamiento,
el concepto, y la realidad, se abre un abismo. Ésta será la
diferencia esencial entre la filosofía negativa (que para Schelling
es la filosofía en cuanto tal) y la filosofía positiva (filosofía
de la mitología, de la religión y del cristianismo). A partir de
esta distinción hay que analizar su crítica a la llamada prueba
ontológica de la existencia de Dios. Tomatis sostiene, en este
sentido, que "la ley de identidad (dialéctica, según Hegel),
de unidad (según Schelling), entre ser y pensamiento, tiene
validez, pero en cuanto tal es una ley puramente formal, sólo
lógica [...] no se puede pretender –como hace Hegel– que ella
valga incluso para el ser, para la realidad" 15.
En
un célebre momento de sus Cursos, Schelling afirmó que es
necesario dejar "caer" incluso a Dios mismo. Lo que
entonces queda es el Prius absoluto, sin esencia y sin potencia,
pues si tuviera esencia o potencia, estaría sometido a esa esencia
o potencia y por consiguiente no sería el Prius absoluto, por lo
tanto podríamos decir que el Prius carece de Prius: es Absoluto. El
Prius tampoco puede ser objeto de ningún sujeto, pues en tal caso
el sujeto sería Prius del Prius. Para Schelling este Prius absoluto
es anterior a todo pensamiento, es lo in-memorial, lo im-pre-pensable,
lo que carece totalmente de determinación a priori. Carece también
de ser, porque el ser sería una determinación. Pensarlo, por otra
parte, sería reconocer que existe algo fuera o distinto del Prius y
que ese algo lo piensa. [No obstante, Schelling habla-de el Prius
Absoluto, lo nombra Prius Absoluto.] El Prius no es un quid sino un
quod, un que sea y no un qué sea. A esto Schelling lo llama A°: lo
que precede, lo que excede todo, incluso a Dios, el puro que. Por
eso mientras la filosofía negativa siempre parte del a priori, la
filosofía positiva parte del a posteriori: la filosofía positiva
"por medio de testimonios que siempre crecen con la experiencia
histórico-religiosa, prueba la divinidad del prius
absoluto"16. [Pero la llamada experiencia histórica se
conforma con experiencias puntuales, por lo que cabe preguntarse de
qué manera una experiencia individual puede "probar" lo
que precisamente es el objeto de discusión sin caer en un empirismo
vulgar.] Para Schelling, no se puede pasar, como hace la prueba
ontológica clásica, de la idea de Dios al Dios vivo-real: siempre
permanecemos en el orden teórico-abstracto; demostramos
racionalmente que Dios existe, pero si existe; vale decir que no
podemos demostrar que existe efectivamente, en realidad. La
filosofía positiva parte, a la inversa, del que (podríamos decir
también del hay), del Prius absoluto, para después encontrar la
"consecuencia del prius" y obtener "la verificación
en la existencia de lo que habíamos hipotetizado ser la
consecuencia del prius absoluto". No se prueba a priori que
Dios existe, sino que lo puramente existente es Dios: "A
través de las consecuencias [...] legibles a posteriori, a partir
de la experiencia religiosa que es histórica, y, al mismo tiempo,
trascendente, Schelling llega a encontrar la divinidad del
que"17. La experiencia histórico-religiosa de la humanidad
pagana, pre-cristiana y cristiana, se constituye en la prueba a
posteriori de la divinidad del Prius absoluto. Sólo la experiencia
nos permite acceder, como a algo ya acaecido, al Prius Absoluto (o
Dios antes de Dios); si lo hiciéramos a priori instalaríamos una
constricción en la libertad de Dios obligándolo, antes de su acto,
a tal o cual acto, desconociendo que la libertad de Dios es absoluta
y sólo cognoscible post-facto: "Sólo a través de la
revelación es posible probar la existencia de Dios",
"Sólo a través de la kénosis, la encarnación de Dios,
llegamos a comprender los actos que Dios libremente ha querido
precedente y eternamente". El problema de Schelling es el paso
del Dios-ideal, o teóricoabstracto (el Dios de la filosofía
negativa), al Dios vivo, real. Paso que sólo puede sostenerse en la
revelación: Dios se revela en esto, en el que, en el quod; si no
fuera así, no existiría ni mundo ni hombre, es decir, no
existiría el problema. El problema surge del hay (hay-mundo,
hay-hombre, hay-ser), y es a partir del hay, de la Revelación, que
se puede acceder a lo que llamamos Dios. Sólo a través de la
manifestación, que es revelación, desocultamiento, podemos
vislumbrar a Dios. Como señala Xavier Tilliette, así como para el
conocimiento del mundo es necesario confiar en "la autoridad de
los sentidos", para el conocimiento de lo suprasensible hay que
confiar en la "revelación"18 (la revelación es el dato,
y por revelación debe entenderse, en un sentido schellingeano, la
totalidad cósmica, espiritual y religiosa, del ser).
En
1795 Schelling publicó las Cartas sobre dogmatismo y criticismo19;
en ellas hace dos observaciones fundamentales para el tema que
estamos considerando: "De acuerdo con su naturaleza ninguna
proposición es más abismal que aquella que sostiene la existencia
de un absoluto en el saber humano. Efectivamente, en la medida en
que se afirma un absoluto esta proposición no puede ir más allá y
dar razón de sí misma. Tan pronto como entramos en el dominio de
las pruebas entramos también en el dominio de lo
condicionado". "Parece inconcebible que en la crítica de
las pruebas de la existencia de Dios, no se haya advertido, durante
tanto tiempo, esta verdad simple e inteligible: [...] si un Dios es,
no puede ser sino porque él es, y así su existencia y su esencia
serán necesariamente idénticas. Pero es precisamente porque no se
puede ofrecer una prueba del ser de Dios sino a partir de ese ser
mismo, que esta prueba característica del dogmatismo no es,
hablando con propiedad, una prueba, y que la proposición hay un
Dios es la menos demostrada, la menos demostrable, la menos fundada
de todas, y es tan poco fundada como el principio supremo del
criticismo: yo soy"20. En otras palabras: ¿cómo demostrar,
probar o fundar lo Absoluto? Habría que poder salir de lo absoluto
(pero entonces lo Absoluto dejaría de ser absoluto) hacia otro
Absoluto que a su vez sería el que funda lo Absoluto, dando así
comienzo a un círculo lógico. Este es un punto firme: en los
cursos de Stuttgart, Schelling afirma que "la existencia de lo
incondicionado no puede demostrarse como la de lo condicionado. Lo
incondicionado es el único elemento donde es posible una
demostración [pero, a su vez, no es demostrable]... La filosofía
es esencialmente la prueba continua de lo absoluto"21; y en la
Filosofía de la revelación sostiene que "la filosofía
positiva en su conjunto... sólo es la demostración que progresa,
que crece siempre y se refuerza a cada paso, del Dios efectivamente
existente"22.
El
Absoluto-Dios carece de cualidades: no se puede decir que Dios es
bueno y sabio y eterno, como si se tratara de cualidades adventicias
de Dios. La bondad, la sabiduría, la eternidad, son Dios mismo.
Dios, incluso, no es, porque en tal caso el ser sería superior a
Dios: el Ser como tal no es, no puede ser: no puede tener el es como
cualidad de sí porque Dios es el Ser, y no puede tener como
cualidad lo que es él mismo. Por eso Dios ni es ni no es, está
"más allá del ser" (Platón, República). Dios es
voluntad, no tiene voluntad; es libre, no tiene libertad; y en este
mismo sentido no-es, es el Ser que puede ser o no ser. Dios no es
libre sino que es la libertad misma, más allá y por sobre todo
atributo. Por eso Schelling puede afirmar que "la deidad en sí
misma ni es ni no es, o, según otra expresión, menos buena, que
ella es en tanto que no es". En este punto central Schelling se
remite a una vieja sentencia de acuerdo con la cual "el que es
el ser mismo no tiene ser (ejus quod est Esse nullum est Esse)"23.
Schelling concluye: "Dios en su más alta ipseidad no es un ser
necesariamente efectivo sino la eterna libertad de ser" (o no
ser). A esta libertad (de ser o de no-ser) que es Dios "no se
puede acceder de ninguna manera a través de ningún análisis
conceptual de la esencia divina", como si Dios fuera pensable.
La relación libertad-necesidad es el eje de la crítica al
argumento ontológico en cuanto éste es "una tentativa de
captar a Dios en una ligazón esencial y necesaria entre diferentes
perfecciones o propiedades"24. Dios-Libre acepta el ser, acepta
o decide ser-ser: Dios no es el ser que es necesariamente, en virtud
de su perfección (según la prueba ontológica de Descartes), sino
que es más allá del ser el que puede asumir el ser libremente (y
no por esencia, lo que sería una constricción en la propia
libertad como Absoluto), es decir manifestarse, revelarse, como ser.
Pero, a la vez, Dios no se agota en su revelación sino que mantiene
"su misterio, su secreto": "para salvar su deidad
debe permanecer como Deus absconditus, Deus mirabilis". Dios
pasa al acto revelándose, pero ésta no es una necesidad de Dios
sino la libertad que es Dios realizándose. Si en la creación Dios
se diera todo, no podría ser el Señor del ser, pues el ser
ocuparía todo. "La problemática teológica schellingeana no
se orienta primordialmente hacia la idea de la existencia de Dios (Dasein
Gottes), sino hacia la de su libertad revelada, libertad de
revelarse, libertad que se comprueba, se realiza en la revelación
(suya y no-suya, propia y no-propia, extraña, desconcertante,
inacabada, inacabable)25. Dios como Señor-del-ser equivale a
Dios-más-allá-delser y a Dios-libre-de-ser-o-no-ser.
