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MITOLOGíA
Y ARTE: DOS UNIVERSOS COMPLEMENTARIOS EN LA OBRA DE XUL SOLAR
Por
Daniela Casaretto
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Xul
Solar (1887-1963)
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Xul Solar fue un notable pintor, inventor y visionario
argentino. Gran amigo de Jorge Luis Borges, en su pintura
confluyen el torrente de los símbolos míticos y ancestrales, la
sapiencia astrológica, la apertura a lo religioso, lo lúdico que
deconstruye convencionalismos y que crea un nuevo modelo de
ajedrez o un nuevo lenguaje. Aquí, Daniela Casaretto traza un
brillante recorrido ensayístico donde explora y une varias de las
principales notas de la muy especial rapsodia visual, inventiva y
simbólica de un genial creador.
E.
I
MITOLOGíA
Y ARTES: DOS UNIVERSOS COMPLEMENTARIOS EN LA OBRA DE XUL SOLAR
Por
Daniela Casaretto
Xul Solar: vanguardista de vanguardias
A
partir de la segunda mitad del siglo XIX, cuando las formas
productivas capitalistas se comenzaban a consolidar en casi toda
Europa occidental, los cánones estéticos sufrieron una gran
transformación. No fue simplemente una distorsión de cánones
anteriores, la transformación implicó un cambio estructural en
la forma de percibir el arte.
El
avance de las nuevas formas productivas trajo aparejado la
destitución de toda tradición. Al deshacerse el colectivismo
medieval y al perder la fe en el positivismo del progreso como
consecuencia de los conflictos mundiales del siglo XX, el hombre
moderno se vio atrapado en un mundo nuevo que ya no le
pertenecía, sobre el cual no tenía el control: la sociología de
Durkheim que plantea a los hechos sociales exteriores e
independientes a las voluntades individuales, la
"economía-política" de Marx que, (si bien discutida en
numerosos textos), sostiene la determinación de la estructura
sobre la super-estructura, y las investigaciones de Freud que
despojan al individuo del poder sobre si mismo. Por otra parte el
individualismo de la modernidad y el aceleramiento del devenir,
del cambio, la revolución constante de las formas productivas,
derrumbaron las nociones estéticas. Las corrientes artísticas
duran tan poco que los cánones no llegan a cristalizarse en el
tiempo. La Belleza se hizo minúscula: a partir de esta época
podemos notar la aparición de las Vanguardias que, entre otras
tantas cosas, padecen la particularidad de lo efímero; una
continua sucesión de vanguardias. La manera en la que el artista
se acerca al mundo y a sus pares es de una subjetivad tan fuerte
que las convenciones se complican; paralelamente las burguesías
nacionales "engordan", necesitan nuevos mercados y
tierras para explotar y se suceden las guerras mundiales. El
espíritu queda devastado; se pierde la fe en el arte; surge el
Dadaísmo. Los contenidos desaparecen con una brutalidad feroz y
la forma pura atenta contra la existencia del arte. De este
movimiento, completamente autodestructivo, muchos saltaran al
surrealismo contando con el marco teórico que Freud había
aportado. El redimensionamiento del concepto de realidad
consistía en una de las principales intenciones de aquellos que
pertenecían a esta vanguardia. La realidad "objetiva"
no era la única ni la más legítima o verdadera, para éstos
existía otra realidad: el inconsciente que hasta entonces había
sido ignorado. Los surrealistas intentarían unir estas dos
realidades, querrían construir una meta-realidad.
Como
ya es sabido el hombre desde siempre ha intentado explicar el
mundo. Lo hizo a través del mito, de la religión, a través de
la filosofía o de la ciencia, en suma quizás todas ellas nuevas
reencarnaciones del mito originario. En la modernidad el hombre
entiende que el mundo no existe de por sí sino es como una
construcción del sujeto. Concepto, este último, clave durante
toda la modernidad y post-modernidad: el sujeto, el individuo se
convertirá en una "fabrica" de sentido, llenará
constantemente el vacío que ese el descubrimiento había
generado, explicará y dará sentido a las cosas desde la o desde
las esferas que eventualmente más oportunas le resulten (la
ciencia, la religión, la filosofía). En este marco se dibujarán
los personajes muerto-vivos de Bécquer, la mentira metafísica de
Arlt, los seis personajes en busca de un autor de Pirandello. En
este clima de desconcierto general que ha caracterizado los
últimos tiempos de la historia humana aparecerá Xul (luz) Solar
proponiendo una nueva manera de acercarse al mundo a partir de las
distintas religiones, artes, de distintos métodos, de un sinfín
de innovaciones que contribuirían al verdadero desarrollo del
espíritu humano.
La
figura de Xul Solar ha sido largamente asociada al movimiento
surrealista en función de las evidentes similitudes que ha
compartido con la vanguardia. Sin embargo tales semejanzas no
deben ni pueden reducirse a identidad, las diferencias abundan en
forma y contenido más allá de las frecuentes reciprocidades que
eventualmente compartiera con los integrantes del movimiento. La
obra de Xul Solar rechaza todo encasillamiento; se ha intentado,
por el cientificista equívoco de archivar todo suceso, aproximar
su obra al simbolismo, al expresionismo, al realismo mágico, al
dadaísmo o particularmente al surrealismo. Pero lo cierto es que
ninguno de estas fijas definiciones se ajustan a su poética
singular y compleja; su estética y su "Stimmung"
(disposición de ánimo) desbordaban incluso las normas del
surrealismo, es significativa la interpretación de Walter
Benjamín al respecto: "Surrealismo significa pesimismo en
toda la línea. Así es y plenamente. Desconfianza en la suerte de
la literatura, desconfianza en la suerte de la libertad,
desconfianza en la suerte de la humanidad europea, pero sobre
todo, desconfianza, desconfianza, desconfianza en todo
entendimiento: entre las clases, entre los pueblos, entre éste y
aquél"1. Nada más alejado de
sus sentimientos que el pesimismo y la desconfianza, siempre
guiado por la optimista creencia en la unión de todos los
hombres, que lo incentivarían a sus más osados proyectos.
Según
Borges recuerda, Xul no creía profundamente en el arte moderno y
la mayor parte de sus innovaciones le resultaban
"arcaísmos"; se consideraba a sí mismo un pintor
realista, ya que, lejos de representar formas arbitrarias, pintaba
las formas del bien y del mal, las divinidades que rigen el mundo
tal como las había visto "realmente" en sus visiones.
Pero son justamente sus visiones, sus relatos de excursiones por
los otros mundos, aquellas que recuerdan las escrituras
automáticas de los surrealistas.
Como
"bestimmung" o determinación y a falta de toda posible
definición esquemática, Xul Solar se ha referido a sí mismo
como "recreador, y campeón mundial de un panajedrez y otros
serios juegos que casi nadie juega; padre de una panlengua que
quiere ser perfecta y que casi nadie habla; y padrino de otra
lengua vulgar sin vulgo; autor de grafías plasti-útiles que casi
nadie lee; exegeta de doce religiones y filosofías que casi nadie
escucha"
En
la engorrosa tentativa de encasillar su enorme versatilidad, su
espíritu multifacético, en una rígida definición, resulta
oportuno citar aquel sintético apelativo con que solía aludir a
sí mismo: "castrólico"; condensada nominación en que
se concentran comprimidos los cuatro pilares que, a grandes
rasgos, delinean su individualidad: respectivamente, cabalista (ca),
astrológico (tro), liberal (li) y coísta o cooperador (co).
