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La
naturaleza exuberante, morada de la biodiversidad
de plantas y animales. Materia viva y sacra para
las culturas arcaicas. Naturaleza que entabla
un enigmático vínculo con el hombre tal como lo
destaca el ensayo de índole filosófica que
constituye este momento de Geografía sagrada en
Temakel.
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Ricardo Pobierzym,
filósofo argentino, nos presenta aquí una sagaz meditación
en torno al misterioso vínculo entre el hombre y la naturaleza.
Para desplegar su tesis principal, Pobierzym explora las
discursividades de pensadores como Nietzsche y Heidegger,
de poetas como Thoreau y Wordsworth, o de biólogos
como Sheldrake y von Uexküll. Uno de los centros
de gravedad del ensayo se sitúa en la crítica a la desvalorización
del hombre moderno respecto a lo animal. Lo cual evidencia
el emplazamiento egocéntrico del sujeto de la modernidad.
Y esto porque, según el decir del autor, "
en la indiscriminada persecución a la diferencia (animal,
aunque también cultural) se fueron constituyendo nuestras
sociedades. Las mismas, con todo su bagaje de ciencia y
técnica, no son más que la patentización de las razones
ego-céntricas, es decir; de un mundo unidimensional
configurado por el homo faber como animal excluyente".
EL
ENIGMA DEL VÍNCULO ENTRE EL HOMBRE Y LA NATURALEZA
Por Ricardo
Pobierzym
En el transcurso
de los siglos
XIX y XX ha acontecido una seguidilla de peculiares e insólitos
sucesos. Entre ellos, la muerte de Dios proclamada por Nietzsche,
no solamente ha puesto en jaque a toda posibilidad de esbozar
una nueva deidad de índole metafísica sino que ha inaugurado
toda una sucesión de defunciones de figuras que se habían
desplegado en el transcurso de la historia occidental.
De
este modo, podemos afirmar que la "muerte de Dios" ha
conducido, de manera inexorable a la "muerte del
hombre" (comprendido éste tanto como sujeto en la plasmación
moderna, como animal racional en la antigüedad) e,
inevitablemente, a la "muerte de la naturaleza" tanto
como objeto exterior (al sujeto) para el estudio y dominio de la
ciencia o, sencillamente, como el ámbito con el cual posee
experiencia la vida cotidiana. Finalmente, podríamos aseverar,
que la sucesión de estas defunciones podría llevar a la
"muerte de la muerte misma", acontecimiento
extraordinario el cual, no obstante, todavía no nos hallamos en
condiciones tan siquiera de sospechar.
¿Pero
qué significa que Dios ha muerto? Frente a semejante evento se
hace necesario aclarar que la muerte de Dios no significa la
mera desaparición de la divinidad ni la burda proclamación del
ateismo (nada más lejos de la verdad que el proyecto de una
filosofía atea que quiera asumir la frase de Nietzsche...) sino
que la frase "Dios ha muerto" (Got ist tot) significa
que el mundo suprasensible ha perdido su fuerza efectiva y ya
no procura vida ".(1)
En
este sentido la denominada "muerte de Dios" acontece
en la actual etapa del acabamiento o finalización de la metafísica
hecho éste que se consuma con el desenfrenado despliegue de la
tecno-ciencia y la eclosión de los medios de comunicación.
Ahora
bien, frente a este "estado de las cosas" nuestra
propuesta se basa en plantear la posibilidad de un nuevo
"paradigma" (utilizando libremente el término acuñado
por Thomas Kuhn) de la naturaleza. Para ello, creemos que es
imprescindible partir de la noción misma de vincularidad. De
este modo, es esencial considerar a la naturaleza a partir del vínculo
que se da entre el hombre ( = proyecto finito) y la naturaleza (
= natura, nasci). A su vez, el vínculo entre el hombre y la
naturaleza resula esencialmente inseparable de los vínculos
que se dan entre hombre-Dios, hombre-hombres y hombre-sí mismo.
