|
EL
PAISAJE Y LOS CARACTERES DE LOS PUEBLOS EN EL FACUNDO DE SARMIENTO
Domingo
Faustino Sarmiento (1811-1888) es uno de los
escritores argentinos fundamentales. Personaje conflictivo, de pasiones
encendidas. De origen humilde. A través de sus capacidades naturales y
de una firme voluntad se granjeó una sólida cultura. En 1845 publica Facundo,
la vida de Juan Facundo Quiroga, carismático e influyente caudillo de
la provincia argentina de La Rioja. El nervio esencial de la obra es la
oposición entre civilización y barbarie. Para Sarmiento, la ciudad y
la cultura europea representan lo civilizado; el mundo rural, lo
bárbaro. A pesar del atraso civilizatorio que Sarmiento percibía en la
vida campesina, en su Facundo no reprime cierta admiración por
algunos personajes generados por la amplitud y la libertad de la
llanura. Personajes vernáculos como el rastreador, el baqueano, el
cantor y el
gaucho malo.
En
1849 Sarmiento publica su más estimada obra: De la educación
popular, donde se manifiesta una de sus obsesiones fundamentales: el
valor de la educación como poder civilizatorio esencial. En 1849
también edita sus experiencias como viajero en Viajes en Europa,
África y Estados Unidos. Y en 1850 su pluma plasma los Recuerdos
de provincia, una poética recreación de su vida infantil en la
provincia argentina de San Juan. En 1852 entrega a la imprenta La
campaña en el ejército Grande, donde se recrean los hechos
militares que condujeron a la caída del caudillo Juan Manuel de Rosas,
dueño de los destinos de Argentina entre 1831 y 1852, y enemigo
político de Sarmiento. A partir de ese entonces, el autor de el Facundo
comienza un deambular por la escena pública argentina que lo
llevará a convertirse en presidente en el período 1868-74.
En
la Argentina, el recuerdo del Sarmiento político aún sofoca al
escritor. El Facundo es sometido habitualmente a una lectura
político-ideológica. Asi, esta obra es evaluada tradicionalmente como instrumento de ataque politico
de la causa federal
representada por caudillos como Rosas o Quiroga. Pero creemos que el
literato trasciende al hombre político. Por eso es posible ensayar
otras interpretaciones de el Facundo. Esta obra no es sólo un
ensayo político. Es también una indagación romántica sobre la
geografía argentina y sus efectos. En este momento de Temakel
deseamos recuperar ese color ambiental de las más conocida obra
sarmientina. Lo mismo que Hipólito Taine en su Filosofía del arte,
Sarmiento supone que los caracteres de un pueblo son consecuencias de su
medio ambiente, de la geografía circundante. La materialidad del aire y
la tierra no configuran únicamente un escenario pasivo para la vida
humana. Lo geográfico talla el espíritu de sus habitantes humanos. El
ambiente, el paisaje, la naturaleza, son el espacio físico que, dentro
de un devenir histórico, tornean la espiritualidad de un pueblo.
Sarmiento descubre en la llanura pampeana argentina las fuerzas que
esculpen en el nativo de la Pampa la inclinación irreversible hacia la poesía.
El habitante de la llanura inacabable habita dentro de remolinos de
poesía que celebran la extensión inagotable de la tierra.
Y
ahora le entregamos parte del capítulo tercero de el Facundo,
titulado ¨Originalidad y caracteres argentinos¨, donde Sarmiento
expresa las razones por las cuales un mismo paisaje puede producir
costumbres y tipos humanos semejantes en distintas latitudes. Y luego
devela el modo como la llanura y la eléctrica atmósfera pampeanas
construyen los atributos espirituales de quienes habitan las vastas
planicies de la Pampa argentina.