La
existencia no es predicado sino sujeto; o: la existencia no es el
predicado de ningún sujeto (el "sujeto" Dios en la
"prueba ontológica") sino ella misma sujeto, y, en cierto
sentido, puro predicado, sin sujeto. La existencia que aparece como
accidental –dice Schelling– (en su carácter atributivo)
"es aquí la esencia": Dios, diríamos, carece de
existencia por ser Él, en cuanto tal, Existencia. Por eso no tiene
necesidad de ser "probado": si es lo Existente, ¿cómo
probar su existencia? "En este punto –comenta Courtine– es
preciso abandonar todo discurso sobre Dios, sobre la esencia de
Dios, para tratar de pensar un ser íntegramente ser (verbalmente),
sin negación, sin limitación. Tal es el concepto schellingeano del
puro y simple existente (XIII, 157), sobre el que volveremos: en él
nada es pensado, sino, precisamente, la sola existencia"26. En
este contexto, el argumento ontológico constituye el perno del paso
de la filosofía negativa a la filosofía positiva. La importancia
de Descartes, para Schelling, más allá de sus planteos propiamente
filosóficos, consiste en haber vuelto a discutir el argumento
ontológico; considera haber resuelto, incluso por sobre Kant, el
"malentendido" que existía sobre el mismo. La crítica
lógica es la siguiente: Dios, si existe, existe necesariamente.
Aquí debe remarcarse lo siguiente: Dios no puede tener una
necesidad, pues entonces la necesidad estaría por sobre Dios,
determinándolo; además, como ya vimos, Dios no existe sino que es
Existencia. La "prueba" anselmiana, que retoma Descartes,
no apunta fundamentalmente a la existencia (como pensó Kant) sino
al modo como existe: Dios existe de manera necesaria, eterna.
"El pretendido argumento ontológico no responde a la pregunta
sobre la existencia de Dios (¿Dios existe o no?) sino a la pregunta
sobre el cómo (Wie) de la existencia divina": si Dios existe,
¿cómo existe? Descartes tendría que haber dicho que si Dios
existe "no puede existir sino necesariamente" (el si
condicional señala el corte entre lo ideal y lo real, entre lo
lógico y lo efectivamente real). El problema cartesiano consiste en
demostrar si Dios existe necesariamente y no si existe. El
paralogismo de su razonamiento es haber pasado
"subrepticiamente" de la existencia necesaria (la manera
de existir) a la existencia en general. Schelling sostiene que
"Descartes sabe bien que la idea de ser absolutamente perfecto
sólo determina propiamente la manera de existir... Pero entonces lo
que resulta es que Dios, si él existe, no puede existir sino
siempre; [pero] de esto no resulta que él exista. La conclusión
sólo tiene este sentido: o bien Dios no existe, o bien, si existe,
existe siempre o necesariamente, vale decir que no existe de manera
contingente". Este recorrido lleva al problema de lo previo a
la existencia de Dios, de lo previo al ser, de lo previo a la prueba
respecto a su existencia en cuanto existencia y en cuanto modo de
existencia: "se trata de captar sin concepto el existir puro y
simple (no como atributo, predicado o determinación), para sólo
después y a posteriori interrogarse sobre el problema del ser-Dios
del existente absolutamente trascendente": Dios-sin-Dios o lo
antes de Dios, el Prius absoluto. El problema da un giro en el
último Schelling: ya no se trata de demostrar la existencia de Dios
sino de "abrir un camino que permita acceder al Dios que es
más-allá-del-ser, sobre el ser, Espíritu"27. Hay que captar
sin conceptos "el existir puro y simple, para sólo después y
a posteriori interrogarse sobre el problema del Ser-Dios del
existente absolutamente trascendente" (yo subrayo).
Schelling
produce una inversión del razonamiento: no parte del concepto para
luego llegar al simplemente existente, al existente necesario, al
puramente existente o Prius, sino que parte del Prius (al que entre
tantos otros nombres ha llamado "el existir puro y
simple") para llegar al concepto. Mientras la filosofía
negativa se mueve en el concepto (Dios existe... si existe), sin
poder demostrar la existencia real, no conceptual, de Dios; la
filosofía positiva, por el contrario, implica una "experiencia
desconcertante" que lleva a abandonar el concepto, incluso el
concepto de Dios: "No es posible partir del concepto de Dios
[Dios como ser perfecto] para probar la existencia de Dios; yo trato
de partir del concepto del puro y simple existente para probar, en
un sentido inverso, la divinidad de lo indubitablemente
existente" (Filosofía de la revelación). Schelling tropieza,
como señala Courtine, con la dificultad de decir aquello que
"por principio escapa al régimen ordinario de la razón, lo
que más la llena de estupor o la reduce al silencio": se trata
del puro y simple existente, de lo necesariamente existente que
precede todo concepto, del existente infinito, del existente
indubitable, del Prius, del puro acto, del acto anterior a toda
potencia, del acto-sin-potencia, de la efectividad pura que precede
toda posibilidad (todas estas expresiones son, como dice Schelling,
"sinónimos"). Cuando se parte del puro y simple existente
no se tiene el concepto de Dios sino el concepto "de lo que
existe antes de toda potencia, es decir, de lo que existe
indubitablemente" (de lo que no se puede dudar); y es
no-dudable porque se trata de un acto-sin-potencia, y de tal acto,
que es el acto-absoluto, no se puede dudar. De lo que se puede dudar
es de la potencia, ya que puede ser o no ser, y en esa inestabilidad
se puede intercalar la duda. Así el existente indubitable se alza
por sobre toda duda, incluso frente y contra el pensamiento. Como
afirma Schelling: "El simple existente, que sólo es existente,
es precisamente aquello por lo cual es contestado todo lo que puede
venir del pensamiento, aquello frente a lo cual el pensamiento
enmudece, aquello delante de lo cual la razón misma se inclina;
pues el pensamiento sólo tiene trato con la posibilidad, con la
potencia". No se puede pensar lo que es anterior y funda el
pensar: lo indubitable, lo im-prepensable, el Prius Absoluto:
"No es el Prius absoluto el que debe ser probado (él está por
sobre toda prueba, es el comienzo absoluto y cierto de sí mismo)...
por consiguiente [lo que debe probarse] es la consecuencia que de
él resulta, es necesario que ésta sea probada por el hecho".
Sobre ese simple y necesario existente es absurdo preguntarse si
puede o no existir, así como también es absurdo preguntarse sobre
su esencia y su naturaleza, ya que es acto puro, sin nada previo, y
por consiguiente no puede tener ninguna posibilidad que lo preceda.
Es frente a eso que la razón queda extática, inmóvil,
estupefacta.
La
razón puede conocer eso a posteriori, a través de su
manifestación-revelación. A priori queda estupefacta.
"Filosofía negativa–filosofía positiva" es el nombre
que Schelling le da a este giro de la razón que pasa del pretendido
conocimiento a priori del Prius a su conocimiento a posteriori, al
conocimiento por sus manifestaciones, por sus hechos. En gran medida
Schelling es deudor de Kant, quien en El único fundamento posible
de una demostración de la existencia de Dios (1763) había ya
tematizado "la presencia de un a priori que no sea un
concepto". Kant afirmó, en este trabajo de juventud, que
"toda posibilidad presupone algo real en lo que y por lo que
todo lo pensable es dado. Por consiguiente, hay una realidad cierta
cuya abolición significaría la abolición de toda posibilidad
interna en general. Pero eso cuya abolición o negación suprimiría
toda posibilidad es absolutamente necesario. Luego existe algo de
manera absolutamente necesaria. Es evidente, así, que la existencia
de una o de varias cosas está en el fundamento mismo de toda
posibilidad, y que esta existencia es necesaria en sí misma":
lo pensable implica que algo existe: "La existencia necesaria
es para el pensamiento un verdadero a priori, y sin embargo no se
trata ni de una idea ni de un concepto. En efecto, a título de
condición de toda pensabilidad esta existencia no ofrece como tal
nada de pensable: ella descubre un puro dass inaprensible"28.
Kant llama "verdadero abismo de la razón humana" a la
necesidad del ser que precede todo pensamiento29. Lo que Kant no
logró –según Schelling– fue vincular o explicar el concepto
absolutamente inmanente (para la razón) del Ser supremo o Dios, y
el concepto absolutamente trascendente de existencia simple o
necesaria. La filosofía positiva comienza con lo "inconcebible
a priori" (el fin de la filosofía negativa: el abismo de la
razón, el Prius), pero para transformarlo en "concebible"
a posteriori: "La filosofía positiva pone el ser sin concepto
para a partir de él llegar al concepto, pone lo trascendente para
transformarlo en absolutamente inmanente y para tener el inmanente
absoluto al mismo tiempo como un existente". A posteriori,
sólo a posteriori, se puede mostrar que ese "existente
absoluto y trascendente" es Dios, pero no Dios en idea, o Idea
de Dios, sino el Dios real, existente, vivo.
Schelling
criticó el paso del pensamiento a la existencia en función del
"Dios efectivo, imprevisible y libre, del Señor del ser".
