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EL
PULSO VITAL
Nana
Vasconcelos, músico de la naturaleza
Entrevista
por
Diego Ramos
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Nana
Vasconcelos haciendo nacer música de su tambor.
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Destacado varias veces como mejor percusionista a nivel mundial,
el músico brasilero prefiere ser reconocido como un artista
que sabe escuchar no sólo la música sino
el silencio, elemento que sabe incorporar a su concepción
orquestal de la percusión.
Su búsqueda rítmica y tímbrica actualiza la tradición cultural
y religiosa nordestina, en sus propios discos o en colaboraciones
con los más variados músicos del mundo y siempre incluyendo
al berimbau, su instrumento más característico. Capaz de pintar
con sonidos, Naná sabe llenar de colores las músicas. En esta
entrevista - realizada en Salvador, Bahía, en el 2000 durante
el festival internacional de percusión que dirige junto a
Gilberto Gil – Naná relaciona su arte con la religiosidad
y valoriza el papel de la improvisación, en la música y la
vida.
La
historia
Naná
Vasconcelos nació en Pernambuco, nordeste del Brasil, tierras
tan famosas por sus sequías y pobreza material como por su
enorme fertilidad cultural y religiosa. Esos extremos han sabido
confluir en un arte en expansión que conforma gran parte del
imaginario cultural brasilero. De ese universo forman parte los
míticos cangaceiros, la literatura de cordel, los
músicos repentistas, la capoeira, el cinema novo de directores
como Glauber Rocha y la renovación de la música popular
brasilera con figuras que van de Dorival Caymmi, Luis Gonzaga
y Joao Gilberto a Caetano Veloso, Gilberto
Gil
y más recientemente Carlinhos Brown, Chico Science
o Lenine. Con muchos de ellos ha tocado y grabado Naná y
todos son herederos de un clima caliente en ritualidad donde las
numerosas manifestaciones religiosas de origen africano hacen
que el sincretismo sea un gesto natural del nordestino. Tanto
como su tendencia a emigrar y buscar nuevas regiones, alejadas
de la aridez material, aunque quizás menos ricas en rituales y
memorias de tiempos sin memoria. Por eso, aunque comenzara su
carrera acompañando también en sus inicios al gran Milton
Nascimento, logró atraer la mirada musical de su país al
trabajar con músicos ligados al jazz como los argentinos Gato
Barbieri y Agustín Pereyra Lucena y luego Don
Cherry, Collin Walcott, Ron Carter, Lenny
White o Pat Metheny. Por estos trabajos la revista
especializada Down Beat lo destacó en varias
oportunidades como mejor percusionista del mundo. Fue, además,
uno de los primeros músicos que independizó al berimbau
de su uso tradicional en la capoeira, al hacerlo actuar incluso
como solista junto a una orquesta sinfónica y siempre aplicando
su concepción orquestal de la percusión, con la que ha
enriquecido las posibilidades armónicas y tímbricas de lo
percusivo. Admirador del compositor brasilero Heitor
Villalobos, que desde la tradición de la música erudita se
acercó e integró a sus composiciones los sonidos y estructuras
de la música popular del Brasil, Naná toma un impulso desde
las mismas raíces de la música popular y religiosa nordestina
y hace crecer paisajes desbordantes a su alrededor, con una
capacidad visual que plasmó en los discos que hizo junto a otro
gran explorador como Egberto Gismonti y en todos sus
creaciones para bandas sonoras de películas y agrupaciones de
teatro y danza contemporánea. Siempre interesado por el tema
del cuerpo, ha desarrollado una técnica de percusión corporal
que practica no sólo en sus grabaciones y conciertos sino en
sus talleres destinados a transmitir nociones rítmicas
corporales a todo tipo de personas, no sólo músicos o
bailarines. Estos conceptos, además, los aplica en su
Pernambuco natal en un programa de desarrollo social a través
del arte - ABC das Artes Flor do mangue - para niños
carenciados materialmente, obra que él mismo sostiene. El
trabajo con niños había nacido de un proyecto de
investigación sobre las posibilidades de curación de la
música que realizó en Francia, donde colaboraba con un médico
en la rehabilitación de chicos con dificultades de
coordinación motora. Con ellos se comunicaba con los sonidos,
en una forma natural de diálogo sanador que tenía como
protagonista principal al berimbau, su instrumento preferido y
el que dice tocar mejor. Aunque lo hayan destacado, justamente
por sus capacidades técnicas, como mejor percusionista del
mundo y aunque su música sea a veces catalogada como étnica,
world music, jazz o ambient, él mismo se encarga de salirse de
toda clasificación. Para Naná Vasconcelos, la música es algo
sagrado.
