|

Isadora
Duncan en "Ifigenia en Táuride", de Gluck, en 1903.
|
Isadora
Duncan (1878-1927)
nació en San Francisco y murió en Niza. Autodidacta, su
alta sensibilidad la indujo a renovar la danza mediante
el retorno a la Grecia Antigua.
En su biografía Mi vida, Duncan manifestó el sentido
de una misión personal: " yo había venido a traer a
Europa un renacimiento de la religión por medio de la danza,
para elevar al público al conocimiento de la Belleza
y de la Santidad del cuerpo humano, mediante la expresión
de sus movimientos.[...] No había venido de ningún modo
a bailar para distraer a los burgueses engreídos tras una
buena cena". A continuación, un texto de Mariela Acevedo
donde se trasluce el vínculo entre la danza, la música y
el horizonte histórico donde brilló el genio innovador de
Isadora Duncan.
ISADORA
DUNCAN Y EL ESPÍRITU DE UNA ÉPOCA
Por
Mariela Acevedo
La
danza es un arte cuyo consumo no puede ser diferido en el
tiempo como la apreciación de la pintura o la literatura; reúne la
música y el cuerpo en un punto del tiempo y el espacio, y hace del
hecho artístico un momento único, irrepetible. Aunque se registre a
través de medios audiovisuales o a través de una crónica
periodística, la esencia ya no esta allí; sino que hay que
rastrearla en la mirada privilegiada de quienes estuvieron presentes.
Este
trabajo se enfrenta a esa dificultad: hablar de la génesis de la
danza moderna desde lo que quedó registrado en memorias y diarios,
momentos vividos por aquellos que estuvieron presentes en la Europa de
comienzos del siglo XX. Es por ello, un intento de reconstruir un
momento histórico en el que irrumpe la danza moderna y en el que la
figura de Isadora Duncan se recorta como un espíritu de esa época.
La danza
que (re)nace a partir de Isadora Duncan intenta un rescate del pasado
mítico y un
retorno a la naturaleza (neo-romanticismo), tiene en
común con las vanguardias artísticas y políticas el espíritu de
enfrentamiento al arte burgués (representado por el ballet) y
reflexiona sobre la existencia, el cosmos y el lugar del arte
(expresionismo e ideas nietzscheanas). Como la gran mayoría de los
artistas de su época, sus ideas sobre el arte se cruzan con ideas
políticas, en su caso de corte revolucionario marxista-leninista e
ideas sobre el lugar de sujeto mujer en la sociedad moderna.
Creadora
de la danza moderna, su influencia se sentirá en la danza clásica,
en las nuevas formas de expresión corporal y en el teatro moderno.
Isadora
conducirá el recorrido por la gestación de su arte que se nutre de
poesía, música, historia y filosofía; y que está atravesada por
hechos sociales, económicos y políticos de comienzos del siglo XX,
que con la sensibilidad propia de los artistas pudo plasmar en sus
danzas.
Isadora
Duncan, creadora de la danza moderna, fue una artista revolucionaria,
autodidacta, de gran sensibilidad y profunda visión sobre el arte.
Nace en
1878 en San Francisco, California. Sus padres se divorcian cuando ella
es muy pequeña y su madre debe dar clases de piano para sostener a
sus cuatro hijos. Esto marcará al menos de dos maneras notables a
Isadora. Por un lado, el divorcio en el que insiste su madre, a pesar
de las penurias económicas que eso signifique, será un ejemplo de
independencia y libertad que Isadora radicalizará luego en su vida.
Por otro lado, la lucha de su madre por el sustento y las épocas de
carencias económicas, harán que la familia deba crear estrategias de
supervivencia que serán reivindicadas posteriormente por Duncan, como
la mejor manera de evitar el aburguesamiento.
A los diez
años Isadora abandona la escuela y empieza a dar clases de baile a
los niños del barrio. Es la época en la que juega en la playa,
mientras imagina y crea movimientos con sus manos y sus pies, juega
con las olas y tiene sus primeras ideas sobre lo que después será su
arte: "Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del
movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las
olas..." (Isadora Duncan, Mi vida., Buenos Aires, ed.
Losada, 1938, p. 13)
Esta
Naturaleza viva, será la que tratará de expresar danzando, "Los
movimientos de las nubes arrastradas por el viento, los árboles que
se estremecen, los pájaros que vuelan, las hojas que dan
vueltas..." (I.D, Mi vida, op.cit, p. 148) son una fuente de inspiración
para Isadora.
Cuando
abandona la escuela comienza su verdadera educación, la recibe
de su madre que la introduce desde corta edad en las obras de
Beethoven, Schubert, Schumann, Mozart y Chopin y a las lecturas de
Shakespeare, Shelley, Keats y Whitman; también le enseña
sobre cultura clásica griega, paganismo y feminismo.
