LA
ESTÉTICA ILUSTRADA
Por Daniela Salzman
El presente
trabajo se propone dar cuenta de la relación existente entre el
movimiento llamado Ilustración y la estética que, en su forma
autónoma, se presenta contemporáneamente a las ideas ilustradas.
Tanto este movimiento filosófico como la estética rescatan el
arte clásico, representado en este trabajo por el David de
Miguel Angel, debido a que encuentran en él una verdad estética
que se intuye racionalmente. Esta afirmación, en un primer
momento, podría parecer paradojal debido a que la palabra estética
ya por su origen se refiere a la “sensibilidad”, siendo
captada por los sentidos y no a través de la vía intelectual.
Sin embargo, durante el siglo XVIII, la filosofía del arte como
así también el pensamiento iluminista recorrerán un camino para
alcanzar a través de la razón y el conocimiento científico una
justificación de sus prácticas que abarcarán la totalidad de
las expresiones humanas.
La
Ilustración surge en el siglo XVIII, llamado el Siglo de las
Luces, su origen se encuentra en el período renacentista, donde
aparecieron nuevas ideas sobre el hombre y la cultura, éste se
sitúa en los siglos XV y XVI y en él se manifiesta la afirmación
gradual del hombre como principal forma de conocimiento de la
realidad. El nombre Renacimiento se utiliza porque éste retomó
los elementos de la cultura clásica, de esta manera, se genera el
renacer de la cultura greco romana. El hombre del renacimiento
celebra los sentidos, busca recrear las cosas tal como se
presentan al ojo humano con la intención de recuperar el espacio
terrestre. El cuerpo, que es un elemento central en la cultura
griega, será representado con armonía y perfección apuntando al
modelo de representación mimética. La Naturaleza es valorada en
tanto modelo para el arte.
Dentro
del renacimiento italiano se encuentra el David, obra realizada
por Miguel Ángel
Buonarroti entre los
años 1501 y 1504. Su escultura representa al rey bíblico,
marcando el volver a nacer de la clásica estatua al desnudo. La
anatomía humana es estudiada científicamente por los artistas
incentivada por el deseo de plasmar en las obras las formas
estructurales del cuerpo: “La apariencia física y sus estudios
anatómicos abrieron la puerta para el modelamiento de los
movimientos y
posturas del cuerpo humano. El resultado fue la reafirmación del
poder expresivo del desnudo”(1).
Miguel Angel eligió, como motivo para la obra, el momento previo
al enfrentamiento de David con el gigante Goliat, esto explica el
aspecto que muestra la figura, con los rasgos típicos de un
luchador que se apresta al combate, traducido en la mirada
penetrante, y expresado
asimismo mediante la tensión corporal: la musculatura e incluso
los tendones y las venas son claramente perceptibles (2).
Se traduce aquí la observación cuidadosa de los fenómenos
naturales y la voluntad de reproducir los objetos tal como los
capta la visión. De esta manera, la figura escultórica del rey
David se erige como representación de los ideales renacentistas.
El
Renacimiento planteó una nueva forma de ver el mundo y del ser
humano, cambiando la postura teocentrista de la Edad Media, por el
antropocentrismo tributario de la física de Galileo Galilei. El
hombre posee valor en tanto hombre y, dicha exaltación del ser
humano en tanto tal, conlleva la valoración del cuerpo humano en
su relación con la naturaleza. El iluminismo volcará estas ideas
renacentistas en su modelo de arte ligado a la estética clásica,
tanto como en sus
principios filosóficos.
La
época de desarrollo del iluminismo es la del absolutismo del
siglo XVIII que coincide con el ascenso de la burguesía como
clase con poder económico y político. Fue originalmente un
movimiento francés que planteó posiciones invectivas que supusieron un modelo de hombre inscripto en la modernidad
contrario a un pensamiento en términos cortesanos o nobiliarios.
Se
los llamó iluministas porque creían que con la luz de sus
obras iban a despejar las tinieblas y a iluminar tantos
siglos de oscurecimiento generados por las ideas de la Iglesia y
la monarquía absoluta (3).
