HEISENBERG La primera
vez que vine a Copenhagen fue muy al comienzo de la primavera en
1924. Marzo.
BOHR Vos tenías
veintidós. Así que yo debía tener...
HEISENBERG Treinta y
ocho.
BOHR Casi la misma
edad que tenías cuando viniste en 1941.
HEISENBERG ¿Y qué
hacemos?
BOHR Nos ponemos las
botas y la mochila.
HEISENBERG Nos
tomamos el tranvía hasta el final del recorrido...
BOHR ¡Y caminamos!
HEISENBERG Hacia el
norte, a Elsinore.
BOHR Si uno camina
habla.
HEISENBERG Caminamos
y hablamos, durante casi doscientos kilómetros.
BOHR Y después no
paramos de hablar en tres años.
HEISENBERG Compartíamos
una botella de vino en tu departamento del instituto.
BOHR Pero tenemos que
seguir los hilos hasta el comienzo del laberinto. ¿A vos no te
importaba? Espero que no.
MARGARITA ¿Qué?
BOHR Que te dejáramos
en casa.
MARGARITA ¿Mientras
ustedes se iban a caminar? Por supuesto que no. ¿Por qué me iba
a importar? Tenías que salir de casa. Dos hijos nuevos al mismo
tiempo era mucho para que lo tolerara cualquier hombre.
BOHR ¿Dos hijos
nuevos ?
MARGARITA Heisenberg.
BOHR Sí, sí.
MARGARITA Y nuestro
propio hijo.
BOHR ¿Aage?
MARGARITA ¡Ernesto!
BOHR 1924, por
supuesto, Ernesto.
MARGARITA El quinto.
¿Sí?
BOHR Sí. Y era
marzo, tenés razón. No tenía más de...
MARGARITA Una semana.
BOHR ¿Una semana?
Una semana, sí. ¿Y de verdad no te importaba?
MARGARITA Para nada.
Me ponía contenta que tuvieras una excusa para irte. Siempre te
ibas a caminar con tus asistentes nuevos.
HEISENBERG ¡Ah,
aquellos años! ¡Esos años asombrosos! ¡Esos tres cortos años!
BOHR De 1924 a 1927.
HEISENBERG Desde que
llegué a Copenhagen a trabajar con vos...
BOHR Hasta que te
marchaste, a hacerse cargo de tu cátedra en Leipzig.
HEISENBERG Tres años
de una primavera áspera, vigorizante típica del norte de Europa.
BOHR Al final de la
cual teníamos la mecánica cuántica, teníamos el principio de
incertidumbre...
HEISENBERG Teníamos
la teoría de la complementariedad.
BOHR Teníamos la
totalidad de las interpretaciones del grupo de Copenhagen.
HEISENBERG Nuevamente
Europa en toda su gloria. Un nuevo renacimiento, con Alemania otra
vez en su merecido lugar, en el centro de todo. ¿Y quiénes
abrieron el camino para todos los demás?
MARGARITA Ustedes
dos.
HEISENBERG Lo hicimos
si.
BOHR Lo hicimos.
MARGARITA ¿Y a eso
intentabas volver en 1941?
HEISENBERG A algo que
hicimos en aquellos tres años... Algo que dijimos, algo que
pensamos... Algo referido al modo en que trabajamos.
BOHR Juntos.
HEISENBERG Juntos. Sí,
juntos.
MARGARITA No.
BOHR ¿No?. ¿Qué
querés decir, no?
MARGARITA Juntos no.
No hicieron ninguna de esas cosas juntos.
BOHR Si, las hicimos.
Claro que las hicimos.
MARGARITA Cada uno
hicieron su trabajo cuando estuvieron separados. Primero
terminaste de resolver la mecánica cuántica en Heligoland.
HEISENBERG Bueno había
llegado el verano y yo tenía mi alergia.
MARGARITA No. Te
fuiste solo a esa isla diciendo que ahí no había nada que te
distrajese.
HEISENBERG Si. Mi
cabeza empezó a despejarse, y tuve una imagen muy definida de cómo
debería ser la física atómica. De pronto me di cuenta que teníamos
que limitarla a las mediciones que podíamos hacer, a lo que podíamos
observar. No podemos ver los electrones dentro del átomo...
MARGARITA Como
tampoco Niels puede ver los pensamientos en tu cabeza o vos los
pensamientos en la de Niels.
HEISENBERG Lo único
que podemos ver son los efectos que producen los electrones en la
luz que ellos reflejan...
BOHR Pero las
dificultades que vos intentabas resolver eran aquellas que habíamos
explorado juntos, comiendo en el departamento del instituto o en
la casa de la playa.
HEISENBERG Por
supuesto. Pero recuerdo la noche cuando las matemáticas empezaron
por primera vez a armonizar con el principio de incertidumbre.
MARGARITA En
Heligoland.
HEISENBERG En
Heligoland.
MARGARITA Solo.
HEISENBERG Si. Fue
terriblemente agotador. Pero a eso de las tres de la mañana logro
resolverlo. Parece como si mirara a través de la superficie del
fenómeno atómico y veo un extraño y bello mundo interior. Un
mundo de estructuras puramente matemáticas.Y si - estaba feliz-.
MARGARITA Más feliz
de lo que estuviste con nosotros el invierno siguiente.
HEISENBERG Por
supuesto ¿Con todas esas tonterías de Schrodinger?
BOHR ¿Tonterías?
Vamos. ¿La formulación de la mecánica ondulatoria de
Schrodinger?
MARGARITA ... ¡Dijo
que era repulsiva!
HEISENBERG Dije que
las consecuencias para la física eran repulsivas. Schrodinger
dijo que mis matemáticas eran repulsivas.
BOHR A mí me parece
recordar que usaste otra palabra.
HEISENBERG Vos lo
invitaste aquí a Schrodinger...
BOHR Para mantener un
debate apacible sobre nuestras diferencias.
HEISENBERG Y vos caíste
sobre él como un loco. Lo vas a buscar a la estación y arremetes
contra él antes de que pudiera bajar sus valijas del tren. Y
luego la siguís contra él desde las primeras horas de la mañana
hasta la medianoche.
BOHR ¿Yo la sigo?
¡Él la seguía!
HEISENBERG ¡Por que
no querías hacer la menor concesión!
BOHR ¡Y él tampoco!
HEISENBERG ¡Lo
hiciste enfermar! ¡Tuvo que meterse en la cama para poder
alejarse de vos!
BOHR Tuvo un leve
resfrío con algo de fiebre.
HEISENBERG ¡Margarita
lo tuvo que cuidar!
MARGARITA Le di
cantidades de té y torta para que no se debilitara.
HEISENBERG ¡Sí,
mientras que vos no lo dejáste en paz ni en la cama! ¡Te sentáste
ahí y lo martilláste a palabras!
