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EL
ARTE DE HABITAR
Reflexiones
sobre la comunicación y el espacio
Por
Cecilia Novello
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"Intruso",
lienzo 50 cm X 60cm, Acrílico, 2006, por Cecilia Novello. Imagen
que alude a la fuerza de la naturaleza que no respeta
alfombras, límites ni artificios que ponga el hombre para
prevenirse de ella.
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El siguiente artículo pretende ser una síntesis del "El arte de
habitar. Reflexiones sobre la comunicación y el espacio",
tesina de grado elaborada para la Carrera de Ciencias de Comunicación
de la Universidad de Buenos Aires, en la cual se intenta reflexionar
acerca de la comunicación de los espacios, eligiendo un abordaje artístico
que se preocupa por indagar la esencia común del espacio privado.
C.N
EL
ARTE DE HABITAR
Reflexiones
sobre la comunicación y el espacio
Por
Cecilia Novello
"Pretendo
sugerir la siguiente hipótesis: Tal vez el espacio y el tiempo sean
lo primero que en nuestra modernidad o posmodernidad se ve afectado y
se queja" (1)
Jean
François Lyotard
En
inglés la diferencia entre house (casa en el sentido material
de la estructura) y home (hogar, donde se vive) es clara y
tajante, no ocurre así en castellano. Home además de designar
un "lugar" físico también tiene el sentido más abstracto
de un "estado de ser". Home reúne los significados
de la casa y de sus habitantes, de la residencia y del refugio, de la
propiedad y también del afecto.
Cada
una de las moradas protege un algo trascendente, un secreto, eso
que a través del tiempo sigue latiendo en lo profundo de un ensueño
tal vez colectivo.
¿Qué
implica significar mi casa por sus olores, imágenes y gustos? ¿Cómo
se explica que sus ruidos y textura me permiten conocerla?
¿Que un recuerdo, un olvido, un sentimiento la puedan invocar? ¿Qué
ocurre cuando vivo la comunicación espacial de mi refugio?
Elogiamos
la virtud de la pregunta como método para pensar lo habitual, en lo
cotidiano puede latir lo extraño, lo no cotidiano, un enigma que nos
impulsa a preguntar cosas, a desnaturalizar, por instantes, la
habitualidad. Lo cotidiano sutura lo extraño, calma nuestro temor a
lo desconocido. Sin embargo en la misma cotidianidad puede vibrar lo
inaprensible, la violencia de lo indomesticable, la poderosa fuerza de
lo impropio y por esto la energía de lo comunal. Un origen comunal
resuena en la cotidianidad de la casa, comunidad que lejos de ser
sinónimo de intemperie es hogar que cobija, estimula y protege la
vitalidad. En la experiencia de habitar acontece un verdadero diálogo
entre lo privado y lo público, entre lo propio y lo impropio.
Este
es un artículo que surge de un ensayo realizado en el marco de una
tesis de grado en la Carrera de Ciencias de la Comunicación. Nos
hemos nutrido de varios recursos para crearlo, aparecen voces de
habitantes entrevistados y de arquitectos, poemas e imágenes
sugestivas, enlazados todos por un estilo de escritura poética que
intentó rescatar el poder de la narración, porque encontramos que el
idioma del arte es el que mejor puede acercarse a la seducción de las
atmósferas espaciales. Dice Gaston Bachelard en La poética del
espacio: "Cuando es un poeta quien habla, el alma del
lector resuena, conoce esa resonancia (...) que devuelve al ser la
energía de un origen (...) Por lo tanto, tiene sentido decir, en el
plano de una filosofía de la literatura y de la poesía en que nos
situamos, que se "escribe un cuarto", se "lee un
cuarto", se "lee una casa" (2).
Comunicación,
comunidad, espacio común.
"Estábamos
conversando con M en el living de su casa, ella describía sus
innumerables plantas, cómo las cuidaba, cuáles eran los trucos para
que crezcan sanas y vigorosas cuando de pronto el timbre nos
interrumpió. M acudió a su llamada y, luego de intercambiar unas
palabras con un hombre, regresó con una expresión apenada, triste.