Esa
comunidad artística familiar alienta su espíritu libre. El
"Clan Duncan" vivía de las clases de piano que impartía
Dora, las clases de baile de Isadora y funciones que presentaban en
conjunto, en las que Isadora bailaba mientras su madre interpretaba
Mendelssohn al piano, luego su hermana Isabel recitaba algunos poemas
de Teócrito y cerraba su hermano Raimundo con una pequeña charla
sobre los griegos o sobre la danza y sus efectos en la sociedad del
futuro.
A
comienzos del 1900, la bailarina de veintiún años convence a su
familia de ir a Europa y parten, primero a Inglaterra y luego a
Francia. Siempre autodidacta, estudia artes en el British Museum,
donde encuentra la gran inspiración para sus danzas que evocan los
movimientos y las vestimentas griegas antiguas. Observa los
movimientos de las danzarinas en las vasijas griegas, y de allí
adopta una de sus posturas características: la de echar la cabeza
hacia atrás como las bacantes.
En esta
época comienza a delinearse su teoría de la danza: "...pude,
al fin, descubrir el resorte central de todo movimiento, el cráter de
la potencia creadora, la Unidad de donde nace toda clase de
movimientos, el espejo de visión para la creación de la danza. De
este descubrimiento nació la teoría en la que fundé mi escuela. Las
escuelas de baile enseñaban a sus alumnos que ese resorte se hallaba
en el centro de la espalda, en la base de la espina dorsal. "de
esta base-decían los maestros de baile- brazos, piernas y tronco
brotan en libre movimiento" El resultado era una impresión de
muñecas articuladas. Este método producía un movimiento mecánico,
artificial, indigno del alma. Yo por el contrario, busqué el
manantial de la expresión espiritual para encauzarlo en los canales
del cuerpo, inundándolo de una luz vibrante; la fuerza
centrífuga que reflejaba la visión del espíritu. Al cabo de muchos
meses, cuando había aprendido ya a reunir todas mis fuerzas en ese
centro, me di cuenta de que, según escuchaba yo la música las
vibraciones de esta música afluían al manantial único de luz que
había dentro de mí, y que en este manantial se reflejaban en una
visión espiritual. No era un espejo del cerebro, sino del alma,
y según fuera la visión reflejada podía yo expresar en forma de
baile las vibraciones musicales." (I.D, Mi vida, op.cit,
, p. 67)
Los puntos
en común con el expresionismo son notables. El arte expresionista
planteaba esta búsqueda interior, profunda, mística, de un núcleo
eterno, de la esencia de lo real. En su interioridad, el artista
encuentra esa esencia y la expresa, la muestra al mundo.
El
expresionismo retoma el legado romántico y plantea que lo real no es
lo que vemos en el exterior, sino aquello que surge en la interioridad
cuando percibimos o producimos algo, y en esto se opone a las
concepciones positivistas, naturalistas y realistas del siglo XIX
Con la
vertiente de "El jinete azul", hay similaridades por su
búsqueda espiritual del arte, pero en las danzas de Isadora también
estaba presente el grito instintivo, trágico y angustiante que
caracterizaba al expresionismo del grupo "El puente."
Lo que
Vlamink (pintor fauvista de la corriente francesa) sostenía del
oficio de pintor, bien
podría
haberlo dicho Isadora con respecto a su danza: "mi pasión me
permitía todas las audacias, todas las imprudencias [contra las
convenciones del oficio de pintor]. Quería provocar una revolución
en los hábitos, en la vida cotidiana, mostrar la naturaleza en
libertad, liberarla de las viejas teorías y del clasicismo."
(1) En este sentido, el movimiento expresionista fue el primer
movimiento de oposición y protesta al arte oficial, que heredero del
romanticismo radicaliza su mensaje con una incisiva crítica a la
Modernidad bajo el dominio burgués.
Isadora
también estaba convencida de que desde la danza, estaba haciendo la
revolución. "[...] yo había venido a traer a Europa un
renacimiento de la religión por medio de la danza, para elevar al
público al conocimiento de la Belleza y de la Santidad del cuerpo
humano, mediante la expresión de sus movimientos.[...] No había
venido de ningún modo a bailar para distraer a los burgueses
engreídos tras una buena cena." (I.D, Mi vida, op.cit,
p. 75)
Esta idea
de elevar al público al conocimiento, de introducirlo en una nueva
vida es común a todos los movimientos de vanguardia. El artista de
vanguardia es el que se adelanta al resto, el que muestra el camino.