BOHR Muy cortésmente.
HEISENBERG ¡Vos eras
el Papa y el Santa Oficio y la Inquisición en una sola persona! Y
entonces, después de que Schrödinger se fue huyendo de tu casa
–y esto no me lo voy a olvidar, Bohr, no voy a dejar que lo
olvides nunca – te pusiste de su lado. ¡Me atacaste a mí!
BOHR Porque a esa
altura habías enloquecido. Te habías vuelto un fanático. De
ninguna manera querías permitirle un lugar en la mecánica cuántica
a la teoría ondulatoria.
HEISENBERG ¡Me
traicionaste!
BOHR Dije que la mecánica
ondulatoria de Schrödinger y tu mecánica de las matrices eran
simplemente herramientas alternativas.
HEISENBERG Estabas
aceptando algo de lo que siempre me acusa a mí: "Si
funciona, funciona". No importa el significado.
BOHR Por supuesto que
me importa el significado. Tenemos que explicárselo a Margarita.
MARGARITA ¿A mí? ¡Si
no se lo podían explicar entre ustedes! ¡Seguían discutiendo
hasta la madrugada todas las noches! ¡Los dos se enojaban tanto!
BOHR Quedábamos
exhaustos.
MARGARITA El
experimento de la cámara de niebla terminó con esas discusiones.
BOHR Sí, porque si
se desprende un electrón de su átomo, y pasa a través de una cámara
de niebla, se puede ver la huella que deja.
HEISENBERG Y es un
escándalo. ¡Porque no debería haber una huella!
MARGARITA De acuerdo
a tu manera de ver la mecánica cuántica.
HEISENBERG ¡No hay
una huella! ¡No hay órbitas! ¡Ni huellas ni trayectorias! ¡Sólo
efectos externos!
MARGARITA Pero ahí
está la huella. La vi yo misma, tan clara como la estela que deja
un barco al pasar.
BOHR Era una paradoja
fascinante.
HEISENBERG Y a vos te
encantaban las paradojas, ese es tu problema. Te regodeabas en las
contradicciones.
BOHR Sí, y vos nunca
pudiste entender el encanto que hay en la paradoja y la
contradicción. Ese es tu problema. Vivís y respiras paradojas y
contradicciones, pero no sos capaz de ver la belleza de ellas,
como el pez no puede ver la belleza del agua.
HEISENBERG A veces me
sentía atrapado en una especie de infierno sin ventanas. Vos no
te das cuenta de lo agresivo que sos. Dando vueltas por la
habitación como si estuvieras por comerte a alguien - y yo puedo
adivinar quién va a ser.
BOHR Pero así hacíamos
la física.
MARGARITA ¡No! ¡Al
final lo hiciste por tu cuenta, solo! Te fuiste a esquiar a
Noruega.
BOHR ¡Tenía que
alejarme de todo eso!
MARGARITA ¡Y
resolviste la complementariedad, en Noruega, por tu cuenta!
Ustedes dos funcionan mucho mejor por separado.
HEISENBERG Tenerlo a
él lejos, fue un gran alivio, como poder escaparle a mi alergia
en Heligoland.
MARGARITA Si yo fuera
el maestro no los dejaría sentarse juntos.
HEISENBERG Y ahí fue
cuando desarrollé el principio de incertidumbre. Caminando solo
en la oscuridad. Empiezo a pensar qué verías vos, si pudieses
enfocar un telescopio sobre mí, desde las montañas de Noruega.
Me verías junto a los faroles de la calle, luego nada mientras yo
me desvanecía en la oscuridad, luego otro vistazo mientras paso
por la luz de otro farol. Y eso es lo que vemos en la cámara de
niebla. No una huella continua sino una serie de visiones breves -
una serie de colisiones entre el electrón que pasa y varias moléculas
de vapor de agua. O pienso en tu viaje a Leiden en 1925. ¿Qué veía
Margarita de ese viaje, estando en su hogar, aquí en Copenhagen?.
Una postal de Hamburgo, quizás. Luego una de Leiden. Una de
Gottingen. Una de Berlín. Por que lo que vemos en la cámara de
niebla ni siquiera son las colisiones en si mismas, sino las gotas
de agua que se condensan alrededor de ellas. No hay huella, no hay
direcciones precisas; solo una lista borrosa de las ciudades que
visitaste. No sé por qué no se nos ocurrió antes, estábamos
demasiado ocupados discutiendo para siquiera pensar.
BOHR En cambio parecía
que vos habías abandonado todo tipo de discusión. ¡Cuándo
regresé de Noruega me encontré con que habías hecho un borrador
de tu trabajo sobre el principio de incertidumbre y que ya lo había
mandado a publicar!
MARGARITA Y entonces
empieza el combate.
BOHR ¡Mi muy querido
Heisenberg, no es un comportamiento muy franco apurarse a imprimir
un primer borrador antes de haberlo discutido juntos! ¡Esa no es
nuestra manera de trabajar!
HEISENBERG ¡No! ¡La
manera en que trabajamos es que me acosas desde la primera hora en
la mañana hasta la última hora de la noche! ¡La manera en que
trabajamos es que me volvés loco!
BOHR Sí, por que tu
informe tiene un error fundamental.
MARGARITA Ahí estan
en pleno combate.
HEISENBERG Yo le
muestro la verdad más extraña acerca del universo con la que jamás
nos hayamos topado desde la teoría de la relatividad: que nunca
se puede saber todo sobre el paradero de una partícula, o de
cualquier otra cosa – ni siquiera de Bohr ahora, mientras da
vueltas de un lado al otro de la habitación de ese modo suyo tan
irritante –.Yo hago añicos el universo objetivo que lo rodea,
¡y lo único que podés decirme es que tengo un error en la
formulación!
BOHR ¡Y lo tenés!
MARGARITA ¿Quieren té?
¿Torta?
HEISENBERG Escúchame,
en mi trabajo lo que intentamos localizar no es un electrón
libre, de viaje a través de una cámara de niebla, sino a un
electrón cuando está en su lugar, dando vueltas adentro de un átomo...
BOHR Y la
incertidumbre no surge, como vos sostenés – a través de su
impreciso retroceso cuando es golpeado por un fotón que avanza...
HEISENBERG ¡Lenguaje
sencillo, lenguaje sencillo!
BOHR Estoy hablando
en un lenguaje sencillo.
HEISENBERG Escuchame...
BOHR El lenguaje de
la mecánica clásica.
HEISENBERG ¡Escuchame!
Copenhagen es un átomo. Margarita es su núcleo. ¿Está bien la
escala? ¿Diez mil a uno?
BOHR Sí, sí.