Ahí fue cuando nos contó -"Vinieron de la inmobiliaria a
colocarme el cartel de venta"-. M no pudo continuar el diálogo,
se sentó en una silla y exclamó -"qué momento…no pensé que
me iba a poner tan mal…no sé qué decir"-" (3).
La
pregunta inicial por el espacio de la comunicación y la comunicación
de los espacios ha derivado en un ensayo rico en cuestiones que
exceden incluso la temática espacial. La experiencia de habitar ha
sido una buena excusa para pensar esa comunicación humana que es
anterior a la forma, a la sistematización, a la clasificación de la
ciencia. Buscamos reivindicar su mundo vivo. Aquella comunicación
originaria que no es patrimonio de una elite erudita, presa de la
perfección gramatical, de los sistemas, de los correctos usos de la
lengua. Más allá de las palabras, y junto a ellas, en el espacio, en
el silencio, en la música, en el juego, en el gesto, en la
seducción, en el olvido, en la entrega, en el don, en la
responsabilidad de vivir con otro, en la enunciación, en el resto, en
el desborde, en la metáfora, en el desvío trópico de lo
literal hay una experiencia comunicacional que delata que la razón
pura tiene sus límite para abordarla. Hay atmósferas que nos
atraen y otras que nos repelen, una vibración vital que comunica y
nos excede. Reflexionar sobre la comunicación y el espacio en la
experiencia de habitar nos obliga a abrir el rango de sensibilidad
para conocer e incorporar a las sensaciones, la imaginación y el
afecto como otras vías genuinas para nutrir nuestra aprehensión de
la realidad. La casa se piensa, se huele, se palpa, se degusta, se
escucha, se quiere, se odia, se sueña.
Situados
en ese espacio privado reflexionamos sobre el lugar de la
comunicación humana, para arribar, paradójicamente, a su origen
comunal. La raíz de la palabra "comunicación" es lo
común, raíz que comparte con los enunciados
"comunicabilidad", "comunicado",
"comuna", "comunidad". "Común: (del
Lat. Communis) Adj. Dic. de lo que, sin ser privativo de
ninguno, pertenece o se extiende a varios"(4). ¿Qué es lo que
compartimos desde siempre los habitantes del mundo? ¿Lo que tenemos
en común? La capacidad de marcar el mundo con nuestras huellas, todos
podemos apropiarnos del espacio compartido, al que pertenecemos sin
pertenecer (5).
Acontece
una afección entre el habitante y el mundo, un diálogo silencioso
pero de una acústica significativa, nuestras preguntas se dirigen
ahí.
Las
huellas de cada hogar
Lo
importante no es la casa como mera forma, sino la forma cómo se la
habita. Cada modo de habitar es singular y único porque depende de la
huella con la que cada habitante haya marcado el espacio. Podemos
encontrar polvo acumulado sobre los muebles, plantas vigorosas que
muestran que son habitualmente regadas, es posible hallar una casa
limpia y ventilada como también rincones repletos de cosas nunca
revisadas, podemos encontrar paredes con fotos, un libro marcado en
alguna página particular, y toparnos de repente con una cama caliente
cuyas sábanas están revueltas. Un tubo de pasta dentífrica
estrangulado, restos de flan en la basura, un clavo aislado sobre la
pared.
Tiempo
y espacio mensurables es la "consigna" que motoriza este
modo de vivir actual. Históricamente occidente viene manteniendo una
relación mezquina con respecto al espacio (6), cada vez más se advierte
una concepción representacional-racional de los lugares que
habitamos. Hablamos de la casa y pensamos en metros cuadrados, en
números, en nombres de calle, en cantidad de ambientes, en precio, en
categorías (A, B, C1, C2) olvidando, o encubriendo, todas las demás
instancias que entran en el acto de habitarla.
