Stockhausen
es uno de los grandes músicos de la vanguardia musical del
siglo XX. Para Stockhausen: " la mayoría de los músicos
que practican la música hoy en día están realizando una
acción automática -incoscientemente- y han perdido el entusiasmo
que tal vez tuvieron durante un breve lapso cuando eran
muy jóvenes y estaban muy decididos con respecto a la música
como profesión. Debemos construir nuevamente desde el principio,
y una vez más debemos despertar ese entusiasmo original,
o sino abandonar la música". De ahí que el mérito de
este texto que presentamos a continuación en Temakel
sea el de restituirle al músico, e incluso al oyente musical,
la actitud meditativa sobre la música y su significación
profunda.
E.I
CARTA
ABIERTA PARA QUIENES DESEEN SER MÚSICOS
Por Karlheinz Stockhausen
Una
vez más estamos envueltos en una revolución, pero esta vez
está ocurriendo en el mundo entero. Esta vez, fijemos realmente
las metas más altas que nos fuera posible ¡Toda la humanidad
está en juego!
A
lo largo del mundo, encontramos el sentimiento opresivo,
y aterrorizado de que allí frente a nosotros hay algo que
solamente se puede comparar con el nacimiento de la primera
planta a partir de la materia inanimada, con el nacimiento
del primer animal a partir del reino vegetal o con el nacimiento
del primer hombre a partir del reino animal -una nueva etapa
en el desarrollo de la conciencia-.
Tan fuerte como el anhelo del hombre por la
próxima etapa del ser es su miedo, y su resistencia a abrirse
a esta nueva conciencia. Unos pocos individuos, grupos,
partidos, pueblos, creen que gozan de primacía y que por
lo tanto pueden suprimir y comerse literalmente a los demás.
Porque en verdad, somos desiguales, con respecto a la inteligencia
y a las posibilidades, y sabemos que sólo unos pocos de
nosotros tendrán éxito en la tarea de ser libres y en lograr
un estado de súper conciencia por medio de nuestro propio
poder interior. Del mismo modo, sólo unos pocos animales
"sabían" cómo convertirse en humanos. Uno sólo
puede llegar a ser más altamente humano superando su egocentrismo
y superando también el miedo a perderse a sí mismo de esta
manera. No tratemos de establecer nuevos sistemas en oposición
a los que queremos derribar, porque los sistemas son demasiado
restrictivos, y quieren excluir, suprimir y erradicar a
los disidentes. Nuestra concepción debe ser tan amplia que
nos veamos a nosotros mismos como parte del mundo entero,
permitiendo a los viejos sistemas que se mueran, sin perpetuarlos
y sin agregar nuevos sistemas para los que pretendamos proclamar
derechos exclusivos sobre la mente de otros hombres.
Los sistemas son productos de aquella razón
que nuestros antepasados hicieron único amo del cuerpo,
en el que el alma era un pisionero. Los viejos sistemas
atribuían todo el poder al primer sirviente del cuerpo,
la razón. Pero seamos conscientes de que la razón, a menos
que sea constantemente alimentada por una inspiración más
elevada desde los supraracional, continuamente hace las
combinaciones con todo lo que está acumulado en ella y puede,
en cualquier momento, proclamar lo que se le dé la gana
como verdadero -aun puede proclamar lo opuesto como verdadero-.
Uno puede usar la razón para cualquier propósito. Puede
sostener cualquier opinión. Puede justificar, probar o refutar
todo. Y si uno no ha aprendido a manejarla, puede correr
locamente sin pararse nunca. Es un instrumento útil, nada
más y nada menos. Es una computadora modelo. Pero ¿quién
la usa? y ¿para qué?
El súper-ego nos debiera dar alimento para
el pensar. Y el súper-ego adquiere ese alimento de la conciencia
intuitiva, de la más alta conciencia súper personal cósmica.
¿Por qué hago yo tal aseveración, yo que al
fin de cuenta soy un músico y no un filósofo? Porque nosotros
los músicos devieramos vivir tan intuitivamente como fuera
posible. Porque he descubierto que todo empieza de nuevo
cuando se adquiere esta conciencia y se trata de desarrollarla
todo todo lo que sea posible. Entonces uno es músico sólo
secundariamente, uno es especialista, un hombre con una
profesión. Antes que nada, uno es un espíritu individual,
que debe tomar contacto con el espíritu universal antes
de tratar de comunicar algo de importancia al resto de la
gente.
La música no debería ser solo un baño de olas
que masajean el cuerpo, un psicograma tonal, un programa
de pensamiento con tonos.
Debería ser una corriente tonal metamorfoseada
de electricidad cósmica súper-consciente.
La mayoría de los músicos que practican la
música hoy en día están realizando una acción automática
-incoscientemente- y han perdido el entusiasmo que tal vez
tuvieron durante un breve lapso cuando eran muy jóvenes
y estaban muy decididos con respecto a la música como profesión.
Debemos construir nuevamente desde el principio, y una vez
más debemos despertar ese entusiasmo original, o sino abandonar
la música.
Por esa razón, deberían disolver todas
las orquestas y coros por un tiempo y dar a cada músico
la oportunidad y el tiempo para mirar dentro de sí, para
meditar, para descubrir qué es aquello para lo cual vive,
por qué hace música y si está profundamente entregado a
la música y por lo tanto debe dedicarse a ella. Desafortunadamente,
veríamos que la mayoría de los músicos que han estado durante
años comprometidos con esta profesión de la música, y que
creen que esta actividad continuara hasta que mueran o se
retiren, dejarían la música y se dedicarían a otra cosa.
