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FÍSICA
Y SILENCIO
Por Gabriel Catren
gabrielcatren@hotmail.com
En este fecundo texto, Gabriel
Catren, físico y filósofo argentino, reconocido difusor
de la Física teórica en Buenos Aires, instaura una correlación
entre la física, lo indecible y la música. Lejos del modelo
de la ciencia que prioriza la luz, el ojo, la imagen y sus
cuantificaciones, Catren distingue otro nivel de experiencia
posible donde la física y el pensamiento científico se ligan
con lo acústico. Con la escucha del lenguaje, con un oír
esencial abierto a lo indecible y con la música como manifestación
capaz de generar un saber que dimana una acústica estructura
melódica.
FÍSICA Y SILENCIO
Por
Gabriel Catren
"... de este empleo desnudo del pensamiento con contracciones,
fugas o su dibujo mismo, resulta, para quien quiere
leer en voz alta, una partitura."
Mallarmé
A
continuación se distinguirán dos modalidades distintas
de las formas de pensamiento específicas
de la física. Una de ellas estaría determinada por una
concepción óptico-representativa cuya operación fundamental
sería iluminar para develar un orden oculto.
Esta dimensión del pensamiento científico construiría
un Sistema en tanto arquitectura representativa, atemporal
y unificadora. Las categorías pertinentes para su ejercicio
serían los conceptos cartesianos de lo claro y lo distinto
versus lo oscuro y lo confuso. Por otra parte habría
un registro, que aquí se denominará acústico, en el
que se intentaría alcanzar una escucha del lenguaje
propio de la física en la inmanencia de su decir, antes
que en su proyección representativo-descriptiva de un
mundo objetivado. Esta dimensión acústica, en su afirmación
de una modalidad creadora, diacrónica y constelar del
pensamiento científico, operaría una temporalización
diseminadora del Sistema. Las categorías entre las que
oscilaría esta dimensión acústica de la física ya no
son la luz y la oscuridad sino el decir y el silencio.
Para comenzar habría un primer tipo de
relaciones entre física y silencio asociadas a ciertas reacciones
críticas a una ciencia de corte positivista. En su versión más cruda
esta es una ciencia omnipotente para la cual el mundo es potencialmente
transparente ante la fuerza representativa de su lenguaje. En principio
no hay lo indecible, sólo lo aún no dicho. Un panorama general en el
que inscribir las críticas a este cientificismo ingenuo puede
encontrarse en 1918 en el pensamiento del filósofo Ludwig Wittgenstein.
Para él la ciencia natural tiene su campo de acción dentro del marco
circunscripto por el lenguaje, el objetivo de la ciencia sería enunciar
proposiciones destinadas a explicitar el como del mundo. Sin
embargo, y por otro lado, existiría según Wittgenstein, un espacio de
lo indecible en cuya dirección señalaría la mística. Si la ciencia
dice el como del mundo, la mística mantiene un silencio
extático ante el hecho de que el mundo sea. Tenemos así una
representación formalizada de la dinámica de las cosas por un lado y
un silencio ante aquello de lo que no se puede hablar por el otro:
ciencia y lenguaje o mística y silencio. En este esquema pueden
inscribirse las dos orientaciones básicas que tomarán las relaciones
entre física y filosofía a lo largo del S. XX. Por un lado habría una
epistemología, es decir, una filosofía de la ciencia preocupada
fundamentalmente por legislar sobre la manera en que la ciencia
representa el como del mundo. Limitando los excesos
cientificistas la epistemología postula diversas formas de indecibles:
la ciencia ya no conoce, como pensaba el positivismo ingenuo, la
verdadera estructura de las cosas, limitándose por el contrario a
modelizar, a construir y no a descubrir a su objeto de
conocimiento, a falsar y no a confirmar teorías, o, en su
versión mas resignada, restringiéndose a establecer correlaciones
entre resultados experimentales con vistas a su implementación
técnica. Por otra parte estarían aquellos cuyo pensamiento es en
cambio convocado por el Afuera irrepresentable hacia el que estaría
apuntando la mística. Desde esta perspectiva se ve por lo general a la
ciencia como una forma de conocimiento que intentaría reducir la
riqueza del mundo a primeros principios, a un esquema totalizador y
cerrado, mientras que el arte, o el pensamiento filosófico debidamente
entendido, se encargarían de preservar y manifestar el misterio de lo
que no puede ser dicho, de aquello que se sustrae al modo de aparecer
propio de la objetividad. Ambas líneas de pensamiento coinciden, aunque
por motivos completamente diferentes, en el gesto de contener los
excesos de la razón pura, postulando diversos indecibles que
delinearían sus márgenes externos. Tanto la cosa en sí como lo
Abierto del Ser permanecen en el ámbito de lo que no puede ser dicho,
lo verdaderamente importante emerge allí donde la ciencia calla.