La
música
"Me
gusta traer personas que tengan algo natural, verdadero que
mostrar y nada más natural que los pigmeos que son los
verdaderos minimalistas. La tradición es la madre eterna de
todo lo que traemos de creativo, moderno es solo un nombre, un
desfile y un hijo de la tradición, el hijo más joven se llama
Internet". Naná para de hablar y luego de un segundo de
silencio que funciona como acento de su idea ríe con ganas,
como disfrutando de su ocurrencia y hasta del sonido de su voz,
es que para él la red responde al mismo concepto del primitivo
toque de tambores: alguien llama, otro contesta, fenómenos de
pura comunicación. El hall del hotel Tropical Bahía,
esa mañana de abril estaba repleto de personas de credos y
razas distintas, músicos que iban a participar de una fecha
más del Percpan, festival internacional de percusión
que se realiza todos los años en Salvador, Bahía, la primera
capital del Brasil y la ciudad de mayor concentración de
población negra del país, detalle esencial a la hora de pensar
en sincretismos estéticos y religiosos de esta tierra del
carnaval de calle más popular del mundo, aún resonando en los
cuerpos después de un mes. En el hotel se abría un ascensor y
no dejaba de ser sorprendente para el cuerpo encontrarse con la
agrupación de pigmeos de la República Centro Africana, grupo
nómade que daría un notable espectáculo en el festival que
Vasconcelos dirige junto a Gilberto Gil, bahiano ilustre,
codirector del evento y gestor de otras tantas visitas como
grupos de reaggae jamaiquinos. Entre comitivas de andaluces,
árabes, africanos y brasileros de todas las regiones que lo
buscaban para que su sentido de la precisión se imprimiera en
la organización del evento, Naná puso una pausa y se prestó
al diálogo, conciso y tan musical como el encuentro de
percusión corporal que daría al día siguiente, a pleno sol de
mediodía, en una ronda gigante de sonidos y tiempo.
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| Nana
Vasconcelos con su tambor y Gilberto Gil. |
El
cuerpo
-
Me gustaría que hable de la importancia de la percusión en
la música.
-
El Percpan es la idea de mostrar las posibilidades
que tiene. Yo trato de usar la percusión como una orquesta,
con los diferentes timbres que sirven para orquestar, también
trato de usarla para tener un acceso visual a la música, que
podamos decir: "vamos para la selva" y hacer una
cosa con la percusión para que puedas sentirla. Busco hacer
música con la percusión y toco más cuando no toco (ríe). Lo
más difícil de hacer en la percusión es el silencio. Hacer
que el silencio se transforme en ritmo. Mi workshop trata
de ver que todos los ritmos están inmersos en eso.
-
¿El silencio no es también donde se da el nacimiento del ritmo?
-
La percusión es vida, si el corazón no late no hay vida ni
ritmo.
-
¿Cómo es el trabajo que hace de percusión corporal?
-
Es algo que desarrollé trabajando con chicos con problemas
psiquiátricos y psicomotores, ahí empecé a ver cómo usar la
música para ayudar a los niños, ahí desarrolle un trabajo
sobre el cuerpo. También en 1972 en Francia imaginé la primera
vez que un cuerpo negro entró en Brasil, hice una composición
sobre el primer navío negrero entrando aquí. Llegó ese cuerpo
y con él todo. Estoy influenciado mucho por Heitor Villa
Lobos que supo mezclar el tratamiento sinfónico con el
folclore brasilero. Y Jimmy Hendrix, que me
mostró que los instrumentos no tienen limitación. Si buscás
encontrás, yo saqué el berimbau de la capoeira, incluyéndolo
hasta en piezas sinfónicas.
-
¿No se puede hablar lo mismo del cuerpo, que tampoco tiene
limitaciones?
-
Claro, exactamente, el primer instrumento es la voz, mejor que
el cuerpo (se ríe a viva voz).
La
naturaleza
-
¿Qué piensa de la idea de la world music?
-
Es una moda de grabadoras, antiguamente era música étnica,
después new wave.
-
Se trataría sólo de catalogaciones de los críticos, pero ¿cómo
se puede hablar de la música?
-
Es difícil clasificar la música. Yo no quiero ser clasificado
porque para mí son documentos, yo procuro documentar mis ideas.
