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EL TEATRO NÁHUATL
Fuera
de México, poca conocida es la tradición del teatro
azteca prehispánico. En este nuevo instante de la
sección de Teatro de Temakel, presentamos
un texto que nos permitirá indagar las diversas articulaciones
con la dimensión sacra de aquel antiguo teatro. Asimismo,
en las líneas que siguen podrá apreciarse los esfuerzos
del Taller de Investigación Teatral de la UNAM para
rescatar aquellas tradiciones que fueron devastadas
por la conquista española.
EL TEATRO NÁHUATL
Por
Antonio Prieto Stambaugh y Yolanda Muñoz González
A diferencia de las tradiciones
orientales, el teatro prehispánico sobrevive tan sólo
en los relatos fragmentados y parciales de los conquistadores,
quienes se dedicaron a destruirlo junto con las demás
formas de expresión de las culturas mesoamericanas.
Aunque el teatro náhuatl clásico desapareció en su forma original a partir de la Conquista, ha habido distintas manifestaciones a
través del tiempo. Por un lado, surgió el teatro evangelizador que, si
bien tenía como propósito imponer la cultura y religión europeas, utilizaba la lengua
náhuatl, así como algunas mezclas de simbología azteca y cristiana para comunicar el
mensaje.
Por otro lado, continuó practicándose cierto tipo de danza guerrerorreligiosa proveniente de la
cultura chichimeca, que hoy se conoce corno "danza conchera". Esta, a diferencia de las otras
festividades o danzas practicadas por grupos nahuas contemporáneos, es quizá la que conserva con
mayor fidelidad tanto el vestuario como la música, ritmicidad y secuencia de pasos que se practicaban antes de la Conquista. Aunque a
simple vista no tiene nada que ver con el teatro, la danza conchera es un rito vivo que permite apreciar la teatralidad de la cosmovisión
guerrera, impregnada de una rica mitología que se cristaliza en la "danza
de Quetzaicóatl" o en la danza Xipe Totec, entre muchas otras.
Los concheros han sobrevivido gracias a su hábil incorporación de elementos cristinos, de manera que, por ejemplo, el 12 de diciembre pueden verse en la Basílica
de Guadalupe ("La Villa"), en la ciudad de México, danzando devotamente
para la virgen católica, que, a la vez, es la Tonantzin náhualt.
Actualmente, el espíritu de la cultura y de los sistemas teatrales rituales
nahuas se ha estudiado profundamente por algunos grupos teatrales en México, entre los que destacan
el Taller de Investigación Teatral de la UNAM de Nicolás Núñez y en los Estados Unidos, el Teatro Campesino de Luis Valdés.
Ambos han penetrado las fuentes en un intento por rescatar una
tradición y una identidad devaluadas.
Pero, concretamente, ¿qué se sabe de la trayectoria del teatro náhuatl? Lo que sigue es una breve reconstrucción de su historia, en un intento por resaltar
su relevancia como una tradición que no ha desaparecido del todo y cuyo
espíritu enriquece el encuentro transcultural de no pocos grupos
teatrales.
Si bien es cierto que en el mundo náhuatl no existió un género teatral deslindado
del rito religioso, puede afirmarse - de acuerdo con las investigaciones
de Fernando Horcasitas, Miguel León-Portilla y Garibay- que los ritos y la vida del
mundo náhuatl en general estaba profundamente inmersa en un espíritu de teatralidad: "Existía en el mundo
náhuatl prehispánico - dice León Portilla - algo así como un ciclo sagrado
de teatro perpetuo y que sucedía sin interrupción a través de sus
18 meses de 20 días’".
Y es que su origen estrechamente vinculado con la religión lo hace ser un
teatro-espejo-del-hombre; un teatro que refleja como pocos "las raíces" de
lo humano. Esto es, no era un teatro que buscara la exaltación estética,
sino lograr que el público extrajera de la representación cierta intensidad en
su experiencia como seres vivos, fortaleza para resistir la fatalidad y, sobre
todo, conciencia de su temporalidad como seres mortales, ya que todas las
"obras"
conocidas invariablemente incluían a la muerte como final de la representación.
