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PALABRA
Y SONIDO EN BACH
Por Albert Schweitzer

Decir
Johann Sebastian Bach (1685-1750) es invocar
la música sagrada, inspirada, mediante la que el hombre
roza recámaras secretas del rayo divino. Albert
Schweitzer, médico, filósofo, gran ejecutante
de órgano y de la música de Bach, fue también premio
nobel de la Paz. Su amor por el gran músico del barroco
europeo no se colmó con el deleite de ejecutar su
música. También buscó difundir el espíritu del creador
de la Pasión según San Mateo mediante la escritura.
Y esto es lo que Schweitzer consuma en este texto
que ahora le presentamos en Temakel. Aquí,
Schweitzer relaciona la música bachiana con la pintura.
Bach es músico-pintor y no músico-poeta, porque
"no describe los eventos sucesivamente, sino
que escoge los momentos más expresivos, más preñados
de sentido, en los que se concentra para él toda la
serie de acontecimientos, y los presenta musicalmente".
El poder para dimanar sonidos henchidos de honda significación
de las Pasiones, las Cantatas, y Oratorios de Bach
hace que "cualquier recinto se convierte en iglesia,
cuando en él se ejecutan sus obras con el recogimiento
y la meditación que su audición requieren".
Recogimiento, meditación: formas de la unión del oído
capaz de escuchar con la altura divina desde la que
desciende la música que Bach nos obsequió.
E.I
PALABRA
Y SONIDO EN BACH
Por Albert Schweitzer
Asombra en
Bach lo viviente de la relación entre la música el texto que la
acompaña. El maestro no recurre al método habitual, que consistiría en
representar musicalmente el discurso del texto en su movimiento y en
su desarrollo. Describe claramente la idea en su esencia, pero no se
atiene al curso de sus vicisitudes, ni la sigue en sus trasformaciones.
Subraya con vigor el detalle característico, pone en relieve los
contrastes, crean crescendos poderosos; pero es inútil buscar en él las
vicisitudes de la idea, sus luchas, sus desesperaciones, sus
vislumbres de alegría, todo aquello que encontramos va en las obras de
Beethoven, y que fue tan bien descripto por el arte musical post-beethoveniano. Y sin embargo, el arte de Bach expresa los
sentimientos con tanta perfección como los expresó el arte de
Beethoven. Sólo que se trata de otro tipo de perfección. El sentimiento
que Bach trata de expresar, aparece en sus obras con una
fuerza y un poder de emoción que casi no encontramos en ningún otro músico. Su capacidad de caracterizar exactamente los
matices y las
peculiaridades más diversas de un sentimiento resulta francamente
inigualable. También la música de Bach debe ser considerada, en su
aspecto más verdadero y más probando, como música del sentimiento.
Beethoven y
Wagner poetizan en su música; Bach en cambio pinta. También él sabe
dar un carácter dramático a sus obras, pero es el dramatismo de un
pintor. No describe los eventos sucesivamente, sino que escoge los
momentos más expresivos, más preñados de sentido, en los que se
concentra para él toda la serie de acontecimientos, y los presenta musicalmente. El drama musical es para él una serle ordenada
de cuadros
dramáticos; y así ha construido sus Pasiones y sus Cantatas.
La música de Bach es también pictórica, en la medida en que sus temas y
motivos, siempre que sea posible, aparecen condicionados por una
asociación de ideas pictóricas, se encuentre ésta directa o
indirectamente expresada en el texto, sea ésta llamativa o no.
El estudio
detallado del lenguaje musical de Bach no constituye un mero entretenimiento de estetas, sino una verdadera necesidad para el músico
practicante. A menudo resulta imposible ejecutar un trozo del maestro en
el tiempo correcto, con la intensidad adecuada, con el fraseo apropiado,
si no se conoce el significado del motivo. Solamente con el
"sentimiento" no se llega a ninguna parte, cuando se trata de
Bach.
Sobre los orígenes y el desarrollo del lenguaje musical de Bach, es poco lo que se
puede decir. Ciertas composiciones de su juventud expresan ya
pensamientos poéticos reconocibles. Pero a partir de estos intentos, no
nos encontramos con un largo proceso de desarrollo del lenguaje bachiano.
Repentinamente, aparece armado de todas sus armas, perfecto y
definido. El primer documento que conservamos de este lenguaje
musical, es el constituido por los corales del opúsculo para órgano. En ellos resultan
ya evidentes cuáles son los motivos que utiliza
Bach para expresar musicalmente imágenes y sentimientos. Estos cuarenta
y cinco corales representarían el diccionario de su lenguaje musical; y
en cierto modo la clave que abre el conocimiento de la música de Bach; es más, la clave de toda su
música. Tendría más o menos
treinta años cuando compuso la mayor parte de estos corales. A partir de este momento, hasta la muerte, se atuvo Bach estrictamente a los
mismos principios, en todo lo que se refiere al contenido poético de la
música y al lenguaje que lo expresa. Por eso podemos decir que el
idioma de las cantatas es idéntico al idioma de los orales para órgano.
En toda la obra de Bach se manifiesta el aspecto matemático de su
espíritu. Casi sería mejor decir, en vez de espíritu matemático,
espíritu arquitectónico. Lo que más impresiona estéticamente en sus
obras, es la armonía del todo; la armonía con que el detalle opulento
y vivaz parece introducirse de por sí en el conjunto. La música de Bach
es el gótico más perfecto del arte musical.
Es
de notar que Bach, como todo lo que es realmente elevado en el campo de
la religión, no pertenece a la iglesia, sino a la
humanidad creyente, y que cualquier recinto se convierte en iglesia,
cuando en él se ejecutan sus obras con el recogimiento y la meditación
que su audición requieren.
No es
la perfección de la ejecución, sino su espíritu, lo que determina el
efecto que la música de Bach produce sobre el oyente. Sólo el que sea
capaz de penetrar en el mundo de sentimientos de Bach, de vivir y pensar
con él, de ser sobrio y de ser humilde como él lo fue, está en
condiciones de ejecutar sus páginas como deben ser ejecutadas. Si en el
director de orquesta, y en los ejecutantes, no existe un estado previo
de unción, de adecuada sensibilidad, no pueden trasmitir nada al
oyente. Es como si cayera algo helado sobre la música, que la priva de
toda su fuerza. Sigue siendo válido -y tal vez más válido que nunca-
la frase que escribió Mosevius en 1845, cuando re-descubrió para el
mundo las cantatas de Bach: "Una cosa es necesaria" anotó al
final de su ensayo, "en la ejecución de las obras de Bach,
constantemente indispensable. Esa cosa es el recogimiento íntimo. Y
cada uno de los cantores del coro, además de la perfección con que
ejecuta su parte, debe tratar en todo momento de infundirle la
correspondiente espiritualidad".
Esperemos que esta idea se difunda. Porque entonces contribuirá
Bach a la tarea de enseñar a nuestra época el recogimiento espiritual
y la vida interior que tanto le son necesarias. (*)
(*)
Fuente: Albert Schweitzer,
El camino hacia ti mismo, Buenos Aires, Sur.
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