Sin embargo estas diversas reacciones críticas coinciden con el
positivismo en el punto fundamental de no poder pensar a la ciencia más
allá de la idea de que esta es una teoría de lo real, una forma de
conocimiento, una episteme. En lo que sigue se intentará
señalar hacia una dimensión de la física no necesariamente ligada a
un conocimiento objetivo, a la constitución de un Saber como imagen del
mundo. En este registro del quehacer científico aparecería una
relación constitutiva entre la física y el silencio de aquello que se
sustrae a su decir. Dicha dimensión está asociada a la potencia de
innovación conceptual propia de la física, es decir a su capacidad
para crear entidades teóricas y producir acontecimientos conceptuales
en los espacios abstractos que le son propios. Para que en el marco de
un lenguaje formalizado sea posible la creación, es decir la emergencia
de aquello que no puede ser deducido del Sistema, es necesario que el
despliegue continuo de dicho lenguaje sea interrumpido por espacios de
silencio. Lo innombrable, lo singular, lo inclasificable, lo
problemático, lo indemostrable, todos aquellos tipos de indecibilidad
específicos de la física no operan ya acotando el campo de acción de
su voluntad representativa, sino más bien posibilitando la riqueza
conceptual que le es propia.
Tanto las aproximaciones positivistas como críticas a la ciencia
moderna, están fundamentadas en parte en una concepción óptica o
representativa de la racionalidad científica: comprender es ver, la
visión se convierte en modelo del pensar, la razón es un ojo para un
mundo abstracto. Esta concepción óptica del pensar sería una de las
causas, a mi juicio, de esta jerarquización del carácter
representativo de la física por sobre su productividad teórica. Ya en
el origen mismo de la racionalidad occidental Platón concebía a las
ideas o esencias inmutables como imágenes a ser contempladas por el ojo
del intelecto, la tarea de la filosofía sería arrancarnos de la
oscuridad de la caverna para que la luz del Sol nos permita ver
las formas invariantes que subyacen al devenir sensible. Comprender
sería, antes que nada, geometrizar, desplegar en espacialidades
genéricas figuras y formas ideales cuyos cortes y proyecciones den
cuenta de la dinámica de los distintos estados del mundo. Continuando
esta tradición, la ciencia moderna se autoproclama iluminista, la
razón ilumina extrayendo sus verdades claras y distintas de un fondo
oscuro y confuso. El Iluminismo tiene como consecuencia primera, más
originariamente que una caracterización negativa de la oscuridad, una
determinación óptica del entendimiento. Como lo explicita Martin
Heidegger la esencia misma de la ciencia moderna es la instauración de
una imagen del mundo, de una cosmo-visión. Con el iluminismo se habría
consolidado esta idea de una imagen abarcadora del cosmos, de este
pensamiento-espejo gracias al cual el mundo, presente frente al sujeto,
vendría a re-presentarse en el concepto. La palabra teoría, remarca
Heidegger, tiene la misma raíz griega que la palabra teatro. La teoría
sería algo así como una representación primordialmente óptica del
mundo, montada esta en el escenario abstracto del pensamiento. De esta
manera la ciencia es un discurso, un decir, pero cuyo fin último sería
aparentemente eliminar el tiempo propio de su discurrir al conducirnos a
una visión, a un paisaje conceptual e inmóvil ha ser recorrido
libremente por la razón teórica. La duración propia de la
investigación científica no sería más que el tiempo que tarda la luz
en alcanzar regiones aún no exploradas. El pensar en tanto óptica
generalizada construye un Saber como imagen eterna del mundo. El Saber
es sistemático, configura un Sistema, una estructura arquitectónica
representativa, atemporal y unificadora.