Mi música no es parte del comercio, pero de aquí a diez años
mis discos no saldrán de catálogo. No formo parte de la moda,
como world music, o axé music, eso pasa y en
lo que yo hago no estoy preocupado por eso. Creo que la música
tiene que ver con la divinidad, es eso, por eso yo hago mis
discos, yo produzco, después no quiero saber nada con los
mandatos de las grabadoras. No es para mí.
-
¿Lo que algunas grabadoras no entienden es que su música tiene
mucha religiosidad?
-
Mi música es mi religión y tiene que ver con la divinidad, no
voy a andar prostituyéndome.
-
Siento es que su música tiene una conexión muy fuerte con
la naturaleza y es en ese sentido que hablaba de la religiosidad.
-
Mis instrumentos vienen de la naturaleza y es ahí en la naturaleza
donde está el mar. El computador sólo está imitando los sonidos
de la naturaleza.
La
riqueza
-
Pude presenciar el concierto con los chicos del Proyecto Flor
do Mangue y pude percibir la energía tan linda de ellos.
Quería que hablara de ese proyecto social.
-
Tengo un proyecto que escribí llamado "ABC das artes,
flor do mangue", en Olinda, Pernambuco. Lo escribí
porque la situación de Brasil esta muy difícil, yo fui un
chico pobre, pero en mi época no había esto de tantos niños
en la calle, sin lugar donde vivir, aspirando pegamento. Ese es
un fenómeno nuevo. Yo pase casi 30 años afuera del país, en
New York y en Francia. Y casi diez años sin venir a Brasil.
Cuando volví por primera vez, en los años ochenta, comencé a
ver todo esto. Ahora creció mucho y es difícil de esconder.
-
¿En el nordeste es peor?
-
Es mucho peor y el futuro del Brasil está en la calle, los
artistas están tomando actitudes políticas, Naçao Zumbi,
muchos proyectos, Xuxa. Yo no tengo dinero, pero quiero
hacerlo, es mi posición.
-
¿Es lo que tiene que hacer como músico, como artista?
-
Como músico, como hombre, como brasilero, como ciudadano, tengo
tristeza y vergüenza por mi tierra. La idea es invitar a un
pintor o alguien que trabaje con cerámica, pasa dos meses con
los chicos y muestra el resultado de la experiencia. Traigo otro
artista, que fabrica instrumentos, hay intercambio. Los niños
no son chicos de la calle, sino que están en la calle.
-
No fue una elección de ellos...
-
Exactamente. El proyecto está adelante por la ayuda de un
grupo de amigos, con los que alquilamos una casa. Vamos a
un supermercado y nos dan agua, vamos a una panadería y nos
dan pan. No tuve apoyo político, me prometieron hasta una
casa, pero nunca llegó esa ayuda, ni va a llegar. Los chicos
van al Proyecto primero para comer, les da esa oportunidad.
Y ahora todos ellos tienen que ir a la escuela, ya están anotados.
-
Más allá de la precariedad económica que puede encontrarse
en el nordeste brasilero, allí se da una escena cultural muy
fuerte.
-
Eso se debe a que el nordeste está la riqueza folclórica mayor
de la música popular brasilera, porque hay una variedad muy
fuerte, hubo mucha variedad de etnias africanas que llegaron
en barco solo al nordeste. Hoy muchas cosas que los esclavos
hicieron no existen mas en África, porque la colonización
acabó. Muchas cosas vinieron desde África hasta el Brasil
y se encontraron por primera vez. Vinieron de diferentes partes,
la capoeira viene de un lugar y el berimbau de otro. El samba
existe por esa reunión, el pandeiro proviene de lo árabe.
En Cuba sólo fue yoruba, en Jamaica sólo Etiopía. El Brasil
tiene una mezcla diferente de África y Europa.
-
Además Brasil es casi un continente, ¿eso no influye?.
-
Claro, eso también. La cultura del indio brasilero no se conoce
mucho, es más en Sudamérica que se la conoce más. Aquí fue
dominada por la cultura africana, porque los indios no quisieron
ser esclavos.
-
Usted y Egberto Gismonti trabajaron mucho con la cultura indígena
del Amazonas.
-
Yo hago trabajos de ese tipo porque considero que el Amazonas
es una reserva de vida y sabiduría. Tal vez la cura del SIDA
este ahí, lo creo.
-
Hermeto Pascoal tuvo una búsqueda en ese sentido, de hacer
música con el agua. Decía que los indígenas todo el tiempo
estaban haciendo música al vivir integrados al agua del Amazonas.
-
El Amazonas es eso, una reserva de sabiduría que puede ser
destruida.