El pensamiento únicamente puede llegar a plantear un "Dios en
idea". En lugar de pasar del ser perfecto a la existencia
necesaria (Descartes) se pasa de la existencia necesaria al ser
perfecto. "Dios sólo puede existir necesariamente; luego lo
que existe necesariamente debe ser Dios, lo cual se trata de
demostrar, y esta es la tarea de la razón vuelta a su fundamento
originario"30. El problema es, por una parte, el existente
necesario, y, por la otra, el paso de la razón a su positividad,
digamos, al rescate de la razón. Una prueba ontológica no es una
"prueba" (no hay posibilidad de probar, por ejemplo, lo
que es, o el todo) sino que se trata de la exposición de una verdad
"simple e inteligible", sin fundamento (¿en qué podría
fundarse lo absoluto si no hay otra cosa que absoluto?). La
"prueba" se plantea con posterioridad a una
"intuición". En un segundo momento (filosofía de la
identidad) la llamada "prueba ontológica" es
"englobada en el rechazo... de los sistemas de la reflexión
que impiden el acceso al conocimiento absoluto". Lo Absoluto
subsume la división entre finito e infinito, y a ese Absoluto se
llega mediante la contemplación y el arte (lo que anteriormente
llamó "intuición intelectual"). Fue responsabilidad de
Descartes escindir reflexivamente "el punto de la suprema
evidencia filosófica": la unidad, o identidad. De la simple
idea de Absoluto no se sigue su realidad. La crítica schellingeana
de 1802 al argumento ontológico es lógica: la existencia no es
atributo real pues entre Dios y existencia no hay distancia, y en
caso de ser realmente un atributo entonces el atributo sería más
que Dios. Recién en 1810, en los Weltalter, Schelling planteó por
primera vez el problema de lo que será la filosofía positiva,
diciendo que más allá del Dios aún abstracto, de la
"intuición intelectual" (el famoso
"pistoletazo" del que lo acusó Hegel) lo que está en
juego es el Dios viviente, el Dios que ha hecho al hombre a su
imagen y semejanza. "Ni la ciencia –dice– ni el sentimiento
se satisfacen con un Dios que no es, porque Él es el Ser, que no
vive porque Él es la vida, que no tiene conciencia porque Él es la
pura conciencia. Ellas exigen un Dios que existe diferentemente de
su esencia, que sabe, que actúa. El argumento ontológico no es
suficiente. La razón y el sentimiento reclaman juntos un Dios que
no sea puro esto sino que sea él"31. La filosofía, sostiene
en otro texto de la misma época, "es la prueba progresiva de
lo Absoluto, la mostración continua de Dios"32. Dios supera
infinitamente a la razón.
En
1827, en los cursos de Munich, retomó su crítica a Kant por no
haber comprendido el error de Descartes, que se refiere al modo de
la existencia y no a la existencia como perfección. El modo es:
precario y contingente o necesario y eterno. A Dios ("a la
naturaleza del Ser perfecto") le "repugna existir de
manera contingente, sólo podemos concebir el Ser perfecto como
necesario. La conclusión obvia y lícita es, no que Dios existe,
sino que no puede existir sino necesariamente: si Él existe, Él
existe necesariamente"33. Es tautológico decir que el
existente necesario existe, pero, además, la idea de existente
necesario "no agota la noción de Dios". Esto es esencial:
"Si se iguala el concepto de Dios que emana de la conciencia
universal anterior a la filosofía con la noción de existencia
necesaria, vale decir una existencia real con una ideal, se
silencia, junto con Descartes, el más o el excedente que hay en el
concepto de Dios, se llega, con Spinoza, a un Dios inerte y
muerto". Por una parte es imposible que el Ser mismo, el Ipsum
Ens, "eso que es" [el que es, lo que es], el concepto
racional puro, no sea (es el ser-necesario: el ser ciego); pero, por
otra parte, es imposible que sea (real), pues "para que le sea
posible ser tendría que serle posible no ser". El concepto
racional absoluto sólo lleva a la impasse del ser racional,
necesario, no-libre: éxtasis, vértigo, estupor de la razón. La
diferencia entre filosofía negativa y filosofía positiva apunta a
sobrepasar esta impasse, esta dificultad que bloquea el tránsito
"ontológico", y no sólo nominal, de lo ideal a lo real.
Será en los cursos de Berlín donde Schelling se enfrentará con
esta problemática de una manera decisiva.
La
base de su última filosofía se encuentra en el "éxtasis de
la razón"; pero no obstante hay que tener en cuenta que
mientras en los Cursos de Erlangen el éxtasis era descripto
"como una decisión de tabla rasa y de marcha en el desierto,
como el acto de nacimiento de la filosofía como tal", ahora,
es decir en su última filosofía, se lo considera como el fruto de
un proceso anterior (el proceso de la filosofía en cuanto tal), y,
al mismo tiempo, como un re-comienzo: pérdida de la razón, pero...
para un nuevo comienzo de la razón: "Lo que suscita el
éxtasis es la apercepción o el rencuentro del existente necesario,
potenzlos, del puro existente"34, o lo indubitablemente
existente. Este existente puro, indudable, necesario, es el Prius de
Dios (de su ser-divino, Super-ser, más-queser, Señor del ser). En
cuanto Acto él no puede ser objeto de duda (se puede dudar de lo
que puede ser a o b, pero no de lo que es absolutamente). Éste es
el punto de partida: el existente como tal, el existente Absoluto. Y
en este sentido tuvo razón Spinoza al comenzar de manera abrupta
con el existente absoluto. Su error habría consistido, según
Schelling, en no pasar a lo real, al Dios viviente de la filosofía
positiva. La consecuencia que se deriva de este planteamiento
schellingeano respecto al existente absoluto es la caída del
argumento ontológico en su forma clásica, porque al "dejar
caer" incluso el concepto de Dios, ¿cómo podría haber una
prueba de Dios si no hay Dios sino sólo el Prius de Dios? Pero a
partir de este punto de giro Dios es retomado por la filosofía
positiva. La metafísica partía del concepto de Dios para llegar en
idea al puro existente (todo quedaba, pues, en el concepto), dando
un paso infundado incluso más allá de sus propias premisas, porque
a partir del hecho de que no puede pensarse a Dios como no-existente
no se sigue que Dios exista realmente. Para la filosofía positiva,
por el contrario, Dios como ser-real "escapa definitivamente a
la razón": frente a la existencia pura, frente al quod
absoluto, frente al Prius inconcebible, incognoscible e
irrepresentable a priori, la razón queda muda, fija,
"estupefacta" (sobre este tema consultar el libro de
Pareyson Ontologia della libertà, Einaudi, pp. 385-402: "Stupore
della ragione e angoscia di fronte all’essere"). Es,
podríamos decir, un "descenso a los infiernos", pero de
donde la razón vuelve y la vuelta es un verdadero renacimiento, una
verdadera metamorfosis: la madera se ha despertado violín, según
la notable expresión de Rimbaud.
"Hablando
con propiedad no existen, en la filosofía positiva, pruebas de la
existencia de Dios, sino que ella misma es una prueba continuada, es
la inspección de lo real bajo la hipótesis y el principio de la
iniciativa de Dios. La conversión a Dios es al mismo tiempo un
regreso a los fenómenos. Dios es lo trascendente vuelto
inmanente"35. Dios toma la iniciativa: la razón resucita de su
propia muerte y emprende un nuevo camino. "El existente
necesario es el eje inmóvil alrededor del cual la razón se
comporta de distinta manera. No es una idea sino una idea invertida,
no es un ser sino el puro existente". Fórmulas efectivamente
paradojales: "Filosofía negativa: si Dios es, es
necesariamente el existente necesario. Filosofía positiva: el
existente necesario es realmente Dios". Según Tilliette:
"La incertidumbre perturbadora que planea sobre el existente
necesario no invalida el curso de la filosofía positiva [...] el
existente necesario no es Dios" (yo subrayo). El rechazo de
Schelling a la prueba ontológica de la existencia de Dios tiene
como finalidad salvar su trascendencia y su libertad. Sus
fundamentos son: la inconmensurabilidad entre lo ideal y lo real:
resulta imposible pasar del concepto de Dios al Dios-real, viviente
(Dios es absolutamente más que todo concepto); la caída del
concepto de Dios deja lugar al puro acto sin potencia, al Prius que
no puede ser captado a priori sino a posteriori, por su revelación
(al no-ser Dios no puede haber ninguna "prueba" de su
existencia inexistente); el Prius Absoluto, por su propia absolutez,
no deja "lugar" desde donde "probar" que existe.
Para
Kant, dice Schelling, "la razón no puede conocer el ser
efectivo de Dios; Dios debe permanecer simplemente como idea suprema
(yo subrayo)", y esta idea tiene una función regulativa y no
constitutiva. Así se "niega toda religión efectiva; pues toda
religión efectiva sólo puede tener relación con el Dios efectivo,
y en realidad sólo en tanto que Señor de la efectividad (Herr der
Wirklichkeit); pues un ser (Wesen) que no es tal no puede nunca
volverse objeto de una religión, ni, incluso, de una
superstición" (Philosophie de la Révélation, cit., p. 64).
En cuanto a la prueba ontológica de San Anselmo, considera que es
una "tautología": llega como fin a lo ya presupuesto al
comienzo; pone la existencia en el Ser Supremo y entonces, por
supuesto, el Ser Supremo existe: no hay nada más elevado que Dios,
luego Dios existe, porque si no existiera entonces otro ser que sí
existiera sería Dios, etc. (idem, p. 183). Efectivamente, como ya
vimos, San Anselmo presupone la existencia de Dios (es su estado de
fe) y de ese Ser ya existente quiere demostrar la existencia
mediante un razonamiento tautológico: partir de la existencia de
Dios para demostrar la existencia de Dios. También considera que el
razonamiento de Descartes es tautológico (un paralogismo), ya que
al decir que "repugna a la esencia de Dios existir de una
manera sólo contingente" está implícito que la existencia de
Dios tendrá que ser necesariamente necesaria: pero eso será una
manera de existir, un modo. "En consecuencia: Dios existe de
manera necesaria si y solamente si existe, lo cual deja entonces y
siempre como no decidida la cuestión de saber si existe o no".