En esta idea hay una concepción lineal de la historia que es propia
de la Modernidad, se tiene la seguridad de que la historia avanza
hacia un lugar determinado. La crítica que representan las
vanguardias no es a la Modernidad, sino a la Modernidad bajo el
dominio burgués, a través de un proyecto que representa lo nuevo
y que se va a concretar en un futuro inexorablemente.
El
dramaturgo ruso Stanislavsky, conoció a Isadora en 1908 y se
entusiasmó con las ideas de la bailarina. Ante la pregunta de éste
sobre quien le había enseñado a bailar, Isadora respondió Terspsícore
y continuó: "Empecé a bailar en el momento mismo que supe
mantenerme en pie. He bailado toda mi vida. El hombre, la
Humanidad, todo el mundo debe bailar. Así ha sido y así será
siempre. Es inútil que se interpongan algunos y que no quieran
comprender una necesidad natural que nos ha dado la Naturaleza
misma" (I.D, Mi vida, op.cit, p. 142) Esta es otra característica de
vanguardia, el deseo de romper con la esfera autónoma del arte, que
el arte se funda con la vida, que todos seamos artistas.
En su
anhelo de conocer más sobre danzas antiguas, Isadora estudiará en la
Nacional Gallery, en el Louvre y en el museo Rodin. Su investigación
abarca: danza, música, tragedias griegas, la comprensión de varios
filósofos y los movimientos del cuerpo humano: "Me dedicaba a
leer todo lo que se había escrito en el mundo sobre el arte de la
danza, desde los primeros egipcios hasta el día, y tomaba nota
especial de todo lo que iba leyendo; pero cuando hube terminado esta
tarea colosal, comprobé que los únicos maestros de baile que yo
podía tener eran Juan Jacobo Rousseau -Emilio-, Walt Whitman y
Nietzsche." (I.D, Mi vida, op.cit, pp.70-71)
En estos
tres nombres se encuentra la carga expresiva de la danza a la que
aspiraba dar forma Isadora: Naturaleza primigenia, amor a la libertad
y fuerza dionisíaca pagana.
Teniendo
en cuenta que Isadora además de bailarina era profesora de danza, es
comprensible que la obra pedagógica de Rousseau haya sido importante
para ella y la transmisión de su arte. Rousseau plantea una crítica
a la educación tradicional y propone como alternativa una educación
cuya finalidad primordial sea la conservación de la naturaleza
humana; una educación centrada desde el nacimiento hacia la libertad
del individuo, para que éste pueda expresarse espontáneamente. Ideas
que coincidían con las de Isadora "...el niño más pequeño
comprendía que todos sus movimientos y que sus andares mismos
poseían una fuerza espiritual [...] pero según iban creciendo estos
muchachos, la influencia contraria de nuestra civilización
materialista mataba aquella fuerza natural que en ellos alentaba y
perdían su inspiración" (I.D, Mi vida, op.cit, p. 67)
La
influencia de Whitman tiene que ver con el origen de la bailarina.
Walt Whitman es el poeta nacional de Estados Unidos. Vive, ama
intensamente su país, está en todas partes alabando la Naturaleza y
el nuevo orden. Profundamente ético, democrático, social,
humanista,
libre y comprometido con el hombre, especie que ama en todos sus sexos
y etnias, sin discriminación alguna. La visión de Whitman del hombre
libre es compartida por Isadora: "Cuando leí este poema [oigo
a América cantando] yo también tuve una visión: la visión de
América bailando una danza que sería la expresión digna y paralela
del canto que Walt oía cuando oía cantar a América." (I.D,
Mi vida, op.cit,
p. 279)
Pero será
particularmente en Nietzsche, a quien Isadora calificará de precursor
del espíritu de la danza del nuevo siglo, "el primer
filósofo bailarín" (I.D, Mi vida, op.cit., p. 279), en donde encontrará su
mayor inspiración.
En primer
lugar, porque encuentra en las ideas del filósofo el sustrato
ideológico para "el renacimiento de la danza". Además,
porque será Nietzsche quien acerque a Isadora a la ópera wagneriana.
Por último, porque el filósofo del eterno retorno, describirá el
perfil del artista de vanguardia con el que se sentirán identificados
todos los artistas de vanguardia.
En El
nacimiento de la tragedia (Nietzsche, F., 1995) Nietzsche hace una
reflexión a cerca del arte utilizando dos figuras míticas de la
Antigua Grecia, la figura de Dionisos y la de Apolo. Dionisos promueve
un arte inconciente, instintivo, liberador, que encuentra su más
acabada expresión en la música que desata las pasiones y que Isadora
identificará con su danza:"El baile es éxtasis dionisíaco
que todo lo arrastra." (I.D, Mi vida, op.cit.,pag. 128)
Apolo
representa el orden, la mesura, la claridad, la belleza de las formas
e Isadora lo identificará con lo opuesto a su danza, el ballet que es
"un género falso y absurdo, que nada tiene que ver con el
arte." (I.D, Mi vida, op.cit, p. 148) Esta frase es similar a la que
pronuncia Nietzsche en el capitulo 16 del libro citado: "[la
tragedia] así como únicamente puede nacer del espíritu de la
música, así también perece por la desaparición de ese espíritu.