La
improvisación
-
¿Qué valor halla en la improvisación?
-
La improvisación es fantástica porque involucra tu
centralización. El músico improvisador es un músico que tiene
que estar disponible y no tener miedo. Y hay que aprender a
oír. La improvisación tiene que ver con la vida. Nuestro
fútbol en Brasil perdió cuando perdió la improvisación,
cuando perdió la danza. La época de Garrincha, de Pelé
era un fútbol que se improvisaba, no era de escuela, era en el
medio del campo, todo pasaba ahí. ¿Sabe qué músico que es Maradona
con la pelota? Usted no sabe lo que él va a hacer, no es
fútbol de salón.
-
Hay sorpresa.
-
Hay sorpresa, por eso es un músico improvisador. Entonces hay
que estar disponible para el reflejo. La improvisación es eso,
el fútbol de Pelé y Maradona. Primero la persona tiene que
saber dominar lo que sabe, ahí puede ser libre. Un músico debe
tocar, eso es importante, no debe explicar nada, debe procurar
decir. Sólo toco aquellos instrumentos con los que pueda contar
una historia para ustedes. No podés tener miedo, tenés que
tener ganas, tenés que estar relajado para improvisar, para
poder hacer reír con la música, para poder hacer llorar. El
silencio puede ser muy claro (ríe fuerte con su ocurrencia).
El músico que procura explicar es aquel que busca forzarte
a tocar rápido y alto (ríe de nuevo). Ahora, la
técnica es necesaria para poder hablar claro, yo busco técnica
en las cosas que hago para que mis ideas sean claras. Te puede
gustar o no, pero el mensaje está.
El
sol
El
sol del mediodía, imponente, dejaba sentir sobre los cuerpos
presentes un calor de tiempos remotos que el sonido del berimbau
acentuaba en su hipnotismo de pulso constante. "Todos los
ritmos acontecen entre un paso y otro del pie", decía
Naná Vasconcelos y ordenaba con pocas palabras la ronda en el
workshop de percusión corporal. Todos girábamos a su
alrededor, en dos grupos que se movían rítmicamente formando
un mandala corporal que emitía sonidos con los pasos y las
voces. Un paso y otro, un sonido, los tambores, cencerros y
accesorios que Naná iba tomando mientras el círculo continuaba
con las voces, los pasos y las percusiones sobre distintas
partes del cuerpo, que aprendía un pulso, un latido vital, que
se podía acomodar a los demás miembros de la ronda. Se trataba
de unirse en sonidos y pasos, de ser ese mismo pulso que
permitía un ritmo de base para que los sonidos de los
instrumentos del mágico Vasconcelos hiciera olvidar el calor
del mediodía bahiano, que era África, que era puro calor antes
que antes, que era pulso de inicio, latido primero. La ronda
hacía nacer el mundo escuchando con el cuerpo las indicaciones
sonoras de Naná y algunas pocas palabras para que la
celebración llegara con todos unidos a un mismo tiempo, cada
uno con su paso, pero compartiendo el ritmo del instante
musical. Un paso y otro, un latido global, un paso y otro, la
memoria sin memoria, un paso y otro, el berimbau cantaba por
sobre el círculo en movimiento y todos éramos ese que somos,
un paso y otro, sonidos en danza global. Nana dirigía bailando,
tocaba el gong mientras todos éramos un OM profundo, cantado
desde adentro de las voces. Se movía, cantaba y contaba que ese
sonido era el mismo que se oía en el Amazonas. Las palmas caía
en distintos espacios, entre un pie y otro, los ritmos se
entrecruzaban y nacía una sensación de lluvia delicada, sobre
el río de voces. "Bendito sol da Bahía", decía o
cantaba Naná en el centro de la rueda y el calor del mediodía
africano regalaba más agua, en el sudor de los cuerpos
danzantes y percusivos. Todo era música corporal, entre un paso
y otro, ahora, que el cuerpo sabe más que la mente lo que es
moverse a tiempo, entre un paso y otro, en un latido constante,
haciendo nacerle mundo.
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Nana
Vasconcelos y Diego Ramos, autor de esta entrevista
y de las imágenes que la acompañan.
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Discografia
básica
Solista
-
Africadeus.
-
Amazonas.
-
Saudades.
-
Zumbi.
-
Contando
Historias.
-
Contaminação
-
Fragmentos
-
Minha
Loa
Con
Egberto Gismonti.
-
Danca
das cabecas.
-
Duas
Vozes.
-
Sol
do meio dia.
Con
Path Metheny
Con
Agustín Pereyra Lucena
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