Teniendo
en consideración a los mencionados vínculos es menester
considerar que los mismos nunca pueden plantearse en forma
aislada puesto que cada relación y vincularidad presupone los
demás. (2)
Ahora
bien, si en estas reflexiones hemos decidido
partir del vínculo que se da entre el hombre y la naturaleza es
porque consideramos que en nuestra época actual (época regida
por el imperar de la tecnociencia) éste es el único
camino posible para comenzar a entrever una senda que
conduzca a una recuperación de la sanidad de la totalidad de
los vínculos. Habiendo aceptado esta premisa el problema
consiste entonces en cómo pensar una relación distinta del
hombre y la naturaleza. Y cuando decimos distinta debemos tener
en claro que estamos intentando tomar distancia de
la interpretación moderna de la naturaleza.
Como
es sabido la modernidad inaugura la relación sujeto-objeto. La
filosofía que sirve como paradigma es la del filósofo francés
Renato Descartes con su tajante distinción entre res
cogitans y res extensa. Para Martin Heidegger la
modernidad puede ser considerada como La época de la imagen
del mundo en la cual, y a partir de su fundamento metafísico,
pueden observarse cinco inéditos fenómenos. El primero de
ellos es la ciencia, el segundo la "técnica
mecanizada" (3), el tercero "el proceso que introduce
el arte en el horizonte de la estética"(4), el cuarto fenómeno
"se manifiesta en el hecho de que el obrar humano se
interpreta y realiza como cultura" y, finalmente, el quinto
fenómeno es vislumbrado, en la era moderna, como "la
desdivinización o pérdida de dioses". Es decir, estos
cincos fenómenos tienen que ser considerados a partir de la
unidad que caracteriza a la época moderna.
Por
su parte, es menester considerar que la modernidad suplantó a
la visión teocéntrica medieval e implantó la concepción
tecno-científica del mundo. Con esto último queremos afirmar
dos cosas: 1) De los cincos fenómenos anteriormente mencionados
la técnica (en su esencia) es aquel que hace las veces de
hilo conductor y constituye a los cuatro restantes. 2) Como tal,
la interpretación tecno-científica se impone como la
verdadera concepción de la realidad y lentamente desplaza las
cosmovisiones mítico-religiosas (es decir; se propone
desarticular el núcleo ético-mítico tanto de las
culturas no occidentales como de las culturas inmersas
internamente en el despliegue occidental).
En
este aspecto podemos afirmar que la modernidad es un
acontecimiento grandioso (o bien, tó deinón,
terrible, en el decir de los griegos) del cual no debemos
realizar una lectura filosóficamente reductiva ni tampoco
podemos desprendernos del mismo puesto que, todos nosotros,
somos hijos de la modernidad.(5) En este aspecto consideramos
que toda posible "superación" de la modernidad
implica una previa "aceptación" de la misma. Por
ello, creemos que si hicieramos un balance del acontecimiento
moderno podríamos rescatar los siguientes aspectos:
1. La
reforma religiosa( con su libertad de conciencia y la
consecuente hermenéutica del texto bíblico).
2. La
paulatina deslegitimación de los poderes absolutos (simbolizada
en la revolución francesa; libertad, igualdad, fraternidad).
3.
Por ende, la reivindicación de los derechos individuales.
4. La
formación de los Estados modernos; la necesidad de la ilustración
y educación populares (en este aspecto hay que tener siempre
bien presente a Kant cuando en 1784 nos afirma que "La
ilustración es la liberación del hombre de su culpable
incapacidad", de allí el lema de la ilustración: "¡Ten
el valor de servirte de tu propia Razón! )
5. El
progreso de las ciencias, donde la física y las matemáticas se
constiyuyen como modelos.
Y
aquí volvemos a lo que afirmábamos anteriormente cuando
dijimos que en todo el proyecto moderno subyace la esencia de
la técnica y que es ésta la marca el rítmo, el método y
el despliegue de las ciencias. En este aspecto, Galileo Galilei
(1564-1642) afirma que "la naturaleza misma está dotada de
una estructura matemática". Galileo, al igual que
Descartes dividirá dicha realidad natural según sus
cualidades. Las denominará cualidades primarias a
aquellas propiedades geométrico-matemáticas (cantidad,
disposición y movimiento de las partículas materiales según
su magnitud, figura, posición, movimiento, número) y
cualidades secundarias (colores, sabores, sonidos, frío,
calor, etc). Éstas cualidades, rigurosamente hablando, no son
nada puesto que pueden resolverse en las cualidades primarias.
