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MARTÍN
HEIDEGGER: LA PROPUESTA DEL HABITAR COMO UN DESAFÍO A LA
ECOLOGÍA
Por
Ricardo Pablo Pobierzym
Resumen
Probablemente
el siglo XXI estará signado por nuevas alteraciones y, por ende,
cada vez mayores catástrofes medioambientales. Dicha "logica
de la destrucción" de la naturaleza es producto de la
todavía no asumida herencia moderna. A través de las últimas
décadas la conscientización ecológica ha ido creciendo
paulatinamente en el contexto de las sociedades occidentales. No
obstante, cabe preguntar si dicha "toma de conciencia"
es lo suficientemente radical no sólo para frenar el impulso de
dominio del hombre hacia su entorno sino, ante todo, para comenzar
a generar alternativas que conciban diferentes estilos de vida
humana basados en culturas que puedan desplegar una relación más
saludable con los seres vivos que integran la biodiversidad del
planeta.
Este
trabajo parte de la premisa de que a la filosofía le asiste la
urgente tarea de plantear y expandir un nuevo modo de pensar el
vínculo del hombre con la naturaleza. Para ello, nos basaremos en
el pensamiento de Martin Heidegger intentando establecer la
relación entre su meditación acerca del ser, la crítica a la
tecnociencia y la búsqueda de un modo de habitar que esté
fundamentado en el arraigo.
Palabras
claves: Pensar Habitar Ecología
Abstract
The
XXI century will probably be marked by new alterations and,
consequently, more and more environmental catastrophes. Such
"logic of destruction" of Nature is a product of the yet
not assumed modern inheritance. Through the last decades,
ecological awareness has been increasing uninterruptedly in
Western societies. However, it is worthy to wonder whether such
awareness is radical enough not only to slow down men´s dominant
impulse towards his environment, but also to start generating
alternatives that conceive different human lifestyles based in
cultures which can unfold a healthier relationship with the living
beings that integrate the planet´s biodiversity.
This
paper holds that Philosophy´s urgent task is to pose and expand a
new way of thinking men´s relationship with Nature. For this, we
shall depart from Martin Heigegger´s thought, trying to establish
a relationship between his meditations about the Being, the
critique towards techno-science and the search for a way of living
that is founded on rooting.
Key
Words: Thought – Living - Ecology
MARTÍN
HEIDEGGER: LA PROPUESTA DEL HABITAR COMO UN DESAFÍO A LA
ECOLOGÍA
Por
Ricardo Pablo Pobierzym
Introducción
La
palabra ecología (Ökologie) fue acuñada por el zoólogo
Ernst Haeckel. Bajo dicha acepción Haeckel se interesó en
investigar el "modo como los seres vivos están en su
morada." La palabra ecología proviene del griego: oikos hace
referencia a los quehaceres familiares "y parece ser que
Haeckel trataba de que sus lectores imaginaran una especie de
economía orgánica y global en la que todas las especies
desempeñaban un cierto papel." (Bowler, 1998: 266)
Ahora
bien, con el correr de las décadas la ecología fue complejizando
la labor de sus respectivas investigaciones y ampliando, cada vez
más los ámbitos de sus estudios (ecología vegetal, ecología
animal, ecología marina, la ecología como estudio de poblaciones y
sistemas, etc.) tanto es así, que hoy en día puede afirmarse que
la ecología ha arribado a una "mayoría de edad".
De este
modo, desde el punto de vista de la Asociación Argentina de
Ecología "la ecología es la disciplina científica que
trata de las relaciones entre los organismos y su ambiente pasado,
presente y futuro. Esas relaciones incluyen las respuestas
ecofisiológicas de los individuos, la estructura y dinámica de las
poblaciones, la organización biológica de las comunidades, el
flujo de energía y materiales en los ecosistemas a diferentes
escalas desde la local a la global." En este aspecto, también
puede decirse, que la ecología "es una rama de la biología
que estudia las relaciones de los seres humanos con el ecosistema
que los rodea."
Si bien
es cierto que debido a la amplitud de sus ámbitos de investigación
la ecología debe ser respetada como una disciplina científica, no
obstante, también es menester tener en consideración que el
progreso de la misma se debe a la cada vez más preocupante
situación de la desaparición de miles de especies por la
destrucción de sus respectivos hábitats por parte del hombre y a
la cada vez más preocupante situación de nuestro planeta debido a
los problemas de la contaminación y el agotamiento de recursos
naturales.
