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LA
MUSICA Y EL MITO JAPONES DE AMATERASU
En el comienzo,
la música fue escalera privilegiada hacia el cielo divino.
Hacia lo sagrado. Acaso todo sea sonido, musicalidad audible
o inaudible. Los viejos mitos, las sabias leyendas, lo saben,
lo comprenden. Dicen la verdad de la interna música de la
existencia de manera explícita o encubierta. Aqui presentaremos
dos manifestaciones de la olvidada dimensión divina de lo
musical. Primero la historia del maestro del tono; y, luego,
el mito japonés de Amaterasu.
EL MAESTRO DEL TONO...
Se daba el nombre de “maestro del tono” a un sabio anciano que vivía en un apartado monasterio, en algún lugar de la frontera chino-tibetana del Himalaya. En un templo de este monasterio, el maestro-que llevaba el nombre de Bonpo-tocaba un tshang, el primitivo tantán tibetano, con sus bordes curvados hacia arriba. De pronto retumbó un sonido subterráneo, similar a un grito desconcertante, por todo el salón. Los campesinos presentes y los acompañantes de los viajeros europeos gritaron despavoridos, y ni uno solo de ellos dudó de haber visto una serpiente de fuego: “la serpiente salió del tshang, cuando el lama lo golpeó”, dijo uno de ellos, confirmando los demás sus palabras. A continuación el lama explicó a los viajeros: “Soy el maestro del tono. A través del tono puedo matar a los vivos y despertar a los muertos...Todos los seres, todas las cosas que incluso aparecen sin vida, dan tonos. Cada ser y cada cosa aporta un tono especial, uno que le es particular. No obstante, este tono se transforma según los diferentes estados por lo que atraviesa el ser o la cosa que lo produce. ¿Cómo? Los seres y las cosas son conglomerados de pequeñísimas partículas que bailan y producen los tonos con sus movimientos. Las enseñanzas dicen: En un principio fue el viento. Con sus remolinos formó los gjatams, las formas primitivas y el origen del mundo. Este viento sonaba y así fue que el tono formó la materia. A través de los tonos de estos primeros gjatams, surgieron otras formas que, a su vez, con la fuerza de sus tonos, produjeron nuevas formas. Y esto no es simplemente un cuento de épocas lejanas, sino que sigue siendo así. El tono produce todas las formas y seres. Vivimos por el tono.
EL
MITO JAPONES DE AMATERASU
En un principio reinaban las tinieblas. Amaterasu, la
diosa del sol, no reinaba todavía en el cielo. Vivía en
una caverna. El mundo era frío, inhospitalario y estaba
sin vida. Entonces la diosa tomó seis arcos enormes, los
reunió y creó así la primera arpa. En ella tocaba hermosas
melodías. Atraida por esa música, apareció la encantadora
ninfa Ameno-Uzume. Entusiasmada con sus melodías, comenzó
a danzar y,finalmente, también a cantar. La diosa solar
Amaterasu quiso escuchar mejor la música que venía desde
la lejanía. Por eso se asomó a la entrada de su caverna
y, en ese mismo instante, la luz alumbró el mundo. El
sol se hizo visible y sensible. Flores, plantas y árboles
comenzaron a desarrollarse. Los peces y pájaros, los animales
y los hombres pisaron la Tierra llena de luz. Pero los
dioses acordaron desde entonces cultivar el canto y la
danza, para que la diosa del Sol no retornara jamás a
su caverna. Ellos sabían que si bien la vida se había
iniciado gracias al Sol, sin embargo, sin la música de
los seis grandes arcos en forma de arpa y sin el canto
de la ninfa Ameno-Uzume jamás habría abandonado la diosa
del Sol, Amaterasu, su trono celestial. Se habría quedado
eternamente en su cueva. Y, por esta razón, fue que el
sonido, que era música y danza, comenzó el mundo. (*)
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Ojo
que atraviesa el cielo. Apertura, desde lo terrestre,
hacia el centro del movimiento.
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(*)
Fuente:
Ambos textos extraídos de Nada Brahama. Dios
es sonido., de Joachim Ernst Berendt (ed. Abril).
Otras lecturas recomendadas para el vínculo entre la música
y lo sagrado son: Introducción a la filosofía
de la música, de Lewis Rowell(ed.Gedisa); El
tao de la música, de Carlos D.Fregtman (ed.Troquel);
Música. Sociedad. Educación. Un examen de la
función de la música en las culturas occidentales, orientales
y africanas, que estudia su influencia sobre la
sociedad y sus usos en la educación, de Christopher Small
(ed.Alianza); El nacimiento de la Tragedia,
de F.Nietzsche (ed. Alianza).
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