HEISENBERG Y Bohr es
un electrón. Está paseando por alguna parte de la ciudad en la
oscuridad, nadie sabe dónde. Está aquí, está allá, está en
todas partes y en ninguna. Yo soy un fotón. Un quantum de luz.
Soy enviado dentro de la oscuridad para encontrar a Bohr. Y tengo
éxito, porque logro chocar con él... ¿Pero, qué sucedió? ¡Mirá,
te desaceleraste! ¡Te desviaste! ¡Ya no estás haciendo
exactamente lo mismo que tan irritantemente estabas haciendo
cuando te choqué!
BOHR ¡Pero
Heisenberg, Heisenberg! ¡También has sido desviado! ¡Si se
puede ver qué ha sucedido con vos y con tu partícula de luz
entonces pueden calcular qué me ha pasado a mí! ¡El problema es
saber qué te ha sucedido a vos! Porque para comprender cómo se
te ve, nosotros tenemos que tratarte no solo como a una partícula,
sino como a una onda. Tengo que usar no sólo tu mecánica sobre
las partículas, también tengo que usar la mecánica ondulatoria
de Schrödinger.
HEISENBERG Ya lo sé,
lo añadí en una posdata a mi artículo.
BOHR Todos recuerdan
tu informe, pero nadie recuerda tu posdata. Pero el asunto es
fundamental. Las partículas son cosas, completas en sí mismas.
Las ondas son alteraciones que se producen en otras cosas.
HEISENBERG Ya lo sé.
La complementariedad. Está en la posdata.
BOHR Vos nunca
aceptaste absoluta y totalmente la teoría de la
complementariedad, ¿verdad?
HEISENBERG ¡Sí! ¡Absoluta
y totalmente! ¡La defendí en la Conferencia de Como de 1927! Soy
un fiel partidario desde entonces. Me convenciste. Acepté tus críticas
humildemente.
BOHR No antes de
decirme algunas cosas profundamente hirientes.
HEISENBERG ¡En un
momento literalmente me hiciste llorar!
BOHR Yo las
diagnostiqué como lágrimas de frustración y de rabia.
HEISENBERG ¿Un
berrinche infantil?
BOHR Yo crié mis
hijos.
HEISENBERG ¿Y qué
pasó con Margarita? ¿Ella también tuvo una rabieta? Me enteré
que la hiciste llorar después que me fui, haciéndola tipear tus
interminables correcciones de tu tesis sobre la complementariedad.
BOHR De eso no me
acuerdo.
MARGARITA Yo sí.
HEISENBERG Tuvimos
que arrancarlo de su cama a Pauli en Hamburgo para que viniera una
vez más a Copenhagen a negociar la paz.
BOHR Lo logró.
Terminamos con un tratado. La incertidumbre y la complementariedad
se irguieron como los dos pilares centrales de las Interpretaciónes
de la Mecánica Cuántica de Copenhagen.
HEISENBERG Un
compromiso político, desde luego, como la mayoría de los
tratados.
BOHR ¿Ves? En algún
lugar dentro tuyo todavía hay reparos secretos.
HEISENBERG Para nada,
funciona. Eso es lo que importa. ¡Funciona, funciont!
BOHR Sí, funciona.
Pero es más importante que eso. Porque, ¿se das cuenta de qué
hicimos en esos tres años, Heisenberg? ¡No quiero exagerar pero
nosotros dimos vuelta el mundo como una media! Sí, escuchen,
presten todos atención: Volvimos a poner al hombre en el centro
del universo. A través de la historia somos desplazados
continuamente. Primero nos convertimos en meros accesorios de los
insondables propósitos de Dios, diminutas figuras arrodilladas en
la gran catedral de la creación. ¡Y ni bien nos recuperamos en
el Renacimiento, apenas el hombre se ha restablecido como la
medida de todas las cosas – como proclamaba Protágoras –
entonces somos desplazados otra vez por los productos de nuestro
propio razonamiento! Somos empequeñecidos otra vez mientras los físicos
construyen las nuevas catedrales grandiosas de la mecánica clásica
para que nosotros las admiremos. Hasta que llegamos a principios
del siglo veinte, y de repente nos vemos forzados a levantarnos
nuevamente de nuestra postración.
HEISENBERG Empieza
con Einstein.
BOHR Empieza con
Einstein. El muestra que la medida –o sea la medida de la cual
depende toda la posibilidad de la existencia de la ciencia– la
medida, no es un evento impersonal que ocurre con la imparcialidad
del universo. Es un acto humano, llevado a cabo desde un punto de
vista específico en el tiempo y en el espacio, desde el punto de
vista particular de un posible observador. Y aquí, en Copenhagen,
en aquellos tres años a mediados de los años veinte, nosotros
descubrimos que no hay un universo objetivo determinable con
precisión. Que el universo existe sólo como una serie de
aproximaciones. Sólo dentro de los límites determinados por
nuestra relación con él. Sólo a través del entendimiento
alojado en la cabeza del ser humano.
MARGARITA ¿Entonces
este hombre que pusiste en el centro del universo es Bohr o es
Heisenberg?
BOHR Bueno, mi amor,
vamos.
MARGARITA Es que no
es lo mismo.
BOHR Cualquiera de
los dos. Cualquiera de nosotros.
MARGARITA Si
Heisenberg es el que está en el centro del universo, entonces esa
partícula del universo que él no puede ver es el mismo. Así que
no tiene sentido preguntarle por qué vino a Copenhagen en 1941.
¡El no lo sabe! No consiste en eso la teoría de la
complementariedad. He tipeado tanto sobre el tema. Si alguien está
haciendo algo en lo cuál tiene que concentrarse no puede al mismo
tiempo estar pensando en hacerlo, y si piensa en hacerlo entonces
en realidad no puede estar haciéndolo. Ahora perdoname pero vos
ni siquiera sabés por qué desarrollaste el principio de
incertidumbre.
BOHR Mientras que si
sos la que está en el centro del universo...
MARGARITA Entonces
puedo decirle que fue porque quería destruirlo a Schrödinger.
HEISENBERG Yo quería
demostrar que él estaba equivocado, por supuesto.
MARGARITA El estaba
ganando. Cuando la cátedra de Leipzig quedó vacante, él era uno
de los candidatos y no vos. Entonces ahí usted publica su
maravilloso principio.
BOHR No es por
criticar, Margarita, pero tenés una tendencia a reducir todo al
plano personal.
MARGARITA ¡Por que
todo es personal! ¡Acabas de darnos una conferencia al respecto!
Cuando contas la historia todo está en orden, todo tiene un
principio, un medio y un final. ¡Pero yo estaba ahí! ¡Y cuando
recuerdo cómo era todo y miro a mi alrededor, lo que veo no es un
cuento! Es confusión y rabia y celos y lágrimas y que nadie sabe
lo que significan las cosas ni qué camino van a seguir.