La promesa del
Iluminismo fue desterrar todo lo oscuro relacionado con la Edad
Media, a través del concepto de progreso mediante la creencia que
tanto sociedades como individuos progresan en un sentido de mayor
perfectibilidad. Esto coincide con el auge de la burguesía en
todos los ámbitos a los que el arte no podía ser ajeno, porque
éste se convertirá en otra de las áreas de posesión al cual se
accede mediante las condiciones materiales.
El desarrollo iluminista tuvo como sus principales características
la firme creencia en la razón y en la racionalidad humana desafiando
la autoridad religiosa y rechazando la tradición. Se plantea la
superación de las verdades dogmáticas mediante la búsqueda de
un nuevo saber que funcionaría libre de prejuicios a través del
rechazo del principio de autoridad.
En el pensamiento moderno serán las leyes racionales las
que gobiernen la naturaleza, el hombre y la sociedad.
La
constitución del sujeto de la modernidad se vincula con esta
ruptura con los preceptos de la tradición y con la búsqueda de
un nuevo saber. Para el sujeto racional de la Ilustración la razón
era la única herramienta para encontrar la verdad de la cosas.
El
iluminismo liberó a la ciencia de los obstáculos de la tradición
teológica y fue haciendo posible la evolución autónoma del
pensamiento moderno.
La ciencia tuvo un puesto destacado en el "Siglo de la
Luces", pues representaba un factor de progreso social, que
permitía mejorar la calidad de vida de los hombres.
La observación y la experiencia era los puntos de partida. Galileo
Galilei defendió la teoría heliocéntrica del sistema solar,
opuesta a la aceptada por la Iglesia medieval, donde se sostenía
que era el planeta Tierra, quien se encontraba en el centro de
nuestro sistema. Galileo debió retractarse de su teoría y fue
enjuiciado y castigado por la inquisición eclesiástica. Los
progresos científicos, en los cuales la
visión antropocéntrica tradicional del universo se desmorona,
son retomados por Isaac Newton quien según John H. Randall: “...durante
todo el siglo XVIII habría de construir la suprema verdad científica”.
Para el citado autor: “Mientras Galileo todavía
estaba discutiendo con el pasado, Newton desconoce las antiguas
polémicas y, dirigiendo su mirada por entero hacia el futuro,
tranquilamente enuncia definiciones, principios y pruebas que
desde entonces han formado las bases de la ciencia natural(4)”.
Se
buscaba una explicación racional y científica de la naturaleza y
el universo: el método
analítico de la física de Newton se aplica al conjunto del
pensamiento y conocimiento.
Esta se difunde bajo una consigna que abandona el orden basado en
Dios y se instaura en un orden basado en el hombre. De esta
manera, se enfrentó al pensamiento tradicional, donde todo era
obra de Dios y estaba sujeto a un plan divino.
El
orden logrado por Newton en las ciencias deberá ser el camino a
seguir por el mundo de lo estético, para Ernst Cassirer en su
libro “La filosofía de la Ilustración” afirma que: “la
estética del siglo XVIII anhela un Newton del arte(5)”.
Se maneja el supuesto de que las artes están fundadas, al igual
que las ciencias, sobre la razón. El artista se vincula con su
arte a partir de las leyes de la naturaleza y, deviene así, a
postularse la idea fundamental de la mímesis de
la estética clásica.
La
filosofía iluminista se inscribe dentro de un espíritu crítico
ya que todo lo que el hombre medioevo consideraba verdadero
fue puesto en duda. Por lo tanto, todo debía ser analizado,
mediante la observación y la experimentación, obteniéndose finalmente
una conclusión. Pusieron en duda las instituciones, la iglesia,
los conocimientos y las costumbres de la sociedad feudal.
Esto produjo que
se comenzara a observar el planteo de fomentar la educación
popular, la igualación de los súbditos frente a la ley y la
apertura hacia la libertad religiosa. Por su parte,
Ernst Cassirer afirma que el Iluminismo ha logrado unir lo crítico
y lo creador en la estética fundamentada en el siglo XVIII. Esta
síntesis que se produce conlleva “una nueva forma
fundamental de la filosofía lo mismo que una nueva manera y una
nueva dimensión del proceso artístico creador(6)”.