De
esta manera toda realidad natural se transforma en un vasto
mecanismo. La unidad del universo no se concibe más como la
unidad de un enorme organismo animado y viviente, sino como la
de una inmensa máquina cuyo funcionamiento se revela con
claridad y necesidad al intelecto mediante el cálculo y la
representación geométrica. Así, la naturaleza (Physis, en la
Grecia arcaica, Madre, en las culturas denominadas primitivas)
pasa a convertirse en materia muerta que se mueve en
obediencia perfecta a las leyes establecidas por Dios (aquí, en
principio Dios es todavía considerado como un ente necesario
para el entendimiento humano). De esta manera, la visión
mecanicista pasa a imponerse como la única interpretación
de la realidad.
Un
claro ejemplo de esta corriente metafísica es Descartes el cual
considera a los animales como meros autómatas en el
mejor de los casos como relojes que tienen la capacidad de una
conducta más o menos compleja pero que carecen de alma.
"Si
hacemos -afirma el filósofo francés- un corte en el
extremo en punta del corazón de un perro e insertamos un dedo
en una de las cavidades, se siente inequívocamente que cada vez
que el corazón se encoje, hace presión sobre el dedo y cada
vez que se agranda deja de presionarlo".(6)
Las
consecuencias prácticas de ésta postura son fácilmente
deducibles: Dado que los seres vivos son máquinas los hombres
pueden tranquilizar sus conciencias y quedar libres de toda
sospecha de crimen para aniquilar cualquier tipo de animal o ser
vivo no humano. Aparece, de este modo, el derecho del hombre
para explotar la naturaleza y, también, a sus propios
semejantes (los habitantes de culturas no tan
"desarrolladas") los cuales se encuentran aún en un
"estado de naturaleza". No es casual que en la época
de Descartes se expandan los dominios colonizadores de Occidente
y también se ponga en práctica la vivisección.
Ahora
bien, la pregunta que debemos hacernos es: ¿Cómo podemos
llegar a ser libres y obrar éticamente si consideramos
la naturaleza como un gran mecanismo y a sus productos como
meros autómatas? Esto es, ni más ni menos, lo que se plantean
los autores del Primer programa de un sistema del idealismo
alemán (invierno 1796/97)(7) cuando afirman que: "La
primera idea es naturalmente la representación de un sí
mismo como de un ser absolutamente libre. Con el ser
libre, autoconsciente emerge, simultáneamente, un mundo
entero -de la nada-, la única creación de la nada
verdadera y pensable. Aquí descenderé a los campos de la física;
la pregunta es ésta: ¿Cómo tiene que estar constituído un
mundo para un ser moral? Quisiera prestar de nuevo alas a
nuestra física que avanza dificultosamente a través de sus
experimentos.
Así,
si la filosofía da las ideas y la experiencia provee los datos,
podremos tener por fin aquella física en grande que espero de
las épocas futuras. No parece como si la física actual pudiera
satisfacer un espíritu creador, tal como es o debería ser, el
nuestro."
Es
decir; la idea de una naturaleza (como también la del Estado)
mecanizada no puede hallarse en consonancia con un sí-mismo que
busca desarrollarse en tanto un ser absolutamente libre. Por tal
razón, Goethe, Novalis y Schelling intentarán, en sus
respectivos escritos, concebir un paradigma más abierto y, por
ende, orgánico de la naturaleza.(8) El "misticismo hacia
la naturaleza" se desplaza, de este modo, a través de gran
parte de los integrantes del denominado movimiento romántico.