[...]Voy a prescindir aquí de todos los otros instintos adversos
que trabajan en todo tiempo contra el arte, y precisamente contra la
tragedia, y que también en el presente se expanden tan seguros de su
victoria, que de las artes teatrales, por ejemplo, solo la farsa y el
ballet dan sus flores, acaso no bienolientes para todos
[...]" (N. F. pag. 131)
Isadora
Duncan se consideraba enemiga del ballet porque éste-según la
bailarina- separa al alma del cuerpo, pero hay otra razón: la
recepción tibia que recibe su arte en círculos aristocráticos y
burgueses en los que el ballet es un arte consagrado. Sobre una
presentación que realiza en el Teatro Real frente al rey Jorge,
Isadora afirma: "Los aplausos de sus manos, calzadas con
guantes de cabritilla, no expresaban mucho convencimiento.[...]
Advertí inmediatamente que ni amaban ni comprendían mi arte. El
"ballet" será siempre la danza por excelencia de los
personajes reales." (I.D, Mi vida, op.cit, p. 113)
El ballet
es un arte burgués, su danza no. Su danza rompe con las normas
instituidas por la Academia hasta ese momento: Las bailarinas
utilizaban partituras escritas para ser bailadas, Isadora tendrá un
repertorio de temas en el que incluirá por ejemplo, la Marcha
Fúnebre de Chopin. Detrás de cada título de las obras
musicales, agregaba subtítulos evocadores de estados de ánimo, que
podía o no coincidir con el espíritu de la música, pues a menudo,
elegía las composiciones por su adaptabilidad rítmica a la
atmósfera que imaginaba. Tanto es así que llegó a utilizar dos
tipos de repertorio completamente diferentes. Uno para occidente y
otro para la Unión Soviética. Para el primero: Ifigenia en Táuride;
Orfeo, de Gluck, Sinfonías 5º y 7º; Sonata, op. 27, Nº2 , de
Beethoven, La Marsellesa; Ave María; de Schubert, La Sinfonía
Patética Nº6; Romance op.5 de Tchaikosky, etc. Respecto al segundo:
El joven guardia; La canción del trabajo; dos danzas fúnebres en
memoria de Lenin y una marcha titulada, Con coraje camaradas.
Los
movimientos clásicos eran "bellos y graciosos", mostraban
las formas delicadas, los movimientos de Isadora no mostraban, significaban;
apuntaban a comunicar sensaciones, expresaban el estado
del alma.
Los temas
de la danza clásica eran irreales, poblados de hadas y duendes,
Isadora elegía temas clásicos pero que representaban el dolor, la
muerte o el éxtasis sublime.
Las
bailarinas vestían con medias rosadas, zapatillas de punta y el
clásico vestido tutú, Isadora usaba una túnica liviana (en sus
danzas revolucionarias una roja) que mostraba las piernas desnudas y
los contornos de su cuerpo, y bailaba descalza.
El ballet
utilizaba grandes decorados, Isadora utilizaba unos simples cortinados
azules.
Las
bailarinas usaban mucho maquillaje y el pelo recogido y tirante,
Isadora aparecía en el escenario sin maquillaje y con el cabello
suelto.
La
polémica que generó no fue menor, así como Isadora se declaró
enemiga del ballet, defensores del ballet decían que lo suyo no era
arte y suscitó disputas entre fanáticos de uno y otro bando.
También
en la gira que la trae a la Argentina en 1916 le sucederá lo mismo:
Un público pacato se muestra abiertamente hostil ante el arte de la Ninfa.
Los espectadores de su primer concierto, recibieron las danzas de
Isadora fríamente. El público porteño estaba acostumbrado al
lenguaje del ballet y no supo apreciar la danza de Isadora. Antes del
segundo concierto la bailarina fue con un grupo de amigos a un club
nocturno y allí, un grupo de estudiantes la reconoció y le pidió
que bailara para ellos. Se estaba celebrando el centenario de la
Independencia, por lo que luego de que le tradujeran unas estrofas del
Himno, Isadora se envolvió en una bandera Argentina y se lanzó a
bailar ante la excitada audiencia: "...intenté simbolizar los
sufrimientos de su colonia cuando era esclava y el júbilo de la
libertad cuando se desprendió del tirano." (I.D, Mi vida, op.cit, p. 267)
Fue aclamada, pero este triunfo sería el único que conseguiría
en Buenos Aires. A la mañana siguiente, los diarios publicaron una
reseña sensacionalista que hizo peligrar su contrato y logró que
muchas familias cancelaran su abono del Colón. En el segundo
concierto, algunos de los espectadores comenzaron a hablar en voz
alta. Isadora dejó entonces de bailar y los increpó, diciendo que ya
le habían advertido que los sudamericanos no entendían nada de arte:
"Vous n´étes que de négres" ("no son más que
negros") (2)
Esto
determinó que el administrador cancelara las funciones restantes.
