La región de San Agustín
está incrustada en la estratégica articulación que forma el
gran Macizo Colombiano, al dividirse, dando nacimiento a las
cordilleras andinas Central y Oriental.
Es una
zona conformada por suaves colinas, limitadas de repente por
profundos cañones. Al fondo, el río Magdalena y otros bajan
torrentosos de los páramos.
El
territorio fue habitado, durante más de dos mil años, por una
cultura de la que no se sabe a ciencia cierta gran cosa, salvo por
sus extraordinarias esculturas de piedra, sarcófagos con tapas
inmensas, tumbas revestidas con grandes lajas y monolitos
magistralmente tallados en roca volcánica, dispersos en una zona
de unas cincuenta mil hectáreas.
Aunque
las teorías de diversos antropólogos presentan grandes
discrepancias sobre el pueblo mismo y sobre algunos aspectos de la
cronología, pruebas de Carbono 14 registran los más antiguos
antecedentes agustinianos antes del 3000a.C., lo que marcaría un
horizonte de antigüedad de 5000 años, si bien el periodo "Clásico
Regional" se sitúa del 300 al 800 d.c., el cual coincidiría
con la construcción de los montículos funerarios, el florecimiento
de la estatuarias y el enterramiento en sarcófagos de madera.
Hay que destacar la aceptación general entre los investigadores
en cuanto a que la estatuaria tuvo su mayor auge antes de la
llegada de los españoles. Ese pueblo escultor mantuvo estrechos vínculos con
áreas bien alejadas del Alto Magdalena, como la región Calima y la cuenca
amazónica. Aunque la zona seguía siendo habitada en tiempo coloniales por
indígenas, se discute sobre si pertenecían a la misma cultura o
no. El caso es que no parecían
recoger una tradición remota, tal vez el pueblo escultor emigró por alguna
razón, hacia el Sur
(Ecuador y Perú), donde se encuentra algunos nexos y similitudes
especialmente en el diseño y la alfarería, la agricultura y
costumbres funerarias. A la llegada de los españoles, la región
estaba poblada por los andaki, etnia procedente de
la amazonia, que opusieron feroz resistencia hasta que fueron
exterminados.
Las estatuas permanecieron bajo tierra ciento de años, hasta el siglo
XVIII, cuando fueron excavadas y saqueadas la mayor parte de las
tumbas.
Aunque las primeras crónicas de visitantes con interés
investigador datan de 1756 no fue hasta 1913 cuando se hizo el primer estudio
serio, a cargo del arqueólogo alemán K. Preuss. Desde entonces han sido
estudiadas de manera permanente, en especial por el español José Pérez
de Barradas, en 1936, y por los colombianos Gerardo Reichel-Dolmatof, en
1966, Luis Duque Gómez,
desde 1943 hasta hoy, y varios más.
San Agustín tiene, a simple vista,
un carácter ceremonial muy particular. Fue un centro con un amplio radio de acción, al que acudían gentes desde lejanas tierras para sepultar a sus muertos y rendir culto a sus divinidades. Al respecto, es interesante observar que
la mayor parte de las estatuas se hallan asociadas a
enterramientos, alguno de los cuales alcanzan dimensiones monumentales. Sin embargo, se trata de una teoría muy debatida en los medios científicos, pues también existe testimonio de terraplenes y zanjas correspondientes a
antiguos campos de cultivo, caminos y lugares de vivienda.
Los habitantes de San Agustín ocuparon un territorio estratégico por su cruce de vías terrestres y fluviales, que
lo comunicaban con otras culturas localizadas hacia el Pacífico y Ecuador, el Amazonas o hacia el norte,
atravesando toda Colombia en dirección al Caribe. Fue una sociedad
jerarquizada, con clases bien diferenciadas. Su organización
social parece haber sido la de agrupaciones familiares unidas por
vínculos religiosos, en la que el predominio militarista se
evidencia por la gran cantidad de representaciones guerreras en
las esculturas.
El
estudio de la estatuaria ha permitido deducir algunos de sus hábitos en el
vestir. Los hombres se cubrían con taparabos
sostenidos por anchos cinturones. Usaban diademas de oro, gorros
tejidos o de piel y coronas de plumas. Sus armas eran escudos,
rodelas y mazos.
Las
mujeres usaban falda corta con cinturón, abierta por el lado
izquierdo, y delantales; llevaban turbantes envolviendo el
cabello, se pintaban el cuerpo con colorantes de ocre y se adornaban con collares de
piedras, conchas, semillas, hueso y oro.
La
estatuaria agustiniana
San Agustín se ha convertido en la "capital arqueológica de
Colombia" gracias a la enigmática cultura megalítica que
floreció en esta exuberante área del Alto Magdalena, y que se
extendió hasta la región de Tierra dentro en el Cauca, donde los
enterramientos se hacen en forma de hipogeos, pero las muestras de
estatuaria son similares, sin llegar a la espectacularidad de aquí.