Pero
la búsqueda de una nueva concepción de lo natural no queda
recluido tan sólo a las formas literarias. De esta manera, el
intento de realizar un cambio de paradigma se expresa, a su vez,
por ejemplo, en el diseño de los jardines:
"Pero
a medida que transcurría el siglo XVIII, se pasó a concebir la
naturaleza con un sentido casi opuesto. Era irregular, asimétrica,
inagotablemente diversa. El cambio de moda se expresó en
Inglaterra, primero, a través de los jardines. En lugar de
jardines formales recortados y cuidados, el paisajista trató de
imitar un ideal de crecimiento natural y salvaje".(9)
En
este aspecto, R. Sheldrake afirma que, al igual que en relación
a los jardines, también se da un cambio de actitud respecto a
los paisajes naturales:
Este
cambio de actitud se hizo completamente explícito en los poetas
románticos. A pesar de su interés por la vida de los pastores
de Cumberland, William Wordsworth creía que para disfrutar de
las rocas desnudas y las montañas se necesitaba educación,
posición social y una práctica prolongada.
Esta
es la razón por la cual Wordsworth se opuso a la construcción
de un ferrocarril al Distrito de los Lagos, argumentando que
llenaría la zona de pobres urbanos, a los que no le servía de
nada el acceso inmediato a los lagos; convenía que practicaran
excursiones dominicales a los campos cercanos.
En
este aspecto, son varios también, los poetas y escritores
norteamericanos que adoptan, ya en el siglo XIX, una actitud crítica
frente al despliegue de la civilización liderada por el impulso
de la expansión tecno-científica. Así, por ejemplo, David
Thoreau se opondrá a la indiscriminada tala de bosques a causa
del tendido de las rieles del ferrocarril. El alma del talador
es un alma enferma endurecida por el mecánico afán de
convertir el aún mítico paisaje en un "civilizado
territorio"
El
carácter de la admiración -afirma
Thoreau- se refleja en su modo de expresarse. Para explicar
lo que hay en su mente, diría: "Era tan grande que lo corté
y sobre el tocón podía pararse una yunta de
bueyes."Admira el tronco, el esqueleto o el cadaver más
que el árbol (...). El angloamericano puede cortar y
desarraigar toda esta floresta ondulante [...], pero no puede
conversar con el espíritu del árbol que abate, no puede leer
la poesía y la mitología que se retira ante su
avance".(10)
En
lo antedicho, podemos observar que el denominado "retorno
hacia la naturaleza" es paralelo al expansivo crecimiento
del avance de la tecno-ciencia. La técnica diagrama y planifica
el paisaje; tala bosques y desarraiga costumbres, puebla
desiertos imponiéndo su propio desierto. Con
todo, su expansión no es lo suficientemente unívoca y su
contrapartida son estos restos "naturales" los cuales,
inevitablemente, todavía se filtran a su irreversible dinámica.
La
paulatina y certera desacralización que provocaba el progreso
del hombre occidental llevó a John Muir, discípulo de Emerson
y fundador del Sierra Club, a proteger grandes zonas de
terrirorios todavía no civilizados. Para lograr la preservación
de las mismas surgió el primer parque nacional.
La
inspiración para establecer los parques nacionales y otras
reservas de tierra salvaje fue esencialmente religiosa. Pero en
el espíritu secular y democrático de la legislación
norteamericana la ley creó el primer parque nacional,
Yellowstone, en 1872 declarando que iba ser "reservado como
parque público y teritorrio para el disfrute de las
personas".(11)
A
partir de estas frases, podemos entonces vislumbrar, como detrás
de la creación, por parte del hombre moderno, del primer parque
nacional se esconde el inquietante anhelo de una vinculación
con una oculta y sagrada naturaleza. El antiguo dualismo entre
lo sagrado y lo profano se patentiza en la diferencia existente
entre las "reservas ecológicas" y las
"desacralizadas ciudades".(12)
Ahora
bien; este tipo de "reacciones" que se formulan contra
la concepción de una naturaleza mecanizada no dejan de ser, de
alguna manera, marginales ya que en las ciencias, y, por ende,
en el proyecto de mundo que diseñan las mismas, continúa
prevaleciendo el modelo mecanicista. Asi, por ejemplo, la crítica
que Nietzche realiza a Darwin se fundamenta, principalmente, en
que éste interpreta la evolución, e incluso el azar en la
evolución, de una manera completamente reactiva.(13)
Según
Deleuze, para Nietzsche, "la ciencia, entiende los fenómenos
a partir de fuerzas reactivas y los interpreta desde este punto
de vista. En este aspecto, la física es reactiva, como
lo es tanbién la biología; siempre las cosas vistas desde el
lado pequeño, desde el lado de las reacciones. El intrumento
del pensamiento nihilista es el triunfo de las fuerzas
reactivas. Y es también el principio de las manifestaciones del
nihilismo: la física reactiva es una física del resentimiento,
al igual que la biología reactiva, es una biología del
resentimiento. Y es también el principio de las manifestaciones
del nihilismo: la física reactiva es una física del
resentimiento, al igual que la biología reactiva, es una biología
del resentimiento".(14)
Es
decir, la crítica nietzscheana hacia Darwin se basa en carácter
reactivo con el cual se interpreta la evolución.