Isadora decepcionada del público porteño partió para Montevideo
donde la recibió un público "freneticamente entusiasta."
A pesar de
ser un arte inspirado en las antiguas danzas griegas, su danza era
innovadora y decididamente moderna. La idea de Isadora de restituir la
danza a su lugar como "el arte serio más grande que traía al
mundo el renacimiento de todas las otras artes." (I.D., Mi
vida, op.cit, p. 99)
revivificando las antiguas danzas griegas, la encontrará también en
la ópera de Wagner a la que se acerca de la mano del joven Nietzsche.
El
antecedente de mitologizar la cultura debe buscarse en el romanticismo
temprano: "El programa de sistema más antiguo del idealismo
alemán", escrito por Schelling, Hegel y Hölderlin, concluye
diciendo: "...hemos de tener una nueva mitología, y
esta mitología debe estar al servicio de las ideas, debe convertirse
en una mitología de la razón." (3) Hölderlin, tan admirado
por Nietzsche, se dedicó a buscar un lenguaje actual para la
experiencia mítica, entristecido de que hombre moderno, desgarrado en
cuerpo y alma, haya perdido la facilidad y naturalidad con la que
antiguamente vivía los mitos. Este estado que designó "la noche
de los dioses" será retomado por Nietzsche, heredero del poeta
romántico y como éste preocupado por el descubrimiento de lo mítico
como un poder capaz de devolver al ser la plenitud de lo festivo. Para
Nietzsche, lo mismo que para Hölderlin, en el presente la "noche
de los dioses" vacía la relación entre los hombres. Por eso
resulta tan urgente que se activen las energías míticas que
establezcan valores unificantes y vinculantes en la convivencia
humana.
Los
románticos creían que los mitos darían a la razón un fundamento,
una orientación y una limitación, y cohesionarían la unidad social.
Richard Wagner y -tras sus huellas- Friedrich Nietzsche reciben
impulsos del romanticismo de principios de su siglo, cuando ya se
experimentaba con la fundación de mitos e intentan, cada uno a su
manera, una revivificación del mito. Sufren por la falta de mitos en
su tiempo y ven la posibilidad de una revivificación o nueva
creación del mito en el ámbito de la cultura. En una época en que
el arte, bajo las coacciones de la economía, comienza a convertirse
en un bello asunto accesorio. Nietzsche y Wagner luchan por la
elevación del rango del arte a la cúspide de las aspiraciones
humanas, y esta lucha será retomada por Isadora Duncan.
En una
etapa posterior Nietzsche se separará de su maestro Wagner, cuya obra
es juzgada por el filósofo como un "consuelo metafísico"
destinada al buen burgués. Para Nietzsche el arte debe producir la
elevación y la sobreabundancia de vida, que no causará placer en el
artista sino una visión trágica de la vida, un dolor que lo hará
más conciente que el resto de los hombres.
En
Bayreuth, donde se realizan aún hoy los festivales de ópera
wagneriana, Isadora sentirá su alma "...como un campo
de batalla donde Apolo, Dionisos, Cristo, Nietzsche y Ricardo Wagner
se disputaban el terreno." (I.D., Mi vida, op.cit, p. 127) Conoce a Cósima
Wagner, viuda del gran compositor quien le habló sobre el desprecio
que Wagner sentía por las escuelas de ballet y el deseo del Maestro
de llevar al teatro bacanales con vírgenes floridas tan diferentes de
las bailarinas de ballet que por entonces iban a presentarse al
festival. Le ofrece realizar las coreografías de "La
Bacanal" de la ópera de Tannahäuser, Isadora acepta y
Cósima Wagner llegará a decirle a Isadora que sus coreografías
coinciden exactamente con las ideas que Wagner había apuntado sobre
el sueño de Tannahäuser en Venusberg.. Un año le llevó la puesta
en escena que presentaría en el festival de primavera. Pero a último
momento Cósima Wagner no se animó a mostrar el cuerpo de la joven
bailarina, cubierto apenas por una vaporosa túnica que dejaba ver sus
piernas desnudas y le pidió que se pusiera una camisa blanca debajo
de su traje. Isadora no aceptó. "El cuerpo desnudo era bello
e inocente cuando los inspiraban bellos pensamientos" (I.D,
Mi vida, op.cit.,
p. 133)
Así,
hasta en los círculos en el que se admiraba su arte existía la
sensación de que, por momentos, la transgresión iba demasiado lejos.