Pero si bien el razonamiento cartesiano, por puramente abstracto, no
puede probar la existencia de Dios, plantea positivamente, al
ponerlo como necesario y no contingente, que no puede existir como
tránsito de la potencia al acto sino como puro acto: "si, por
lo tanto, existe, sólo puede ser el ser que es en sí y por así
decir antes de sí, es decir antes de su divinidad; pero si es el
ser antes de su divinidad, es por lo tanto el ser que es de manera
inmediata, antes de su concepto, y en consecuencia antes de todo
concepto". Y en este punto Schelling plantea una cuestión
decisiva: "No es del concepto de Dios que parto en la
filosofía positiva, como lo ha intentado la metafísica anterior y
de igual manera el argumento ontológico, sino que me es necesario
dejar caer el concepto mismo, el concepto Dios, para partir del puro
y simple existente, en el que no hay nada más que el puro existir,
y ver si, comenzando por él, se puede llegar a la divinidad. No
puedo, así, hablando con propiedad, probar la existencia de Dios
(partiendo de alguna manera del concepto Dios), pero lo que me es
brindado en su lugar es el concepto de lo que existe antes de toda
potencia, de lo que existe indubitablemente. Yo lo llamo
indubitablemente existente". Luego insiste afirmando que Kant
habría pensado el existente necesario como ya Dios, en tanto que
"al comienzo de la filosofía positiva necesitamos hacer
abstracción de esto y tomarlo como el puro y simple existente;
dejamos caer el concepto de Dios porque es contradictorio poner, por
una parte, el simple existente y, por otra parte, ponerlo, sin
embargo, como ya algo, dándole un concepto [el concepto de Dios].
Pues sería necesario que el concepto precediera, y el ser fuera
necesariamente la consecuencia del concepto, no sería entonces el
ser incondicionado, o bien el concepto es la consecuencia del ser, y
así es necesario comenzar por el ser sin el concepto" (idem,
p. 190).
Lo
que Schelling plantea al dejar "caer" el concepto de Dios
es el "prius de la divinidad", el Prius previo a todo
concepto, y, por lo tanto, previo al concepto de Dios. Este Prius es
in-definible, in-conceptualizable, pues no reconoce nada previo o
distinto a sí; es sin ser, una suerte de noúmeno al que no
obstante se tiene acceso por revelación, a posteriori (el Prius
carece de a priori: si lo tuviera no sería Prius, ya que el a
priori sería un antecedente que lo determinaría). "No me es
posible partir del concepto de Dios [pues lo ha dejado caer] para
probar la existencia de Dios, pero puedo partir del concepto de puro
y simple e indubitablemente existente" (p. 185). El Prius no es
ni contingente ni necesario, porque si fuese necesario habría algo
(la necesidad) por sobre el Prius determinándolo como necesario: el
Prius estaría pre-determinado por la necesidad. Salvo que la
Necesidad (no la necesidad) fuese lo mismo que el Prius. Sin esta
aclaración el texto de Schelling puede prestarse a equívoco, ya
que a veces el Prius es "prius de la divinidad" y a veces
el Prius es lo mismo que Dios: Dios no es un calificativo del Prius.
Tampoco la necesariedad del Prius es un calificativo, pues el Prius
precede toda potencia y él mismo carece de potencia, es puro Acto.
El punto de partida es, entonces, el puro Acto o Prius: este Prius
es "puro existir" (no el existir como cualidad), vale
decir previo al existir y al ser, pero no previo al Existir y al Ser
sino igual al Existir y al Ser. Esta es la causa por la que el Prius
no puede fundarse: "no se puede llegar a él a partir de otra
cosa" (p. 187), "pues entonces esta otra cosa sería el
prius". El ser puro y simple, vale decir el Prius, "no
depende de ninguna idea". Hay que pensar en el "puro
ser" o Ser, despojado de todo, habiendo dejado caer todo,
despojado de todo quid, pero, fundamentalmente, de la idea de Dios.
Frente a ese existente que únicamente es existente (o Existente)
"la razón carece de fuerzas", "se calla",
"se inclina", "pues la razón sólo tiene relación
con la posibilidad, con la potencia" [con el sí y el no, y
nunca con el hecho absoluto, sin sí y sin no]. Se podría objetar
–sostiene Schelling– que un efecto que fuera precedente de toda
posibilidad o potencialidad es impensable, teniendo en cuenta que
"el comienzo de todo pensamiento no es él mismo un
pensamiento". Se produce una inversión generalizada: "lo
que es en todas partes el predicado aquí es el sujeto [...] La
existencia que en todos los otros aparece como accidente es aquí la
esencia. El quod está aquí en lugar del quid"; el Prius es
Idea pura, pero no es idea en el sentido de la filosofía negativa,
sino, más bien, "el ser [puro y simple] del que toda idea,
vale decir toda potencia, es excluida". Este Prius (necesidad
incondicionada del ser, soporte de todas las cosas, sin fundamento)
es aquello que, como ya recordamos, Kant llamó "abismo de la
razón": "La incondicionada necesidad que tan
indispensablemente necesitamos como sostén último de todas las
cosas, es el verdadero abismo de la razón humana. Aun la eternidad
[...] dista mucho de producir en el ánimo esa impresión de
vértigo [...] El objeto trascendental que sirve de base a los
fenómenos, y con él la causa de que nuestra sensibilidad tenga
esas condiciones en lugar de otras supremas, son y siguen siendo
para nosotros inescrutables, a pesar de que por lo demás la cosa
misma se dé, aunque sin ser comprendida" (Crítica de la
razón pura, ed. Losada, traducción de José R. Armengol, tomo II,
pp. 262-263). [La filosofía negativa no puede ir más allá de este
"abismo", pero en ese darse del que habla Kant comienza, a
posteriori, la filosofía positiva, filosofía de lo dado y del
darse; si "la cosa misma" no se revelara dándose, sería
absolutamente incognoscible: en su darse es conocida por la
filosofía positiva que, en este sentido, es un "empirismo
filosófico".] Este "abismo" o Prius Absoluto, no es
un momento (a lo Hegel) del pensamiento, sino el Ser "que es
antes de todo pensamiento" (p. 189); previamente Schelling ha
dicho que "no es porque hay un pensamiento que hay un ser sino
que hay un pensamiento porque hay un ser" (p. 187, nota c).
Pero mientras Kant llama Dios a ese "existente necesario",
Schelling suprime el concepto de Dios, en cuanto ya
"algo": no es la idea, incluso de Dios, la que determina
el Ser, pues en este caso el Ser no sería incondicionado, para a
partir de esa supresión poder comenzar "por el ser sin
concepto" (el Ser); en él la razón "no es ni puede
nada". Lo que hizo Kant no fue "rechazar esta idea (de
existente necesario y de su ausencia de fundamento)" sino
"expresar su carácter inconcebible" (el ser-infundado, el
ser porque sí): "inconcebible a priori" que la filosofía
positiva convierte a posteriori en concebible.
El
Existente infinito o Prius "es el concepto racional
inmediato" que excluye la razón. Kant sostiene, de una manera
"ingenua" según Schelling, que resulta sorprendente el
hecho de que "si se admite que algo existe, no se puede evitar
la conclusión de que algo existe también de manera
necesaria". Mas en relación con el Existente necesario no se
trata de que pueda o no pueda existir, porque entonces entraríamos
en el orden de lo posible, de lo potencial, mientras que aquí se
trata de un efecto puro, anterior a toda potencia o posibilidad: el
Prius absoluto. Dicho de otra manera: "Si sólo pudiera existir
no sería el existente necesario"; es el Existente necesario
"porque excluye toda posibilidad antecedente, porque precede
todo poder" (p. 192); ("existente necesario" quiere
decir un existente absoluto, que no es "necesario" en el
sentido de estar determinado por una necesidad superior, ya que en
este caso el Prius sería la necesidad). Carece de sentido
preguntarse qué tipo de ser puede existir necesariamente; pues así
admito que "una esencia, un quid, una posibilidad, precede al
existente necesario". El problema consiste en pasar del Prius
desprovisto de concepto al concepto, a la esencia (a Dios), "en
tanto que posterius". Y este es "un camino inverso al del
argumento ontológico", el cual transcurre totalmente en el
concepto, sin poder pasar a lo real (anterior al concepto). "El
existente necesario es anterior a Dios-concepto, no tiene fundamento
que lo preceda". Schelling destaca y diferencia los dos
caminos: para la filosofía negativa "el ser supremo, si existe
[porque la existencia no puede demostrarse, sólo se trata del modo
(necesario) de la existencia, pero únicamente si existe], sólo
puede ser el ser a priori, luego debe ser el existente necesario,
debe ser el ser que precede su concepto y por lo tanto todo
concepto" (ésta es la única verdad del argumento
ontológico... modificado según Schelling); mientras que para la
filosofía positiva "el existente necesario... es de manera no
necesaria, pero de hecho, el ser (Wesen) existe necesariamente de
manera necesaria o Dios; y esto es probado a posteriori de la manera
ya señalada diciendo que si el existente necesario es Dios,
entonces tal o cual consecuencia, a, b, c, etcétera, existen
efectivamente y por lo tanto –conclusión necesaria– el
existente necesario es efectivamente Dios" (p. 195). Se debe
tener en cuenta que cuando Schelling habla de trascendente no lo
hace en el sentido de la metafísica, sino en un sentido que engloba
lo trascendente-inmanente en un Trascendente absoluto: trascendente
en cuanto anterior al concepto, en cuanto no-concepto, o más que
concepto: la filosofía positiva pone así "el ser sin concepto
para llegar a partir de él al concepto, pone lo trascendente para
transformarlo en absolutamente inmanente", o Trascendente.
Dios, desde este punto de vista, no sería lo trascendente sino
"lo trascendente vuelto inmanente (es decir vuelto el contenido
de la razón)". El Prius que es a priori incognoscible, como
absolutamente Trascendente, que supera lo trascendente-inmanente, se
vuelve cognoscible a posteriori como inmanente=Dios; o, dicho de
otra manera, Dios es el a posteriori del Prius trascendente
manifestado, o inmanente, o Dios. De esta manera se afirma que
existe un Trascendente que está por sobre toda oposición: "La
trascendencia de la filosofía positiva es una trascendencia
absoluta" y no la trascendencia metafísica criticada por Kant.