Si el ser vivo se adapta al medio, el problema
radica en que la mencionada adaptación es sinónimo de pasividad
y ello resulta detestable para un pensamiento libre y creador.
En
este sentido, también en el siglo XX el prestigioso biólogo,
J.von Uexküll sostendrá que el viviente -rigurosamente
hablando- no se adapta al medio ya que cada animal posee su
propio mundo-entorno (Umwelt) y, por lo tanto, es la
naturaleza la que muchas veces se adapta a ese mundo (desde los
infusorios hasta los elefantes)(15). De lo antedicho, se
puede deducir que no solamente hay lucha entre los seres vivos
sino también simbiosis y cooperación.
Sólo
excepcionalmente -afirma
Uexküll- entran los organismos en directa oposición unos
con otros. En esencia, cada ser vivo tiene la aspiración de
organizar otra parte del mundo exterior, transfórmándola en su
mundo circundante. Estas acciones recíprocas entre animal y
mundo circundante presentan al biólogo los temas más sutiles y
espirituales, que hasta ahora han sido ahogados con la tosca
expresión de "lucha por la existencia".(16)
Para
Uexküll, al igual que para Nietzsche, la noción de adaptación
como "lucha por la existencia" reduce gravemente una
concepción vital del animal. Por ello, para el mencionado biólogo,
es el mismo organismo que se sirve y construye sus órganos para
poder dedicarse a su actividad vital. Pero una definición así
es todo lo contrario de una visión meramente maquinal.
De
acuerdo con la expresión de von Uexküll "cualquier
organismo -asevera
Ludwig von Bertalanffy- recorta de la multiplicidad de los
objetos circundantes un número reducido de características a
las cuales reacciona y cuyo conjunto forma su Umwelt. Todo lo
demás es inexistente para este organismo particular".(17)
Siguiéndolo
a Kant podemos afirmar que no hay tiempo y espacio absolutos
sino que dichas formas puras de la sensibilidad dependen de la
organización del organismo que percibe.
"Las
mismas cosas son muy diferentes para un hombre, un perro o una
mosca, y también es muy distinta su importancia relativa. Uexküll
quiere decir que el mundo humano es sólo uno de los
innumerables entornos que existen en la naturaleza, y que no es
diferente en esencia del resto. Y sostiene, por tanto, que el
universo físico, de los átomos y electrones a las galaxias, es
sólo producto humano, y depende de nuestra organización mental
y corporal".(18)
A
instancias prácticas se comprende que, para Uexküll, en
referencia a los diferentes "mundos", que se dan entre
las distintas especies de los seres vivos, tanto el hombre como
la mosca, el sapo o el perro tengan significaciones distintas de
aquello que, cada ser viviente, entiende como "la
realidad".
"Los
más importantes objetos para la ciudad del perro -asevera
Uexküll- tienen para nosotros tan poca significación como
los más importantes objetos de la ciudad del hombre para el
perro".(19)
Pues
bien, habiendo arribado a esta instancia, y siguiendo la temática
propuesta en este trabajo, estamos en condiciones de realizar
las tres siguientes preguntas:
1.
