|
LA MITOLOGÍA CHAMÁNICA DEL CABALLO
Dibujos por Cecilia Novello
achillinovello@inea.com.ar
El caballo galopa sobre la llanura desnuda. El labio de
fuego del sol besa su pelambre. Plumas del viento acarician
sus crines. El enérgico cuadrúpedo
se detiene. Y bufa, cocea, libre, salvaje. Dentro de su
anatomía caliente pululan sus símbolos. El caballo como
manifestación del movimiento cíclico de la vida, por ejemplo.
Míticos corceles surgen de las ondas del mar luego de ser
delineados por el tridente de Neptuno. Seres que emergen
del caos amorfo de las profundidades marinas; seres que
expresan la vida creada, la forma viviente. Para Paul Diel,
el caballo es expresión simbólica del instinto, del volcán
del deseo desenfrenado. En muchos antiguos ritos, una cuadriga
de cuatro caballos es sacrificada como ofrenda al sol. Los
romanos lo consagran al dios guerrero Marte. Para los hijos
de la Roma Eterna, la visión de un caballo es presagio de
guerra. En numerosas fábulas y leyendas, los caballos previenen
a los caballeros; son clarividentes. Según Jung, el brioso
cuadrúpedo es encarnación del costado mágico del hombre,
"la madre en nosotros", la intuición del inconciente.
De la aureola mágica del caballo proviene la creencia de
que la herradura es señal de buena suerte. Pero el caballo
también galopa en la imaginación mítica como animal ctónico-funerario,
con fuerte participación en la mitología y el ritualismo
chamánicos. Este pliegue del simbolismo del caballo es enfatizado
por Mircea Eliade, el gran historiador de la religiones.
En la sección de Simbolismo animal de Temakel,
presentamos ahora las precisiones sobre la relación
entre el caballo y el chamanismo que Eliade talla en su
clásica obra El chamanismo y las técnicas arcaicas del
éxtasis. Los dibujos del bello animal que acompañan
al texto nacen de la mirada recreadora de Cecilia Novello,
joven artista argentina.
Y el caballo regresa a su cabalgata, a su galope. El galopar
mágico donde la llanura roza ventanas intangibles entre
las nubes...
Esteban
Ierardo
LA
MITOLOGÍA CHAMÁNICA DEL CABALLO
Por
Mircea Eliade
Animal funerario
y psicopompo por excelencia el caballo es utilizado por
los chamanes, como medio para obtener el éxtasis, esto es,
la "salida de uno mismo" que hace posible el viaje
místico. Este viaje místico no tiene forzosamente un rumbo
infernal: el caballo permite a los chamanes volar por los
aires y llegar al Cielo. No es el carácter infernal y funerario
el que domina la mitología del caballo: éste es una imagen
mítica
de la Muerte y, en consecuencia, pertenece a las ideologías
y a las técnicas del éxtasis. El caballo lleva al difunto
al más allá: realiza la "ruptura de niveles",
el paso de este mundo a los otros mundos, y por esto desempeña
también un papel de primer orden en determinadas clases
de iniciación masculina (los "Mannerbunde").
El caballo -esto es, el palo cabeza de
caballo- es utilizado por los chamanes buriatos en sus danzas
extáticos. Ya hemos advertido una danza análoga durante
la sesión de las macchis araucanas. Pero la difusión
de la danza extática cabalgando con un palo con cabeza de
caballo está mucho más extendida. Entre los Batak, con motivo
del sacrificio del caballo en honor de los antepasados,
cuatro bailarines danzan sobre sendos palos que tienen forma
de caballo. También en Java y en Bali el caballo está asociado
a la danza extática. Entre los Garo, el caballo es parte
del ritual de la recolección. Para hacer el cuerpo del caballo
empléanse tallos de plátano, y para las patas y la cabeza
bambúes. La cabeza se coloca en un palo que un hombre sostiene
de modo que le llegue a la altura del pecho. Con un paso
pesado, el hombre ejecuta una danza salvaje mientras que,
vuelto hacia él, el sacerdote baila fingiendo que se dirige
al "caballo".