Trascendencia metafísica equivale a "la razón que quiere por
sí misma llegar a la existencia mediante silogismos". Pero la
crítica no impide "llegar inversamente al concepto del ser (Wesen)
supremo como posterius, a partir del existente puro y simple, es
decir infinito". Así, es posible "que la razón ponga ese
puro y simple ser como absolutamente exterior a ella, por el simple
hecho de que en él no existe concepto, porque es lo opuesto a todo
concepto; pero ella lo pone así [como exterior] con miras a hacer
nuevamente de lo que está afuera y por sobre la razón el contenido
de la razón; y lo logra cuando es, a posteriori, Dios (cuando es
conocido como Dios). La razón pone el ser sin concepto para llegar
a partir de él al concepto, pone la trascendencia para
transformarla en absolutamente inmanente y para tener este inmanente
absoluto al mismo tiempo como un existente..." (p. 196). Esto
es Dios: lo trascendente vuelto el contenido de la razón
(inmanente): "el ser incomprensible a priori, porque no es
mediatizado por ningún concepto previo, se vuelve comprensible en
Dios, o es en Dios que viene a su concepto". La razón como tal
no puede "comprender o probar ningún ser actual y real",
ni tan sólo "la existencia de esta planta o de esta
piedra", porque la autoridad de los sentidos, en este caso, es
una autoridad, la que implica una fe: únicamente por la fe
"sabemos que hay cosas fuera de nosotros". Todo lo
referido a la existencia es "más que lo comprensible por la
simple naturaleza y también por la pura razón. Con la pura razón
no puedo, como he dicho, comprender la existencia de una planta
cualquiera... La razón puede, en condiciones dadas, conocer por sí
la naturaleza de esta planta, pero no su existencia real y
presente" (p. 198). Porque en cuanto pura existencia no puede
remitir a otra cosa, es, digamos, absoluta: se da, pero en cuanto
tal es inaprensible e incomprensible. Lo existente necesario no es
Dios, si se lo considera sujeto a esa necesidad: Dios es el Prius de
toda necesidad. Dios no es ser, porque no es, es Ser, y, agreguemos,
más que ser, porque supera toda categoría, toda palabra, todo
pensamiento. Tilliette afirma que "el existente necesario se
separa de todo condicionante y obliga a abandonar el concepto de
Dios y todo concepto"36. En el lenguaje de Schelling: el quod
es anterior al quid; primero es "la existencia de algo en
general", "lo que es el objeto representado, el quid,
viene sólo en segundo lugar". "El ser que precede todo
pensamiento es precisamente lo representado absoluto. Pero frente a
él, al puro quod, el pensamiento se alza inmediatamente y exige el
quid o el concepto". Este concepto ("el concepto de ese
representado absoluto", la "potentia universalis") es
a posteriori Dios, es lo anterior a toda potencia, "lo que
comprende todo ser. Él es significa que: para aquello que es no ser
(mè ón), pura omniposibilidad, él es causa del ser (aitía toû
eînai) en cuanto es Él quien lo es. En este ser-el-ser [...]
consiste su eterna divinidad; es por eso que se vuelve cognoscible.
Pues para sí el Uno es desconocido, no hay concepto por el que se
lo podría designar, sino sólo un nombre –de ahí la importancia
del nombre–, que es Él-mismo, el Único, el que no tiene
semejante"37. Este Uno, el que, el Dios-sin-concepto, es el
Absoluto-Absoluto, no un absoluto vacío sino que implica a
posteriori el absoluto de las determinaciones y de las potencias
in-determinadas.
Al
término de la "Introducción" de Berlín (primera parte
de la Filosofía de la revelación) que hemos analizado, Schelling
repite que "llevar ese concepto a la intuición es la tarea de
la filosofía positiva segura de su comienzo". ¿Pero de qué
"concepto" se trata? Del Uno desconocido, del Espíritu
Absoluto o del Dios que debe ser llevado a la intuición: se debe
pasar de la idea-concepto a la realidad, del Dios
"lógico" al Dios vivo, y esto sólo puede lograrse
mediante una filosofía (positiva) de la donación de lo que es;
filosofía "empírica" en un sentido original que pone lo
dado como punto de proyección al Absoluto-Dios revelado, y por
revelado, en su donación, cognoscible. Schelling trata de penetrar
en el "misterio" (en el sentido de maravillamiento, de
estupor, de "abismo de la razón") del Espíritu-Absoluto-Prius-Dios,
a través de su manifestación, de su revelación, y lo revelado es
todo. Se trata de penetrar en Dios, en cuanto Prius y no en cuanto
concepto, siguiendo el camino de lo dado que lleva al Dador. El
estudio de lo dado es el camino al arcano de Dios. Dios sólo es
accesible a través de sus infinitas y libres
"creaciones": en última instancia las obras hablan, son
las huellas, las formalizaciones, de Dios. Éste es "el páthos
de la realidad" de la filosofía positiva: "El milagro del
Hecho, la presencia prodigiosa, milagrosa, del Hecho, y la
veneración que él impone"38.
En
Schelling hay cierta ambigüedad en el uso de sus conceptos
fundamentales. En su nivel más elevado se trata de conceptos que
pueden intercambiarse entre sí y que, a la vez, pueden subsumirse
en el concepto de Prius, que se expresa también como Espíritu
Perfecto, Ser necesario, meramente existente, Dios. Para Tilliette,
por ejemplo, el Espíritu Perfecto, Absoluto, es "la realidad
antes de toda realidad, el comienzo antes de todo comienzo"39;
es "el actus purissimus, sin tensión, el ser divino
originario, el pneûma, la eterna teogonía, el puro río sin dique
de la vida divina, el relámpago y la instantaneidad del Todo, el
círculo mágico en el cual el comienzo, el medio y el fin, son
simultáneos. Este acto puro es un fuego devorante; consume todo lo
que estaba fuera [...] El Espíritu perfecto es viviente, con una
vida secreta, intensa y ardiente. Es libre, en el sentido de que es
intocable, de que no está sujeto a ninguna de sus formas, y de que
es inmutable en su naturaleza, cualquiera que sea. Así Schelling
piensa haber asegurado y demostrado que el primer término de la
alternativa: Dios puede no ser (como ser real y manifiesto [no como
Dios-Absoluto o Prius]), nada lo obliga a ser. Pero tampoco nada le
impide manifestarse, revelar su vida y su libertad. La creación es
esta revelación del Espíritu viviente y libre. ¿Cómo se lo puede
representar? Ese momento infinitamente misterioso es la posibilidad
de la creación, la aparición de la Creación posible; y como la
pura y absoluta realidad divina antecede toda posibilidad, no existe
ninguna manera de concebir a priori la creación": la creación
es esto, el hay, absoluto, incuestionable. Para F. Tomatis, por su
parte, el Espíritu Perfecto, Absoluto, es el que es sin potencia,
como puro acto: concepto sin concepto, "que de la
realidad"40, Prius, que sólo es accesible posteriormente: del
Prius se sabe que es, pero no qué es. La filosofía como tal, o
negativa, se topa con este Prius y se llena de estupor, un
"estupor" que constituye la base del "salto" a
la filosofía de la revelación (filosofía positiva): "sólo
por medio de testimonios [la revelación] que constantemente
aumentan con la experiencia histórico-religiosa, [la filosofía
positiva] prueba la divinidad del Prius absoluto"41 (así el
Prius absoluto deviene igual a Dios absoluto). El Prius
imprepensable e inmemorial puede ser pensado porque hubo
potencia-de-ser que pasó al acto, pero el Prius en cuanto tal no
tiene potencia, es acto-puro; si hay ser hay Prius de ese ser y ese
Prius en sí mismo no tiene ser, es Ser. Hay, digamos, un Prius
absoluto del que no puede decirse nada, es impensable, inmemorial e
inabarcable, precede todo, no tiene cualidades, y en primer lugar no
tiene la cualidad de ser, ni la del bien, ni la de la libertad, ni
la de la necesariedad, porque el Prius, o Dios, o Existente
Absoluto, o Espíritu perfecto, es Ser-Libre-Necesario, de manera,
digamos, ontológica, y no como cualidades. Este Prius, que
Schelling llama, entre otros nombres, puro y simple ser, o existente
necesario, no es el "Dios" ideal de la filosofía y del
concepto, es lo previo a ese "Dios" que es
manifestación-revelación del Prius: "Dios" es lo
manifiesto-revelado del Prius-Absoluto-Dios, pero en este Prius-Dios
hay un Prius-Dios infinita y eternamente inalcanzable. A su vez este
Prius-Dios absoluto es indemostrable: "En la filosofía
racional [la última filosofía de Schelling] el acto, el hecho, la
existencia [...] son imprevisibles, y, por el momento,
inescrutables; la única operación lícita es considerar el acto,
convertir el hecho en hipótesis y así ir más lejos"42. No
creo que, tal como sostiene Tomatis, la revelación sea una prueba
de la existencia de Dios: "Sólo a través de la revelación es
posible probar la existencia de Dios"43. Si a esto (lo que hay)
lo llamamos Dios, cualquier prueba se vuelve superflua, porque no
existe nada que esté por sobre el esto para probarlo, porque el
esto Es (lo Absoluto): es una evidencia absoluta, el hecho absoluto,
sin anterioridad, imprepensable, inmemorial, y no una
"prueba". Hay un hay-absoluto que es revelación, o, lo
que llamamos revelación es el esto. Este esto carece de Prius, es
Prius, acto puro sin fundamento y sin necesariedad, previo al
concepto de "Dios" y al de "Ser", lo sin nombre,
o, en última instancia, el Prius-Prius o el Dios-Dios, lo que tal
vez podría llamarse Padre (el "Señor del ser"), lo
Ignoto eterno, pero que es requerido, al menos como post-pensamiento
o imagen, a partir del puro y simple hay, lo que Schelling llamó el
"simple existente".
Referencias
l.
San Anselmo, Proslogion, editorial Aguilar, traducción de Manuel
Fuentes Benot (incluye el texto de Gaunilone, "En favor del
insensato", y la "Respuesta" de San Anselmo).
2.
Idem, capítulo II y XV.
3.
Pierre Boutang, Ontologie du secret, P.U.F., París, 1988, pp. 452 y
ss.
4.