La
palabra estética o aiestesis viene del griego y significa
“sensibilidad”, por lo tanto se relaciona con el conocimiento
sensible, y se elaborará analizando la sensación que experimenta
el que observa la obra de arte, sea ésta producto de la
naturaleza o de la realización humana. Al relacionarse con el
conocimiento sensible la estética se alcanzará con los sentidos
y no por vía de la Razón. Sin
embargo, la educación que plantea el iluminismo tiene que ver con
la posibilidad de esclarecer en todas las direcciones. Este
planteo se relaciona con la abolición que se busca ejercer del
pensamiento medieval, prometiendo al hombre la soberanía sobre
todo lo existente. Se exalta la libertad del hombre para pensar,
expresarse, trabajar, estudiar y crecer. La educación en estética
estará incluida en este planteo de iluminación esclarecedora
transformándose en uno de los elementos de formación del hombre.
La
Ilustración, dentro de su concepción antimonárquica, le otorga
a la educación el papel fundamental de formar ciudadanos y no el
de reproducir súbditos. La
educación pedagógica se postula el objetivo de
instruir sobre los derechos y obligaciones en la sociedad,
resaltando la importancia
de la formación de la conciencia social. Jean Jacques Rousseau
será quien escriba “El contrato social” instaurando la
filosofía política que aporta al lector una visión que
cambiará la relación entre el hombre y la Nación. En su obra
formula los valores que determinarán el sentido de la democracia
moderna, prefigurándola. Para este autor, todos
los ciudadanos tienen iguales derechos y obligaciones frente al
Estado y deben participar en el gobierno eligiendo a sus
representantes y otorgándoles la autoridad.
Rousseau plantea la instrucción tendiente a formar un ciudadano
esclarecido, ya que no es suficiente tener los derechos, sino que
es necesario instruirse en la significación de los mismos.
En
los
philosophes
se encuentra la base de un pensamiento alternativo al de la
iglesia, con el planteo de no estudiar preconceptos sino formar
los cimientos que posibiliten el “aprender a pensar”.
La estética toma en este
planteo
un lugar central, ya que se afirma el educar, también mediante
las expresiones artísticas. Esta formulación del lugar de la estética
en el proceso educativo es consecuente con el surgimiento de los
museos en el siglo XVIII. El primero será el Fredericianum en
1769, en Alemania; el segundo es el del Louvre en 1792, en Francia
y luego el del Prado en 1819, en España como grandes museos
nacionales. Se produce, de esta manera, la exposición de la
producción artística en un lugar al cual se puede acceder para
su observación, no estando ya reservada exclusivamente para las
residencias de los poderosos, las iglesias o las cortes de los
reyes.
La
conciencia de época de estar protagonizando un movimiento
renovador en el plano ideológico, produjo el deseo de condensar
todo el saber en varios libros, para que las luces de la razón y
de la ciencia se difundieran. “Entre 1751 y 1772, la Encyclopédie
de Denis Diderot y Jean le Rond d´Alembert se convirtió en el
diccionario más famoso (...) del mundo occidental (7)”.
En 1751 vio la luz la primera edición del primer volumen de la
Enciclopedia. Con esta iniciativa los hommes de lettres
aspiraban a convertirse en guía de la renovación y del progreso
social. En las páginas de esta obra, debían incluirse todas las
entradas importantes para la cultura, las ciencias y las artes. El
título completo era Diccionario Razonado de los Ciencias, de
las Artes y de los Oficios y fue
la primera obra colectiva escrita “Diderot (...) convenció a
unos 160 colaboradores para que escribieran para su Encyclopédie
que, una vez completada, comprendería 72.000 entradas de texto y
más de 2.500 láminas en veintiocho volúmenes infolio(8)”.
La intención de los pensadores de la época que colaboraron en su
publicación era la de difundir conocimientos concretos que
pudieran ser usados por aquellos hombres que desearan ampliar su
formación general.