Por
ello, sin pretender desvalorizar a la labor ecológica como una
disciplina científica y, tampoco, intentar confundirla con muchos
de los denominados "grupos ecologistas", no obstante,
consideramos que, teniendo en cuenta la cada vez más caótica
situación ambiental por la que atraviesa el mundo contemporáneo,
es menester ejercer una reflexión crítica que, sin menospreciarla,
pueda trascender el ámbito de la ciencia. Dicha reflexión le
compete a la filosofía.
En este
sentido, consideramos que pueden ser dos las tareas que puede asumir
una meditación filosófica: 1) desarrollar una reflexión crítica
en torno a las causas que han provocado los desastres o
desequilibrios ecológicos, 2) la búsqueda de un estilo de vida
alternativo que se fundamente en un nuevo arraigo del hombre sobre
la tierra.
Críticas
y aportes del pensamiento de Heidegger en referencia los problemas
ecológicos
-
El
olvido del ser, la tierra devastada y el monopolio de la ciencia
La
relación entre el "olvido del olvido del ser" y la
devastación de la tierra no permanece inocua en el pensamiento de
Heidegger. Se muestra de manera clara, por ejemplo, en aquello que,
en Introducción a la metafísica, se denominó como "la
decadencia espiritual del planeta." En dicha lección, el autor
realiza una vinculación directa entre el olvido de la pregunta
por el ser y los "efectos" resultantes de la misma: 1) el
oscurecimiento del mundo, 2) la huida de los dioses, 3) la
destrucción de la tierra, 4) la masificación del hombre, 5) el
odio que desconfía de cualquier acto creador y libre. A su vez, en
este mismo texto, se hace la distinción entre lo que modernamente
se entiende por naturaleza, como ámbito de los procesos naturales,
y la physis griega que "significaba originariamente el
cielo y la tierra, la piedra y el vegetal, el animal y el hombre, la
historia humana, entendida como obra de los dioses, y, finalmente,
los dioses mismos, sometidos al destino."(Heidegger, 1997: 43.)
Ahora
bien, tal vez la distinción que hace Heidegger entre la naturaleza
moderna y la physis griega pueda indicarnos dos cosas: 1) la
reducción de la noción misma de naturaleza en la modernidad, la
cuál como objeto de estudio ha pasado a ser el "almacén
principal de existencia de energía"(Heidegger, 1994: 23) y 2)
la "amplitud" que designaba la palabra physis en la
cual tanto los elementos naturales no vivientes, como los seres
vivos, la historia de los hombres, al igual que los dioses,
interactuaban entre sí. Y posiblemente sea esta búsqueda de
unidad, este holismo que otorga sentido
a las diferencias, aquello que, de un modo oculto, subyace
en la insistencia heideggeriana de retomar la pregunta por el ser.
Por
ello, teniendo en cuenta lo antedicho, no debe sorprendernos que la
crítica a las ciencias, más precisamente en este caso a la
biología, aparezca mencionado en alguna de sus obras. Ello no es de
extrañar ya que las ciencias, que responden al "olvido del
ser" y, por ende pertenecen al ámbito de la esencia de la
técnica, son las que han monopolizado la totalidad de
los saberes. En el caso de la biología y su interpretación de la
naturaleza, en Los aportes de la filosofía (Acerca del evento) Heidegger
se pregunta, de modo tajante, si acaso "no destruirá toda
biología lo "viviente" y no impedirá la relación
fundamental con él." Lo que el filósofo parece sugerir es que
una experiencia más prístina con los seres vivos ha de buscarse en
una meditación que, tomando distancia del pensar unívoco y
calculador que caracteriza a la ciencia, pueda abrirse a
un nuevo y diferente vínculo del hombre con la naturaleza. Pero, en
este caso, hay que advertir que dicha labor meditativa deberá
considerar que la naturaleza, ahora reducida "en una única
gigantesca estación de gasolina", o, a lo sumo, a
"paisaje" y ocasión de reposo para las masas, solamente
podrá recuperar la dignidad de su misterio si vuelve a ser
considerada como un ámbito no separado (por ende, no utilizado para
su explotación indiscriminada) de la existencia de los hombres y de
la manifestación de lo divino. Ello significaría volver a
considerarla como physis. Pero si ello es así: ¿qué
criterios abremos de adoptar? Meditar en torno a una concepción
más amplia de la naturaleza, es decir, tratar de vislumbrarla en un
contexto en el cual tanto los hombres como los seres vivos no
humanos puedan desplegar sus peculiares capacidades... ¿implica
necesariamente retornar a una sociedad pre-técnica y pagana?