HEISENBERG De todos
modos, funciona, funciona.
MARGARITA Sí,
funciona maravillosamente bien. Después de tres meses de haber
publicado tu trabajo sobre el principio de incertidumbre te
ofrecen la cátedra de Leipzig.
HEISENBERG No me
refería a eso.
MARGARITA Sin
mencionar las otras que te ofrecieron.
HEISENBERG Si muchas.
BOHR Y varias
universidades norteamericanas.
HEISENBERG Pero no me
refería a eso.
MARGARITA ¿Y qué
edad tenés cuando te hacés cargo de la cátedra en Leipzig?
HEISENBERG Veintiséis.
BOHR El profesor
titular más joven de Alemania.
HEISENBERG Cuando
digo que funciona me refiero a la Interpretación de Copenhagen.
La Interpretación de Copenhagen funciona. Y continúa
funcionando.
MARGARITA Sí. ¿Y
por qué al final los dos aceptaron la Interpretación? ¿Crees de
verdad que fue porque querían restablecer el humanismo?
BOHR Por supuesto que
no. Fue por que era el único modo de explicar los experimentos.
MARGARITA ¿O fue por
que ahora que te habías convertido en profesor necesitabas crear
una doctrina sólidamente establecida para enseñar? ¿O porque
querías que tus nuevas ideas fueran públicamente respaldadas por
el Papa de Copenhagen? Y tal vez Niels decidió apoyarlas a cambio
de que aceptases las doctrinas que él había creado y lo
reconocieras como cabeza de la iglesia. Y si quiere saber a qué
viniste a Copenhagen en 1941, también te lo voy a decir. Tenés
razón, no es tan misterioso: viniste a pavoniarte con nosotros.
BOHR ¡Margarita!
MARGARITA ¡No!
Cuando llegó acá en 1924 era un humilde asistente de una nación
humillada, agradecido por tener trabajo. Y ahora regresa
triunfante, el científico más importante de la nación que ha
conquistado la mayor parte de Europa. Vino a mostrarnos lo bien
que le va en la vida.
BOHR ¡No podés
seguir diciendo eso!
MARGARITA Lo siento,
¿pero no es por eso que está acá? Porque arde en deseos de que
sepamos que él está a cargo de alguna pieza vital de alguna
investigación secreta. Y que no obstante él ha conservado una
elevada independencia moral. La preserva tan claramente que hasta
debe ser vigilado por la Gestapo. La preserva con tanto éxito que
ahora también sufre un importante y maravilloso dilema moral que
debe afrontar.
BOHR Sí, bueno,
ahora sólo te estás dando cuerda para seguir atacando.
MARGARITA Una reacción
en cadena. Uno cuenta una verdad dolorosa y eso lleva a dos más.
Y como francamente lo admitís, vas a regresar para continuar
haciendo precisamente lo que hacía antes, diga lo que le diga
Niels.
HEISENBERG Así es.
MARGARITA Por, ni soñando
renunciarías a una oportunidad tan magnífica para investigar.
HEISENBERG No, si lo
puedo evitar no.
MARGARITA También
quierés demostrarle a los nazis lo útil que es la física teórica.
Querés salvar el honor de la ciencia alemana. Querés estar ahí
para restablecerla con toda su gloria en cuanto termine la guerra.
HEISENBERG De
cualquier modo no le cuento a Speer que el reactor va a producir
plutonio.
MARGARITA No, porque
temés lo que pasaría si los nazis invierten grandes recursos, y
fracasás en tu intento de darles la bomba. Por favor, no intentes
decirnos que sos un héroe de la resistencia.
HEISENBERG Nunca
pretendí ser un héroe.
MARGARITA Tu talento
reside en esquiar tan rápido que nadie puede ver en dónde estás.
Siempre en más de una posición a la vez, como una de sus partículas.
HEISENBERG Sólo
puedo decir que funcionó. A diferencia de lo que le pasó a la
mayoría de los héroes de la resistencia. ¡Funcionó! Sé lo que
piensan. Piensan que tendría que haberme unido al complot contra
Hitler, para que me ahorcasen como al resto.
BOHR Desde luego que
no.
HEISENBERG No lo
dicen, porque hay algunas cosas de las que mejor no hablar. Pero
lo piensan.
BOHR No.
HEISENBERG ¿Qué
habría logrado? ¿Qué habrías conseguido si te hubieras
arrojado para salvar a Cristian y te hubieras ahogado también?
Pero eso tampoco se puede decir.
BOHR Sólo pensarse.
HEISENBERG Sí. Lo
siento.
BOHR Y volver a
pensar y pensar. Cada día.
HEISENBERG A vos te
tuvieron que sujetar para que no te tiraras, lo sé.
MARGARITA Mientras
que vos te sujetaste a vos mismo.
HEISENBERG Sin
embargo es mejor quedarse en el barco. Es mejor mantenerse vivo, y
arrojar el salvavidas. ¡Sin ninguna duda!
BOHR Tal vez sí. Tal
vez no.
HEISENBERG Es mejor.
Es mejor.
MARGARITA Realmente
es increíble. Los dos razonaron el camino hacia el minúsculo
mundo del átomo con una precisión y una delicadeza asombrosa.
Ahora resulta que todo depende de estos objetos inmensos que
cargamos sobre los hombros. Y lo que está sucediendo ahí es...
HEISENBERG Elsinore.
La oscuridad dentro del alma humana.
MARGARITA Elsinore, sí.
HEISENBERG Si, quizás
tengas razón Margarita. Tenía miedo de las consecuencias. Yo era
consciente de que estaba del lado de los ganadores... ¡Tantas
explicaciones para todo lo que hice! No le conté a Speer
simplemente por que no se me ocurrió. Y vine a Copenhagen
simplemente por que sí se me ocurrió. Un millón de cosas que
podríamos hacer o no todos los días. Un millón de decisiones
que se toman solas. ¿Por qué no me mataste?
BOHR ¿Por qué no te
que...?
HEISENBERG Matarme.
Asesinarme. Aquella noche de 1941. Ahí estamos, caminando,
regresando a la casa, y vos acabas de llegar a la conclusión de
que le voy a proveer a Hitler armas nucleares. Seguramente vas a
tomar los recaudos necesarios para que eso no suceda.
BOHR ¿Asesinándote?
HEISENBERG Estamos en
medio de una guerra. Soy un enemigo. No hay nada extraño o
inmoral en matar a un enemigo. Podés hacerlo sin ruido, sin
sangre, sin sufrimiento. Tan limpiamente como un piloto que
aprieta un botón a tres mil metros de altura dejando caer una
bomba sobre la tierra. Simplemente esperás a que me haya ido. Te
sentás tranquilamente en tu sillón favorito y le repite en voz
alta a Margarita, frente a nuestro público invisible, lo que
acabo de contarte, y yo estaré muerto en muy poco tiempo.
