"Millones
de personas en todo el mundo, entre las que me incluyo, han sido víctimas
del engaño de dibujos erróneos en los libros de geografía, que
muestran cómo el recorrido anual de la Tierra alrededor del Sol es la
causa del verano y del invierno. En realidad, esos dibujos son erróneos.
Yo tuve suerte. Construí un telescopio de piedra y un reloj de sol,
también de piedra, los cuales me permitieron salir del error. Ahora sé
cuál es el verdadero camino que sigue la Tierra. Los científicos
deberían acudir al Parque del Portón de Roca, en Homestead, Florida,
y observar el nuevo dibujo, el telescopio y el reloj de sol, para
darse cuenta del impacto de estos elementos sobre la ciencia."
Esta declaración
la formuló un letón llamado Eduard Leedskalnin, el 20 de
mayo de 1946, desde un inexplicable monumento que levantó,
sin ayuda de nadie, en el sur de la Florida, entre 1920
y 1940. El monumento, conocido como el Castillo de Coral,
se alza casi inadvertido en una esquina de la carretera
US 1, que va desde Miami hasta Cayo Hueso, el punto más
meridional de los Estados Unidos. Para construir el castillo,
al que llamó originalmente Parque del Portón de Roca, Ed
Leedskalnin utilizó un tipo de roca sedimentaria muy abundante
en la Florida, compuesta por coral fosilizado.
Nadie sabe cómo ese hombre, que apenas medía metro y medio de
estatura y pesaba unos 45 kilos, se las arregló para mover y tallar
1.100 toneladas de roca, sin equipos especiales, trabajando sólo y
sin permitir que nadie observara su labor.
Cuando le preguntaban sobre su método, Ed respondía enigmáticamente
que dominaba las leyes de la gravedad y el equilibrio, o aseguraba que
los secretos de la construcción de las pirámides egipcias no le eran
ajenos. Al parecer, el Castillo de Coral, portento que la ingeniería
contemporánea no es capaz de explicar, guarda una estrecha relación
matemática, astronómica y arquitectónica con famosos dólmenes y
pirámides levantados hace milenios.
El Inusitado Constructor, Ed Leedskalnin nació en el seno de una
familia de campesinos en Stramereens Pogosta, una aldea a las afueras
de Riga, la capital de Letonia, en 1887. Era un hombre endeble y
enfermizo que trabajó en su patria como contable y luego como albañil,
y que llevó una existencia oscura hasta 1912, año en que debía
casarse con una joven de 16 años llamada Agnes.
La noche de la boda, Agnes rompió súbitamente el
compromiso, por causas desconocidas. Con la frustración amorosa a
cuestas, Ed se marchó de Letonia y deambuló por Europa Occidental y
Canadá. Durante sus viajes, se interesó en la astronomía y el
Egipto antiguo; la mayor parte de sus ratos de ocio la dedicaba a la
lectura y al estudio.
Luego se trasladó al estado norteamericano de Washington donde trabajó
como leñador, pero contrajo tuberculosis y tuvo que partir en busca
de un clima cálido más favorable para su arruinada salud. En 1918, a
los 31 años, compró por 12 dólares un terreno de unos 47 metros
cuadrados en la Florida.
Allí, por razones ignoradas, Ed decidió tallar en secreto los
primeros bloques de coral que más
tarde se convertirían en el fabuloso castillo levantado, dice la
historia, para su amor perdido.
Trabajaba siempre de noche, siempre solo. No recibía a nadie mientras
estaba entregado a su labor, y tenía una especie de sexto sentido que
lo alertaba cuando alguien se acercaba a espiarlo. Leía con avidez
libros sobre magnetismo y fuerzas cósmicas.
A medida que levantaba el coloso de piedra, la curiosidad de vecinos y
turistas iba en aumento. Ed permitía que visitaran su castillo. A los
nuevos visitantes les cobraba una tarifa módica; a los que ya habían
ido antes, si eran de su agrado los dejaba entrar sin pagar y los
recibía alegremente. Se dice que Ed jamás olvidaba un rostro.
En 1936, cuando la población de la zona creció demasiado para su
gusto, se mudó a un terreno cerca de la zona de Homestead. En esa
parcela, hoy reducida de 470 a unos 140 m, terminó el castillo en su
forma actual.