Estamos
viviendo una época en la que se trasladan modelos de vivienda de un
lado a otro, en la que se "copian" formas que se estiman
"exitosas" a los beneficios del mercado. Hoy la casa es un
bien capital en el mapa de las posesiones de sus dueños. Se piensa en
"producir" viviendas con el menor gasto posible y alojar, en
esta estrategia, muchas vidas en poco espacio. Crecen las torres
verticales e infinitas, los compartimentos con ambientes cada vez más
estrechos, crecen las "cocheras viviendas", los monoblocks,
crece la población y las villas miseria. Se expande el diseño de
vanguardia, el confort y el snobismo. Seriación, repetición, y a
menor espacio más alojamientos. Sin embargo encontramos que aun
allí, en esos productos seriados de góndolas, los habitantes
todavía pueden marcar las huellas de su habitar. Aun en complejos de
viviendas formalmente iguales, de torres numeradas y parcelas
exactamente calculadas, es posible constituir hogar.
Los
objetos personales
La
mesa gastada, esa cortina que se cae, mi cama, una foto en el cajón,
el florero de vidrio facetado que fragmenta los tallos en cuadrados
verdes, esa copa con la que brindamos, mi libro, la lámpara sin
tulipa, los espejos, el tenedor de mi hermano, sus remeras siempre
azules que cuelgan del respaldo de las sillas, el equipo de música
que mamá ganó en un sorteo, mi atril, el maniquí de mi hermana
siempre vestido, algún zapato perdido, el sillón que no es cómodo,
mi frasco de perfume vacío, el mate en un rincón, el portafolios de
mi padre, mi casa.
Cuántos
objetos nos rodean en el espacio del hogar, cosas que parecen tener un
sentido autónomo, distintos de los habitantes que con - vivimos con
ellas. ¿Qué relación establecemos con los objetos de la casa? Los
objetos personales están impregnados de afecto, de memoria, de
destino, un fenómeno que es meramente relacional y afectivo.
Los
habitantes se confunden con sus cosas y las cosas terminan siendo la
condensación de esa habitabilidad, no podemos pensar en la dicotomía
sujeto - objeto y menos aún proponernos saber cual antecede a cual.
En los espacios, las cosas y los hombres conviven, el espacio no es
ni interior ni exterior al hombre, es junto al hombre.
Te
quiero te odio.
Ella
está esperando la llamada de él, después de la pelea que
tuvieron hace un rato. Sabe que el teléfono va a sonar en
cualquier momento, lo conoce, adivina sus reacciones. Pasan
las horas y el aparato no suena, ella se acerca de a poco, le
hace visitas frecuentes, disimula tener que pasar a su lado
por otras razones, hasta que se queda con él, casi abrazada.
Teme que el teléfono ya no suene, le empieza a hablar a la
máquina, le pide que suene, que toque su timbre. Y el
teléfono no le devuelve respuesta, parece estar muerto. Ella
se retira de su lado, gira y vuelve embravecida, lo toma entre
sus manos, le grita y lo arroja contra la pared. El teléfono
termina por romperse, y todavía no ha sonado. Ella sin su
amado, y sin el teléfono que los conectaría.
Tus
cosas con las mías
C
y R se aman, se sienten plenamente felices de poder estar
juntos finalmente. Una historia de aproximaciones, de miradas
cruzadas, de bifurcaciones, de sueños y deseos compartidos
pero nunca efectivamente realizados. Siete años de
desencuentros, ella en un lado y él en otro muy distinto.
Aunque con algo cómplice gravitando
eternamente, para encontrarse, por casualidad, en un lugar y
momento definido. Hace tres meses visceralmente unidos, pero
distanciados por la geografía. Un problema meramente
espacial. El en su departamento, ella en su casa lejos de él,
entonces ahí las cosas personales recobran un valor extremo.
Acordaron intercambiarse sus objetos. Algunas cosas de ella
(un cepillo de dientes, el acondicionador para el pelo,
remeras, hebillas, fotos) quedan guardadas en los estantes, en
la computadora, en el baño y la cama de él. Las fotos,
cartas, discos, una película, el paraguas y un buzo que le
prestó un día de frío, se encuentran con ella, invocados a
cada momento con la voluntad de hacerlo presente.