Consideramos que no.
-
La
técnica, el peligro y "mundear del mundo"
En Superación
de la metafísica Heidegger hacía la distinción entre 1)
"simplemente sacar provecho de la tierra" y 2)
"acoger la bendición de la tierra y hacerse la casa de la ley
de este acogimiento con el fin de guardar el misterio del ser y
velar por la inviolabilidad de lo posible."
Teniendo
en consideración esta alternativa se puede afirmar que el provecho
y la explotación indiscriminadas que de la tierra ha realizado
hombre moderno responde a la esencia de la técnica la cual, a
partir del siglo XVIII y desde Europa, "determina la relación
del hombre con lo que es." (Heidegger, 1989: 23).
Como se
puede apreciar en La pregunta por la técnica el filósofo
afirma que la mencionada esencia de la técnica moderna descansa en
lo Ge-stell (estructura del emplazamiento) y que, en última
instancia, "el prevalecer de éste pertenece al sino" (Geschick).
Dicho Ge-stell, si bien es un modo de hacer
salir lo oculto (Weisen des Entbergens) al igual que la poíesis,
tiene la peculiaridad de reducir la naturaleza a ser mera proveedora
de existencias (Bestand), es decir, "solicitable como un
sistema de informaciones". Pero, en este caso, no sólo el
ámbito natural queda así desfigurado sino que también el propio
hombre devenido en "solicitador de existencias" y, por
ende, en cómplice de la devastación de la tierra, al pavonearse
como "señor" de esta última, también él mismo termina
convirtiéndose en algo meramente disponible. De este modo, lo que
Heidegger denomina como el "peligro supremo" nos indica
que dicho Ge-stell "deforma el resplandecer y prevalecer
de la verdad".(Heidegger 1994: 29)
Ahora
bien, la posibilidad de encontrar una "salvación" que
esté en condiciones de liberar, y por ende, de devolverle la
dignidad, tanto al hombre alienado como a la naturaleza reducida, no
implica elaborar una estrategia evasiva frente al imperar técnico.
Por el contrario, no se trata de eludir o condenar el mundo técnico
como si se tratase de algo demoníaco ya que, en última instancia,
él mismo es un modo de la alétheia. Por ello, la apelación
a las palabras de Hölderlin que afirman que "donde
está el peligro, crece también lo que salva" nos
indica que la gracia del crecimiento salvífico se oculta en la
esencia misma de la técnica. En esto reside la ambigüedad de la
técnica: si miramos (Blicken) en la "esencia ambigua de
la técnica" podemos descubrir "la constelación, el curso
estelar del misterio."
De
acuerdo a lo antedicho, el peligro de la esencia de la técnica al
cual alude Heidegger se encuentra en interrelación con la
devastación de la tierra. He aquí el gran desafío para un pensar
obrante: vislumbrar el peligro como el
peligro.
"Si
el peligro está como peligro acontece con la Kehre del olvido la
guarda del ser (Wahrnis des Seins), acontece mundo." (Heidegger,
1982: 27)
De este
modo, se puede vislumbrar como se articula el peligro que conlleva
la esencia de la técnica con la posibilidad de un viraje (Kehre)
a partir del cual, desde una nueva revelación de la verdad del ser,
pueda manifestarse el mundear del mundo (Welten von Welt).
Pues bien, a dicho mundear del mundo Heidegger lo coincibe como
"el juego de espejos de la Cuaternidad (Gevierts) de
cielo y tierra, mortales y divinos."
-
El
pensar y el habitar como cuidado de la tierra
Siguiendo
las apreciaciones del filósofo Kah Kyung Cho se puede afirmar que
el Ge-stell técnico puede ser interpretado como la "contracara"
de la physis y, a partir de ello, se puede comenzar a
plantear un nuevo sentido para la ecología (Kah Kyung Cho, 1987:
61-62). Es decir, así como "en el Ge-stell vemos un
primer e insistente destello del Ereignis" y ello
"constituye la esencia del mundo técnico moderno", en
sincronía con dicho destello podemos vislumbrar una nueva manera de
patentizarse de la naturaleza porque... "¿en donde se
encuentra ya decidido que la naturaleza como tal tenga que seguir
siendo siempre la naturaleza de la física moderna (...)"?