Pero no en sólo esto. El teatro-rito náhuatl buscaba, a través de la representación, un acercamiento a sus dioses,
"comunicarse con ellos" para comprender cómo el drama humano estaba influido
por fuerzas cósmicas ajenas a su control:
" La
diversión y la alegría eran elementos secundarios; lo esencial en aquel espectáculo
era ganar la gracia de los dioses, aplacar sus iras, descifrar sus propósitos y colaborar con ellos en
asegurar la existencia del mundo por medio de la sangre derramada."
Miguel León Portilla distingue cuatro momentos en el teatro prehispánico
(aunque algunos sobrevivieron hasta la época colonial, pueden
considerase en
su origen prehispánicos):
1. Danzas, cantos y representaciones.
Esta es la manifestación más antigua que se
conoce en el mundo náhuatl. Aunque en primera instancia
se efectuaba aisladamente, más tarde se incorporaron
de manera definitiva a las acciones dramáticas que
se representaban en honor a los dioses.
2. Actuaciones cómicas y divertimentos.
Este tipo de representaciones, eminentemente
festivas, tenían como único fin divertir al público
y eran ejecutadas por titiriteros, juglares y hasta
por prestidigitadores.
3. Escenificaciones de los grandes mitos y leyendas
nahuas. Su objetivo era honrar a los
dioses; a través de la representación de sus dramas
se trataba de eventos sumamente intensos, cuyo elemento
religioso de veneración divina, combinado con el realismo,
se hacía llegar a extremos insospechados. Tal
es el caso de la representación de la huida de Quetzalcóatl
a Tula, donde la persona que representa a Quetztalcóatl
era elegida con sumo cuidado; se le honraba y se le
ofrecían festines, para, al final, sacrificarla como
lo cuenta la historia.
4. Representaciones de la vida social y familiar.
Estas muestran indicios más conservadores
respecto a la estructura teatral.
Todas estas manifestaciones de teatro-rito náhualtl
muestran una serie de características que pertenecen al teatro
occidental tradicional. Sin embargo, tiene un espíritu tan puro y tan cercano
a lo profano que lo hace ser diferente, más auténtico quizá, y más apegado al hombre
como integrante del cosmos y de un orden universal.
Entre las características que lo acercan más al teatro que al rito están las
siguientes:
1. Consta
de diálogos o danzas y cantos dialogados, que se llevaban
a cabo entre personales de origen divino y personajes
de origen humano.
2. Algunos divertimentos servían
para resaltar la interpretación cómica, particularmente
la zoomorfista.
3. Había lugares especiales
para representaciones, danzas y cantos. También se
hacían ensayos, como en el teatro profesional.
4. Tenía escenografía, aunque
no en el sentido estricto o moderno de la palabra.
Las representaciones se efectuaban al aire libre,
y los elementos escenográficos eran totalmente naturales,
como montañas, piedras, bosques, etc. Sin embargo,
también se utilizaban algunos elementos simbólicos.
A este respecto, Durán describe una fiesta en honor
a Tláloc que ejemplifica perfectamente esta
afirmación:
...antes del día propio de la fiesta de este ídolo, hacían un bosque pequeño en el patio de ni templo ...
en donde ponían muchos matorrales y
montecillos y ramas y peñasquillos que parecían cosa natural y no compuesta o fingida (...)
los grandes sacerdotes y dignidades, muy vestidos de pontifical, como dicen,
sacaban una niña de siete u ocho años, metida en un pabellón que no la veía nadie ( ...) toda vestida de
azul que representaba la laguna grande y todas las demás fuentes y arroyos ( ... ); la cual
niña metían en aquel pabellón y sentábanla debajo de aquel gran árbol vuelta la cara hacia donde el ídolo
estaba y luego traían un tambor y sentados todos sin bailar, teniendo la niña
delante, le cantaban muchos y diversos cantares.
Sin embargo, lo trascendente del teatro-rito prehispánico no es el parecido que pudiera tener con el teatro occidental, sino, precisamente, su capacidad
de dar a la representación la posibilidad de trascender los conflictos
humanos como el amor, el odio o los celos, para dar paso al conflicto
hombre- Dios-universo, utilizando para ello muy poco diálogo y recurriendo
a acciones muy concretas, como la danza y el canto, que acercaran a los participantes a un
diálogo más profundo; a un diálogo consigo mismos y con el cosmos. Y es que
el mundo náhuatl hay magia hasta en el más pequeño insecto: todo es un
símbolo, todo lo que rodea al hombre es un signo complicado, que puede significar buenos
o malos augurios...y desde este punto de vista, todo es invocable.