Si el hombre y en este caso el perro poseen específicamente
"mundos" diferentes, es decir; perspectivas
significativas distintas: ¿cómo es que han llegado a
cohabitar?
2.
¿No hemos constituido nuestra civilización occidental a
expensas de este desapercibido "coestar" que se da
entre el hombre y los restantes seres vivientes?
3.
¿Se nos manifiesta, en nuestra época contemporánea, la
necesidad de la definición de lo viviente no (supuesto básico
de la modernidad) como un ente maquinal o menos evolucionado
sino, en todo caso, como lo específicamente diferente?
4.Si
ello es así: ¿en que nos beneficiaría una comprensión y práxis
ontológica que tuviese en consideración dicha diferencia?
Para
poder contestar las mencionadas preguntas consideramos que es
preciso comenzar a asumir que nuestra civilización occidental
moderna se ha ido configurando sobre la base de la visión científica
del mundo y que en nuestros tiempos, ya posmodernos, la misma ha
entrado en una crisis de fundamentos. Dicha crisis se manifiesta
en diversos aspectos (tanto epistemológicos, existenciales, políticos,
económicos, etc.) . En este sentido, es necesario que acontezca
un cambio de paradigma el cual pueda bosquejar una nueva figura
del hombre (¿ultrahombre?) y una distinta concepción de la
naturaleza.
"Es
en verdad, espantoso observar la rapidez con que se empobrece en
lo espiritual la gente tan pronto como se ha consagrado en la
gran ciudad a una profesión que la obligue a renunciar al trato
con la naturaleza".(20)
Este
diagnóstico de von Uexküll en lo referente a las ciudades
modernas y a una naturaleza apartada y desacralizada puede ser
analogado con las furibundas críticas que Ezequiel Martinez
Estrada proclamaba en La cabeza de Goliat:
"En
nuestra falta de sensibilidad para los seres improductivos y el
apuro en adquirir dinero han ocasionado la desaparición o la
fuga de infinidad de especies que habitan el cielo de los
campos, cediéndolo a muy pocas especies predominantemente carnívoras
y rapaces. Poco amor se trajo a estas tierras, poco amor y mucho
apuro. Esa urgencia colonial, agudizada por el ansia de los
inmigrantes rapaces y comedores de oro, ha hecho desaparecer de
nuestros campos los pájaros que en miríadas variadísimas de
voces y cobres embellecían los cielos y las tierras y ofrecían
júbilo y hermosura al hombre. Él los persiguió y se quedó sólo,
sin amor a los pájaros ni a los árboles. Porque el que mata a
los pájaros es el mismo que no planta árboles". (21)
De
lo antedicho podemos afirmar que en la indiscriminada persecución
a la diferencia (animal, aunque también cultural) se fueron
constituyendo nuestras sociedades. Las mismas, con todo su
bagaje de ciencia y técnica, no son más que la patentización
de las razones ego-céntricas, es decir; de un
mundo unidimensional configurado por el homo faber
como animal excluyente.
Por
ello, la posibilidad de la reconstrucción del vínculo
hombre-naturaleza (aunque aquí entre de modo mediado la relación
con Dios, puesto que hace su inmediata reaparición el ámbito
de lo sagrado) está directamente entrelazada con el
mantenimiento de la biodiversidad (animal) y el respeto por la
diferencia cultural. Tal vez así podamos hablar de una ecología
profunda la cual incluya las diferentes especies y
culturas.
"En
los ecosistemas, la complejidad de su red es consecuencia de su
biodiversidad; por tanto, una comunidad ecológica diversa es
una comunidad resistente. En las comunidades humanas, la
diversidad étnica y cultural puede representar el mismo papel".(22)
Si
tenemos en consideración lo antedicho, contestando a las
anteriores preguntas que hemos formulado, podemos afirmar que si
al ser vivo no lo definimos desde una perspectiva antropomórfica
(en la cual el hombre se considera como el animal
racional) y por ende aceptamos, para nuestra propia integridad y
salud cósmica, la preservación de la vibrante
biodiversidad entonces tendremos la posibilidad de
abrirnos hacia una dimensión que excede lo meramente humano. En
dicho ámbito se preanuncia la figura de una criatura lúdica la
cual siendo capaz de vislumbrar los destellos de lo
sublime natural reafirma el eterno retorno de aliquid
novi (algo nuevo) que nos seduce, nos calma y, aunque tal
vez pueda aterrarnos, nos mantiene vivos.