El
nombre de Estética, refiriéndose a la filosofía del arte data
de este período histórico y la autonomía de la misma se consuma
en Francia con su inclusión dentro de la Enciclopedia en 1778
como una nueva ciencia entre las filosóficas, como “Filosofía
de las Bellas Artes” o “Ciencia de deducir de la
Naturaleza del gusto la teoría general y las reglas generales de
las Bellas Artes”.
La
autonomía del arte en la modernidad se debe a que éste tendrá
que fundarse a sí mismo, porque va a quedar sin fundamento
eclesial. El arte dejará de estar insertado dentro de lo
religioso y, de esta manera, buscará contextualizarse a sí
mismo, autofundamentarse. Necesidad que no se había manifestado
anteriormente al estar enmarcada la obra de arte en la
religiosidad. Para el filósofo alemán Hans Gadamer: “La estética
es una invención tardía que coincide con la aparición del
sentido eminente del arte separado del contexto de la práctica
productiva, y con su liberación de esa función cuasi religiosa
que tiene para nosotros el concepto de arte y todo lo referido a
él. (...) Como disciplina filosófica la estética no surgió
hasta el siglo XVIII, la época del racionalismo moderno que se
alzaba sobre la base de las ciencias naturales...(9) ”.
De este modo, la estética conquista su autonomía como
disciplina, en paralelo con lo que ocurre en la práctica que
ejerce el hombre de dominio de la Naturaleza.
La
teoría estética pretende seguir los postulados de la física y
de la matemática para postular su universalidad. El objetivo de
la estética será el de liberarse de la mera intuición e
independizarse de la imaginación; ya que, siguiendo el
pensamiento de René Descartes, la imaginación es la facultad que
nos permite tener imágenes del mundo exterior, pero éstas son
accidentales, pueden cambiar. Por lo tanto, no encontramos en ella
la verdad que se encuentra en el entendimiento. El pensamiento es
la sustancia, lo permanente, lo que no puede variar del objeto. A
la verdad segura, se accede sólo por la vía intelectual, ya que
la intuición intelectual determina el núcleo permanente de las
cosas, subyace a un conjunto de atributos que pueden variar.
Cassirer afirma que para Descartes: “La imaginación aparece,
no como camino para la verdad, sino como manantial de todas las
ilusiones a que está sometido el espíritu humano”(10).
Así, la meta de la crítica filosófica, ahora con autonomía
propia en la fundación de la estética, será la de disciplinar a
la imaginación, para alejarnos de la extensión sensible y
conducirnos hacia la extensión inteligible.
La
estética clásica tomará estrictamente esta idea de traspaso del
mundo sensible por la luz de la razón. “Aquí hay que romper
todos los puentes que nos llevan al mundo de la mera fantasía,
porque la ley a que está sometida la obra de arte, en tanto tal,
no procede de la fantasía, no es un producto de ella, sino una
pura ley objetiva que el artista tiene no tanto que inventar como
encontrar, tomarla de la naturaleza de las cosas(11)”.
Por lo tanto, el artista debe responder al imperativo de la
belleza, a la cual se accede por el camino de la verdad, no
necesitando falsos adornos, debido a que no debe detenerse en la
superficialidad que reposa en los sentidos, sino que deberá
separar la esencia de la apariencia. Del mismo modo que la verdad
de la res extensa está en la sustancia, así debe obrarse en
relación al objeto artístico. Las obras no actuarán como
certeza filosófica por su encanto exterior, sino por la claridad
del contenido intelectual.
Para
el arte clásico no existe separación entre arte, ciencia,
matemáticas y filosofía
ya que todo conocimiento humano estará destinado a la búsqueda
de la perfección. En su texto, Ernst Cassirer afirma que el
pensamiento cartesiano, por su parte postula que :
“La
nueva dirección no debe abarcar sólo a las ciencias, en el
sentido restringido de la palabra, a la lógica, a la matemática,
a la física y la psicología, sino también el arte queda
sometido a la misma exigencia rigurosa; tendrá que adecuarse a la
razón y ser probado con sus reglas y después de tal prueba
veremos si su contenido es genuino, permanente y esencial. (...)
Descartes no incluye en su filosofía ninguna estética, pero la
tendencia de su obra filosófica contiene ya su esbozo mental;
porque la unidad absoluta a que reduce la esencia del saber y
merced a la cual deberá superar todas sus separaciones
arbitrarias y convencionales, la extiende al campo del arte (12).”