Francesco Tomatis, L’ argomento ontologico. L’existenza di Dio
da Anselmo a Schelling, Città Nuova, Roma, 1997, p. 24.
5.
Idem, p. 53.
6.
Idem, p. 57.
7.
Vicenzo Vitiello, Cristianesimo senza redenzione, Laterza, Bari,
1995.
8.
E. Kant, Crítica de la razón pura, Losada, Buenos Aires, 1979,
traducción de José Rovira Armengol, tomo II, p. 235.
9.
Idem, p. 254.
10.
V. Vitiello, cit., pp. 20, 22, 23.
11.
Descartes, Meditaciones metafísicas, Aguilar, Argentina, 1970,
traducción de Juan Gil Fernándes, p. 76.
12.
Idem, p. 96.
13.
V. Vitiello, cit., p. 12.
14.
Idem, pp. 19-20.
15.
F. Tomatis, cit., p. 119.
16.
Idem, p. 152.
17.
Idem, p. 154.
18.
Xavier Tilliette, L’ Absolu et la philosophie, P.U.F., París,
1987, p. 163.
19.
F. W. J. Schelling, Cartas sobre dogmatismo y criticismo, Tecnos,
Madrid, traducción de Virginia Careaga. Utilizo también la
traducción de Jean-François Courtine, en Premiers écrits, P.U.F.,
París, 1987, p. 179.
20.
Idem, p. 292.
21.
F.W.J. Schelling, Oeuvres métaphysiques, Gallimard, París, 1980,
traducción de J.-F. Courtine y Emmanuel Martineau, p. 205.
22.
F. W. J. Schelling, Philosophie de la Révélation, P.U.F., París,
1989, traducción de J.-F. Marquet y J.-F. Courtine, Libro 1, p.
155.
23.
J.-F. Courtine, Extase de la Raison. Essais sur Schelling, Galilée,
París, 1990, p. 295.
24.
Idem, p. 296.
25.
Idem, p. 298.
26.
Idem, p. 301.
27.
Idem, p. 304.
28.
Todas las citas en idem.
29.
Kant, cit., tomo II, p. 262.
30.
X. Tilliette, cit., p. 164.
31.
F. W. J. Schelling, Le etá del mondo, Guida editori, Napoli, 1991.
32.
X. Tilliette, cit., p. 168.
33.
Idem, p. 169.
34.
Idem, p. 172.
35.
Idem, p. 177.
36.
X. Tilliette, Schelling. Une philosophie en devenir, Vrin, París,
1970, tomo II.
37.
F. W. J. Schelling, Philosophie de la Révélation, cit., p. 200.
38.
X. Tilliette, cit., tomo II, p. lll.
39.
Idem, p. 375.
40.
F. Tomatis, cit., p. 147.
41.
Idem, p. 153.
42.
X. Tilliette, cit., p. 320.
43.
Cit., p. 154.
II.
"Intuición intelectual" y "éxtasis"
1.
El concepto de "intuición intelectual" en Hölderlin
E.
Cassirer, así como W. Böhm y L. Strauss, han señalado la
importancia que, para la génesis del idealismo alemán, y
particularmente para el itinerario filosófico del propio Schelling,
tuvieron las conversaciones que éste mantuvo con Hölderlin en el
momento de su regreso a Jena en el otoño de 17951. Para comprender
la relación de Hölderlin con el idealismo alemán son
fundamentales los trabajos de Otto Pöggeler, realizados desde la
perspectiva del pensamiento hegeliano, los de Beda Allemann y los de
Heidegger. Éste, en el seminario de Le Thor, sostuvo que Hölderlin,
en sus conversaciones con Hegel, y a pesar de "las apariencias
dialécticas que pueden presentar sus ensayos", ya había
"atravesado y roto el idealismo especulativo, en tanto que
Hegel estaba en camino de constituirlo"2. Para todos estos
autores es incuestionable el papel de Hölderlin en el origen del
idealismo y en la crítica a aspectos fundamentales del mismo
(habrían sido decisivas al respecto las conversaciones mantenidas
con Schelling, no sólo en Jena sino también en Tübingen y en
Francfort, y la relación con Hegel durante el período de
Hamburgo-Francfort). Para J.-F. Courtine, por su parte, la crítica
hölderliana desempeñó un papel esencial en el debate que mantuvo
Schelling con Fichte (debate que hasta la ruptura de 1802 se mantuvo
sordo y casi secreto) y contribuyó significativamente "a
conducir a Schelling hasta el centro de su propio pensamiento".
Durante este período los tres amigos del Stift estaban concentrados
fundamentalmente en el estudio de Kant, de Fichte (quien consideraba
a Schelling su fiel "intérprete y comentarista") y de los
griegos. En lo que se refiere a Hölderlin esto es confirmado por
las cartas dirigidas a su hermano, a Breulin y a Hegel. A este
último le dice que su "única lectura por el momento es Kant y
los griegos"3. J.-F. Courtine sostiene que Hölderlin fue el
primero de los tres amigos "que penetró a fondo y en toda su
amplitud el proyecto fichteano". Finalmente, en 1796, Schelling
ya había publicado Del Yo y las Cartas sobre el dogmatisno y el
criticismo, se produjeron sus conversaciones con Hölderlin, en las
que éste le habría expuesto sus decisivas críticas a Fichte y,
por extensión, al libro en gran medida fichteano del propio
Schelling. Es a estas conversaciones a las que hace referencia
Hölderlin cuando en una de sus cartas le comenta a Niethammer que
"ahora Schelling se desdice un poco de sus primeras
convicciones"4.
Para
Fichte el Yo se pone como sujeto absoluto: "Tal como él se
pone, él es; y como él es él se pone; y el Yo es, en
consecuencia, absolutamente necesario para el Yo. Lo que no es para
sí mismo no es un Yo". Se produce aquí una reducción del ser
a la posición, al ser-puesto, y es "esta reducción la que
Hölderlin –sostiene J.-F. Courtine– trata de sacar a luz".
En la Grundlage Fichte dice que "la posición del Yo por sí
mismo es la pura actividad del mismo. El Yo se pone a sí mismo, y
es en virtud de su ser puro. Él es al mismo tiempo el que actúa y
lo que es producido por la actividad". Pero el Yo no es un
sujeto que actúa (como si el yo y la actividad estuvieran
separados) sino que es acción, y, en este sentido, es absoluto.
Hölderlin criticará este Yo puro, absoluto y autosuficiente,
poniendo el acento "en la finitud radical de la conciencia de
sí". Exposición crítica: si el Yo es absoluto no puede haber
fuera de sí ningún objeto, ya que en tal caso no sería absoluto;
y, a su vez, una conciencia sin objeto es inconcebible; en el
Yo-Absoluto es imposible que haya conciencia, porque la conciencia
implica escisión entre la conciencia y aquello de lo que la
conciencia es conciencia, y sin conciencia yo no soy nada; luego el
Yo absoluto es nada: no hay conciencia sin objeto y sin conciencia
no hay nada. J.-F Courtine lo confirma diciendo que "en la
posición de sí por sí, en la posición de sí mismo como
poniéndose, el Yo ya ha abandonado su pretendida absolutez, aunque
más no sea para poder surgir y aparecer a sí mismo como objeto de
una reflexión sobre sí"5. Como absoluto el Yo no podría
auto-ponerse, exteriorizarse (¿en qué y cómo se exteriorizaría
si, por definición, ya es todo?), y, por lo tanto, no podría ser
para-sí. La exteriorización-exposición del Yo implica un no-Yo
que descalifica la posibilidad de un Yo-Absoluto. En esta
perspectiva es importante la carta que Hölderlin le dirigió a
Hegel el 26 de enero de 1875, donde, refiriéndose a Fichte, dice
que "su Yo absoluto (=la substancia de Spinoza) contiene toda
realidad: él es todo y fuera de él no hay nada; por lo tanto no
hay ningún objeto para este Yo absoluto, pues de lo contrario no
encerraría toda realidad; pero una conciencia sin objeto es
impensable, y si resulta que yo mismo soy ese objeto, estoy como tal
necesariamente limitado, aunque sólo sea en el tiempo, y de esta
manera no soy absoluto; por lo tanto no es pensable ningún tipo de
conciencia en el Yo absoluto; como Yo absoluto no tengo ninguna
conciencia, y en la medida en que no tengo ninguna conciencia no soy
nada (para mí), y por lo tanto el Yo absoluto no es nada (para
sí)"6. Es imposible, así, pensar lo Absoluto según "la
estructura de la egoidad, es decir, de la reflexión"7. Lo que
Hölderlin pone en discusión es la posición del Yo como fundamento
absoluto de toda realidad, por cuanto "la posición del Yo por
sí mismo sólo puede producirse en el espacio previamente abierto
de una o-posición... en la copertenencia original y en la
reciprocidad de la presencia del Yo y la del mundo"8. La
prosecución de este pensamiento lo enfrentará tanto a Fichte como
a Schelling y Hegel. En su breve texto "Juicio y ser" dice
que "Ser expresa la ligazón del sujeto y del objeto. Allí
donde sujeto y objeto están unidos pura y simplemente, no sólo en
parte, allí donde, por lo tanto, están unidos de modo que
absolutamente ninguna partición puede ser efectuada sin abandonar
la esencia de aquello que debe ser separado, allí y en ninguna otra
parte puede hablarse de un ser pura y simplemente, como ocurre en el
caso de la intuición intelectual". Y agrega: "Pero este
ser no puede ser confundido con la identidad [referencia a Schelling].