Despojada
de toda realidad indicial, de todo particularismo, de todo
referente histórico, la vanguardia, podría funcionar como eficaz
caracterización de las ambiciosas coordenadas espacio-temporales
que Xul Solar ocupó durante toda esa primera mitad del siglo XX:
un adelantado a sus tiempos, por lo que todo arbitrario intento
por adaptar su heterogeneidad, la riqueza de sus actos y potencias
a las cristalizadas categorías del pasado, resulta un penoso
reduccionismo y una paradójica caída en las prisiones de la
convención a las que tanto se empeñó en abatir. Xul Solar ha
resultado ser un verdadero inclasificable del arte contemporáneo
y como tal único exponente de su propia vanguardia; un lúcido
visionario.
Su
notable singularidad ha hecho de él, sin embargo, un genio
incomprendido, ininteligible y despreciado por sus coetáneos,
como por quienes, aún medio siglo más tarde, encuentran en sus
cuadros solo humor e ingenuidad, o quizás el miedo que avasalla
ante lo desconocido. Para algunos sus pinturas esotéricas y
misteriosas encierran simplemente el encanto de lo insólito, de
la inocencia, del humor y lo excéntrico; pero otros han sabido
ver o intuir en él, una experiencia múltiple fundada sobre
profundos conocimientos de religiones y filosofía hermética,
mitologías y astrología, a la que consideró clave reveladora de
la armonía universal y de la unidad del cosmos; un personaje
ecléctico que ha admirado las profundas culturas orientales
(desprestigiadas por la indiferencia del mundo occidental
etnocentrista), que logrará combinar con las culturas
precolombinas, dando forma y vida a una "cultura de
mezcla"2. Su pintura saturada de fantasía
y originalidad, solo cobra sentido dentro de su mundo espiritual,
como un medio ideal para promover la comunicación entre los
hombres haciendo símbolos de las imágenes; un intento que en lo
absoluto se limita a la pintura, pues se extiende incluso a su
optimista tentativa de elaborar un lenguaje universal que uniera a
todos los hombres. Era un tenaz partidario de la integración, y
en ello y por ello se explica el carácter al que obedece su
simbolismo que, en lo absoluto arbitrario, responde a una
concepción esotérica basada en la correspondencia que existe
entre los diversos órdenes de la realidad natural y sobrenatural,
donde se considera a lo natural exteriorización de lo
sobrenatural. Los símbolos hacen sensible todo concepto
inteligible, creando un nexo entre el cuerpo y el espíritu,
mediadores de múltiples sentidos coherentes y verdaderos y por
tanto susceptibles de ser sometidos al dominio de la exégesis;
interpretables en diferentes niveles en relación con la
percepción determinada de cada espectador frente a la obra.
Xul
Solar y su sed metafísica:
Dueño
de una sed metafísica, de un ansia de conocimiento y de un
romántico espíritu aventurero, se embarcará clandestinamente,
en 1911, en un buque de carga que supuestamente lo llevaría a
Hong Kong, quizás inspirado o maravillado ante el exotismo
oriental, los monasterios tibetanos. Pero no por azar, el destino
le encomendó un extenso peregrinaje por Francia, Alemania,
Italia, Inglaterra, España, por los estudios de religiones y
filosofías, por cenáculos, reuniones, sociedades, museos,
exposiciones.
Impulsado
quizás por las fuerzas dialécticas que se disputan entre el todo
y la nada que eclécticamente coinciden en él, comprende que lo
puede ser todo aunque su libertad consista paradójicamente en la
humilde y sabia elección de la parte. Dentro de una insólita y
desafiante "weltanschauung", organiza un mundo de
aparentes manifestaciones heteróclitas sobre sólidas
concepciones sincréticas, que confluyen en una suerte de
correspondencias o analogías entre las ramas del saber; saber que
la modernidad se ha encargado esquemáticamente de clasificar,
haciendo de lo real un mosaico de compartimentos, de recortes
fragmentarios, una mera suma de partes yuxtapuestas, inconexas,
exorcizadas de esencia, de verdad. Xul Solar rescata aquel arcaico
principio euclidiano según el cual el todo es irreducible a la
mecánica suma de las partes, y en ello toma forma su misticismo,
su sentido de lo real que trasciende la aparente manifestación de
heterogeneidad y que descubre más allá de ella un orden
universal y único, que buscará expresar simbólicamente y en
surtidos formatos; una modalidad coherente con su provocativa
concepción del universo que desafía permanentemente los límites
de lo cotidiano, limitado y conocido. Se ha consagrado como
portador de profundas y curiosas inquietudes que abarcan cada
área del espíritu humano obviando toda clase de distinción
jerárquica entre supuestos niveles de conocimiento; partidario de
la transformación e integración de todas las categorías en su
totalidad, demuestra su preocupación por dicha totalidad y por
todo aquello intelectualmente abordable: arte, lingüística,
filosofía, religión, mitología, ciencias astronómicas y
submarinas, música y pintura.
La
astrología ocupará una jerarquía nuclear en el seno de sus
especulaciones, pues por medio de ella Xul cree intuir las leyes
analógicas del universo y a partir de ellas deducir las
relaciones necesarias que enlazan microcosmos y macrocosmos,
principio de correspondencia presente en todas las religiones.
Su
propio concepto de "catrolicismo" se identifica
justamente con la armoniosa conjunción de religiones. Su perfil
sincrético lo lleva a integrar partes de las grandes doctrinas
religiosas, filosóficas, en una unidad, testimonial del producto
de su pensamiento relacional. Xul reconoce la similitud, las
simetrías, en lo que aparenta ser radicalmente diverso, lo igual
trascendental vedado a quién con percepción ingenua se detiene
ante la irregularidad de la superficie. Preso, en los primeros
años, del entorno burocrático y rutinario de un puesto público
en la Municipalidad de Buenos Aires, calmará su incompatible
temperamento renovador, ávido de conocimientos místicos,
sumergiéndose en el descubrimiento de las grandes religiones del
mundo: el hinduismo, budismo tibetano y japonés, taoísmo chino,
judaísmo, islamismo y cristianismo. En su tentativa de dar forma
y contenido a una nueva representación del cosmos se servirá
particularmente del brahmanismo de la India antigua, las
enseñanzas de los Vedas, sus escritos sagrados, conceptos
extraídos del lamaísmo y del tantrismo, a los que incorporará
las influencias de los pensamientos espiritualistas de Rudolf
Steiner y el misticismo de Emanuel Swedenborg en su búsqueda de
la máxima espiritualización en la tierra como medio de
comprensión de la realidad trascendente.
En
coherencia con su modalidad holística de recepción de lo real,
Xul, mediante interpretaciones astrológicas que siempre actúan
de sustrato de sus formulaciones teóricas, logrará establecer
los nexos ocultos que vinculan entre sí, lenguaje, música,
pintura, teatro, juegos, matemáticas, arquitectura; inspirado en
la cábala mística hebrea, el artista dará cuerpo y vida a su
propia cábala
Genuino
autodidacta, jamás estudió dibujo o pintura, ni tampoco ingresó
a facultad alguna tras haber cursado por dos años arquitectura en
la Universidad de Buenos Aires. Le resultaría incompatible con su
temperamento el rigor de lo académico. Sus obras han sido
producto de experiencias íntimas, místicas, un aspecto que lo ha
llevado a ser objeto de reiteradas comparaciones con William Blake:
"Si tuviéramos que encontrar algún hombre parecido a Xul,
tendríamos que pensar en William Blake: su obra no se parece,
desde luego, nadie puede confundir un cuadro de Xul con un cuadro
de Blake, pero se parece en el sentido de que ambas obras salieron
de experiencias íntimas; los dos fueron pintores místicos"3.
