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LO SAGRADO TEATRAL EN GROTOWSKI
Por Peter Brook

Jerzy
Grotowski, exponente de
la vanguardia escénica de este siglo, continuador
del método de Stanislavski; el maestro que estudió
como nadie el oficio del actor. En la década del 70,
en la era de los grandes festivales internacionales
de teatro, los grupos jóvenes se inspiraban casi totalmente
en las ideas estéticas de Grotowski. Los jóvenes actores
y realizadores se hallaban poseídos por Grotowski,
Stanislavski y Antonin Artaud. Estos tres maestros
eran la llave maestra hacia los secretos de la creatividad
teatral.
Jerzy Grotowski, antes que nada, fue un maestro en
el arte de la dirección escénica (sus puestas en escena
de AKROPOLIS o APOCALIPSIS CUM FIGURIS,
en 1970, asombraron al público y a la crítica
mundial). Sin embargo, cesó de montar espectáculos
y, al igual que su ídolo Stanislavski, dedicó los
últimos años de su vida a investigar el arte del actor
gracias al apoyo financiero del Centro para la Investigación
y Experimentación Teatral de Pontedera, Italia, de
Roberto Bacci y Carla Pollastrelli, quienes tuvieron
el mérito de permitirle a Grotowski dedicarse a la
investigación pura, sin someterlo a la exigencia de
generar resultados rápidos y tangibles.
Multitud de discípulos procedentes de todos los puntos
del globo se entregaban a la enseñanza de Grotowski
para, como expresa Brook, hallar en el teatro "
un vehículo, un medio de autoestudio, de autoexploración,
una posibilidad de salvación." Y es así que el
actor encuentra " en sí mismo su campo de trabajo.
Dicho campo es más rico que el del pintor, más rico
que el del músico, puesto que el actor, para explorarlo,
ha de apelar a todo aspecto de sí mismo". El
actor según el gran director polaco, se debe a un
designio superior, a algo superior a sí mismo y al
peligro de la vanidad personal.
Hoy, Grotowski está casi olvidado. Muy pocos conocen
su obra y su legado. Por eso, en este
momento de Teatro y trascendencia de Temakel,
presentaremos el modo como
Peter
Brook, otro
fundamental explorador del acto teatral incursiona
en la mística teatral del desaparecido maestro polaco.
E.I
LO
SAGRADO TEATRAL EN GROTOWSKI
Por Peter Brook
En
Polonia hay una pequeña compañía
dirigida por un visionario, Jerzy Grotowski, que también
tiene un objetivo sagrado. A su entender el teatro
no puede ser un fin en sí mismo; como la danza o la
música en ciertas órdenes de derviches, el teatro
es un vehículo, un medio de autoestudio, de autoexploración,
una posibilidad de salvación. El actor tiene en sí
mismo su campo de trabajo. Dicho campo es más rico
que el del pintor, más rico que el del músico, puesto
que el actor, para explorarlo, ha de apelar a todo
aspecto de sí mismo. La mano, el ojo, la oreja, el
corazón son lo que estudia y con lo que estudia. Vista
de este modo, la interpretación es el trabajo de una
vida: el actor amplia paso a paso su conocimiento
de sí mismo a través de las penosas y siempre cambiantes
circunstancias de los ensayos y los tremendos signos
de puntuación de la interpretación. En la terminología
de Grotowski, el actor permite que el papel lo "penetre";
al principio el gran obstáculo es su propia persona,
pero un constante trabajo le lleva a adquirir un dominio
técnico sobre sus medios físicos y psíquicos, con
lo que puede hacer que caigan las barreras. Este dejarse
"penetrar" por el papel está en relación
con la propia exposición del actor, quien no vacila
en mostrarse exactamente como es, ya que comprende
que el secreto del papel le exige abrirse, desvelar
sus secretos. Por lo tanto, el acto de interpretar
es un acto de sacrificio, el de sacrificar lo que
la mayoría de los hombres prefiere ocultar: este sacrificio
es su presente al espectador. Entre actor y público
existe aquí una relación similar a la que se da entre
sacerdote y fiel. Está claro que no todo el mundo
es llamado al sacerdocio y que ninguna religión tradicional
lo exige. Por una parte están los seglares -que desempeñan
papeles necesarios en la vida- y, por la otra, quienes
toman sobre sí otras cargas, por cuenta de los seglares.
El sacerdote celebra el rito para él y en nombre de
los demás. Los actores de Grotowski ofrecen su representación
como una ceremonia para quienes deseen asistir: el
actor invoca, deja al desnudo lo que yace en todo
hombre y lo que encubre la vida cotidiana. Este teatro
es sagrado porque su objetivo es sagrado: ocupa un
lugar claramente definido en la comunidad y responde
a una necesidad que las Iglesias ya no pueden satisfacer.