Cuando digo ‘Yo soy Yo’ entonces el sujeto (Yo) y el objeto (Yo)
no están unidos de tal manera que ninguna separación puede ser
efectuada sin abandonar la esencia de aquello que debe ser separado;
por el contrario, el yo sólo es posible mediante esta separación
del yo frente al yo. ¿Cómo puedo decir ‘¡Yo!’ sin conciencia
de mí mismo?, ¿pero cómo es posible la conciencia de mí mismo?;
es posible porque yo me pongo enfrente, frente a mí mismo, me
separo de mí mismo y, pese a esta separación, en lo puesto
enfrente me reconozco como lo mismo [...] por lo tanto la identidad
no es = al ser absoluto"9. No se trata sólo de la crítica al
Yo y a la Identidad como absolutos, sino, esencialmente, de la
crítica a la idea-de-absoluto como tal, y en esta crítica radica
la superación hölderlineana del idealismo: todo absoluto –ya se
trate del Yo, de la identidad Yo-naturaleza, del Ser o de Dios–
implica una determinación de lo indeterminado e indeterminable. En
la carta del 24 de diciembre de 1798 le dice a Sinclair que "es
bueno, y hasta constituye la condición de toda vida y
organización, que no haya ninguna fuerza monárquica en el cielo ni
sobre la tierra", y más adelante, refiriéndose a la relación
entre lo singular y el todo, agrega: "cómo sólo ambos
constituyen un todo vivo que se va individualizando más y más y
que consta de un gran número de partes independientes, pero
también eternamente unidas"10. En su análisis Hölderlin
retrocede hasta encontrar el puro y simple Ser, anterior "a
toda posición, a toda oposición y a toda síntesis"; ser que
no puede convertirse "en objeto de conocimiento en el horizonte
de la subjetividad, y que no se deja deducir ni fundar por la
reflexividad del Yo mismo"; "El ser en su simplicidad es
el que abre el espacio de toda posibilidad de relación de un sujeto
con un objeto, es decir, también, de toda posibilidad de
autoposición de la egoidad, no pudiendo darse ésta sino en el
interior de este espacio. Por consiguiente, la única posibilidad de
acceder a este ser, en tanto que unidad trans-reflexiva, es la
abertura correlativa del espíritu que responde a la abertura del
horizonte ontológico: a tal abertura Hölderlin la llama intuición
intelectual"11. Pero la unidad-absoluta-del-ser, la única
unidad no mediada, "no debe confundirse con la unidad-identidad
del Yo, que se define esencialmente por la conciencia de
sí"12. En consecuencia el Ser no puede ser objeto de
conocimiento, por ser él el que funda toda posible relación de
sujeto-objeto. La sola posibilidad de acceder a ese ser (que a su
vez no puede tener ser) es realizando un salto: el de la intuición
intelectual, que efectúa la "íntima unidad de sujeto y
objeto". Se trata de un todo-previo absoluto (que más tarde
Schelling llamará Prius) del que el sujeto y el objeto constituyen
la "partición originaria". Es clara aquí la polémica
con Fichte: Yo-soy-Yo es posterior, es la consecuencia de la
partición o de la escisión originaria. Cabe preguntarse: ¿qué es
lo que intuye la intuición intelectual? Intuye "la
unidad", "lo originalmente uno", eso (el Ser-Ser) in-prepensable,
lo previo a todo, la disponibilidad absoluta, lo sin concepto y sin
razón. En el ensayo que lleva por título "Sobre la
distinción de los géneros poéticos", Hölderlin analiza la
tragedia griega y sostiene que en ella se experimenta la
intuición-intelectual-estética como unidad-que-une; dice que en el
fondo del poema trágico se produce "una intuición intelectual
que no puede ser otra que la unidad con todo lo que vive"13, y
agrega que es en la extrema separación y particularización donde
se produce el salto a lo absoluto ("salto" en el sentido
de que se pasa sobre la determinación reflexivo-conceptual): hay
una desmesura que posibilita la manifestación del Uno-Todo, de la
Unidad-Absoluta; la extrema particularidad del espíritu en su
culminación se suprime para dar lugar a una "nueva unitariedad",
y para esto el espíritu debe salir de sí abriéndose a la
manifestación "religiosa" del Ser (del Uno-Todo) [Schelling,
a su vez, dirá que "nuestra más alta aspiración es la
destrucción de nuestra personalidad, el paso a la esfera absoluta
del ser"]. J.-F. Courtine sintetiza este movimiento de la
siguiente forma: "El todo –la uni-totalidad– sólo se
siente en sus partes; el todo sólo se siente en la medida en que
las partes se sienten excesivamente, patéticamente, es decir cuando
saltan por sobre su unidad parcial, ligada a todas las otras partes
y al centro, y esto hasta exponerse a la Vereinzelung, a la
desolación, a la soledad absoluta. En dicha parte aparece el todo,
el todo (partible) se pone en escena al precio de relevar la parte
en tanto que parte determinada, parte que se asume como todo (en el
momento, en el paso), en lugar del todo"14. El hombre (la
conciencia, el espíritu), en su máximo estado de intensidad, sale
de sí exponiéndose al ser-todo. Para Hölderlin, en la
"intuición intelectual" se devela, en cuanto toma de
conciencia, eso, la uni-totalidad, ya que se trata de un paso a lo
que ya está, porque en caso contrario no podría estar nunca. El
éxtasis, entendido como salir-de-sí, es el único medio para
acceder, a través de una intuición no sensible sino
espiritual-intelectual, a eso que Hölderlin llama lo
"divino": "cuando surge lo divino", le dice a su
hermano en una carta del 28 de noviembre de 179815. Es en la
tragedia, por otra parte, donde Dios se muestra en su
"inmediatez insostenible". La tragedia es el lugar de la
revelación de Dios, el lugar donde se produce el acceso a la Unidad
Absoluta que exige la apertura (lo aórgico) para su develamiento:
"La divinidad se encuentra entre nosotros", dice en la
misma carta, pero sólo en nuestro excedernos se realiza a sí
misma. En este sentido Schelling llamará a "trabajar en
nuestro propio aniquilamiento", ubicándose así en la pobreza
de sí, en el no-saber y la docta ignorancia, que son los elementos
constitutivos de toda experiencia mística. Se puede afirmar, en
resumen, que Hölderlin superó el concepto de Absoluto en tanto Yo
y No-Yo, e incluso el Yo-Absoluto (del último Fichte) entendido
como unidad del yo y del no-yo en la naturaleza (principio de
identidad de Schelling), al criticar la idea de Absoluto en cuanto
tal (idea a la que, como vimos, calificó de "monárquica"
porque somete a la particularidad del yo, investida como absoluto,
la totalidad de lo que es, incluso al Prius de todo ser). Mientras
el idealismo alemán afirmaba un yo que al ponerse como Yo pone el
No-Yo, Hölderlin entendía el Absoluto como despojo del concepto,
como más-que-concepto, o como excedente del concepto, justificando
así, al mismo tiempo que lo requería, el abandono del concepto y
el "aniquilamiento" subjetivo. Simultáneamente planteaba
la necesidad de la intuición intelectual-espiritual como la única
forma posible de acceso al Absoluto a través de la revelación del
Absoluto: movimiento global que implica, por parte del sujeto, la
supresión, y por parte del Absoluto, la revelación.
2.
La "intuición intelectual" en los primeros trabajos
filosóficos de Schelling
a.
Sobre la posibilidad de una forma de la filosofía en general
(1794). En su primer libro Schelling busca encontrar el fundamento
último de la filosofía. Para ello, dice, se necesita un
"principio incondicionado" o absoluto que sea a su vez la
condición de toda realidad y de toda "forma" en general.
El Absoluto no puede estar condicionado, pues en tal caso no sería
absoluto, y lo que condiciona el absoluto sería el verdadero
absoluto. Lo absoluto sólo puede darse por sí mismo y a sí mismo;
si fuera dado por algo o alguien a algo o a alguien, no sería
absoluto: reconocería así que algo o alguien es distinto a sí, y
esto resulta contradictorio. Dice que "hay un absoluto por la
simple razón de que un absoluto (A=A) es dado"16; digamos que
es dado por sí a sí como autoconciencia; el absoluto se pone como
conciencia en sí y no en otro, no en una conciencia fuera del
absoluto. Schelling busca escapar al "círculo mágico"
(al hecho de que toda forma, incluso la más general e
incondicionada, implica un contenido, es forma-de algo) sosteniendo
que "la proposición de fondo más elevada expresa no sólo la
totalidad del contenido y la forma de la filosofía, sino, más
aún, ella se da a sí misma y precisamente así se da su propio
contenido y su propia forma"17. La proposición es el contenido
y la forma de la proposición que se da como sí misma a sí misma:
podríamos decir Absoluto-Absoluto, o Identidad absoluta. Lo
"incondicionado" es el Yo, que se pone a sí y de esta
manera es tanto lo que pone como lo puesto. La forma funda el
contenido y el contenido funda la forma, "de manera tal que la
forma no puede ser dada sino por el Yo y el Yo no puede ser dado
sino por la forma". Este "círculo" es la evidencia
de "la proposición más elevada". Schelling establece
aquí una distinción esencial para la comprensión de la primera
etapa de su filosofía: la distinción entre Yo-Absoluto, Yo y
No-Yo, y las relaciones que los vinculan. El Yo-Absoluto no puede,
sin dejar de ser absoluto, poner otro Yo-Absoluto, en otras
palabras, no puede haber dos Yo-Absolutos. Pero al ponerse el
Yo-Absoluto como Yo, pone, en ese mismo acto, el No-Yo18. Si el
Yo-Absoluto pone un Yo, de hecho todo lo que ese Yo no incluye es
No-Yo, y entre ambos tiene que existir un tercer término (en
realidad un cuarto, si se tienen en cuenta el Yo-Absoluto, el Yo, y
el No-Yo) condicionado tanto por el Yo como por el No-Yo, y este
término es la representación: "Pero el Yo, el No-Yo y la
representación, sólo son posibles por la conciencia, y en
consecuencia ésta debe ser el principio de toda filosofía [...] El
Yo, el No-Yo y la representación son dados (de manera subjetiva)
por la representación, y esta última sólo es dada por la
conciencia."19. Schelling reconoce que todos los filósofos han
buscado esta "proposición sin fondo"20. Leibniz sostuvo
que "la proposición más elevada (en la que está contenida la
unidad absoluta) es la proposición Yo=Yo. Descartes no quería
decir otra cosa con el Cogito, ergo sum, sino que la forma
originaria de toda filosofía es la del ser-puesto incondicionado...
su proposición fundamental enunciaba que sólo lo que es dado por
el Yo es verdadero"; lo mismo habría sucedido con la Crítica
de la razón pura y con la Doctrina de la ciencia, las que sólo se
relacionan con "lo que es dado por el Yo". El fundamento
es el Yo=Yo. Por su parte Spinoza elevó "desde su Yo hasta el
nivel de un concepto inclusivo de toda posibilidad, algo totalmente
diferente e independiente del Yo" (aquí se encuentra el
comienzo de la larga y compleja relación de Schelling con Spinoza).