Tal vez no harían nada durante un tiempo largo (siempre
que uno continuara pagándoles y por lo tanto privándolos
de esos viejos argumentos financieros que hacen que la gente
siga teniendo lo que odia), lo que podría ser en sí muy
fructífero. Las razones habituales para ganar dinero -permanecer
vivo o satisfacer las exigencias siempre en aumento de cada
uno- son al fin y al cabo nada más que razones perezosas.
En la India, en una carretera entre Agra y Jaipur, conocí
a un músico que tocaba para mí en un pequeño instrumento
de cuerdas que había construído él mismo. Y fue uno de los
pocos músicos maravillosos que yo haya conocido. No poseía
nada. Me dijo que cuando obtenía una buena remuneración
era cuando lograba aproximadamente tres centavos por día,
tirados por algún transeunte al que le gustaba su música.
Cuando le pregunté si me vendería su instrumento por veinte
dolares -una suma que no podía ganar ni en unos varios años-
me miró estupefacto, le corrieron lágrimas por la mejillas
y sacudió la cabeza: "No". Me sentí mortalmente avergonzado.
Aquellos que quieran ser músicos, siguiendo
su llamado más elevado, deben empezar con el más simple
de los ejercicios de meditación, al principio sólo con ellos
mismos: "Tocar un tono con la idea de que uno dispone de
todo el tiempo y el espacio del mundo", y así de ahí en
adelante. Antes que nada, de todos modos, deben adquirir
conciencia, conciencia de por qué están vivos, de por qué
todos estamos vivos para lograr una vida más elevada y para
permitir que las oscilaciones del universo penetren en nuestra
existencia humana individual. Y los músicos deben echar
las bases para la llegada de un ser humano más elevado aún
enterrado en nosotros. Y colocar el cuerpo todo, hasta las
partes más pequeñas, en estado de vibración para que todo
llegue a ser más receptivo y más suelto y para que el músico
pueda percibir las vibraciones de la conciencia más elevada.
Puedo experimentar de antemano la desaprobación con que
ustedes leerán esta "carta abierta". No me molesta. De todos
modos, estaría muy mal que no tuvierán siquiera la insinuación
de que en sus mejores momentos ustedes actúan por intuición
y que son las posibilidades de una existencia superior lo
que los hace permanecer vivos. Ustedes no querrían seguir
viviendo si tuvieran los sentidos embotados. En cambio,
deberían desear adquirir mayor conciencia del mundo y sus
por qué y sus tal vez. Y deberían saber que nuestras fallas
y nuestras imperfecciones son sólo signos de que estamos
ascendiendo, elevados hacia ese futuro que está en nosotros
-aquello que es la súper-conciencia, constantemente llevándonos
hacia arriba, cada vez más alto.
Nosotros, los músicos, hemos recibido
un gran poder para encender con acordes el fuego del anhelo
de elevarse. Fuera de nosotros mismos. Seamos cuidadosos
de no perder este poder. No sólo es importante que los músicos
traten de alcanzar las alturas más elevadas, sino que además
el campo de la vibración que los rodea es tan fuerte, tan
sobre-eléctrico, que cualquiera que penetre en este campo
se eleva con los músicos.
Participemos por lo tanto en la gran
revolución de la humanidad, puesto que realmente sabemos
lo que queremos de verdad. Vale la pena jugarse la propia
vida cuando está en juego. Pero ya no vale la pena cuando
solamente están comprometidas verdades parciales, grupos
privados, problemas nacionales o problemas políticos unidimencionales.
Que no nos domine la idea de que hay alguna clase de validez
individual en una revolución francesa, vietnamita, checa,
rusa o africana. Lo único que cuenta es la revolución de
la juventud mundial en pro de lo más elevado del hombre.
Nada más que esto. El hombre más elevado no ha de nacer
de la destrucción, de la explosión de átomos, de cerrar
fronteras viciadas, sino sólo de la conciencia creciente
de que la humanidad es sólo cuerpo, y de que el cuerpo entero
está enfermo e incapacitado, mientras haya uno solo de sus
miembros golpeado, herido, ultrajado o eliminado.
La batalla -y una batalla es inevitable-
será dura, ya que los que están en el poder han perdido
su fe en la humanidad. Creen que ellos son los elegidos
porque la situación es tal que tienen los medios físicos
para detentar el poder. Tienen a su disposición los dogmas
y los sistemas morales, políticos y religiosos que usan
para juzgar y ordenar a los más débiles. Pero en realidad,
son los prisioneros de su propia razón, que divide todo
para poder "entender" y controlar al mundo.
Por lo tanto, los ingenieros de la razón
perderán en último análisis sus guerras no santas porque
tienen callos y no tienen ninguna súper conciencia del hombre
más elevado que inspire sus acciones. Somos gobernados por
generales del ejército, magnates financieros, estadistas,
oficiales de partido, fanáticos religiosos, lideres grupales
y especialistas en administración. ¿Qué otra cosa podemos
esperar del mundo bajo estas circunstancias?
Pero empecemos desde la línea de partida:
desde nosotros mismos. Y cuando hayamos adquirido la conciencia
más elevada ya no necesitaremos "ser gobernados". Entonces
obtendremos consejos de los santos -no los santos de la
iglesia sino los espíritus que sirven a toda la humanidad,
que han adquirido una conciencia universal que va más allá
de las diferencias de religión y de raza y que no confunde
universalidad con uniformidad.
¿Qué tiene que ver todo esto con la música?
Hoy lo que interesa es la totalidad. Si entendemos esto,
haremos también una música verdadera que permitirá que esta
totalidad se pueda conocer. (*)

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Ojo
que atraviesa el cielo. Apertura, desde lo terrestre,
hacia el centro del movimiento
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Fuente: Nota procedente de la publicación
"Escombro", publicada en 1974.