Xul Solar respetará siempre y en cada plano posible de existencia
y realización humana una misma actitud, a la vez única y
universal. Su perfil mesiánico lo incitará a vivencias signadas
por la voluntad de integración, de comunicación, o mejor aún de
comunión humana; un impulso total revelado en cada detalle, en
cada iniciativa de un políglota obsesionado por la intersección,
entrelazamiento, mezcla, interconexión en todos los sentidos, un
verdadero cosmopolita, tal como el mismo Borges lo definió. Su
ininterrumpido esfuerzo conllevaría la realización de uno de sus
más ambiciosos proyectos en el ámbito de la lingüística: una
lengua universal, la "panlingua"o "lengua
universal". Más allá de los obstáculos que comportan las
distinciones idiomáticas, esta lengua "monosilábica, sin
gramática, de base numérica, y astrológica y combinable a
voluntad", tal como él mismo la definió, garantizaría la
comprensión mundial entre los hombres; su diccionario sería otro
de sus peculiares inventos, el "panjogo" o "panajedrez":
"las consonantes son las piezas del juego y las vocales con
sus combinaciones son los escaques del tablero que suman ciento
setenta y nueve", explicaba sobre el proyecto que habría
llevado siete años de trabajo y que en cierto modo constituiría
un resumen de todo su sistema de equivalencias construido sobre la
base de la astrología; un juego que permite simultáneamente
formar palabras, crear acordes musicales, o temas pictóricos con
el principio de correspondencias de las percepciones sensoriales,
sin dejar de plantear problemas matemáticos. Cabe resaltar que,
en líneas generales, estos inventos, o más exactamente
recreaciones, permanecieron inconclusos, como resultante de la
continua experimentación, reelaboración, en su incesante proceso
de perfeccionamiento.
Xul
Solar: su Pintura

Gran
parte de su producción pictórica se ha caracterizado por el uso
sistemático de un color saturado, irisado, de formas
esquemáticas y planas, planimetrías que la crítica de sus
tiempos ha malinterpretado, reduciéndolo a una suerte de artista
infantil, ingenuo, puro; atributos que lejos (y no tan
desmesuradamente lejos) están de su verdadera caracterización.
Deben rechazarse todos los simplistas o peyorativos intentos en
hacer de él un mero reproductor de imágenes superficiales o
delirantes, pero debe aún reconocerse a sus recreaciones, los
estímulos, las pulsiones, de la infancia incontaminada de
convenciones, alegre, colorida, soñadora, libre; madurar no
implica represión, exterminio de las raíces infantiles, sino
crecer incorporando experiencia como herramienta útil disponible,
un escalón necesario en su camino de ascensión. Las
elaboraciones de Xul eran en este sentido, en cierto modo,
pedagógicas, aspiraban a la reeducación de la humanidad, un
"homo novas", una toma de conciencia o una nueva
conciencia, su renovación, entendida como un cambio de
dirección, la modificación de aspectos que la experiencia y el
dolor indican errados.
Entre
personajes tratados geométricamente, a veces por planos
yuxtapuestos que recuerdan la pluralidad de prospectiva del
cubismo, y formas no representativas, también geométricas, entre
transparencias del color, superposiciones de formas, flechas,
números de significados simbólicos, símbolos de la alquimia,
del tarot, signos astrológicos, letras, y constantes serpientes,
dragones y pájaros simbólicos, Xul juega construyendo mundos
mentales e imaginarios de multiplicidad de puntos de vista que
dislocan la escena, de "plurentes" o seres complicados
de varios rostros. Tal modalidad de presentación es la que
justamente confiere realidad a la obra, libre de recorte,
fragmentación, desmembramiento, integrada al todo en un absoluto
infinito y metafísico que, por definición, carece de centro
fijo, segmentación, unilateralidad, esquema fijo.
Inquietado
por reflejar sus aspiraciones de ascensión y autoafirmación, se
alejará transitoriamente del uso de colores saturados,
experimentando en sus "dibujos" con blanco y negro.
Luego, enseguida, recuperará el color en los retratos de paisajes
imaginarios, montañas antropomorfizadas, arquitecturas
semánticas, rampas o escaleras, entre variada iconografía
religiosa que reitera abiertamente la mística de la ascensión,
la trascendencia de las condiciones humanas, penetrando en los
niveles cósmicos superiores. Xul era un ser de incesante
imaginación, de creación o mejor aún de recreación, de
experimentación, de búsqueda metafísica de lo invisible y
desconocido, lo más allá oculto que escapa a la percepción. De
espíritu atento, condensaba el esfuerzo de quién
imprevisiblemente inventa, vive fabulando continuamente, libre de
toda imaginación ociosa, siempre encaminada, orientada,
convencida y deseosa de alcanzar el verdadero conocimiento. Toda
la obra de Xul responde a un recorrido experimental, a la
profundización de la experiencia de sí mismo, a partir de la que
participa de una reciprocidad modeladora entre sí mismo y el
producto de su espíritu. La pintura es la externalización de su
"yo" que se torna re-conocimiento y des-cubrimiento de
sí mismo; oportuno citar una creencia griega arcaica: "la
memoria es la madre da las musas".
Se
reconoce a menudo en la figura de Xul Solar, uno de los motivos
más recurrentes de la cultura romántica, aquella concepción de
la vida como inquietud, aspiración, deseo, esfuerzo incesante
ante el vértigo del infinito; lo que lleva al hombre a un estado
de perenne tensión en que quiere trascender los horizontes del
finito. Este espíritu faustiano delineado por Goethe o el
idéntico "Streben" (esfuerzo) teorizado por Fichte,
coinciden con la batalla eternamente conducida por la conquista de
la propia humanidad. La expresión germánica "Sehnsucht"
sintetiza la interpretación del hombre como deseo y falta,
insuficiencia, el deseo frustrado hacia un "quid" que
siempre escapa, inasible a la razón humana. La Sehnsucht se
identifica con la aspiración hacia el más y el más allá que se
resuelve en "un deseo de tener lo imposible, de conocer lo
inconocible y de sentir lo suprasensible"4.
Xul
será asociado en estos sentidos a la noción de angustia
Kierkegaardiana, una condición generada en el hombre por el
posible que lo constituye, la conciente ignorancia, y el puro
sentimiento, de la posibilidad de poder. Así la angustia se
asocia a aquello que no es pero puede serlo potencialmente, a la
nada que es posible, a la misma condición humana. "En lo
posible, todo es posible" afirmaba Kierkegaard vinculando
estrechamente la angustia con el principio de infinitud,
omnipotencia e indeterminación del posible. La infinita
posibilidad de realizaciones tornan paralizante la selección de
ejecuciones efectivas, la totalidad es inabordable, el
conocimiento absoluto es inasible; ello genera la angustia
existencial del artista refugiado en el pathos del símil
analógico.