El
área en donde se localizan los principales sitios arqueológicos
está en el cuidado del Instituto Colombiano de Antropología. Los imponentes descubrimientos
arqueológicos están dando lugar, por
la monumentalidad de los hallazgos y los atractivos naturales de
la zona, al nacimiento de un polo de atracción turística.
Así,
se han creado unos itinerarios, bastante bien conseguidos, en los
que se ha dado en llamar el Parque Arqueológico, que comprende;
el Bosque de las Estatuas, las Mesitas, la fuente de Lavapatas y
el Alto de Lavapatas. Completando la información lítica del
recorrido hay también una biblioteca y un museo con muestras de
otro tipo: cerámica, instrumentos, además de fotografías de
importantes piezas exhibidas actualmente en el Museo de Berlín
(llevadas allí por Preuss hace más de 60 años) y en el Museo del
Oro de Bogota, como un famoso pez alado, todo él en oro y
que ahora comienza a exhibirse por primera vez en las
exposiciones temporales que realiza el Museo fuera del paús.
El
Bosque de las Estatuas
En
uno de los pocos reductos del bosque natural Primario que todavía
subsisten en la zona, se han dispuesto, a lo largo de un sendero,
35 estatuas de diversos orígenes, desenterradas por guaqueros (excavadores
clandestinos) y por los primeros trabajos arqueológicos, hace más de medio siglo. Muchos monolitos, pues, no están ni en el lugar ni en la
posición original.
Este es el lugar ideal para hacer un breve análisis de la estatuaria
agustiniana, pudiéndose apreciar, no sólo la presencia de diferentes formas y tamaños, sino de diferentes
tratamientos del tema en piedras con distinto grado de elaboración.
Se observan cuatro estilos fundamentales, según la clasificación
estilística de Reichel-Dolmatoff: el naturalista, en el cual el tema
representado son las formas naturales, sin alteración de sus características básicas. Este conjunto es uno de los más tempranos de San Agustín, quizás contemporáneo del estilo arcaico, designación que comprende todas las piedras burdamente trabajadas. Al estilo expresionista corresponden las formas tridimensionales más
elaboradas, generalmente asociadas al tema del jaguar, símbolo de fuerza vital. Por último, se designan como de estilo abstracto aquellos temas fantásticos, pero con una calidad
escultórica parecida a la de las tallas expresionistas.
Los
antiguos habitantes de San Agustín transmitieron hereditariamente
las técnicas y secretos del oficio de la escultura. Su poder
residía, precisamente, en el arte de la estatuaria.
Mesitas
También dentro del Parque Arqueológico se encuentran las Mesitas (mesetas)
denominadas así por su forma. Son artificiales y se trata de montículos
con grandes tumbas, gran cantidad de estatuas y templos
funerarios. En ellas también se encuentran tumbas primarias y
secundarias y urnas gigantes utilizadas para cremación. Las herramientas de piedra
-cincel, hachas, pulidores-, los collares y demás objetos que
componen el ajuar funerario, todos hallados dentro de las tumbas, se encuentran
actualmente en el Museo.
En el área del parque se han investigado cuatro Mesitas: A, B, C y D.
Cada una se identifica con una serie de características propias y su
cronología abarca varios siglos, lo cual significa que el área eminentemente funeraria fue usada durante un lapso de tiempo considerablemente
largo.
Las más interesantes son las Mesitas A y B, donde se pueden apreciar varios montículos artificiales con sus respectivos templetes, en los cuales la escultura alcanza su máxima
expresión, al constituirse en componente del espacio arquitectónico.
En la Mesita A hay dos montículos y algunas estatuas. En la Mesita B existen tres montículos y algunas figuras. El montículo es, tal vez, el más grande de la región. El templete orientado hacia el Este, está precedido por una enorme cara triangular y un águila con una serpiente en sus garras. La figura central sostiene en las manos algo que parece ser un trofeo de guerra, mientras que dos guerreros armados resguardan a entrada a sus lados. Detrás del templete, varios sepulcros revestidos de lajas de piedra albergaban los cuerpos de personajes importantes.
En el montículo Sur, dos cariátides, figuras abstractas de asombroso acabado, protegen un
túnel en forma de dolmen, dentro del cual se ve una figura femenina que sostiene a un
niño en sus manos.
Si
estos templos estuvieron abiertos al culto o no, todavía es un
asunto discutido; sin embargo, la gran cantidad de tumbas de
"pozo" que hay alrededor de los montículos hace
presumir que se trató de lugares de importancia en la vida de la
comunidad.