BOHR Mi querido
Heisenberg, la idea es desde luego...
HEISENBERG De lo más
interesante. Tan interesante que ni siquiera se te ocurrió. Una
vez más, la complementariedad. Yo soy tu enemigo; también soy tu
amigo. Soy un peligro para la humanidad; también soy tu invitado.
Soy una partícula; también soy una onda. Tenemos un conjunto de
obligaciones para con el mundo en general, y otro conjunto de
obligaciones irreconciliables con nuestros compatriotas, con
nuestros vecinos, nuestros amigos, familia, hijos. Todo lo que
podemos hacer es actuar y luego mirar atrás y ver que pasó.
MARGARITA Te voy a
contar otro motivo por el que hiciste el principio de
incertidumbre; tenés una afinidad natural por el.
HEISENBERG Entonces,
te debe resultar gratificante verme volver derrotado en 1947.
Arrastrándome por el piso nuevamente. Con mi nación en ruinas
otra vez.
MARGARITA En realidad
no. Estás demostrando que en lo personal has salido victorioso
una vez más.
HEISENBERG ¿Mendigando
paquetes de comida?
MARGARITA No. Cuando
te quedás en Göttingen bajo protección británica, a cargo de
la ciencia alemana de posguerra.
HEISENBERG El primer
año en Göttingen dormí sobre paja.
MARGARITA Isabel me
contó que después tuvieron una casa encantadora.
HEISENBERG Me la
dieron los británicos.
MARGARITA Tus nuevos
padres adoptivos. Que se la habían confiscado a otro.
BOHR Suficiente, mi
amor, basta.
MARGARITA No, me
tragué mis pensamientos durante todos estos años. ¡Pero es
enloquecedor que este hijo nuestro, tan inteligente, esté
permanentemente rogando que le digamos cuáles son los límites de
su libertad, para después ir y transgedirlos! ¿Arrastrándote
por el piso? ¡El que está arrastrándose es mi querido y buen
marido! Literalmente. Arrastrándose hacia la playa en la
oscuridad, en 1943, huyendo de su patria como un ladrón en la
noche, para que no lo asesinen. La protección de la embajada
alemana de la que tanto te jactabas no duró mucho. Nos
incorporaron a los enemigos del Reich.
HEISENBERG Yo se los
advertí en 1941. No me escucharon. Por lo menos Bohr escapó a
Suecia.
MARGARITA ¿Sí? ¿Y
dónde estás mientras tanto? Encerrado en una cueva como un
salvaje, tratando de conjurar a un espíritu diabólico. Al final,
a eso se redujo toda esa primavera luminosa de los años 20, eso
fue lo que produjo: una máquina más eficiente para matar gente.
BOHR Se me rompe el
corazón cada vez que lo pienso.
HEISENBERG Nos rompió
el corazón a todos.
MARGARITA Y esta máquina
maravillosa todavía puede llegar a matar a cada hombre, a cada
mujer y a cada niño del planeta. ¿Y si nosotros somos realmente
el centro del universo, si nosotros somos realmente lo único que
mantiene su existencia, qué va a quedar?
BOHR La oscuridad.
Una oscuridad total y final.
MARGARITA Hasta las
preguntas que nos atormentan al final se extinguirán. Hasta los
fantasmas se morirán.
HEISENBERG Lo único
que puedo decir es que yo no lo hice. Yo no fabriqué la bomba.
MARGARITA ¿No, y por
qué? También te lo voy a decir. Es la razón más sencilla de
todas. Por que no pudiste. No entendías nada de física.
HEISENBERG Eso dijo
Goudsmit.
MARGARITA Y Goudsmit
sabía lo que decía. Era uno de los miembros de tu círculo mágico.
HEISENBERG Si pero él
no tenía ni idea de lo que yo comprendía o no respecto de la
bomba.
MARGARITA Te buscó
por toda Europa para la inteligencia de los aliados. Él te
interrogó cuando fuiste capturado.
HEISENBERG Me culpó
a mí, por supuesto. Sus padres habían muerto en Auschwitz.
Pensaba que yo debería haber hecho algo para salvarlos. No sé qué.
MARGARITA Él dijo
que no entendías la diferencia crucial entre un reactor y una
bomba.
HEISENBERG Yo la
entendía muy claramente. Simplemente no se lo dije a los demás.
MARGARITA Ah.
HEISENBERG Pero la
entendía.
MARGARITA
Secretamente.
HEISENBERG Pueden
chequearlo si no me creen.
MARGARITA ¿Hay
evidencia?
HEISENBERG Todo fue
registrado con mucho cuidado.
MARGARITA ¿Hay
testigos?
HEISENBERG Testigos
intachables.
MARGARITA ¿Qué lo
escribieron?
HEISENBERG Que lo
grabaron y lo transcribieron.
MARGARITA ¿A pesar
de que no se lo contaste a nadie?
HEISENBERG Se lo conté
a una sola persona. Se lo conté a Otto Hahn. Esa noche terrible
en Farm Hall, cuando quedamos solos después de que escuchamos el
noticiero.. Le di una explicación más que razonable de cómo había
funcionado la bomba.
MARGARITA ¿Después
del hecho?
HEISENBERG Después
del hecho. Sí. Cuando ya no importaba. Hablé de todas las cosas
que Goudsmit decía que yo no entendía.
BOHR La masa crítica.
Eso era lo más importante. La cantidad de material que se
necesitaba para establecer la reacción en cadena. ¿Le dijiste a
él cuál era la masa crítica?
HEISENBERG Le di una
cifra, sí. ¡Averigualo si no me crees! Tenían micrófonos por
todas partes... estaban grabando todo lo que dijimos. Todo lo que
le conté a Hahn esa madrugada.
BOHR Pero la masa crítica.
Le diste una cifra. ¿Cuánto era?
HEISENBERG Me olvidé.
BOHR Heisenberg...
HEISENBERG Está en
los grabaciones. Podés escucharlo.
BOHR La cifra para la
bomba de Hiroshima...
HEISENBERG Era de
cincuenta kilos.
BOHR ¿Esa fue la
cifra que le diste a Hahn? ¿Cincuenta kilos?
HEISENBERG Le dije
una tonelada aproximadamente.
BOHR ¿Una tonelada?
¿Mil kilos? Heisenberg, creo que por fin estoy empezando a
entender algo.
HEISENBERG Lo único
en lo que estaba equivocado.
BOHR Estabas excedido
veinte veces.
HEISENBERG Lo único.