Xul
Solar: la mitología arcaica
Una
síntesis compleja, un microcosmos que posee en pequeña escala el
universo compactado, quizás el resumen de sí mismo durante siete
años de trabajo, significarían esta sintética invención, este
juego saturado de simbologías e imprevisible potencialidad
creadora, de realidad, de la noción de tiempo y espacio, de azar
entre representaciones zodiacales o planetarias: el "panajedrez".
Más allá de todos sus particulares aportes, con los que de todos
modos se posicionó auténticamente comprometido, su interés
permanente se centraba en la astrología, era su verdadero acceso
al conocimiento. De allí se explica, por consecuencia, que no
pudiera mantenerse al margen del mundo mitológico de las
ancestrales civilizaciones arcaicas y primitivas, que en gran
medida construyeron, dieron vida a sus mitos, con la vitalidad que
confiere la astrología, el poder astral, su influencia, (no digo
su determinación), sobre todo el conjunto cósmico; por medio de
los astros la humanidad se ha explicado el mundo de los tiempos
pretéritos. "El mito es arcaico y se refiere a sacramentos,
es decir, a actos que presuponen una realidad absoluta,
extrahumana"5.
Las
sociedades arcaicas tradicionales se han caracterizado por el
rechazo, la rebelde desconsideración del fenómeno histórico, el
tiempo concreto y la hostilidad hacia toda tentativa de historia
autónoma sin una correspondiente regulación arquetípica; se han
visto particularmente dotadas de un sentido de nostalgia por el
retorno periódico al tiempo mítico de los orígenes,
menospreciando todo acontecimiento indiferente a los modelos
transhistóricos: esconden tras la negación del hecho profano,
una profunda valoración metafísica de la existencia humana.
Lejos de identificar sin restos la insólita creatividad
imaginativa, la afluencia de pensamientos que corresponden al
artista, se reconocen, sin embargo, los significativos
paralelismos que aúnan ambos paradigmas, pues de algún modo, Xul
Solar, ha sabido reconocer en la ontología arcaica una fuerza
capaz de renovar las concepciones del universo. El mundo arcaico
mitológico, al margen de las grandilocuentes y sistemáticas
producciones teóricas, ha conservado quizás una riqueza hoy
extraviada, o, más precisamente, olvidada, sustrayéndose,
alejándose de las "modernas" e inflexibles
esquematizaciones con las que los hombres han pretendido
organizar, moldear, forjar, las estructuras reguladoras del
cosmos. Los hombres de estos tiempos pasados, librados de la
formulación, se han expresado por medio de símbolos, mitos y
ritos mediante los que materializaron complejos sistemas de
afirmaciones coherentes sobre la realidad última de las cosas;
sencillamente, sistemas metafísicos sobre los que los hombres han
construido su hermenéutica cósmica por medio de determinaciones
de infinitud intensiva, es decir infinitamente interpretables, y
"omnicomprensivos", aplicables a todo plano de lo real.
En
los tiempos modernos que aquejan al pintor, los procesos
conceptuales han devenido según los intereses normativos del
proceso histórico y, obedientes a tales directivas, se han
tornado definiciones nominales sin valor cognoscitivo, detenidos
ante el nombre sin ser desarrollados; vacíos de significado en
los que radican, quizás hoy, útiles significados: el
diplomático interdicto al libre ejercicio de la imaginación.
Privados
de ánima, vueltos tautología, los concepto pierden su naturaleza
dialéctica a la vez idéntica y no idéntica, cualidad que, en la
contemporaneidad, se exhibe fracturada, pues los conceptos son
reducidos a pura identidad renunciando a la riqueza auténtica del
significado del mito; los conceptos se cristalizan abandonando la
capacidad dialéctica que el mito resguardaba. Carentes de esa
propiedad de superación que comporta el intrínseco conflicto de
opuestos, los conceptos permanecen sumergidos en la falsificación
y en la ausencia absoluta de comprensión, de legítima
interpretación y reinterpretación. Sin ajustarse a la verdad, la
errónea retórica a la que el concepto moderno se rebaja, logra
apropiarse arbitrariamente del sentido primordial anulándolo, y
consecuentemente desvalorizándolo.
La
narrativa cotidiana circulante se revela quizás como expresión
de encubiertos intereses que reproduce el inconsciente colectivo.
Todo conocimiento, hecho fórmula, se ha reducido a conocimiento
nuclear, axiomático, y se ha vaciado de toda energía
imaginativa; censurada la fantasía que comporta el lado anular
del saber, la comprensión se tergiversa ante el concepto
congelado y por tanto privado de toda originalidad e innovación.
El conocimiento se vuelve falso y homogéneo. Los mismos usuarios
cotidianos del lenguaje hacen desfilar tales verdades
prefabricada, que impactan holísticamente sobre el sujeto de modo
que funda una suerte de artificiosa religión, de mito, que
discurre como dogma, truismo; son verdades que (dudosamente)
comprendidas permanecen de todos modos irreflejas.
La
modernidad exorciza ese "schleiemacher" residual de las
mentes de los interpretantes. Ante esta "realidad" de
accesos denegados a las verdades trascendentes, la imposibilidad
de penetrar en ellas con los medios que el presente ofrecía,
resulta sensato recurrir a las energías atesoradas del pasado, a
las fuerzas reveladoras de las mitologías arcaicas.
Desde
ellas Xul Solar se apartará de las visiones fragmentarias de lo
real e incorporará a su existencia un paradigma unitario,
unificador y coherente, en el que los objetos, actos y hechos del
mundo exterior no tienen un valor intrínseco autónomo, sino que
adquieren un valor; se tornan reales porque participan de una
realidad que los trasciende, aquella que les confiere sacralidad.
Así los hombres arcaicos sacralizaban, saturaban de ser incluso
aquello que la humanidad ha ido paulatinamente desmereciendo,
rebajando a inanimado; el mundo mítico reconocía la totalidad,
la respetaba, participaba en ella y de ella, conciente de su
recíproca compenetración con la naturaleza omnipresente, con el
"mana" primordial que expresa el símbolo. Toda
dimensión física adquiere valor, significación, identidad,
exclusivamente en la medida en que participa de una magnitud
arquetípica, paradigmática, y de ello se deduce en el orden
"primitivo", la repetición, imitación del prototipo
ideal y por tanto la vida se torna repetición de actos ya
planteados y vividos anteriormente, Esta variable del universo
mitológico planteada de modo talmente radical, es próxima (y no
por ello equivalente), a la reflexión especulativa de Xul, lo que
se lee ya de su misma noción de sí mismo como recreador (no
inventor), pues la fabulosa enormidad del cosmos efectivamente
existente, garantiza la continuidad del movimiento ascendente
siempre dentro de su infinitud limitada; lo nuevo existe en lo
viejo reproducido como fenómeno innovador y creativo.
El
conocimiento es ahora relacional en el sentido de que su verdad
deriva de su relación o vínculo con un modelo celeste
metafísico que opera sin excepciones sobre la realidad total.
Cada objeto o acontecimiento se conoce y re-conoce en la medida en
que corresponde primero al orden celestial, a una "idea
platónica"; cada realidad en su manifestación
fenomenológica posee una contrapartida trascendente que
representa la verdadera realidad a la que el artista accede
intuitivamente con mayor profundidad que el vulgo, y de la que se
proclama o instaura como comunicador, mediador entre ambas
dimensiones. Aquí se sintetizan el recurrente elitismo
aristocrático atribuido a Xul, y su disposición al democrático
acceso al campo del saber, que, en última instancia, se revela;
inquietudes democráticas secundadas por el auge explosivo del
aparato massmediático y su impacto gravado en el clima
vanguardista; todos acceden a la información del mismo modo que
cada cual accede a la verdad necesariamente traducida o
interpretada por la intermediación del artista entre ambos planos
de lo real.