CITAS
1.
Esto es lo que afirma Martin Heidegger en La frase de
Nietzsche <Dios ha muerto> en Caminos del bosque,
pp. 136-37, Alianza Univ. 1996, Madrid.
2.
Es decir; la muerte de Dios, del hombre y la naturaleza muestra por
primera vez el libre ámbito del preguntar mismo. De
este modo, el "espacio" vacante señala la relación
o, mejor dicho, la fuga gravitacional que opera
entre los extremos de la disfunción metafísica.
3.
Pero no se debe caer en el error de considerar que ésta última
-afirma Heidegger- es una mera
aplicación, en la práctica, de la moderna ciencia matemática
de la naturaleza. La técnica mecanizada es, por sí misma, una
transformación autónoma de la práctica, hasta el punto de que
es esta la que exige el uso de la ciencia matemática de la
naturaleza. La técnica mecanizada sigue siendo hasta ahora el
resultado más visible de la esencia de la técnica moderna, la
cual es idéntica a la esencia de la metafísica moderna.
Martin Heidegger, La época de la imagen del mundo, Caminos
del bosque, Edit. Alianza, Madrid, 1996.
4.
Este parece ser uno de los "errores metafísicos" en
los cuales recae nuestro amigo común Javier Sanguinetti el cual
en su texto Provocando lo sagrado afirma que, por
un lado, se propone emplear el método estético-ontológico,
por ser, a nuestro entender, el único capaz de penetrar en los
núcleos creadores de historia y dadores de sentido originario (ver.
p.17) y, por el otro, se trata -prosigue un tanto
ingenuamente Sanguinetti, en estos análisis nada menos que de
salvar a la metafísica misma del anatema heideggeriano.
(El subrayado es nuestro). Es decir, mostrar hasta donde la
dimensión metafísica del ser o la historia de la metafísica
como destino del ser, lejos de ser un modo caído, frente al trágico
griego, es tan propio y tan inaugural como aquel.(p.21) De
lo recién expuesto queda claro, al menos para nosotros, que la
reivindicación de la estética viene de la mano con una tardía
(¿neoescolática?) necesidad de recuperación de la metafísica
aún a costa de intentar criticar la necesidad de la Superación
de la Metafísica propuesta por Heidegger.
5.
No voy ha mencionar aquí la ya realizada distinción, por
encontrarse nuestro país en una región periférica, que se
ocupa en averiguar hasta que punto somos modernamente puros o
mestizos..., nos basta con afirmar que la modernidad es un destino
el cual situadamente hemos de asumir para poder de
este modo superárla.
6.
Cita de Descartes en el texto de Rupert Sheldrake; El
renacimiento de la naturaleza, La nueva imagen de la ciencia y
de Dios, Paidós Contextos, Barcelona, 1994.
7.
Primer programa de un sistema del idealismo alemán
(invierno1796/97?), en Escritos de
juventud, G.W.F.Hegel, F.C.E. México 1978. La autoría de
este escrito oscila en adjudicarla a Hegel o a Schelling...
8.
A modo de ejemplo, en el escrito denominado Introducción a
ideas para una filosofía de la naturaleza (1797) el joven
Schelling afirma: Mientras yo mismo sea idéntico
con la naturaleza, comprenderé qué es una naturaleza viva;
concibo como se revela esa vida universal de la naturaleza en
sus más variadas formas, en progresivos desarrollos y graduales
aproximaciones a la libertad; sin embargo, en cuanto me separo a
mí mismo de la naturaleza, no me resta nada más que un objeto
muerto y dejo de concebir cómo es posible una vida
fuera de mí. Con estas apreciaciones se puede
observar cómo el despliegue del Absoluto, en tanto libre
devenir se ha de constatar en la experiencia de uno mismo con
una naturaleza viva. De este modo, Schelling intenta romper con
todo resabio interpretativo que, a modo maquinal y mecanicista,
intente adueñarse de los seres vivos.
