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EL ASTRONAUTA Y LA LUNA

Reportaje
al astronauta Edgar Mitchell realizado por Martín Mazzini
durante la estadía del famoso astronauta en la ciudad
de Buenos Aires. Mitchell manifiesta aquí que su viaje a
la plateada Señora de la Noche le permitió comprender que
la vida en la Tierra "es
parte de un proceso mayor. El universo no es un accidente,
es un proceso inteligente que se organiza a sí mismo".
EL ASTRONAUTA Y LA LUNA
Reportaje
a Edgar Mitchell
Por
Martín Mazzini
Muchos de sus colegas lo consideran un lunático. Tal vez
porque nadie estuvo en la luna tanto tiempo como él; o,
tal vez, porque unos meses después de volver, impactado
por la experiencia que sólo tuvieron doce personas de este
planeta, Edgar Michell renunció a la NASA y fundó una institución
para investigar fenómenos como la telepatía y la telekinesis
bajo métodos científicos.
En febrero de 1971, Mitchell y otros
dos astronautas estadounidenses pasaron un día y medio en
la Luna. El y Shepar caminaron sobre una superficie
que le cambió la vida: "Fui como un técnico, volví como
un humanista", dijo Michell al regresar.
-
¿Qué esperaba encontrar en la Luna?
-Lo que los geólogos decían que íbamos a encontrar. Claro
que, como explorador, la idea de ir a un lugar adonde los
humanos nunca habían estado antes era muy apasionante.
- ¿Otros astronautas que ya habían
visitado la Luna no le anticiparon lo que podría encontrar?
-Ninguna de las misiones fue al mismo lugar. Las misiones
Apolo Xl y Xll alunizaron en "mares". Nosotros lo hicimos
cerca de un cráter llamado Fra Mauro.
- ¿Cómo es Fra Mauro?
-Es un lugar más alto. La superficie es de una lava rocosa
que fue bombardeada por metoritos durante billones de años,
así que hay un polvo muy fino, como el talco, pero gris.
Cuando uno camina se llena de polvo, que se pega eletrostáticamente.
El terreno es inestable. Gracias a la gravedad reducida,
caminar es más fácil que en la Tierra.
Michell tenía frescos los recuerdos del Apolo 13, el tercer
viaje que el hombre realizaba a la Luna, que casi termina
en tragedia, en abril de 1970. Pero el Apolo 14 cumplió
con todos los planes a la perfección. Realizaron todos los
experimentos y recolección de muestras que habían planeado.
"Nuestra navegación había sido perfecta
y la luna se veía como pensábamos que se iba a ver. Las
fotos que teníamos y las simulaciones que habíamos hecho
resultaron precisas-aseguró el astronauta".
-
¿El aspecto de la Luna es parecido a algún lugar de la Tierra?
-No, es totalmente
diferente. Fuimos a ríos de lava, cráteres y al desierto, que es lo más parecido que hay en la
tierra. Pero en la luna 
no hay agua ni aire, está casi muerta. Como es pequeña, el horizonte se ve más cerca. Eso hace calcular mal las
distancias: uno cree que las cosas están cerca, pero están muy lejos. Igual pasa en el desierto abierto:
la vista engaña.
-
¿Era peligroso?
-Sí. Los bordes de los cráteres son blandos. Podíamos hundirnos
y caer
adentro. Por eso teníamos sogas de seguridad.
-
¿Qué sentía?
-Estábamos entusiasmados por la idea de explorar y frustrados porque teníamos
dificultades en ver nuestras marcas. Estábamos perdidos. Podíamos estar a
cien metros de una
marca y no reconocerla porque los cráteres y las ondulaciones las tapaban. Esperábamos que el lugar fuera
plano, pero no lo era. Podíamos ver la montaña donde intentábamos llegar, pero no las
colinas que estaban entre nosotros y ella.
-
¿Qué fue lo que más le llamó la atención?
-Todo el conjunto. Teníamos
una gran foto del lugar, y estábamos tratando de entenderla a partir de pequeños pedazos. Y lo hicimos bastante bien. Trajimos alrededor de mil fotos y
quinientos kilos de rocas e instalamos aparatos científicos que funcionaron durante varios
años. Fue una misión exitosa.
Curiosamente lo que más impresionó a Mitchell no fue lo que vio
o experimentó en la Luna, sino ver a su planeta natal desde allí.
"La tierra es lo único grande que hay alrededor. Es azul y blanca, por el cielo y las nubes. Se ve cuatro veces
más grande que la Luna desde acá".
-
¿Que sintió al mirar la Tierra?
-Fue
un gran shock. Ver la tierra en el cosmos es una experiencia movilizante.
La vi diminuta y frágil, formando parte de un orden muy
grande que es el universo. Ahí me di cuenta de que la Tierra es parte de
un proceso mayor. El universo no es un accidente, es un proceso
inteligente que se organiza a sí mismo. Los tres volvimos con esa idea
nueva.
-
¿Una persona común puede tener esa experiencia sin ir a
la Luna?
-Claro. Una
experiencia de "cima de montaña" es igual: ver algo nuevo y fresco desde una nueva perspectiva te cambia la mente. Los místicos dicen desde siempre cómo hacerlo a
través de la meditación. Se trata de quedarse solo y meditar. Eso cambia la perspectiva que uno tiene del mundo, cambia la
vida.
-
¿Cómo cambió la suya?
-Me
hizo verme a mí mismo y me catapultó fuera del ego. Empecé
a verme a mí mismo dentro de un todo, y entendí que el ego
es una fachada. Lo único que importa es cómo encaja uno
en el esquema mayor. Se vuelve importante lo que uno puede
hacer por la naturaleza, no lo que puede hacer por uno.
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(*)
Fuente: Reportaje
publicado originalmente en Revista Siglo XXl, Buenos
Aires.
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