Isadora se sentía muchas veces incomprendida, con la seguridad plena
de que su arte finalmente se impondría, tal vez en el futuro.
Esta idea
del artista que se separa del "rebaño" es también una idea
nietzscheana con la que sentirán identificados todos los artistas de
los movimientos de vanguardia. Su arte es un arte que comprenden los iniciados
que comparten la visión trágica de la vida. Su arte será entendido
en el futuro. Esto es lo que la lleva a decirle a Cósima Wagner, una
mujer a la que Isadora admira y considera una de las mujeres más
sensible e inteligentes que ha conocido: "Usted lo verá.
Antes de muchos años, todas sus bacantes y vírgenes floridas
vestirán como yo." (I.D, Mi vida, op.cit, p. 132)
Además de
restituir la danza a su lugar de privilegio dentro de las artes, el
otro sueño que persiguió Isadora toda su vida fue el de fundar una
escuela similar a una acrópolis en la que los niños se desarrollen
tanto física como espiritualmente y aprendieran a bailar de manera
natural. Todo los recursos a lo largo de su vida, los destinó a ese
sueño que por momentos parecía acercarse para esfumarse enseguida.
El primer
intento de establecer su escuela fue en Kópanos (Grecia) luego de su
consagración en Munich. El emprendimiento duró un año y debió ser
abandonado por falta de dinero. Durante ese año en Grecia, Isadora se
dedicó al estudio de las tragedias griegas, preparó la que sería su
mayor obra "La danza de los suplicantes" de Esquilo y formó
un coro de chicos griegos que la acompañó en sus presentaciones.
En el año
1905 en una gira por Rusia, Isadora verá un cuadro que la impactará:
Un cortejo fúnebre de obreros fusilados en el Palacio de Invierno: "Frente
a aquella tragedia , me hice a mi misma el voto de consagrar mis
fuerzas al servicio del pueblo y de los oprimidos" (I.D, Mi
vida, op.cit, p.
136)
Ese mismo
año en Berlín, fundó su primera escuela, con esta misma idea y con
la intención de destinar todo lo que ganara a "una escuela
que iluminaría y liberaría a millares de vidas" (I.D, Mi
vida, op.cit, p.
179). Los diarios locales anunciaron que la escuela de Isadora
Duncan estaba abierta a la adopción de chicos que quisieran
convertirse en discípulos de la bailarina. Las cuarenta camas
disponibles, se ocuparon en su mayoría no de futuros talentos, sino
de niños enfermos y pobres, que pronto mejoraron con los cuidados
físicos y espirituales que les brindaban en la escuela. La
financiación estuvo a cargo de un grupo de mujeres de alta sociedad,
que luego retiraron su apoyo debido a "las ideas morales tan
perdidas" (I.D, Mi vida, op.cit, p. 157) de su directora.
Isadora
estaba en contra del matrimonio, eligió ser madre soltera y no quiso
dar a conocer los nombres de los padres de sus dos hijos, aunque esto
le originó grandes contrariedades. Ante las críticas de la sociedad
berlinesa, Isadora respondió dando una conferencia en la que
defendió el amor libre y el derecho de la mujer a tener los hijos que
quiera y como quiera. Ser madre soltera en esa época (y hasta hace no
tanto) era una
situación escandalosa, pero serlo intencionalmente era
una provocación, un ataque directo a la moral y a la familia
burguesa. La falta de apoyo financiero convertirá la escuela en
una escuela nómada durante los años siguientes.
En 1913 la
muerte de sus hijos la aleja temporalmente de los escenarios. Sus dos
hijos murieron ahogados junto con la niñera, al caer el auto en el
que iban en el Sena. La pérdida sumió a la bailarina en un dolor del
que jamás se recuperó, pero aún en su dolor deseó que no se
hiciera con sus hijos "una mascarada de entierro
cristiano" (I.D, Mi vida, op.cit, p. 228) y los ritos funerarios no fueron
los convencionales; no se vistió de negro y quiso despedirse de sus
seres amados con una ceremonia que transformara en belleza aquel
terrible suceso: infinidad de flores y una orquesta tocando las
lamentaciones del Orfeo de Gluck acompañaron a Isadora en la
despedida de sus hijos al crematorio en un último resplandor.