La
idea fundamental es que la naturaleza se somete a principios
fijos, y la meta de la ciencia es precisarlos claramente. Asimismo
el arte, posee la misma condición interna, si existen leyes
universales de la naturaleza, también las habrá para el arte “imitación
de la Naturaleza”. “Y, finalmente, todas esas leyes
parciales tendrán que subordinarse a un principio único y
simple, a un axioma de la imitación(13)”.
El
paralelismo de las ideas científicas y artísticas se observa en
cómo se supera, en la estética clásica, la relación entre el
caso y la regla para no caer en la demostración interminable de
casos particulares. El
sistema de la razón es el que permite subsumir todas las
cuestiones particulares en los principios universales. La
totalidad, tanto a nivel artístico como científico, permite
someter a un mismo principio todas las manifestaciones artísticas
aparentemente disímiles. El arte griego
estará asociado a la idea de mímesis,
que considera que en el mundo real, la manifestación artística
debe representar la naturaleza. Por lo tanto, según el punto de
vista clásico, el arte es una imitación de la naturaleza, pero
no se reduce a un simple retrato de ella, sino que busca una
naturaleza universal.
Descartes con sus demostraciones matemáticas y geométricas puede
postular reglas universales en las cuales cada caso particular está
determinado por el a priori de la experiencia, determinando la
unidad de lo múltiple. De la misma manera, según Ernst Cassirer:
“Las especies y géneros artísticos no se comportan de
manera distinta que las cosas naturales, como ellas poseen su
invariabilidad, su consistencia, su forma y destino específico
que ni se deja cambiar ni es posible agregarles.” Por este
motivo, la originalidad puede manifestarse en esta concepción artística
en lo referente a la expresión, pero no en lo que atañe al
contenido que se halla preformado antes del contacto con la mera
intuición por la verdad artística.
Los conceptos desarrollados
abrirían el camino a la esperanza de que, siendo una gran
funcionalidad ideológica para el liberalismo, por medio del arte
el hombre pueda conciliar la razón con los instintos o la
naturaleza con la razón. Si
el iluminismo, es según la afirmación de Immanuel Kant: la
salida del hombre de un estado de minoridad ya que “La minoría
de edad es la incapacidad de servirse de su propio entendimiento
sin la guía del otro(14).”
Entonces, la puesta del sujeto de la modernidad como único parámetro
de toda verdad lograría una emancipación del hombre que a través
de la técnica, la ciencia y la razón. El racionalismo y su
matematización de la regularidad de la naturaleza aportaron conceptos
vinculados con la universalidad de la razón válidos para todo lo
relacionado con la naturaleza humana en todo tiempo y espacio. De
esta manera, se puede dominar la naturaleza pero en este dominio
sobre el mundo natural, el hombre se terminaría explotando a sí
mismo ya que él está inserto en la naturaleza.
El
David
representaría el cuerpo y el alma de la perfección pictórica, el
cuerpo desnudo con su estilo clásico que resume sin falsas
ornamentaciones al imperativo
de la belleza, a la cual se accede por el camino de la verdad “Las
ataduras de la figura son sólo simbólicas, pues Miguel Angel no
se preocupaba por el aspecto exterior (...) sino por el tormento
interior”(15).
La idea platónica del cuerpo como la prisión del alma se expresa
en la escultura de Miguel Angel expresando la dualidad en su obra.
Sin embargo, la educación estética permite la unificación en la
obra de esa doble carácter alma-cuerpo, la unión de lo sensible
y lo intelectual por lo tanto, la estética y especialmente la
educación referida a ella, resolvería esa dualidad platónica,
logrando la utopía de la conciliación, ya que presume que
podría unir utópicamente, lo material y lo espiritual, cubriendo
parte del vacío que ha dejado la desdivinización del mundo
moderno. (*)
(*)
Fuente: Daniela
Salzman, "La estética ilustrada", trabajo realizado en
el contexto de la materia Principales corrientes del pensamiento
contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la
Universidad de Buenos Aires, en 2007.