V. Elwin ha observado un ritual análogo entre los Muria de Bastar. El gran dios
gongo Lingo Pen posee, en su santuario de Semurgaon, muchos "caballos" de madera. Con motivo de la fiesta del dios, estos "caballos" son conducidos por médiums
y usados, bien para provocar el trance extático, bien como auxiliares en la adivinación. "Observé, en Metawand, durante varias horas, las
grotescas cabriolas de un médium que llevaba en hombros un caballo de madera que representaba al dios de su clan, en Bandapal, mientras nos abríamos camino en la selva, para
Manka Pandum (consumación ritual de los mangos), otros médium que llevaba
también en sus hombros un caballo imaginario, ir
al paso, caracolear, piafar y cocear ante mi coche que avanzaba lentamente. ‘Lleva al dios en su espalda
-me dijeron- y no puede dejar de bailar durante varios días seguidos.’ Durante una
boda, en Malakot, vi a un médium montar en un curioso caballo de madera; vi a otro, al sur, en la región de
Dhurwa, bailar a horcajadas sobre
un caballo de madera parecido al anterior. En los dos casos, si algo turbaba el desarrollo de la ceremonia, el
jinete caía en trance y podía entonces descubrir la causa sobrenatural del desorden."
En otra ceremonia, el Laru Kaj de los Gond-Pardhan, los
"caballos del dios" ejecutan una danza extática. Recordemos también que muchos
pueblos aborígenes de la India representan a muertos a caballo; los Bhil, por ejemplo, o los
Korku que graban en tablillas de madera unos jinetes, y los depositan
junto a las tumbas. Entre los Muria, los funerales van acompañados de
cantos rituales, en los que se cuenta cómo el muerto llega al otro mundo
montado en un caballo. Se habla de un palacio en cuyo centro hay un columpio de oro y un trono de diamante. El muerto es llevado hasta
allí por un caballo de ocho patas. Y ya sabemos que el caballo octópodo es típicamente
chamánico. Según una leyenda buriata, una mujer joven toma por segundo esposo al espíritu ancestral de un chamán, y tras
este matrimonio místico, una de las yeguas de su acaballadero pare un caballo de ocho patas. El marido terrestre le corta
cuatro. La mujer exclama: "¡Ay, era mi caballito en el que cabalgaba como una
chamana", y desaparece, volando, para ir a establecerse en otra aldea. Posteriormente se convirtió en el espíritu protector de los
Buriatos.
Los caballos octópodos o acéfalos aparecen en los ritos y los mitos de las "sociedades de hombres", ya germánicas, ya
japonesas. En todos estos conjuntos culturales, los caballos polípodos o los caballos-fantasmas
desempeñan una función a la vez funeraria y extática. También en relación con la danza extática
-pero no forzosamente "chamánica" se halla al caballo de madera ("Hobby
Horse").
Pero incluso cuando el "caballo" no aparece en la sesión chamánica, está simbólicamente presente en las crines de caballo blanco que allí
se queman o en una piel de yegua blanca sobre la que el chamán se sienta. Quemar pelos
de caballo equivale a evocar el animal mágico en el que el chamán ha de
ir al más allá. Las leyendas de los Buriatos hablan de los caballos que Ilevan a los chamanes muertos hasta su nueva morada. En un mito
yakuta, el "diablo" vuelve del revés su tambor, se sienta encima, lo agujerea tres veces con su vara y el tambor se transforma en
una yegua
de tres patas que le lleva hacia el Oriente.
Estos pocos ejemplos muestran cómo ha utilizado el chamanismo la mitología y los ritos
del caballo: psicopompo y funerario, el caballo facilitaba el trance, el vuelo mágico del alma a las regiones
prohibidas. El "galope" simbólico significaba el abandono del cuerpo, la "muerte mística"
del chamán. (*)
(*)
Fuente: Mircea Eliade, El chamanismo
y las técnicas arcaicas del éxtasis, México, Ed. Fondo
de Cultura Económica, 1986, pp.359-361.
Ilustraciones:
Todos los dibujos de caballos que
ilustran este momento de Temakel son obra de
©
Cecilia Novello,
joven artista argentina.
|