(Heidegger, 1990: 95)
Ahora
bien, si a partir de un primer e insistente destello del Ereignis
en lo Ge-stell de la constelación técnica podemos
comenzar a experimentar un sentido más amplio de la naturaleza
considerada como physis esto implica que la misma pasa a
formar parte de la mundaneidad del mundo, es decir, de la
Cuaternidad (Geviert) de cielo, tierra, mortales y divinos.
De este modo, el hombre es capáz de inaugurar un nuevo vínculo
con la naturaleza.
Pero
este modo de experienciar la naturaleza, es decir, como tierra en el
contexto de la Cuaternidad, no significa ningún tipo
de"retorno" a un mundo pre-técnico y pagano ya que
implica haber asumido la historia de la metafísica
que acaba plasmándose como forma técnica. Solamente mediante un
discurso filosófico que considerase al devenir de la historia de la
metafísica como un "error"y, por ende un engaño, se
podría argumentar en la necesidad de un retorno a un supuesto e
idílico mundo pagano. Pero, en nuestra opinión, esto de ninguna
manera coincide con el pensamiento de Heidegger.
No
obstante, cabe preguntar: ¿de qué manera pasan a conformar los
hombres la interrelación dada en la Cuaternidad? ¿Cómo se
transfigura el hombre que, de mera existencia o disponibilidad (Bestand),
pasa a asumir su condición finita y mortal? Sabido es que, desde la
endurecida tradición metafísica el hombre fue considerado como un
"animal racional". Pues bien, de lo que se trata es que
"los seres vivos racionales tienen antes que devenir en
mortales." (Heidegger, 1994: 156) ¿Cómo? Asumiendo su
finitud mediante el aprendizaje del habitar.
La
necesidad de dicho aprendizaje nos indica que, pese a tantas
ciudades, a tanto desarrollo urbano y supuesto "progreso",
el hombre padece de una auténtica penuria del habitar. El
pensamiento unívoco y calculador podrá seguir proyectando la
edificación de viviendas situadas, principalmente, en las grandes
urbes, pero con ello, no hace más que expandir el desarraigo. El
vacío de sentido del "animal trabajador" puede
interpretarse del siguiente modo: el olvido del ser ha
conllevado al olvido del habitar.
Por lo
tanto, sólo un pensar meditativo podrá comenzar a bosquejar el
aprendizaje del habitar. De ser así, podríamos apreciar entonces
cómo en el hombre la esencial disposición de asumir su condición
mortal se interrelaciona con sus posibilidades más propias de
habitar. ¿En qué consiste la esencia del habitar? "Pero
el rasgo fundamental del habitar es el cuidar (mirar por)" (Heidegger,
1994: 131), por ende, cuando los mortales habitan cuidan, de un modo
esencial, la Cuaternidad. Pues bien, nos interesa destacar que el
cuidado de la Cuaternidad ya está inaugurando un vínculo diferente
con la naturaleza puesto que "los mortales habitan en la medida
en que salvan la tierra."
¿Cómo
hemos de considerar aquí la palabra "salvación"? En La
pregunta por la técnica la salvación estaba relacionada con un
desocultamiento más inicial que llevaba a emparentar a la téjne
con la poíesis. En Construir, habitar, pensar la
salvación parece estar priorizada por la adquicisión de un nuevo
vínculo con la tierra. De este modo, según nuestra
interpretación, la salvación de la tierra adquiere
un papel prioritario en el cuidado de la Cuaternidad.
Cuando
Heidegger afirma que "los mortales habitan en la medida en que
salvan la tierra", aquí el "salvar la tierra"
(que remite al cuádruple cuidar) posee las siguientes
significaciones: 1) arrancarla (entreissen) de un peligro, 2)
dejarla libre (freilassen) a su propia esencia. En el primer
punto, el peligro está representado por la creciente amenaza de las
maquinaciones (Machenschaft) que intentan desfigurar el mundo
convirtiéndolo en in-mundo y transformar el planeta en un desierto.