BOHR Pero Heisenberg,
¡tus matemáticas, tus matemáticas! ¿Cómo podía estar tan
alejadas?
HEISENBERG No lo
estaban. En cuanto calculé la difusión obtuve el resultado
correcto.
BOHR ¿Apenas la
calculaste?
HEISENBERG Una semana
después les di a todos una conferencia sobre eso. ¡Está
grabado! ¡Búsquelo!
BOHR Qerés decir...
¿que no lo habías calculado antes? ¿No resolviste la ecuación
de difusión?
HEISENBERG No había
necesidad.
BOHR ¿No había
necesidad?
HEISENBERG El cálculo
ya entaba hecho.
BOHR ¿Hecho por quién?
HEISENBERG Por Perrin
y Flugge en 1939.
BOHR ¿Por Perrin y
Flugge? Pero mi querido Heisenberg, eso era para el uranio
natural.Wheeler y yo demostramos que el único que se fisionaba
era el 235.
HEISENBERG Tu gran
tesis. La base de todo lo que hicimos.
BOHR Así que
necesitabas calcular la cifra para el 235 puro.
HEISENBERG Obiamente
BOHR ¿Y no lo
hiciste?
HEISENBERG No lo
hice.
BOHR Y por eso
estabas tan confiado en que no ibas a poder hacer la bomba hasta
que no obtuvieras el plutonio. Porque te pasaste toda la guerra
creyendo que se necesitaba una tonelada de 235 y no unos pocos
kilos. Y para obtener una tonelada de 235 en un tiempo posible...
HEISENBERG Hubiera
necesitado algo así como doscientos millones de separadores. Era
claramente inimaginable.
BOHR Si te hubiera
dado cuenta de que sólo tenía que producir unos pocos kilos...
HEISENBERG Hasta para
hacer un kilo se hubieran necesitado aproximadamente doscientos
mil separadores.
BOHR Pero doscientos
millones es una cosa; doscientos mil es otra, y su construccion es
posible de imaginar.
HEISENBERG Es
posible.
BOHR Los americanos sí
se lo imaginaron.
HEISENBERG Por que
Otto Frisch y Rudolf Peierls resolvieron la ecuación de difusión.
Tendrían que haber estado haciendo sus cálculos para nosotros,
en Berlín. Pero en vez de eso, lo hicieron en Inglaterra.
MARGARITA Porque eran
judíos.
BOHR Y descubrieron
lo rápido que iba a ir la reacción en cadena.
HEISENBERG Y por lo
tanto el poco material que se iba a necesitar. Pero también se
equivocaron. Un poco mas de medio kilo.
BOHR Estaban
equivocados por supuesto. Lo hacían parecer cien veces más
imaginable de lo que en realidad era.
HEISENBERG En cambio,
yo hice que pareciera veinte veces menos imaginable.
BOHR Así que podrías
haber fabricado la bomba sin construir un reactor. Lo podrías
haber hecho con el 235 desde el principio.
HEISENBERG Casi
seguro que no.
BOHR Sin embargo, era
posible.
HEISENBERG Podía ser
posible.
BOHR Y ese problema
lo tenías resuelto mucho antes de llegar a Copenhagen.
Simplemente al no tratar de probar la ecuación de difusión.
HEISENBERG Qué falla
más insignificante.
BOHR Pero las
consecuencias fueron enormes.
HEISENBERG Tan
grandes como para salvar a una ciudad. ¿Cuál ciudad? Cualquiera
de las ciudades sobre las que nunca arrojamos nuestra bomba.
BOHR Londres,
supongo, si la hubieran tenido a tiempo. Pero si los americanos ya
habían ingresado a la guerra, y los aliados habían comenzado a
liberar Europa, entonces...
HEISENBERG ¿Quién
sabe? París también. Amsterdam. Tal vez, Copenhagen.
BOHR Entonces
Heisenberg, contanos algo muy simple: ¿por qué no hiciste los cálculos?
HEISENBERG ¡No lo sé!
¡No sé por qué no lo hice! ¡Porque no se me ocurrió! ¡Porque
no lo pensé! ¡Porque supuse que no valía la pena hacerlo!
BOHR ¿Supusiste? ¡Vos
nunca suponías las cosas! ¡Así fue como llegaste al principio
de incertidumbre, porque rechazaste nuestras suposiciones! ¡Vos
calculabas, Heisenberg! ¡Calculabas todo! ¡Lo primero que hacías
con un problema era usar las matemáticas!
HEISENBERG Deberías
haber estado ahí para frenarme.
BOHR Sí, no te lo
hubiera dejado pasar por alto si yo hubiera estado ahí supervisándote.
HEISENBERG ¡A pesar
de que vos hiciste exactamente la misma suposición! ¡Vos creías
que no había peligro por exactamente las mismas razones que yo!
¿Por qué no hiciste el cálculo?
BOHR ¿Por qué no
hice el cálculo?
HEISENBERG ¡Contanos
por qué no lo calculaste y sabremos por qué no lo hice yo!
BOHR ¡Es obvio por
qué yo no lo hice!
HEISENBERG A ver...
Continúa.
MARGARITA ¡Porque él
no intentaba fabricar una bomba!
HEISENBERG Muchas
gracias. Por que él no intentaba fabricar una bomba. Me imagino
que a mí me pasaba lo mismo. Porque yo no estaba tratando de
construir una bomba. Muchas gracias.
BOHR Entonces te engañaste
a vos mismo, como me pasó a mí en el póker con la escalera real
que nunca tuve. Pero en ese caso...
HEISENBERG ¿Por qué
vine a Copenhagen? Sí, ¿por qué vine...?
BOHR Analicemos un
borrador más, ¿sí? ¡Un borrador final!
HEISENBERG Y una vez
más aplasto las piedritas tan familiares hasta la puerta de la
casa de los Bohr y hago sonar la tan familiar campana. ¿Por qué
he venido? Lo sé perfectamente bien. Lo sé tan bien que no tengo
necesidad de preguntármelo. Hasta que una vez más la pesada
puerta se abre.
BOHR Él está parado
en el umbral de la puerta parpadeando por la repentina inundación
de luz que viene del interior de la casa.
HEISENBERG Y,
repentinamente, las razones que estaban claras dentro de mi cabeza
pierden definición. La luz cae sobre ellas y se desparraman.
BOHR ¡Mi querido
Heisenberg!
HEISENBERG ¡Mi
querido Bohr!
BOHR Pasá, pasá...
HEISENBERG Qué difícil
es ver aún aquello que está frente a nuestros ojos. Lo único
que poseemos es el presente, y el presente se disuelve
constantemente en el pasado. Bohr desaparece cuando me doy vuelta
para mirarla a Margarita.
MARGARITA Niels tiene
razón. Se te ve mayor.