Otra
particularidad alimenta y estimula las curiosidades del filósofo:
la unidad que se revela comparativamente entre sociedades entre
sí ajenas temporal y espacialmente, las armonías analógicas,
las semejanzas o estructuras de fondo capaces de contener
universos simbólicos a simple vista heterogéneos y que acaban
por manifestarse armónicos, conexos, sincrónicos, y posiblemente
idénticos. Allí Xul reconocerá un testimonio garante de verdad,
allí comprobará sus visionarias intuiciones profetas de la
perfección unitaria, del caos vuelto cosmos, y se esforzará por
revivir o hacer actual el reino de tal perfección, seriamente
dedicado a la labor regenerativa de lo real mediante toda
artística contribución posible. Es la búsqueda de la unidad
humana, la búsqueda de la hermandad perdida, integrada con y
entre sí.
Tal
como ha sido propio de la atmósfera romántica, Xul reconoce el
absoluto en el detalle, recrea lo creado y de tal modo reproduce
"microcósmicamente" la creación hasta los límites que
su naturaleza humana le permiten, embarcado en caminos de
superación, de obsesiva ascensión continua, de sed por lo real,
por el ser, tal como el primitivo añora lo real.
Sus
frecuentes representaciones escénicas descentradas dan cuenta de
un supuesto diseño del universo en el que el mundo no se agota en
una circunferencia finita, no presenta un centro fijo, estático,
definido y permanente, pues todo el espacio y toda la realidad se
ven comprendidas en un mismo y único cosmos con su centro en
todos lados y en ninguno.
Las
creencias arcaicas han asignado un gran prestigio a la noción de
un "centro", tal como atestiguan simbolismos
arquitectónicos, en los que templos y palacios (y por extensión
ciudades consideradas sagradas) han sido asociados a
"montañas sagradas" donde cielo y tierra se reúnen,
"axis mundi" en que cielo, tierra e infierno se
encuentran sobre un mismo eje central. Paralelamente Xul
representará irisadas montañas, troncos, mástiles elevados
hacia el cielo como centros de pasaje a las regiones cósmicas
superiores, realizando la ansiada ruptura de nivel, trascendiendo
el espacio"profano", heterogéneo, y penetrando en la
mística oculta a la que se accede desde todas las realidades,
desde todos los centros, desde toda parte, detalle, por medio de
todas las cosas que en el fondo heredan la unidad esencial. Aquí
se esconde su relativismo total, tal como Borges se lo atribuyó.
Solo
Xul se atrevería entonces a tratar la gestación de Jesús en el
vientre de María según los términos de la embriología, del
mismo modo que muchas tradiciones cosmológicas han expresado el
simbolismo del centro en formas extraídas de la embriología,
dónde la cima de la montaña cósmica no es solo el punto más
elevado de la tierra, sino también el ombligo, el punto donde la
creación comenzó. "El centro es la zona de lo sagrado por
excelencia, la de la realidad absoluta. (…).El camino que lleva
al centro es un "camino difícil" (…) de
peregrinaciones cargadas de los peligros de las expediciones
heroicas (…); extravíos en el laberinto; dificultades del que
busca el camino hacia el yo, hacia el "centro" de su
ser. El camino es arduo está sembrado de peligros, es un rito del
paso de lo profano a lo sagrado; de lo efímero y lo ilusorio a la
realidad y la eternidad, de la muerte a la vida, del hombre a la
divinidad. El acceso al centro equivale a una consagración, a una
iniciación, a un a una existencia real, duradera y eficaz"6.
Así Xul Solar interpretó y vivió su propia vida.
De
estas antiguas mitologías el pintor ha recuperado en sus
habituales trazos pictóricos, figuras zoomorfas, pájaros,
dragones y por sobre todo, serpientes, que en aquellos mundos
pretéritos simbolizaban (como los dragones) el caos, lo amorfo no
manifestado. Se hallan impregnadas, muchas tradiciones, de
simétricos simbolismos cosmológicos donde las serpientes han
transmitido el sentido de involución, modalidad preformal del
universo, el uno no fragmentado previo a la Creación. Su
fulminación decretaba simbólicamente el acto de la creación,
del pasaje de lo amorfo a lo formal, pues la serpiente impedía
que el mundo se hiciera o durara; representaba el caos anterior a
la creación. De todos modos este caos no es más que la forma
amorfa de lo real indiferenciado, y como tal también verdad, un
caos primordial, germinal, digno de ser conocido aunque
inaccesible en su plenitud al categórico conocer que guía la
razón humana. En este sentido Xul proveerá de tanta más
profundidad y potencia al ejercicio disperso de la imaginación, a
la autoridad educadora de la intuición omnipotente.
Desde
cierta perspectiva, la representación simbólica de la serpiente
guardaría en sí una significación quizás paradójica, pues se
plasma a través de ella la coincidencia del ser y el no ser; en
ella coexiste toda la realidad genérica contraída (el caos
indistinto es ya el todo luego distintamente manifiesto) y por
tanto, cielo e infierno conviven, pasado y futuro se identifican
con esa misma sub-stancia metafísica que la serpiente intenta
someramente transmitir.
Con
frecuencia los variados modelos míticos han identificado dragones
y serpientes, pero una cualidad atribuida al dragón los distingue
significativamente: el fuego elemental que pone término a las
formas ya existentes y gastadas para dar lugar al nacimiento de
una forma nueva. De tal modo el dragón se torna una unidad
dialéctica de muerte y simultánea resurrección,
reactualización de la creación, un hombre nuevo tal como Xul
Solar pretendía renovar.
Él
recrea la realidad en sus obras, construye del mismo modo que los
hombres arcaicos explicaban sus ritos de construcción como
imitaciones del acto cosmogónico; todo está animado, todo dotado
de alma, todo puede ser revivido a través del sacrificio:
"el prototipo del rito de construcción es el sacrificio que
se hizo al fundar el mundo"7. Xul recrea y
con el mismo acto sacrifica las realidades más alejadas del
centro, conducido por el anhelo sediento de la unidad subyacente;
un centro que en verdad coincide con todos los espacios, pues
todos se consagran como realidad viva, como verdad que atestigua
la voluntad de Verdad. Del mismo modo, la humanidad en el pasado
aseguraba la realidad de las construcciones por "la
transformación del espacio profano en espacio trascendente
("el centro") y por la transformación del tiempo
concreto en el tiempo mítico"8 del
"principio"; tiempo al que Xul se recoge, se retrae en
él mismo por medio de meditaciones y visiones plasmadas
artísticamente en recurrentes formas geometrizantes, eternizadas,
"realistas", que como los antiguos sacerdotes, Xul Solar
se responsabiliza por comunicar; detentor del poder del rito y del
verbo.