Era un drama vivido, cuyas profundas raíces no pudieron arrancar los
españoles: el teatro náhuatl era una ceremonia donde realmente se rezaba con
el corazón, para alcanzar el "in ixtli, in yollotl’’ (un rostro y un
corazón) en el cual la sabiduría del alma, se reflejara con pureza en la expresión del
rostro.
Como va se dijo, las fiestas religiosas pueden considerarse teatro. Al respecto,
Horcasitas apunta "En todas las fiestas aztecas abundaba el sentido
dramático, no sólo en las ceremonias (procesiones, cantos, danzas, trajes y escenificaciones) sino también en su
sentido emotivo".
Pero una de las características más importantes del teatro náhuatl, tanto
precolombino como colonial, es, sin duda, la intensidad con que el público participaba en la representación, así como la identificación tan cercana del actor con su papel: "En los espectáculos prehispánicos, como
hemos visto, los protagonistas se poseían a tal grado de sus papeles,
que no sólo llegaban a creerse dioses, sino que los fieles los
consideran divinos".
Esta forma de vivir la representación hace pensar en la enorme validez,
del trabajo del Taller de Investigación Teatral de la UNAM para rescatar esta capacidad de hacerse parte importante de la puesta en
escena, otorgándose y otorgando a los demás participantes la posibilidad de
escapar uno instantes de la intrascendencia y monotonía para convertirse
en guerreros que descienden al Inframundo en busca del Corazón del
Mundo, para lo cual deben experimentar su propia muerte y resurrección.
Cuando los españoles destruyeron el Imperio Azteca y comenzaron la labor
de integrar a los indígenas a la nueva religión cristiana, se aprovecharon
al máximo las dimensiones teatrales y se otorgó a la representación no
sólo un carácter ceremonial o de divertimiento, sino también un
carácter didáctico: un carácter evangelizador.
En
Europa, el teatro se utilizaba para reforzar la fe mediante representaciones
de escenas bíblicas, misterios y la vida de los santos.
Cuando los misioneros españoles llegaron a América, encontraron una sociedad
desmembrada y, sobre todo, pletórica de artistas y especialistas
desempleados; ¡qué mejor momento para aprovechar toda esta fuerza creativa
en favor del proyecto evangelizador!
El teatro se convirtió entonces en el mejor medio de comunicación
entre vencedores y vencidos. Dado que ambos tenían una gran tradición teatral religiosa, la representación
se convirtió en el marco común de referencia. Fue
un teatro medieval con espíritu renacentista; fue "una manera culta de superar la violencia y la frustración que genera
todo proceso regido por los términos de vencedores y vencidos".
Algunos elementos del teatro prehispánico, como el zoomorfismo, se incorporaron a
este teatro de la Colonia; los telones se sustituyeron por los espacios
abiertos del teatro prehispánico, y el maquillaje evocador del teatro clásico
de Occidente hizo su aparición, adaptándose a la magia esencial del pueblo
náhuatl:
...rayas vigorosas de colores estridentes surcaban rostros, brazos y piernas; los torsos
también se adornaban con variedad de tinturas y tonalidades broncíneas y auríferas;
máscaras de obsidiana, de turquesas, madera, cuero y otros materiales.
Todo ello sobre un templete rodeado por la magia, capaz de reproducir aspectos de la
naturaleza con elementos de sugerencia solamente.
A pesar de que el teatro náhuatl de la Colonia era estrictamente
religioso, también hubo infinidad de obras cómicas y festivas, salpicadas de ironía para divertir al pueblo. Por ejemplo, las dramatizaciones
de los se acercaban a los dioses para pedirles favores.
...El teatro se convirtió no sólo en el medio para difundir la nueva religión, sino también en el
círculo de una nueva ideología, de una manera de afrontar a la vida... quizá
no mejor de la que tenían los tlamatimine o sabios náhuatls prehispánicos.
Así, el
"milagro’" hizo su gloriosa aparición en la mente del
mexicano.
El teatro evangelizador cumplió su misión; prueba de ello fue la
famosísima puesta en escena "La caída de Adán y Eva", representada en
Tlaxcala en 153O. Al final de esta obra, miles de indígenas eran bautizados, con lo
que se consolidaba su legítima pertenencia a la nueva religión.