BOHR Tengo entendido
que tuviste algún problema personal.
HEISENBERG Margarita
pasó a la historia mientras me doy vuelta hacia Bohr. Y sin
embargo, cuánto mas difícil es vislumbrar lo que hay detrás de
nuestros ojos. Aquí estoy, en el centro del universo, y sin
embargo, lo único que puedo ver son las dos sonrisas que no me
pertenecen.
MARGARITA ¿Cómo está
Isabel? ¿Cómo están los chicos?
HEISENBERG Muy bien.
Mandan cariños... Puedo presentir una tercera sonrisa en la
habitación, muy cerca de mí. ¿Podría ser la que, de pronto,
veo por un instante en aquel espejo?
MARGARITA Observo las
dos sonrisas en el cuarto, una incómoda y que intenta
congraciarse, la otra que se está transformando de cálida a
meramente cortés. Sé que hay también una tercera sonrisa en la
habitación, inalterable, amable – espero – y cautelosa.
HEISENBERG ¿Has
podido practicar un poco de esquí?
BOHR Yo la miro de
reojo a Margarita, y por un instante veo lo que ella puede ver y
yo no – a mí mismo, y a la sonrisa que se va desvaneciendo de
mi cara mientras el pobre Heisenberg sigue equivocándose.
HEISENBERG Yo los
miro a los dos que me miran, y por un segundo veo a la tercera
persona en la habitación tan claramente como los veo a ellos. Su
huésped inoportuno, tropezando de una grosería a la otra.
BOHR Lo veo mirándome,
ansioso, suplicante, intentando que volvamos a los viejos tiempos,
y yo veo lo que él ve que falta alguien en la habitación. Me ve
a mí. La ve a Margarita. No se ve a sí mismo.
HEISENBERG Dos mil
millones de personas en el mundo, y el que tiene que decidir su
destino es el único que siempre se esconde de mí.
BOHR Vos sugeriste un
paseo.
HEISENBERG ¿Te acordás
de Elsinore? ¿La oscuridad en el interior del alma humana...?
BOHR Y salimos. Hacia
fuera, bajo los árboles otoñales. A través de las calles
oscurecidas por los posibles bombardeos.
HEISENBERG Ahora no
hay nadie más en el mundo excepto Bohr y ese otro ser invisible.
¿Quién es esta presencia que me envuelve en la oscuridad?
MARGARITA La partícula
que vuela vagando por la oscuridad, y nadie sabe adónde va. Está
aquí, está allá, está en todo lugar y en ningún parte.
BOHR Con aparente
indiferencia él empieza a hacerme la pregunta que estuvo
preparando.
HEISENBERG ¿Tiene
uno como físico moralmente el derecho para trabajar en la
explotación práctica de la energía atómica?
MARGARITA El gran
choque.
BOHR Yo me detengo.
El se detiene...
MARGARITA Así es
como trabajan.
HEISENBERG Él me
mira, horrorizado.
MARGARITA Ahora, por
fin, sabe dónde está y qué está haciendo.
HEISENBERG El se da
vuelta.
MARGARITA Y apenas
comienza el momento del choque, ya se terminó.
BOHR Ya estamos
regresando apurados a la casa.
MARGARITA Ya están
los dos escapándose uno del otro en la oscuridad.
HEISENBERG Nuestra
conversación se terminó.
BOHR Nuestra gran
sociedad también.
HEISENBERG Toda
nuestra amistad.
MARGARITA Y todo con
respecto a él se vuelve tan incierto como antes.
BOHR A menos que...
si... un experimento hipotético... Supongamos por un momento que
no me voy volando en la noche. Veamos qué sucede si en cambio
recuerdo la figura paternal que se supone que interpreto. Si me
detengo, controlo mi enojo y me vuelvo hacia él. Y le pregunto
por qué.
HEISENBERG ¿Por qué?
BOHR ¿Por qué estás
tan seguro de que va a ser tan tranquilizadoramente difícil
construir una bomba con el 235? ¿Es por que hiciste el cálculo?
HEISENBERG ¿El cálculo?
BOHR De la difusión
en el 235. No. Es por que no lo calculaste. No te habías dado
cuenta conscientemente de que había que hacer un cálculo.
HEISENBERG Y por
supuesto ahora sí me doy cuenta. En realidad, no sería tan difícil.
Veamos... La seccion eficaz de dispersion es de aproximadamente 6
x 10-24 cm2, así que el camino libre medio
sería... Espere...
BOHR Y de pronto un
nuevo mundo muy distinto y muy terrible empieza a tomar forma...
MARGARITA Ese fue el
mayor y último pedido que Heisenberg te hizo. El que lo
comprendieras cuando él no podía comprenderse a sí mismo. Y ese
fue el mayor y último acto de amistad que tuviste con él:
dejarlo en el error.
HEISENBERG Sí. Tal
vez yo debería agradecértelo.
BOHR Quizás deberías.
MARGARITA Como sea,
fue el fin de la historia.
BOHR Aunque tal vez
también yo debería agradecerte algo. Esa noche de verano en
1943, cuando me escapé en el bote pesquero, y los barcos de carga
llegaron desde Alemania...
MARGARITA ¿Y eso qué
tiene que ver con Heisenberg?
BOHR Cuando los
barcos llegaron ese miércoles había ocho mil judíos en
Dinamarca que iban a ser arrestados y arrojados en sus bodegas. Al
día siguiente, en vísperas del año nuevo judío, cuando la SS
empezó a acorralarlos, apenas si se encontraba un judío.
MARGARITA Habían
sido escondidos en las iglesias y los hospitales, y en las casas
de los vecinos y en casas de campo.
BOHR ¿Y cómo fue
posible eso? Porque alguien en la Embajada Alemana nos había dado
el dato.
HEISENBERG Georg
Duckwitz, su especialista en navegación.
BOHR ¿Uno de tus
hombres?
HEISENBERG Uno de mis
amigos.
BOHR Fue un
informante increíble. Nos avisó el día anterior a que llegaran
los cargueros –el mismo día que Hitler dio la orden –. Él
nos dio la hora exacta en la que la SS iba a actuar.
MARGARITA Fue la
resistencia la que los sacó de sus escondites y los pasó de
contrabando a Suecia.
BOHR Que un puñado
de nosotros lograra escapar a los barcos de patrulla alemanes en
un barco pesquero ya era bastante increíble. Pero que una armada
completa lograra pasar con la mayor parte de ocho mil personas a
bordo, era como si se abriese el Mar Rojo.
MARGARITA Yo creía
que aquella noche no había barcos patrulleros alemanes...
BOHR No. De pronto
todo el escuadrón había sido declarado no apto para salir al mar
por razones de seguridad.