"El
hombre no hace más que repetir el acto de la creación; su
calendario religioso conmemora en el espacio de un año todas las
fases cosmogónicas que ocurrieron ab origine. El año sagrado
repite sin cesar la creación, el hombre es contemporáneo de la
cosmogonía y de la antropogonía, porque el ritual lo proyecta a
la época mítica del comienzo. Una bacante imita mediante sus
ritos orgiásticos el drama patético de Dionysos , un órfico
repite a través de su ceremonial de iniciación las hazañas
originales de Orfeo"9, y la
"liturgia" recreativa de Xul Solar es también una
"imitatio Dei", una reactualización de esos fértiles
fundamentos vivientes escondidos más allá, ese impulso
restaurador de la plenitud integral.
En
los tiempos pasados que Xul Solar se propone recuperar, las
acciones, las actividades eran todas en conjunto retenidas
"responsables", todas incorporadas a las directivas de
una finalidad propia y definida, eran todos actos rituales
completamente ajenos de lo profano. A modo de ejemplo, e
independientemente de las desacralizaciones y resemantizaciones
características de nuestra Modernidad, todas las danzas han sido
sagradas en su origen, y en especial los hombres de ayer y de hoy
han sabido reconocer en la música un médium incontenible por las
barreras de la conceptualización lógico-racional, por tanto
interiormente comprendida por categorías que trascienden la
comprensión racional. Claude Levi-Strauss ha afirmado al
respecto: "la invención de la melodía es el supremo
misterio del hombre", y tal consideración del tesoro musical
se ha visto marcadamente en el universo de curiosidades que
inquietaba a Xul, que veía en ella una dimensión que, lejos de
ser irracional, resultaba irreducible a la razón o apreciación
pragmática. La famosa sentencia de Schopenhauer parece
auspiciosamente enraizada a su pensamiento: la música "se
presenta como lo metafísico de todo lo físico del mundo".
Xul dedicó un amplio esfuerzo a la incorporación de la música
en su universo integrado, reconociendo en ella un carácter
trascendente que la hacía digna de ser comunicada y conocida,
sentida por cada uno de los hombres. Sumergido en tales
ambiciones, se dedicó a plasmar en transparencias pictóricas y
rítmicas su propio lenguaje musical. Entre sus más exóticas
invenciones amerita comentarse brevemente la modificación que
logró del piano tradicional, volviéndolo tanto más sencillo a
la práctica, e incluso accesible al no vidente. Las teclas
coloreadas, "porque el color de cada nota pertenece en
vibración, muchas octavas por encima, al número de vibraciones
de cada cuerda, correspondiendo el fa al infrarrojo o
ultravioleta, y así las demás notas con los colores del arco
iris". A conciencia de ello es fácil argumentar a favor del
constante impulso por entrelazar o, mejor dicho, descubrir los
ocultos entrelazamientos que ligan todo aspecto de la realidad
multiforme: complementa, hace corresponder sonidos, colores y
significados, y en cierta medida evoca la impronta fauvista, su
fuerza expresiva, violenta y provocadora, la libertad expresiva
del ego por el color, su fineza, equilibrio y claridad solar.
En
las arcaicas sociedades creadoras de mito, las cosas no se
manifiestan jamás perfectas en sí mismas, todo es precioso en la
medida en que participa de un arquetipo; por ello se explica una
estética en la que las obras del arte humano no son más que
imitaciones del arte divino: "haec hominis est perfectio,
similitudo dei" la más sublime de las actividades humanas es
justamente "hacerse tan parecido a Dios como sea
posible" (Santo Tomás de Aquino). La concepción ontológica
"primitiva"ha querido que toda categoría de realidad se
adquiriera exclusivamente trámite la participación de un
arquetipo; todo aquello exento de modelo ejemplar, se ha insertado
en la paradigmática conciencia colectiva, como desprovisto de
sentido, y por ello de autenticidad, de realidad (quizás el
revolucionario destronamiento de tales arquetípicas y básicas
concepciones pueden explicar en parte la absolutamente relativista
y fragmentada fenomenología del mundo actual posmoderno). La
mentalidad moderna vería paradoja en tales estructuras del ser y
del conocer, pues afirmaría su rechazo y oposición a mecanismos
que incitan a los hombres a dejar de ser sí mismos imitando y
repitiendo actos exteriores a su propia individualidad con la
finalidad de poseer, de esta forma, estado de realidad; en pocas
palabras la modernidad vería en ello dependencia y enajenación.
Xul Solar recuperará el mérito de las estructuras platónicas,
pues la originalidad de su genio filosófico no debe desmerecerse;
Platón ha interpretado el universo de modo que la unidad
trascendente tan anhelada por el artista ha conservado un status
de supremacía en el conjunto. La actividad meditativa
purificadora, la ininterrumpida regeneración visionaria de Xul,
no radican en la distinguida genialidad del sujeto particular,
sino en su desarrollo singular en razón de un genuino interés y
esfuerzo por acceder a ese "quid" metafísico que cree
imperioso comunicar a la hermandad humana. El mismo artista es uno
y todo, encarnación finita de la sustancia universal y absoluta
que rige el nomos cósmico.
El
hombre de las sociedades tradicionales abolía el tiempo del
insignificante devenir en el tiempo mítico ritual, en tales actos
los hombres eran verdadera y esencialmente sí mismos,
difícilmente soportaban la historia anulándola en forma
periódica. Raras veces, Xul Solar, ha retratado las concretas
imágenes que aquejaban su época, su angustia metafísica se ha
alimentado periódicamente del pleno goce de sus visionarias
levitaciones, rupturas del continuo del tiempo
"profano", vuelto, en el acto, sincrónico, intemporal,
sagrado; pero lejos de atribuir tal modalidad creativa de
significaciones ingenuas, indiferentes o consoladoras de la
realidad histórica, debe descubrirse en la producción de Xul el
retrato de lo exclusivamente real, pues las desgracias
heteróclitas son en verdad las reales materializaciones de lo
Real. Todo objeto tratado en su pintura, todo acontecimiento
histórico, enciende imaginación poética, se transforma en hecho
mítico, se mistifica; todo hecho individual es intrascendente en
sí mismo, es poderoso como detalle reflejo de estructuras
auténticas trascendentes, que funcionan por categorías y no
meros accidentes (en verdad) inexistentes; acepta lo individual
conservándolo en lo ejemplar. Sus sintéticas geometrías no
anulan la particularidad histórica y personal, no se trata de
formas simplificadas vaciadas de contenido y significado, por el
contrario, sus recreaciones enriquecen la heterogeneidad
incorporándola a una entidad que la trasciende, la llena de
sentido; su panlingua no significa en lo absoluto el
empobrecimiento de la pluralidad lingüística, sino un exceso, un
progreso en relación a las ventajas de velocidad, facilidad y
capacidad de complejización conceptual y por sobre todo de
integración humana, mestizaje, que presenta: la síntesis no
implica reducción o estrechez, su creación enriquece teoría y
práctica; he aquí la prueba de su marcado vínculo con la
realidad concreta, que aplaca toda sospecha infundada. Esta
tendencia al tratamiento de lo primordial no revela la caducidad o
el carácter secundario del ser humano individual, sino que tales
experiencias místicas, reveladoras de lo superior mediante la
espontaneidad creadora del mismo y particular sujeto, implican una
suerte de elevación "del Dios personal al Dios transpersonal"10,
el acortamiento del abismo que separa finito de infinito; sin
olvidar que se trata de un finito limitado en relación con lo
macrocósmico, pero que en sí mismo encierra una idéntica
configuración de formato microcósmico; toda vida es una realidad
absoluta y como tal sagrada, no se anula al individuo, simplemente
se modifica la dirección, se escapa a la pasividad de la inercia
existencial, en la búsqueda de lo nuevo como recreación, no
invención. El sujeto del mundo mítico durante su vida solo
realiza actos ejemplares, heroicos, que en verdad se rebelan, en
última instancia, impersonales; ante ello reacciona la conciencia
histórica de la modernidad que ha magnificado el culto por la
personalidad, y en supuesta defensa del individuo, denuncia los
esquemas de sentido arcaicos, convencida de la sinonimia entre
supervivencia impersonal y muerte verdadera. El espíritu
brahmánico de Xul, sediento de unidad primordial, reconoce la
coincidencia entre el estado mítico y el momento actual; el
místico, como el hombre religioso en general, como el primitivo,
vive en un continuo presente atemporal.