Para el traslado, le pidió prestado un tractor a un vecino, con el
fin de tirar de un remolque en el cual colocaba solo, de noche, piezas
de su obra pero nadie lo vio jamás cargar o descargar el remolque.
Vivió siempre como un ermitaño. Agnes supo que su antiguo prometido
había levantado para ella un castillo de coral en el lejano sur de la
Florida, pero jamás cruzó el océano. En diciembre de 1951, Ed puso
en la puerta de su mansión un cartel anunciando que iba a un hospital
de Miami. Tres días después moría de un problema renal.
Su único pariente, un sobrino llamado Harry Leedskalnin, heredó el
Parque del Portón de Roca. En 1953, poco antes de su muerte, Harry
vendió el lugar a una familia de Chicago, que le dio el nombre de
Castillo de Coral y lo abrió al público. Durante la venta, se halló
una caja con pertenencias de Ed. Las instrucciones encerradas en la
caja condujeron a un hallzago de 3.500 dólares en billetes de a cien,
los ahorros que había acumulado Ed Leedskalnin a lo largo de su
existencia.
El gran obelisco. El misterio del Castillo de Coral está en parte
opacado por la publicidad en torno a la historia de amor de su
constructor, y a la proximidad de su erección en el tiempo.
Sin embargo, basta una mirada más curiosa para comprender que en el
sur de la Florida se levanta uno de los enigmas más impenetrables, y
menos conocidos- de nuestra época.
Los muros que rodean el patio del castillo están formados por bloques
de coral cuyo peso promedio es dos veces superior al de los bloques
empleados en la pirámide de Keops. El mayor de estos bloques pesa 29
toneladas. Los espacios entre los grandes bloques están llenos de
pequeñas piedras del tamaño de un puño, colocadas con tal exactitud
que la luz no se filtra.
En el muro norte, que contiene 150 toneladas de roca, Ed construyó un
telescopio perfectamente orientado hacia la Estrella Polar, que utilizó
para estudiar la trayectoria de la Tierra alrededor del Sol. Con los
datos que obtuvo, fabricó su reloj de sol, que sólo marca las horas
de nueve a cuatro puesto que esas eran las horas durante las que
pensaba tenía que trabajar el hombre, ni antes ni después.
En el muro oriental, se encuentra la Media Luna, de seis metros de
altura y más de 23 toneladas de peso, que Ed movió desde el anterior
emplazamiento en Florida City. Junto a la Media Luna se alzan el
planeta Marte, en el cual Ed creía que había vida, y Saturno, con
sus anillos (ver imagen arriba, portada).
Uno de los mayores logros de Ed fue el gran obelisco, situado también
en el muro oriental, hacia el sur, que mide casi ocho metros de altura
y pesa más de 28 toneladas. El obelisco es más elevado que las rocas
verticales de Stonehenge. En su superficie Ed grabó el año en que lo
terminó, 1940, el año en que lo movió, 1939, y el año de su
nacimiento, 1887. Junto al obelisco se extiende el dormitorio al aire
libre que Ed talló en bloques de coral para él, la mujer que debía
venir de Letonia y los hijos que tendrían.
Ed calculó con precisión infinita el centro de gravedad de una roca
de nueve toneladas para fabricar un portón que un niño podría abrir
y cerrar con facilidad. El hueco que Ed cavó en el portón para pasar
el eje, sin herramientas eléctricas, hoy sólo se podría hacer con
un taladro de alta velocidad controlado por láser.
Como en todo castillo, Ed dispuso un salón del trono, con rocas que
pesan un total de 2300 kilos. El 21 de junio, el día del solsticio de
verano, el sol sale directamente frente al trono de Ed.
Salón del Trono
Ray N. Stoner, estudioso norteamericano de la ultraciencia, ha
encontrado características matemáticas comunes entre el Castillo de
Coral y tres monumentos de la antigüedad: la gran pirámide de Gizeh,
en Egipto; el monumento megalítico de Stonehenge, en el sur de
Inglaterra, y la pirámide de Teotihuacán, en México.
