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EL
METEORITO DE MARTE

¿Huellas de vida en Marte?
Por Alberto González Fairén (agfairen@hotmail.com)
21 jul 2001 - El
descubrimiento de restos de posible origen biológico en
el interior del meteorito marciano ALH84001 ha suscitado
un interesante y prolongado debate: ¿se trata realmente
de estructuras minerales de origen microbiano? El meteorito
ALH84001. Los últimos análisis llevados a cabo por un equipo
coordinado por investigadores de Lleida y Madrid sugieren
que, efectivamente, podemos estar ante los restos fósiles
más antiguos jamás encontrados.
El ALH84001 es un fragmento rocoso de 1,9 kg.
de peso, compuesto básicamente por el silicato mineral ortopiroxina,
con inclusiones de vidrios feldespáticos, olivina y fases
de carbonatos y filosilicatos.
Se cree que el ALH84001 fue arrancado de la superficie de
Marte hace 16 millones de años, y llegó a la Tierra hace
13.000 años, cayendo en la Antártida. Recogido en 1984,
no fue hasta 1996 cuando el equipo del doctor McKay propuso
por primera vez que podría contener restos de actividad
biológica.
Composición del meteorito
La
hipótesis se planteó en base al descubrimiento de glóbulos
de carbonato en el interior del meteorito, constituidos
cuando aún formaba parte de la litosfera de Marte, por infiltración
de agua líquida rica en CO2 en las fracturas de la roca.
Sin embargo, es cierto que la morfología de los glóbulos
de carbonato, dispuestos en capas concéntricas con una evidente
zonación química, puede explicarse mediante reacciones a
alta temperatura por procesos de coprecipitación; y los
hidrocarburos policíclicos aromáticos se pueden sintetizar
por procesos catalíticos inorgánicos.
No obstante, lo que parecía corroborar definitivamente la
existencia de una biosfera en Marte al principio de su historia,
fue el descubrimiento de ciertas estructuras microscópicas
tubulares en el interior de los glóbulos, que presentaban
grandes similitudes morfológicas con algunos grupos bacterianos
terrestres muy antiguos.
Durante años se discutió si el tamaño de tales
microestructuras era suficiente como para albergar la maquinaria
biológica mínima de un ser vivo, pues ninguna sobrepasa
los 700 nm. Pero, en realidad, el tamaño mínimo de la vida
no está definido aún; aparte de que podría tratarse de fragmentos
de unidades mayores. MV-1, bacteria magnetotáctica terrestre,
mostrando su cadena de cristales en esta fotografía realizada
con microscopio electrónico de transmisión. (Bazylinski,
D.A.).
Magnetita biológica
Pero,
una vez más, conocemos procesos catalíticos inorgánicos
capaces de rendir formas, si bien no iguales, sí muy similares.
Es aquí donde adquiere su importancia el descubrimiento,
en 1998, y la posterior caracterización, en 2001, de cadenas
de cristales de magnetita en ALH84001, todas ellas en el
interior de glóbulos de carbonato. Son idénticas a las que
forman algunas bacterias terrestres para su orientación
geográfica en atención a los polos magnéticos: las bacterias
magnetotácticas nadan hacia el norte en el hemisferio septentrional,
pues aquí el campo magnético apunta hacia el norte y hacia
abajo, y así buscan el fondo de los sedimentos, donde la
escasa concentración de O2 es la adecuada para su desarrollo,
ya que se trata de organismos anaerobios o microaerófilos;
en el hemisferio meridional, el campo magnético señala hacia
el norte y hacia arriba, y por eso aquí las bacterias buscan
el sur.
Resulta imposible distinguir física, química o morfológicamente
las cadenas de cristales de ALH84001 de las que forma la
bacteria magnetotáctica marina MV-1. El análisis presentado
en 2001 por el equipo del doctor Wierzchos, de la Universitat
de Lleida, y la doctora Ascaso, del CSIC, revelan que los
cristales están organizados en cadenas en ambos casos para
maximizar el momento dipolar del conjunto, orientándose
en el eje mayor de la cadena y dejando espacios entre ellos,
lo que otorga estabilidad y flexibilidad a la estructura.
Además, los cristales de magnetita tienen el
mismo tamaño y forma, están constituidos exclusivamente
por Fe y O, alcanzan un elevado nivel de perfección cristalográfica
para no perder propiedades ferromagnéticas y crecen en la
misma dirección. Todas estas características avalan sin
lugar a dudas su origen biológico.
¿Contaminación terrestre
o vida marciana?
Pero,
aunque se trate efectivamente de restos de formas vivas,
¿cómo asegurar que proceden de Marte y que no son producto
de contaminación por materiales terrestres? Una posible
respuesta a esta esencial pregunta ha llegado también gracias
al trabajo de los doctores Ascaso y Wierzchos: las cadenas
de magnetita están protegidas por cristales de plagioclasa
que recubren muchos globulos de los carbonatos y los aíslan
del medio.
El proceso habría requerido varias etapas: hace 3.900 millones
de años una suspensión rica en carbonatos y restos de cadenas
de magnetita penetra las fisuras de la roca ígnea sobre
la superficie del Marte; evaporación del medio liquido provoca
precipitación de los carbonatos conjuntamente con cristales
de magnetita y las cadenas compuestas del mismo mineral
- supuestos restos de las magnetobacterias. Tiempo más tarde,
la refusión y recristalización de los silicatos del meteorito
aislaría algunos de los carbonatos del medio externo, preservando
su contenido de posteriores contaminaciones.
Esta secuencia de acontecimientos explicaría
la presencia de restos de las bacterias magnetotácticas,
móviles por lo tanto y no endoliticas, en el interior de
una roca aislada en la Antártida. Pero no es menos cierto
que aún quedan muchas preguntas por responder: ¿los cristales
de piroxenita no podrían estar recubriendo el final de una
vena carbonácea seccionada transversalmente, siendo el aislamiento
sólo en apariencia, producto de un efecto óptico? ¿Cómo
se entiende la fusión y recristalización de plagioclasas,
que requieren temperaturas del orden de 1200ºC, sin efecto
sobre los carbonatos y su posible contenido de origen biológico?
Recientemente un trabajo de los doctores Ascaso y Wierzchos
ha demostrado que algunos carbonatos que contienen las cadenas
nunca han tenido ningun tipo de contacto con medio externo,
despues de estar sellados con plagioclasa. El experimento
se ha realizado en la siguente manera: un fragmento de roca
se mantuvo durante meses en vacio y en solucion concentrada
de acetato de uranio. Despues de este tratamiento fue incluido
en resina, cortada, pulida y asi llegaron a las secciones
transversales de los carbonatos aislados por plagioclasa.
En esos glóbulos encontraron las cadenas pero ningún resto
de uranio aplicando técnicas SEM-BSE y microanalisis EDS.
Continuará...
En
cualquier caso, el proceso de análisis de las muestras continúa.
Es muy posible que en poco tiempo podamos conocer nuevos
argumentos tanto a favor como en contra del origen biogénico
de las estructuras de ALH84001. Si se llegara a determinar
sin lugar a dudas la presencia de bacterias magnetotácticas
en Marte al principio de su historia, supondría un aval
definitivo a las teorías que sostienen que el planeta gozó,
en algún tiempo al menos, de un campo magnético planetario
de cierta entidad, así como de un clima más benigno, con
una atmósfera más densa y agua líquida en superficie. (*)
(*)
Fuente: www.infoastro.com
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