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TRES POETAS DEL ÁFRICA NEGRA
Isabel
Osella, una alumna que asiste a algunos cursos que dicto en
la Universidad de Buenos aires, en Argentina, me acercó un libro
sobre poesía africana. Una revelación de cuarzo cristalino.
Oportunidad para respirar en la espiritualidad africana. África:
erupción milenaria, constante, de selva, desierto, ríos y almas
que danzan y veneran a dioses y antepasados. África: tierra
violada por la violencia y desprecio blancos. Mundo sollozante
de marginación y olvido. La tragedia suele desplazarse como
una gran serpiente oscura por el suelo africano. Pero, a pesar
de la densidad del dolor y de las heridas continuas, subsiste
el canto de sus poetas, que preservan, si quiera en parte, la
belleza, la religiosidad pagana y la emoción de vetas hondas
del nativo africano. Para deambular por este sentir lejano a
nuestra cultura, en este momento de Aperturas, en Temakel,
presentamos tres poemas de tres cantores del África ancestral.
1)
DAVID DIOP: Poeta de origen senegalés, nacido en 1927. Murió en Dakar, en
1960, en un accidente aéreo. Alcanzó un diploma en Letras en Francia. Aquí
su poema:
ÁFRICA
África,
mi África,
África
de los altivos guerreros en las sabanas ancestrales,
África
que mi abuela canta
Al
borde de su río lejano,
Nunca
te he conocido
Pero
mi mirada está llena de tu sangre,
Tu
bella sangre negra a través de los campos derramada,
La
sangre de tu sudor,
El
sudor de tu trabajo,
El
trabajo de la esclavitud,
La
esclavitud de tus hijos.
África,
dime África,
¿Eres
tú pues esa espalda que se inclina
Y
se tiende bajo el peso de la humildad,
Esa
espalda temblorosa con rayaduras rojas
Que
dice sí al látigo en los caminos del mediodía?
Entonces
gravemente me respondió una voz:
-Hijo
impetuoso, ese árbol joven y robusto,
Ese
árbol allá lejos,
Espléndidamente
solo en medio de flores blancas
Y
marchitas,
Es
África, tu África que reverdece,
Que
reverdece pacientemente, obstinadamente,
Y
cuyos frutos tiene poco a poco
El
amargo sabor de la libertad.
2) DADIE BERNARD: Poeta de Costa de Marfil,
nacido en 1916. Pertenecio al Instituto francés del Africa Negra. Escribió
piezas de teatro, novelas y poemas. Obras: ¨Le pagne noir(1955); ¨Le ronde des
jours¨(1956). Aquí su poema:
TE
AGRADEZCO, SEÑOR
Te
agradezco, Señor, que me hayas creado Negro,
que
hayas hecho de mí
la
suma de todos los dolores,
y
puesto sobre mi cabeza, el Mundo.
Visto
la librea del Centauro
y
llevo el Mundo desde la primera aurora.
El
blanco es un color de circunstancias,
el
negro, el color de todos los días,
y
llevo el Mundo desde el primer crepúsculo.
Estoy
contento
con
la forma de mi cabeza
hecha
para llevar el Mundo,
Satisfecho
de
la forma de mi nariz
que
debe aspirar todo el viento del Mundo,
Feliz
Con
la forma de
mis piernas
proveas
a correr todas las etapas del Mundo.
Te
agradezco, Señor, que me hayas creado Negro,
que
hayas hecho de mí, la suma de todos los dolores.
Treinta
y seis espadas han traspasado mi corazón.
Treinta
y seis braseros han quemado mi cuerpo.
Y
mi sangre sobre todos los calvarios ha enrojecido la nieve.
Y
mi sangre en todos los nacientes ha enrojecido el horizonte.
Pero
lo mismo estoy
Contento
con llevar el Mundo,
Contento
con mis brazos cortos,
con
mis brazos largos
con
el espesor de mis labios.
Te
agradezco,
Señor, que me hayas creado Negro, blanco es un color de
circunstancias,
el
negro, el color de todos los días,
y
yo llevo el Mundo desde el alba de los tiempos.
Y
mi risa sobre el Mundo, en la noche, crea el Día.
Te
agradezco, Señor, que me hayas creado Negro.
3)
Peters Lenrie: nacido en Banjul, capital de Gambia, en 1932. Graduado en
medicina en Cambridge. Aquí su poema:
HEMOS
LLEGADO AL HOGAR
Hemos
llegado al hogar
Desde
la guerra sin sangre
Con
el corazón abatido,
Nuestras
botas llenas de orgullo
De
la verdadera matanza del alma,
Y
nos hemos preguntado
“¿Cuánto
cuesta
ser
querido y después abandonado?”
Hemos
llegado al hogar
Y
traído la promesa
Escrita
en colores de arco iris
A
través del cielo — para enterrar,
Pero
no es el momento
De
colocar coronas
Por
los crímenes de ayer.
La
noche amenaza,
El
tiempo se disuelve,
Y
nada conocemos
Del
mañana.
Los
tambores borboteantes
A
la estrella hacen eco.
El
bosque aúlla
Y
entre los árboles
El
oscuro sol aparece.
Hemos
llegado al hogar
Cuando
vacila la aurora
Cantando
canciones de otras tierras,
La
Marcha Fúnebre
Que
nos viola los oídos,
Sabiendo
que toda nuestra tradición y nuestras lágrimas
Se
juegan al cara o cruz de una moneda.
Hemos
llegado al hogar
Al
pie de
las
verdes colinas
A
beber el grito cálido
Y
suave del canto de los pájaros.
A
las playas ardientes
Donde
los botes salen al mar
A
desgranar la cosecha del océano
Y
las tenaces gaviotas se hunden
Y
deslizan volcando besos sobre las olas.
Hemos
llegado al hogar
Donde
a través del relámpago
Y
la lluvia atronadora,
La
peste, la sequía,
El
espíritu empapado
Se
demora en el camino arenoso
Sosteniendo
los torturados restos
De
la carne,
Ese
espíritu que no pide
Al
mundo favor alguno
Sino la
dignidad. (*)

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Ojo
que atraviesa el cielo. Apertura, desde lo terrestre,
hacia el centro del movimiento
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(*)
Fuente: Todos
los poemas pertenecen a Poesía africana de hoy, Buenos
Aires, 1968, Ed. Sudamericana. Traducción de Willian Shand
y Rodolfo Benasso.
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