Sin embargo, la Iglesia española consideró que el método teatral de
evangelización era profano y poco honesto, por lo que, a partir de 1574, la
Inquisición comenzó a censurar las obras dramáticas. Esto provocó el surgimiento
de una increíble barrera entre indígenas y españoles; los españoles
comenzaron a producir obras profanas totalmente escritas en español , olvidando
por completo la lengua náhuatl .
Cabe señalar que
este carácter "profano" es muy relativo; basta echar un vistazo a los
nombres de estas piezas: Coloquios espirituales y sacramentales o
Poesías sagradas, ambas frutos de la inspiración (divina, por supuesto) del
clérigo Fernán González de Eslava. En realidad, puede decirse que el teatro
verdaderamente profano surgió a finales del siglo XVl, con autores dramáticos
como Alfonso Ramírez Vargas, Juan Becerra, Juan Ortiz Torres y Eusebio
Vela.
El signo característico de la dramaturgia novohispana posterior al teatro
evangelizador fue la total evasión de un mundo indígena, en una actitud
que quizá era mezcla del temor, odio, incomprensión y desprecio.
Sin embargo, los indígenas, al parecer los pioneros del underground, siguieron
ejerciendo su identidad partir de manifestaciones inofensivas a simple
vista como la danza.
En efecto, una gran cantidad de elementos del teatro evangelizador aún están
presentes en las ceremonias religiosas que se llevan a cabo en todas las regiones
del país: por ejemplo la naturaleza siempre sirve de escenario para este tipo de
representaciones.
Entre las manifestaciones de la vida náhuatl que permanecieron prácticamente
intactas debido a su sorprendente integración a la cosmovisión cristiana; se encuentra, por otra parle, la danza conchera. Horcasitas apunta que es
extraño que los franciscanos no la hayan aprovechado para sus fines
religiosos evangelizadores, dada su popularidad.
La danza conchera sobrevivió debido a que asimiló imágenes y efectos de la ortodoxia católica, con lo que creó un
sincretismo religioso difícil de deslindar: "Todas las religiones son fusiones, amalgamas, crisoles. El
fenómeno del sincretismo religioso en la danza conchera es un reflejo
fiel de cómo las inspiraciones de un auténtico cristianismo y de la religión prehispánica
se concilian en un mismo impulso por bailarle a Dios".
Así, de
acuerdo con Horcaistas, el mestizo, el mexicano, lejos de permanecer huraño a
la nueva religión, asimiló su estructura para unirla a su carácter
inicial.
La danza conchera juega un papel muy importante en el desarrollo del trabajo
del TIT/UNAM. Según explica Nicolás Núñez: "Por un lado nos interesa
su gran capacidad como instrumento para actualizar la conciencia y, por el
otro, la ayuda que nos brinda para gestionar con ella partes importantes
de nuestros diseños de teatro participativo".
Es así como el teatro-rito
náhuatl aun se representa, transformándose constantemente en medio de distintas manifestaciones. Esta
transformación ha permitido una continuidad en una tradición viva que no pertenece
a los museos, sino al pueblo y a sus espacios escénicos.
Se sabe que el mundo prehispánico en general poseía un espíritu profundamente
teatral. Basta con observar las enormes explanadas, plataformas y
"arenas’" que se levantan en lugares como Teotihuacán, Chichén
Itzá y Tikal para imaginarse los impresionantes despliegues rituales
que deben haberse escenificado. Por otro lado, como señala Núñez, es necesario "hallar la
traducción adecuada que nos permita actualizar esas manifestaciones a
nuestro aquí y ahora".
La búsqueda de una cultura antigua, desde esta perspectiva, no debe
quedarse en el rescate antropológico de "nuestras raíces", sino que debe servir como
instrumento para entender una realidad contemporánea. El teatro es un espacio ideal para
comprometerse orgánicamente con esta búsqueda, así como para explorar el impacto
de una de las influencias culturales que toman parte de ese extraño y singular híbrido
que es el pueblo mexicano. (*)
(*)
Fuente: Antonio Prieto
Stambaugh, Yolanda Muñoz González, El teatro como
vehículo de comunicación, México, Editorial Trillas,
pp.115-118.
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