Ese mismo
año llevó su escuela a Francia, pero la guerra desatada en 1914
interrumpirá su sueño tantas veces acariciado. La escuela fue cedida
por Isadora para convertirse en un hospital. Como tantos artistas
golpeados por la ferocidad de la guerra, Isadora dice "En
aquel momento todos éramos llama y fuego, y aún los artistas decían:
"¿Qué es el arte? Los mozos están dando su vida , los soldados
están dando su vida. ¿Qué es el arte?" (I.D, Mi vida, op.cit, p. 254)
La escuela
que ya había intentado establecerse en Berlín, Grecia e Inglaterra,
deja Francia y se instala en la Suiza neutral, hogar de muchos
artistas durante los años de guerra. También intentará hacerlo en
Nueva York, pero la indiferencia norteamericana ante la "heróica
y ensangrentada Francia" la convencerán de volver a Europa.
En 1917 ya
en los escenarios otra vez, la triunfante revolución rusa es
celebrada por Isadora como por tantos artistas como la posibilidad
real de cambio, el fin del dominio burgués. "La noche aquella
de la revolución rusa bailé con júbilo feroz. Mi corazón estallaba
adentro de mi pecho al sentir la liberación de todos aquellos que
habían padecido, que habían sido torturados y que habían muerto por
causa de la Humanidad." (I.D, Mi vida, op.cit, p. 274)
En 1921
Isadora recibe la invitación del gobierno de los soviets en la Union
Soviética de instalar su escuela en el suelo ruso. La bailarina que
creía profundamente en el cambio que planteaba la revolución
bolchevique, parte hacia allí.
Con
nostalgia recuerda en sus memorias la ingenuidad con la que partió a
cumplir el sueño de su escuela en Rusia. Con el siguiente pasaje
reproducido en su totalidad por su belleza terminan sus memorias: "En
el camino hacia Rusia, experimenté la sensación de
que mi alma se despegaba de mi cuerpo, como después de la muerte;
sensación que estaba justificada por la índole del viaje. Iba hacia
otra esfera. Detrás de mí dejaba para siempre todas las formas de
vida europea. Creía yo efectivamente, que el Estado ideal, soñado
por Platón, Carlos Marx y Lenin, había sido, por milagro, implantado
en la tierra. Con toda la energía de mi ser, decepcionado en sus
tentativas de realizar sus visiones artísticas en Europa, me hallaba
dispuesta a ingresar en el dominio ideal del comunismo. No llevaba
ropa. Me figuraba que iba a pasar el resto de la vida con una blusa de
franela roja, entre camaradas igualmente vestidos con sencillez y
llenos de amor fraternal.
A medida
que el navío avanzaba, miraba hacia atrás con desprecio y piedad,
recordando las viejas instituciones y costumbres de los burgueses
europeos. En adelante sería yo una camarada entre camaradas y
desenvolvería un vasto plan de trabajo para la regeneración de la
Humanidad. ¡Adiós, pues, a la inigualdad, la injusticia y la
brutalidad del Viejo Mundo, que había hecho imposible mi escuela!
Cuando, por último llegó el barco mi corazón dio un salto de
júbilo.¡He aquí el bello Nuevo Mundo que acababa de ser
creado!.¡He aquí el mundo de los camaradas, el sueño nacido de la
cabeza de Buda, el sueño que resonaba en las palabras de Cristo, el
sueño que había sido la última esperanza de todos los grandes
artistas, el sueño que Lenin había convertido en realidad en virtud
de un poder mágico! Y yo entraba ahora en este sueño, del que mi
obra y mi vida participarían con su gloriosa promesa. ¡Adiós viejo
Mundo! ¡Salud para el Nuevo Mundo!." (I.D,
Mi vida, op.cit,
pp. 293-294)
Estuvo dos
años en Rusia, conoció al poeta Sergei Essenin, diecisiete años
menor que ella con quien contrajo matrimonio en 1922 y quien después
de serios problemas mentales se suicida en 1925.
Los
últimos años de la vida de Isadora fueron en Niza, en la Riviera
Francesa donde continuó con su tenaz dedicación a la danza,
escribió sus memorias (que no llegó a ver publicadas), ensayos sobre
danza y planeaba escribir otro libro con sus experiencias en Rusia,
pero un accidente fatal arrebató su vida. El 14 de septiembre de 1927
su chal se enredó en la rueda trasera del auto deportivo que
conducía un joven italiano por el Paseo de los Ingleses. Isadora se
despedía con un movimiento final del mundo.
En 1928
aparece la obra póstuma "El arte de la danza", un conjunto
de seis ensayos escritos con el deseo de proporcionar un compendio de
sus enseñanzas, la cual es considerada una obra clásica del género.
Sólo la danza, nada más. La danza del espíritu, como ella decía.
Porque estaba convencida de que no era su cuerpo el que bailaba, sino
su esencia, su alma.