El
observador informado encuentra inmediatamente la similitud entre los dólmenes
de Stonehenge, por ejemplo, y ciertas piezas fabricadas por Ed en su
mansión, como la mesa tallada según la forma y la proporción del
estado de la Florida, de seis metros de largo, y la mesa en forma de
corazón, con un arbusto Ixora plantado en el centro, que todavía
vive. La disposición de estas piezas es similar a la de los
monumentos megalíticos de la antigüedad.
En su estudio del Castillo de Coral, Stoner establece una constante de
conversión de medidas internas y externas del castillo, 1,059, que es
idéntica a la constante de conversión de la pirámide de Teotihuacán.
Según Peter Tompkins, en su libro "Misterios de las Pirámides
Mexicanas", la constante 1,059 controla las frecuencias del
sonido y las de la luz.
Para Stoner es evidente que Ed Leedskalnin dominaba las antiguas
ciencias de los constructores de megalitos. El propio Ed aseguraba que
conocía la técnica de la erección de pirámides. Stoner considera
además el reloj de sol en el castillo, que marca el tiempo
perpetuamente, la relación de dos a uno entre el peso promedio de los
bloques del Castillo de Coral y el de los bloques de la gran pirámide,
el telescopio enfocado hacia la Estrella Polar y las representaciones
de la Luna, Marte y Saturno para concluir que el castillo de Ed tiene
un significado astronómico y que se utilizó con ese fin.
Asomados al Enigma. ¿Qué misterio encerraba la vida de Ed
Leedskalnin? ¿Dónde aprendió el arte que le permitió realizar una
hazaña de ingeniería que todavía nadie ha sido capaz de explicar ni
de igualar? ¿Cómo pudo manipular solo las formidables rocas?
El Portón
El último megalito, el Castillo de Coral levantado en el sur de la
Florida, causa todavía mayor asombro cuando se observa que las
realidades matemáticas de las estructuras megalíticas más antiguas
se han descubierto sólo muy recientemente. No fue hasta 1963 que el
astrónomo
británico Gerald Hawkins concluyó que los círculos de Stonehenge no
eran más que un gigantesco instrumento para estudiar los cielos. ¿Cómo
fue posible entonces que Ed Leedskalnin, muerto una década antes,
utilizara el conocimiento encerrado durante milenios en los dólmenes
del sur de Inglaterra?
Como afirma Stoner, pocos visitantes del Castillo de Coral toman en
serio lo que ven. Se les cuenta la conmovedora historia de un letón
que llegó a los Estados Unidos con una frustración amorosa a cuestas
y una escasa preparación y que construyó un hogar maravilloso para
la mujer que amaba, por si esa mujer cambiaba de opinión y acudía a
su lado. Es cierto que varios elementos del castillo, un dormitorio de
roca, con cuna incluida, el salón del trono, un área de juego, son
visible testimonio de la creación de un ambiente familiar, pero ¿qué
razón tienen entonces el telescopio dirigido a la Estrella Polar, el
reloj de sol, las 25 sillas de roca que pesan una tonelada cada una y
sin embargo se pueden mecer con un ligero esfuerzo?
...Ed, por su parte, realizó
experimentos sobre las fuerzas magnéticas y llegó a la conclusión
de que la base de la vida está en los polos magnéticos que llamaba
Norte y Sur y que se encontraban presentes en toda forma mineral,
vegetal y animal. Creía que las fuerzas magnéticas internas del
cuerpo humano movían los músculos.
Sea cual fuera la causa que movió al inmigrante letón a afrontar un
desafío de ingeniería, todo indica que el antiguo y todavía
desconocido arte de erigir dólmenes perduró a lo largo de la
historia hasta nuestro siglo. ¿Quíen fue en realidad Ed Leedskalnin?
No lo sabemos. Pero para una humanidad todavía asomada al misterio de
los enigmas que la rodean, la cercanía en el tiempo de la construcción
del último megalito, el Castillo de Coral, aún casi intacto, apenas
tocado por la erosión, quizá ofrezca la oportunidad de desentrañar
por fin el secreto de una antiquísima ciencia, paralela a la
convencional, pero palpable, que en demasiadas ocasiones se ha
confundido con la magia. Ese tal vez sea el más valioso legado que
nos dejó Ed Leedskalnin en un inesperado rincón de la Florida.
|

Ed al frente de su
enigmática y, tal vez, no suficientemente apreciada obra |