Fuente de Lavapatas
Rodeada
de guaduales (bosquecillos de bambúes), la Quebrada de Lavapatas
tiene su lecho rocoso convertido en escenario de la que quizás es
la más grandiosa obra escultórica de los agustiniano: la Fuente
Ceremonial de Lavapatas.
Se trata de un complejo laberíntico de canales y piletas talladas
en el pico rocoso de un riachuelo, adornado con representaciones
de serpientes, lagartos, salamandras y ranas, con caras y formas
humanas. El delicado manejo del agua, en sus pasos, saltos y
remansos, imparte al conjunto una dinámica y un movimiento sin
precedentes en la cultura de San Agustín. Constituye una evidencia de alto grado de pericia alcanzada por los escultores en el
empleo de las posibilidades ofrecidas por los materiales, en este
caso el agua y la piedra combinados.
Todo
indica que se trató de un sitio consagrado al culto de las
deidades acuáticas; probablemente estuvo dedicado a
ceremonias religiosas, baños rituales, sacrificios y prácticas
curativas.
Se
observan tres piletas con diferentes niveles de elaboración, que
tal vez correspondan a una determinada jerarquía social. Es
posible que la pileta más trabajada fuera para los jefes y
sacerdotes, la intermedia para las personas menos importantes y la
más sencilla para el pueblo. El Lavapatas es, sin duda, la fuente
primordial donde el agua funcionaba como puente entre la realidad visible e invisible.
Alto
de Lavapatas
En la
Parte superior de la colina contigua a la fuente, se descubrieron
los vestigios arqueológicos más antiguos fechados hasta el momento
en San Agustín, con una edad de 26 siglos.
Constituye
un mirador excepcional desde donde se domina todo el valle y
numerosos sitios arqueológicos. Actualmente pueden observarse
varias tumbas, una de ellas donde parece que existió un
cementerio para niños, resguardada por una gran estatua con el
tema del "doble yo", una figura tridimensional con
relieve antropomorfo frontal, protegida por un doble zoomorfo que
le cubre la cabeza, al tiempo que desciende por la espalda y
se desdobla en otra figura.
El
alto de los Idolos
Constituye otro interesante parque
arqueológico localizado al otro lado del río Magdalena. Allí se pueden
apreciar sarcófagos, tumbas, manos y esculturas antropomorfas y
zoomorfas, una de las cuales, con unos siete metros de altura, es la
más alta del parque. En el Alto de los Idolos se pone de manifiesto hasta
qué punto la muerte era un eje tan importante como la vida. De hecho,
los muertos no se iban, sino que quedaban en medio de la
naturaleza;
continuaban presentes a través de s representaciones de piedra y
silencio.
El Alto de los Ídolos es una explanada artificial en forma de herradura,
sobre la cual existió un enorme asentamiento, según ha podido deducirse
de los basureros descubiertos en sus laderas.
Este lugar refleja las costumbres funerarias que se dieron en San
Agustín existiendo varias formas de enterramiento: están las tumbas sencillas
"de pozo" con cámara lateral de diversas formas: las hay horizontales;
recubiertas con lajas de piedra, en general decoradas con pinturas roja,
negra y amarilla y a veces complementadas con un sarcófago
monolítico. Hallamos hasta las muy elaboradas estructuras líticas con
cámara funeraria y montículo artificial. El cadáver
varía de posición y está de pie, en posición fetal, acostado
de espaldas o de lado y se conocen varios casos de entierros
colectivos.
El Alto de los Ídolos se divide en dos Mesetas: A y B separadas
por un gran terraplén indígena. En cada una de ellas existen montículos artificiales originales con gran variedad estatuaria asociada a tumbas.
Otros sitios arqueológicos
San Agustín encierra muchos misterios. Nadie sabe en realidad quiénes fueron sus habitantes. Aunque muchos sostienen que fue un lugar de paso de
varias culturas, otros afirman que fue más bien un punto de encuentro.
Uno de los sitios más fascinantes de San Agustín es La Chaquira. En este lugar impresionante, mirando hacia el profundo cañón del río Magdalena y talladas
"in situ" sobre las altas peñas, se encuentran varias figuras de características antropomórficas, destacando la sonriente diosa que parece vaya a saltar al
vacío.
En el cerro de El Purutal hay dos estatuas que retienen algo de su color original: amarillo, rojo, ocre, azul, blanco y negro. Los lugares donde se hallan las estatuas no fueron escogidos al azar, sino que todo corresponde a un minucioso mapa místico y sagrado. Es un trazado de fuerzas religiosas donde cada una ocupa su lugar
específico y ejerce una función también muy precisa. Este conjunto se interpreta como los templetes dedicados a los
sacrificios.
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En
el centro se representa una posible deidad con rasgos
felinos y antropomórficos relacionados con la fertilidad;
a ambos lados, estatuas con el motivo del "doble
yo": hombres en cuya parte superior cargan sendos
jaguares. |