Por ende, aquí es menester desarrollar una crítica a la
dominación tecnocientífica. En el segundo punto, se da a entender
que el hombre deje ser a la tierra, con toda la carga ontológica
que ello implica. "Dejar ser", no es un mero desatenderse
de las cosas, sino, por el contrario, requiere de un compromiso
referente a todo lo que la tierra significa: "la que sirviendo
sostiene, la que floreciendo da frutos, extendida en roquedo y
aguas, abriéndose en forma de plantas y animales." (Heidegger,
1994: 131)
En este
sentido, teniendo en cuenta lo antedicho, el "dejar ser"
se articula en una triple tarea:
En
primer lugar, el "dejar ser" compete a la relación del
hombre con la constelación técnica: estar en condiciones de decir "simultáneamente
"sí" y "no" a los objetos técnicos."
. Esto significa, dejar "entrar los objetos técnicos en
nuestro mundo cotidiano", pero, al mismo tiempo,
"tomar distancia", "mantenerlos fuera, o sea, los
dejamos descansar en sí mismos como cosas que no son algo absoluto,
sino que dependen ellas mismas de algo superior."
Heidegger denomina a esta postura (Haltung) del
"sí" y del "no" al mundo técnico como la
"serenidad (Gelassenheit) para con las cosas". (Heidegger,
1989: 27)
En
segundo lugar, el "dejar ser" conlleva un cuidado en lo
referente a la tierra, no de un modo extrínseco, sino, desde lo que
Heidegger denomino como la "específica naturalidad en la
naturaleza", sea desde la experiencia corporal, o bien desde la
esencial vincularidad del humano Da-sein con los seres vivos
no humanos. Este "dejar ser", por un lado, deconstruye
la faceta técnica y maquinal que mantiene "cautivas" a
las cosas, por otro lado, permite que la cosa haga
permanecer la Cuaternidad llevándola cada vez a un morar de la
simplicidad del mundo. (Heidegger, 1994: 157 )
Por
último, el "dejar ser" nos remite a que el "salvar
la tierra" por parte de los mortales ofrece la posibilidad de
encontrar un camino que nos conduzca a un nuevo arraigo. El
"dejar ser", que se vincula con la serenidad para con las
cosas, nos abre al sentido oculto del mundo técnico. Dicho sentido
es la "apertura al misterio". Por otra
parte, la recíproca pertenencia de la serenidad para con las cosas
y la apertura al misterio "nos abren a la perspectiva de un
nuevo arraigo". (Heidegger, 1989: 28)
En lo
recién expuesto, vislumbramos que el "salvar la tierra"
en tanto liberarla de los peligros se interrelaciona con el
"dejarla ser" comprendido como un diferente trato con los
objetos técnicos, una nueva experiencia con la naturaleza
fundamentada en un vínculo más original con los vivientes y, por
último, la posibilidad de hallar alguna senda que conduzca a un
nuevo arraigo. No obstante queda abierta la pregunta: ¿se da alguna
relación entre estas reflexiones y la práctica ecológica basada
en la mentalidad científica?
-
A modo
de conclusión: Heidegger y el desafío ecológico
Al
principio de este escrito señalamos la necesidad de distinguir el
ámbito propio de la ecología (como ciencia con sus respectivas
ramificaciones) del de la filosofía. A esta última le asignábamos
principalmente dos tareas: la reflexión crítica, en lo referente a
las causas que han provocado los desequilibrios ecológicos, y la
búsqueda de un estilo de vida alternativo con el propósito de
encontrar un nuevo arraigo. Pues bien, consideramos que el
pensamiento de Heidegger cumple con estos últimos requisitos.
Sin
embargo, nos parece importante considerar ahora algunas reflexiones
las cuales, a partir de diversos autores, han suscitado el interés
en relacionar la ontología heideggeriana con las problemáticas
ecológicas.
Así,
por ejemplo, Hanspeter Padrutt retoma la frase de Hölderlin:
"Lleno de méritos, pero poéticamente habita el hombre sobre
la tierra" como un desafío para un pensar que tenga en
consideración las cuestiones ecológicas. Para este autor, la
noción del habitar ya estaría planteada, de un modo implícito, en
la obra Ser y Tiempo especialmente cuando Heidegger menciona
la relación "ser-en" como "ser-en-el-mundo"
("In-der-Welt-sein"). Por otra parte, dicho habitar
en el mundo se ha de identificar con el habitar en el lenguaje tal
como es afirmado por Heidegger en la Carta sobre el humanismo.