9.
Rupert Sheldrake, El renacimiento de la naturaleza, La nueva
imagen de la ciencia y de Dios,p.74, Paidós Contextos,
Barcelona, 1994.
10.
Thoreau (1988)pp. 314-15. citado por Sheldrake, Op-Cit, p.78.
11.
Sheldrake, Ibid, p.80.
12.
Aunque, tal vez, aquí comience a tratarse de una extraña y
destinal paradoja: En Superación de la metafísica (1949) Martin
Heidegger había afirmado: Los pastores invisibles habitan más
allá de los desiertos de la tierra desvastada, que sólo sirve
para asegurar el dominio de los hombres. A esta frase
H.D.Mandrioni, en su escrito Pensar la ciudad, Ensayos filosóficos
I, no la interpreta en la práctica como una
posible huída de la civitas. Por el contrario, asevera
Mandrioni: Las ciudades actuales albergan millones de
hombres; pero éstos no habitan, sólo viven; por eso aquellas
son un desierto. Pero en la linde del desierto ya hay quienes
habitan; son pastores con pequeños rebaños. Ellos están
abiertos al misterio de arriba; saben que una gracia no-humana
puede redimir a las ciudades. Allí, invisibles ya obran
pensamientos y plegarias alertas a las señales. Es decir;
no se trata de escapar o huír de la Pólis, sino de
esperar, gracia mediante, una resacralización de la misma.
13.
G.Deleuze, Nietzsche y la filosofía, p.65, Anagrama,
colección Argumentos, Barcelona 1987.
14.
Ibid, p.68.
15.
J.von Uexküll, Ideas para una concepción biológica del
mundo, p.55, Edit. Calpe, Madrid. 1924.
16.
Ibid, p.
17.
Ludwig von Bertalanffy, Teoría general de los sitemas, p.240,
F.C.E, México, 1980.
18.
Ludwig von Bertalanffy, Perspectivas en la teoría general de
los sistemas, p.36, Alianza Univ, Madrid, 1979. Es necesario
aclarar que Bertalanffy no está de acuerdo, al menos en este último
aspecto, con esta concepción de von Uexküll ya que la misma
nos llevaría posiblemente hacia un "relativismo
absoluto"...por ello, casi al final de la mencionada página
Bertalanffy concluye aseverando: Los sistemas científicos
-al menos en su forma acabada- no dependen del entorno humano y
rigen con generalidad. Ya que el simbolismo en ciencia va más
allá de los sentidos, cubre el dominio entero de la realidad y
permite su explicitación descriptiva, así como el control de
la naturaleza a través de la tecnología, a la que da lugar.
Ahora bien, sin pretender entrar en una controversia directa con
este prestigioso autor, con todo, queremos agregar que
consideramos que también la ciencia y la
filosofía sean dependientes, a lo largo de su desarrollo histórico,
de una instancia que les es previa, de un Destino que les otorga
sentido y que, de este modo, les abre un ámbito a partir del
cual dichas disciplinas adquieren su específico discurso. De
este modo, el hecho mismo -como pretende Bertalanffy- de que la
ciencia rija con generalidad, trascendiendo, incluso, el
orden humano y cubra el dominio entero de la realidad nos
parece al menos un tema que debe ser, y, de hecho, se ha dado y
se continúa realizando, ampliamente discutido. Ver, por
ejemplo, el interesante trabajo de Solis, Carlos (compilador), Alta
tensión: Filosofía, sociología e historia de la ciencia, Paideia
Básica, Barcelona, 1988.
19.
von Uexküll, Ibid, p.67
20.
von Uexküll, Op.Cit, p.56.
21.
Ezequiel Martinez Estrada, La cabeza de Goliat, Microscopia
de Buenos Aires, Edit. Nova, BA.AS. 1957.
22.
Fritjof Capra, La trama de la vida, Una perspectiva de los
sistemas vivos, Anagrama, Barcelona 1998.