El teatro de Grotowski es el que más se aproxima al ideal de Artaud.
Supone un modo de vida completo para todos sus miembros y contrasta con la mayoría de los otros
grupos de vanguardia y experimentales, cuyo trabajo suele quedar invalidado por falta de medios. La
mayor parte de los intentos experimentales no pueden hacer lo que desean debido a que las condiciones externas pesan demasiado sobre ellos:
dificultades en el reparto de papeles, reducido tiempo para ensayar debido a
que los actores han de ganarse la vida en otros menesteres, inadecuados locales, trajes, luces, etc. La pobreza de medios es a la vez su queja y su excusa. Grotowski hace un ideal de la pobreza: sus actores renuncian a todo excepto a su propio cuerpo, tienen el instrumento humano y tiempo
ilimitado. No es, pues, asombroso que se consideren el teatro más rico del mundo.
Estos tres teatros
-Cunningham, Grotowski y Beckett-, tienen varías cosas en común: escasos medios, intenso trabajo, rigurosa disciplina, absoluta precisión. Al mismo tiempo, y casi como condición, son teatros para una
élite. Merce Cunningham suele actuar en salas humildes y el escaso respaldo con que cuenta, y que escandaliza a sus admiradores, le tiene sin cuidado. Beckett raramente
llena una platea de mediana capacidad. Grotowski no acepta más de treinta espectadores. Está convencido de que los problemas a los que ha de hacer frente, tanto él como los actores, son tan grandes que un mayor número de espectadores llevaría al desleimiento del trabajo. Me dijo lo siguiente:
"Mi búsqueda se basa en el director y en el actor. Usted la basa en el director, el actor y el público. Acepto que esto sea posible, aunque para mí es demasiado
indirecto." ¿Está en lo cierto? ¿Son éstos los únicos teatros posibles para tocar la
"realidad"? Sin duda son auténticos para sí mismos, sin duda afrontan la pregunta básica de por qué el teatro, y cada uno ha encontrado su respuesta. Todos ellos parten de su hambre, todos ellos
se afanan en disminuir su propia necesidad. Y sin embargo, la misma pureza de su resolución, la elevada y seria naturaleza de su actividad, colorea inevitablemente sus elecciones y limita su campo de acción. No pueden ser esotéricos y populares al mismo tiempo. No hay muchedumbre en
Beckett, no hay ningún Falstaff.
...En su vida privada, los principales actores de Grotowski coleccionan con avidez discos de jazz, pero no ofrecen canciones populares en el escenario, a pesar de ser éste su vida. Estos teatros exploran la vida, pero lo que cuenta como vida es restringido. La vida
"real" excluye ciertos rasgos "irreales". Si leemos hoy día las descripciones de Artaud sobre sus producciones imaginarias, vemos que reflejan sus gustos personales y la corriente de imaginación romántica de su tiempo, ya que tiene una cierta preferencia por la oscuridad y el misterio, la salmodia, los gritos
sobrenaturales, las palabras sueltas en vez de las frases, las formas amplias, las máscaras, los reyes, emperadores y papas, los santos, pecadores y flagelantes, la vestimenta negra y la piel desnuda y arrugada por el
dolor. Un director que trate con elementos que existen fuera de él puede engañarse al considerar su trabajo más objetivo de lo que es en realidad. Por la elección de ejercicios, incluso por la forma de alentar al actor a que encuentre su propia libertad, un director no puede evitar que su estado de ánimo se proyecte sobre el escenario. El supremo
objetivo para el director sería estimular tal efusión de la riqueza interior del actor, que transformase
por completo la naturaleza subjetiva de su impulso original. Por lo general, el esquema dcl director o del coreógrafo se transparenta, y aquí es donde la deseada experiencia objetiva puede convertirse en la expresión de la fantasía personal del director. Podemos intentar captar lo invisible pero no debemos perder el contacto con el sentido común: si nuestro lenguaje es demasiado
esencial perderemos parte de la fe del espectador. Como siempre, el modelo es
Shakespeare. Su
objetivo es siempre sagrado, metafísico, pero nunca comete el error de permanecer
demasiado tiempo en el nivel más alto. Sabía lo difícil que nos resulta mantenernos en compañía
con lo absoluto, y por eso nos envía continuamente a tierra; Grotowski reconoce esto al hablar de la necesidad tanto
de la "apoteosis" como de lo "irrisorio". Hemos de aceptar que nunca podemos ver todo lo invisible. Así, tras hacer un esfuerzo en esa
dirección, tenemos que afrontar la derrota, caer e iniciar de nuevo la marcha.
(*)
(*)
Fuente: Peter Brook, El espacio
vacío, Arte y técnica del teatro (trad.
Ramón Gil Novales), Barcelona, Ed. Península, Colección
Nexos, 1994.
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