En dicho escrito se asevera que el lenguaje es "la casa del
ser" (Haus des Seins) y ello da a entender que el
lenguaje es la morada (Behausung) en la cual el hombre
habita. (Hanspeter Padrutt, 1988: 44 )
Con un
sentido netamente influenciado por la ontología, la ecología
concierne a nuestro habitar sobre la tierra teniendo en
consideración tanto el "estudio del hogar común" (Haushaltlehre)
como, principalmente, "al habitar en referencia a la saga y al
lenguaje" (Wohn-Sage). Esta sería, según
Padrutt, la definición "amplia" de la ecología, y no la
de Haeckel que es más bien un derivado de esta última. Por ello,
la ecología ha de asumir una postura fundamental (Grundhaltung)
que muestre un comportamiento de respeto y modestia frente a aquello
que "nos cautiva y nos excede" (physis). Pues bien,
la ecología, por intentar mantenerse en una postura científica
impoluta, queda esencialmente remitida a una concepción biológica
del mundo. Frente a la misma, el pensamiento ontológico de
Heidegger toma necesariamente distancia ya que la comprensión
biológica de ninguna manera puede comprenderse desde sí misma.(Hanspeter
Padrutt, 1988: 47)
Para
Dominique Janicaud, la relación del pensamiento de Heidegger con la
ecología es más bien ambigua. Para empezar, según este autor, la
ecología es una corriente novedosa (aunque Janicaud parece
confundir aquí la ecología cono el activismo ecologista) y, por
ende, "Heidegger no pudo conocer más que su inicio y nunca se
ha pronunciado al respecto". (Janicaud, 1993: 59 ) Con
todo, el pensamiento heideggeriano podría llegar a considerarse
como precursor e inspirador de la ecología en el sentido de que
realiza una crítica a las sociedades de consumo y en la búsqueda
de una nueva morada para la humanidad. Pero, por otra parte, desde
Heidegger también podría leerse una crítica a la ecología ya que
esta misma con sus apelaciones, por ejemplo, a la oposición de
"energías suaves" contra las "energías duras",
a la apología de lo "pequeño" contra lo
"grande", no conduce más que a reacomodamientos del
proyecto global de explotación del ente." En este sentido, la
ecología tiene que ser criticada porque recae en un nuevo
tecnicismo. La militancia ecologista puede no ser más que una nueva
forma de activismo; pero éste, por sí solo, no transformará el
mundo. (Janicaud, 1993: 62-63)
Finalmente,
también Kah Kyung Cho, al que hemos aludido en este escrito,
encuentra significativas resonancias entre el pensar meditativo y la
cuestión ecológica. Sin embargo, desde el punto de vista de la
ontología de Heidegger, no puede desarrollarse un proyecto de
"protección de la naturaleza"(Naturschutzsches) ya
que este mismo es monopolizado por el discurso científico. Por
ello, para este autor, sólo puede hablarse de una "sugestibilidad
ecológica" la cual, más allá de toda ideología dominante,
busque en la devoción del pensar, el auténtico modo de habitar y
un nuevo arraigo.
Como
puede notarse, los tres mencionados filósofos consideran que el
pensar meditativo de Martin Heidegger puede aportar una
fundamentación crítica a la preocupante situación ecológica
contemporánea. En este sentido, apelando a la devoción del pensar,
es menester encontrar un nuevo y más sano vínculo del hombre con
la naturaleza, la cual, pensada como tierra o physis, pasa a
ser considerada con un grosor ontológico más digno que la
naturaleza vislumbrada por las ciencias modernas la cual, como ya
hemos visto, parece quedar reducida por cuestiones metodológicas al
pensamiento calculador.
Como
conclusión, y teniendo en consideración a los mencionados autores,
siguiendo a Heidegger, aseveramos que "el pensar sólo actúa
en la medida en que piensa" y que ello atañe a la
relación del ser con el hombre, pero implica que no hay que olvidar
que "la práctica requiere oficio" y que
solamente permaneciendo en el camino de la auténtica penuria, sin
salirse de él, en la errancia podemos aprender "el oficio del
pensar".
En
relación a lo antedicho y asumiendo la urgente "llamada"
de nuestra cada vez más devastada tierra rememoramos las palabras
del poeta:
Los
bosques acampan.
Los
arroyos serpertean.
Las
rocas permanecen.
La
lluvia fluye.
Las
campiñas esperan.
Las
fuentes manan.
Los
vientos habitan.
La
bendición está en camino. (*)
(*)
Fuente: Ricardo Pablo Pobierzym,
"Martín Heidegger: la propuesta del habitar como un desafío a la
ecología, publicado aquí de forma original.
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