Fue un
espíritu libre que manifestó los deseos, las esperanzas y los
temores de una época. Polémica e irreverente, innovadora, luchadora
y soñadora, revolucionaria más allá del campo artístico; su legado
fue recibido no sólo en la danza que recibió su influencia como una
bocanada de aire fresco, también el teatro moderno, las nuevas formas
de expresión y los movimientos feministas posteriores son de alguna
manera, deudores de esta mujer apasionada.
En vida,
Isadora pudo ver como el ballet adoptaba la música de Chopin y
Schumann, cambiaba su vestuario e incluso algunos bailarines se
animaban a bailar descalzos.
Stanislavsky,
cuyo nombre se asocia en seguida al teatro moderno, reconoce en
"Mi vida en el arte" (citado por Duncan, p.142) que la
búsqueda que él estaba realizando de la motivación para que el
actor saliera a escena, se vio influida por "el motor en el
alma" del que Isadora decía que necesitaba poner en marcha antes
de salir a bailar.
La idea de
que la danza puede curar el cuerpo y el alma propuesta por Isadora a
principios del siglo XX, hoy en día se reproduce en decenas de
diferentes prácticas destinadas a hacer fluir la energía interna. De
hecho, la danza terapia ha demostrado ser efectiva para personas con
trastornos físicos o psíquicos, pero también para mejorar en
general la calidad de vida de cualquier persona.
Finalmente,
el pensamiento feminista temprano de esta admirable mujer y su lucha
fue reconocido por ejemplo, por la Fundación de Madres Solteras
"Isadora Duncan"
Algunos de
sus sueños no los alcanzó. No pudo restituir la danza al lugar
privilegiado que alguna vez tuvo en la Antigua Grecia ni ver su
escuela poblada de Ninfas, Sátiros y Faunos. Pero una vez dijo: "Yo
quería expresar a través de la danza los sentimientos y emociones de
la Humanidad." Y lo hizo. (*)

(*)
Fuente: Mariela
Acevedo, "Isadora Duncan y el espíritu de una época",
texto
escrito en el contexto de la materia Principales corrientes del
pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación
de la Universidad de Buenos Aires, en 2005.
Notas
(1) De
Micheli Mario. "Las vanguardias artísticas del siglo
XX" (expresionismo) En ficha 4 de PCPC-Cátedra Casullo- Cs.
de la Comunicación. Universidad de Buenos Aires.
(2)
Falcoff, Laura: "Clima de época: Isadora Duncan en Buenos
Aires" –Clarín 22 de marzo 2002.
(3)
Schelling, F. Hölderlin, F. Hegel, F,: "El programa de sistema
más antiguo del idealismoalemán" En ficha 3 de PCPC-Cátedra
Casullo- Cs. de la Comunicación. Universidad de Buenos Aires.
Bibliografía
Duncan,
Isadora: "Mi vida" -Editorial Losada Buenos Aires 1938,
11ava.Edición traducción Luis Calvo.
Nietzsche,
Friedrich: "El Nacimiento de la Tragedia" -Editorial Alianza
1° edición Buenos Aires, 1995 traducción Andrés Sánchez Pascual.
Casullo,
Nicolás, Forster Ricardo y Kauffman Alejandro: "Itinerarios de
la Modernidad" capítulos: El tiempo de las vanguardias
artísticas y políticas, Estética y rupturas: Expresionismo,
Dadaísmo, Futurismo y El romanticismo y la crítica de las ideas.
Material
de cátedra Casullo: Ficha 3: F.Schelling,
F. Hölderlin y F. Hegel "El programa de sistema más antiguo del
idealismo alemán".
Ficha 4:
De Micheli Mario: "Las vanguardias artísticas del siglo
XX"-Editorial Universitaria de Córdoba Capítulo 4: "La
protesta del Expresionismo". (en ficha 4)
Páginas
Web:
Sobre
Isadora Duncan: www.buscabiografias.com/isadora
www.avizora.com/publicaciones/biografias/textos/isadora
(artículo sobre la vida de
Isadora
Duncan "La búsqueda incesante de la libertad")
www.humano.ya.com/avisita/isadora
(visita de Isadora a Buenos Aires)
Sobre
historia de la danza: www.danzarte.com.ar/seccionclasica
www.danzarte.com.ar/seccioncontemporanea
Sobre las
influencias de Isadora: www.temakel.com
(artículo el arte en la obra de Nietzsche de Eugene Fink)
www.universidadabierta.edu.mx
(artículo sobre la obra Emilio de Rousseau)
www.causapopular.com.ar
(artículo sobre la obra de Walt Whitman)
www.nitzscheana.com.ar
(artículo sobre la amistad de Nietzsche y Wagner)
www.wagnermanía.com
(artículo sobre la obra de Wagner)
Diarios:
Clarín domingo 17 de marzo 2002 "Clima de época: Isadora Duncan
en Buenos Aires" Por Laura Falcoff.