Esta concepción primordialmente óptico-representativa es la que
estaría enmascarando la autonomía de un registro de la física que
precedería a su cristalización en un Saber, a su caída en una
relación de tipo especular con el mundo. En esta línea de pensamiento,
y de manera oblicua a la tradición óptico-iluminista, podría hablarse
de una concepción de la ciencia asociada a la escucha de su lenguaje y
no a la visión de aquello hacia lo que presumiblemente este estaría
apuntando. El descubrimiento pitagórico de la base aritmética de los
intervalos musicales no sólo fue el comienzo de la teoría musical,
sino también uno de los actos inaugurales de la ciencia occidental.
Según refiere la tradición esta convergencia de orígenes pone de
manifiesto para los pitagóricos una comunidad de esencias entre la
música y la razón matemática; un destino común que, para nosotros,
habría quedado desvirtuado por la redistribución moderna entre la
física como un saber científico del objeto y la música como una
expresión artística del sujeto. Interpretando libremente aquella
tradición ya no sería el teatro o el espejo el símbolo del pensar
científico sino una música generalizada, una música que se proyecta
más allá del fenómeno estrictamente sonoro, una música de las
esferas, entendiendo por música, y siguiendo su etimología, a
cualquier actividad atravesada por una escucha, por una escucha de las
Musas. La inteligibilidad no tendría que ver entonces con una capacidad
para producir una imagen del mundo, sino más bien con la escucha de un
lenguaje que ya no estaría describiendo paisaje alguno. Efectivamente,
y más allá de los operadores ópticos auxiliares, el lenguaje
formalizado es, como la música, un discurso no necesariamente ligado a
una producción de imágenes. Más bien parecería que la mayor riqueza
de ambos, física y música, se da allí donde las formas de la
intuición figurativa se tornan insuficientes, donde el pensamiento se
ciega viéndose forzado a crear formas de percepción específicas de
estos nuevos espacios genéricos. El avance de la teoría hacia
territorios cada vez más alejados de lo conocido por los sentidos
obliga a despojarse de las imágenes que impiden una captación de las
texturas propias de estos espacios, así como de la cualidad de sus
entidades y acontecimientos. En una línea de pensamiento similar
Nietzsche criticaba a Wagner el haber perdido la riqueza de una
dimensión propiamente acústica de la música a causa del carácter
demasiado metafórico o representativo de sus obras. Con la figuración
la música ha sido desposeída, según Nietzsche, de su carácter
transfigurador del mundo. La escucha del decir propio y específico de
la física implica un silenciamiento, una actitud de escucha, un
levantar y retirar categorías, imágenes, proyecciones que impidan la
aprehensión de la música propia de su decir. Y creo que las
principales hipótesis que es necesario levantar son tanto las que
postulan una verdad científica revelada que nos abriría el acceso al
fundamento racional del mundo, como aquellas propias de las reacciones
antipositivistas que, sordas a su música, ven en la física una asfixia
del pensamiento. Si uno de los grandes logros del pensamiento
filosófico contemporáneo fue romper la identificación entre el pensar
y la razón, parece imprescindible la continuación de este movimiento
relajando el vínculo entre racionalidad científica y conocimiento.