HEISENBERG Cómo lo
lograron, no me lo puedo imaginar.
BOHR Así que quizás
debería agradecerte.
HEISENBERG ¿Por qué?
BOHR Por mi vida. Por
todas nuestras vidas.
HEISENBERG A esa
altura, no tenía nada que ver conmigo. Lamento decirlo.
BOHR Pero luego de
que me fui, volviste a Copenhagen.
HEISENBERG Para
asegurarme que nuestra gente no se apoderase del Instituto en tu
ausencia.
BOHR Tampoco nunca te
agradecí por eso.
HEISENBERG ¿Sabías
que me ofrecieron tu ciclotrón?
BOHR Lo podrías
haber usado para separar un poco del 235.
HEISENBERG Mientras
tanto, te ibas desde Suecia a Los Alamos.
BOHR Para jugar mi
pequeña parte en la muerte de cien mil personas.
MARGARITA ¡Niels, no
hiciste nada malo!
BOHR ¿No?
HEISENBERG Claro que
no. Fuiste un buen hombre, del principio al fin, y nadie podría
decir lo contrario. Mientras que yo...
BOHR Mientras que
vos, mi querido Heisenberg, nunca lograste contribuir a la muerte
de una sola persona en toda tu vida.
MARGARITA Bueno, sí.
HEISENBERG ¿Sí?
MARGARITA Una. Esa
historia que nos contaste. Ese pobre hombre que vigilaste toda la
noche, cuando eras un chico en Munich, mientras él esperaba ser
fusilado por la mañana.
HEISENBERG No, cuando
llegó la mañana yo los convencí para que lo dejasen ir.
BOHR Heisenberg,
tengo que decir que si a la gente se la va a medir estrictamente
en términos de cantidades observables...
HEISENBERG Entonces
nosotros necesitaríamos una nueva y extraña ética cuántica.
Habría un lugar en el cielo para mí. Y otro para ese hombre de
la SS que me encontré camino a casa desde Haigerloch. Ese fue el
fin de mi guerra. Las tropas aliadas nos estaban cercando; no había
nada más que pudiéramos hacer. Isabel y los chicos se habían
refugiado en un pueblito de Bavaria, así que fui a verlos antes
de que me capturasen. Tuve que ir en bicicleta –a esa altura ya
no quedaban trenes ni otro transporte – y tenía que viajar de
noche y dormir bajo los arbustos de día, porque de día el cielo
estaba plagado de aviones aliados, barriendo los caminos buscando
cualquier cosa que se moviera. ¿Esto era lo que había elegido
para mi país? ¿Escombros interminables? ¿Este humo perpetuo en
el cielo? ¿Estas caras hambrientas? ¿Era responsabilidad mía? Y
toda esa gente desesperada en los caminos. Los mas desesperados de
todos eran los SS. Bandas de fanáticos con nada que perder,
vagando por ahí, fusilando a los desertores, colgándolos de los
árboles de los costados del camino. A la segunda noche, de
pronto, ¡allí estaba, esa casaca negra terrible y familiar que
surgió de la penumbra frente a mí! En sus labios, mientras me
detengo, esa palabra terrible y familiar. "Desertor",
dice él. Se lo ve tan exhausto como yo. Le entrego la orden de
viaje que yo mismo me escribí. Pero apenas hay luz para leer y
está demasiado cansado para molestarse en mirarla. En cambio,
empieza a abrir la funda de su pistola. Me va a pegar un tiro
porque es menos trabajo. Y de repente estoy pensando con gran
rapidez y con claridad, que es como esquiar o como aquella noche
en Heligoland o la otra del parque detrás del Instituto. Viene a
mi mente el atado de cigarrillos americanos que tengo en mi
bolsillo. Y ya está en mi mano, se lo ofrezco. La solución más
desesperada que haya intentado nunca. Yo espero. En el paquete hay
solo dos palabras muy sencillas pero con grandes letras: Lucky
Strike, Golpe de Suerte. Cierra la funda, y agarra los
cigarrillos... ¡Funcionó, funcionó! Como todas las otras
soluciones a todos los otros problemas. Me dejó vivir a cambio de
veinte cigarrillos. Y seguí viaje. Tres días y tres noches. A
través de los niños que lloraban, perdidos y famélicos,
reclutados para pelear, y luego abandonados por sus comandantes. A
través de los hambrientos trabajadores esclavos caminando a sus
casas en Francia, en Polonia, en Estonia. A través de mi tierra
querida. Mi arruinada, deshonrada y querida tierra.
BOHR ¡Mi querido
Heisenberg, mi querido amigo!
MARGARITA Silencio.
El silencio al que siempre regresamos.
HEISENBERG Y por
supuesto sé en qué están pensando.
MARGARITA Todos
aquellos chicos perdidos en los caminos.
BOHR Heisenberg
vagando por el mundo, él mismo como un chico perdido.
MARGARITA Nuestros
propios hijos perdidos.
HEISENBERG Y en el
barco, el timón se traba una vez más.
BOHR ¡Tan cerca, tan
cerca! ¡Por tan poco!...
MARGARITA Niels se
para en la puerta, mirándome, entonces desvía su mirada...
HEISENBERG Y una vez
más se hunde dentro de las profundidades del mar.
BOHR Antes de que
podamos aferrarnos a algo, nuestra vida se ha terminado.
HEISENBERG Antes de
que podamos vislumbrar quién o qué somos, nos hemos ido para
siempre y nos hemos convertido en polvo.
BOHR Instalados en
todo ese polvo que nosotros levantamos.
MARGARITA Y tarde o
temprano llegará el tiempo en que todos nuestros hijos serán
polvo, y luego los hijos de nuestros hijos.
BOHR Cuando las
decisiones, grandes o pequeñas, no se vuelvan a tomar nunca más.
Cuando no haya más incertidumbre, porque no habrá más
conocimiento.
MARGARITA Y cuando
todos nuestros ojos se hayan cerrado, cuando hasta los fantasmas
se hayan ido... ¿qué quedará de nuestro adorado mundo? ¿De
nuestro arruinado, deshonrado y adorado mundo?
HEISENBERG Pero
mientras tanto, en éste muy preciado mientras tanto ahí está.
Los árboles del parque. Los lugares amados. Nuestros hijos y los
hijos de nuestros hijos. Preservados, posiblemente, por aquel
momento tan breve en Copenhagen. Por algún acontecimiento que
nunca va a ser localizado o definido del todo. Por ese último núcleo
de incertidumbre que subyace en el corazón de todo lo que existe.
(*)
(*)
Fuente: La versión
aquí presentada es la traducción de la obra de Michael Frayn
que circuló de manera informal como acompañamiento de la
representación de la obra en el Teatro General San Martín en
la ciudad de Buenos Aires en el año 2002.