Las
cosas son el efecto de una relación afectiva que puede distanciar o
acercar, nos sitúan inmediatamente en lugares y personas. Las cosas
son preciosas, encarnaciones de afecto y de sentido. Serán sus cosas
las que acercarán a estos amantes mientras la geografía siga siendo
tan injusta con ellos, fue aquel teléfono el que sufrió por la
ingratitud de alguna ausencia.
El
arte de habitar
"La
arquitectura es una música petrificada"
Goethe
Si
hablamos de "Home" invocamos una relación afectiva del
habitante con su casa. El habitar es un arte aunque a veces se lo
olvide como tal, todo espacio es superficie maleable, pasible de
marcaciones y transformación, somos artesanos de nuestras moradas,
las casas aquí visitadas lo atestiguan. Aún cuando las revistas
insistan en prometer casas sin huellas siempre aparece una grieta, la
raíz de algún árbol intruso, una mancha de humedad, un rayón
insurrecto que no se pudo prever. "Poéticamente habita el
hombre" dice Heidegger, entre el cielo y la tierra, en ese
vaivén, en ese espacio común acontece la experiencia de
comunicación con el mundo.
Hay
un espacio de seducción que no podemos inteligir, un efecto casi
mágico que resuena en las atmósferas de los espacios que nos invitan
a pasar o nos expulsan fuera. Hay una comunicación allí que hemos
tratado de escuchar aquí.
Comunicación
con el mundo es conocimiento del mundo, encuentro con él, consiste en
el arte de escuchar, dejarse afectarse, comprender y transformar. Es
movimiento hacia lo que se presenta diferente a lo propio, al punto de
salirse de sí y poder crear una entidad nueva a partir de ese
vínculo. Para poder arribar a tal apertura se hace necesario permitir
que el mundo entre y entregarnos al mundo, en el espacio hay un
susurro que nos habla. (*)
(*)
Fuente: Cecilia Novello, "El arte de habitar. Reflexiones sobre
la comunicación y el espacio", síntesis de
tesina de grado
elaborada para la Carrera de Ciencias de Comunicación de la Universidad
de Buenos Aires, editada previamente en Revista cultural Esperando a
Godot, Número13, Ciudad de Buenos Aires.
Citas:
(1) LYOTARD, JEAN- FRANÇOIS, Lo
inhumano. Charlas Sobre el tiempo, Ed. Manantial, Buenos Aires,
1998, Pág. 115.
(2) BACHELARD, GASTON, La poética del espacio,
Ed. Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2000. Pág. 35.
(3) Fragmento citado del
"Arte de habitar. Reflexiones sobre la comunicación y el
espacio" Capitulo 3, Pág. 51.
(4) ENCICLOPEDIA SALVAT
DICCIONARIO, Tomo 3, Salvat Editores, Barcelona, 1972, Pág. 831.
(5) "Uno siempre tiene la posibilidad de
elegir la comunidad que imaginaban Georges Bataille y Maurice Blanchot
a la que se pertenece sin pertenencia: uno pertenece a ella como
pertenece un extranjero al lugar que le da asilo. Esa comunidad nunca
propia, que se funda sobre la impropiedad, sin embargo, porta una
herencia que un espíritu cultivado sabe cuidar, cuando cuidar
significa cuestionar, preguntarse por ella, problematizar (se)
la". En MUNDO, DANIEL, Crítica apasionada. Una lectura
introductoria de la obra de Hannah Arendt, Ed. Prometeo, Buenos
Aires, 2003, Pág. 95.
(6) "Será
necesario hacer una crítica de esta descalificación del espacio que
reina desde hacia varias generaciones ¿Ha comenzado en Bergson o
antes? El espacio es lo que estaba muerto, fijado, no dialéctico,
inmóvil. Por el contrario, el tiempo era rico, fecundo, vivo,
dialéctico".En (FOUCAULT, MICHEL, "Preguntas a Michel
Foucault sobre la geografía" en Microfísica del poder,
Ed. Planeta Agostini, 1994, Pág. 117.
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