Devoto
de una comprensión astrológica del real, las rítmicas
concepciones cíclicas del mundo estarán al centro de sus
consideraciones del devenir universal, un proceso en el que todo
es continuamente renovado, todo muere y renace, en que nada es
definitivo y ninguna desaparición es total; optimista afirmación
por la que todo se regenera nuevamente, la totalidad se asimila a
un ciclo en el que la catástrofe (también cíclica) se
concientiza como normalidad, con la certeza de que guarda un
sentido funcional al conjunto y de que jamás es definitiva. La
estructura cíclica se proyecta en todos los planos entrelazados
del Universo y es en razón de ello que Xul elogiará la
astrología como instrumento, herramienta gnoseológica y a la vez
dotada de realidad ontológica que permitirá saciar en parte su
sed metafísica de lo óntico. "El pasado no es sino la
prefiguración del futuro. Ningún acontecimiento es irreversible
y ninguna transformación es definitiva"11,
el mismo Hegel próximo a tal visión "primitiva"
afirmaba: "no hay nada nuevo bajo el sol".
En
sintonía con la mentalidad arcaica, Xul Solar delata su sed de
realidad; poco importa si las fórmulas e imágenes de expresión
de la realidad puedan parecer infantiles o ridículas: "lo
que es revelador es el sentido profundo (…), la creencia en una
realidad absoluta que se opone al mundo profano de las
irrealidades (…), este comportamiento que responde a un esfuerzo
desesperado por no perder el contacto con el ser"12.
Un
mito antiguo que puede bien ejemplificar la cosmovisión de Xul
Solar es el de Eros y Psiche. En este caso Eros, hijo de Afrodita
y Caos, representa la energía vital omnipresente que habita en
los elementos singulares que constituyen el cosmos. Debemos notar
aquí el juego de palabras que existe entre caos y cosmos; lo
primero constituye el presupuesto metatemporal o el principio
primero que dará lugar al cosmos. Dicho término significa orden
y representa el estado de cosas del universo. La energía vital,
Eros, se ordena de un determinado modo para dar lugar a un mundo
posible que es el que conocemos. Tal principio inmanente es la
unidad presente en la multiplicidad. Asimismo Xul Solar entiende
la tarea del artista como quien debe articular y en todo momento
intentar descifrar la relación entre lo infinito y lo finito. Xul
Solar encuentra la conexión entre estas dos esferas en la
astrología. La misma preocupación asolaba a su amigo Borges cuya
obra es muestra de la misma inquietud metafísica. Así, en La
Biblioteca de Babel, por hacer un ejemplo, lo que se busca es
el nombre de Dios que está escrito en alguno de los copiosos
libros allí presentes, que aun sin ser infinitos, existen en una
cantidad que resulta inconmensurable con la unidad de tiempo, en
la que se inscribe la vida de un hombre. La voracidad de ambas
personalidades respecto de los productos culturales puede verse
justificada desde esta perspectiva.
Volviendo
al tema del mito, Psiche, que no debe entenderse como alma en la
acepción actual del término, sino como intelecto volcado al
entendimiento de lo parcial, no puede contener su curiosidad y en
consecuencia rompe la promesa que mantenía con su amante e
intenta conocer su corporeidad. No es que Xul Solar estuviese en
contra de la ciencia y las artes, mas bien todo lo contrario, él
cultivaba el conocimiento racional, pero no creía que éste se
pudiera desarrollar dentro de los compartimientos estancos de una
disciplina, sino que debería tener pretensiones holísticas.
Consistentemente con estas ideas, él se interesó por todo y a la
manera de genio renacentista estudió las más diversas materias.
En este punto se distancia del expresionismo, corriente con la
cual se lo ha emparentado; él no quiere plasmar en su obra las
vicisitudes de su yo interior en cuanto inconsciente, sino dar
cuenta de sus experiencias místicas, al modo de un profeta. Este
aspecto proyectivo de su labor, vuelto a superar las barreras del
tiempo, esta muy de acuerdo con las ideas que Kandinsky tenía
respecto del arte. El vanguardista ruso considera que el arte no
debe ser reflejo del mundo que le dio vida, sino emitir un mensaje
plausible de generar un estado de cosas diferente. Siguiendo esta
línea Xul Solar se ve a sí mismo como un revolucionario. Para
concluir esta idea podríamos decir que la producción artística
proviene de una necesidad interna pero que al objetivizarse
actualiza su intrínseca función social.
La
visión cristiana de este mito que se transmite a la cultura
occidental a través de S. Tomás, confirma aquello que veníamos
diciendo y presta fundamentos para la idea de Xul Solar respecto
de la multiplicidad de las religiones. Pensaba que todas hablaban
básicamente de lo mismo desde una óptica ligeramente distinta.
En este sentido se expresa también Rabindranath Tagore, poeta
contemporáneo al artista. Cabe destacar que no creía en un solo
Dios sino en una multiplicidad de divinidades benévolas.
Su
ideal de superación de las diferencias y de asimilación de las
diversidades en un esquema integrador, no tiene que ver con la
ponderación de un fruto particular de la razón, sino con una
operación mística. No se pretende afirmar la superioridad de un
concepto de alcance universal, como en gran parte de la historia
de la filosofía, sino de aproximarse a la verdad a través de una
espiritualidad y sensibilidad diferentes.
Por
este motivo Borges lo consideraba un hombre digno de ser llamado
cosmopolita, un ciudadano del cosmos cuya personalidad desbordaba
la estructura de los estados nacionales. Ponía de manifiesto la
arbitrariedad de dichas divisiones y la naturaleza típicamente
convencional de los símbolos, que integran el legado cultural de
occidente mediante la invención incesante de idiomas, religiones,
matemáticas. Así cada una de estas manifestaciones representaba
un segmento de la verdad y daba cuenta de aquel otro mundo que Xul
Solar experimentaba como místico y profeta; un juego de espejos
donde cada uno refleja un ángulo de la poliédrica realidad que
se nos opone. Ahora bien, todo espejo refleja pero a la vez
distorsiona, interpreta. Del mismo modo el conocimiento humano no
puede aprehender la completa dimensión del universo
sincrónicamente, sino sólo parcialmente y a lo largo del tiempo.