Pareciera que la ciencia, fiel a un modelo imitativo, mimético o
reproductivo de su ejercicio, ha permanecido hasta el momento sorda a la
crisis de la representación que determinaría al arte y a la filosofía
del S. XX. Sin embargo no todo en la ciencia converge hacia un
conocimiento de lo real, hacia una representación objetivadora del
mundo. No todo lo real es racional pero existe indudablemente una
realidad de lo racional, un ser de lo racional que exige modos de
percepción y creación específicos. Existiría efectivamente una vida
autónoma y no epistemológica del concepto científico, motivos
matemáticos o esculturas abstractas que se desprenden del paisaje al
que estaban asociados accediendo a un devenir propio. Se podría hablar,
más allá de la disputa clásica entre empirismo y racionalismo, de un
empirismo abstracto, de un empirismo del concepto, que no duplicaría la
presencia del mundo en un espacio representativo, sino que más bien
procedería a explorar la especificidad de los espacios inteligibles,
formalizados, racionales, como otras tantas regiones del mundo.
Los problemas científicos, pensados ya fuera del par luz-oscuridad, de
la idea de una solución oculta que espera su revelación, pasan a ser
como constelaciones virtuales cuyas tensiones reclaman una resolución,
una actualización que es creación y no descubrimiento, que nunca está
contenida potencialmente en el problema mismo. En su dimensión no
representativa el silencio de un lenguaje, los espacios y momentos en
los que este se ausenta, no manifiesta su impotencia o su carácter aún
no plenamente desarrollado, sino la interrupción del despliegue
deductivo, la apertura de un espacio vacío, una discontinuidad, una
fractura. El silencio como un indecible que quiebra el afán
constructivista y unificador abre un campo donde es posible la
decisión, la apuesta conceptual, la intervención, la posibilidad de un
acontecimiento que irrumpa, atravesando transversalmente la arquitectura
sistemática. La emergencia de un acontecimiento es la condición de
posibilidad del tiempo, de la duración, la ruptura del falso movimiento
de la concatenación lógica a favor de un tiempo propio de lo
abstracto. Formando parte de la dinámica del mundo, habría entonces un
devenir irreductible de lo inteligible, cuya operación básica sería
la instauración y despliegue de extensiones teóricas a ser pobladas y
recorridas por los modos de individuación pertinentes. En un lenguaje
formalizado el silencio posibilita el acontecimiento y el acontecimiento
temporaliza la dimensión armónica, constructiva, sincrónica. Goethe
decía que la arquitectura es una música petrificada. Equivalentemente
se podría decir que la música, en tanto devenir no representativo de
un lenguaje que se ejerce en los límites de sí mismo, es un Sistema en
diseminación.
Las diversas formas de lo indecible ya no son un límite
a la potencia colonizadora de la ciencia, un momento precario
y tal vez superable, sino los operadores que musicalizan
al Sistema, que abren la estructura armónica hacia una dimensión
melódica. La potencia conceptual propia de la física, completamente
singular en la historia del pensamiento, encuentra sus condiciones
de posibilidad en esta alianza entre la magnificencia constructiva
de la matemática y la desmesura y audacia de sus gestos
creadores. Parafraseando a Cioran podríamos decir que la
física, como la música, nos permite entender como la eternidad
puede evolucionar. Este tiempo propio de lo inteligible
es el que hace justamente de la física una verdadera forma
de pensamiento en el doble sentido de deconstruir los Saberes
establecidos y de posibilitar la emergencia de singularidades
conceptuales. Es justamente en la apertura de espacios abiertos
a la invención libre de conceptos donde emerge a mi juicio
una dimensión verdaderamente política de la actividad científica:
la tarea última de la física no sería ya componer una imagen
definitiva de la Naturaleza sino erradicarla definitivamente,
quebrando por medio de la creación de nuevos conceptos y
nuevas tensiones todo aquello que tienda a cristalizarse
bajo la forma de lo ordinario, lo regular, lo natural, lo
ya conocido y clasificado por el Saber. (*)
(*)
Fuente: Gabriel Catren, "Física
y silencio", Buenos Aires, julio de 2000.
Para
comunicación con Gabriel Catren a fin de recibir
información sobre sus cursos de Física teórica en Argentina:
gabrielcatren@hotmail.com
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