RICARDO CARPANI:
ARTE Y UTOPÍA
Entrevista
por Esteban Ierardo
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"El
gaucho Martín Fierro", por Ricardo Carpani.
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El
pintor auténtico siempre
demuestra que la realidad es desconocida. Lo que habitualmente
aceptamos como lo real es sólo la entrada de una selva de
otras formas, colores, escenarios y situaciones. Eso es lo
que demuestra Ricardo Carpani en su obra. Carpani nació en
Tigre, Argentina, en 1930. Lamentablemente, la pictórica argentina
y latinoamericana lo perdió en 1997. Tras la supuesta realidad
ya
conocida de Buenos Aires, con sus calles, tangueros, marchas
obreras y paradas de colectivos, Carpani descubrió otras escenas.
Un personaje vestido a la manera del compadrito perdido en
un paisaje selvático, una pareja tanguera de volúmenes exaltados,
un desocupado y obreros con fisonomías
pétreas. En 1959, formó parte del lanzamiento del Grupo "Espartaco".
Además de Carpani, integraban este movimiento: Juan Manuel
Sánchez, Mario Mollari, Carlos Sessano, Espirilio Butte, Juana
Elena Diz y Pascual Di Bianco. Carpani fue el principal encargado
de la redacción del manifiesto de estos jóvenes pintores.
En su párrafo final, se afirmaba:
"De
las manos de la nueva generación de artistas latinoamericanos
habrá de salir el arte de este continente, que aún no ha realizado
su unidad; quizá le esté reservado por este arte revolucionario
realizarla antes en la esfera creadora como síntoma de la
inevitable unificación política. Pues no sería la primera
vez en la historia que el arte se anticipa a los hechos económicos
o políticos; y tal vez en ello reside su grandeza. Partiendo
de la realidad, la prefigura y la renueva. Estos
objetivos se cumplirán mediante una doble acción: el arte,
no puede ni debe estar desligado de la acción política y de
la difusión militante y educadora de las obras en realización.
El arte revolucionario latinoamericano debe surgir, en síntesis,
como expresión monumental y pública. El pueblo que lo nutre
deberá verlo en su vida cotidiana. De la pintura de caballete,
como lujoso vicio solitario hay que pasar resueltamente al
arte de masas, es decir, al arte".
En Carpani, la fantasía descubre los pliegues escondidos del
mundo aparente. Sus imágenes fantásticas, con predominio de
escenas selváticas, pétreas o figuras de presencia magnética,
monumental, no profesan la pura la imaginación. A la manera
de las viejas vanguardias, Carpani siempre creyó en el arte
como forma legítima de transformación social. Su fe estética
tenía la forma de un "arte
revolucionario latinoamericano". Y el arte como
último refugio de la utopía. "...En determinadas épocas,
el último refugio que le queda a las utopías es el de la creación
artística", dice Carpani al final de esta entrevista
que sigue a continuación. Una entrevista que generosamente
me concedió el gran artista hace varios años. Allá por 1994. Recuerdo
aún la simpleza del trato de Carpani y la austeridad y recogimiento
de su taller poblado por pinturas, esculturas, dibujos. En
aquel taller, podía respirarse la serena y desesperada necesidad
de creación que crepita en cada artista.
En este nuevo instante de la sección de Pintura y trascendencia
de Temakel, me complace acercarles este pequeño y respetuoso
recuerdo para con uno de los grandes creadores que brilló,
y aún brilla, en Buenos Aires, esta ciudad del lejano sur.
E.I:
¿El arte debe intentar la transformación social?
R.C:
El arte siempre cumple una función social: o al servicio de los
sectores dominantes o al servicio de las nuevas fuerzas que van
emergiendo dentro de la sociedad. Lógicamente, para que el arte cumpla
esa finalidad liberadora esa misma finalidad emancipadora debe existir
previamente en la realidad. Y, además, deben existir los elementos
potenciales para un cambio social. Es entonces cuando el arte se pone
realmente al servicio de los cambios sociales.
-
¿Hace muchos años formaste parte del Grupo Espartaco, de un claro compromiso
con el marxismo y con la idea del arte como forma de transformación social.
¿Aquella ideología explícita de tu juventud aún perdura en tu pensamiento
y tu obra?