Así, al igual que los viajeros de la antigüedad, aquellos a los
que les fuera concedida la posibilidad de aventurarse en el mas
allá, para luego regresar entre sus pares y develar la verdadera
esencia de las cosas; Xul Solar quiere abrirnos una vía de acceso
a sus visiones y cada cuadro debe entenderse como una puerta
abierta hacia ese otro mundo; en su obra aparece la idea del arte
como revelación de una experiencia metafísica. El arte es el
poderoso instrumento capaz de penetrar aquello que Schopenhauer,
retomando la tradición hindú, llama "velo de Maya", o
sea el engaño de lo aparente, fenoménico, tras de lo cual se
esconde la verdadera esencia de las cosas. Xul Solar no sostenía
que la vida es sueño pero, sin embargo, definía a lo que
llamamos realidad como "lo que queda de antiguas
imaginaciones"13. Este emerger de lo
oculto, si se quiere, es característico de las vanguardias que a
su vez toman inspiración de los escritos de Freud. El
expresionismo, por dar un ejemplo, quiere tratar la aparición del
inconsciente del artista sobre la superficie de la realidad;
realidad que debe tomar por asalto siguiendo la fórmula del Sturm
und Drang. En el caso de Xul Solar no se trata tanto de algo
inconsciente, como de algo conciente; un conocimiento poseído con
exclusividad que quiere traspasar el ámbito privado y perpetuarse
en la esfera publica.
El
tratamiento de la perspectiva en la obra del artista también
refleja estas ideas. En aquel momento en la pintura se empieza a
innovar en ese campo: Klimt trata a las figuras
bidimensionalmente. Tiene que ver por un lado con la
revalorización del Medioevo que en vez de la perspectiva lineal
optaba por el punto de vista de Dios, que como creador omnisciente
de la realidad ve todo en todos los momentos. En el caso de Xul
Solar prevalece la multiplicidad de puntos de vista, lo que da
cuenta de la disolución del consenso respecto de aquellas que
fueron las ideas herederas de la Ilustración y los valores
positivistas burgueses, generalizados entre los intelectuales y
encarnados en la forma de sentido común de los actores en la vida
cotidiana. Ahora lo que prevalece es la polivalencia de abordajes
dispares, que en muchos casos, no pueden comunicar entre sí por
no contar con un referente común.

A
modo de Conclusión:
Se
desprenden del conjunto de sus recreaciones precisas
determinaciones sobre la naturaleza del entendimiento, moldeada
esta última, sobre un saber estructurado matemáticamente; un
saber en el que las posibilidades de conocimiento residen en una
suerte de proporción entre lo conocido y lo ignorado, donde lo
ignorado parece compartir una suerte de proporcionalidad,
homogeneidad con lo ya sabido. Xul se embarca en la búsqueda de
conocimientos cada vez más complejos, cada vez más ambiciosos y
alejados de lo cotidianamente conocido, hasta dar con aquello que
escapa de toda posibilidad de comprensión humana, lo metafísico
que carece de toda conexión, proporción lógica con las
hegemónicas doctrinas científicas. Así, su presente perplejo
ante el desconcierto de sus obras, ha querido cristalizarlo como
un absurdo y utópico, y lo ha hecho circular ante el público
como un personaje inextricable y disparatado; a lo que él mismo
objetaba, ser un fiel reproductor de las realidades tal como las
veía.
Xul
hizo público una y otra vez su desaforado e íntimo deseo de
conocimiento, reconocía constantemente en su itinerario
ascendente un escalón más, un salto más allá de lo conocido,
una eterna ignorancia, un saberse no sabido, tal como tantos otros
antes de él (entre Pitágoras, Sócrates, Aristóteles o
Salomón) habían afirmado, una "docta ignorancia"como
única actitud posible ante el máximo grado del ser y la
perfección. Xul atraviesa los grados sucesivos de conocimiento,
se avecina a la Verdad más allá de las verdades, mediante el
camino marcado por la proporción entre ese infinito inalcanzable
y el mundo físico manifiesto. Indaga, explora aquello que se
reconoce más allá de los humanos principios racionales de no
contradicción, aquello que se encuentra en un estado de
coincidencia de opuestos, tras los sentidos, la razón, lo
distinto, la contrariedad y contradicción mundana, sobre la que
se eleva su intelectual intuición del infinito, vaticinando la
coincidencia de lo múltiple en la unidad absoluta inmanente al
cosmos. Xul desenmascara un orden cósmico en el que el Absoluto
contraído se determina e individualiza en la multiplicidad de
cosas singulares, en el que se revela una absoluta unidad
complicada que se explica, se despliega creativamente.
En
base a tal visión del universo el artista acoge absolutamente
todo aquello susceptible de ser conocido, nada se descarta o se
cataloga de inútil, pues todo se integra en una armónica
relación trascendente, en la que todo está dado como
posibilidad, como un poder crear, un poder devenir, un poder ser
creado y crearse del mundo.
Xul
se ha consagrado como sujeto de especulaciones, hacedor de los
espejos que retrataron el otro mundo, más allá de tiempo y
espacio en la búsqueda experimental e inalcanzable de la forma
absoluta. Xul ha viajado y explorado esos mundos a través de su
propia subjetividad, ha pertenecido a sí mismo, ha sido de sí
mismo y solo así Dios le ha pertenecido. (*)
(*)
Fuente: Daniela
Casaretto, "Mitología y arte: dos universos
complementarios en la obra de Xul Solar", trabajo
realizado en el contexto de la materia Principales corrientes
del pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la
Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2005.
Citas:
1.
Walter Benjamín, "Iluminaciones I", Ed. Taurus, Madrid,
1971, p.60.
2.
Beatriz Sarlo, "una Modernidad periférica: Buenos
Aires", Nueva Visión, Buenos Aires, 1988, p.15.
3.
Jorge Luis Borges, "Recuerdos de mi amigo Xul Solar",
Comunicación 3, Buenos Aires, Fundación San Telmo, 1990.
4.
Sergio Lupi "Il romanticismo tedesco", Ed Sansoni,
Florencia, 1933, p.52
5.
Mircea Eliade, "El
Mito del eterno Retorno", Alianza Editorial, Madrid, 1972,
p.34.
6.
Mircea Eliade, op. cit.,
p
7.
Mircea Eliade, op. cit., p
8.
Mircea Eliade, op. cit., p
9.
Mircea Eliade, op. cit., p
10.
Mircea Eliade, op. cit.,
p.51.
11.
Mircea Eliade, op. cit., p
12.
Mircea Eliade, op. cit.,
p.88.
13.
Jorge Luis Borges, Conferencia, Xul Solar en el Museo Nacional
de Bellas Artes, MNBA, Argentina, 1998.
Bibliografía:
-
Mircea
Eliade, "El Mito del eterno Retorno", Alianza
Editorial, Madrid, 1972.
-
Beatriz
Sarlo, "una Modernidad periférica: Buenos Aires",
Nueva Visión, Buenos Aires, 1988.
-
Sergio
Lupi "Il romanticismo tedesco", Ed. Sansoni,
Florencia, 1933.
-
"Xul
Solar en el Museo Nacional de Bellas Artes", MNBA,
Buenos Aires, 1998.
-
"Pintores
Argentinos del Siglo XX: Xul Solar"; Centro Editor de
América Latina, Buenos Aires, 1980.
-
Piero
Adorno, "L`arte italiana: Il novecento dalle vanguardia
storiche ai nostri giorni", Ed. G. D`Anna, Firenze,
1999.
-
Agnes
Heller, "Políticas de la Posmodernidad", Ed,
Península, Barcelona, 1989.
-
George
Steiner, "Presencias Reales".
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