Si de las condiciones de la vida pastoril, tal como la ha constituido la colonización y la incuria, nacen graves dificultades para una organización política cualquiera, y muchas más para el triunfo de la
civilización europea, de sus instituciones, y de la riqueza y libertad, que son sus consecuencias, no puede, por otra parte, negarse que esta situación tiene su
costado poético, y faces dignas de la pluma del romancista (1). Si un destello de literatura nacional
puede brillar momentáneamente en las nuevas sociedes americanas, es el que resultará de la descripción de las grandiosas escenas naturales, y, sobre todo, de la lucha entre la civilización europea y la barbarie
indígena, entre la inteligencia y la materia: lucha imponente en América, y que da lugar a escenas tan
peculiares, tan características y tan fuera del círculo de ideas en que se ha educado el espíritu europeo,
porque los resortes dramáticos se vuelven desconocidos fuera del país donde se toman,
los usos sorprendentes, y originales los caracteres.
El único romaticista norteamericano que haya
logrado hacerse nn nombre europeo es Fenimore Cooper (2), y eso porque transportó la escena de sus descripciones fuera del círculo ocupado por
los plantadores (3), al límite entre la vida bárbara y la civilizada, al teatro de la guerra en que las razas
indígenas y la raza sajona están combatiendo por la posesión del
terreno. No de otro modo, nuestro joven poeta Echeverría (4) ha logrado llamar la atención del mundo
literario español, con su poema titulado La Cautiva. Este bardo argentino...
volvió sus miradas al desierto, y allá en la inmensidad sin límites, en las
soledades en que vaga el salvaje, en la lejana zona de fuego que el viajero ve acercarse cuando los campos
se incendian, halló las inspiraciones que proporcionan a la imaginación, el espectáculo de una
naturaleza solemne, grandiosa, inconmensurable, callada; y entonces, el eco de sus versos pudo hacerse oír con
aprobación, aun por la península española.
Hay que notar, de paso, un hecho que es muy
explicativo de los fenómenos sociales de los
pueblos. Los accidentes se repiten...inventados por pueblos distintos. Esto me explica por qué la flecha y arco se encuentran en todos los pueblos salvajes,
cualesquiera que sean su raza, su origen y su colocación geográfica. Cuando leía en
El último de los Mohicanos de Cooper, que Ojo de Halcón y Uncas
habían perdido el rastro de los Mingos en un arroyo, dije para mí: “Van a tapar el arroyo”. Cuando en
La Pradera (5), el Trampero mantiene la incertidumbre y la agonía, mientras el fuego los amenaza, un
argentino habría aconsejado lo mismo que el Trampero sugiere al fin, que es limpiar un lugar para
guarecerse, e incendiar a su vez, para poderse retirar
del fuego que invade, sobre las cenizas del punto que se ha incendiado. Tal es la práctica de los que atraviesan la pampa para salvarse de los incendios del pasto. Cuando los fugitivos de
La Pradera encuentran un río, y Cooper describe la misteriosa
operación del Pawnie con el cuero de búfalo que recoge: “va a hacer la
pelota” (6 ), me dije a mi mismo; lástima es que no haya una mujer que la conduzca, que entre nosotros son las mujeres
las que cruzan los ríos con la pelota tomada con los dientes por un lazo. El
procedimiento para asar una cabeza de búfalo en el desierto es el mismo que
nosotros usamos para batear (7) una cabeza de vaca o un lomo de ternera. En fin, mil otros accidentes que omito, prueban la verdad de que modificaciones análogas del suelo traen
análogas costumbres, recursos y expedientes. No es otra la razón de hallar, en Fenimore Cooper.
descripciones de usos y costumbres que parecen plagiados de la pampa; así, hallamos en los hábitos pastoriles de
la América, reproducidos hasta los trajes, el semblante grave y hospitalidad
árabes.
Existe pues, un fondo de poesía que nace de los
accidentes naturales del país y de las costumbres excepcionales que engendra. La poesía, para
despertarse, (porque la poesía es como el sentimiento religioso, una facultad
del espíritu humano), necesita el espectáculo de lo bello, del poder terrible, de la
inmensidad, de la extensión, de lo vago, de lo incomprensible, porque donde
acaba lo palpable y vulgar, empiezan las mentiras de la imaginación, el mundo ideal. Ahora yo pregunto: ¿Qué impresiones ha de dejar en el habitante de la República
Argentina, el simple acto de clavar los ojos en el horizonte, y ver.., no
ver nada; porque cuanto más hunde los ojo en aquel horizonte incierto,vaporoso, indefinido, más se le aleja, más lo fascina, lo
confunde y lo sume en la contemplación y la duda? ¿Dónde termina aquel mundo que quiere en vano penetrar? ¡No lo sabe! ¿Qué hay más allá de lo que ve? ¡La soledad, el peligro, el salvaje, la muerte! He aquí ya la
poesía: el hombre que se mueve en estas escenas, se siente asaltado de temores e
incertidumbres fantásticas, de sueños que le preocupan despierto.