R.C:
Sí. Soy un hombre de extracción marxista dentro de lo que constituye,
podríamos llamar, la línea nacional del marxismo. Aquello que se
llamó durante una época con un nombre un poco genérico: izquierda
nacional. En ellas estaban desde Hernández Arreghi a John William Cooke,
y otros como el mismo Puiggrós, y Jorge Abelardo Ramos. Esa formación
ideológica anterior al adolescente ya, de algún modo, condicionó mi
visión del arte, mi visión del hacer artístico. La condicionó porque
yo desde un primer momento tomé al arte, ya te digo, como un
instrumento de transformación de la realidad.
Creo
que la imagen artística es suficientemente potente e importante
socialmente si realmente se la pone en contacto con el pueblo, con su
destinatario, para producir cambios sustanciales en la emotividad y la
reflexión de la sociedad.
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"El
último tango del Tigre Millán"
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"Amantes"
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- ¿Cualquier tipo de expresión artística que se
pretende tal es válida o, según tu entender, siguen existiendo
jerarquías en el arte, es decir, hay obras que son más artísticas
que otras?
R.C:
No; no creo que la pintura sea una manifestación más artística que otras. Hay que hablar de la imagen,
de la potencia de la imagen; eso es lo que interesa. Una imagen cuya
potencia queda demostrada, además, en la utilización que hace el
sistema de esa imagen a través de la televisión, de la publicidad
comercial. Porque todos operan con la imagen.
Yo
parto de que si el arte, la imagen, tiene una potencia alienante al
servicio del sistema también tiene que tener la misma potencia al
servicio de una causa liberadora. Y esto siempre y cuando se den los
medios, los mecanismos, a través de los cuales la imagen sea elaborada
por un artista con conciencia social y política; siempre y cuando esa
imagen se ponga en contacto con su destinatario, con el público. Con el
gran público.
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Hasta ahora hemos hablado de cómo pensás la relación de la obra con
aquellos que la reciben. Ahora, cuando estás solo, en tu intimidad,
¿cómo se gesta tu proceso creador?
R.C:
Trabajo siempre con imágenes, bocetos o croquis que he realizado antes,
incluso que he pintando y que los vuelvo a reelaborar. Alguien dijo
alguna vez que uno siempre pinta el mismo cuadro. Creo que hay algo de
verdad en esa exageración. Uno tiene sus propios fantasmas, sus
obsesiones, sus cosas recónditas, subconcientes. Y pienso que si uno
expresa sinceramente, dignamente además, eso que siempre aparece es lo
que, de alguna manera, hace al estilo personal de cada uno. Y las
obsesiones no son tantas en el ser humano: el problema de la muerte, el
amor. Los eternos problemas.
"Desocupados"
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"Tiempos difíciles" |
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Supongo que debe haber algunos pintores que despertaron tu admiración o
que te influyeron.
R.C:
En mí influyó Miguel Angel, en cuanto a su concepto formal, en cuanto a su
concepción de la figura humana. Después estudié con Petorutti y
aprendí mucho de él, aunque mi pintura se diferencia mucho de su
estilo. Pero con Petorutti aprendí cosas muy importantes como la
composición, el tratamiento del color, en fin, cuestiones técnicas
diversas. Pero yo seguí por mi camino. Seguí, digamos, puliendo esta
imagen inicial que desde un primer momento tuve.
Y
después influyó en mí toda una corriente del "muralismo
latinoamericano" dentro de la cual me incluyo. No solamente por el
compromiso social y por lo que significa el muralismo desde el punto de
vista de un arte público en contacto con las grandes masas, sino
también porque ese muralismo no es una intencionalidad social sino que
es también un concepto estético, un concepto monumental de las formas.
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"Marcha obrera"
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"¿Qué
hace un tipo como yo en un lugar como este?" |
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¿Avalarías el criterio de que la obra de arte sigue siendo un refugio
para las utopías?
R.C:
Podría decirse que el arte es utopía pura porque uno está creando
mundos. Y en esos nuevos mundos depositamos nuestras ilusiones.
Depositamos nuestras utopías en las obras que crean nuevos mundos. Y
así le damos vigencia a esas utopías, vigencia social. En ese sentido,
pienso que sí, en determinadas épocas, el último refugio que le queda
a las utopías es el de la creación artística. (*)
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"El
centauro criollo"
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