Respecto a Kant se pregunta: "¿De dónde proviene la
distinción entre los juicios analíticos y sintéticos? ¿Dónde
está el principio en el que se funda esta forma originaria?"
El principio más alto, que funda los juicios analíticos y
sintéticos, a los que Kant consideraba la "forma originaria de
todo pensamiento", tiene tres formas: l) la forma
incondicionada (forma analítica); 2) la forma condicionada (forma
sintética); y, 3), la forma que concilia, o "forma de
ligazón" de las formas anteriores, que no fue analizada por
Kant. J.-F. Courtine señala que "salvo algunas excepciones, en
su época nadie advirtió la originalidad de la inflexión
metafísica esencial que domina estas líneas, ni tampoco la
apertura de un nuevo camino". A Schelling le sorprende el hecho
de que Kant no advirtiese que "todas estas formas, que él
ordena siguiendo cuatro momentos, tienen algo de común entre
sí"21: todas apuntan hacia "una forma originaria en la
que dichas formas se juntan compartiendo lo que tienen de
común". La proposición de fondo, incondicionada, que Kant
señala sin expresar, es Yo=Yo, es decir la proposición fichteana
por excelencia. A esta proposición Kant la enuncia, no
expresamente, como principio analítico o de identidad: "La
lengua filosófica –dice– debe retomar la palabra idéntico para
las proposiciones que Kant llama analíticas", y reservar para
las que expresan un ser condicionado la de "sintéticas".
Lo que Kant no hace es establecer "la forma originaria como
principio de las otras formas"22, sino que la coloca "en
medio de las otras formas"; más precisamente aún: "la
forma categórica no es sino la forma del ser puesto incondicionado,
forma que es dada por la más elevada de todas las proposiciones de
fondo y que en general sólo concierne a la manera en que un
predicado es puesto (poco importa cual sea). Esta forma se encuentra
así colocada igualmente bajo la ley del ser-puesto
incondicionado". Según Xavier Tilliette, y en esto concuerda
con Schröter y otros intérpretes, "Schelling en sus comienzos
sólo depende de Fichte en apariencia", ya que "el resorte
de Über die Möglichkeit... a saber la exigencia de unificación,
el impulso metafísico hacia la unidad sin distinción, persiste
hasta el fin de la carrera de Schelling, cuyos cambios apuntan a
consolidar lógicamente la Urform de todo conocimiento"23.
b.
Del Yo como principio de la filosofía o sobre lo incondicionado en
el saber humano (1795). "La esencia del hombre consiste en la
absoluta libertad, el hombre no es una cosa, una res, y, en su ser
verdadero, no es de ninguna manera un objeto"24. "Es
necesario que exista un punto último de realidad, del que todo
dependa [...] Debe haber algo en lo cual y por lo cual todo lo que
es llegue a la existencia"25. "Desde el momento en que, en
general, conocemos algo, nos es necesario también conocer algo a lo
que no accedemos gracias a otro saber y que incluso contiene el
fundamento real de todo nuestro saber". Ésta es la búsqueda
fundamental de Schelling: un principio absoluto ("lo Más
Alto"), que no puede remitir a nada distinto a sí que lo
funde. Necesariamente ha de buscarse "lo incondicionado en un
objeto absoluto, que no es género, ni especie, ni individuo":
pues si lo planteamos como objeto, como cosa o como saber, le será
imposible ser incondicionado (dice: "para saber algo de un
objeto, es necesario primero saber algo [aliquid]"). De allí
que la tarea consista en "encontrar lo que no puede ser
absolutamente puesto a título de cosa"26. Esto es el
Yo-Absoluto, la no-cosa esencial, ya que para ser Absoluto tiene que
preceder "todo pensamiento y toda representación":
"Él es pura y simplemente porque es"; sin posibilidad de
demostración27. El Absoluto, el Yo-Absoluto, no puede ser objeto,
no puede ser comprendido ni demostrado. Sólo una intuición puede
fijar el Yo (absoluto); y es el Yo quien se pone a sí como
incondicionado. Por otra parte ninguna proposición condicionada
puede "conducir" al Yo-Absoluto. Resulta imposible una
demostración objetiva de la incondicionalidad del absoluto, ya que
toda demostración presupone algo condicionado. El Yo-Absoluto de
Schelling debe distinguirse (y ésta sería una decisiva
consecuencia de sus conversaciones con Hölderlin) tanto del
dogmatismo como del criticismo (en el primero domina un No-Yo que
condiciona al Yo, y en el segundo un Yo que condiciona al No-Yo),
tanto del Yo como del No-Yo, en cuanto el Yo-Absoluto es sin nada
más. Spinoza, sin demostrarlo, pone lo incondicionado en el No-Yo,
sin que ninguno de los "dogmáticos" haya demostrado que
"un No-Yo pueda procurarse a sí mismo realidad, ni conservar
una significación fuera de su pura y simple oposición a un
Yo-absoluto"28. Este Yo-Absoluto, más allá del Yo y del
No-Yo, "no es ni fenómeno ni cosa en sí, porque no es de
ninguna manera una cosa, sino pura y simplemente Yo, un Yo que
excluye todo No-Yo"; es decir el punto último "del que
depende todo nuestro saber y toda la serie de lo condicionado, debe
necesariamente a su vez no estar condicionado por nada"29. El
Yo "no es absolutamente nada" (más adelante dirá que en
cuanto Es, no es). El yo-Absoluto, o el Absoluto, "es solamente
porque es": no existe nada fuera o más allá de él que le dé
el ser y explique por qué es. En la carta a Hegel del 4 de febrero
de 179530 le dice que "para Spinoza el mundo (el objeto, en
oposición al sujeto) era todo [...]. Mientras que para mí el
principio más elevado de toda filosofía es el Yo puro, absoluto,
es decir el Yo en la medida en que no está determinado por objetos,
sino que es puesto por la libertad". El Yo-Absoluto al ser
libertad no es algo libre sino libertad no sometida a nada previo
que la determinaría: la libertad es libertad, y no hay nada que sea
libre, como si la libertad pudiera ser el predicado de algo. El
Yo-Absoluto "excluiría todo lo que es o-puesto sin
oponérsele: pondría absolutamente todo como pura y simplemente
igual a sí, dicho de otra manera, al poner no pondría nada
distinto a su propia realidad"31: ¿cómo oponer algo a lo
Absoluto sin que éste deje de serlo?; el Yo empírico y el No-Yo
pertenecen en igual grado al Yo-Absoluto que los pone poniéndose.
El Yo-Absoluto no es objeto y tampoco puede ser
"concepto", por eso "es sólo a través de una
intuición que el yo puede ser determinado [...] No es a través de
una intuición sensible que se lo puede determinar, sino únicamente
a través de una intuición intelectual" (yo subrayo): "El
Yo es así determinado por sí mismo en la intuición intelectual
como Yo puro y simple". A la inversa de la intuición sensible
"la intuición intelectual sólo es posible porque no tiene
ningún objeto"; diríamos, entonces, que es intuición de nada
(de nada-de-objeto, de nada-de-ser). En la mencionada carta a Hegel
le dice que el mundo trascendente es el Yo-Absoluto, pero agrega que
"Dios no es otro que el Yo absoluto, el Yo en cuanto él
destruye todo lo que es teórico, y así la filosofía teórica es,
en consecuencia, igual a 0", por consiguiente, prosigue,
"para Dios, vale decir para el Yo-Absoluto, no existen objetos,
pues en tal caso dejaría de ser absoluto, por lo que, en
consecuencia, no existe Dios personal, y nuestra más alta
aspiración es la destrucción de nuestra personalidad, el paso a la
esfera absoluta del ser." En Schelling se desarrolla una doble
dialéctica: una de carácter fichteano, y otra, como en una suerte
de contrapartida (a la que muy tarde comprendería Fichte), de
carácter spinozista. De éste dirá que su "más bajo grado de
conocimiento es, a sus ojos, la simple imaginación de las cosas
singulares, y el más alto la pura intuición intelectual (yo
subrayo) de los atributos infinitos de la substancia absoluta, así
como el conocimiento adecuado de la esencia de las cosas que de esto
resulta. Este es el punto culminante de su sistema"32.
Schelling, en este punto, hace suya la siguiente observación de
Jacobi: "El supremo mérito del filósofo no consiste en
exponer conceptos abstractos y fundar en ellos sistemas. Su fin
último es el puro ser absoluto; su mayor mérito es develar y
revelar aquello que nunca se deja reducir a conceptos [...] en otras
palabras lo indisoluble, lo inmediato, lo simple"33.
"Aquí tocamos el límite de todo saber, más allá del cual
desaparecen toda realidad, todo pensamiento y toda representación.
Todo está en el Yo y para el Yo. El Yo mismo es sólo para
sí". Al nombrar Dios al Yo-Absoluto el pensamiento de
Schelling adquiere una tonalidad que nos conducirá al sentido
último de la intuición intelectual, la que apunta, esencialmente,
a Dios, dejando por ahora en suspenso el significado de la palabra
"Dios".
Si
todo es Yo-Absoluto (Dios), entonces se vuelve necesario "que
el Yo ponga a todas las cosas en sí, es decir que las ponga iguales
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