De aquí resulta que el pueblo argentino es poeta por
caracter, por naturaleza. ¿Ni cómo ha de dejar de serlo, cuando en medio de una tarde serena
y apacible, una nube torva y negra se levanta sin saber de dónde, se extiende sobre el cielo, mientras se cruzan dos palabras, y de repente, el estampido del trueno anuncia la tormenta que deja frío al viajero, y reteniendo el aliento, por temor de atraerse un rayo de dos mil que caen
en torno suyo? La obscuridad se sucede después a la luz: la muerte está por
todas partes; un poder terrible, incontrastable le ha hecho, en un momento, reconcentrarse en sí mismo, y sentir su nada en medio de aquella naturaleza irritada; sentir
a Dios, por decirlo de una vez, en la aterrante magnificencia de sus
obras. ¿Qué más colores para la paleta de la fantasía?
Masas de tinieblas que anublan el día, masas de luz lívida, temblorosa, que ilumina un instante
las tinieblas, y muestra
la pampa a distancias infinitas, cruzándola vivamente el rayo, en fin, símbolo del poder. Estas imágenes
han sido hechas para quedarse hondamente grabadas. Así, cuando la tormenta
pasa, el gaucho se queda triste, pensativo, serio, y la sucesión de luz y tinieblas se continúa en su
imaginación, del mismo modo que cuando miramos fijamente el sol, nos queda, por largo tiempo, su
disco en la retina.
Preguntadle al
gaucho a quien matan con preferencia los rayos, y os introducirá en un mundo
de idealizaciones morales y religiosas, mezcladas de hechos naturales, pero mal comprendidos, de
tradiciones supersticiosas y groseras. Añádase que, si es cierto que el fluido eléctrico entra en la
economía de la vida humana y es el mismo que llaman fluido nervioso, el cual, excitado,
subleva las pasiones y enciende el entusiasmo, muchas disposiciones debe
tener para los trabajos de la imaginación el pueblo que habita bajo una
atmósfera recargada de electricidad hasta el punto que la ropa frotada,
chisporrotea como el pelo contrariado del gato.
(*)
(*) Extraído de
Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento, Buenos Aires, Clásicos
Huemul.
CITAS:
(1) Romancista:
Galicismo derivado de la palabra francesa ¨roman¨, que significa
novela. Por extensión, escritor, novelista.
(2) Jaime Fenimore
Cooper (1789-1851). Novelista norteamericano, uno de los fundadores de
la literatura estadounidense. Alcanzó fama mundial a través de su obra
maestra: El último de los mohícanos.
(3)
Anglicismo que significa colono.
(4) Esteban
Echeverría(1805-1851). Poeta y prosista argentino. Iniciador del
romanticismo en el Río de la Plata. Su obra poética se compone de
títulos como Consuelo, Elvira o la Novia del Plata, y su poema La
cautiva, su obra más célebre. Como prosista se le deben El
matadero, vigoroso cuento realista y escritos políticos como El
dogma socialista.
(5) Otra de las
novelas de F. Cooper.
(6) Especie de
barco de piel de vaca que se usa en América para pasar los ríos con
personas y cargas.
(7) Rociar con
salmuera la carne para asar.
ILUSTRACIONES
(de arriba hacia abajo): 1:
Domingo Faustino Sarmiento; 2:
La llanura pampeana atravesada por una línea de ferrocarril, posible
símbolo del progreso que, según Sarmiento, disiparía la
barbarie; 3:
La potencia del rayo, manifestación de la electricidad de la atmósfera
y su influencia sobre el temperamento poético del habitante de la
llanura.
|